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Plumas de Fénix » Capítulo 17
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 17

El viento era bastante helado, algunos copos de nieve caían mientras que los alumnos se protegían con sus túnicas y bufandas esperando a que los carruajes llegaran pronto. Apenas eran unos cuantos magos y brujas que se encontraban afuera en el pueblo de Hogsmeade, apresurándose a realizar las compras, entrando a la primera tienda para refugiarse del frío congelante.

El expreso de Hogwarts aguardaba a que los alumnos subieran, al menos los que planeaban pasar las vacaciones en casa. En esta ocasión tanto Alexander como Keisi se quedarían en el castillo, cada uno por motivos totalmente diferentes mientras que sus amigos estarían juntos y esperando que se divirtieran, a su vez que ellos ya planeaban pasársela en grande.

Tanto Mena como Andy y Gustav buscaron un compartimiento vacío, esperaban entrar en calor muy pronto.

-Jamás pensé tener tanto frío- castañeo Andy

-No vendría nada mal un chocolate caliente- susurró la pelirroja abrazándose un poco

-Yo tengo unas cuantas ranas de chocolate- ofreció Gus

Al primer mordisco que le dieron al chocolate, comenzaron a sentir como poco a poco el calor se extendía por todo su cuerpo, a la par que el expreso daba marcha.

Cada uno se acurruco en su asiento, y durante todo el trayecto hablaron sobre cosas que planeaban hacer en los próximos días, y justo cuando iban a mitad de camino apareció Cristián.

-Hola chicos

-Hola Cris- saludaron los tres al unísono

El chico mostraba una enorme sonrisa, no había podido evitar ponerse una playera del equipo al que pertenecía su padre, estaba demasiado entusiasmado con llegar pronto; por unos minutos entablo conversación acerca del Quidditch, haciendo un análisis riguroso del los últimos partidos de la temporada inglesa. Aunque claro que ninguno de los tres opinaba mucho, ya que no siempre estaban al corriente del deporte mágico.

Poco a poco el paisaje fue convirtiéndose en algunos edificios y dejando atrás las áreas verdosas y granjas, lo que significaba que estaban por llegar. Apenas se detuvo el tren, tomaron sus pertenencias, era muy poca la gente que se encontraba, así que no habría mucho problema al atravesar la barrera. Los cuatro pasaron juntos a la estación, donde ya los esperaba la señora McGonagall. Mena sin demorar mucho, fue hacía donde se encontraba su mamá, quien la abrazo y la besó en las mejillas. La pelirroja se parecía demasiado a su madre, aunque ella no tenía el semblante severo que a veces adoptaba Mena.

-Ellos son mis amigos. Ya conoces a Gus

-Hola señora McGonagall- saludó el chico bastante cortes

-¿Qué tal te va mi niño?- preguntó mientras lo abrazaba

-Excelente

-Y ella es Andy

-Es un gusto conocerte por fin- de igual manera la abrazo y beso sus mejillas.

-El placer es mío

-Y el amante de Quidditch es Cristian- el chico sonrió ante eso con bastante emoción

-En verdad es un gusto conocerla, enserio que le agradezco que me permita ver la última escoba en la que se encuentra trabajando, en serio que.....

-Me da gusto que puedan pasar algunos días con nosotras- cortó el discurso que planeaba dar Cris- Bueno, será mejor que no vayamos ya

Condujeron sus respectivos carritos con sus baúles hacía la salida, donde de inmediato, se vieron empujados al frío aire invernal, por supuesto que cada uno trato de abrigarse lo mejor posible.

-¿Cómo llegaremos a casa?- preguntó Mena pensativa

-Iremos en el autobús Noctámbulo

-¿En verdad?- ahora la que sonaba bastante entusiasmada era Andy- Nunca he ido en ese autobús

-Creo que ninguno de nosotros ha viajado de esa manera

-Esto será emocionante

Caminaron por entre el gentío que iba y venia de King´s Cross, esperaban no llamar mucho la atención, hasta que se metieron en un callejón vacío. La señora McGonagall sacó su varita y apuntó hacía el suelo; esperaron unos segundos cuando oyeron un ¡PUM! Apareciendo un autobús de tres pisos, color morado intenso ante ellos. En el parabrisas llevaba la inscripción con letras doradas: AUTOBÚS NOCTÁMBULO; el cobrador, de uniforme rojo, saltó del autobús y dijo en voz alta sin mirar a nadie.

-Bienvenidos al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo abandonado a su muerte. Alargue la varita, suba a bordo y lo llevaremos a donde quiera. Me llamo Jeff Werner y estaré a su disposición

Los chicos subieron uno a uno, mientras que el cobrador ayudaba a subir los baúles. El interior estaba lleno de sillas de diferentes formas, estaban agrupadas desordenadamente junto a las ventanillas, las cuales varias estaban volcadas cuando el autobús había frenado bruscamente frente a King´s Cross. Unos cuantos magos y brujas todavía se estaban levantando del suelo, rezongando. Cada uno de los chicos entregó once sickles mientras que el autobús se ponía en marcha y oscilando peligrosamente.

-¿Estaremos seguros?- preguntó Andy a nadie en particular

-Tomando en cuenta que estuviste en la guerra, esto no será más que un viaje ajetreado- respondió con algo de humor Gustav.

Apenas dijo eso cuando el autobús dio una vuelta con gran estruendo, subió y bajo varias veces de la acera, invadiendo por un pelito la farola más cercana; y entonces con otro tremendo ¡PUM! Salieron despedidos hacía adelante, como pudieron cada uno se agarró de algo que los ayudara a mantener el equilibrio y no caer de sus asientos. Iban a toda velocidad por lo que parecía la autopista.

¡PUM! Las sillas volvieron a resbalar hacía atrás y el autobús noctámbulo paso de la autopista de Birmingham a una tranquila cerca rural llena de curvas muy cerradas, de allí pasaron a la calle principal de una ajetreada ciudad, luego a un viaducto rodeado de altas colinas.

-Por favor, díganme que ya casi llegaremos- la castaña no tenía una muy buena cara

-Yo estoy de acuerdo con Andy- dijo Cristian

-Falta muy poquito

Unos minutos más tarde, el autobús noctámbulo se detuvo con un fuerte chirrido de frenos frente a un pequeño pueblo.

-Llegamos chicos

-Ya era hora

Cada uno bajo algo tambaleante por el viaje, caminaron hasta llegar frente a un garage, la casa tenia tres pisos de altura con una enorme chimenea que coronaba el tejado, a lado se podía ver un cobertizo.

-Bienvenidos a mi casa- menciono la pelirroja con una sonrisa

Al entrar dejaron sus baúles cerca de la puerta, mientras que cada uno se adentraba más a la casa

-Pónganse cómodos, encenderé la chimenea- la señora McGonagall los dejó unos instantes en la sala de estar para ir a la cocina a preparar algo caliente

-Honestamente prefiero aparecerme que viajar en ese autobús- se quejó Andy todavía algo tambaleante por el viaje

-Mejor la escoba

-Supongo que si

La señora McGonagall entró en la sala de estar sosteniendo una bandeja con algunas tazas humeantes mientras que las llamas chispeantes de la chimenea los calentaban.

Después de entrar en calor, Mena llevó a sus amigos a sus respectivas habitaciones, Gustav y Cristián compartirían habitación mientras que Andy dormiría con ella. Luego de descansar un rato, los chicos bajaron para ayudar a preparar la cena; disfrutaron de la comida y bastante somnolientos subieron a dormir para descansar.

Al amanecer, apenas unos pequeños rayos de sol se lograban colar por la ventana, el paisaje era totalmente blanco.

-¿Qué vamos a hacer hoy?- preguntó Mena cuando tomaron asiento para desayunar

-Con este clima quisiera salir a jugar en la nieve, ya saben una guerra- respondió Andy con una sonrisa traviesa

-Suena divertido y más cuando te entusiasma que te pegue

-Ya veremos eso Gus

-¿Y tu Cris?

-Lo que quieran, para mi esta bien

Cada uno se abrigo bastante bien, y sin esperar mucho de inmediato comenzaron con una guerra de bolas de nieve, al principio Mena y Gustav estaban juntos lanzandoles bolas a Cris y a Andy pero después se volvió todos contra todos.

Siguieron jugando un rato más hasta que encontraron las forma de deslizarse en la colina. Bastante cansados y exhaustos regresaron a la casa para calentarse un poco.

-Hoy no he visto a tu mamá- expresó Andy curiosa

-Debe estár trabajando

-Eso suena genial

-¿Quieren ir  a ver?

-¡Si!- por supuesto que el más entusiasmado con la idea era Cristián

-Pues vamos

Volvieron a salir al frío invernal aunque ya no era tan congelante, para dirigirse al cobertizo.

Cristian estaba más que emocionado por semejante acontecimiento que estaba a punto de presenciar, sus piernas se sentían como gelatina y en cualquier momento sentía que pudieran fallarle; era un sueño hecho realidad para cualquier aficionado al Quidditch.

Entraron al cobertizo, lo que más bien era el taller donde la señora McGonagall llevaba a cabo sus diseños.

Tenía una mesa llena de pergaminos, y en una de las paredes algunos otros pegados con varios dibujos de escobas con anotaciones. En otra más algunas herramientas que suponían utilizaba para fabricarlas.

-Hola mamá. Traje a los chicos a ver

-No queremos interrumpir-se adelantó Gus

-No, por supuesto que no interrumpen. Tengo entendido que querían echar un vistazo a mi último trabajo

-Si, nos encantaría

La señora McGonagall se levantó de su asiento, en una esquina se mostraba un bulto tapado.

-Acérquense- los chicos obedecieron, con cierta lentitud quitó la sábana que la cubría dejando ver una hermosa escoba.

El mango tenía varias tonalidades, que le daba de cierta manera un toque de elegancia mientras que cada ramita estaba finamente acomodada.

-¿Qué opinan?

-Se ve genial- exclamó  Andy

-¿A que velocidad puede volar?- preguntó Gustav impresionado

-Todavía es muy pronto para saber, apenas estoy afinando esos detalles aunque superar la velocidad de la Saeta sería algo bastante difícil.....

-Esto es.....

-Vaya, Cristian se quedó mudo de la impresión

-¿Es que...?

-¡Es fantástica! ¿Puedo montarla?

-Todavía es algo inestable

-Por favor, asumiré el riesgo

No sabían cómo pero Cristián logro convencer a la señora McGonagall de que le permitiera montar el prototipo de escoba. De inmediato se elevó en el aire, logró dar una vuelta velozmente hacía ls colina cuando sin previo aviso se estrelló contra un árbol.

-¡Cristián!

-¿Te encuentras bien?

-¡Wow! Eso fue súper fantástico, jamás había sentido tanta velocidad y eso que ya tuve la oportunidad de subirme a una saeta de fuego

-Piensas que.....

-¡¡Si!! Su escoba es más veloz

-Bueno, eso tendría que corroborarlo. Tengo que anotar estos datos- y de nuevo la señora McGonagall se metió a su cobertizo a trabajar

-Te llevaste un buen golpe Cris.

-Pero valió la pena- respondió el chico con una enorme sonrisa que intuían, no borraría en mucho tiempo.

Los planes que habían hecho cada uno para esas vacaciones estaban cambiando drásticamente; apenas habían pasado unos cuantos días de que llegaron cuando el abuelo de Gustav, el profesor Flitwick apareció en la casa de los McGonagall para recoger a su nieto. Se despidió de cada uno de sus amigos, deseándoles que pasaran una Feliz Navidad, y prometiendo escribirse cuando supiera a donde iba, tenía la impresión de que no sólo se iría a Francia si no a otros lugares.

No tardo mucho que algo similar le ocurriera a Andy, cuando Hermes, su lechuza apareció para infórmale que saldría de viaje, y que sus padres irían por ella de inmediato.

-¿No dice por que?- preguntó Mena a su amiga

-No, sólo dice que saldremos- le mostró la carta a su amiga, también algo confundida por la tan repentina decisión.

Andy:

Lamento tener que decirte esto, y más cuando esperabas pasar las fiestas con tus amigos, pero surgió un inconveniente en el Ministerio, nada malo, no te preocupes.

Tengo que viajar, y no me gustaría que se quedaran solas, por lo que decidí que vinieran conmigo a este viaje.

Pasaremos por ti mañana temprano, en verdad lo siento.

Dale de mi parte una disculpa a tus amigos.

Te quiere,

Papá

-Esto es extraño

-¿A que te refieres?

-Igual son imaginaciones mías

-¿Y eso es.....?

-Nada

Los Green pasaron por su hija al siguiente día de que mandaron la carta para avisarle del viaje que harían. Agradeció a su amiga por su hospitalidad y partieron usando el automóvil, sin tener exactamente un rumbo fijo. Cristian por otro lado, le habían dado permiso unos cuantos días, por lo que casi después de haber visto el prototipo de la escoba, sus padres fueron a recogerlo, además que su padre tenía unos asuntos que resolver antes de Navidad.

A Mena no le quedaba de otra más que preparar sus cosas para el próximo viaje que haría con su abuela, había dudado mucho en si avisarle a Vladimir que siempre si iría, pero opto por que fuera una sorpresa. Sentía muchas ganas de que llegara el día, aunque también podía ser la curiosidad de conocer otra escuela mágica, a  pesar de tener una cierta reputación por las artes oscuras.

+++++++++++++++++++

Era increíble pensar que por mucho que hubiera deseado pasar las fiestas navideñas a lado de sus amigos, las cosas fueran totalmente distintas.
Gustav saldría de viaje con sus padres y su abuelo, y Andy también aunque ninguno de los dos sabía con exactitud a donde pasarían las fiestas.

A pesar de eso, Mena se encontraba emocionada, su abuela había estado de acuerdo en que la acompañara a Durmstrang,  sin saber el motivo por el cual la profesora iría, a ella le importaba más poder ver a su amigo.

Al parecer era algo sumamente importante, ya que el Ministerio de Magia les había facilitado un traslador, al menos para poder acercarse a la región en donde se encontraba ya que como cualquier otra escuela mágica, su ubicación era inexacta.

Era un lugar majestuoso, las montañas estaban completamente blancas por la nieve y el frío  era más atenuante que en Londres; la pelirroja se aferraba más a su abrigo mientras que esperaban cerca de una estación muggle donde podían observar como varios automóviles pasaban, ansiaban a que llegara  el representante del Instituto que era el encargado de ir por ellas.

Apenas unos segundos de que un auto pasará por ahí, cuando a lo lejos se pudo distinguir un carruaje jalado por algunos caballos. Se detuvo enfrente de ellas, un hombre con un gesto de sumo fastidio bajo del mismo, traía una gruesa capa de color rojo.

-¿Profesora McGonagall?- preguntó de inmediato al verlas

-Si, soy yo

-Permítame- dijo tomando sus pertenencias- Soy Stefan, el director me ha enviado a por usted- se presentó observando atentamente a la pelirroja

-Muchas gracias, ella es mi nieta Mena

-¿Qué tal?- hizo un leve movimiento de cabeza- ¿Nos vamos?

-Por supuesto- cada una subió al carruaje, al igual que el hombre.

Anduvieron cerca de veinte minutos en los que nadie dijo nada. Stefan mantenía la vista fija en la ventana, mientras que la profesora leía un pergamino, bastante concentrada. Con forme se iban acercando, Mena comenzaba a sentir cierto nerviosismo mezclado con algo de emoción; trataba de tranquilizarse aunque era algo imposible dado que tenía tiempo que no veía a su amigo. Respiro varias veces hasta que por fin el carruaje se detuvo.

De inmediato Stefan se apresuro a bajar, ayudando a ambas como lo había hecho cuando fue por ellas, de una manera muy cortes.

El Instituto de Durmstrang era un castillo aunque no tan grande como el de Hogwarts; se podía apreciar cuatro pisos de altura.

Contaba con una enorme puerta de roble, que al instante en que se acercaron se abrió.

Stefan sacó su varita, y por arte de magia desaparecieron sus pertenencias, al segundo las condujo por un enorme pasillo que conducía al primer piso.

Mena sólo lograba ver un montón de aulas, algunos chicos estaban afuera, que no podían evitar observarla mientras caminaba detrás de su abuela. Se preguntaba en donde pudiera estar Vladimir, y mostrando con cierto orgullo los colores de su casa, haciendo efectivamente alusión a que pertenecía a Hogwarts.

Dieron vuelta en otro pasillo, y subieron unas cuantas escaleras que conducía al segundo piso, en aquel momento sólo se escuchaba el sonido de sus pasos, y cuando pensó que subirían al siguiente piso, Stefan las dejo en la puerta al final del enorme pasillo.

-El director las espera en su oficina- dicho esto tocó la puerta suavemente- Y espero que gocen de su estadía en el Instituto.

-Gracias- el hombre hizo un ademán para invitarlas a pasar.

Al entrar, un hombre apenas algo mayor que Stefan, levantó la vista de unos papeles que se encontraba leyendo. Sonrió con cierta frialdad aunque un poco amable.

-Bienvenida Profesora McGonagall.- se levantó de su escritorio para poder estrecharle la mano- ¿Y quién es esta bella jovencita que la acompaña?

-Es mi nieta. Mena... te presento a Marko Zhivko, el director.

-Es un gusto, profesor

-Supongo que es estudiante tuya ¿No?- mencionó con cierto tono que denotaba inconformidad

-Si, pero créeme que no viene a espiar- respondió tajantemente la profesora- De hecho viene a estrechar viejos lazos de amistad. Ya sabes, la cooperación mágica internacional.

-Me parece bien que reforcemos esos lazos....y dime Minerva, ¿Exactamente a que se debe tu visita?

-Si no te importa, me encantaría que esto fuera en privado.

-Mena ¿Cierto?- la pelirroja asintió, el director no le daba tan buena espina, o quizás hayan sido sus comentarios mal intencionados de que ella fuera estudiante de Hogwarts

-Si, señor

-Mencionaste lazos de amistad....¿Me podrías decir quien es?

-Edward Vladimir ....

-Oh, el señor McMahon, un estudiante bastante prometedor- agitó su varita y un pergamino apareció en sus manos, en el cual escribió algo, al instante apareció Stefan

-¿Si?

-Por favor, busca al joven McMahon- el director le entregó el pergamino con una sonrisa fría

Los tres estuvieron en un silencio algo incómodo, en algunas ocasiones Mena no podía evitar observar al director, seguía sin agradarle el hecho de que ella fuera de Hogwarts. Stefan no tardó mucho en regresar a la oficina pero no iba solo, detrás suyo apareció un jóven.

-¡Mena!- el chico sin importale nada abrazó fuertemente a la pelirroja

-Señor McMahon- carraspeo el director

-Lo siento señor director. ¿Me mandó a llamar?

-Si, como verá la profesora McGonagall y yo tenemos algunos asuntos de los cuales discutir ¿Sería tan amable de mostrarle el castillo a su amiga?- esto último lo dijo en un tono de advertencia

-Por supuesto

-Sus profesores están enterados de su ausencia, aunque le pediré que se ponga al corriente después

-Si señor

Mena miró a su abuela la cual asintió dándole permiso de que podía salir con su amigo. Los dos salieron de la oficina del director un poco más relajados.

-¿Por que no me dijiste que vendrías?- preguntó  Vladimir entusiasmado

-Quería que fuera sorpresa

-Pues si lo fue

-Creo que a tu querido director no le agradó la idea de que estuviera aquí

-¿Por que lo dices?

-Quizás por su tono, yo lo sé Vladimir. No le agrado- el jóven sólo se rió ante ese comentario

-Marko es muy competitivo, y al igual que todos no le gusta que "fisgoneen" en el colegio

-¿Qué me estas queriendo dar a entender eh, Edward?

-Nada- respondió con una sonrisa- Ven, vayamos afuera

-¿No podríamos mejor ir a un lugar caliente?- sugirió Mena al sentir una corriente de frío

-Las  chimeneas sólo se encienden con fines mágicos, además los jardines son bastantes amplios

Vladimir condujo a Mena hacía afuera, mostrándole los alrededores, debes en cuando expresaba que Hogwarts era mejor, y de lo que se perdía por estudiar ahí. No supieron cuanto tiempo estuvieron afuera hasta que el mismo Stefan los encontró para informarles que el director los estaba esperando.

La noticia de que una alumna de Hogwarts andaba caminando por los pasillos de Durmstrang corrió rápidamente, por lo tanto el director organizó un banquete para darles formalmente la bienvenida.

-Creo que nos veremos en la noche- Vladimir se había encargado de acompañar a Mena y a su abuela a sus respectivas habitaciones, y antes de separarse depósito un beso en la mejilla de la pelirroja.

Algo sonrojada entró a la habitación, su respectivo equipaje ya se encontraban ahí. La chica rebuscó un poco entre sus cosas hasta que encontró lo que buscaba, un pergamino, pluma y tintero.

Querido Gus:

Espero que te encuentres bien, sólo quería informarte que ya estoy en Durmstrang, en el frío norte. Honestamente no sé como es que no se mueren de frío aquí, esta mal eso de encender solo las chimeneas con fines mágicos.

Tuve el placer o no tanto, de conocer al director, y la verdad es que no le agradó en lo más minimo que yo estuviera aquí. Como si me interesara robar sus secretos, según Vladimir es algo competitivo nada más, pero en verdad siento que no le gustó para nada mi presencia.

Igual me intriga saber el motivo por el cual  mi abuela vino, tanto secretismo mi intriga bastante.

Por cierto, olvidé mencionar te lo pero Andy viajará con sus padres, espero que en estos días me mande una lechuza para contarme a donde fue. Tengo que irme, o llegaré tarde al banquete de bienvenida que nos darán.

Te escribo luego, cuídate.

Te quiere,

Mena.

En otro pergamino escribió rápidamente un mensaje para su mamá avisando que ella y su abuela habían llegado, luego de terminar sus cartas las selló mágicamente. Las enviaría por la mañana, por lo pronto debían bajar al banquete.

Vladimir ya las estaba esperando a fuera de su habitación, llevaba su uniforme y encima una delgada capa roja.

Los tres llegaron al gran salón, tenía casi la misma descripción que el de Hogwarts, sólo que este era más lúgubre y oscuro.

Sentían que le falta el tipico sonido de pláticas y risas, la mayoría de los estudiantes cenaban en silencio, y cuando los tres entraron se hizo aún más grande. El director Marko se levantó de su asiento esperando a que su invitadas tomarán asiento en la mesa de los profesores, el chico sonrió un poco para darles algo de confianza y se fue a buscar un asiento vacío.

-Buenas noches alumnos. Como notarán tenemos dos invitadas esta noche. Para los que no tienen el placer ella es la profesora Minerva McGonagall- dijo señalandola con la mano a la par de que ella hacía una reverencia respetuosa a modo de saludo- directora del Colegio de Magia y Hechicería Hogwarts- de nuevo esto último lo dijo en un tono sombrío y frío- y la bella jóven es su nieta Mena McGonagall, por supuesto una de sus estudiantes. Ahora les pido a todos que le den la bienvenida, y que su estancia aquí sea acogedora

Todos esperaron a que terminará el director para aplaudir aunque claro que no se pudieron evitar los murmullos, preguntándose que hacía la directora de Hogwarts ahí, en especial después de lo ocurrido con el Torneo de los tres magos y la batalla dada, todos tenían curiosidad por saber.

El banquete transcurrió tranquilamente sin sorpresas algunas, Mena seguía asegurando que las cosas eran mejor en Hogwarts, de cierta manera ya extrañaba a sus amigos.

A la mañana siguiente, Vladimir acompañó a su amiga para mandar sus cartas, el chico le había prestado su lechuza.

Esperaron a que el ave se perdiera en el horizonte, todavía hacía bastante frío afuera.

-¿Qué quieres hacer?

-No sé

-Ayer no terminé de mostrarte el castillo

-Seguiré ganandome el odio de tu director

-Claro que no

El chico siguió mostrandole el resto del castillo, ambos directores se encontraban encerrados en la oficina de Marko, tenían mucho que discutir y arreglar.

A pesar de que Vladimir era un excelente estudiante permitía que Mena le ayudara con los pocos deberes que tenía. De cierta manera, ambos aprendían cosas nuevas.

En víspera de Navidad, una vez más el Instituto de Durmstrang ofrecería un banquete. Apenas estaba adornada con un par de árboles, aunque en esta ocasión el entusiasmo y la alegría si reinaba.

Mena había optado por ponerse un sencillo vestido rojo para la ocasión y sin dejar a un lado los colores de su casa, acompañado de una túnica con el escudo de Hogwarts. Tanto ella como su abuela tomaron asiento a lado del director Marko, mientras que los platos se llenaban de comida bastante buena.

Lentamente se fue apagando las charlas y las risas, cada uno se fuera su respectivo dormitorio, Mena y su abuela fueron al suyoy sin más el sueño acudió.

Un ligero piqueteo en una de las ventanas de su habitación hizo que Mena despertara; una lechuza oscura que reconoció como Noctowl era la causante de tanto ruido. Se levantó de su cama un poco somnolienta para abrir la ventana dejándola pasar. 
El ave llevaba en su pata atados dos paquetes, cada uno con un pergamino.

El primero provenía de Andy, el paquete contenía una dotación de dulces y chocolates de Honeydukes y algunos otros extraños dulces que no reconocía junto con algunos pastelillos. Abrió su carta y comenzó a leerla.

Querida Mena:

¡Feliz Navidad!  Espero que estes pasando unas excelentes fiestas, Gustav me dijo que estabas en el Norte y en el congelante frio, y recuerdo que pensabas ir a visitar a un amigo, deduzco que debes de estar en Durmstrang. Gustav ha tenido unos dias bastantes movidos, anda de un lugar a otro, sin mencionar su forma tan secreta de hacerme llegar sus mensajes. Ya que estaba de paso le pedí de por favor que te hiciera llegar mi regalo, dudaba que Hermes estuviera dispuesto a hacer el viaje, además que lleva viajando mucho.

Yo me encuentro en América, a mi padre lo enviaron al ministerio de Estados Unidos, necesitaba resolver un asunto, que no me ha querido decir, sólo que es confidencial y que más adelante me enteraré.

Ya nos veremos pronto, enviale saludos a tu abuela y a tu mamá de mi parte.

Te quiere,

Andy.

P.D. Espero que te gusten los dulces, son algunos que tienen aquí en América.

La pelirroja probo uno de los panecillos, era de chocolate su favorito, estaba delicioso. Hizo a un lado los dulces y abrió el paquete que suponía le pertenecía a Gustav. Era un especie de vestido bastante hermoso, con varios diseños de flores de colores que, de alguna manera representaban los colores de Hogwarts; por último abrió la carta de su amigo.

Mena:

¡Feliz Navidad! ¿Qué tal van las cosas por allá en el frio congelante? Ojalá y no se te vayan a pegar las costumbres de los de Durmstrang. Yo estoy teniendo un genial viaje, conociendo demasiados lugares y sobretodo aprendiendo sobre mucha magia. Es increíble todo lo que me han enseñado, sobre ciertas culturas y.... ¡uff! Ha sido tanto que me llevaría mucho explicartelo.

Sé que Andy anda por el sur de América, aunque a su padre lo enviaron a Estados Unidos. Hasta donde me dijo creo que esa será su última parada, igual que la mía. Tratare de que nos reunamos en algun punto.

Recibí su carta por medio de Hermes pero creo que estaba bastante cansado, por eso me pidió que te enviará su regalo y espero que haya llegado bien. 
El mío es un kimono, un vestido tradicional que usan en Japón y que pensé que te gustaría, ojalá y no me equivoque.

Tengo que irme, manda le saludos a tu abuela y de paso a Vladimir, aunque claro todavía no tengo el gusto de conocerlo. Dile a la profesora que mi abuelo le envía recuerdos.

Cuídate,

Gus.

La pelirroja no podía estar más que feliz por los obsequios que le habiían mandado sus amigos, suponía que Alexander y Keisi también habían enviado algo, sólo que se imaginaba que estaba en casa, después de todo ellos no sabían que estaría visitando otro colegio.

Eso hizo acordarse que tenía un presente para Vladimir. Se puso su capa y salió a buscarlo, todavía le costaba un poco recordar el camino para llegar a los jardínesel lugar donde siempre se veían. No tardo mucho cuando apareció el chico con una sonrisa.

-Llegas bastante temprano

-La lechuza de Gustav me despertó- respondió Mena devolviendole la sonrisa 

-Tu mejor amigo ¿no?

-Si, él. Por cierto, te manda a saludar

-Que gentil de su parte. Enviale los míos también cuando lo veas

-Claro. Por cierto, te traje algo- le entregó un paquete en sus manos

-¿Qué es?

-Pues tendrás que abrirlo- Vladimir sonrió mientras abría el paquete, topandose con un libro

-¿Historia de Hogwarts?

-Así te darás cuenta del por que debiste estudiar ahí

A Vladimir no le quedó otra más que reirse

-Gracias. El mio es algo pequeño- el chico sacó una pequeña rosa- Es una rosa mágica, durará.... algun tiempo

-Es hermosa, gracias Vladi- la pelirroja se acercó a él y lo abrazo- Feliz Navidad

-Feliz navidad Mena.

+++++++++++++++++

Ya tenía un cierto tiempo que no viajaba, tomando en cuenta que las últimas vacaciones las había pasado con sus amigas o en todo caso en el colegio, siempre le agrado conocer más lugares y por ende aprender sobre la magia y cultura de otros lados.

Era algo raro que su abuelo viajara con ellos, aunque comenzaba a sospechar que todo lo hacía por él con tal de que tuviera la oportunidad de aprender cosas nuevas.

Justo después de que su abuelo lo recogiera en la casa de Mena, Gustav y sus padres tomaron casi de inmediato un traslador. Ninguno le quiso decir con exactitud a donde irían hasta que aparecieron cerca de la  Torre Eiffel

-¡Estamos en Francia!

-Si, así es

-¿Por qué París?- preguntó Gustav bastante emocionado

-Porque nos queda de paso- respondió su abuelo

-¿A dónde?

-Tengo que ir a Beauxbatons

-¿La Academia de Magia?

-Si, necesito arreglar unos asuntos. ¿Te encantaría acompañarme?

-Por supuesto que si- Gustav se sentía muy emocionado, el hecho de poder estar en otra escuela mágica, sería grandioso.

Beaxbatons no era la excepción en cuanto a ocultar la ubicación exacta de su Academia, aunque se sabe que está al sur de Francia. Aparecieron en el pueblo más cercano, al parecer un representante mandaría un transporte por ambos.

Un pequeño carruaje de azul pálido con un par de caballos alados descendió de los cielos, apenas se detuvo bajo un jóven vestido con túnica del mismo color que el carruaje.

-Profesor, Madame Maxime la aguarda

-Gracias- los tres subieron al carruaje, mientras que comenzaban a tomar vuelo.

Al poco tiempo se podia distinguir por una de las ventanas del carruaje el palacio de Beaxbatons, un hermoso castillo rodeado por jardines y fuentes. Se encontraba enmedio de montañas, lo que el paisaje resultaba maravillosamente digno de ver.

Una mujer alta aguardaba a la entrada del palacio, esperando a que sus invitados llegaran.

-"Pgofesog Flitwick" Bienvenido

-Gracias, este es mi nieto Gustav

-Il est un honneur d'être ici

-"Impgsionante". Que chico tan inteligente

-Sí, lo és.

-La "pgofesora Minerva" me avisó que "vendgia" ¿Cuál "egs" el motivo?

-Prefiría que fuera en privado, por favor.

-"Clago" Adelante, vamos a mi oficina

-Gus, no te vayas a meter en problemas- advirtió su abuelo antes de entrar

-Por supuesto que no abuelo

Algunos alumnos pasaron a su lado, logró captar un poco de frances, al menos aprendería un poco el idioma.

Gustav no pretendía quedarse sólo en los jardines, por lo que entró al menos para encontrar la biblioteca y leer un poco.

Iba caminando por los pasillo admirando la belleza de las aulas, que no se percató de nada hasta que término por estrellarse con alguien.

-Lo siento- se disculpó el chico acomodándose sus gafas

-Qui es-tu?

-Disculpa, no entiendo del todo lo que me dices

-"¿Exgangero?"

-Sí, yo soy Gustav Flitwick. ¿ME podrías decir dónde esta la biblioteca?

-Al final de "egste"pasillo

-Merci

La biblioteca era un poco similar a la de Hogwarts, aunque sentía que estaba más amplia. Se en frasco en algunos libros de Defensa y de Transformaciones, que perdió la noción del tiempo. Hasta que su abuelo apareció junto con la directora.

-¿Ya nos vamos?- preguntó Gustav levantando la vista del libro

-No, todavía quedan algunos detalles que debemos discutir

-Los acompaño a sus habitaciones. "Pogan" quedarse todo el tiempo que "quiegan"

-Gracias

La directora haría un banquete en honor a sus visitantes, algunos se sorprendieron al enterarse que el subdirector de Hogwarts estaba ahí, los rumores de que algo grande se estaba "cocinando" detrás de las paredes de la oficina de su directora, se escuchaba por los pasillos.

En algunas ocasiones Gustav salía a explorar por los alrededores, su curiosidad de Ravenclaw era demasiado fuerte, esas ansias de querer aprender tanto. Ese día  en particular tuvo una grandiosa aventura y que por fortuna no pasó a mayores; todavía con la adrenalina a tope decidió escribirles a sus amigas.

Tanto el profesor Flitwick como Gus estuvieron en Beaxbatons un par de días más, agradecieron la estancia en la Academia y regresaron a París antes de irse de nuevo al próximo lugar que visitarían.

La familia Flitwick aprovecharon para visitar  el palacio de Versalles, y por la noche subieron a un tour por todo París, un crucero por el Sena, justo en la entrada a la torre Eiffel. Antes de tomar un traslador, Noctowl regresó de su viaje con la respuesta de Andy.

Hola Gus

¿Cómo va todo por allá? Espero que bien, recibí tu carta apenas llegué de tener un día ajetreado, y vaya que te aseguraste de recibir una respuesta. Tengo que admitir que el nuevo sobrenombre que me diste me agrada pero no soy tan perezosa como dices. No sé que sentir con respecto a tus vacaciones, si envidia o qué, aunque eso de que una bestia te iba a devorar pudo haber sido algo bueno, lastima que no lo logro. No es cierto, sabes que se te quiere y aprecia, menos cuando fastidias con las tareas y los puntos que obtiene tu casa.

Y hablando de eso....Santino no sé que ha estado haciendo, yo también salí de vacaciones con mi familia, pensé que eso te lo había comentado Mena. A mi padre lo enviaron a resolver un asunto casi al otro lado del mundo, ya sabes cosas del Ministerio, y no tengo la menor idea de que se trate.

Al igual que tú he conocido algunos buenos lugares e interesantes, que de cierta manera me sorprende su magia, aunque no he visto bestias ni criaturas. Ya les contaré los detalles cuando los vea, espero que todo esté en orden.

Salúdame a tu abuelo de mi parte.

Con cariño,

Andy.

Sonrió al leer la respuesta de su amiga, metió a su lechuza en su jaula y listo para viajar, tomaron otro traslador. Todavía le quedaban tres lugares por visitar y muchos magia que aprender.

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Todavía Andy se encontraba bastante desconcertada por el tan repentino viaje que estaba por iniciar con sus padres. No tenía idea a donde irían, según su padre era por asuntos del Ministerio, sin embargo no des aprovecharían la oportunidad de comportarse como muggles y por ende viajar en avión.

La castaña se mostraba bastante casada y aburrida, no tenía idea de cuantas horas llevaba volando.

Aterrizando en una ciudad algo pintoresca, a pesar de ser invierno se sentía bastante calor.

Tomaron un taxi, la chica pudo observar como entre las calles algunas personas bailaban.

Su padre había rentado una pequeña cada enmedio de la ciudad, todos se encontraban bastantes cansados por el viaje, sin mencionar que les estaba afectando el cambio de horario.

-Es mejor que vayamos a descansar. Mañana nos espera un gran día

-Preferiría haberme quedado con mis amigos

-Será emocionante, ya lo verás 
-Si eso dices

Andy se vio obligada a tratar de dormir, no sabía com exactitud que era lo que planeaba su padre, casi de inmediato se quedó dormida en su habitación. 
Los primeros rayos del sol no fueron los que despertaron a la chica, si no su propio padre, que irrumpió su sueño.

-¡Arriba!

-Hoy no

-Vamos, que se hace tarde

-¿Qué traes puesto?- pregunto la castaña observando a su padre. Iba vestido con una camisa y un short de color crema y sombrero.

-Nos vamos de expedición, así que apresúrate

No tuvo de otra más que levantarse de su cama y vestirse. Su instinto aventurero estaba apagado, al menos por el momento, esperaba que valiera la pena.

Sus conocimientos sobre geografía no eran del todo buenos, sabía que se encontraban en Sudamerica, y en Brasil pero a donde más irían no tenía la menor duda.

Para facilitar más el viaje, en esta ocasión pudieron usar la magia; para nada le agradaba la idea de aparecerse, seguía prefiriendo la escoba para ello.

Antes de hacer la aparición conjunta, había cerrado los ojos con tal de que esa horrible sensación de asfixia desapareciera; al abrirlos, todo absolutamente todo estaba verde.

Anduvieron caminando por entre tantas ramas y hierba, en algunas ocasiones lograban ver animales exóticos hasta que llegaron a lo que parecía unas ruinas.

Se adentraron ahí, Andy seguía sin saber mucho al respecto pero quizás su padre tenía razón y todo eso valdría la pena.

Recién acababan de llegar de aquella expedición, se sentía agotada y demasiado cansada; la castaña no dudo demasiado en tumbarse a la cama, esperando tomarse una pequeña siesta cuando una lechuza pequeña apareció volando como bólido, posándose a un lado de ella. En su pata tenía una carta donde se podía notar un sello de Ravenclaw con cera azul que de algún modo comenzó a sacar chispas, tintineando curiosamente en su interior. La pequeña lechuza comenzó a picotearle la mano en señal de que la carta le pertenecía.

-Tranquila- mientras le daba una chuchería, pero el ave estaba más que impaciente porque le quitara la carta- Lo siento- susurró la castaña pero al instante en que pensaba retirarle la carga, esta comenzó a calentarse quemándole la mano, cayendo al piso y comenzando a estallar en chispas y destellos de colores.

Hola Panda:

Bueno Andy, aunque me gusta más el nuevo apodo que te di, honestamente creo que eres un oso perezoso. Ya que termine de divagar....espero que te encuentres muy bien; no te imaginas que vacaciones he estado teniendo, muchos lugares. Esta carta viene desde uno de los ríos más grandes del mundo. Existe magia muy peculiar pero muy vistosa y siendo realista dudo que un patronus pudiera llegar tan lejos, además que mi abuelo me pidió que no entregara cartas materiales, ya sabes, para evitar que las interceptaran, por eso estas llamas parlantes.

Te comento que casi muero devorado por una bestia horrorosa pero al final salí librado. Ojala que tus vacaciones sean tan magnificas con Santino. Te traeré algunas cosas de fuera, la verdad te quedarías con el ojo cuadrado. Bueno, las llamas no pueden ser eternas y sólo te puedo adelantar que ese ojo cuadrado que tendrás será por un mega golpe de una bludger que recibas en tu próximo partido.

Me tengo que ir, la directora recibió en este momento un patronus de mi abuelo. No sé como esos magos pueden ser tan poderosos, me asombra de tan sólo pensarlo pero en fin, espero verte pronto ¡Adios!

Espero una lechuza de vuelta, ahí tienes a Noctowl

La última chispa eclipsó dejando un tenue humo plateado con olor a hierba fresca

-Se aseguró de que le respondiera, ¿verdad Noctowl?- dijo mientras acariciaba suavemente a la lechuza- Será para la próxima Hermes- mencionó a su lechuzs la cual sólo uluo, tomó un pergamino nuevo y comenzó a escribir.

Al parecer se quedarían unos días mas en Brasil antes de partir hacía el norte, ya Andy no había tenido tantas aventuras como Gustav pero debía admitir que estaba impresionada por todo lo que hasta el momento, había visto.

Salía a conocer junto con sus padres los alrededores, su hermanita era la que parecía disfrutaba de todo, siendo tan pequeña; compraban algunos souvenir y unos que otras cosas, y por ende en las noches llegaban demasiado cansados.

Todo estaba en total calma hasta que un estallido en la ventana interrumpió el silencio; una sombra horrorosa golpeó de nuevo, un especie de reptil con enorme cara y plumas, pelos y garras. Tocó de nuevo, o más bien se estrelló con ella al no recibir una respuesta, la criatura lanzó una llamarada y media ventana estalló en miles de añicos.

Andy al escuchar eso se levantó rápidamente tomando su varita de la mesita de noche, el reptil ferozmente se acercó a ella, lanzándole unas llamas azules que serpentearon y clavándose en el escritorio de madera cercano. Las lenguas de fuego escribían un pulcro mensaje, dejándolo marcado.

Las llamas se extinguieron y el reptil salió volando de la habitación, convirtiéndose en una estrella fugaz, mientras que el escritorio comenzaba a vibrar por el mensaje. Algo desconcertada se acerco para ver lo que esa criatura había hecho.

Hola Andy

Espero que esta especie rara y espeluznante de dragón, no te haya sacado un grito. Soy Gus, creo que esta magia es más rápida que de la otra región. Siendo sincero quedé más maravillado con este lugar, posiblemente puede que me quede un tiempo aunque el abuelo me lo prohibió. Ando vestido de una forma ridícula, parezco muñeco de aparador; me indigno un poco la forma de recibirme pero a mi abuelo le pareció algo gracioso someterme a una prueba para ver si soy digno.

Terminé siendo un arcoiris y después una manzanota dorada. ¿Puedes creerlo? Casi muero de la vergüenza, aunque las personas al verme así no se rieron, más bien me dieron cie3rto respeto, no entendí mucho pero el abuelo me lo explicara camino a casa.

Aún nos falta ir a otros dos lugares pero creo que estaremos un día más acá. Espero que Mena te haya mandado una lechuza. Ella está en el frío gélido y yo aquí en el bello sol adornado con flores de loto que me causan alergia. Bueno, pronto iremos al calor extremo pero no quería perderme la oportunidad  de presumirte que ando por acá, aunque no se necesita ser muy inteligente para intuir, ya que el abuelo me prohibe decir nombres al menos a mí. Sólo les había contado que iría Francia, por cierto un grato recibimiento y creo más por mis túnicas azules. No imagino si Mena hubiera venido, le hubieran hecho el feo ya que su túnica es rojo, les recuerda a su competencia.

Me tengo que ir, no sin antes decirte que con gusto pagaré los destrozos de esta salvaje bestia, espero tus padres no se molesten.

Cuídate y pronto recibirás mensajes míos.

¡Sayonara!

-Oh si, por supuesto que tú pagaras los destrozos- dijo todavía observando los restos de la ventana

Preferiría pensar mejor en la mañana que era lo que le diría a sus padres, por lo pronto se recostó de nuevo.

Pasaron tres días para volver a tener noticias de su amigo; se encontraba terminando de arreglar sus cosas ya que pronto partirían. Su padre tenía algunos asuntos que arreglar en Estados Unidos, y de nuevo viajarían en avión.

Metió en su mochila algunos libros, dejando afuera un par de pergaminos, pensaba escribir un par de cartas cuando Noctowl entró por la ventana, uluando para avisar de su llegada. Le entregó a Andy una moneda de oro grande incluso más que un simple galeon con unas raras y extrañas runas en ella. Uluo de nuevo, comenzando a verse demasiado cansado, agachó su cabeza, un débil uluar antes de que comenzará a desmoronarse quedando rastros de arena.

-¡NOCTOWL!- gritó la chica asustada

La moneda empezó a calentarse por un lado mientras que por el otro gélido. Andy comenzó a marearse mucho, sintiéndose somnolienta. Se movió de su silla y con un golpe seco cayó al piso dormida.

-Hola panda torpe

-¿Gustav?- de cierta manera podía verlo aunque no estaba del todo segura

-¿Te asusto lo de Noctowl? Me destornillo de la risa

-¿Qué es todo esto?

-Magia Antigua y muy intrigante

-Sería de gran ayuda que me explicaras mejor que sucede

-Ahora si que ammmm....soy parte de tus sueños

-¿O mis pesadillas?

-Calma. Son sólo tus sueños, es una forma de poder hacerte llegar el mensaje. No te preocupes, al despertar recordaras todo

-Pues dejame decirte que fue de muy mal gusto lo de Noctowl

-Transmutación de arena, formidable. Mi abuelo dice que ni siquiera McGonagall puede hacerlo

-O sea que tu lechuza esta bien

-Si, al menos fue más impactante que el dragón

-Espero poder verte pronto y patearte. Pensé que te debía una lechuza nueva

-Sólo fue una forma formidable de llevar el mensaje, viajan por el viento, como arena. Se transmutan en un animal mensajero que uno haya elegido, bueno ese es el transporte para llevarte la moneda que contiene el mensaje. Quedé atónito con este lugar, la verdad. Cosas que nunca había creído que existieran. Casi muero también pero por querer aprender cosas que estaban prohibidas por los residentes. Ya sabes, curiosidad Ravenclaw. No pensé que en este lugar existiera tanta magia.

>>Se dice que aquí la vio nacer, es tan rudimentaria, no lo puedo creer, ¡no usan varita! ¿Puedes creerlo? Me quedé tan sorprendido, yo intento hacerlo pero lo más que puedo hacer mi dedo es sacarse un moco y señalar a los torpes tejones, creo.

-Por supuesto, un moco de troll

-Eso es a Mena o a ti, no se confundan. Y que asco, nunca me pidan sacarles uno...

-Perdón don inteligente

-Pero bueno, estamos en una zona muy poco habitable. Muy calurosa y a la vez acogedora. Hoy es mi último día, iremos a un lugar donde remonta el orígen de la magia misma, no quepo de la emoción.  Un lugar tan sagrado que si uso la magia término sin ella, entonces iré en modo muggle.

-Tú no sabes ser un muggle

-Lo intentaré

-Pagaría por ver eso

-Serían unos 50000 galeones ¿Te parece? ¡ah y una lechuza!

-No te debo nada, además ¿para que me asustas?

-Traigo unos ropajes muy frescos y una gorra igual a la de Kingsley, algo así me siento que veo a él en todos lados.

-¿Te da aire en todos lados?

-No. Me golpeara al enterarse que digo esto, creo y espero no romper un estatuto por bromear a costa del Ministro

-Te llevarán a Azkaban

-¡Callate! Mejor que te de un beso Argus Filch

-¡Que asco!

-¡Ops! Creo que pronto despertaras. Te veo borrosa, debo irme. Espero verte pronto, me falta un lugar por visitar. Te mando mensaje. Cuídate.  Adiós 

Andy despertó ya que su padre le andaba gritando bastante preocupado

-¿Qué pasa papá?- preguntó adormilada

-Estabas desmayada sujetando esa moneda. Creía que era magia tenebrosa; no podía despertarte y dijiste algo de moco de troll o algo así

-¿Ah?

-Si, me dijiste moco de troll

-El moco de Gustav- rió entre dientes. Observó bien la moneda, ya no tenía runas y estaba lisa de un color gris como la piedra- No te preocupes papá, sólo fue magia antigua

-¡Espero no estés haciendo tus locuras eh! ¿Segura te encuentras bien?

-Si

-Dame eso, lo analizaré. No quiero quedarme con la mitad de mi torpe hija

-¡Papá! No pasa nada, además cuando conoci a Santino no dijiste nada, estoy en perfecto estado. Y no soy torpe, no por algo estoy en el equipo

-Pero no eres Ravenclaw, esto te hace torpe- le quitó la piedra de las manos- la examinaré y si no veo algo raro te la devuelvo. Por cierto, espero que arregles esa ventana antes de irnos jovencita, no es para practicar con bludgers

-¡Ash! Mamá tiene razón, a veces eres nefasto. Y no fui yo, fue Gus- pero su padre ya había salido de su habitación.

Algo intrigada por lo sucedido terminó de guardar sus cosas, esperaba no meterse en problemas pero tomó su varita y con un simple hechizo arregló la ventana.

Se preguntaba una y otra vez por que tanto secreto en sus mensajes, y pensaba que el viaje tenía un propósito, comenzaba a atar cabos, en especial cuando su propio padre tendría que ir al ministerio de magia en Esa dos Unidos. Algo muy grande estaba por pasar.  

 



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