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Plumas de Fénix » Capítulo 12
Plumas de Fénix (R13)
Por andypotter92
Escrita el Miércoles 20 de Mayo de 2015, 17:28
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:41
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Capítulo 12

Otro día más en el que Andy y Amshel se la pasaron en el bosque, la ventaja de salir de día era que podían disfrutar de las hermosas vistas que dejaba la naturaleza, la desventaja es que el sol ardía bastante. Algunas gotas de sudor resbalaban por el rostro de la pequeña mientras regresaban a casa.

-¿Entonces qué, Santino? ¿Me prestaras tus deberes?

-Pues....

-Sólo será un vistazo, por favor. Pasado mañana llegan Mena y Gustav. Quiero tener esta semana libre de deberes.

-De acuerdo, voy por ellos- dicho esto desapareció, pero al cabo de unos segundos después regresó con varios pergaminos- Aquí los tienes

-Te prometo que no copiaré

-De acuerdo

-Por cierto, ¿Quieres ir con nosotros al callejón?

-No puedo- el niño hizo una cara triste- Saldré con mis padres, pero igual estaré por aquí antes de regresar al castillo

-De acuerdo, será divertido ir por ahí....

-Green....recuerda que ellos no pueden saber lo que soy- interrumpió

-Lo siento. Mejor entraré a terminar mis deberes

-Nos vemos después.

Toda la tarde se apresuró a terminar el trabajo escolar que tenía pendiente, en algunas ocasiones revisando los de Amshel, algunas otras veces comparando lo que tenía con los de él. Era raro, desde que había conocido a Santino, siempre se la pasaba afuera y estar encerrada por un par de días en su habitación, estudiando no eran tan propio en ella, incluso su padre estaba empezando a sentir que la vena Ravenclaw que tenía por fin estaba saliendo a flote.

-Me siento orgulloso

-¿Por?

-Porque eres tan estudiosa

-No te equivoques papá, sólo era para tener libre la próxima semana- y sin más terminó de cenar, dejando a su padre sorprendido y a su madre con una sonrisa burlona.

El domingo por la mañana, la señora Green despertó a su hija bastante temprano, a lo cual después de refunfuñar un poco, y acordarse el motivo por el cual debía levantarse, se apresuró para cambiarse y bajar a desayunar. Aquel día, su padre era el encargado de darle de comer a su pequeña hermanita, que sólo sonreía y aplaudía cada vez que le daban un bocado de su papilla. Se sentó a lado de él, y comenzó a comer su plato de avena.

-¿Veras hoy al niño Santino?

-No, le dije que quedé de verme con mis amigos

-¿Y él no lo es?

-Claro que si papá, pero a él lo vi todo el verano- respondió con cierta tranquilidad- Además, me dijo que no podía, que saldría con su familia

-Oh bueno. ¿Terminaste los deberes?

-Por supuesto.

Se apresuró a terminar de desayunar, luego subió a su habitación para cepillarse los dientes, mientras que tomaba una chaqueta. Se alegró saber que iría al Callejón en el auto en lugar de utilizar la chimenea, que honestamente no le agradaba en lo absoluto viajar con polvos Flú, siempre terminaba demasiado mareada y llena de hollín.

Aparcaron afuera del Caldero Chorreante; al entrar vio varias brujas con algunas bolsas de compras, magos que discutían sobre ciertos temas de interés de revistas, brujos de un aspecto bastante primitivo, y uno que otro enano. Pasaron de largo, para salir al patio de atrás; su padre sacó su varita mágica golpeando el tercer ladrillo de la izquierda por encima del cubo de la basura, esperaron hasta que se abriera en la pared el arco que daba al Callejón.

Primero llenaron un par de costalitos de galeones, sickles de plata y knuts de bronce de su cámara en Gringotts. Al salir, iban caminando tranquilamente cuando alguien gritó su nombre.

-¡Andy! ¡ANDY! ¡Aquí!- vio a Mena McGonagall saliendo de la tienda de varitas Ollivander y junto con ella, y como siempre se encontraba Gustav.

No pudo evitar sonreír al verlos, pero no tuvo mucho tiempo de pensar en algo más, cuando menos se lo esperaba, ya estaba en los brazos de su amiga pelirroja, estrujándola fuertemente pero con cierto cariño.

-Me alegra volver a verte

-Igual a mí

-¿Cómo estás, Andy?- saludó el niño con una enorme sonrisa.

-Estupendamente bien, que por cierto, gracias por todos tus recordatorios- regresó el saludo frunciendo el ceño

-Hija....

-Lo siento- se sonrojo un poco, había olvidado que no estaba sola- Papá, mamá, ella es Mena McGonagall y Gustav Flitwick, esta de sobra decir exactamente quienes son.

-Por fin los conocemos, Andy habla mucho de ustedes- Mary Green les dio un beso en cada mejilla a ambos niños, mientras que Robert sólo les tendió la mano

-No es tanto, mamá

-Claro que sí, hija. Todo el verano...

-Será mejor que vayamos a comprar las cosas que necesitan- interrumpió el señor Green salvando a su hija.

Iban caminando por la calle, deteniéndose entre las tiendas para ir comprando el material escolar, la castaña no pudo evitar detenerse en uno de sus lugares favoritos, la tienda de Artículos de Calidad para el Qudditch. Luego de detenerse ahí, pasaron a comprar los libros  a Flourish y Botts, donde demoraron más de lo normal, ya que cada uno buscaba algo para leer en los tiempos libres.

Cerca de la tarde regresaron a casa, algo cansados por las compras. Mientras esperaban a que la cena estuviera lista, se sentaron en el sofá para ver algo de televisión, a lo que Mena y Gustav quedaron fascinados por ese aparato muggle. Aquella noche resultó agradable, el simple hecho de tener a sus amigos en casa, le agradaba a la castaña.

Antes de irse a dormir, Andy no pudo evitar asomarse por la ventana esperando ver a su amigo, pero sólo era la negrura de la noche. Prefirió esperar a que saliera el sol, además que le esperaba una gran semana.

Al bajar para desayunar, tanto Mena como Gustav ya se encontraban en la mesa arreglados, a lo que ella sólo con su pijama y con cara de sueño, a lo que sus amigos rieron.

-Buenos días- saludó con un bostezo

-Buenos días, Andy- saludaron ambos al mismo tiempo

-¿Acaso habrá algo que no hagan juntos?

-Por supuesto

-Lo único es dormir- dijo con tono burlón

-Andy....no es correcto que trates así a tus amigos, además que son tus invitados

-Exacto, Green. Somos tus invitados

-Claro McGonagall, pero implica que también me tienes que soportar aquí.

Luego del desayuno, Andy subió a su habitación a arreglarse para poder salir al pueblo cercano, quería que sus amigos conocieran donde vivía, y quizás ir al lago a nadar un rato. Aunque le encantaría llevarlos al bosque donde iba con Santino, pero no estaba tan convencida de querer compartir ese lugar con ellos.

Justo cuando iban de salida se topó con su amigo, a lo cual tenía su típica sonrisa que a veces la desesperaba.

-Hola Green

-Hola Santino. ¿Vienes por tus cosas? Espera, ahora vuelo- habló la niña sin siquiera dejarlo responder

-¿Y tus amigos?

-Aquí- dejo al niño en la entrada mientras iba a buscar a los demás

-¿Qué pasa, Andy?

-Les quiero presentar a alguien

-¿A quién? ¿Amshel?- Gustav se sorprendió un poco al verlo ahí- ¿Pero que haces aquí?

-Soy vecino de Green

-¿Ya se conocen?- preguntó extrañado y a la vez preocupado

-Si, todo en orden- respondió refiriéndose al secreto que guardaba- Por cierto, ella es Mena. Y él es Amshel Santino

La pelirroja lo saludó, un poco incomoda. No esperaba que Gustav conociera al vecino de su amiga, ni mucho menos que ella, olvidara mencionarlo en una de sus cartas. Todo eso le resultaba sumamente extraño.

-Aquí tienes, fue de gran ayuda- Andy había bajado de la escaleras con unos cuantos pergaminos bajo el brazo

-Me alegra, porque sólo fue un vistazo, ¿verdad?

-¿Qué es eso?- preguntó Mena observando atentamente al niño

-Los deberes

-¡¿Cómo que lo deberes?!

-Mena, no copié. Si eso es lo que te importa- respondió con una sonrisa, a lo que la pelirroja le lanzó una mirada indignante- Vamos al lago. Ven con nosotros Amshel

-¿Seguros?

-Si, ¿por qué no?

Los cuatro salieron de la casa, esperaron a que Amshel regresara a la suya para dejar sus deberes, y luego caminaron por unos cuantos minutos, hasta que llegaron a un lugar bastante solitario, con unos pocas personas que se encontraban ahí para pescar o simplemente pasar el rato como ellos.

Estar ahí les hacía recordar el Lago negro del castillo, junto con el calamar gigante, y eso hacía que se emocionaran más por querer regresar al colegio pronto.

-¿Quién es, exactamente?- preguntó Mena aprovechando que estaba sola con la castaña

-Pues es....- se calló de inmediato al recordar su promesa- Amshel- terminó por responder con simpleza y obviedad

-Gracias por el dato

-Es un niñito antisocial, que se la pasaba encerrado en la torre de Ravenclaw

-Pero Gustav nunca lo mencionó

-Creo que cada uno tiene secretos- soltó casualmente

-No empieces con eso, Andy

-¿Con qué?

-Tú muy bien sabes

-Vamos Mena, relájate al menos un rato.

El resto de la semana se la pasaban afuera de la casa, por lo general nadando en el lago, donde siempre los acompañaba Amshel. Gustav y él, la mayor parte del tiempo, se la pasaban charlando bajo la atenta mirada recelosa de la pelirroja, y la castaña se mantenía sumida en sus pensamientos, ya que recientemente se le había ocurrido una broma y planeaba como llevarla a cabo; luego de pasar todo el día fuera, regresaban para jugar con la consola de videojuegos, algo que fascinaban a los chicos.

El final del verano llegó demasiado rápido, por un lado estaban deseosos de volver a Hogwarts, pero por el otro, para cada uno había sido el mejor de los veranos, aunque haya sido por motivos totalmente diferentes. La noche anterior antes de regresar al colegio, la señora Green hizo una deliciosa cena; después de esto, mando a los tres a dormir, ya que el siguiente día sería algo ajetreado.

A la mañana siguiente, cada uno se apresuro a preparar sus cosas, desayunaron tan pronto como pudieron, mientras que Rober Green subía los baúles al auto. Cuando estuvieron todos, echaron a andar hacía la estación.

El viaje hasta King´s Cross fue muy tranquilo, lograron conseguir carritos donde descargaron los baúles. Fueron hacía la barrera que había entre los ándenes nueve y diez, empujando respectivamente su equipaje y un instante después, cayendo de lado a través del metal sólido, encontrándose con el andén nueve y tres cuartos. Al levantar la mirada, vieron el expreso de Hogwarts, un tren de vapor de color rojo que echaba humo sobre un andén repleto de magos y brujas que acompañaban al tren a sus hijos.

Se abrieron paso hasta el final del tren, pasando ante compartimientos repletos de gente, llegando finalmente a un vagón que estaba casi vacío. Los chicos subieron los baúles, pusieron a las lechuzas en la rejilla portaequipajes, y volvieron a salir para despedirse de los señores Green.

Mena y Gustav agradecían la amabilidad de su estancia, a lo cual Mary los besó, y al final abrazó fuertemente a su hija.

-Cuídense. No se metan en problemas

-¿Por qué lo dices mamá?

-Porque te conozco jovencita- a lo que ella solo frunció el ceño, no entendía porque siempre tenían que reñirla por algo.

-No se preocupe señora, yo me encargó que se porte bien

-Pero si nunca hago travesuras

-Te lo agradecería mucho Mena

Se oyó un potente silbido, por lo que los chicos subieron mientras que pasaban  unos guardias cerrando todas las puertas del tren. Ya comenzaba a salir vapor, y poco a poco había comenzado a moverse; los tres se asomaron por la ventanilla y dijeron adiós con la mano a los señores Green.

Buscaron un compartimiento donde estar, y lo encontraron a mitad del tren. De inmediato comenzaron a charlar, y esperaban ver a sus restantes amigos. El expreso de Hogwarts seguía hacia el norte, sin detenerse. Y el paisaje que se veía por la  ventanas se fue volviendo más agreste y oscuro. A la una en punto llegó la bruja regordeta que llevaba el carrito de la comida. Compraron algunos pastelillos de calabaza y otras golosinas; a media tarde, cuando empezó a llover y la lluvia emborronaba las colinas, volvieron a oír a alguien por el pasillo, apareciendo en la puerta Alexander y Keisi, con una sonrisa al verlos, después de un verano sin verlos.

-Llevamos un rato buscándolos

-¿Qué tal las vacaciones?- preguntó Alexander

-Excelente

-Muy emocionantes- respondió Andy pensando en las noches con Ashel.

Esperaba ver a Santino, ya que no conocía a nadie más que a ella y Gustav, pero no sabía en donde pudiera estar o con quien, en todo caso. La última vez que lo vio, le había sugerido verse en el expreso, pero este se había negado, diciendo que ya se verían en el banquete de bienvenida. Finalmente el tren se detuvo en la estación de Hogsmeade, formándose un barullo para salir. En el pequeño andén hacia un frió que congelaba, y que hacía que todos temblaran.

-¡Por aquí los de primer curso!- gritaba una voz familiar, Hagrid se encontraba en el otro extremo del andén, indicando por señas a los nuevos estudiantes que se adelantaran para iniciar el tradicional recorrido por el lago.

Mena, Andy, Gustav, Alexander y Keisi siguieron a los demás y salieron a un camino embarrado y desigual, donde aguardaban al resto de los alumnos al menos cien diligencias, todas tiradas por thestrals. Esperaban llegar pronto, y calentarse con el fuego que dejaba las chimeneas, realmente era un frío bastante congelante.

El carruaje se detuvo y se unieron a la multitud apiñada en la parte superior, entraron a través de las gigantescas puertas de roble, y en el interior del vestíbulo, que estaba iluminado con antorchas una magnifica escalera de mármol. A la derecha estaba la puerta que daba al Gran Comedor.

Gustav se dirigió a su mesa, localizando a unos cuantos amigos suyos, mientras que los demás buscaban asientos disponibles.

-Deberían empezar ya. Muero de hambre

-¿No viste el clima?

-Pues si, ¿por?

-Tardarán un poco en llegar

-Como sea, espero que tu abuela no se tarde demasiado en dar su discurso, porque enserio muero de hambre.

Apenas Andy dijo eso, cuando el profesor Flitwick entró seguido de varios niños con cara asustadas, puso en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año, encima puso un sombrero puntiagudo, remendado y raído.

Durante unos pocos segundos, se hizo silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

 

Hubo una vez en la historia,

cuatro magos con excepcional

poder  y grandeza.

 

Un sueño en común compartirían.

un colegio ancestral erigirían,

donde aquellos que el poderoso

don tuvieran.

Dignos de portar gran magia

que aprendieran.

 

Godric el osado, requería

valerosos magos de

caballerosidad.

 

Helga la justa, quería humilde y

perseverante hermandad.

 

La sabia Rowena, inteligencia y

erudición sin limites ansiaba.

 

Mientras que Salazar,

ambiciosos y astutos magos

formaba.

 

Juntos formaron este colegio

Afamado, para a los pequeños

Magos su saber transmitir.

 

Todo funcionó hasta que

Salazar un día enfadado, se

alejó con la extraña idea de

dimitir.

 

Y en mi pusieron la ardua tarea 

de elegir cuál será la casa a la

cual debes acudir.

 

Podrás ser leal y a Gryffindor

pertenecer, o en un conjunto

como Huffepuff sin fin

trabajar.

O en Ravenclaw sí inteligente

Quieres tú ser, o Slytherin

astuto para el poder aspirar.

 

¡Muéstrame tu mente!

¡No tengas miedo!

Puesto que no por algo

te lo dice este sombrero

 

Alumno novato

¡Bienvenido a casa!

Te estábamos esperando

 

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez. El profesor se adelantó con un gran rollo de pergamino.

-Cuando los llame, deberán ponerse el sombrero y sabrán que casa irán- dijo- ¡Cooper, Jane!- una pequeña subió a la tarima bastante nerviosa.

-¡HUFFLEPUFF!- gritó el sombrero unos segundos después

-¡Doreen, Kelly!

-¡SLYTHERIN!- la mesa de las serpientes aplaudía con cierto entusiasmo

-¡González, Jessica!- una niña con cabello castaño y algunos destellos pelirrojos salio entre la fila, para subirse a poner el sombrero.

-¡GRYFFINDOR!- la mesa más alejada estalló en festejos y aplausos

-¡Heather, Adam!

-¡SLYTHERIN!

-¡Kyle, Grace!

-¡RAVENCLAW!- ahora era le turno de la mesa central para gritas y aplaudir a su reciente miembro de casa

-¡Lovegood, James!- algunos murmullos se hicieron presentes al escuchar ese apellido, mientras un niño  rubio ojos verde claro, con cierto aire soñador se ponía el sombrero.

-¡GRYFFINDOR!

-¡Mitch, Lenin!

-¡HUFFLEPUFF!

-¡Shawn, Graham!

-¡RAVENCLAW!

-¡Smith, Noa!

-¡GRYFFINDOR!

-¡Somander, Mariana!- una niña con cabellos castaño se adelantó para ponerse el sombrero.

-¡SLYTHERIN!

-¡Stewart, Lucas!

-¡HUFFLEPUFF!

-¡Wilson, Stacey!

-¡RAVENCLAW!

-¡Wood, Cristian!- el último niño que quedaba era moreno, y de nuevo, varios murmullos se escucharon. Antes de que el sombrero le tapara los ojos, sonrió a varias chicas que estaban cerca, con bastante confianza y arrogancia.

-¡GRYFFINDOR!- grito el sombrero casi de inmediato

El profesor Flitwick enrollo el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador, mientras que la directora, Minerva McGonagall se ponía de pie. Miraba seriamente a los alumnos, pero con cierto brillo alegre en sus ojos.

-¡Bienvenidos!- dijo- ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de que comience el banquete les daré unos cuantos anuncios.

>>Los de primer año deben tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos.El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos.Las pruebas de Quidditch tendrá lugar en la segunda semana de curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casa, deben de ponerse en contacto con la señora Hooch. Y por último, les recuerdo que los artículos provenientes de Sortilegios Weasley están prohibidos. Y ahora que comience el banquete

Los platos de inmediato se llenaron de comida. Carne asada, pollo asado, chuletas  de cerdo, salchichas, tocino y filetes, papas asadas y cocidas. Como era de esperarse, Andy se sirvió un de todo, y como había dicho, moría de hambre.

La hora de los postres, se sirvió una gran rebanada de pastel de chocolate, el cual engullo con rapidez ante la atenta mirada de sus amigos.

-¿Qué?

-Come más despacio o te atragantaras

-¿No querías que comiera, Mena?

-Por supuesto, pero no que pongas en riesgo tu vida

Por último, los postres desparecieron. La profesora se levantó y los mando a la cama. Tanto Mena, Andy, Keisi y Alexander subieron juntos hacía su torre, bastante adormecidos por el banquete. Dieron la contraseña a la Dama Gorda y entraron, se dirigieron al otro extremo de la sala común, llegando a la tranquilidad de la escalera, las chicas fueron por un lado despidiéndose de su amigo.

Subieron hasta la puerta de su antiguo dormitorio, que ahora lucía un letrero que indicaba segundo curso, penetraron en la estancia que ya conocían. Tenía forma circular con sus cinco camas adoseladas con terciopelo rojo y ventanas elevadas. Sus baúles ya estaban a sus pies de sus respectivas camas.

Cada una se fue cambiando la túnica por la pijama, y metiendose en las cobijas, y cuando Andy lo hizo, no pudo evitar sonreír. Le esperaba un gran día.

 

 



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