Historia al azar: Los Herederos de Gryffindor
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The magic ride » Capítulo26
The magic ride (R15)
Por andypotter92
Escrita el Domingo 19 de Abril de 2015, 22:34
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:50
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Capítulo26

Hubo días en los que reinaba la tranquilidad en la casa de los Green, o sólo en apariencia; la hija mayor del matrimonio, a pesar de haber cerrado un caso importante en el que estuvo trabajando los últimos meses, todavía tenía demasiadas ocupaciones en el ministerio de magia. La academia de aurores seguía estando en sus manos, y siempre buscaba poner nuevos retos a los estudiantes; por otro lado, la hija menor estaba por comenzar su quinto curso en Hogwarts, además seguía molesta con su hermana por haberla plantado en su compromiso. En esos días de vacaciones, Dayra se encontraba afuera en el jardín cepillando el pelaje blanco de Kirlly, una lechuza se posó a su lado trayendo un sobre. Sabía que se trataba de la carta del colegio, acompañado por el usual recordatorio de que el curso empezaba el primero de septiembre; el otro decía qué libros iba a necesitar para el año que daría inicio: El Libro Reglamentario de  Hechizos, Nivel 5 de Miranda Goshawk y Teoría de la Magia Defensiva de Wilbert Slinkhard. No se había dado cuenta del pergamino extra que traía el sobre hasta que algo color verde y plata cayó en su mano.


—¿Prefecta, yo?.. No lo creo


—No crees ¿Qué? —preguntó su hermana, quien estaba revisando su portafolio antes de irse.


—Nada, sólo que me nombraron prefecta  —respondió indiferente, aunque por dentro estaba emocionada. No cedería por el momento.


—¿En serio? —dijo incrédula, fijando la vista en la carta. —Guau… felicidades


—Tú no lo fuiste ¿Cierto? —en su voz había un deje de malicia


—No —trató de responder con serenidad —Nombraron a Mena. Gus igual lo fue


—¿Y tu otra amiga? Mariana


—También ¿Por qué tanta pregunta? —expresó irritada, a veces podía ser un poco egocéntrica


—Por nada en particular ¿No ya te ibas?


—Si, ya me voy —entrecerró los ojos, se había puesto de mal humor —Felicidades por tu nombramiento —dijo con un tono agrio mientras caminaba hacia los límites para desaparecerse.


La chica entró a la casa feliz con su perro siguiéndola. Sabía que el orgullo de su hermana estaba herido al recordarle que nunca logró ser prefecta; para Andy, todavía era doloroso haber perdido la oportunidad de tener autoridad en el equipo de quidditch al lesionarse, cuando sus amigos paseaban por los pasillos quitando puntos a los que rompían las reglas. Sin embargo, no podía quejarse, ahora estaba al frente de un montón de novatos, sin mencionar que había dirigido a un grupo de aurores en una misión, así que a su hermana no le remordia la conciencia restregarle su insignia. La situación le satisfacía. Robert y Mary Green estaban orgullosos por los logros que estaban obteniendo sus hijas. Eran felices por la prefectura de la Slytherin. Andrea no había dicho nada más, apenas llegó del ministerio, se encerró en su habitación. Hizo lo mismo todos los días alegando que tenía una cantidad enorme de trabajo a realizar.

El día de la partida, Matt acudió con sus cosas a la casa de su amiga para irse con ella, la cual estaba sumamente encantada. Los Green demoraron veinte minutos en llegar a King's Cross, nada importante pasó durante ese tiempo. Una vez dentro de la estación, pasearon cerca de la barrera entre las plataformas 9 y 10 hasta que todo estuvo despejado, entonces uno por uno se inclinaron sobre ella y entraron fácilmente en el andén nueve y tres cuartos, donde estaba el Expreso de Hogwarts emitiendo vapor negro. El andén estaba lleno de estudiantes que se iban junto con sus familias.


—Bien, cuídense —el señor Green besó en la frente a su hija y le estrechó la mano a Matt, luego palmeó su espalda.


—Portense bien —Sonó el pitido de alarma y los alumnos que quedaban en la plataforma corrieron  al tren


—¡Nos vemos!  —gritó Dayra por  la ventana abierta cuando el tren se movió. Una vez más su hermana no había podido ir a despedirse, sin embargo, no le importaba


—Iré a buscar un vagón. Supongo que tendrás que ir con los otros prefectos ¿No?


—Si, nos vemos al rato


—Vale, ojalá no tardes


Caminó jalando su baúl hasta que encontró un vagón al final del tren. Para suerte de Matt, no tardó demasiado en ver a Charlize. Ambos estuvieron platicando sobre los TIMOS y sobre lo que les gustaría dedicarse. El tren siguió adelante, corriendo a campo abierto. Era extraño cómo había cambiado el día; cuando salieron hacia mucho sol y ahora estaban pasando bajo grandes nubes grises. Dayra no volvió hasta que pasó una hora, tiempo en que el carrito de la comida se hizo presente. Matt y Charlize estaban comiendo un par de pasteles de calabaza cuando la puerta se abrió entrando ella con la canastilla que encerraba a su perro.


—Estoy hambrienta  —dijo cogiendo una rana de chocolate —¿A que no adivinan quien es mi compañero?  


—¿Quién? —preguntó curioso Matt


—Randall


—¿Enserio?


—¿Cómo es que alguien como él terminó siendo prefecto?


—No lo sé, tendré que patrullar los pasillos cada cierto tiempo —respondió con fastidio —Pero no quiero hablar sobre eso por el momento


—¿Cómo está tu hermana? —cambió de tema Charlize —¿Sigues enojada con ella?


—Ni siquiera se despidió de mí


—Supongo que tenía trabajo…


—Como siempre… —suspiró —Pero da igual, tendrá que hacer muchos méritos para que la perdone — Ninguno de sus amigos dijeron nada más, retomaron el tema sobre lo que querían estudiar una vez terminado sus estudios en Hogwarts hasta que Dayra tuvo que cumplir sus primeras obligaciones como prefecta.


[***]


La prisión de Azkaban tenía un nuevo inquilino. Bastian Shadow se encontraba ya tras las rejas, con un sonrisa que ni las amenazas de los aurores pudieron borrar; en su mente tenía el rostro de aquella señorita que lo engañó. Era una bruja atractiva, y el simple hecho de pensar en ella producía que se le olvidara, por unos instantes, su venganza aunque eso era precisamente lo que le hacía calmar sus instintos carnales. Al haber sido enjuiciado y condenado, el departamento de seguridad mágica estuvo un poco más tranquilo en comparación con los últimos meses. Retomaron de nuevo las alertas sobre Connor Reed, quien seguía siendo un fugitivo y no tenían certeza de si estaba con vida o no. Tanto Charlie Blackwood como Vince Wells ya no tenían mucho que hacer en Londres, sin embargo, estaban demasiado cómodos trabajando ahí y ninguno de los dos desechó la idea de pedir un traslado y quedarse en donde se encontraban.


Desde la última conversación que Charlie tuvo con Andy, no dejó de pensar sobre su propuesta para cambiar de aires, pero como mencionó, tenía que descubrir qué estaba pasando en Bélgica. No concebía la idea de un traidor, alguien que fuera cercano a él. Por lo que tomó la decisión de regresar, al menos hasta lograr descubrir la verdad.


—Entonces… Decidiste irte —ambos salieron a tomar algo en el callejón Diagon, querían un poco de privacidad


—Sí —respondió el chico no muy convencido ahora que estaba frente a la chica —Tengo que hacerlo

—Pensé que si te quedarías, o que al menos habías considerado la idea de permanecer más tiempo.


—Necesito hacer esto. No me puedo quedar tranquilo pensando que alguien nos está traicionando —no sabía lo que le estaba pasando, pero el sentimiento de abandono comenzaba a invadir a la castaña


—Deja que alguien más lo haga


—No puedo


—Bien…

—Oye —el chico se acercó a ella para abrazarla con fuerza —¿Qué pasa?


—Nada, es sólo que… me acostumbré a estar contigo


—¿No me dirás la verdad sobre Alexander?

—¿Qué verdad?


—Sé que te pasaron cosas que te están afectando. Y quiero que sepas que estoy aquí… contigo — dijo tomando su mano


—Te irás…


—Sigo aquí —susurró


El pelinegro se acercó a la joven. Con suavidad tomó su rostro entre sus manos. La lentitud fue acortando distancia entre ellos, el aliento de cada uno se mezcló y sin ninguna duda, Charlie hizo que sus labios se sincronizaran con los de ella. Fue un beso tierno, que quizás ambos estaban deseando probar. Unos instantes después, el chico se separó avergonzado por lo ocurrido.


—Disculpame, no debí… Lo siento.


—No te disculpes


—Prometo escribirte cada que pueda —respondió como si nada hubiera pasado


—Te extrañaré —susurró la castaña dejándose abrazar de nuevo


—Y yo a ti —No era muy común que una auror como Andy llorara, pero en esos momentos, le era imposible controlar sus emociones.


Charlie había sido su amigo en esos tiempos de soledad. Y ahora temía que el abandono que estaba sintiendo se convirtiera en un problema más del que debía resolver. Había sido su apoyo y sin duda, le había servido para no pensar en sus penas amorosas. Quería contarle sobre todo, de cómo se sentía, del miedo a Connor, de la ausencia que dejó Alexander, de la soledad que estaba comenzando a sentir por él, pero no fue capaz de decirle más que lo extrañaría.


—Te llevo a tu casa —accedió sin tener una réplica de por medio. La tomó de la mano y se desaparecieron —¿Estas bien? —preguntó apenas la sensación de opresión desapareció


—Sí, lo siento


—¿Qué pasa? —Charlie estaba preocupado, nunca la había visto así


—Nada, es sólo que me doy cuenta que te echaré mucho de menos


—Yo también pero… si necesitas algo, lo que sea basta un Patronus y vendré


—¿Lo harías? —rió levemente


—¿Dudas de mí?


—No tardes tantos en visitarme, ¿De acuerdo, Charlie Blackwood?


—Y tú, Andrea Green. No dudes en mandarme una lechuza si me necesitas


—Vale, tendrás a Hermes muy seguido —se volvieron a abrazar y antes de que el chico caminara a los límites, besó la frente de la castaña.


Los aurores extranjeros regresaron a Bélgica, era inusual que el departamento de seguridad mágica estuviera tranquilo. Andy trataba de no pensar en la partida de su amigo enfocándose  en los entrenamientos. En una parte de su mente estaba el asunto de Connor, tenía bastante tiempo que no sabían nada de él, ni siquiera una pista de su posible paradero. Todo eso comenzaba a inquietarle. Tampoco ayudaban las diversas notas que aparecían en El Profeta, estaba a nada de  perder la paciencia al respecto, pero en aquella ocasión tuvo una nota especial en la revista Corazón de Bruja, que alguien tuvo la delicadeza de dejar en su escritorio.


Contaba con una foto de ella y… Charlie, pero hacía más hincapié en ese beso que ambos se habían dado. No sabía cómo es que lograron conseguirla, era evidente que ya no contaba con privacidad. Tenía en mente que no debía leer la nota pero necesitaba saber qué habían escrito sobre ella y su amigo. Esperaba que no fueran mentiras y no le hicieran quedar mal con todos aquellos que leían la revista, pero era demasiado de alguien que no tenía una vida propia.


"Sin amigos nadie querría vivir… es lo que nos dice un filósofo muggle al que hemos tenido que recurrir para encontrar una respuesta. Podemos afirmar esto al ver la relación que se llega a entablar con algunos. La amistad de los jóvenes parece tener por causa el placer y lo podemos observar en las polémicas fotos de la supuesta, disciplinada y recta auror del departamento de seguridad mágica: Andrea Green. En una efusiva forma de cortejo, poco sutil pero muy salvaje con su compañero invitado, Charlie Blackwood. Creía haber encontrado consuelo en Hogwarts con su novio, el ahora fugitivo, Connor Reed, un joven de familia de renombre que nunca se imaginó pudiera tener muy ocultos sus poderes de magia negra.


Poco sospechaba que no tardaría en sufrir otro golpe emocional en una vida cuajada de pérdidas. Desde que el señor Potter puso en sus manos la academia de aurores junto con Alexander Mason, la señorita Green ha jugado con los afectos de ambos muchachos. Héroes, aurores de renombre y miembros cruciales para el departamento. Mason, que  está abiertamente enamorado de la señorita Green, y por lo que hemos indagado también el señor Blackwood, el cual recientemente estuvo trabajando muy de cerca con la joven y que ha decidido regresar a Bélgica ¿Será por qué se dio cuenta que no tendría oportunidad alguna? Lo que sí podemos constatar es la muy particular forma de despedirse que tiene Green. ¡Por Merlin! ¿No para eso al menos está el callejón nocturno? Que gran falta de respeto a la comunidad mágica al hacernos participe de las cualidades que han conquistado el interés de estos pobres chicos. Esperemos que el jefe de aurores ahora diga algo coherente y tome medidas en el asunto, ya que a mi parecer, cuando se jacta de decir que sus chicos tienen experiencia en movimientos de varitas, pensaba en el arte de la batalla, y no en esta forma tan pervertida de hacer uso de otro tipo de varita. Mientras tanto, las admiradoras de estos aurores tendrán que conformarse con esperar que la próxima vez le entregue su corazón a una candidata más digna que Andrea Green, es crucial que noten que no todo lo que brilla es realmente oro, y no les vaya salir con que sea oro leprechaun."


Sin duda, ese tipo Mush Skeeter la estaba sacando de quicio, en otras circunstancias no le hubiera importado que escribiera mentiras sobre ella, pero le molestaba la forma en la que estaba abordando ese tema tan delicado. El asunto de Reed lo volvía a tener en mente, pero de igual manera le estaba incomodando la situación con Alexander. Desde que terminaron, no habían vuelto a hablar, sólo intercambiaban un par de palabras cuando tenían prácticas en la academia. Y si, lo admitía, lo extrañaba. Alex era el chico del que estaba enamorada pero no podía pasar por alto las insinuaciones que hizo con respecto al imbécil de Connor, ni que decir que de inmediato se fuera a pasar el tiempo con una de sus alumnas. No quería darle importancia a lo que acababa de leer pero cada palabra que repasaba comenzaba a hervirle la sangre. No le estaba funcionando respirar ni contar, se dirigió al fuego de su chimenea con paso decidido, cogió de un tarro un puñado de polvo brillante y lo arrojó a las llamas.


—¡Somender! —gritó Andrea dirigiéndose al fuego —¡Quiero hablar contigo! —una gran forma apareció revolviéndose muy rápido. Unos segundos más tarde, Mariana salía de la chimenea sacudiéndose las cenizas de la toga.


—¿Llamabas? —preguntó amablemente.

—Sí  —respondió la castaña, con el rostro crispado por la furia y regresando a su mesa con amplias zancadas —Tienes que leer esto —Le mostró la nota de la revista —¿Qué te parece?


—¿Lo besaste? ¿Besaste a Charlie? ¿Cuando pasó? —comenzó su interrogatorio con emoción e incredulidad al terminar de leer el artículo del periódico.


—¿En serio? ¿Es lo único que notaste? ¿De verdad? —Tenía la quijada rígida a causa del enfado


—Tranquilizate primero


—¿Cómo quieres que me tranquilice? — tomó asiento detrás de su escritorio enojada


—Quiero saber qué pasó para poderte ayudar


—Bien… No, yo no besé a Charlie, él me besó y fue antes de que se fuera.


—¿Y entonces…?


—Entonces ¿Qué?


—¿Sigues sintiendo algo por Alexander? ¿Qué sientes por Charlie?


—Sí, sigo sintiendo algo por él —respondió algo ausente —No sé, quiero a Charlie. Me acostumbre a tenerlo cerca. Me daba la protección que necesito en estos momentos.


—¿Lo dices por lo de Connor? —Plegó la nota de la revista y la guardó en su túnica —¿Quieres hablar sobre eso?


—Tengo que encontrarlo y meterlo en Azkaban antes que… —guardó silencio unos instantes — haga más daño


—Pienso que te estás preocupando de más. No le des importancia a esto de la revista, sabemos que no eres así


—Ese idiota de Mush Skeeter sólo me ha traído problemas


—Tengo un par de horas disponibles —trató de tranquilizarla, conocía su impulsividad —¿Qué te parece si salimos a tomar un poco de aire? No sé, vayamos a comer algo en un sitio muggle ¿Qué te parece?


—Yo…


—Anda, vamos. Necesitas respirar


—¿Y qué estoy haciendo? —preguntó fastidiada


—Ya sabes a lo que me refiero —puso los ojos en blanco, a veces tenía que ser muy paciente con su amiga.


—Está bien. Sólo porque dudo poder concentrarme en los pergaminos que debo revisar.


Ambas chicas salieron del trabajo con la intención de pasar un rato tranquilo, y quizás tener una conversación más privada. Encontraron un buen sitio, donde la comida había sido muy amena, en especial para la auror que parecía estar más en calma después de charlar de temas triviales. Al entrar al atrio del ministerio, había muy poca gente que iba o venía de los ascensores cuando la castaña vio una característica vuela pluma. Andy cerró los puños al notar exactamente que Mush Skeeter salía de uno de los elevadores, ese día llevaba una túnica verde oscuro e iba acompañado de su fotógrafo.


—¡Déjalo! —dijo de pronto Mariana al notar lo que estaba por suceder y tomando a su amiga por el brazo —Déjalo Andrea, dejalo que escriba lo que quiera.


—¿Qué, tratando de encontrar algo para arruinar la vida de alguien? —preguntó Andy en voz muy alta. Algunos que iban pasando se volvieron a mirar. Al ver quién le hablaba, Skeeter abrió mucho los ojos.


—¡Green! —dijo sonriendo —¿Todo bien con el departamento?


—Bastante bien, y sería mejor que apartaras tus narices de la vida privada de los demás


—Nuestros lectores tienen derecho a saber la verdad. Sólo cumplo con mi...


—No te importa nada con tal de conseguir una historia, ¿verdad? Cualquiera valdrá, ¿eh?


—¿Negarás lo sucedido con Blackwood?


Andrea no estaba consciente del todo, lo único que supo fue que al segundo siguiente, tomó al mago por las solapas de la túnica acorralandolo contra la pared. Se había olvidado por completo en donde estaba y que varios funcionarios los estaban viendo: lo único que quería era causarle a Mush Skeeter todo el dolor posible. Sin tiempo de sacar su varita, hizo hacia atrás el puño y lo estrelló contra su nariz.


—¡ANDREA! ¡NO! —podía escuchar la voz de su amiga. Mush Skeeter estaba hecho un ovillo en el suelo, quejándose y gimiendo, con la nariz sangrando. —¿Qué has hecho? —preguntó escandalizada —Te meteras en problemas


—Se lo merecía


—Vamonos  


El atrio se había sumido en el silencio. Algunos funcionarios que pasaban observaban. Andrea hizo caso, caminó hacia el ascensor; miró atrás al llegar a la puerta: la vuelapluma de Mush Skeeter se deslizaba de un lado a otro por encima de un pedazo de pergamino.


—Ahora no te dejará en paz —dijo Mariana poniendo los ojos en blanco. Reprobaba su acción.


—No me importa, se lo merecía


—Andrea… No puedes resolver todo así


—Así ¿Cómo?


—Pues así, lanzando a diestra y siniestra maldiciones y hechizos, y...


—En ningún momento lo hechicé


—Déjame terminar —aunque su voz sonaba muy normal, su mirada reflejaba una advertencia. La clásica mirada que sabía poner un Slytherin, la que todos catalogaban como la mirada de basilisco.


—Bien, bien


—Tampoco puedes estar golpeando a la gente


—¿Y por qué no? Ya te dije que se lo merecía.


—No puedes ser impulsiva, debes pensar las cosas antes de actuar.


—¿No ya tuvimos esta discusión? —Preguntó la castaña algo pensativa y aparentemente más tranquila


—La tuvimos.


—¿Entonces?


—Deberías de controlarte. Eres una auror. Deja de comportarte como un vikingo furioso


—No lo hago… les doy lo que le toca a cada uno.


—Gryffindor tenías que ser…


—¿Qué tiene que ver eso?


—Nada en particular


—Ahora dime, por favor —pero la conversación finalizó cuando ambas chicas salieron del ascensor.


Era muy inusual que la asistente de Miranda Cavanaugh, no tuviera trabajo o que al menos que tuviera unas cuantas horas disponibles para darse un respiro. Quizás el mundo mágico estaba en tranquilidad, ahora lo que tenía que hacer Mariana era buscar algo para entretenerse y no caer en el aburrimiento, no era una bruja que se mantuviera en casa sin hacer nada. Así que se ofreció para ayudar a Andy a revisar los pergaminos de la academia, darle algunas sugerencias a los novatos para que mejoraran. Se mantuvieron de esa manera por el resto del día, avanzaron mucho pero todavía quedaban algunas pergaminos que revisar, decidieron dejarlo por el momento.


El departamento de Cooperación mágica Internacional seguía sin estar con trabajo, por lo que Somender volvió a a la mañana siguiente a la oficina de su amiga, no se encontraba ahí; decidió buscarla en la sala de entrenamiento donde estaba con el resto de los aurores, practicando hechizos de ataque y sigilo. Se quedó un momento observando la clase, y de paso en la manera en cómo se desenvolvían su amiga y Alexander. Había dejado de tocar el tema sobre su estado amoroso porque sabía que no iba responderle con sinceridad, aunque le costara aceptarlo, todavía se encontraba dolida, y para variar… preocupada.


—¿De nuevo sin trabajo? —preguntó Andy al verla recargada en la puerta


—Sí, esto es muy raro


—Supongo que ya habrá algo que tu departamento tenga que resolver. Suele pasarnos a nosotros


—Ya sé, pero… no me gusta quedarme en mi escritorio sin tener mucho que hacer o llevándole café a Miranda


—¿Recuérdame por qué decidiste entrar en ese departamento?


—Porque soy buena en eso...


—Y controlar al mundo


—Shhhh… no divulgues mis planes —Mariana puso su dedo índice sobre la boca mientras el resto de los aurores salían de la sala, Andy sonrió.


Ambas chicas iban hacia la oficina del auror, ella todavía tenía algunos pendientes que terminas, informes que revisar, en pocas palabras, tenía trabajo que hacer. Una vez más, Mariana había decidido ayudarle con algunos pergaminos, de vez en cuando se rompía el silencio, otras se escuchaba el rasgueo de la pluma que fue interrumpido por la presencia de una mujer, que reconocieron de inmediato como la asistente de Harry.


—¿Señorita Andrea?


—¿Sí?

—El señor Potter quiere verla en su oficina


—En un momento voy —le extraño el llamado, intercambió una mirada con su amiga. Salió con pasos lentos hacia la oficina de su jefe preguntandose el motivo por el cual la había llamado —¿Me llamó?


—Toma asiento


—¿Todo bien?


—Quiero saber sobre el incidente con Skeeter


—¿Cómo..? —el pelinegro sacó el Profeta, donde se alcanzaba a ver una foto suya justo cuando golpeó al mago —No sé qué decir —dijo mientras tomaba el periódico. Todo en primera plana


—Quiero una explicación


—Ha estado diciendo demasiadas mentiras sobre mí y… —trató de excusarse


—¿Te diste cuenta de tus acciones? —se mostraba enojado. Nunca había visto tan semejante forma de actuar por parte de alguno de sus hombres


—Es él se ha estado metiendo en mi vida


—No me importa lo que haya hecho o escrito. ¡Eres un auror, Green! Y por lo tanto debes de  comportarte como tal, dar el ejemplo


—Harry…


—¡Te vieron varios funcionarios! —expresó alzando levemente la voz —¡Saliste en primera plana! y todo por un chisme, todo porque lo golpeaste. Te comportaste como un muggle


—Lo siento, yo…


—Tengo que tomar medidas


—¿Estoy despedida?


—No, Green pero tendrás muchas cosas que hacer. Por el momento estás suspendida una semana de tus obligaciones


—Harry, no puedes hacerme esto…


—El señor Mason se hará cargo de la academia, mientras tanto no podrás hacer nada.


—Por favor


—Lo siento. Puedes retirarte


La chica no sabía qué sentir o qué decir para defenderse, una parte de ella estaba enfurecida con Skeeter por lo ocurrido, y otras con ella misma por no haberse controlado por lo ocurrido. Salió de la oficina mientras que trataba de respirar para tranquilizarse y no ir a buscar al culpable de todo lo ocurrido. Caminaba con pasos lentos apretando con fuerza el papel.


—¿Qué pasó? —preguntó de inmediato Mariana al ver su semblante —¿Todo bien?


—Estoy suspendida —respondió en un susurro, apretando los dientes


—¿Qué? ¿Por qué?


—Skeeter —le dio el muy arrugado periódico, aunque todavía se podía observar muy bien el momento del golpe —Y no me vayas a decir que me lo merezco, que me lo dijiste…


—Que bueno que ya lo sabes —la castaña le lanzó una mirada para nada amigable —¿Cuanto tiempo te suspendieron?


—Una maldita semana, pero te juro que me las va a pagar....


—Andrea… ¿En serio vale la pena que pongas en riesgo tu carrera por alguien así?


—¡No soporto que se metan en mi vida!


—Lo sé, pero tendrás que ignorarlo


—¡Maldita sea! —dio un golpe en su escritorio. Al final, su amiga tenía razón… como siempre.


[***]


El trabajo de los inefables era desconocido por completo, los empleados del Departamento de Misterios tenía prohibido hablar sobre lo que hacían o revelar alguna información. A Gerard apenas se le veía fuera de su oficina, o en los pasillos del ministerio, y en ocasiones lo atribuía a su esencia de Hufflepuff, no le molestaba estar encerrado en lo absoluto. El mago, con su característico cabello castaño y despeinado, caminaba hacia el ascensor; necesitaba un poco de aire fresco y algo de comida. Quizás aprovecharía para ir al segundo piso, al departamento de seguridad mágica a visitar a cierta aurora pelirroja, necesitaba abrazar a su novia; tan sólo en pensar en ella, en tener en sus pensamientos a Weasley, sonreía ampliamente.


Green iba revisando unos papeles mientras caminaba, tenía que arreglar algunos pendientes antes de irse por una semana a su casa para cumplir la suspensión impuesta. Odiaba a ese Mush Skeeter, aunque había valido la pena meterle ese puñetazo en la nariz, y esperaba que se la hubiera roto; el ruido de sus pasos retumbaban en el pasillo vacío, escuchó una voz reconocible para ella, lo que la hizo detenerse en seco. Alzó su cabeza para ver mejor, para encontrarse a unos magos que hablaban, entre ellos estaba Gerard Eagle, el novio de Kissy. Tenía mucho tiempo que no lo veía, y actuaba de una forma muy misteriosa junto con ese otro funcionario, que no supo reconocer. Su instinto se disparó, cerró de golpe el expediente y se acercó aún más evitando ser descubierta, ojalá tuviera una capa invisible para poder pasar desapercibida.  


—…no puedes cometer errores


—Sabes que yo no tuve nada que ver


—Espero que estés diciéndome la verdad, porque fue algo torpe y descabellado. Ya sospechan


—¿Quién sospecha de mí? —preguntó Gerard con enojo —No quiero que te entrometas


—Por eso me has estado evitado, ¿no? ¿Temías que me entrometiera?


—Mejor mantente alejado de mis asuntos y listo


—Yo sólo intento ayudarte, pero al parecer quieres que tu plan se venga abajo. Así no podrás obtener lo que quieres


—Tengo un plan y saldrá bien, sólo que me está llevando más tiempo del que creía.


—¿En qué consiste tu plan?


—¡No es asunto tuyo! —la castaña nunca había visto enojado a Gerard, ni siquiera cuando Kissy se ponía pesada. Algo tramaba y no le gustaba para nada la situación.


—Si me lo cuentas, yo podría ayudarte… Anoche estabas solo cuando deambulabas por los pasillos sin centinelas y sin refuerzos, lo cual fue una tremenda insensatez, y más en este mismo departamento. Estás cometiendo errores elementales…


—Sé lo que hago


—¡Baja la voz! —le espetó su compañero misterioso —La farsa es crucial para el éxito, Eagle


La chica apenas tuvo tiempo para reaccionar, Gerard iba hacia donde se encontraba ella. Fingió estar interesada en la carpeta, el mago al verla, la saludó alegremente, luego se perdió entre los cubículos para ir al de Kissy. No podía dejar las cosas como así, tenía que advertirle a su amiga de que su novio estaba tramando algo, después de lo de Connor, y lo que recién había pasado con Blackwood… no podía permitirse a sufrir un golpe contra sus compañeros y contra ella. No, regresó sus pasos para seguirlo. Sin anunciarse, entró en la oficina de su amiga, interrumpiendo abruptamente el beso tan apasionado que se estaba dando con su novio.


—¡Green! ¿Quieres hacer el favor de tocar la puerta? —haciendo caso omiso de su queja, y actuando de la misma manera que lo hizo con Skeeter, tomó por las solapas de su túnica a Gerard para estrellarlo contra una de las paredes del cubículo


—¿Para quién trabajas?


—¡Green! ¿Qué crees que haces? —explotó Kissy sin entender las acciones de la castaña


—¿Para quién trabajas?


—Tú sabes muy bien para quien —respondió confundido Gerard, buscando con las mirada a su novia bastante confundido


—Te ví hace unos minutos… ¿Qué ocultas? eh ¿Quién te envió? —sin esperar una respuesta, sacó su varita y lo apuntó con ella —No lo volveré a repetir… ¿Para quién trabajas?


—¡Andrea! ¡Basta! —Kissy también sacó su varita


—Él te está engañando, planea algo


—Estás demente, dejalo en paz


—No… lo arrestaré por sospechoso


—¿Sospechoso? ¿De qué?


—Ya te dije, lo ví hace unos minutos hablando con alguien… ¿De que farza estaban hablando? —lo miró esperando una respuesta y sin dejarlo de apuntar con la varita


—No sé de qué estás hablando


—¿Ah no? Bien… te llevaré arrestado… —hizo aparecer unas cadenas sobre sus muñecas, cuando lo obligó a dar unos pasos y salir por la puerta, Kissy los detuvo


—No te lo llevas a ningún lado, Green —con un movimiento rápido de varita, desvaneció las cadenas


—¿Qué haces? Interfieres…


—¿Qué mierda te sucede? Sobre mi cadáver si piensas llevarte a mi novio arrestado tan sólo porque estás loca


—No estoy loca… lo ví y escuché. Trama algo…


—La falta de sexo te afecta


—Quítate, Weasley. Déjame hacer mi trabajo —respondió ignorando el anterior comentario


—Que no


—Bien… —tomó con más fuerza su varita. Apuntó a Gerard pero Kissy fue más rápida que ella, lanzándole un hechizo aturdidor, Andrea reaccionó, respondiendo el ataque con un haz de luz roja, pero la pelirroja esquivó el hechizo. El escritorio salió por los aires produciendo un fuerte sonido que alertó a los que se encontraban cerca. —No hagas esto más grande, Weasley


—Atacaste a mi novio… —alzó la varita para lanzar otro hechizo pero alguien más desarmó a ambas chicas


—¿Qué diantres sucede aquí? —Harry tenía en sus manos las sus varitas, esperando una respuesta. Detrás de él se encontraban otros aurores en alerta por si tenían que intervenir.


—Señor… Gerard Eagle es sospechoso


—Sospechoso ¿De qué? —explotó Kissy enfurecida —Se te zafó un tornillo, Green


—Silencio… Señor Eagle, ¿Me puede hacer el favor de dar una explicación? —Gerard se sonrojó levemente


—Eh… sí —dejó escapar un suspiro —Es verdad que me viste con alguien —comenzó dirigiéndose hacia la castaña —Es un compañero del departamento, y…


—¿Y?


—Me ha estado ayudando en un asunto personal… en una sorpresa para mi novia —se sonrojó de nuevo


—Oh… ¿En serio, amor?


—Si, lamento la confusión —respondió algo tímido


—¿Ves? —volvió a explotar Kissy contra Andy


—¡Mientes!


—¡Basta! A mi oficina… ahora


El resto de la siguiente media hora, Harry y Andrea se la pasaron encerrados, esta última tuvo que soportar el sermón que le estaba dando su jefe. Del cual, apenas captó algunas frases sueltas como —¿Qué te está pasando?, no puedo aceptar este tipo de comportamiento— es verdad que no eran para nada normal ese tipo actitudes, pero ella confiaba plenamente en sus instintos, y casi nunca se equivocaba. Era impulsiva, sí pero no siempre actuaba de esa manera. El sentimiento de incomprensión y abandono comenzó a sentirlo, si las cosas estuvieran bien con Alexander, él estaría con ella en esos momentos, pero su mente le hizo recordar el último abrazo,y hasta ese beso que tuvo con Charlie, el mismo que la metió en problemas por la estúpida nota de Skeeter. Estuvo ausente durante el resto del discurso que le estaba dando el ojiverde, asintió las veces necesarias, apenas logró captar que se podía ir, obedeció de inmediato. Por supuesto que el mal entendido y el pequeño encontronazo que tuvo con Kissy Weasley, ya lo sabía todo el departamento, esperaba que ningún periodista se enterara, en cualquier momento el resto del ministerio estaría hablando de ello.


—¿Es verdad lo que dicen por ahí?  —apenas Andrea llegó a su oficina, Mariana apareció para saber cómo estaba.


—Depende… ¿Qué se escucha? —Preguntó con cierto fastidio


—¿Te peleaste con Weasley?

—Sí…


—¿Por qué?

—Porque no me dejó hacer mi trabajo


—¿Qué hiciste, Andrea? —La miró con cierto reproche

—Vi a Gerard actuar muy sospechoso, era evidente que tenía derecho a arrestarlo


—No, mas bien tienes la obligación de averiguar, antes de meter a todos los que te resulten "sospechosos" —hizo un ademán con sus manos —a Azkaban


—Puedo y debo si resultan culpables


—Tú lo has dicho… si son criminales


—No estoy de humor para escuchar tus sermones, Somender —replicó mientras guardaba algunas cosas —Bastante tengo con la estupida suspensión


—Dime, ¿Qué te sucede? —preguntó después de unos segundos que guardaron silencio


—Nada…


—Primero lo de Skeeter, ¿Y luego esto?


—Ese idiota es el causante de mis problemas… —Mariana no paraba de observar a su amiga con cierto detenimiento —por andarse metiendo en mi vida privada


—Has estado muy rara


—Estoy bien


—Te conozco… ¿Qué tienes?


—Somender, en verdad. No tengo nada


—Bien, si no me quieres contar… entiendo —ninguna de las dos dijo nada más. La castaña siguió guardando algunos papeles en su portafolio, con la intención de hacer algo en casa mientras estaba suspendida. Su jefe le había agregado unos días extras por el asunto de Weasley. Comenzaba a creer que realmente algo malo le estaba pasando.


[***]


En los últimos días, el departamento de aurores se encontraba tranquilo, pero no la academia ya que los novatos debían estar en forma, para algún llamado al campo. Por esa misma razón es que Alexander estaba aprovechando su único día libre; hacía mucho tiempo que no se tomaba un respiro, de darse la oportunidad de pensar en si mismo. Caminaba por las tiendas del callejón Diagon sin tener un destino fijo, viendo tienda tras tienda sin que ninguna le llamara la atención; podía sentarse en la marquesa de la heladería Florean Fortescue y refrescarse un poco, pero al final, no estaba convencido de dicha actividad. Siguió su camino con las manos metidas en los bolsillos, era algo agradable no tener puesta la túnica. Aburrido, giró sobre sí mismo y desapareció. Caminaba sobre las calles del Londres muggle; su mente le susurraba que se fuera a su casa, su ser estaba impregnado de melancolía y nostalgia. Extrañaba. Sabía que necesitaba a la persona amada, no podía seguir fingiendo una fortaleza que no sentía. Rendido, regresó a su departamento; sacó de entre su alacena una botella de whisky de fuego para servirse un vaso, el cual lo vació de un trago. Sentía como el líquido le quemaba la garganta; se sirvió más, vaciándolo de nuevo. No la estaba pasando para nada bien. Se dejó caer en el sofá y cerró los ojos esperando el momento en que las lágrimas cayeran por sus mejillas, pero unos suaves golpes hacia su puerta interrumpieron el inminente llanto. No sabía quién podía estarlo buscando, con pesadez abrió llevándose una sorpresa mezclada con alivio.


—Andrea… ¿Qué haces aquí? —no dejó de observarla, estaba algo diferente.


—¿Me invitas a pasar?


—Claro, adelante —se hizo a un lado para que ella entrara, se sentía curioso por el motivo de que estuviera allí. Su orgullo le había impedido buscarla en innumerables veces, en especial por el estúpido artículo del Profeta. No quería pensar que ella y Charlie tuvieran algo que ver.


—Nunca me invitaste a pasar una noche aquí


—Siempre estuve en tu casa pero… ¿Qué haces aquí?


—Te extraño —susurró mientras hacía una pausa para mirarlo a los ojos —demasiado. Estos días… han sido muy duros —respondió soltando un suspiro  


—Creí que no querías que me acercara a ti


—Es obvio que no. Te necesito —de sus ojos cafés escaparon unas lágrimas. Alexander estaba vulnerable, era su debilidad y oponerse se acercó a ella para secar con sus pulgares aquellos rocíos de sal. Sin contenerse, la abrazó. La castaña escondió la cara en su pecho, apretándose más contra él.


—Lo siento.

—¿Por? —preguntó alzando su rostro para mirarlo


—Por todo, por el daño que te hice. Por haber dudado de ti…


—¿Me extrañaste?


—Eso es una pregunta obvia —acercó sus labios a los suyos, quedando a escasos centímetros —Con cada fibra de mi ser —pasó su lengua por sus labios —Pero sé que estás interesada en otro —susurró


—No… —dijo ella mordiéndose su labio inferior por aquella provocación —Nadie es como tú


Tenía que admitir que la amaba, su deseo por tenerla despertó y comenzó a ser mayor en esos momentos. Finalmente sus labios se juntaron en un beso dulce, sin duda se habían extrañado bastante. Alexander fue tomado por sorpresa al sentir los dientes de la chica mordiendo sus labios, ella nunca había sido así aunque tampoco es que hubieran llegado a tanto…


—Necesitaba esto —dijo sin dejar de sonreír mientras tomaban asiento en el sofá. Veía en ella una mirada traviesa, quizás la misma que él tenía. —Oí lo de Kissy, ¿Cómo lo llevas?


—No tengo de otras más que esperar

—Supongo que sí


—Pero no hablemos de eso ahora


—Entonces… ¿De qué?


—No sé, hagamos algo... —insinuó la castaña mientras bajaba la mirada


—¿Ah sí? ¿Cómo qué?


—Tú dime…


—Yo sólo quiero probarte — dijo pensando que en cualquier momento ella se iría dejándolo de nuevo solo, pero no pasó. La besó, le correspondió.


Enredó sus manos en el cabello de la castaña, ella en el suyo alborotando, saboreando aquel beso de una forma muy apasionada. Se separaron unos leves instantes conectando sus ojos, sus corazones latían con violencia, con nerviosismo, aún así no se detuvieron en ningún momento. Los labios de Alexander comenzaron a llegar hasta la base de su cuello, mientras que las manos de la chica buscaban en su pecho la calidez de su piel; bajaban con lentitud por las solapas de su camisa, desabrochando los botones, uno por uno. Sacó el resto de la tela del pantalón para que sus dedos recorrieran las líneas perfectas que se formaban.  


— ¿Estás segura? ―preguntó deteniéndose —Hace tiempo que tú y yo no estamos juntos

—Quiero estar contigo

Alexander se quitó la camisa dejando al descubierto su torso, no tardó en hacer lo mismo. Extendió los brazos para poder quitarle la blusa, que cayó al suelo para que sus manos tuvieran mayor facilidad en quitarle el sostén, lo hizo con habilidad. Sus labios saboreaban su piel desnuda, mordisqueando su cuello y depositando besos en sus hombros mientras que acariciaba sus pechos. El calor los recorría, Andy tomó la iniciativa, sus dedos fueron remarcando la línea formada por el vello, llegando hasta el botón del pantalón. Dejó que él mismo se los quitara, sus manos llegaron hasta su abdomen, bajaron más hasta sus muslos donde los acarició despacio, siguió explorando por debajo de su falda. Llegó a su intimidad por encima de las bragas, estaba mojada y caliente. Sonrió con satisfacción, seguro de sí mismo, le bajó las pantis para dejarla desnuda. Levantó sus piernas para tener una mejor vista, se acercó para besarla disfrutando de su sabor.


—Oh Merlín... —soltó la chica produciendo una sonrisa arrogante en él. Sentía su cuerpo sacudirse por lo que le hacía

—¿Me detengo?

—No… sigue —pidió al sentir la presión que ejercía con sus dedos —Yo también quiero…

—Quieres, ¿Qué?

—Hacerte... sentir... bien...

La castaña tomó el control, comenzó a masajearlo mientras lo besaba. Fue aumentando el ritmo paulatinamente produciendo un estremecimiento en el cuerpo del chico; subía y bajaba sin dejarlo llegar al orgasmo, aprisionando a Alexander.

—¡Demonios! —suplicó agitado

Lo besó pasionalmente una y otra vez, mordiendo su labio con fuerza; se sentó sobre él haciendo movimientos circulares con su cadera, mientras sentía como llegaba al climáx retorciéndose de placer…

Abrió los ojos. Tuvo que acostumbrarse a la penumbra, su playera estaba empapada en sudor, no sólo sabía de su soledad sino que también la sentía; se levantó al baño. Lo notó, aquel pequeño accidente que le recordaba su realidad, la erección de su miembro le resultaba vergonzosa, y deprimente. Nunca había aceptado lo mucho que la deseaba, que tanto la necesitaba como amiga, como mujer… Tenía que hacer algo para recuperarla, tan sólo pensar en ella no le estaba ayudando en esos momentos. Se quitó la sudorosa playera y sus pantalones para meterse a la regadera, mientras que agua helada caía sobre él.

[***]


El jefe de aurores se encontraba en su oficina con una pila de reportes encima de su escritorio, por revisar. Sentía que ya tenía demasiados problemas como para tener que agregar otros tantos. No estaba siendo bien visto el comportamiento de su auror, tampoco le agradaba en lo absoluto el hecho de tener que suspenderla, pero tenía que hacerlo, tampoco le estaba ayudando para nada todas esas notas amarillistas que salían en el Profeta, o en el Corazón de Bruja. Todo el asunto de Bastian Shadow lo tenía agotado, sin mencionar que seguían sin encontrar a Connor Reed… necesitaba un descanso, pasar tiempo en casa, despejar la mente para poder encontrar soluciones a esos problemas que salían de más problemas. Por lo pronto, revisaría un par de pergaminos más antes de irse; se obligó a concentrarse en lo que leía.


—¿Señor? —su secretaría, una bruja mayor interrumpió en su oficina —La señorita Cavanaugh quiere verlo


—Dígale que pase —unos instantes después, la mujer entró apresurada —Miranda, que gusto verte. ¿En qué puedo servirte?


—Potter —saludó mientras tomaba asiento —Me temo que tendré que viajar a Francia, surgió una importante reunión con varios funcionarios.


—¿Necesitas una escolta para tu seguridad?


—No necesariamente


—¿Entonces? —preguntó Harry confundido


—Iré al grano… Quiero que tu auror, Andrea Green, me acompañe


—¿Con qué propósito? —eso lo tomó por sorpresa


—Es un asunto confidencial


—El problema, Miranda, es que está suspendida de sus obligaciones por un par de semanas


—Deberá cumplir esa suspensión después, la necesito —respondió con cierto tono de convencimiento


—¿Por qué no te llevas a alguien más? Alguien de tu departamento, quizás


—No, ninguno cumple con los requisitos, sin ofender a tu equipo o al mío


—No se puede, lo siento


—Creo que no entiendes la gravedad de la situación


—Pues explicame


—Es un asunto de suma importancia. Necesito a alguien como Green, para esto. Por favor.


—No la puedo premiar, Cavanaugh. Tiene que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. ¿No hace unos meses te quejabas de que los aurores hacían un desastre, y tanto tu equipo como tú tenían que limpiarlo?


—Si, así es. Aún lo hago.


—Bueno, ahí tienes


—No es un premio, Potter. Pero ella se llevó a mi asistente por meses


—La señorita Somender le pidió…


—Sé que en el fondo le gusta estar en el campo, pero por el momento necesito que me acompañe alguien de tu departamento. A alguien en específico.


—Te llevarías a una de mis mejores aurores


—Y te lo vuelvo a repetir… ella se llevo a mis asistente

—Me estás pidiendo que rompa mis propias reglas


—Estás exagerando… la necesito —replicó con dureza


—Entiéndelo, Cavanaugh. Está suspendida por sus recientes acciones, no la puedo mandar de misión


—No sería una misión propiamente, vamos Potter, entiende —un silencio inundo el ambiente


—¿Cuánto tiempo? —preguntó resignado


—El tiempo que me lleve resolver ésta situación


—Bien…—el pelinegro terminó por ceder

—Excelente, dile a tu auror que salimos de inmediato —dicho esto, Miranda salió de la oficina del jefe de aurores bastante complacida con el resultado, como siempre.


Harry no tuvo más remedio que mandar a llamar a Andy para notificarle que se iría un tiempo con Miranda, algo que le pareció extraño, ni siquiera Mariana le había mencionado algo. No podía enter el por qué ella, o para qué. Al final, estaba un poco feliz por no tener que cumplir su suspensión, simplemente no era alguien que se pudiera quedar quieta sin hacer nada. Fue a casa, metió en una mochila algo de ropa y algunos objetos que quizás pudiera servirle, aunque fuera una posible reunión diplomática, tenía que estar atenta. Regresó al ministerio, justo en el atrio a esperar a Miranda, y cuando llegó no dijo mucho. Salieron del recinto, y luego tomaron un traslador que las llevó a Francia.


La torre Eiffel brillaba con el sol. Andrea Green y Miranda Cavanaugh aparecieron en Francia para esa reunión importante que había surgido. Caminaron por las calles tranquilas hacia el Place Furstemberg, era bastante temprano y apenas los franceses salían rumbo a sus trabajos; llegaron a una fuente. La fuente Wallace que con un movimiento suave de varita, los fierros metálicos se materializaron poco a poco para entrelazarse y formar un elevador. Ambas mujeres entraron en la entrada, algo muy similar a las cabinas telefónicas que tenían en Inglaterra. Descendieron hasta que vieron el atrio del Ministère des Affaires Magiques de la France, conocido como el Ministerio de magia francés. La última vez que la auror había estado en ese lugar había sido cuando entró a la Academia a estudiar, alejándose de sus amigos, y de… Alexander. Se acercaron a una bruja que se encontraba en un mostrador, Miranda mostró su identificación y hablando con cierta fluidez, sin demora pronunció un Gracie, para ir hacia el pasillo de la derecha.


—¿Puedo preguntar a qué venimos? —mencionó la chica rompiendo el silencio tratando de seguir el ritmo que marcaba los tacones de la bruja —Señorita, Cavanaugh —agregó al final tratando de sonar los más respetuosa posible. Miranda la observó por unos instantes, una mirada penetrante, un gesto que produjo rubor en su acompañante. No creía que en verdad le estuviera haciendo ese tipo de preguntas justo en ese momento.  


—Aunque no pudieras ya lo hiciste —respondió con un tono severo —Asuntos confidenciales que requieren ser atendidos —terminó de decir mientras revisaba unos papeles que había sacado de su portafolio.


—¿Qué clase de asuntos? ¿No puedo saber ahora?


—¿Por qué los aurores siempre hacen tantas preguntas? —su tono de voz cada vez estaba siendo de fastidio —Enfóquese en hacer su trabajo, Green.


—Lo haría si supiera cual es —parecía que la castaña estaba siendo rebelde, sin embargo sólo era curiosa, algo que en verdad estaba fastidiando a Miranda. Le lanzó una mirada más de advertencia y severa, algo que no había visto en mucho tiempo, lo suficiente para saber que la estaba poniendo de mal humor, para darse en cuenta que sus preguntas insistentes eran innecesarias.


—Miranda, es un placer que hayas venido —saludó un hombre que, al parecer, ya las estaba esperando


—Dimitri, el gusto es mío


—Pensé que vendrías sola —comentó observando a la chica


—Te presento a la aurora, Andrea Green. —estrechó su mano con la del hombre


—¿La misma que terminó con Fenrir Greyback? —hizo una mueca al escuchar eso, seguía sin gustarle que la reconocieran por ello —Dimitri Bertrand


—Es Jefe del departamento de Cooperación mágica


—Es un gusto, señor.


—Bueno, pasemos a mi oficina —la oficina del hombre estaba en el siguiente pasillo, al entrar ya las estaban esperando otros funcionarios más.


—Louis Philippe —presentó al mago que llevaba una túnica verde —Jefe del departamento de seguridad mágica.


—Sí, ya nos conocíamos —respondió Andy con una ligera sonrisa


—¿En verdad?


—La señorita Green formó parte de nuestro escuadrón… hasta que decidió regresar a Londres. Si está preocupada por su seguridad, señorita Cavanaugh le aseguró que tiene un buen auror a su lado.


—Y no lo dudo


—Y finalmente te presento a Malorie Christine, subsecretaría del ministro. Ya realizada las presentaciones, hablemos.


Luego de unos largos minutos, los cinco salieron de la oficina de Dimitri. Los funcionarios franceses trataron a sus visitantes como se debía, mostrandoles el ministerio; anduvieron por los pasillos hasta que llegaron a una sala en donde había una mesa larga repleta de comida. No fue una conversación formal, de hecho, Andrea aprovechó la oportunidad para ponerse al día con el que fue su anterior jefe, quien se mostró orgulloso de que tan pronto estuviera al frente de la academia, mientras tanto que los otros tres hablaban de otro tipo de cosas. Después de un par de horas encerrados, salieron más animados aunque todavía tenían pendiente algunos asuntos que resolver. Mientras Miranda iba a la oficina de Bertrand a recoger unos papeles que debía revisar, Andy aprovechó la oportunidad para ir al cuartel de los aurores, quizás tendría la oportunidad de ver algunos de sus antiguos compañeros.


—¿Green? —gritó alguien a sus espaldas, apenas entrando al cuartel


—¡Galy! —aunque era un poco reservada, la abrazó con cierto entusiasmo


—¿Qué haces aquí? —preguntó sorprendida por la tan repentina aparición de la auror


—Vine con Miranda Cavanaugh, la jefa del departamento de cooperación


—¿Vienes a cuidarla?


—¿La verdad? —hizo un gesto confuso —No tengo idea, es más no debería estar aquí.


—¿Por qué? ¿No te gusta visitar a los viejos amigos? —la chica cruzó los brazos indignada


—Estoy suspendida de mis labores


—Ya se me hacía raro que no te metieras en problemas —soltó una risita, algo que no le causó gracias a la castaña


—No es gracioso, Malfoy


—Cualquiera que te conozca sabrá de tu habilidad para meterte en problemas ¿Qué hiciste?


—Nada... —suspiró —¿Y cómo te ha ido?


—No me quejo —respondió alzando los hombros


—Eso suena excelente


—¡Hey, Galy! —un chico interrumpió su pequeña conversación apareciendo de pronto —¿Nos vamos?


—¡Mau! ¿Ya viste quién nos vino a ver? —no se había percatado de la presencia de la castaña. Al notar que estaba ahí, sus ojos se abrieron más de la sorpresa


—¡Andrea Green! —ella se dejo abrazar por él, quedándose sin aliento —¿Cómo has estado? ¿Qué haces aquí? —Bombardeó con tantas preguntas  —Nos abandonaste


—No, claro que no


—¿Entonces por qué te regresaste a Londres?


—Porque echaba de menos a mi familia


—Y porque querías ver a alguien —soltó de pronto Galy con una expresión pícara


—No… yo… —la castaña comenzó a ponerse nerviosa, no sabía qué decir


—Pretextos —sonrió también apoyando la insinuación de su amiga —Íbamos ir a tomar una copa, ¿Vienes?


—Me encantaría pero estoy en labores...


—No pensé que fueras tan responsable —espetó


—Si quieren vayan, yo… les aviso


—¿Y si no, qué? —Galy la miró fijamente esperando una respuesta


—Les prometo que le envío un patronus


—De acuerdo —aceptó Mau —Vamonos, Galy —salieron hacia uno de los ascensores mientras que Andy regresaba a la oficina de Dimitri esperando a que saliera Cavanaugh.


Estuvo esperando por casi una media hora, suponía que habían estado hablando de algunos temas, que imaginaba, no le conciernian. Miranda salió mientras guardaba algunas cosas en su portafolio, sin decirle nada echó a andar hacia el atrio, la auror la siguió tratando de seguirle paso. Salieron por la fuente y caminaron de vuelta por donde habían llegado, pero en lugar de desaparecer, siguieron caminando hasta que llegaron a un edificio con sus enormes letras rojas brillantes que se leía: Mercure París. Andrea no esperaba que se fueran a hospedar en un hotel muggle, ni esperaba que Miranda supiera cómo tratar con ellos, sin embargo no tuvieron ningún problema.


—Esta es tu habitación —dijo Cavanaugh mientras entraban. El sitio mostraba una vista espectacular de la torre Eiffel —Tienes la tarde libre —el rostro de Andy mostró sorpresa —Te espero mañana temprano en la recepción —la chica asintió todavía sin dar crédito —Emplea bien tu tiempo —finalizó antes de darle una tarjeta, que era el acceso para la habitación.


Pensó que sería prudente entrar, mientras les mandó un patronus a sus amigos. Una figura brillante apareció a los pocos minutos, donde Mau le explicaba en donde se verían. Se cambio para ponerse algo apropiado y luego con cierta discreción salió de su habitación.


—Tardaste tanto —refunfuñó Mau cuando la vio, tenía los brazos cruzados y un semblante aburrido


—Si, lo siento. Miranda estaba ocupada


—¿Nos vamos?


—Claro


Caminaron por las calles muggles, apenas el sol se estaba ocultando y eran las pocas personas que estaban en afuera. Hacía mucho tiempo que Andy no recorría aquellos lugares, ni siquiera se había tomado la molestia de ir a visitar a sus abuelos. Quizás podría darse una vuelta antes de regresar a Londres. Caminaron hasta que se detuvieron en un edificio que tenía una forma de serpiente gigante fluorescente, algo que le recordó a su amiga Mariana. Desde que su jefe le informó que viajaría, se estuvo preguntando por qué siendo la asistente de Miranda, no la acompañó y por qué ella sí.


El sitio se llamaba Cité de la Mode et du Design, una especie de museo, restaurante y en lo más alto contaba con un bar-terraza-club: Nuba el bar y el Wanderlust, justo donde ellos iban. La música estaba alta, algo electro que hacía el ambiente bastante bueno; los tres buscaron un sitio en donde sentarse, de inmediato Mau fue a pedir las bebidas. Comenzaron con cerveza, conforme pasara la noche pedirián otra cosa.


—Y platícanos ¿Qué ha sido de ti desde que nos dejaste?


—Estoy a cargo de la Academia de aurores junto con Alexander


—Eso es increíble ¿Y a ustedes, cómo les ha ido?

—Bastante bien


—¿Misiones?


—Hace unos meses tuvimos que viajar a Australia —respondió Galy mientras le daba un sorbo a su cerveza


—Y unas buenas australianas…


—Controlate Mau… ¿Sales con alguien?


—No, por el momento nadie


—Creí que estarías con tu amigo Alexander


—Lo hice, terminamos hace unos meses


—Lo siento


—No importa —respondió con un suspiro


—No hablemos de amor, mejor bebamos —sugirió Mau con entusiasmo alzando su tarro de cerveza —¡Salud!


—¡Salud!


Luego de unas cuantas rondas más regresaron cada uno a su casa, a Andy le costó un poco leer el papel que le había dado Miranda aún así hizo el esfuerzo de concentrarse y aparecerse en el sitio. Era un pequeño departamento, al parecer nada más estaría ella sola. No se sentía bien, y no era por la ingesta de alcohol, sino por el hecho de haber recordado a Alexander. Sus amigos tenían razón, apenas saliendo de Hogwarts había huido a Francia, no quería aceptar que sentía algo por él, y ahora tenían suerte de cruzar una mirada. Sus pensamientos tomaron el rumbo de otro chico, Charlie. Lo echaba de menos, y le hubiera gustado que estuviera con ella en esos momentos de soledad, la sentía aunque también le preocupaba el asunto de Connor. Ya no sabía qué pesaba más en esos momentos, le gustaría poder hablar con alguien. Suspiró, tendría en mente que apenas esté de vuelta en Londres, le enseñaría a Mariana como usar la tecnología muggle, así al menos tendría alguien con quien platicar.




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