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The magic ride » Capítulo 18
The magic ride (R15)
Por andypotter92
Escrita el Domingo 19 de Abril de 2015, 22:34
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:50
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Capítulo 18

A pesar de la amenaza de Connor y la promesa hecha por Alexander, él se quedó un rato más con su novia. El simple hecho de tenerla cerca, de volver a ver su ojos, verla sonreír, probar de nuevo sus labios era el mejor recuerdo a futuro que podría utilizar para conjurar su patronus.

-Te he extrañado- murmuró abrazándola con más fuerza

-Y yo te necesité demasiado

-¿Estás segura que no nos interrumpirán?- por obvias razones, Andy tenía que guardar reposo, pero eso no le impidió al chico, para meterse con ella en la cama y mimarla un poco.

-No, mi hermana nos cubrirá

-Me fastidia que estés herida- respondió produciendo un cierto sonrojo en la chica- Yo te necesito

-Ahora no, Alex. Solo quiero que me abraces y me beses.

-Hecho- la estrechó más entre sus brazos, depositándole besos en su cabello castaño.

Los pulgares de Andy trazaban formas en las manos del chico, se sentía protegida abrazada a él, eso era lo que tanto necesitaba en esos momentos. Adoraba su aroma, algo frutal que siempre quedaba impregnado en su ropa y en su cabello.

-Ahora mismo me encantaría llevarte a dar una vuelta

-Nuestros paseos nocturnos

-Si

-¿Sabes una cosa?

-¿Qué?

-Lo único que pensaba allá, era sacar viva a mi hermana.

-Es lógico- respondió pegándola más a su pecho

-Pero siempre esperaba que aparecieras para salvarme. Que me besaras y me dijeras que todo iba a estar bien.

-Nunca te dejaré ir. A ti te necesito para ser feliz

-Me quedarán cicatrices- mencionó Andy haciendo una mueca, era ahora que supiera eso, a pesar de romper el momento romántico.

-¿Y?

-¿Me seguirás queriendo de la misma forma?

-Sino fuera así, no estaría aquí- paso su pulgas por esos labios y luego los besó, primero de una manera tan desesperada y luego lentamente con ternura- Te amo, nunca lo olvides

-Tú no permitas que ocurra

-Claro que no- de nuevos sus labios se movieron en perfecta sincronía, reencontrándose y recuperando el tiempo perdido- Ni siquiera un Obliviate te arrancaran de mis pensamientos.

+++++++++++++++++

La liga de Quidditch iba de maravilla, su pasión por ese deporte era tan grande pero nada se comparaba por el amor que le tenía a su novia. Cristian aprovecharía que estaba cerca para poder visitar a Mariana, simplemente necesitaba verla.

-¿Qué haces aquí?- preguntó apenas lo vio y justo después de haberse lanzado a sus brazos y besarlo

-Quería verte. ¿Acaso no puedo?

-Claro que sí- lo que le encantaba a Cris de ella, era que Mariana tenía una estatura promedio, es decir, unos centímetros más bajita que él.

La excusa perfecta para abrazarla siempre que quería y ella para colgarse a su cuello cada vez que quería un beso de él.

-Salgamos de aquí

-¿A dónde?

-Traje mi escoba. Demos un paseo

-¿Acaso nunca dejas de pensar en el Quidditch?- reprochó divertida

-No- una sonrisa arrogante se formo en su rostro- ¿Podríamos festejar?

-¿Qué cosa?

-Andy está viva

-¿Enserio?- preguntó sorprendida- Amor, es la mejor noticia que me has dado

-Lo sé. No podía creer cuando Mena me lo dijo. Si quieres mañana podemos ir a visitarla

-¡Si!

-Pero por ahora, solo somos tú y yo- la tomo de la mano mientras que con la otra tomaba su escoba, listos para remontar el vuelo.

Se internaron en los cielos, esperando que Mariana disfrutara del viaje, gozaba como sus manos suaves se aferraban a su abdomen. Dejaron que el viento los golpeara, pasando por encima del pueblo de Hosgmeade, era una hermosa vista que se observaba.

El viaje no duró mucho tiempo, llegaron a lo que era un pequeño prado, con algunos árboles altos que tapaban la vista de un pueblo muggle, un lugar perfecto para pasar un momento romántico.

-Esto es hermoso

-Si, podría ser nuestro lugar- Sugirió Cris con cierta emoción- Podríamos venir aquí siempre quisiéramos pasar un momento entre tu y yo.

-Me encantaría

-¿Quieres jugar un rato?- preguntó el chico sacando de entre sus cosas una snitch dorada

-No tengo escoba

-¿Quién dijo que no?- hizo un suave movimiento con la varita, apareciendo otra escoba

-Siempre prevés todo- dijo Mariana con una sonrisa

-Claro

Ambos se subieron a las escobas mientras que Cris soltaba la snitch dorada. La chica tenía talento pero su novio era más veloz, aún así se quedaba atrás de ella, esperando el momento adecuado para mostrar su cariño

-Te ganaré

-No lo creo

Cristian se adelantó pero su novia lo alcanzó, hombro con hombro peleaban por alcanzar la pequeña pelotita, y en último momento, el chico frenó mientras que los dedos de Mariana se cerraban alrededor de la snitch dorada.

-¡Gané!

-Si, lo hiciste- respondió con una sonrisa.

-Espera- los ojos de la chica lograron captar algo en la pelota halada que tenía en sus manos- ¿Qué es esto?- Al preguntar eso, se abrió dejando caer un pequeño anillo, con una piedra verde.

-Nuestra historia, es precisamente como un juego de Quidditch- comenzó mientras tomaba la sortija- Lucho día a día para enamorarte más, y la mayor recompensa sería la snitch, pero para mí, es tenerte cerca.

-Amor.......

-Tú eres todo para mí, y por eso con este anillo quiero que quede sellado nuestro amor

-Cris......

-Eres mi vida, eres todo para mí

-¡Cristian!

-¿Qué?

-Te amo- se lanzó una vez más a sus brazos, enfrascándose en un beso- Te amo como no tienes idea

-Lo sé. Tú eres mi vida, eres la guardiana que cuida mi corazón.

-¡Deja de hablar de Quidditch!

-De acuerdo. Pero te amo

-Yo también te amo, con todo mi ser

+++++++++++++++++

La felicidad no cabía en ella, simplemente el hecho de saber que una de sus mejores amigas estaba con vida......Tendría suerte de que era un fin de semana y que podría dejar algo colgada la escuela y a sus alumnos.

Además que su abuela no tendría algo de que quejarse, después de todo cumplía con sus obligaciones. Hoy no tenía ganas de calificar las redacciones pendientes que tenía, solo pretendía encerrarse unos instantes en su despacho antes de decidir que hacer ese fin de semana.

Apenas entró, se topó con una hermosa lechuza, en alfeizar de la ventana. Se acercó a ella para quitarle de la pata el pequeño pergamino.

 

Señorita McGonagall:

Hace un cierto tiempo que no la veo y ¿Le encantaría ir a cenar conmigo? Quisiera contar con su hermosa presencia. Por favor si es así, nos vemos en los limites de los terrenos del colegio, cerca del lago. A eso de las 6:30 de la tarde.

Al leer esa nota, no pudo evitar sonreír. Apenas era más de medio día, tenía tiempo de irse a comprar algún vestido que le quedara para esa cita, ya que el pergamino no contaba con una firma, aunque podría imaginarse de quien se tratara, por que en el fondo de su corazón, ansiaba verlo.

A Mena le hubiera encantado alisarse el cabello con una poción, pero algo le decía que esta vez no sería lo ideal, por lo que solo lo dejo caer sobre sus hombros. Usaba un bello vestido rojo, nada tan ostentoso, y tampoco es que quería llamar la atención de los alumnos.

A las 6:15 salió de su despacho, lo único que se escuchaba en esos momentos en los pasillos, era el sonido de sus tacones. Cuando salió del castillo, una pequeña brisa hizo despejar mejor su mente y calmar sus nervios; camino hacía el lago, pero no había nadie.

-Estas hermosa- escuchó alguien a su espalda

-¡Owen!- de inmediato se lanzó a sus brazos, para besarlo.

-Siempre tan efusiva

-Hoy estoy feliz

-Lo sé. Pero tu felicidad comenzó desde que te envié ese patronus

-Gracias por salvarle la vida

-Para eso soy un medimago- respondió con dulzura- Ahora, a lo que te trajo aquí

Sacó su varita y la movió suavemente, haciendo aparecer un mantel que puso en el suelo. Luego apareció una canasta llena de comida.

-¿Un picnic?

-Si. ¿No te gusta la idea?

-Claro que sí

Mena se sentó sobre la hierba mientras que sus ojos se perdían en cada movimiento que hacía Owen. Él solo se limitaba a sacar la comida de la cesta, algunos pastelillos, fresas con chocolate y queso. Abrió una botella de vino, sirviendo un poco en dos copas.

-Todo cortesía de los elfos

-Se ve genial

-Si, siempre se lucen con estas cosas

Comieron tranquilamente, dejando al final las fresas. Que como cualquier pareja, cada uno se lada en la boca del otro, mientras que en el fondo los colores rojizos y anaranjados se hacían presentes. Owen no pudo evitar abrazarla y atraerla a su pecho, sentir ese calor.

-Te he extrañado tanto

-Yo igual

-Es hermoso compartir el atardecer contigo

-Si, lo sé

-Antes me salías con muchas palabras- reprochó Mena

-Es que te quejas de que los Ravenclaws hablan mucho- respondió Owen divertido- Pero por ti hago lo que sea. Trataría de bajar las estrellas para ti

-Eres lo mejor que me ha pasado- buscaba con desesperación sus labios, los cuales sabían dulces

-Lo mismo digo

La abrazó con más fuerza, observando el atardecer y esperando a que el cielo se salpicara con esas estrellas, quería que fueran las únicas testigo de ese gran amor que Owen le tenía a Mena, un amor que esperaban que nunca terminaran. Un águila había terminado en la garras de un león, y no precisamente para ser devorado, simplemente para ser cuidado por el resto de la vida.

++++++++++++++++++++

La tensión de saber que su amiga estaba muerta había desaparecido, pero aún así seguía latente la sed de venganza, la sed de lucha. A pesar de todo el odio contenido, tenía que agradecer a su novio, por haberle hecho ver la cosas, sencillamente él siempre se encargaba de mantener a raya, esa serpiente interna, y esa noche podría ser una de las mejores, después de tanto drama de los últimos días.

En aquella ocasión no fue ella quien lo busco, sino él. Su mundo se reducía simplemente a ese tejón, a ese chico que le había robado el corazón, aquel Hufflepuff que un día conoció por una travesura.

El apartamento de Kissy era algo tan común y a veces solitario, algo común en los limites del Londres muggle. Siempre estaba en soledad debido a su carrera de Auror, a veces de misión en misión, y otras veces en el departamento de su novio pero esta vez no sería así. Ansiaba a que llegara la hora para verlo, moría por abrazarlo y besarlo, por perderse en esos ojos marrones detrás de esas simples gafas, quería compartir con él la felicidad de saber que su amiga estaba con vida.

Con un suave movimiento de varita, acomodo el pequeño desorden. La ropa se guardo en sus respectivos cajones, mientras que los platos sucios se lavaban y acomodaban. Ella no era una persona que se dejara de hablar con cursilerías, por lo que no se le ocurrió preparar algo más, solo encendió algunas cuantas velas para dar un ambiente más cálido al lugar.

Quería celebrar, era una simple noche que deseaba gozar, por lo que destapó una botella de vino, sirviéndose una copa mientras que esperaba. Apenas le dio un pequeño sorbo al líquido, cuando el timbre se escuchó. Kissy era una persona que no le intimidaba nada, pero cada vez que se trataba de su chico, perdía el control.

Se levantó con rapidez, casi a punto de derramar el vino encima de su túnica. Se observó en el espejo, a lado de la puerta. Se arreglo un poco su cabello, era lo mejor que podía hacer en esos momentos, y en segundo abrió.

-Hola- saludó el chico.

-Hola- regresó el saludo. Se quedó estática al verlo, siempre era así. Mentalmente se pregunta por que demonios le pasaba eso.

-¿Me invitaras a pasar?

-Lo siento. Claro, pasa

-Tu departamento se ve.....acogedor

-¿Quieres una copa de vino?- preguntó todavía algo nerviosa

-Si quieres

Se controló un poco, sirviendo el líquido rojizo en otra copa y entregándosela; pero en lugar de que el chico bebiera, hizo a un lado la copa acercándose lentamente a ella. Kissy lo miró mientras que sus manos se entrelazaban; Gerard posó su mano en su rostro, acariciándolo suavemente, besó sus mejillas, y ella para provocarlo depositó un beso en la comisura de sus labios, claro que él no se quedaría atrás por lo que pegó sus labios con los suyos.

-¿Te dije que Andy esta bien?- dijo con la respiración algo agitada

-Si, pero sin ofender. No importa ella en estos momentos

-¿A no?

-No

Volvió a besarla de una forma bastante tierna, sus dedos jugueteaban con los rizos pelirrojos que caían sobre su espalda, Kissy quería seguirle el juego, por lo que enredo sus manos en su cabello, alborotándolo más.

-Hoy no quiero charlar

-¿Que quieres hacer?- preguntó enarcando una ceja

-Tenerte toda la noche, pegada a mí- susurró en su oído, produciéndole un estremecimiento

-¿En verdad?

-Si

Gerard lamió con dulzura su lóbulo, fue bajando sus labios por su cuello mordisqueando su piel blanca, arrancando algunos suspiros.

-¿No harás nada?- pregunto divertido

-Amarte

-Lo haces- tomo su mano y la puso sobre su pecho.

La mano de Kissy se desplazó sobre su camisa, acariciando sobre encima de ella, comenzando a desabrochar los botones, Gerard solo se limitaba a obsérvala con adoración y con amor. Volvió a atrapar sus labios en beso ya no tierno sino salvaje.

La camisa cayo al suelo, el chico se encargo de casi arrancarle la blusa, besando ahora sus hombros desnudos. Ella dejo caer la falda que traía puesta,  salto encima de él, enredando sus perfectas piernas en su abdomen mientras lo besaba.

Gerard fue dando pasos pero sin despegar sus labios de su novia, hasta que choco con el marco de la puerta de la habitación, entrando y cayendo sobre la cama.

Las manos de la pelirroja acariciaban el pecho desnudo de su novio, marcando esa línea que se formaba hasta llegar a la hebilla del pantalón. Desabrocho el botón y el cierre, la paciencia no era una de las virtudes de Kissy, por lo que con desesperación arrancó dicha prenda, mientras que seguía saboreando sus labios.

El chico no perdía ningún instante, la acariciaba y besaba cada parte de su cuerpo descubierto; una vez más depositaba besos en su cuello, dejando escapar algunos gruñidos de placer. Las manos de la pelirroja se encargaban de acariciar sus pectorales, aferrándose a sus brazos.

El corazón ya latía con cierta violencia, se acomodaron mejor entre las almohadas, gozándose mutuamente el sabor de sus respectivos labios, mientras que se enredaban con las sabanas de la cama. Las pocas prendas restantes desaparecieron, entregándose a esa llama encendida, entregándose en cuerpo y alma al amor. Una suave música se logró colar por la ventana entre abierta, quizás un músico que buscaba ganarse la vida.

-¿Oyes eso?

-Una bonita canción- respondió el chico trazando figuras en su piel desnuda

-Jamás la había escuchado

-Justo para lo que estamos viviendo ahora

 

And I can´t believe

That I´m your man

And I get to kiss you baby

Just because I can

Whatever comes our way

We´ll see it through

And you Know

That´s what our love can do

 

Gerard comenzó a besarla en los labios, bajando de Nuevo por su ombligo, besando sus muslos, besando sus piernas y cada parte de su cuerpo con infinita dulzura.

-Eres perfecta- susurró sin aliento

No contuvieron absolutamente nada, ni gemidos ni gruñidos. Se entregaron a la pasión una vez más haciendo el amor, sin condiciones. Eran besos y caricias, disfrutando del placer, hasta que bastante exhaustos, se acomodaron mejor en la cama. Kissy se acurrucó en el pecho desnudo de Gerard, mientras que él solo la abrazaba. Quería quedarse así por el resto de su vida, simplemente tenerla tan cerca y no compartirla con nadie. Eso era su felicidad, el escuchar un te amo era lo mejor que le podría pasar. Saber de propia mano, que el amor era la magia más poderosa del mundo.

 

 

 

 



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