Historia al azar: Recuerdos de una vida pasada
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The magic ride » Capítulo 14
The magic ride (R15)
Por andypotter92
Escrita el Domingo 19 de Abril de 2015, 22:34
Actualizada el Domingo 10 de Febrero de 2019, 23:50
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Capítulo 14


Apenas eran un par de días que las habían secuestrado, y Dayra no tenía idea de quién era ese tal Connor, solo que era un sádico por haber herido demasiado a su hermana. Los cortes que tenía en la espalda no dejaban de sangrar, sin mencionar que Andy lograba reprimir muy bien el dolor que sentía; la chica acariciaba con ternura el cabello de su hermana, paso su mano por el rostro de ella para alarmarse aún más de lo que ya estaba.

-Estas ardiendo en fiebre

-Estoy bien- susurró débilmente

-Me preocupas

-Tengo que sacarte de aquí

-Deja a un lado tu instinto de Auror

Apenas dijo eso, un hombre entro en la habitación; no tenia pinta de ser uno de los malos, pero aun así estaba ahí en el bando equivocado. Llevaba algunas cosas en sus manos, Dayra no tenia intenciones de que le causaran mas daño a Andy, por lo que se interpuso en el camino del desconocido, buscando en su mente una forma de protegerla.

-Solo quiero ayudar- replico

-No le creo

-Traigo algunas cosas para sanarla- se inclino un poco sobre la cama, dejando en el suelo la bandeja que llevaba en manos.

-¿Quien es?- preguntó Andy, su voz sonaba algo ronca y desgarrada

-No hagas esfuerzos- unas manos se deslizaron debajo de su cabeza, levantándola ligeramente, sintiendo algo contra su boca- Bébete esto

-¿Qué es eso?- preguntó Dayra, ella seguía sin fiarse

Solo era agua, nada mas que agua limpia y fresca, tenía un sabor dulce; trago con desesperación.

-Poco a poco o vomitaras

Tomo otro trago, sintiendo sus labios demasiados resecos y agrietados; la chica no lograba sentir nada del cuello para abajo, la realidad es que Andy no le importaba mucho eso, muy en el fondo de su mente sabia que era por el castigo recibido, acepto otro trago de agua.

-Ahora, bebe esto

-¿Qué pretende?

-Es poción matadolores, te adormecerá

De inmediato, Andy se fue quedando dormida, lo suficiente para que pudieran lograr sanar su heridas. Su hermana no pudo evitar ayudar a aquel hombre, aparto la mugrienta cobija y se sentó a su lado de la cama. El desconocido tomo un cuenco, comenzando a embarrar de un mejunje espeso y verde las heridas abiertas, la curación provocaba cierto escozor ardiente y doloroso; agito su varita, haciendo aparecer unas vendas que se plegaron con una suave presión alrededor de su torso hasta sus hombros.

-Es todo lo que puedo hacer

-Sigue teniendo fiebre- repuso la chica con una mueca. El desconocido saco un pañuelo limpio y lo remojo en el agua para ponérselo en la frente.

-Ya hice lo que me ordenaron- con un movimiento de varita recogió todo, saliendo de la habitación, dejando un balde de agua limpia.

Dayra cuidaba con mucho esmero a su hermana, que a pesar de las reciente curaciones, todavía se encontraba en un mal estado; la fiebre comenzaba a causar estragos produciendo cierto delirio en la chica. Rogaba a Merlín de que alguien acudiera a salvarlas, tenían la esperanza de salir con vida de ese lugar. No tenían mucha certeza de cuanto tiempo había pasado, solo lograban ver un insignificante rayo de luz que se colaba por la ventana, pero la persistencia de Connor por obtener lo que quería se agotaba.

-¿Me darás lo que quiero?- preguntó cuando estuvo enfrente a ambas

-Puedes olvidarte de eso

-Creo que no comprendes la situación

-Claro que sí, eres un maldito- repuso Andy con seguridad

-Necesitas más persuasión 

Los secuaces de Connor entraron y tomaron por los brazos a la chica, que a pesar de sentirse todavía débil puso resistencia, pero no la suficiente como para impedir que se la llevaran. De nuevo, Andy se encontraba en la sala de aquella casa, el chico hizo un gesto con la varita, unas gruesas cadenas de hierro surgieron como serpientes desde la pared detrás de él, disparándose en su dirección para aferrarse a las muñecas y tobillos, antes de que alguien más lograra reaccionar.

La joven pensaba maldecir a su agresor, pero antes de que las palabras salieran de sus labios, una mordaza se enrosco fuertemente en su boca. 

-¿Todavía te niegas?- ella solo asintió- Bien
Dio un grito ahogado bajo la mordaza cuando un agudo y ardiente sensación tal como la hoja de una daga, pudo notar que su ropa y las vendas caían al suelo; giró con dificultad, su mejilla se estaba raspando contra la rugosa piedra. 

-Te quedaras aquí hasta que quieras darme lo que quiero

Hubo un silbido, un crujido, el primer latigazo; cerró los ojos apretando lo dientes y abriendo las manos para aferrar las palmas a la pared. Un latigazo, una vez, dos veces, tres veces, una docena, dos más, una y otra vez Fueron un par de horas más, que en la anterior vez, lastimando varias veces más a la chica.

-¿Mencione que estarás aquí sin agua y comida?

Andy había soportado los dos días que le impuso Connor, de haber estado uno extra hubiera muerto, por deshidratación y falta de comida; el castigo se estaba convirtiendo en una rutina, la chica se negaba a cooperar, por supuesto que estaba dispuesta a morir, con tal de cumplir con su labor.

Cada vez el castigo era peor, iban agregando horas de duros latigazos, sin mencionar que se iban agregando días sin beber ni comer, dejando que se desangrara; su hermana estaba alarmada por la situación, no sabía que hacer, aunque siempre era el mismo hombre que ayudaba a la chica a sanar sus cortes.

El último castigo fue demasiado duro, Connor se encargo personalmente de azotar a Andy, había perdido la noción del tiempo, cuando ordeno que la llevaran, a lo que era su celda. Disfruto bastante del momento, en especial de aquel charco de sangre que estaba debajo de la joven.

-¡Diantres, Andrea!- exclamo Dayra al ver el estado de su hermana

-Da....rrra

-Tranquila

-¿Cómo esta?-preguntó el mismo hombre que había ido siempre, el cual su nombre era Nico

-Hay más sangre

-Esss....toy....bi....en- balbuceó 

-Esto está mal- susurró su hermana retirando parte de la túnica- ¿No puede darle más poción matadolores?

-No, es peligroso

-¿Entonces?
-Hay que limpiarle los cortes- respondió Nico comenzando a limpiar la espalda de la chica- Dolerá menos que los mismos latigazos

La joven simplemente apretaba los dientes, pero estaba muy mal, por lo que termino desmayándose mientras curaban sus heridas. Cuando Andy despertó de nuevo, fue para ser consciente de más cosas pero también para sentir más dolor. Sentía arder su espalda, pero cuando intento darse la vuelta y estar más cómoda, sus músculos y articulaciones soltaron un aullido de agonía.
 
Nico era el encargado de mantener con vida a las chicas, por lo que siempre llevaba bandeja con comida, o en todo caso, curar las heridas que dejaba las torturas. La comida, solo era un pequeño plato de sopa junto con un pedazo de pan, y un vaso de agua.

-Tienes que comer

-No tengo hambre- respondió en los pocos lapsos de conciencia

-Lo necesitas- alzando la cuchara

-No quiero

-Tardaras en recuperar tus fuerzas...

-Te sacaré de aquí- la chica quiso incorporarse pero era obvio que todavía se encontraba muy mal herida.

El tiempo transcurría, sin tener la menor idea de lo que pasaba afuera; la temperatura había cedido un poco, Andy apenas comía algo y sus cortes todavía los tenía un poco abiertos. En algunas ocasiones buscaban una salida, un escape de ese encierro en el que se encontraban. Connor apareció unos días después, aquel chico que la joven había rechazado, aquel que en algún momento juro venganza.

-Nos hubiéramos ahorrado todo esto- repuso burlonamente

-¿Qué quieres?

-Ya te dije, deseo poder y a....ti

-No entiendo

-Quiero lograr lo que el señor tenebroso no pudo- comenzó a explicar el chico mientras daba vueltas en la habitación- Tener el mundo mágico y muggle a mis pies.

-¿Y que tengo que ver yo en esto?

-Verás, el ataque en Azkaban si fue un fracaso para liberar algunos de los más peligrosos prisioneros. Sabía que estarías ahí , así que mataría dos pájaros de un tiro, pero los ineptos de mis hombreS no pudieron con esa tan sencilla misión. Es cierto que también quería colarme en el Ministerio, necesitaba saber algunas....cosas.

.¿Qué cosas?

-Usa el sentido común. Entrar en el departamento de Misterios, encontrar armas suficientes para someter a todos, desafortunadamente los Aurores no son tan estúpidos, así que me vi obligado a recurrir a otro método. Tengo que admitir que ya sabía de tu adorada hermanita, fue por eso que la use de cebo.

-Eres un infeliz

-Dame lo que necesito

-Vete a la mierda, Connor- respondió la chica con odio

-No has aprendido la lección- chasco sus dedos, dos de sus hombres aparecieron pero en lugar de llevarse a Andy, tomaron a Dayra- Veamos si con el daño a tu hermana, cooperas.

-¡¡No, ella no!!- antes de que lograra reaccionar, ya se habían ido mientras que daba gritos y golpes a la puerta- ¡Dayra! ¡Dayra!

Trataba de zafarse, y en ocasiones soltaba patadas pero nada funcionaba, comenzaba a sentir algo de miedo. Sus ojos se enfocaron en lugar en que la había conducido, una sala con pequeños muebles rotos, terminaron dejándola a los pies de Connor, pero se levantó de sucio suelo para enfrentarlo.

-No deseba hacerte daño, pero tu hermana no me da opción

-Eres un cobarde

-Ya lo veremos- el chico alzó su varita- ¡Crucio!

La chica inmediatamente se doblo de dolor, sentía como si miles de navajas atravesaran su cuerpo; tenía que soportar. Dayra deseaba gritar pero su orgullo se lo impedía, no quería darle la satisfacción a su captor, una y otra vez, Connor lanzaba la maldición torturadora, buscaba la forma de soportar el dolor aunque su fuerza de voluntad comenzaba flaquear.

-¡Vaya!, ustedes si que son duras

-No tendrás lo que quieres- susurró sin aliento

-Ya veremos- se alejo unos pasos mientras que llamo a uno de sus hombres- Puedes divertirte con ella

Aquel hombre sonrió con malicia, se iba acercando a la chica, quien se encontraba un tanto débil por tantas maldiciones recibidas; se arrodillo ante su cuerpo tembloroso acariciando cada parte de su rostro, poco a poco sus manos bajaban lentamente hacía su cuerpo.

-¡Suéltame!- grito Dayra con repugnancia 

-Eres una chica bastante hermosa- dijo con una voz melosa- pero...quizás me divierta de otra manera

Se relamió los labios, sacando su varita y acariciándola suavemente; tenía un brillo en los ojos, un triunfo reflejándose en ellos. Hizo un movimiento , haciendo aparecer una luz, que al toca a la chica, comenzó a sentir un dolor incapaz de controlar, era diferente al de la maldición torturadora. 

Dayra se retorcía en el piso, llena de pesadillas convirtiendo el miedo en la mayor fortaleza de la maldición. El primer recuerdo comenzó a aparecer: Andy recibiendo un hechizo en su lugar, cayendo inconsciente, quizás sin vida.

-¡¡Nooooo!!

-Tus peores miedos se reflejan en tu mente, como si las vivieras

La misma pesadilla una y otra vez, su hermana siendo castigada, soportando la tortura con tal de salvarla a ella; su amigo herido, sus padres, todos y cada uno de ellos sufriendo el peor de los castigos, lo peor saber que ella es la culpable le producía más dolor.

Heridas inexistentes aparecieron mientras más avanzaba la maldición, se encontraba más débil; su mente estaba a punto de estallar. Volvió a gritar mientras que aquel hombre reía a carcajadas.

-¡¡¡Dayra!!! ¡¡¡Dayra!!!- Andy reanudo sus berridos 

Tenía su cara llena de heridas, al igual que sus manos y brazos. Su agresor sonreía de oreja a oreja, esperando que en cualquier momento comenzara a suplicar, y así fue.

-¡Por favor!- lloraba-¡Por favor! ¡Deténgase!

-No eres tan valiente ahora

Otro grito estremecedor.........

-¡¡Dayra!!

Seguía aullando de dolor, el sonido de los gritos recorría a Andy como un dolor físico; con demasiada torpeza, daba vueltas por la celda, buscando una salida. Los lamentos de su hermana resonaban con más volumen.

-¡¡Por favor!!- suplicaba

-Suficiente- detuvo Connor con aburrimiento- Llévenla pero fuera del alcance de su hermana

Dicho esto, se la llevaron hacía otra celda diferente a la que se encontraba su hermana. Andy ya no escuchaba nada, lo único que podía distinguir era su propia respiración agitada, junto con sus latidos de su corazón , que latía con violencia.

El miedo se estaba apoderando de ella, no quería pensar en lo peor. No soportaba la incertidumbre de no saber que le ocurrió a su hermana, era momento de hacer lo que tenía que haber hecho desde el principio.






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