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¿Por qué tú? » La primera guardia
¿Por qué tú? (ATP)
Por Aleai_Mival
Escrita el Viernes 14 de Octubre de 2005, 13:56
Actualizada el Sábado 7 de Enero de 2006, 06:27
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La primera guardia

El día transcurrió tranquilo.

Hermione no les contó a sus amigas nada de la carta de su anónimo y, menos aun, a Harry y Ron. “Ya lo haré más adelante, cuando sepa que no es ninguna broma”, pensaba Hermione.

Habían acabado ya las clases del primer día. Para suerte de todos los alumnos, no habían puesto deberes, ¡ni siquiera Snape!, algo que extrañaba a muchos.

Estaban cenando en el Gran Comedor, cuando Ginny le preguntó:
– ¿Antes, cuando íbamos a almorzar, no has tardado mucho, para solo ir a dejar los libros?
– ¡Ah! ¡Eso! –dijo Hermione, y intentado que no se la notara nerviosa, añadió– Es que, de paso, he ido al baño.
– ¡Ah! ¡Vale! –exclamó Ginny, que parecía habérselo creído, para suerte de Hermione.

En ese momento, notó algo raro, como si alguien le estuviera observando. Empezó a buscar, con la vista, por la mesa de Ravenclaw, que era la que tenia de cara a ella, a la persona que, supuestamente, la estaba observando, pero no vio a nadie que la estuviera mirando, a parte de sus amigos, que estaban hablando con ella.

No miró hacia atrás, a las mesas de Hufflepuff y Slytherin, porque sus amigos le preguntarían y no le apetecía decirles algo como: “No pasa nada, solo que creo que alguien me observa”. Sonaría algo creído o, incluso, podía sonar, como si estuviera loca.

Así que decidió seguir comiendo, como si nada pasara, aunque seguía teniendo esa impresión.

Luego de cenar se fue a la Sala Común con sus amigos, pero a las 9 tuvo que irse ya que le tocaba ronda en el tercer piso.

“¡No puede ser! ¡Todavía son las 10! Y hasta las 12 no acabo...”, pensó. Era la guardia que más larga se le había echo en toda su vida, desde que era prefecta claro.

“Si Ron se aburre tanto como yo ahora en todas sus guardias, le empiezo a entender”, volvió a pensar la chica.

En ese momento, pensó que, quizás, su anónimo, ya le había contestado la carta.

Bajó hasta las mazmorras y miro en la armadura.

“¡Sí! ¡Qué bien! Ha contestado”, pensó Hermione.
Sacó la carta de la armadura y la empezó a leer, mientras subía hacia el tercer piso.

Querida Hermione:
Gracias por contestarme a mi primera carta, pero permíteme que te pregunte: ¿lo hiciste por pena?
Respecto a tu pregunta (¿es una broma?), te digo que no, no es ninguna broma. Mis sentimientos son tan verdaderos como cada objeto del castillo.
Imagino que querrás saber más cosas de mi, ¿no?
Bueno, pregunta, que yo te contestare con sinceridad a todo.

La leyó muchas veces. Pero una vez llegó a su destino y oyó aquel extraño ruido en una de las clases, guardo la carta rápidamente y se dirigió hacia allí.

Entro en la clase y escuchó que una voz masculina maldecía todo aquello que se le venia por la cabeza.

Cuando, de repente, vio quien era. Y, en vez, de hacer lo que habría hecho cualquiera (llamarle la atención y averiguar que hacia allí), se quedó callada, observándole. Hermione no sabia que le pasaba, no sabia porque se quedaba ahí, callada y sin decirle nada, sin decirle nada a Draco Malfoy. Cualquiera de sus amigos, si estuviera en su lugar, aprovecharía para hacer que le castigaran, pero ella no izo nada. Hasta que...
– ¡¿Qué haces aquí, Granger?! –dijo Draco muy enfadado mirando hacia el suelo y, de vez en cuando, a Hermione, cosa que a ella le hacia temblar, sin saber por que.
– Estoy de guardia y te he oído –dijo Hermione, intentando que no se notara su nerviosismo.
– ¡Ah! Vale –dijo Draco, que continuaba mirando hacia el suelo, mientras Hermione le miraba directamente.

Hermione salió de su “trance” y, con el entrecejo fruncido, le pregunto:
– ¿Y tú qué haces aquí? Deberías estar, por lo menos, en tu Sala Común.
– Pues que, mi querido, Prof. Binns, me a castigado –contestó Draco, con un tono irónico.
– ¿Y qué has hecho para que te castigara? –preguntó Hermione.
– ¿Cómo que qué he hecho? –preguntó Draco, incrédulo, mientras se acercaba un poco más a Hermione.
– Pues eso. Algo habrás tenido que hacer para que te castigara –dijo Hermione, mientras se alejaba de Draco, quedando, él, donde estaba antes la Gryffindor y, ella, donde estaba antes el Slytherin.
– Te equivocas. Solo di mi opinión y como al profesor no le paresia bien y no soy un Gryffindor, ni Ravenclaw, ni Hufflepuff, sino Slytherin, ¡me a castigado! –dijo Draco, de lo más inocente.
– Seguro que hiciste algo. No puede haberte castigado así como así. Y, además, no te castigaría por ser Slytherin –dijo Hermione, mirándole a los ojos.
– Pero ha influido –dijo Draco– Y si hubieras sido tu, o tu amigo el pobretón o el Cara-Cortada, no os habría hecho, ni dicho nada –añadió Draco.
– ¡Sabes que eso no es verdad! –dijo Hermione, empezándose a enfadar.
– Cree lo que quieras –dijo Draco– Ahora, tengo que pensar en otra cosa, porque me voy a ganar otro castigo por esto –añadió Draco, caminando hacia donde estaba ella y mirando al suelo.
– ¿Qué ha pasado? –preguntó Hermione más tranquila.
– Que... esa coda... que, por cierto, no tengo ni idea de que es, se ha roto –dijo Draco.
– Pues no es tan difícil hacer un reparo –dijo Hermione, mirando lo que se había roto.
– Sí que lo es, cuando no tienes varita –añadió Draco.
– Está bien. Esta vez te ayudare –dijo Hermione. Sacó su varita y dijo– ¡Reparo!

Después de un momento de silencio. Draco le dijo:
– Bueno, nunca se lo diría a una... a... alguien como tu, pero gracias.
– ¡Vaya! Yo nunca pensé que me lo dirías –dijo Hermione, estando, verdaderamente, impresionada.
– ¡Menos risas! –dijo Draco.
– Pero si es verdad. Nunca esperaría que me dieras las ganas –dijo Hermione, siendo sincera.
– Bueno, yo ya me puedo ir de aquí –dijo Draco.

Los dos salieron de la clase. Y entonces Draco le preguntó a la Gryffindor:
– ¿Cómo estás llevando tú primera ronda?
– Pues, la verdad, es la más aburrida que he hecho en mi vida –dijo la chica.

Hermione esperaba que Draco se burlara o algo así, pero, en vez de eso, dijo:
– No se si funcionará, pero, ¿quieres que te acompañe?

Ante esta propuesta del Slytherin, Hermione, se quedó muy sorprendida. Y lo único que se le ocurrió decirle fue:
– ¿Y por qué quieres acompañarme?
– Creo que te lo debo, por lo de ahora –dijo Draco, señalando con la cabeza, mientras decía “ahora”, la clase de la cual acababan de salir.
– No hace falta –dijo Hermione, que, en realidad, deseaba que se quedara con ella.
– Está bien, entonces, me quedo –dijo Draco.
– Te he dicho que no hace falta –dijo Hermione, alcanzando a Draco que había empezado a caminar, para dar una vuelta por el tercer piso.
– Por eso mismo me quedo –dijo Draco.

Caminaban en silencio. Eran las once menos cuarto, se le había pasado muy deprisa, estando con Draco, aunque no hablaran.

En ese momento, Draco le dijo:
– ¿Ya habéis tenido clase de Defensa Contra las Artes Oscuras?
– No, todavía no. Lo deberías saber, cuando tú tampoco has dado –dijo Hermione, para tener un poco más de conversación.
– ¿Yo? ¿Por qué debería saberlo? –preguntó Draco, que había parado de repente, y se había quedado mirándola a los ojos.

“Que no me mire así, que me da vergüenza. Mejor le contestas rápido y ya esta”, pensaba Hermione.
– Pues porque si a vosotros no os a tocado, a nosotros tampoco –dijo Hermione.
– ¿Y eso? ¿Nos toca juntos también en Defensa? –preguntó Draco.
– Claro. Lo pone en el horario. ¿No lo has visto? –dijo Hermione, mientras empezaba a caminar de nuevo.
– Lo que ocurre es que yo no miro con quien me toca clase –dijo Draco.
– ¿Y eso?, ¿por qué? –le preguntó Hermione.
– Digamos, que..., prefiero que sea sorpresa –dijo Draco, como si nada.

Siguieron caminando y otro silencio se apoderó de ellos y de todo Hogwarts, al menos, del tercer piso.

El silencio no duro mucho más ya que Hermione le preguntó a Draco:
– ¿Por qué querías saber lo de la clase de Defensa?
– Por nada importante –dijo Draco, algo sorprendido por la pregunta, ya que, la chica, había tardado mucho en hacerla.
– Está bien. Si tienes miedo a decirlo –dijo Hermione, haciendo enfadar a Draco.
– ¡Yo no tengo miedo a decirlo! ¡¿Qué pasa si no era nada importante?! –dijo Draco chillando.
– Pues que no me lo creo –dijo Hermione de lo más tranquila.
– Está bien. Solo lo preguntaba, haber que tal te caía mi tío –dijo Draco.
– Pues no lo se. No lo conozco todavía –dijo Hermione.
– Eso lo he supuesto cuando me has dicho que no habías tenido clase con él –dijo Draco.
– Mucho es Gryffindor ya le están cogiendo manía por ser un... Malfoy –dijo Hermione, bajando la mirada, preocupada por como se tomaría eso el chico.
– Y antiguo Slytherin –dijo Draco muy orgulloso.
– ¿Sí? ¿Fue un Slytherin? –dijo Hermione, de manera irónica– Yo creía que había estado en Gryffindor.
Draco no le contestó y siguió caminando. Empezaron a hablar de cosas sin importancia. Cuando se dieron cuenta ya eran las doce de la noche y Hermione dijo:
– Bueno, será mejor que nos vallamos ya, cada uno a su Sala Común.
– Te acompaño –dijo Draco, empezando el trayecto hacia la Sala Común de Gryffindor.

Caminaron en silencio hasta que, poco antes de llegar a la Sala Común, Hermione se paró, haciendo parar a Draco. Este se quedó un poco sorprendido al principio, pero luego, comprendiendo lo que sucedía, dijo:
– Si la supiera no entraría en tu Sala Común ni aunque me fuera la vida en ello.
– Lo sé, pero... –empezó a decir Hermione.
– No hace falta que digas nada –dijo Draco.
– Pero es que no es por la contraseña, sino porque podría vernos alguien y no quiero que me empiecen a hacer preguntas sobre esto –dijo la chica.
– Está bien. Entonces, hasta la próxima –dijo Draco, acercándose y dándole un beso a Hermione (N/A: en la mejilla, no me empecéis a pensar mal ;) )

Tras esto, Draco se marcho, dejando a una Hermione muy sorprendida que se fue hacia el cuadro de la Señora Gorda, dijo la contraseña y subió a su habitación para dormir.


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