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Porque Victoire y Teddy siempre estuvieron destinados a estar juntos. » XXIX: Locura.
Historia terminada Porque Victoire y Teddy siempre estuvieron destinados a estar juntos. (ATP)
Por LittleWarriorNorth
Escrita el Viernes 12 de Septiembre de 2014, 23:29
Actualizada el Martes 24 de Noviembre de 2015, 19:00
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XXIX: Locura.

Capítulos
  1. I: El cumpleaños número 2
  2. II:El nacimiento de Victoire Weasley
  3. III: Tu beso también.
  4. IV: Azul eléctrico.
  5. V: Despedidas. Solo serán dos años.
  6. VI: El primer año de Teddy.
  7. VII: La selección de Victoire.
  8. VIII: Las pruebas de Quidditch
  9. IX: Extendiendo las alas.
  10. X: La propuesta de Victoire.
  11. XI: Saltarse las normas.
  12. XII: Mi rubia favorita
  13. XIII: Cambios.
  14. XIV: Siempre ahí.
  15. XV: Una Navidad en Hogwarts.
  16. XVI: Mentiras y ocultamientos.
  17. XVII: En el Bosque Prohibido.
  18. XVIII: A escondidas.
  19. XIX: Verdades a la cara (parte 1)
  20. XX: Verdades a la cara (parte 2)
  21. XXI: Desesperación.
  22. XXII: Vamos, despierta.
  23. XXIII: Feliz Cumpleaños.
  24. XXIV: Fin de una etapa.
  25. XXV: Ausencia
  26. XXVI: Especial. Encerrados.
  27. XXVII: Recuerdos.
  28. XXVIII: Y todo por...
  29. XXIX: Locura.
  30. XXX: Corazoncitos y una carta.
  31. XXXI: Maldición.
  32. XXXII: Especial. Mariposas.
  33. XXXIII: Juntos.
Silencio. Paz. Tranquilidad. 
Lentamente, Teddy Lupin sentía como iba recobrando su conciencia. 
No sabía dónde estaba. Simplemente notaba que se encontraba en un lugar suave y blando. Y tras no saber cuánto tiempo durmiendo acurrucado en las rocas, su espalda y todo su cuerpo en realidad se lo agradecía profundamente. Sentía sus músculos entumecidos y adoloridos, además de que notaba que no podía mover su pierna derecha. Tenía una fuerte palpitación en la cabeza, a la altura de sien. 
¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿Cómo estaban Thomas y Daylon?
Los últimos recuerdos que tenía en su cabeza era de explosiones, hechizos, gritos, polvo y... derrumbamiento. Todo había sido un caos.
Un gemido salió de los labios del chico cuando intentó recordar algo más, algo coherente. 
Desistió. Ahora mismo no podía, por lo que lo dejaría para mas tarde. Ahora lo mas importante era averiguar donde estaba. Y eso tenía fácil solución. 
De forma cuidadosa y poco a poco, Teddy abrió los ojos. 
Se topó con techos y paredes blancas como la cal. La habitación estaba casi vacía. Las cortinas celestes estaban corridas sobre la ventana que tenía a su derecha, aunque apenas entraba la luz pues quedaba poco para que amaneciera. Bajo ella, había un sofá de dos plazas. Justo enfrente de él había dos puertas. Una de ellas en la pared contigua. Advirtió que estaba en una camilla con unas sábanas blancas tapándole una pierna pues la otra la tenía levantada con yeso en ella. 
Su corazón empezó a latir con velocidad. Parecía...
Un hospital. 
Estaba en un hospital. 
Sin poder digerir muy bien lo que estaba ocurriendo, en ese momento, escuchó el sonido de voces al otro lado de la puerta. 
 -No debería de estar aquí- susurró la voz de una mujer que a Teddy le pareció ligeramente familiar. En su tono se podía apreciar el reproche junto con el nerviosismo- Sabe que todavía no es la hora de las visitas- soltó un suspiro- Mire, el joven está bien. Su recuperación avanza así que no tiene que preocuparse mucho. Pronto despertará.
Una parte de Teddy escuchaba como si estuvieran hablando de otra persona, pero cuando distinguió la figura de dos personas en el pequeño recuadro que tenía la puerta (que aunque no era trasparente, sí se podían distinguir las siluetas oscuras) sintió como se le paraba la respiración. 
¿Quiénes eran?
Su corazón dejó de latir por unos segundos cuando escuchó la voz de la respuesta. 
 -Enfermera Keller, por favor- suplicó- Necesito verlo.
Imposible...
El silencio proveniente de la mujer y su suspiro hizo que se le pusieran los pelos de puntas. Su corazón empezó a martillear fuertemente en el pecho, queriéndose salir de su prisión, mientras que un estremecimientos le recorría desde las puntas de los pies hasta cabeza. 
No, no, no, solamente estaba soñando. 
Después de todo este tiempo soñando con ella, añorándola, anhelándola, deseándola... ¿la tenía a tan solo unos pasos?
No. Solamente era su imaginación. Esto era otra de las locuras de su mente que se divertía jugando con su cordura. 
 -Recuerde, por favor, cuando estuve yo. ¡Veinte minutos es lo que pido yo! ¡Solamente eso! Deseo verlo, estar a su lado, sentirlo, saber que de nuevo solo somos él y yo. Y sabe que si vengo en el horario no podré con los otros por ahí rondando. 
Teddy tuvo el descaro de sonreír por la agonía y desesperación que llevaba esas palabras. Esta vez su mente se estaba luciendo y de verdad. ¿Cómo esperaba que él tuviera que quedarse quieto cuando la escuchaba hablar de esa manera? Deseaba con todas sus fuerzas tenerla a lado. Realmente y no una absurdo producto de su imaginación. 
Los segundos pasaron en los que ninguna de las dos mujeres hablaron (en su cabeza) y con ello el corazón de Teddy iba doliendo cada vez más. Pero... ¿cómo podía hacerlo sentir así una paranoia de su mente? Estaba perdiendo la cabeza. 
 -Está bien. Pero veinte minutos solo, ¿vale?- musitó finalmente Diane Keller. 
El chillido de entusiasmo entró por los oídos del chico que sintió como su estómago se retorcía en su interior. Justo como lo hacía...
¿Por qué le hacían eso? ¿No había tenido bastante?
Escuchó pasos que se alejaban y momentos después, como una puerta se descorría. 
No quería mirar, por lo que rápidamente cerró los ojos. Si al escucharla se había sentido de esa manera, ¿qué pasaría cuando sus ojos pudieran verla? Todo estaba en su mente. Por fin, después de todo el tiempo que estuvo encerrado temiendo, la locura se había apoderado de él. Todo había acabado. 
La presencia de su mente poco a poco se fue acercando hasta que se paró a su lado. Inconscientemente su respiración se paró. Imágenes aparecieron en la mente de Teddy. Ahora mismo podía imaginársela mirándolo fijamente, con sus hermosos ojos azules que destilaban ternura y amor. Su pelo rubio que rodeaba su bello rostro. Y sus labios... Oh, esos labios...
Rápidamente apartó esos pensamientos de su mente. ¡No! ¡¿Cómo podía estar pensando esas cosas?! ¡Todo estaba en su cabeza!
Todo era culpa de su jodida cabeza. 
Seguro que abriría sus ojos y ella no estaría. 
Un dolor agudo le atravesó al tener ese pensamiento. Esa no era su Victiore. No estaba a su lado. 
Pero, entonces, su imaginaria Victoire, habló:
 -Teddy... Oh, Teddy, cariño, estás aquí- decía con voz rota. Pequeños sollozos salían de su pecho que cada uno de ellos era como si le pegaran una patada en el estómago. No, su Victoire no podía llorar...- Te veo aquí, delante mía y no me lo creo todavía. No sabes lo que he sufrido todo este tiempo, Teddy. Sin saber si estarías bien, dónde estabas... Hubo un momento en el que pensé que todo había acabado, ¿sabías? Hubo un momento en el que pensé que ya no volvería a verte. Y ante eso me sentí horrible. Para mí no tenía sentido nada, Teddy. El saber que ya no estarías ahí, que no volvería a saborear tus besos, que no volvería a sentir la protección y calidez en tus brazos, que no escucharía tus consejos o tus palabras de ánimo cuando me sintiera mal, que no me sonreirías de esa forma que tu solo sabes hacer para que derrita... Tus guiños de ojos, tu risa, tus gruñidos, tus reproches... tus juegos...- conforme iba hablando en un susurro, Teddy sentía como la voz de la chica se iba rompiendo, quebrándose en mil pedazos. Quiso abrir los ojos, perderse en su mirada, atraerla a sus brazos y susurrarle al oído una y otra vez que no se preocupara, que todo estaría bien. Quiso volver a sentir el roce de sus labios que lo volvía loco. Pero no podía. No era real. Y esas palabras estallaban en su mente torturándolo. 
Quería chillar, que todo acabara. Que esa Victoire se desvaneciera pues no podía con tanto sufrimiento...
Cuando, de pronto, la sintió.
Al principio fue solamente una caricia en el dorso de su mano que descansaba en la camilla al lado de su cuerpo. Pero esa simple caricia causó estragos por todo su cuerpo. Un estremecimiento le recorrió entero, sacudiendo su organismo. Su corazón empezó a aumentar de velocidad, llegando a encontrarse a una rapidez alarmante. Entonces, sin darle tiempo a nada mas, el tacto se esfumó. Aun así las sensaciones perduraron llevando a Teddy a otro nivel. 
Imposible. 
¿Estaba llegando a tal extremo de locura que se imaginaba hasta la sensación de sus dedos? ¿Cuándo acabaría esto? 
Y fue en ese momento en el que supo que no lo estaba imaginando, pues su Victoire ahora le había cogido la mano, aferrándose a ella con fuerza mientras sus sollozos inundaban la habitación. 
Ese agarre era firme, seguro, cálido... y vivo. Absolutamente vivo. A tanto no llegaba su imaginación...
¿Verdad?

Querido Scorpius, 
¿Qué tal te están yendo las vacaciones de verano? ¿Recuerdas la última cart...
Frunciendo el ceño, Rose arrugo el trozo de papel donde estar escribiendo. Soltó un suspiro mientras se levantaba de la silla de su escritorio. Se acercó a la ventana y sus ojos se perdieron en las vistas unos segundos antes de que un aleteo frenético a su lado, la asustara de pronto. Sus ojos se desviaron y se encontraron con Kaus, la pequeña lechuza color perla que le regalaron sus padres en su primer año. 
Una pequeña sonrisa se instaló en sus labios pues sabía que el animal estaba deseando salir a dar una vuelta y siempre se alegraba cuando la veía escribir ya sea una carta u otra cosa. La pelirroja pasó una de sus manos por la cabeza de la lechuza como caricia para tranquilizarla cosa que fue consiguiendo. 
 -Shhhh, Kaus, tranquilo- le susurró- Lo siento mucho, chico, pero creo que hoy no llevarás ninguna carta a Malfoy Manor, a pesar de que sé que te gusta ir allí. 
La lechuza ululó disconforme y a la chica le pareció ver como la fulminaba con la mirada. 
No sabía de donde venía ese entusiasmo de ir a casa de su amigo, pero desde el primer momento fue así. 
El sonido de la puerta principal la alertó. No esperaban a nadie, además, en ese momento se encontraba ella sola en casa pues su madre había ido a comprar con el pequeño Hugo y su padre podía decirse que se pasaba la mayoría del día en el Ministerio después de lo acontecido. 
Sintió un pinchazo ahí donde tenía su corazón al recodar a Teddy, a la sensación de pérdida y agonía que había rodeado todo este tiempo a la familia, pero sobre todo y superándolo a su prima mayor. Jamás se olvidaría de la faz de Victoire cubierta de puro alivio y esperanza cuando ella y Dominique subieron esa mañana a despertarla después de leer el mensaje en la lechuza. 
Salió de sus pensamientos cuando el timbre volvió a sonar. Suspirando, Rose bajó las escaleras hasta llegar hasta la puerta. Sus padres le decían que no abrieran a los extraños y mucho menos cuando estaba sola, pero algo le decía que esta vez tenía que hacerlo. Una pequeña chispa que se había formado en su corazón. Lentamente extendió su brazo para tomar el pomo de la puerta. 
Se escuchó el timbre de nuevo y, ahora, acompañado de un suspiro proveniente del otro lado. 
El corazón de la pequeña Rose saltó. Sus ojos se abrieron e incapaz de creerlo, esta vez, abrió rápidamente la puerta principal. 
Al otro lado se encontró la espalda de un pequeño rubio, que había parado de caminar al escuchar el sonido de la puerta. Poco a poco el rubio se dio la vuelta y sus ojos grises se conectaron con los de la chica. 
 -¿Scorp?- preguntó la pelirroja en un susurro. 
No se lo creía. Scorpius Malfoy se encontraba en la puerta de su casa. 
Ambos niños se miraron por unos segundos en silencio hasta que el chico apartó la mirada, nervioso y avergonzado. 
 -Hola, Rose- musitó y se pasó una mano por su pelo pulcramente colocado. 
Algo llameó en su pecho e hizo que inconscientemente una sonrisa se instalara en el rostro de la chica. Ni un mes exacto había pasado desde que se despidieron en Hogwarts al terminar el curso, pero la chica había mucho de menos al rubio a pesar de las cartas que se enviaban todos los días. Y, aunque no lo dijera en voz alta, Rose deseó en su corazón volver a verlo aunque sea una vez en verano ya que no quería estar tres meses, aproximadamente, sin verlo. Pero al ver la mirada fulminante un poco discreta de su padre hacia el rubio mayor, tuvo que retener ese deseo para ella. ¿Qué cara pondría su padre cuando supiera que era amiga del hijo de los Malfoy? Porque a pesar de la charla que tuvo con Victoire al terminar primero... todavía no le había dicho que era con él con el que se escribía en los veranos con tanta frecuencia. 
"¿Ves esa familia de allí?" le dijo Ronald Weasley a su hija en su primer año cuando estaban en la estación esperando para subir al tren "Son la familia de los Malfoy. Cariño, aléjate de ellos. Ya sabes todas las cosas que te contamos del padre y el hijo en nuestra época. Son unos idiotas que solo te pueden llegar a traerte problemas así que no te juntes con ellos. Ah, y si puedes, déjale claro que los Weasley somos mejores"
Y ahora ella... Bueno, tenía al enemigo delante. En su casa. 
Un Malfoy en la casa de Ronald Weasley. 
Menos mal que papá no estaba en casa, cruzó el pensamiento por la mente de la niña con alivio. 
 -¿Qué... qué haces aquí?- preguntó intentando no fruncir el ceño ante la situación. 
Scorpius se removió nervioso y lanzó un fugaz vistazo al interior de la casa antes de pasar sus ojos en Rose.
 -Vine... Bueno, vine a saber cómo estabas- y Rose captó la vergüenza en sus palabras.
Rose se relajó y un sentimiento de agradecimiento se adueñó de ella. Scorpius no era de los que daban muestra de sentimentalismo y cada una de las pocas veces que lo había hecho (solo con ella) hacía que el corazón de la chica saltara emocionada. 
 -Me he enterado que... han encontrado a Lupin y los otros dos y como mi madre tenía que venir a comprar unas cosas, decidí acompañarla para verte y así saber de primera mano cómo te encontrabas- lo dijo tan rápido que a Rose le costó un poco entenderlo. Cuando lo hizo una pequeña sonrisa apareció en sus labios y al chico le pareció una de las más hermosas que había visto nunca. 
 -Oh- musitó la pelirroja encantada- Pero no te quedes ahí, pasa- lo invitó echándose a un lado para que él pudiera pasar. 
Scorpius no se movió. Sino que observó pensativo y reticente el hueco que había dejado ella mientras se mordía levemente el labio inferior sin saber qué hacer. 
Ella, entendiendo lo que pasaba, no pudo evitar ruborizarse suavemente. Iba a estar a solas en su casa con Scorp y además en cualquier momento podría aparecer su madre o su padre. No debería de haberlo hecho, es más, debería responderle rápidamente y pedirle que se marchara antes de tardar mucho tiempo. 
Pero Rose no quería que se marchara. 
Él era de las pocas personas con las que podía hablar con naturalidad y le gustaba su compañía. Ya había sufrido demasiado todo este tiempo, no quería hacerlo así. Y como sabía que se pondría triste cuando él se fuera...
Es por eso, que sin dejarlo protestar alargó su mano para coger una de las del rubio y tiró de ella. 
El sonido de la puerta principal de la casa de los Weasley ahogó la risa feliz de la hija mayor y el jadeo del joven Malfoy cuando se cerró a sus espaldas. 

En algún momento Teddy no pudo soportarlo más y abrió sus ojos. 
Y sintió una fuerte descarga en su pecho cuando se encontró con el hermoso rostro de su Victoire. 
No sabía cuánto tiempo había estado conteniéndose mientras sentía la calidez de la chica rodeando en su mano, luchando en su interior por seguir teniendo los ojos cerrados conteniéndose o abrirlos y dejarse llevar por la locura de su mente. O no era locura... ¿de verdad estaba allí? Cansado tanto física como mentalmente, decidió hacerle caso a su corazón y abrió los ojos. 
Al principio, los dos jóvenes se sumieron en un silencio mientras se miraban a los ojos después de no-sabían-cuanto-tiempo. Azul y negro que se unieron. Llamándose, hablándose, gritándose por si solos. Tan solo con mirarse podían saber lo que estaba pensando el otro en ese momento. 
Los segundos pasaron y entonces, Teddy sintió como los ojos de la chica iban aguándose mientras una tela de incredulidad los cubría. Las lágrimas se desbordaron y como cascadas, empezaron a caer por su mejilla. 
 -Teddy...-musitó en un hilillo de voz. 
El corazón del chico saltó.
-¿Esto es real?- se atrevió a preguntar él. 
Vio como la chica negaba levemente con la cabeza, como tomando conciencia de lo que estaba ocurriendo. Sin dejarle tiempo a hacer nada más, la chica rápidamente se agachó y, como deseaba desde hacía ya tiempo, lo sostuvo en sus brazos. 
Cuando la sintió junto a él, cuando notó su calidez, olió su esencia que tanto le gustaba, sintió su respiración en el hueco de su cuello pues tenía la cabeza escondida en él, Teddy sintió como su pecho se hinchaba y como el aire salía expulsado de sus pulmones con una exhalación. No se había dado cuenta que lo había estado conteniendo. 
El cuerpo de la chica temblaba contra el de él, incapaz de creerse todavía que estaba a su lado. Que ahora mismo estaba estrechándola fuertemente entre sus brazos. Un rápido recuerdo pasó por su mente, pero en ese entonces era ella la que estaba en la camilla. 
Cuanto había pasado de eso...
 -Victoire....-murmuró entonces él. Dejó una de sus manos en la espalda de ella y la otra la levantó para acariciar su pelo- Mi pequeña Victoire...
Ambos se quedaron en esa postura un tiempo, tranquilizando sus cuerpos que temblaban de todos los sentimientos que los embargaban, tranquilizando sus mentes que frenéticamente buscaban explicaciones a todas sus preguntas no formuladas, tranquilizando sus corazones que latían en sus pechos de la emoción, felicidad y esperanza. 
Pero sobre todo, tranquilizaban sus almas que, de nuevo, habían sido unidas por ese vínculo inquebrantable que los unía. Ahora, juntos, ya no se sentían como si una parte esencial de ellos hubiera desaparecido. 
 -Por fin llegas, idiota- susurró ella en algún momento. 
Teddy, sintiendo como sus labios se curvaban después de mucho tiempo, apretó sus brazos, queriéndola sentir aún mas cerca. 
 -No importa cuanto tarde o dónde esté, siempre, Victoire, siempre volveré a ti. 
Y algo indescriptible se instaló en el pecho de la chica cuando escuchó esas palabras. Esas mismas palabras se las dijo días antes de irse. 
Victoire unió sus labios con los del joven incapaz de aguantarse y Teddy le correspondió sintiéndose volar al notar su sabor mezclado con la salidez de las lágrimas. 
*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-
¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Mis pequeños vuelves a estar juntos! ¡Oh, yeah! ¡Party todo el mundo! No me lo puedo creer ni yo, querido Teddy... :< Después de todo lo que habéis pasado... por fin... *snif snif* ¡Pero ya no mas dolor, baby! ¡Ahora solo toca felicidad y diversión! *-* ¡Se acabó el tiempo de sufrir! Ahora queda, Teddy, que te recuperes bien pronto. :D Y, bueno, tampoco podemos olvidarnos de la pequeña Rose. Pobrecita, esta muy preocupada... pero llega nuestro pequeño caballero de brillante armadura para ayudarla ^^ 
Oye... ¿se nota demasiado que estoy feliz? XD Y eso que en menos de 6 horas me levanto... u.u
¿Qué os ha parecido? ¿Qué pesáis? ¿Os gusta? 
¡De nuevo, gracias a MelLupin12Cat Marauderemmasamifa y LeightonGranger! ¡Chicas, este capítulo va dedicado a ustedes! Por vuestros comentarios que sabéis que me encantan ^^
¡Besitos y abrazos virtuales!
Próx cap: Corazoncitos y una carta. 
*** Y bueeeeeeno, como estamos ya en la recta final, aquí os dejo otro pequeño adelanto: 
Decidió salir de la habitación para no interrumpir el ambiente por segunda vez y se volvió a dejar caer en la pared. Aunque, ahora, tenía una enorme sonrisa en su rostro. Después de todas las penalidades que habían pasado, por fin, ambas parejas eran felices, y ella no era nadie para decirles que no demostraran su amor después de tanto tiempo separados. Era verdad que a Kate y Daylon los conocía relativamente pocos, comparado con Teddy y Victoire, pero esta segura que después de todo, se habían vuelto todos muy buenos amigos. 



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