Historia al azar: El Portal del Olvido
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
El árbol del ahorcado. » Capítulo 35: Solo por esta noche
El árbol del ahorcado. (R15)
Por dominaatrix
Escrita el Lunes 9 de Diciembre de 2013, 15:53
Actualizada el Lunes 19 de Septiembre de 2016, 20:16
[ Más información ]

Capítulo 35: Solo por esta noche

Capítulos
  1. Capítulo 1: Plumas incendiadas.
  2. Capítulo 2: Llamas pasadas.
  3. Capítulo 3: Pesadillas.
  4. Capítulo 4: Despertar
  5. Capítulo 5: ¿Mentor?
  6. Capítulo 6: "No es suficiente, preciosa"
  7. Capítulo 7: Deudas
  8. Capítulo 8: Mentiras
  9. Capítulo 9: Silencio
  10. Capítulo 10: Falsa correspondencia
  11. Capítulo 11: "Quiero estar solo"
  12. Capítulo 12: Ojos miel
  13. Capítulo 13: Comadreja
  14. Capítulo 14: Aceptación
  15. Capítulo 15: Naranja
  16. Capítulo 16: Catnip
  17. Capítulo 17: Sobre la alfombra
  18. Capítulo 18: ¿Ya está?
  19. Capítulo 19: Protección
  20. Capítulo 20: Sorpresa
  21. Capítulo 21: Orgullo
  22. Capítulo 22: Un último invierno
  23. Capítulo 23: "Sigue viviendo"
  24. Capítulo 24: Lucha
  25. Capítulo 25: Búsqueda
  26. Capítulo 26: Muerta
  27. Capítulo 27: Muerto
  28. Capítulo 28: La vieja Katniss
  29. Capítulo 29: Reglas
  30. Capítulo 30: Rencor
  31. Capítulo 31: Palabras
  32. Capítulo 32: ¿Rivales?
  33. Capítulo 33: ¿Por qué mientes?
  34. Capítulo 34: Encierro
  35. Capítulo 35: Solo por esta noche
  36. Capítulo 36: Liberación
  37. Capítulo 37: Sinceridad
  38. Capítulo 38: Piano
  39. Capítulo 39: Dos años
  40. Capítulo 40: Engañada
  41. Capítulo 41: Cartas
  42. Capítulo 42: Quédate esta noche
  43. Capítulo 43: Sin recuerdos
  44. Capítulo 44: ¿No te acuerdas?
  45. Capítulo 45: Ya no
  46. Capítulo 46: Cuestión de prioridades
  47. Capitulo 47: Lienzo vacío
  48. Capítulo 48: Poco a poco
  49. Capítulo 49: Reflejo
  50. Capítulo 50: Esta noche...
  51. Capítulo 51: Una cama demasiado grande
  52. Capítulo 52: Inexperiencia
  53. Capítulo 53: Un paso adelante
  54. Capítulo 54: Bésame
  55. Capítulo 55: Control
  56. Capítulo 56: Mi amor por ti aquí perdurará
  57. Capítulo 57: Atracción
  58. Capítulo 58: Real
  59. Capítulo 59: Entre sus brazos
  60. Capítulo 60: Mi familia
  61. Capítulo 61: Disconformidad silenciada
  62. Capítulo 62: Mala señal
  63. Capítulo 63: Secuelas
  64. Capítulo 64: Malentendidos
  65. Capítulo 65: Lo siento
  66. Capítulo 66: ¿Cómo hemos empezado a bailar?
  67. Capítulo 67: Sí
  68. Capítulo 68: El árbol del ahorcado
  69. Capítulo 69: La noche
  70. Capítulo 70: Tiritando entre sus brazos
  71. Capítulo 71: Vas a llevarme por el camino de la amargura...
  72. Capítulo 72: Una tarde ardiente de verano
  73. Capítulo 73: Viaje
  74. Capítulo 74: Cicatrices
  75. Capítulo 75: Amanecer
  76. Capítulo 76: Náuseas
  77. Capítulo 77: Limón
  78. Capítulo 78: Vínculo
  79. Capítulo 79: Inmortal
  80. Capítulo 80: Nueva etapa
  81. Capítulo 81: Provocaciones
  82. Capítulo 82: La chica en llamas
  83. Capítulo 83: Caricias
  84. Capítulo 84: Gracias
  85. Capítulo 85: Sangre
  86. Capítulo 86: Ojalá
  87. Capítulo 87: Despierta
  88. Capítulo 88: Desaparición
  89. Capítulo 89: ¿Hablas mi idioma?
  90. Capítulo 90: El corazón nunca miente
  91. Capítulo 91: Lo demás es silencio
  92. Capítulo 92: Conflictos
  93. Capítulo 93: Lo único que importa
  94. Capítulo 94: La cereza de tus labios
  95. Capítulo 95: Mi mejor amigo
  96. Capítulo 96: Besos salados
  97. Capítulo 97: Solo se llega por ti
  98. Capítulo 98: Amar, sin más
  99. Capítulo 99: Gale
  100. Capítulo 100: El hogar
  101. Capítulo 101: Esperanza
  102. Capítulo 102: Regreso
  103. Capítulo 103: Distrito 12
  104. Capítulo 104: Trenzas
  105. Capítulo 105: Primrose
  106. Capítulo 106: Enfermedad
  107. Capítulo 107: No
  108. Capítulo 108: Ultimátum
  109. Capítulo 109: Vas a vivir
  110. Capítulo 110: Roturas
  111. Capítulo 111: Mátate
  112. Capítulo 112: Sigo apostando por ti
  113. Capítulo 113: ¿Juntos?
  114. Capítulo 114: Señor que estás en los cielos
  115. Capítulo 115: Mi regalo
  116. Capítulo 116: Vida
  117. Capítulo 117: Diente de león
  118. Capítulo 118: Un nuevo invierno
  119. Capítulo 119: Lazos
  120. Capítulo 120: ¿Me creerías?
  121. Capítulo 121: Sombras
  122. Capítulo 122: Ayúdame
  123. Capítulo 123: Refuerzos
  124. Capítulo 124: Recuerda quien es el verdadero enemigo
  125. Capítulo 125: Conocer es recordar
  126. Capítulo 126: Eternamente
  127. Capítulo 127: La antigua Katniss
  128. Capítulo 128: El frío
  129. Capítulo 129: ¿Cuál es el límite del afecto?
  130. Capítulo 130: Quien lo probó lo sabe
  131. Capítulo 131: Mi respuesta
  132. Capítulo 132: Un nuevo viaje
  133. Capítulo 133: Apóyame
  134. Capítulo 134: Ruinas de odio
  135. Capítulo 135: Déjalo entrar
  136. Capítulo 136: Finnick Odair
  137. Capítulo 137: Gracias, Rue
  138. Capítulo 138: Un último reencuentro
  139. Capítulo 139: Sangre de mi sangre
  140. Capítulo 140: La última pieza
  141. Capítulo 141: Mamá
  142. Capítulo 142: Inolvidable
  143. Capítulo 143: Cuatro años
  144. Capítulo 144: Mentora
  145. Capítulo 145: Effie
  146. Capítulo 146: El equipo
  147. Capítulo 147: Dame tu mano
  148. Capítulo 148: Seguir siendo yo
  149. Capítulo 149: Monstruos en la noche
  150. Capítulo 150: Voces del ayer
  151. Capítulo 151: El juicio
  152. Capítulo 152: Ven conmigo
  153. Capítulo 153: Necesito saber
  154. Capítulo 154: Futuro
  155. Capítulo 155: Estabas fría
  156. Capítulo 156: Hola
  157. Capítulo 157: Y regresarte
  158. Capítulo 158: El sol
  159. Capítulo 159: Mi pequeña
  160. Capítulo 160: La primera mentira
  161. Capítulo 161: El panadero
  162. Capítulo 162: Incondicional
  163. Capítulo 163: Mantente con vida
  164. Capítulo 164: Superviviente
  165. Capítulo 165: Al otro lado
  166. Capítulo 166: ¿Eso es un reproche?
  167. Capítulo 167: Flechas en el bosque
  168. Capítulo 168: Allí, bajo el sauce
  169. Capítulo 169: Nathaniel Everdeen
  170. Capítulo 170: Entre ataúdes y lágrimas
  171. Capítulo 171: Miserias
  172. Capítulo 172: Una pieza más de su juego
  173. Capítulo 173: Payaso
  174. Capítulo 174: Condenadamente libres
  175. Capítulo 175: Instantes
  176. Capítulo 176: Uno solo sobre el centro de la tierra
  177. Capítulo 177: Por un Panem libre
  178. Capítulo 178: Con la fuerza de mil soles espléndidos
  179. Capítulo 179: Castillos de arena
  180. Capítulo 180: Hija del hambre
  181. Capítulo 181: Máscaras
  182. Capítulo 182: Estrella dorada
  183. Capítulo 183: El porvenir de una verja
  184. Capítulo 184: Feliz cumpleaños

35

Tanto Peeta como yo nos quedamos estáticos, todavía intentando entender qué acaba de ocurrir, pero en lo único en lo que puedo pensar, casi obsesivamente, es que estoy encima de él. Nuestros cuerpos están tan pegados que puedo sentir la tela de su camiseta fusionándose con la mía; nuestras piernas se han entrelazado accidentalmente y mi cadera y la parte baja de su vientre parecen encajar a la perfección en esa posición tan embarazosa. Estoy tan, tan (no hay suficientes "tan") sonrojada, que creo que mis mejillas brillan en la oscuridad. Intento encontrar los ojos de Peeta para saber exactamente dónde está pero, en cuanto hago un movimiento, mi labio inferior se roza con su barbilla sin quererlo. Me aparto rápidamente como puedo (levantando un poco el rostro para no rozarlo), pero noto su cuerpo tan tenso que es como si estuviera durmiendo en el suelo.

-          Peeta…- susurro. El corazón me late tan rápido que temo que pueda escucharlo.- ¿Estás bien?- el golpe ha sido monumental.

-          Sí…- oigo cómo traga saliva. No sé cuán cerca se encuentran nuestros labios, pero me parece que lo suficiente para ser considerado peligroso.- Menudo golpe…- aún tiene vergüenza para bromear.

-          Creo que deberíamos movernos.- me siento tan incómoda…, nunca había estado tan cerca de él, de nadie para ser sinceros, y menos en un espacio tan estrecho.

-          Vale, pero…, una cosa…

-          ¿Qué?- me alerto.

-          ¿Podrías moverte un poco hacia arriba? Me estás clavando la cadera…- ubico donde está mi cadera y deseo que la tierra me trague. Entiendo que quiera que me mueva, estoy aplastando la zona más baja de su vientre. Pienso cortar a Haymitch en trocitos.- Sí, justo ahí.- susurra cuando me muevo un poco. Su voz suena tan tímida que me pone más nerviosa aún.

-          No te muevas.- le ordeno.

¿Por qué no tengo una pala con la que echarme tierra por encima y desaparecer? Muevo mi cuerpo hacia arriba, solo unos centímetros, y nuestros labios vuelven a rozarse. Esta vez están perfectamente posicionados, mi boca encima de la suya, y siento cómo sus labios tocan los míos sin llegar a besarnos, solo chocan inocentemente.

-          No te muevas.- repito, fingiendo que no ha ocurrido nada.- Voy a intentar incorporarme, aunque no sé cuánto espacio habrá.- él responde con un sonido que supongo que debo interpretar como un asentimiento. Noto que las manos empiezan a sudarme cuando interpreto su silencio: no quiere que me aparte.

Reúno toda la concentración (nula) que poseo en estos momentos y apoyo las manos en el pastoso suelo (no quiero descubrir qué estamos pisando, no huele muy bien) para darme impulso y levantarme. Consigo levantar el tronco unos cuantos centímetros pero, al no tener demasiado hueco para maniobrar, las muñecas me fallan por tanto peso y caigo de forma seca sobre el cuerpo de Peeta otra vez. Él ahoga un jadeo molesto a causa del golpe, pero esa no es la peor parte…, ¿por qué siento que nuestros cuerpos podrían ser uno solo si quisiéramos?

-          Perdona, fallo mío.- me río de forma nerviosa.- Es que no hay mucho espacio.

Él no responde, está demasiado ocupado contando ovejitas para no pensar en la posición en la que estamos. Siempre he sido inocente, pero puedo ver sus dilatadas pupilas sin dificultad, es evidente que nuestra cercanía no le resulta repulsiva en absoluto.

-          Voy a volver a intentarlo.- le aviso.

Vuelvo a tomar impulso y, sorprendentemente, logro levantarme al fin. Doblo las rodillas e intento palpar un hueco en el que sentarme. Mientras lo hago, Peeta se incorpora con rapidez para dejarme espacio y no siento tanta claustrofobia. Sin embargo, aunque hemos solucionado el primer bache, ambos nos damos cuenta que no hay espacio suficiente y que tenemos que sentarnos uno al lado del otro, con nuestros hombros golpeándose, y estirarnos cuán largos somos.

La mezcla de sentimientos que estoy experimentando no ayuda mucho a mantener la calma, es como si me hubieran arrancado un trozo de piel de cuajo. Me asusta darme cuenta de lo mucho que necesito su cuerpo, sus abrazos…, ya no soy la niña que era antes. Dos años no han servido para enfriar algo que, conforme pasan las semanas, es más y más intenso.

-          ¿Estás cómoda?- es una pregunta un tanto estúpida, pero agradezco que haya hablado por fin.

-          Tengo que encontrar la posición…- me muevo un poco y, sin querer, apoyo la palma de mi mano sobre su pecho para encogerme sobre mí misma y ocupar menos espacio. Cuando lo hago, siento a través de las yemas de mis dedos los rápidos latidos, casi desorbitados, de Peeta.- Perdona.- me disculpo por tocarlo, sintiéndome algo estúpida tras hacerlo.

-          Tranquila, no me molesta.- su voz suena tan anhelante que un escalofrío me recorre la espina dorsal.- Me recuerda a cuando dormíamos juntos.- la situación es tan embarazosa que ambos nos sonrojamos al perdernos en la connotación de la frase.- Es decir, - carraspea.- cuando…

-          Sí, cuando tenía tantas pesadillas.- quiero aclararlo antes de que sea aún más vergonzoso.

-          Exacto.- vuelve a carraspear.- Eso quería decir.

Intento estar lo más alejada posible de él, pero es imposible. El cuello comienza a molestarme y termino acurrucada sobre su pecho sin quererlo, pero lo toco lo menos posible, ya que no quiero que piense que estoy haciéndolo adrede.

-          ¿En serio va a dejarnos encerrados toda la noche?- me pregunta.

-          Es Haymitch, nos dejaría un mes.- suspiro. Noto que quiere estrecharme entre sus brazos, pero se contiene.- Supongo que es su manera de decir que tenemos que firmar una tregua entre nosotros.

-          ¿Y tenía que encerrarnos en su despensa para eso?- se ríe, pero Haymitch está en lo cierto: solo una situación así podría obligarnos a hablar como personas civilizadas.

-          Tratado de paz durante una noche.

-          ¿Amigos entonces? Solo por esta noche.- advierto su mano extendiéndose para estrecharse con la mía.

-          Solo por esta noche.- sonrío levemente, estrechándosela.

-          Mañana por la mañana maquinamos cómo asesinarlo.- nos reímos.- Es curioso, no ha sido tan mala idea…, - espera antes de continuar.- porque no estamos chillándonos.

-          Es la tregua.- le hago reír.

-          Desearía que pudiera ser así siempre, pero me conformaré con una noche.- intento permanecer impasible ante la melancolía de su voz.

-          Una noche es suficiente.

-          ¿Sabes? Si el tiempo pudiera detenerse, lo detendría ahora. El olor no es muy bueno y acabaríamos con dolor de cuello, pero lo haría.- sus palabras son tal dulces que seguir impasible es prácticamente imposible.- Ni siquiera pediría volver al pasado, simplemente detendría este instante para siempre.

-          No es la primera vez que dices eso.- recuerdo.

-          ¿Aún te acuerdas?

-          Claro.

-          Sigo pensándolo.

-          Las cosas eran muy diferentes entonces.- estar sobre su pecho me tranquiliza, ya había olvidado la sensación.

-          Cierto.- susurra.

Permanecemos en silencio, intentando buscar las palabras adecuadas en la densa oscuridad que nos rodea, pero tener un reencuentro tan intenso después de dos años ha anulado nuestra capacidad conversacional.

-          Peeta…-sé que no está durmiendo.

-          Dime.

-          Haymitch nos ha emborrachado, lo sabes, ¿verdad?

-          Ligeramente.- se ríe.- Estaba en la comida.

-          Eso significa que todo lo que ocurra en este cubículo estará provocado por el alcohol…

-          ¿A dónde quieres llegar?

Y lo hago, pero sé que no sucede porque esté borracha. Lo abrazo con fuerza, escondiendo mi rostro en su pecho, y lo aprieto con fuerza contra mí. Lo he echado tanto de menos.

-          ¿Te quedas conmigo esta noche?- le pregunto como solía hacer en la gira de la victoria.

-          Sí…sí…- lo he pillado desprevenido, aunque no tarda mucho en moverse un poco para que yo esté lo más cómoda y me cubre con sus brazos para protegerme del frío y de la oscuridad. Sin previo aviso, me da un pequeño beso en la frente.

-          Solo por esta noche…- entrecierro los ojos. Solo quiero entregarme a su tacto sin pensar en nada más.

Solo por esta noche.- repite, abrazándome con tanto candor que creo derretirme allí mismo.



« Capítulo 34: Encierro Comenta este capítulo | Ir arriba Capítulo 36: Liberación »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.