Historia al azar: Lo que pasó... pasó
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El árbol del ahorcado. » Capítulo 170: Entre ataúdes y lágrimas
El árbol del ahorcado. (R15)
Por dominaatrix
Escrita el Lunes 9 de Diciembre de 2013, 15:53
Actualizada el Lunes 19 de Septiembre de 2016, 20:16
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Capítulo 170: Entre ataúdes y lágrimas

Capítulos
  1. Capítulo 1: Plumas incendiadas.
  2. Capítulo 2: Llamas pasadas.
  3. Capítulo 3: Pesadillas.
  4. Capítulo 4: Despertar
  5. Capítulo 5: ¿Mentor?
  6. Capítulo 6: "No es suficiente, preciosa"
  7. Capítulo 7: Deudas
  8. Capítulo 8: Mentiras
  9. Capítulo 9: Silencio
  10. Capítulo 10: Falsa correspondencia
  11. Capítulo 11: "Quiero estar solo"
  12. Capítulo 12: Ojos miel
  13. Capítulo 13: Comadreja
  14. Capítulo 14: Aceptación
  15. Capítulo 15: Naranja
  16. Capítulo 16: Catnip
  17. Capítulo 17: Sobre la alfombra
  18. Capítulo 18: ¿Ya está?
  19. Capítulo 19: Protección
  20. Capítulo 20: Sorpresa
  21. Capítulo 21: Orgullo
  22. Capítulo 22: Un último invierno
  23. Capítulo 23: "Sigue viviendo"
  24. Capítulo 24: Lucha
  25. Capítulo 25: Búsqueda
  26. Capítulo 26: Muerta
  27. Capítulo 27: Muerto
  28. Capítulo 28: La vieja Katniss
  29. Capítulo 29: Reglas
  30. Capítulo 30: Rencor
  31. Capítulo 31: Palabras
  32. Capítulo 32: ¿Rivales?
  33. Capítulo 33: ¿Por qué mientes?
  34. Capítulo 34: Encierro
  35. Capítulo 35: Solo por esta noche
  36. Capítulo 36: Liberación
  37. Capítulo 37: Sinceridad
  38. Capítulo 38: Piano
  39. Capítulo 39: Dos años
  40. Capítulo 40: Engañada
  41. Capítulo 41: Cartas
  42. Capítulo 42: Quédate esta noche
  43. Capítulo 43: Sin recuerdos
  44. Capítulo 44: ¿No te acuerdas?
  45. Capítulo 45: Ya no
  46. Capítulo 46: Cuestión de prioridades
  47. Capitulo 47: Lienzo vacío
  48. Capítulo 48: Poco a poco
  49. Capítulo 49: Reflejo
  50. Capítulo 50: Esta noche...
  51. Capítulo 51: Una cama demasiado grande
  52. Capítulo 52: Inexperiencia
  53. Capítulo 53: Un paso adelante
  54. Capítulo 54: Bésame
  55. Capítulo 55: Control
  56. Capítulo 56: Mi amor por ti aquí perdurará
  57. Capítulo 57: Atracción
  58. Capítulo 58: Real
  59. Capítulo 59: Entre sus brazos
  60. Capítulo 60: Mi familia
  61. Capítulo 61: Disconformidad silenciada
  62. Capítulo 62: Mala señal
  63. Capítulo 63: Secuelas
  64. Capítulo 64: Malentendidos
  65. Capítulo 65: Lo siento
  66. Capítulo 66: ¿Cómo hemos empezado a bailar?
  67. Capítulo 67: Sí
  68. Capítulo 68: El árbol del ahorcado
  69. Capítulo 69: La noche
  70. Capítulo 70: Tiritando entre sus brazos
  71. Capítulo 71: Vas a llevarme por el camino de la amargura...
  72. Capítulo 72: Una tarde ardiente de verano
  73. Capítulo 73: Viaje
  74. Capítulo 74: Cicatrices
  75. Capítulo 75: Amanecer
  76. Capítulo 76: Náuseas
  77. Capítulo 77: Limón
  78. Capítulo 78: Vínculo
  79. Capítulo 79: Inmortal
  80. Capítulo 80: Nueva etapa
  81. Capítulo 81: Provocaciones
  82. Capítulo 82: La chica en llamas
  83. Capítulo 83: Caricias
  84. Capítulo 84: Gracias
  85. Capítulo 85: Sangre
  86. Capítulo 86: Ojalá
  87. Capítulo 87: Despierta
  88. Capítulo 88: Desaparición
  89. Capítulo 89: ¿Hablas mi idioma?
  90. Capítulo 90: El corazón nunca miente
  91. Capítulo 91: Lo demás es silencio
  92. Capítulo 92: Conflictos
  93. Capítulo 93: Lo único que importa
  94. Capítulo 94: La cereza de tus labios
  95. Capítulo 95: Mi mejor amigo
  96. Capítulo 96: Besos salados
  97. Capítulo 97: Solo se llega por ti
  98. Capítulo 98: Amar, sin más
  99. Capítulo 99: Gale
  100. Capítulo 100: El hogar
  101. Capítulo 101: Esperanza
  102. Capítulo 102: Regreso
  103. Capítulo 103: Distrito 12
  104. Capítulo 104: Trenzas
  105. Capítulo 105: Primrose
  106. Capítulo 106: Enfermedad
  107. Capítulo 107: No
  108. Capítulo 108: Ultimátum
  109. Capítulo 109: Vas a vivir
  110. Capítulo 110: Roturas
  111. Capítulo 111: Mátate
  112. Capítulo 112: Sigo apostando por ti
  113. Capítulo 113: ¿Juntos?
  114. Capítulo 114: Señor que estás en los cielos
  115. Capítulo 115: Mi regalo
  116. Capítulo 116: Vida
  117. Capítulo 117: Diente de león
  118. Capítulo 118: Un nuevo invierno
  119. Capítulo 119: Lazos
  120. Capítulo 120: ¿Me creerías?
  121. Capítulo 121: Sombras
  122. Capítulo 122: Ayúdame
  123. Capítulo 123: Refuerzos
  124. Capítulo 124: Recuerda quien es el verdadero enemigo
  125. Capítulo 125: Conocer es recordar
  126. Capítulo 126: Eternamente
  127. Capítulo 127: La antigua Katniss
  128. Capítulo 128: El frío
  129. Capítulo 129: ¿Cuál es el límite del afecto?
  130. Capítulo 130: Quien lo probó lo sabe
  131. Capítulo 131: Mi respuesta
  132. Capítulo 132: Un nuevo viaje
  133. Capítulo 133: Apóyame
  134. Capítulo 134: Ruinas de odio
  135. Capítulo 135: Déjalo entrar
  136. Capítulo 136: Finnick Odair
  137. Capítulo 137: Gracias, Rue
  138. Capítulo 138: Un último reencuentro
  139. Capítulo 139: Sangre de mi sangre
  140. Capítulo 140: La última pieza
  141. Capítulo 141: Mamá
  142. Capítulo 142: Inolvidable
  143. Capítulo 143: Cuatro años
  144. Capítulo 144: Mentora
  145. Capítulo 145: Effie
  146. Capítulo 146: El equipo
  147. Capítulo 147: Dame tu mano
  148. Capítulo 148: Seguir siendo yo
  149. Capítulo 149: Monstruos en la noche
  150. Capítulo 150: Voces del ayer
  151. Capítulo 151: El juicio
  152. Capítulo 152: Ven conmigo
  153. Capítulo 153: Necesito saber
  154. Capítulo 154: Futuro
  155. Capítulo 155: Estabas fría
  156. Capítulo 156: Hola
  157. Capítulo 157: Y regresarte
  158. Capítulo 158: El sol
  159. Capítulo 159: Mi pequeña
  160. Capítulo 160: La primera mentira
  161. Capítulo 161: El panadero
  162. Capítulo 162: Incondicional
  163. Capítulo 163: Mantente con vida
  164. Capítulo 164: Superviviente
  165. Capítulo 165: Al otro lado
  166. Capítulo 166: ¿Eso es un reproche?
  167. Capítulo 167: Flechas en el bosque
  168. Capítulo 168: Allí, bajo el sauce
  169. Capítulo 169: Nathaniel Everdeen
  170. Capítulo 170: Entre ataúdes y lágrimas
  171. Capítulo 171: Miserias
  172. Capítulo 172: Una pieza más de su juego
  173. Capítulo 173: Payaso
  174. Capítulo 174: Condenadamente libres
  175. Capítulo 175: Instantes
  176. Capítulo 176: Uno solo sobre el centro de la tierra
  177. Capítulo 177: Por un Panem libre
  178. Capítulo 178: Con la fuerza de mil soles espléndidos
  179. Capítulo 179: Castillos de arena
  180. Capítulo 180: Hija del hambre
  181. Capítulo 181: Máscaras
  182. Capítulo 182: Estrella dorada
  183. Capítulo 183: El porvenir de una verja
  184. Capítulo 184: Feliz cumpleaños
170
Totalmente agotados, nos dejamos caer sobre la alfombra del salón, llenos de polvo y sudor.

- Os prepararé un chocolate caliente, debéis de estar agotados. - se ofrece mi madre, que regresó de la Veta con los muebles encargados y la sorpresa de encontrarse el salón totalmente limpio y pintado, así como la cocina. 
- Muchas gracias. - le agradece Peeta.- Menudo equipo formamos. - me choca los cinco, dolorido.
- Mañana voy a tener agujetas.- me río.
- Demasiada actividad hoy. - bromea con rintintín. Le golpeo el hombro entre risas cuando capto el doble sentido de su frase. - Soy un esclavo del bricolaje.
- Somos unos esclavos.- puntualizo.
- ¿A quién le gusta recibir latigazos? 

Me incorporo con brusquedad cuando distingo la voz de Haymitch. Como salido de la nada, aparece en el marco de la puerta del comedor, sujetando a Dandelion entre sus brazos. Su habitual sonrisa socarrona me encanta y me saca de quicio a partes iguales. 

- ¡Haymitch! - se sorprende Peeta. - No te habíamos oído entrar...

Voy a renegar cuando la voz de Effie, que aparece tras él, me interrumpe. Me sorprende ver que no lleva pañuelo y una tímida cabellera rubia oscura se asoma. Sigue sin tener cejas, pero el color de sus mejillas ya luce saludable. Me alegra ver que lleva un vestido de tono burdeos y se ha deshecho de esos harapos grisáceos. Poco a poco, parece estar retomando la alegría.

- ¡Estáis llenos de pintura! - exclama.
- Hemos estado pintando la casa de enfrente, la madre de Katniss va a mudarse allí.

Mirando a Haymitch de reojo, aunque estoy aguantándome la risa, corro hacia Dandelion y la estrecho entre mis brazos. No la he visto en todo el día y me faltan manos y labios para besarla y abrazarla. Ella me recibe sin rencor, sonriendo con esos pequeños dientecitos que cada vez se parecen más a los de su padre.

- ¿El tío Haymitch te ha dado mucho chocolate?

Como si supiera que es culpable, Dandelion se ríe de buena gana y se esconde entre mi cabello. 

- ¿Queréis quedaros a comer algo? - les invita Peeta, dejándose abrazar por Effie.
- No te preocupes, cariño, solo veníamos a traeros a la pequeñaja y a veros. Mañana tenemos que madrugar, nos marchamos de visita al distrito 3.
- De visita.- puntualiza Haymitch cuando se encuentra con mi mirada paranoica.
- ¿Al distrito 3? - pregunta Peeta.
- Sí, tenemos que ocuparnos de unos asuntos allí, nada importante. Sé que nos echaréis de menos, pero os daremos un teléfono de contacto.
- No dramatices, Haymitch. - le corto. - ¿Le has dado mucho chocolate a la niña? - le regaño, mostrándole cariño a nuestra manera.
- ¿La regaliz y el algodón de azúcar cuentan? - ironiza.

Entre risas, nos despedimos y les deseamos un buen viaje. Siento a Dandelion sobre mis piernas mientras nos tomamos un chocolate caliente junto a mi madre y recordamos viejos tiempos. Descubro a la pequeñaja deshojando una de las hojas medicinales que mi madre suele dejar sobre la mesa de la cocina para ahuyentar los malos olores. Cada día está más grande y traviesa. Sé que cuando se haga mayor sentirá vergüenza de mí y mis abrazos, así que aprovecho el tiempo que me queda y la apretujo hasta que intenta apartarme. 

- Voy a darme un baño con Dandelion, estoy molida.
- ¿Y mi beso? 
Finjo que sus carantoñas me resultan cansinas y me acerco a Peeta de fingida mala gana.
- A ti no, era a Dandelion. - se ríe.
Con cara de boba, recibo la estocada gratuita al son de las risas de Peeta y mi madre. 
- No te pongas celosa. - se burla tras dárselo.
- ¿Yo? ¿Celosa? ¿De ti?

Provoco más risas, así que me voy antes de que adviertan el tono rosado de mis mejillas. Mientras subo las escaleras, enmudo en una risita leve: maldito panadero. ¿Celosa de qué? Ya le daré lo que se merece cuando menos se lo espere. Hasta incluso le clavo una flecha como pretendí en el bosque. Katniss, mejor no pienses en el bosque.

- ¿Quién se va a bañar? - le hablo a Dandelion después de dejarla sobre la taza del váter.

Nada más me dirijo a ella, no puede evitar reírse. Cada vez que la miro, como cada vez que beso a su padre, siento que el mundo es un lugar mejor. Ella es como un rincón blanco y puro que conquista toda la oscuridad que intenta tragárselo entre sus fauces. Ningún niño puede nacer huraño y cruel, ¿verdad? Es imposible. Es la infelicidad en la infancia la que predispone lo que ocurrirá después..., o quizá sean muchas cosas, quizá esté escrito que deben existir ciertas personas que, en el momento en que deban decidir entre el bien o el mal, entre empujar a un compañero porque es débil o tenderle una mano, deciden lo primero. Yo fui una niña feliz hasta la adolescencia, pero jamás intenté acercarme a nadie. En cambio, Prim tenía sonrisas para todos, como Peeta, y recibió las malas noticias siendo muy joven. ¿Qué hay de esos niños del los distritos 1 o 2, entrenados desde pequeños para matar?, ¿serían realmente crueles cuando nacieron? Yo no quiero que Dandelion se convierta en una de esas personas que elija hacer daño. Puede que, a la hora de la verdad, no esté en mi mano, pero quiero que se sienta querida y enseñarle que, como hizo su padre un día, bajo la lluvia, sea humilde y generosa.

- Cada día te pareces más a tu padre.- murmuro en voz alta mientras dejo que el agua caliente llene la bañera.

Me mira con esos ojitos curiosos y rebeldes, pero cándidos, como los de Peeta. A pesar de que existían unos juegos que ponían a niños en la encrucijada de matar o salvarse, convirtiéndolos en marionetas a punto de desvanecerse en el vacío entre la fina línea entre el bien y el mal, su padre hubiera preferido morir antes de matar a un inocente, antes de convertirse en algo que no fuera lo que él creyera como justo. Me es difícil pensar que Dandelion algún día podrá corromperse si se parece a su padre. No habrá tortura en el mundo capaz de conseguirlo.

Se ríe cuando tiene de frente mi cuerpo y el suyo desnudos. Ambas nos metemos en la bañera y su cara impresionada me hace sonreír. En pocos minutos, la bañera está llena de burbujas y las dos chapoteamos. Contenta, hace el ademán de decir algo, pero solo es capaz de balbucear y dar adorables grititos de alegría. 

- ¿Jugamos con el patito?
 
Esa frase me transporta unos diez años atrás. Es Prim la que chapotea frente a mí, con cinco años de edad, y le tiendo un patito amarillo de plástico que mi madre le había regalado días antes. Con una sonrisa, lo toma entre sus manitas sonrosadas, y juega con él como si fuera un barco a punto de hundirse. Me invita a unirme a ella y, aunque ya soy algo mayor para entretenerme con patitos, cedo. De pronto somos piratas y viajamos sobre nuestro navío de plástico a países lejanos que no conocemos. Veo sus pupilas soñadoras, esas que no saben que el baño no puede durar mucho porque no podemos malgastar agua caliente tontamente. Pero nadie de la casa quiere que lo sepa y arrebatarle ese inocente momento.  De vez en cuando mira las casi inexistentes protuberancias de mis senos, con curiosidad, y las compara con las suyas, totalmente planas. Nuestras manos se rozan bajo el agua y el tacto de su piel es tan real como el de Peeta bajo las sábanas. De mala gana, recibe las yemas de mis dedos frotándole el cabello dorado con rapidez. Prim comienza oler a Prim, no a un recuerdo plagado de cenizas. Tengo que doblar las piernas para que ambas quepamos en la vieja bañera, pero agradezco que ella no se queje y se pregunte por qué es tan pequeña y fría. Quiere seguir jugando, pero nos queda poco tiempo y la ayudo a echar la cabeza hacia atrás para aclararle el jabón. "Katniss, ¡quiero seguir jugando!", me pide. Sé que me lo está pidiendo, aunque no pueda escucharla hablar, solo mover los labios, porque es un fantasma del pasado y soy incapaz de acordarme de cómo era su voz. Ya no me acuerdo de cómo era su voz. No me acuerdo.

Estrecho a Prim entre mis brazos cuando comienza a tiritar. Entreabro los ojos con lentitud y es el cuerpo de Dandelion el que me da la bienvenida. He vuelto a la realidad en la que Prim ya no está y soy incapaz de acordarme de cómo era su voz.

- ¿Tienes frío? - fuerzo una sonrisa y le beso la frente a Dandelion.

La forma en la que me mira desde abajo, con profundidad, me estremece. Es como si supiera que su madre está triste. Busca mi abrazo bajo el agua y, orgullosa, me enseña sus manitas arrugadas.

- Ma...ma...mamá.

Ahora soy yo la que tirita cuando escucho las primeras palabras de Dandelion y su voz retumba entre ataúdes y lágrimas.


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