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Amatista [El amor más alla de los tiempos] » Capítulo 2.-
Amatista [El amor más alla de los tiempos] (R13)
Por Luna Alice Weasley
Escrita el Viernes 7 de Junio de 2013, 18:42
Actualizada el Martes 6 de Agosto de 2013, 17:24
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Capítulo 2.-

10 de Octubre de 1994.

De vuelta de Durham, donde he visitado a la hija menor de lord Montrose, Grace Shepherds, que de forma inesperada dio a luz anteayer a su hija, Gwendolyn Sophie Elizabeth Shepherd.

2,460 g, 52 cm.

La madre y la niña se encuentran bien. Nuestras más sinceras felicitaciones al gran maestre, por el nacimiento de su quinto nieto. 

Informe: Thomas George, Circulo Interior.


Capítulo 2.- 

 Doble el papel resquebrajado y lo guarde en la media azul oscura del uniforme de Saint Lennox, la darme cuenta de que no contaba con ningún bolsillo. Empiezo a sentir como mi estómago se revuelve, entonces tomo mi libro y me aferro a él lo más rápido posible, antes de ver como el viejo sótano desaparece antes mis ojos.

 Una vez de nuevo en el año corriente, el cronógrafo ya no se encuentra en manos de Falk de Villiers, si no que ahora, quien esperaba  era un muchacho de uno o dos años más que yo, con los brazos cruzados sobre la mesa y su cabeza entre ellos, volviendo anónimo su rostro, y lo único que pude distinguir fue su mata de negro cabello desordenado.

 Suelto una pequeña risita al verlo, me acerco lentamente y zarandeo suavemente el hombro de chico. Este despierta de repente, y  aun medio adormilado, bosteza y se refriega los ojos como un nene pequeño. Aparentemente, no notaba que yo estaba parado frente a él. Cuando sus brillantes ojos azul marino se encuentran con los míos, él se sonroja levemente.

 -H-Hola, tú eres Stardust, ¿no?- pregunta, un poco avergonzado. Se levanta de la silla y sacude sus ropas. Extiende complacido un mano hacia mi cuando asiento con la cabeza- Yo soy Lucean Madwell, Falk me pidió que esperara a Amatista- explica, mostrándome una sonrisa con unos perfectos dientes blancos. -Solo, espera un minuto…- pide, y luego se acerca al cronógrafo, y con una rapidez casi inhumana, cierra todos los cajoncillos, lo desactiva, lo envuelve en el paño de seda y luego lo guarda.

 Me hace un ademán para que lo siga y luego de que cierra con llave la puerta y la guarda en uno de sus bolsillos, caminamos sumidos en un incómodo silencio a través del pasillo.

 -¿Tú… eres un viajero del tiempo?- preguntó, tontamente, obviamente no lo era, debía ser algún encargado o ayudante. Si fuera un viajero, lo habría visto antes.

 -No lo soy…- responde secamente- Me contrataron para ayudar a Gideon de Villiers y a Charlotte Montrose con su misión y sus viajes en el tiempo…- explica.

Miraba por la ventana, ida, aburrida. En lo único que pensaba mi cerebro era sobre la verdadera portadora del gen Rubí. Después de haber encontrado esa nota, estaba convencida de que sabía la razón de porque Charlotte no saltaba en el tiempo, sin embargo, cuando me despedí de Lucean, entre en la biblioteca del Temple y todos los archivos señalan que los cálculos de Newton y de los demás científicos no podrían haberse equivocado. Tampoco ayudaba en mi investigación el hecho de no saber la fecha de nacimiento de Gwendolyn. Me sentía impotente y estresaba al no lograr que mis hipótesis se conecten entre ellas para brindar una verdad.

 Despego la vista de la ventana; Whitman no ha llegado aún, y los alumnos de a poco van entrando, entre ellos, Gwendolyn y su amiga, Leslie, junto con Cynthia Dale y otro chico más, el cual tenía una cara de querer matar a alguien que no se comparaba con la roja de la muchacha mencionada antes, Detrás, venía Whitman.

Me enderezo sobre la silla y oigo desde mi silla que Gwendolyn habla con Whitman sobre Charlotte, acto seguido, nuestro profesor escribe 'Los Sonetos' con letras grandes en la pizarra, para luego preguntar cuántos sonetos había escrito Shakespare.

Veo a Gwendolyn salir corriendo, detrás de ella, Leslie.  Ninguna de las dos regresa, sin embargo, otra persona entra: en el umbral de la puerta están Thomas George, un hombre gordito de mediana edad, jadeante, con una calva perlada por el sudor,  y Lucean, le hacen una seña a Whitman y este me indica con la cabeza que vaya con ellos, y continúa dando su clase.

 -¿Qué sucedió?- pregunto- ¿Por qué me llaman?-

-¡Charlotte va a dar su salto de iniciación!- exclama con emoción, atropelladamente, Lucean, nos toma a MIster George y a mí del antebrazo y nos arrastra rápidamente, y a trompicones, hasta la salida, donde nos subimos a la limosina. Se lo notaba emocionado, tenía una ancha sonrisa en su rostro, cada tanto se acomodaba su cabello, pero solo lograba despeinar este aún más, sus ojos azules tenían un brillo especial. No dejaba de golpear el suelo con su pie. Parecía un niño pequeño, que esta emocionado porque es la primera vez que lo llevan a un parque de diversiones. Desde ese punto de vista, uno deduciría que es muchacho tierno.

 Lo sé, deduciendo la personalidad de un compañero de trabajo, pues, soy un poco analítica, pero ese es uno de los 'talentos de un viajero en el tiempo', poder analizar a una persona o a un lugar, para ver si podrían fiarse de aquello.

 Una vez en el Temple, salí de la limosina y tuve que sujetar del brazo a Lucean, que salió tan rápidamente, que tropezó, y por poco, se da de bruces contra el suelo.

 -Gracias…- susurra, avergonzado, soltando una risita nerviosa, sus mejillas, que ya habían tomado un color normal, vuelven a teñirse de rosa.

 Entramos  al Temple junto con Mister George, y este nos condujo a través de una escalera y un largo corredor que formaba varios recodos de cuarenta y cinco grados, interrumpido de vez en cuando por unos pocos escalones que subían o bajaban. La vista desde las pocas ventanas que encontrábamos a nuestro paso era siempre distinta: variaba de un gran jardín a un edificio o a un patio interior. Así recorrimos un trayecto interminablemente largo, en el que se alternaban el parquet y los suelos de mosaico, que pasaba junto a un montón de puertas cerradas, sillas colocadas en filas inacabables junto a las paredes, óleos enmarcados, armarios llenos de libros encuadernados en cuero y figuras de porcelana, estatuas y armaduras. Era como caminar por un museo.

 Posteriormente, la sala en la que entramos estaba forrada de arriba a abajo de madera oscura.

También los techos eran de madera oscura, y todo estaba cubierto casi por completo de tallas artísticas, realzadas, en parte, con colores. Los muebles eran igualmente oscuros y macizos. El conjunto debería haber tenido un aspecto sombrío y lúgubre, pero no era así gracias a la luz que entraba a través de las altas ventanas de enfrente y el jardín florido que había fuera. Detrás de un muro, al fondo del jardín, incluso el Támesis podía ser visto.

Millones de figuras, algunas mirando con espanto, otras dando, de lo contrario, más vida al lugar, decoraban el techo y partes de las paredes, sin embargo, la figura más imponente de todas era el dragón que parecía flotar sobre nosotros en el techo. Desde la punta de su cola en forma de cuña hasta la gran cabeza cubierta de escamas, debía de medir al menos siete metros.

 Charlotte se encontraba echada  en un sillón, parecía abatida, sin embargo, sonreía como Mona Lisa para complacer a todos. De repente, cuando entramos, ella suelta un gemido de dolor mientras se toma la cabeza con ambas manos, y atropelladamente, Lucean se acerca a ella a trompicones.

 -Charlotte, ¿te encuentras mejor?- pregunta, con preocupación, Lucean, arrodillado a su lado.

 -Para nada, Luke… el vértigo lo tengo, pero aún no hago el salto…- explica, con un tono de cansancio tan falso como sus 'naturales labios carmesí' (según Glenda Montrose)

 -¿Quieres que te traiga algo…?- pregunta- Un vaso de agua, caramelos…- propone el ojiazul, sin embargo alguien se interpone entre el pelinegro y la pelirroja: Gideon de Villiers.

 -Yo me encargo de eso…- dice, con un tono arrogante y una sonrisa egocéntrica dibujada en su rostro, veo que las mejillas de Lucean vuelven a ponerse ligeramente rosadas; tal vez por la vergüenza. 

No era díficil darse cuenta la razón por la cual a Lucean le importaba tanto si Charlotte estaba bien o no: a Lucean le gustaba Charlotte.

 Por otra parte, tenía competencia... Gideon de Villiers es un viajero del tiempo de diecinueve años, alto, con un cuerpo de jugador de polo, con el cabello a media altura, color castaño oscuro, atado en un coletita, ojos verdes, y una sonrisa que la mayoría de las chicas describiría como 'seductora y simpática'. Pero detrás de esa cara bonita, es un ser arrogante, irónico y mentiroso, y yo más que nadie lo sabía.

 Lucean levantaba la cabeza (Lucean es de baja altura, y unos centímetros más alto que Stardust) hacia el rostro de Gideon con enojo, pero este lo ignoraba olímpicamente.

 Mister George vuelve a entrar a la sala, esta vez, venía acompañada de una enojada Glenda, de una estresada mujer de cabello pelirrojo y de una confundida… Gwendolyn.



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