Historia al azar: El lado oculto del Sol
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Amor... » Un mensaje de voz
Amor... (R15)
Por danyella
Escrita el Viernes 5 de Abril de 2013, 03:55
Actualizada el Viernes 5 de Abril de 2013, 06:31
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Un mensaje de voz


Me gustaría decir que las cosas no fueron tan difíciles, que aprendí a convivir con el recuerdo de mi hermano, que me decidí a seguir adelante, porque era lo que él hubiera querido. 

Pero no es verdad.

La verdad es que me encerré en mi propio mundo de dolor y tardé mucho tiempo en salir de él. Mis padres trataban de hacer lo posible para animarme, pero ellos también tenían el corazón roto y cada rincón de esa casa estaba lleno de recuerdos.

Pensaron en comprar otra casa, pero yo no quise saber nada. Era cierto que la casa estaba llena de recuerdos, pero yo amaba esos recuerdos. Cada uno de ellos. 



- Te quiero, enana.



Su voz me seguía todas partes y me reprochaba a toda hora. Su voz me convencía de comer, de salir un poco de la cama, pero al final, siempre me rendía una vez más al dolor. La tristeza es adictiva y se transforma en círculo vicioso.
Laura trataba de acercarse, de hablarme, de escribirme, pero yo no quería ver a nadie. Quería quedarme allí, sola, hasta que mi hermano me fuera a buscar y me dijera que había sido todo un error.



- Sos mi hermana favorita, lo sabes ¿no?



Mi cara seguía pálida y unas horribles ojeras se habían instalado en mi cuarto. Marcos se transformó en mi sombra. Me llevaba la comida, me peinaba, se sentaba a mi lado y me contaba cosas sin importancia, me pedía que volviera al colegio, pero yo simplemente no podía. No podía seguir con mi vida, porque hacerlo sería aceptar definitivamente que mi hermano no iba a volver y no estaba preparada para aceptarlo.

Hoy puedo decir que no fui justa con Marcos. En ese momento no podía ver más allá de mi dolor y lo llené de reproches, de gritos y de broncas que no merecía. En ese momento no ví que él también estaba sufriendo, pero estaba haciendo a un lado su dolor para ayudarme a salir del mío.

Fue un año duro, que debería haber estado marcado en el calendario con una gran mancha negra. Marcos consiguió un laburo cerca de mi casa y su rutina giraba en esos dos lugares. Me volví indomable y si sobreviví a ese año fue porque Marcos tiene una paciencia de acero. Lo mas difícil fueron los primeros 6 meses. 
Después empecé a salir un poco al jardín, a responder a algunas preguntas, a comer en la mesa con mis padres.

Marcos se hizo cargo de todo mientras mi hogar se caía a pedazos y él sostenía las paredes para que no muriéramos todos aplastados. No se movió de mi lado hasta lograr que volviera al colegio. 
Una tarde, mientras me contaba una anécdota del trabajo, esbocé una sonrisa y él me miró esperanzado, pero luego la borré al instante. Era la primera vez que sonreía en todo ese tiempo y me sentía culpable.

Mi amigo me hablaba de mi hermano, me decía cuando lo extrañaba, mientras mirábamos la tele sentados en el sillón. Poco a poco, fuimos recuperándonos, aunque bastaba ver una foto, decir su nombre o recordar algún momento determinado para que el dolor volviera, con más intensidad. 

Cuando volví al colegio, Marcos pudo volver un poco a su vida, a sus cosas, a sus planes. Nuestra amistad seguía siendo de fierro, pero había cambiado completamente. Ya no había risas y él apenas podía conseguir que hablara más de dos oraciones seguidas. 

El año se cumplió casi sin que nos diéramos cuenta. Fuimos todos al cementerios a llevarle flores y yo me negaba a aceptar que ahora mi hermano se reducía a una lápida fría de mármol.

Un par de meses después, llegué del colegio y dejé mi mochila tirada en el sillón. Odiaba llegar a casa cuando no había nadie y trataba de pasar allí el menor tiempo posible, hasta que llegaran mis padres.



- Hola enana, ¿qué tal estuvo el día?



Sin embargo, ese día estaba Marcos. Había preparado arroz con pollo y la mesa estaba preparada. Supe que algo pasaba y lo saludé casi sin entusiasmo, antes de sentarme, inquieta, a la mesa.
- ¿Mucho estudio?- preguntó, tratando de sonar animado.
- Mas o menos- respondí sin ganas, mientras probaba la comida.- ¿Pasa algo?- pregunté finalmente.
Él suspiró y dejó su tenedor, mirándome con seriedad.
- No, pero quería... bueno, quería contarte una cosa...
Lo miré con atención mientras tomaba un poco de jugo.
- Bueno, no se si te acordás pero, antes de... bueno... - se trabó, sin saber que decir, y tomó otro camino.- Hace poco más de un año... yo había pedido varias becas para seguir estudiando arquitectura en el extranjero.
- Si, lo recuerdo.- asentí.
- Bueno... hace un par de días recibí una oferta de una Universidad de Madrid.- dijo atropelladamente.- Me invitan a hacer todo un ciclo lectivo allá, como intercambio.- dijo con una leve sonrisa.
Yo también, sonreí, porque sabía lo mucho que lo había deseado, pero luego lo pensé mejor.
- ¡Para!- lo frené.- ¿Eso quiere decir que te vas a ir?
Su sonrisa se apagó.
- Si queres que me quede...
- No me hagas eso.- dije, algo enojada. Últimamente me saltaba la chispa con el menor roce.
- ¿Qué no haga que?- inquirió sin comprender.
- ¡Eso! No me hables como si fuera una pesada que va a pedirte que te quedes... no quiero ser una carga para vos... no me importa que te vayas...
- Nunca dije que fueras una carga para mi...- se defendió, tratando de suavizarme. - Sos mi amiga, Sofi.
- ¿A si? Si realmente fuera tu amiga, no me dejarías... no te irías en un momento así... Yo sé que es importante para vos pero...- empecé a frotarme las manos, nerviosa, sin saber como seguir.
- No te voy a dejar.- dijo rápidamente.- Solo quería comentártelo a ver que te parecía, pero si queres que me quede, me quedo... vos sos lo mas importante y...
- ¡Sos un idiota!- lo interrumpí.- ¡Si lo que querías era hacerme sentir culpable ya lo lograste! ¿Sabes qué? ¡Andate! ¡Andate y no vuelvas!- grité, perdiendo el control.- No te necesito ¡No necesito a nadie! 
Marcos arrojó la servilleta en la mesa y se levantó, furioso. Siempre había tenido un carácter particular y definitivamente, yo lo estaba sacando de quicio.
- ¡No puedo más!- dijo, rendido.- Te juro que no puedo más, Sofi. ¡Yo te adoro, pero ya no se que hacer para ayudarte! Nada es suficiente...
- ¡Claro que nada es suficiente! - grité, indignada.- No me fue mal en un examen ... ¡Mi hermano está muerto, Marcos! ¡Muerto! ¿entendes?
- Claro que lo entiendo... también era mi mejor amigo por si no te acordas.
- Si que me acuerdo.
- ¿Estas segura?- siguió, todavía enojado.- ¡Porque a veces parece que lo olvidaras!- agregó, indignado.- Yo también lo extraño, Sofía... Yo también lo necesito, a mi también me duele...- dijo con la voz bien alta, mientras mi rabia se iba desinflando.- No puedo dormir ... no puedo salir a ningún lado porque todo me recuerda a él... no puedo ver la tele, ni escuchar la radio. Lo único que me hace bien es estar con vos... Pero ¿sabes que? - finalizó, con lágrimas de dolor y bronca en el rostro.- ¡Voy a irme a España!- afirmó.- Porque definitivamente, yo no te hago bien a vos...
Vi como se alejaba y cerraba la la puerta con fuerza y subí a encerrarme a mi cuarto. 



- Nunca hagas enojar a Marcos, enana... Cuando se enoja, no hay quién lo haga entrar en razón.- sonrió.



La rabia me duró varios días. Mis padres estaban extrañados y finalmente mi mamá me preguntó que pasaba que Marcos no venía hace tanto tiempo. Tardé, pero terminé contándole la verdad. Ella trató de hacerme ver cómo mi amigo había estado ayudándonos todo ese tiempo. 

- Para él tampoco fue fácil, hija- me dijo con dulzura, abrazándome.- Tu padre, vos, yo... todos nos descargamos con él pero ¿y él? ¿Con quién habla? ¿Con quien se descarga? ¿Con quien llora?- me hizo ver.- Vos fuiste su prioridad todo este tiempo, Sofi.- agregó.- Ese viaje le va a hacer bien, lo va a ayudar a despejarse un poco... No dejes que se vaya sin que hayan arreglado las cosas ¿Si? - me pidió- Es tu mejor 
amigo...

Tardé todavía un par de días más en decidirme. Sabía que mi mamá tenía razón y la verdad es que nunca lo había pensado de esa manera. Cuando lo entendí, me sentí fatal. Me había comportado como una nena egoísta y caprichosa y lo había tratado tan mal...

Ese mismo viernes, cuando salí del colegio, fui a su casa.
Me atendió Elena, su mamá, con una sonrisa en el rostro y los ruleros en la cabeza.
- Hola, belleza, ¿Cómo estas? ¿Qué tal el colegio? ¿Muchos deberes?- me saludó con cariño.
- Si, todo bien, Ele...- le di un abrazo.- ¿Marcos está?
Sonrió.
- No, claro que no.- luego se apagó un poco.- ¿Marcos no te dijo nada?- agregó preocupada.- No, no puede ser... yo le dije...- siguió.- Él me dijo que iba a pasar por tu casa antes de ir al aeropuerto... Nunca se iría sin despedirse...
Sentí un dolor en el pecho.
- ¿Se fue a España? - pregunté alarmada. Ella asintió, preocupada. - ¿Cuándo?
- Anoche...

Me despedía de ella tratando de tranquilizarla y diciéndole que me había ido el día anterior y que probablemente no me había encontrado, pero que ya me llamaría por teléfono, pero cuando llegué a casa me sentí la peor amiga del mundo. Empecé a buscar mi teléfono en la habitación, que había dejado tirado por ahí un par de días atrás, cuando seguía enojada con él mundo. Lo encendí, lo puse a cargar, y casi al instante 
empezó a sonar varias veces seguidas. Tenía 8 llamadas perdidas de la noche anterior. Y un mensaje de voz.

Las manos me temblaban cuando apretaba el botón para escucharlo.

- Sofi...- su voz sonaba triste y eso me hizo sentir peor.- Lamento todas las cosas que te dije. Yo... no quería tratarte así. Te quiero, Sofi. Y quiero lo mejor para vos. Pero ya no puedo hacer nada más por vos, no si yo no estoy bien, por eso me voy. Espero que puedas entenderlo.- siguió.- Me mata que estes tan enojada, pero no quiero volver a enojarme así, yo no soy así... Estoy furioso, pero no con vos. Con la vida... con el destino, con el maldito idiota que hizo que tu hermano chocara...- dijo con bronca.- Creo que en este momento estamos los dos demasiado dolidos y solo podemos lastimarnos el uno al otro. Y yo no quiero eso. Por eso voy a irme a España y espero que puedas perdonarme. Es solo un año.- se justificó.- Siempre vas a ser mi mejor amiga y... y espero, de corazón, poder seguir siendo el tuyo.- me pidió.- Cuidate, Sofi...- dijo antes de colgar.

Me senté en mi habitación, escuchando el mensaje varias veces seguidas, y sintiendo que las lágrimas caían por mis mejillas.

Marcos se había ido pensando que seguía enojada. Sintiéndose mal, culpable. Y todo era mi culpa.
La persona que más me importaba en el mundo se había ido sin saber cuánto lo quería. 


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