Historia al azar: When October Dies...
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Enlazados » Rumores y verdades
Historia terminada Enlazados (ATP)
Por AJ Dark
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2012, 18:54
Actualizada el Viernes 28 de Diciembre de 2012, 18:59
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Rumores y verdades

Rumores y verdades

Caminaron por los desiertos pasillos, por desgracia, las clases ya habían terminado y andar juntos sin que nadie se quedara pasmado al ver la imagen que ambos componían era un imposible. Ver a Hermione Granger y a Draco Malfoy compartiendo el mismo espacio vital, prácticamente pegados, sin insultarse o amenazarse a golpe de varita no era algo que pudiera verse todos los días. Si ellos supieran, pensó Draco sin poder evitar una sonrisa maliciosa, lo que acababa de pasar en aquel aula dejada de la mano de Merlín en el tercer piso, tendrían las mandíbulas descolgadas y los ojos caídos de sus cuencas… más aún de lo que ya estaban.

Hermione iba pensando más o menos lo mismo, aunque ella no le veía el lado divertido a la situación, más bien estaba abochornada de su lujurioso comportamiento, no creía poder volver a mirar al rubio a la cara.

— ¡Hermione!

Harry y Ron corrían hacia ellos y se frenaron frente a la castaña, sorprendidos al ver que Malfoy se paraba a la misma vez que ella.

— ¿Qué haces ahí Malfoy? ¡Lárgate! — Dijo Ron agarrando su varita.

— Olvídame Weasley — contestó el Slytherin lacónico.

Harry tomó la mano de Hermione y tiró suavemente de ella

— Vamos, tenemos que hablar de algo importante.

La castaña sabía que su amigo llevaba todo el curso tratando de demostrar que Malfoy era un mortífago y seguramente quería contarle algo al respecto.

— Ahora no Harry — susurró.

El moreno la miró frunciendo el ceño y alzo las cejas sorprendido cuando ella dio un paso inconscientemente hacía Draco arrimándose a él.

— ¿Qué haces? — Soltó Ron boqueando incrédulo — Malfoy aléjate de ella. Hermione ven aquí. Nos vamos — su voz sonó imperiosa y tajante.

Draco soltó una carcajada y se apoyó en la pared cruzándose de brazos alegremente, aquel espectáculo no pensaba perdérselo por nada del mundo. Si conocía a Granger y, tras tantos años buscando formas de tocarle las narices, era mucho lo que sabía de su carácter, el pelirrojo acababa de cavar su propia tumba con aquella orden.

— ¿Cómo has dicho Ronald?

La suave y melosa voz de Hermione activó todas las alarmas de Harry que tomó a Ron del hombro y lo sacudió.

— Ahmm Ron, creo que deberíamos ir al Gran Comedor, Hermione vendrá en cuanto pueda ¿Verdad?

La chica asintió sin dejar de mirar fijamente a la comadreja y Draco le concedió diez puntos a Potter, definitivamente era el cerebro pensante de los dos, porque el pobretón o bien no pillaba las indirectas o bien le daba igual… o, como tercera opción y, sin lugar a dudas por la que él más se inclinaba, sencillamente era estúpido.

— ¿Qué? No Harry, nos vamos los tres, ahora.

— A mi no me das órdenes Ronald Bilius Weasley — Dijo la castaña sacando la varita

El pelirrojo abrió la boca y la cerró un par de veces, frustrado y convencido de que todo era culpa de aquel idiota engreído

— ¿Qué la has hecho? ¡Aléjate de ella!

Malfoy alzó una aristocrática ceja platinada y sonrió de lado disfrutando de aquel momento como hacía mucho que no disfrutaba. Sabía que no debía hacer aquello porque sería echar piedras sobre su propio tejado, pero no podía evitarlo porque Granger tenía que estar con él, no solo porque la poción le obligaba a ello no, si no porque su orgullo saldría tan mal parado como el de Draco si alguien supiera el motivo que les obligaba a permanecer juntos. Así que se incorporó y estirándose, con aquella clase que solo el regio abolengo puede llegar a dar, ofreció su mano a la castaña con un brillo diabólico en los ojos y media sonrisa que hizo suspirar a más de una de las alumnas que contemplaban la escena anonadadas.

— ¿Granger?

En su voz, pese a sus ojos maliciosos, no había ni rastro de ironía, era ronca y sensual y mandó una descarga abrumadora al cuerpo de Hermione que se estremeció sin poder evitarlo. Sus párpados se volvieron pesados y miró a Draco con las pupilas dilatadas y los ojos entrecerrados, con una expresión tan increíblemente sensual que él se quedó sin aire. Lentamente, como presa de un sueño inducido, la chica levantó su mano hasta tocar la de él y ambos enlazaron sus dedos sin dejar de mirarse.

Para Harry, Ron y el resto de la gente que había en aquel pasillo, el hecho de que la Gryffindor y el Slytherin se marcharan agarrados de la mano en un estado de absoluta catatonia fue lo suficientemente impresionante como para que, tras verles desaparecer por una esquina, siguieran durante un par de minutos en el más completo estado de congelación. Así estaban cuando Pansy Parkinson, Theodore Nott y Blaise Zabinni llegaron a aquel punto de camino al comedor, parpadearon asombrados al ver la escena y se preguntaron si es que acaso un nuevo basilisco habitaba en las alcantarillas de la escuela.

— Eso ha sido muy muy raro — susurró Ron cuando fue capaz de recuperar el uso de sus capacidades cognitivas

— Demasiado. — Aseveró Harry.

Blaise frunció el ceño a medida que iba recorriendo el pasillo y escuchando fragmentos de las conversaciones.

— Le dio la mano y ella se la tomó.

— Se fueron juntos

— Granger le miraba como ida

— Malfoy tenía cara de ir a saltar sobre ella.

—Besarse…

— Planto a Potter y Weasley..

Se frenó en seco cuando ató todos los cabos de las inconexas frases que le llegaban y se giró aferrando la corbata de un Hufflepuff que estaba junto al muro.

— ¿Qué ha sucedido exactamente?

Cuando la hora de la cena llegó aún podían escucharse las carcajadas de Blaise Zabinni haciendo eco por los pasillos del colegio.

….

— Por Salazar Granger, me vas a matar.

Draco salió del pequeño compartimento del baño de los prefectos arreglándose la túnica y jadeando. Con cuidado de no alejarse demasiado, fue a trompicones hasta uno de los lavabos y abrió el grifo mojándose con agua fría el rostro y las muñecas. Respiró profundamente y se agarró a la pila agachando la cabeza.

Cuando se fueron de aquel pasillo, la castaña le arrastró hasta el baño y prácticamente le violó. Se miró al espejo y puso los ojos en blanco. No se lo creía ni él. Se habían comportado los dos como gatos en celo, ella le había arañado, mordido y lamido como si no hubiera un mañana, qué podría no haberlo dicho sea de paso, y él no se había quedado atrás. Sentados y de pie, la había poseído dos veces y aún tenía ganas de más. Aquello era enfermizo.

A través del espejo la vio salir del cubículo, despeinada y sonrojada, con la blusa aún medio desabrochada y la falda levantada de un lado, dejando ver un buen pedazo de ese muslo perfecto que minutos antes estaba enredado a su cadera. Se mordía el labio nerviosa y respiraba aún con dificultad.

Draco se volvió a excitar.

Mierda.

— Malfoy…

— ¿Vuelvo a ser Malfoy? — No pudo evitar picarla un poco mientras se giraba para enfrentarla — Era mi nombre lo que gritabas hace un rato… Hermione. Me temo que hemos trascendido a eso de los apellidos.

Ella se sonrojó y la sonrisa ladeada de Draco se acentuó.

— No podemos seguir así, Mal… Draco.

— ¿Por qué no? — Se acercó a ella lentamente y jugó con los botones de su camisa cuando llegó a su lado — Yo empiezo a disfrutar… y mucho, de nuestra nueva situación.

Ella le miró como si se hubiera vuelto loco.

— No puedes decir que no te gusta, Granger — dijo buscando un nuevo sonrojo. Se acercó a ella inhalando el olor de ambos que aún flotaba a su alrededor y hundió la boca en su cuello, usando la lengua y los labios para juguetear con el lóbulo de su oreja — Era sobre mi dónde estabas hace unos minutos Hermione — dijo susurrando — sentí tu orgasmo explotar a mi alrededor, era mi espalda donde se hundían tus uñas mientras me pedías más.

Hermione quería morirse de vergüenza allí mismo, se sentía arder, desde su rostro que debía estar más colorado que el de Ron al punto de ebullición hasta la punta de sus orejas que le palpitaban con vida propia.

Por Merlín ese Slytherin no tenía pudor alguno. Sintió sus manos colarse bajo su camisa y se encendió como una yesca lista para ser prendida.

Un educado carraspeo cayó sobre ambos, de modo aún más efectivo que el mejor Petrificus Totalus.

Se quedaron tan quietos como si la Gorgona Medusa les hubiera mirado a los ojos sin piedad, ni siquiera parpadeaban, unidos en aquel abrazo delator.

— Que momento tan… revelador.

Draco giró la cabeza al reconocer la voz y enfrentó la risueña mirada de Zabinni que, de brazos cruzados les observaba a ambos con morboso interés.

— ¿Qué haces tú aquí? — Ni siquiera en la situación en la que se encontraba Malfoy dejaba aquel tono de frío desdén y superioridad tan característico de él.

— Definitivamente nada tan interesante como lo que andas haciendo tú, amigo mío.

—No eres prefecto, no puedes entrar aquí.

—Tengo mis… métodos — dijo con una pícara sonrisa subiendo y bajando las cejas.

Draco resopló.

— Patil no debió darte la contraseña.

— ¿Patil? — Hermione estaba tan sorprendida por la revelación que habló sin darse cuenta — ¿Padma Patil? — resopló ofendida porque hubiera osado a dar la contraseña a alguien ajeno a los prefectos autorizados a usar esos baños.

— Por suerte he sido yo Granger — Zabinni estaba disfrutando de lo lindo ¿Serian consciente de que pese a su presencia seguían abrazados en mitad del baño? — No quiero imaginar si llega a ser Weasley quien entrara aquí.

Draco sonrió, como si imaginarse la escena le causara un placer digno de saborear, en cambio la castaña empalideció, más que probablemente visualizando el momento.

— Tal vez deberíais buscar ahmm… ¿Un sitio algo más… privado?

La palidez dio paso a un furioso rubor.

— Decirte que esto no es lo que parece no tendría mucho sentido ahora ¿Verdad? — preguntó Draco divertido sin dejar de acariciar la espalda de la chica como si buscara tranquilizarla.

— Me temo que no — se frotó las manos disfrutando como un niño — No sé si deciros lo que está pasando ahí afuera o dejar que lo descubráis solos.

Ambos fruncieron el ceño al instante con idénticos gestos.

— ¿Qué está pasando? —Fue Hermione quién preguntó.

— Los rumores vuelan en Hogwarts más rápido que una snicht

Draco abrió los ojos tan grandes que, si no le conociera de toda la vida y supiera que no era posible, habría pensado que él y Lunática Lovegood eran parientes. Aquello era genial.

— ¿Qué rumores son esos Blaise?

— Ahh —Por Salazar aquel momento era para disfrutarlo una y otra vez en el pensadero. Y Malfoy aún aferraba a Granger sin siquiera darse cuenta. Sencillamente fantástico. — Sobre ti y Granger.

Bingo.

Los dos se separaron como si fueran dos imanes que de pronto hubieran cambiado la polaridad, repelidos ante la idea de que todo el colegio hablara sobre lo que estaba ocurriendo.

— Hay muchas historias, desde la que dice que has lanzado un Imperius a Granger y la tienes de exclava sexual entre otras cosas, a la que habla de cómo ella te ha echado amortentia en la bebida, ahh y mi preferida de todas es la que corre por ahí de que lleváis una relación secreta y estáis pensando en fugaros porque Granger está embarazada y tu padre la quiere asesinar.

Según iba hablando ambos iban empalideciendo y sus ojos se iban poniendo más y más redondos.

Y eso que aún no sabían lo mejor.

— Ahh Granger — dijo mirando a la chica con una enorme sonrisa — Uno de los gemelos Weasley te anda buscando, entró al Gran Comedor y tras decirle a su hermanito, la pequeña comadreja, que si estaba bien, le comentó algo sobre los efectos secundarios de una poción… Nadie se enteró demasiado bien, porque el pelirrojo no ha dejado de gritar desde entonces.

Draco y Hermione se miraron con iguales caras de horror.

Estaban jodidos.

…..

— Le voy a matar Harry.

Tras más de una hora tratando de calmar a Ron, finalmente Harry había conseguido sentarle en la sala común. Ginny y él estaban a su lado, intentando que reaccionara de algún modo y dejara aquel mantra que parecía tener ahora.

— Lo voy a matar.

— Tranquilo Ron — dijo por trigésimo novena vez el moreno — Estás sacando todo un poco de quicio.

— Le mataré, lo voy a hacer — miró a su amigo con ojos como platos — ¿Sacar las cosas de quicio Harry? Todo es culpa de mis hermanos ¿Por qué le han dado esa poción? ¡Somos familia! Y ahora ella es... es... — Empalideció abriendo la boca — es asqueroso solo pensarlo, sabe Merlín que cosas ha estado haciendo con esa rata Harry — dijo con la mirada ida.

Ginny se mordió el labio, más que consciente de que no era el momento de contar nada… qué demonios, se iría a la tumba con ello, no pensaba decir nada de aquella apuesta ni bajo mil cruciatus. Tal vez Ron se sentiría mejor si supiera que la poción debía haberla bebido él, no, definitivamente no. Al menos no por ella, sería Hermione quien decidiría que hacer. Aunque, pensó sonriendo internamente, si los rumores eran ciertos tal vez su amiga tenía mucha cosas que contarle.

— Ron no seas infantil. Hermione es mayorcita

— ¿Infantil? — El pelirrojo miró a Harry que no le devolvía el gesto. Lo cierto es que el moreno creía que Ginny tenía razón. Pasara lo que pasara con Malfoy y Hermione, ella no era un bebé y Ron se estaba comportando como uno. — Es mi amiga.

— Ronald — Ginny se levantó y apuntó a su hermano con un dedo — te quiero y solo por eso te digo esto. Los celos son muy malos... Has tenido seis años para hacer algo con Hermione y estos últimos meses te los has pasado pegado a la boca de Lavender. Mala suerte, asúmelo y aguántate. La amistad no te da derecho a más.

— ¡Es Malfoy! Me tengo que preocupar Ginny.

— Eso es cierto Ginny — alegó Harry apoyando ese punto en la defensa de su amigo.

— Tenéis razón, es Malfoy. Pero todo lo que sabéis es en base a rumores y rumores. ¡Esto es Hogwarts! ¡Mañana dirán que Hermione se ha unido a los mortífagos porque ama a Malfoy y así Lucius no querrá asesinarla! ¿También creeréis eso? Por Merlín chicos, sea como sea Hermione se ha ganado que la escuchéis.

Se fue de allí dejando a su hermano y a su novio sumidos en un silencio epifánico.

...

— No podemos salir.

— No podemos quedarnos aquí eternamente Draco.

— ¿Estás loca? No podemos salir juntos a esa... ¡A esa selva! Están diciendo que estamos liados ¡Por Salazar!

Ella se cruzó de brazos y le miró arqueando una ceja en un gesto que él estaba harto de ver en el espejo.

— ¿Y no lo estamos?

El rubio la miró como su hubiera perdido el juicio.

— ¡No! — resopló pasandose las manos por el pelo — Claro que no estamos juntos Granger. ¡Joder! Solo nos hemos acostado un par de veces. ¡nada más!

— Tres — Dijo ella más dolida de lo que jamás admitiría

— Lo que sea — Se anudó bien la corbata y siguió mascullando — Soy Draco Malfoy el príncipe de Slytherin y tú una sangre sucia. Tú eres una Gryffindor y yo una serpiente. ¿Quieres que siga? — Preguntó con una sonrisa cruel.

— Seguiré yo — Soltó la bruja con voz más fría que la de él — Tú eres un mortífago y yo pertenezco al ejército que os destruirá a todos — Habló como quien dice una obviedad. Sin vanagloriarse por ello, una simple verdad a bocajarro — en el campo de batalla tú y yo somos enemigos, tal y como hemos sido siempre. Me queda claro Malfoy.Escondamonos en la sala de los menesteres, seguro podremos convocar una habitación en la que pasar la noche y encontrar un modo de deshacer todo esto. Cuando consigamos separarnos desmentiremos todos los rumores.

La chica se dio la vuelta y se arregló la ropa y el cabello, mordiéndose los labios para no llorar. Era una estúpida ¿Por qué no había podido disfrutar de la relación física que Draco le había puesto en bandeja sin más? No, ella tenía que mezclar sentimientos y abrirse a él esperando... ¿Qué? Era imbécil.

Se aceró a la puerta por la que Zabinni había salido hacia apenas unos minutos y agarró el pomo.

— Vamos — susurró. Con suerte solo algunos prefectos estarían vigilando. Esperaba que ni Ron ni Parkinsos se encontraran con por allí.

Dejaron atrás el baño de los prefectos y caminaron por los corredores hasta el séptimo piso.

— Granger...

Ella le ignoró y él estiró su brazo sujetando su muñeca.

— Hermione...

Las palabras de ella y el dolor de su mirada seguían en su cabeza y se negaban a dejarle. ¿Por qué, en nombre de Morgana, decidía ahora su conciencia perdida emerger de las profundidades de su alma?

Ella se paró pero no se giró a mirarle. Mejor porque iba a hundirse en la inmundicia de la manera más impropia que había. Iba a ganarse un hueco quemado junto a Sirius Black en el árbol genealógico de los Black, iba a cometer el mayor error de su vida, o tal vez ya lo había cometido porque era la única razón posible para haberse vuelto gilipollas. No podía ser de otro modo, había perdido el juicio y esperaba que fuera un efecto secundario porque si no había resultado ser más patético de lo que su tía pensaba que era y lo peor es que iba felizmente a su condena, como un borrego, que patético.

- Lo siento — no creía haber pronunciado jamás esa frase. Se estremeció. Que desagradable sensación — Si... Si lo estamos. Juntos me refiero... Estamos juntos en esto y... — soltó el agarre de su mano y se mesó el pelo dejándoselo de punta mientras caminaba de lado a lado como un león enjaulado — tú y yo... ¡joder Granger! No solo ha sido tener sexo ¿Sabes? Yo no... Tú... Maldita sea. Estamos de mierda hasta el cuello Granger. Tienes razón, en un campo de batalla seríamos enemigos — Se acercó a ella y enlazó sus dedos con una mano, acariciando su cuello y su barbilla con la otra - Pero ya no — Con el pulgar perfiló su labio inferior y se estremeció cuando ella inconsciente de lo que hacía, sacó la lengua y lamió su yema — hay algo, entre tú y yo. Algo que no sé que es porque nunca he tenido antes yo...

— Sssssch — Hermione puso dos dedos sobre aquellos labios tentadores y le calló. Ahora era ella quien le calmaba a él. Draco la guiaba en sus deseos y ahora Hermione le guiaría en los sentimientos — está bien, yo sé que necesitas.

Sustituyó los dedos por sus labios y el rubio la abrazó contra su cuerpo con desesperación y devoró su boca consciente de que su hambre por ella no se saciaba si no que se incrementaba cada vez más.

Cuando la puerta apareció frente al tapiz entraron sin dejar de besarse y tocarse, dispuestos a pasar la noche allí, ajenos a todo y a todos, porque nada más que ellos importaban en aquel momento robado al tiempo que solo a ellos les pertenecía.

Ninguno de los dos vio a Padma Patil y a Ernie MacMillan mirar desde la esquina del pasillo, ambos con la boca abierta e iguales miradas de incredulidad.




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