Historia al azar: La última tarde
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Ariadna Dumbledore y la piedra Filosofal » Capitulo 8
Ariadna Dumbledore y la piedra Filosofal (ATP)
Por Lily weasly potter
Escrita el Lunes 10 de Septiembre de 2012, 21:58
Actualizada el Sábado 19 de Enero de 2013, 18:37
[ Más información ]

Capitulo 8

Capitulo 8

Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Las montañas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago parecía de acero congelado. Cada mañana, el parque aparecía cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba veían a Hagrid descongelando las esco­bas en el campo de quidditch, enfundado en un enorme abri­go de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor.

Iba a comenzar la temporada de quidditch. Aquel sába­do, Harry jugaría su primer partido, después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin. Si Gryffindor ga­naba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.

Casi nadie había visto jugar a Harry, porque Wood había decidido que sería su arma secreta. Harry también debía mantenerlo en secreto. Pero la noticia de que iba a jugar como buscador se había filtrado, y Harry no sabía qué era peor: que le dijeran que lo haría muy bien o que sería un desastre.

Ariadna mientras tanto estaba muy emocionada por la idea de ver a su amigo jugar. Además estaba alegre porque por fin le habían quitado las vendas, aun que tenia la cicatriz, ya podía utilizar el brazo con normalidad, estaba harta de escribir garabatos en los apuntes pues no era zurda ni ambidiestra y solo sabia utilizar el brazo izquierdo para lanzar hechizos con la varita, los gemelos se habían estado burlando de ello y esta les había echo una broma por eso (estuvieron hablando al revés todo el día no había forma de entenderles).

Era realmente una suerte que Harry tuviera a Hermio­ne como amiga. La niña le había pres­tado Quidditch a través de los tiempos, que resultó ser un li­bro muy interesante.

Harry se enteró de que había setecientas formas de co­meter una falta y de que todas se habían consignado durante los Mundiales de 1473; que los buscadores eran habitualmente los jugadores más pequeños y veloces, y que los acci­dentes más graves les sucedían a ellos; que, aunque la gente no moría jugando al quidditch, se sabía de árbitros que ha­bían desaparecido, para reaparecer meses después en el de­sierto del Sahara.

Hermione se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a quebrantar las reglas, desde que Harry, Ariadna y Ron la salvaron del monstruo, y era mucho más agradable. El día anterior al primer partido de Harry los cuatro estaban fuera, en el patio helado, durante un recreo, y la muchacha había he­cho aparecer un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada. Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio. De inme­diato, Harry y Ariadna se dieron cuenta de que Snape cojeaba. Los cuatro chi­cos se apiñaron para tapar el fuego, ya que no estaban segu­ros de que aquello estuviera permitido. Por desgracia, algo en sus rostros culpables, solo en los otros porque Ariadna acostumbrada a mentir estaba tan fresca sonriendo inocente alado de Zen y la otra niña, hizo detener a Snape. Se dio la vuel­ta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero pare­cía buscar una razón para regañarlos.

-"¿Qué tienes ahí, Potter?"

Era el libro sobre quidditch. Harry se lo enseñó.

-"Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio"-dijo Snape-"Dámelo. Cinco puntos menos para Gryffindor."

Ariadna fue a abrir la boca pero Hermione le dio un punta pie para que se callara y no le quitaran más punto, pues conocía a la niña muy bien.

-"Seguro que se ha inventado esa regla"-murmuró Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando-"Me pregunto qué le pasa en la pierna."

-"No sé, pero espero que le duela mucho"-dijo Ron con amargura.

-"Si no le duele puedo hacerme cargo de que le duela mucho para que lo recuerde"-dijo Ariadna hirviendo de rabia.

En la sala común de Gryffindor había mucho ruido aquella noche. Harry, Ariadna, Ron y Hermione estaban sentados juntos, cer­ca de la ventana. Hermione estaba repasando los deberes de Harry y Ron sobre Encantamientos, porque Ariadna nunca lo hacia. Nunca los dejaba copiar («¿cómo vais a aprender?»), pero si le pedían que revisara los trabajos les explicaba las respuestas correctas (tampoco dejaba que se copiaran de los de su otra amiga regañándola cundo le decía que si podían).

Harry se sentía inquieto. Quería recuperar su libro so­bre quidditch, para mantener la mente ocupada y no estar nervioso por el partido del día siguiente. ¿Por qué iba a temer a Snape? Se puso de pie y dijo a Ariadna, Ron y Hermione que le pre­guntaría a Snape si podía devolverle el libro.

-"Yo no lo haría"-dijeron al mismo tiempo, pero Harry pensaba que Snape no se iba a negar, si había otros profeso­res presentes.

Bajó a la sala de profesores y llamó. No hubo respuesta. Llamó otra vez. Nada.

¿Tal vez Snape había dejado el libro allí? Valía la pena intentarlo. Empujó un poco la puerta, miró antes de entrar... y sus ojos captaron una escena horrible.

Snape y Filch estaban allí, solos. Snape tenía la túnica levantada por encima de las rodillas. Una de sus piernas es­taba magullada y llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas.

-"Esa cosa maldita..."-decía Snape-"¿Cómo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo?"

Harry intentó cerrar la puerta sin hacer ruido, pero...

-"¡POTTER!"

El rostro de Snape estaba crispado de furia y dejó caer su túnica rápidamente, para ocultar la pierna herida. Harry tragó saliva.

-"Me preguntaba si me podía devolver mi libro"-dijo.

-"¡FUERA! ¡FUERA DE AQUÍ!"

Harry se fue, antes de que Snape pudiera quitarle pun­tos para Gryffindor. Subió corriendo la escalera.

-"¿Lo has conseguido?"-preguntó Ron, cuando se reu­nió con ellos-"¿Qué ha pasado?"

-"Ron que pregunta mas tonta seguro que ni siquiera ha visto el libro."-dijo Ariadna.

Entre susurros, Harry les contó lo que había visto.

-"¿Sabéis lo que quiere decir?"-terminó sin aliento-"¡Que trató de pasar por donde estaba el perro de tres cabe­zas, en Halloween! Allí se dirigía cuando lo vimos... ¡Iba a buscar lo que sea que tengan guardado allí! ¡Y apuesto mi escoba a que fue él quien dejó entrar al monstruo, para distraer la atención!"

Hermione tenía los ojos muy abiertos.

-"No, no puede ser"-dijo-"Sé que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore está cus­todiando."

-"De verdad, Hermione, tú crees que todos los profeso­res son santos o algo parecido"-dijo enfadado Ron-"Yo es­toy con Harry. Creo que Snape es capaz de cualquier cosa. Pero ¿qué busca? ¿Qué es lo que guarda el perro?"

Harry se fue a la cama con aquellas preguntas dando vueltas en su cabeza igual que Ariadna. Neville roncaba con fuerza, pero Harry no podía dormir. Trató de no pensar en nada (necesitaba dor­mir; debía hacerlo, tenía su primer partido de quidditch en pocas horas) pero la expresión de la cara de Snape cuando Harry vio su pierna era difícil de olvidar.

La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría. El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las sal­chichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.

-"Tienes que comer algo para el desayuno."-dijo Ariadna.

-"No quiero nada."

-"Aunque sea un pedazo de tostada"-suplicó Hermione.

-"No tengo hambre."

Harry se sentía muy mal. En cualquier momento echa­ría a andar hacia el terreno de juego.

-"Harry, necesitas fuerza"-dijo Seamus Finnigan-"Los únicos que el otro equipo marca son los buscadores."

-"Gracias, Seamus"-respondió Harry, observando cómo llenaba de salsa de tomate sus salchichas.

A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos. Los asientos podían elevarse pero, inclu­so así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo.

Ron, Hermione y Ariadna se reunieron con Seamus y Dean en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harry, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado. Decía: «Potter; presidente», y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color, mientras su otra amiga había echado un hechizo para que se moviera.

Mientras tanto, en los vestuarios, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch (Slytherin jugaba de verde).

Wood se aclaró la garganta para pedir silencio.

-"Bueno, chicos"-dijo.

-"Y chicas"-añadió la cazadora Angelina Johnson.

-"Y chicas"-dijo Wood-"Éste es..."

-"El grande"-dijo Fred Weasley

-"El que estábamos esperando"-dijo George.

-"Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver"-dijo Fred a Harry-"Estábamos en el equipo el año pasado."

-"Callaos los dos"-ordenó Wood-"Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar."

Les lanzó una mirada que parecía decir: «Si no...».

-"Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos."

Harry siguió a Fred y George fuera del vestuario y, espe­rando que las rodillas no le temblaran, pisó el terreno de jue­go entre vítores y aplausos.

La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.

-"Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos"-dijo cuando estuvieron reunidos a su alre­dedor.

Harry notó que parecía dirigirse especialmente al capi­tán de Slytherin, Marcus Flint, un muchacho de quinto año. Le pareció que tenía un cierto parentesco con el trol gigante. Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando, que se movía dentro de la sabana, sobre la muchedumbre: «Potter; presidente». Se le aceleró el corazón. Se sintió más valiente.

-"Montad en vuestras escobas, por favor."

Harry subió a su Nimbus 2.000.

La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y es­taban muy lejos.

-"Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta jo­ven y, a propósito, también es muy guapa..."

"-¡JORDAN!"

-"Lo siento, profesora.2

El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el co­mentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profeso­ra McGonagall.

-"Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spin­net, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasa­do estaba en reserva... Otra vez Johnson y.. No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle... Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y.. ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey co­giendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... el guardián Bletchley se lan­za... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!"

Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.

-"Venga, dejadme sitio."

-"¡Hagrid!"

Ariadna, Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.

-"Estaba mirando desde mi cabaña"-dijo Hagrid, ense­ñando el largo par de binoculares que le colgaban del cue­llo-"Pero no es lo mismo que estar con toda la gente. Toda­vía no hay señales de la snitch, ¿no?"

-"No"-dijo Ron-"Harry todavía no tiene mucho que hacer."

-"Mantenerse fuera de los problemas ya es algo"-dijo Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Harry, mientras Ariadna reía bajito.

Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, espe­rando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.

-"Mantente apartado hasta que veas la snitch"-le ha­bía dicho Wood-"No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo."

Cuando Angelina anotó un punto, Harry dio unas volte­retas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch. En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley; en otro, una bludger decidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harry la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.

-"¿Está todo bien, Harry?"-tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludger con furia hacia Marcus Flint.

-"Slytherin toma posesión"-decía Lee Jordan-"El ca­zador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y al caza­dor Bell, y acelera... esperen un momento... ¿No es la snitch?"

Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pu­cey dejaba caer la quaffle, demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.

Harry la vio.

En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado. El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían ha­ber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.

Harry era más veloz que Higgs. Podía ver la pequeña pe­lota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y..

¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferra­ba para no caer. 

-"¡Falta!"-gritaron los Gryffindors.

La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego orde­nó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.

Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba, y Ariadna insultaba con todo lo que sabía a los Slytherin, pareciendo más un camionero que una niña de once años.

-"¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!"

-"Esto no es el fútbol, Dean"-le recordó Ron-"No se puede echar a los jugadores en quidditch... ¿Y qué es una tar­jeta roja?"

Pero Hagrid estaba de parte de Dean y Ariadna.

-"Deberían cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harry en el aire."

A Lee Jordan le costaba ser imparcial.

-"Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa..."

-"¡Jordan!"-lo regañó la profesora McGonagall.

-"Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta..."

-"¡Jordan, no digas que no te aviso...!"

-"Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor, cosa que le podría suceder a cualquiera, estoy se­guro, así que penalti para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la pelota."

Cuando Harry esquivó otra bludger, que pasó peligrosa­mente cerca de su cabeza, ocurrió. Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida. Durante un segundo pensó que iba a caer. Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca había experimentado nada semejante.

Sucedió de nuevo. Era como si la escoba intentara derri­barlo. Pero las Nimbus 2.000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes. Harry trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control. No podía dar la vuelta. No podía dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo ha­cían caer.

Lee seguía comentando el partido.

-"Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profeso­ra), Slytherin anota un tanto, oh, no..."

Los de Slytherin vitoreaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harry Lo lle­vaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retor­ciéndose.

-"No sé qué está haciendo Harry"-murmuró Hagrid. Miró con los binoculares-"Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser..."

De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harry por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vuel­tas y él apenas podía sujetarse. Entonces la multitud jadeó y Ariadna soltó un grito apenas contenido. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgan­do, sujeto sólo con una mano.

-"¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso?"-susu­rró Seamus.

-"No puede ser"-dijo Hagrid, con voz temblorosa-"Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... Ningún chico le puede hacer eso a una Nimbus 2.000."

Ante esas palabras, Hermione cogió los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.

-"¿Qué haces?"-gimió Ron, con el rostro grisáceo, observando mas a la pobre Ariadna que se había puesto a temblar y a murmurar incoherencias mientras miraba a Harry.

-"Lo sabía"-resopló Hermione-"Snape... Mira."

Ron cogió los binoculares. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse.

-"Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba"-dijo Her­mione.

-"¿Qué podemos hacer? Ni siquiera podemos contar con Ariadna"

-"Déjamelo a mí."

Antes de que Ron pudiera decir nada más, Hermione había desaparecido. Ron volvió a enfocar a Harry y a Ariadna que cada vez temblaba más, como si su peor miedo se hubiese hecho realidad. La escoba vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir col­gado durante mucho más tiempo. Todos miraban aterroriza­dos, mientras los Weasley volaban hacía él, tratando de po­ner a salvo a Harry en una de las escobas. Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto. Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía. Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera.

-"Vamos, Hermione"-murmuraba desesperado Ron.

Hermione había cruzado las gradas hacia donde se en­contraba Snape y en aquel momento corría por la fila de aba­jo. Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló al profesor Quirrell y, cuando llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.

Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Snape. El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba.

Un súbito aullido le indi­có a la chica que había hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna. Snape nunca sabría lo que le había sucedido.

Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo su­bir de nuevo a su escoba.

-"¡Neville, ya puedes mirar!"-dijo Ron. Neville había estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos úl­timos cinco minutos.-"Ariadna, Ariadna ya esta bien por fin esta asalbo tranquilízate, Ariadna"-llamo a la otra niña después.

Ariadna suspiro entrecortadamente y, repentinamente, se puso a llorar, abrazándose a Hagrid que no sabia que hacer, mientras esta repetía continuamente el nombre de Harry.

Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano.

-"¡Tengo la snitch!"-gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.

-"No es que la haya atrapado, es que casi se la traga"-to­davía gritaba Flint veinte minutos más tarde.

Pero aque­llo no cambió nada. Harry no había faltado a ninguna regla y Lee Jordan seguía proclamando alegremente el resultado. Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesen­ta. Pero Harry no oía nada. Tomaba una taza de té fuerte, en la cabaña de Hagrid, con Ron y Hermione, porque Ariadna después de abrazarle muy fuerte y terminar de llorar se tubo que ir con su abuelo para tranquilizarse completamente. Pues este ya le había perdonado el castigo impuesto por lo de el troll.

-"Era Snape"-explicaba Ron-"Hermione y yo lo vi­mos, aradna no pero… ya sabes porque. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te qui­taba los ojos de encima."

-"Tonterías"-dijo Hagrid, que no había oído una pala­bra de lo que había sucedido-"¿Por qué iba a hacer algo así Snape?"

Harry, Ron y Hermione se miraron, preguntándose qué le iban a decir. Harry decidió contarle la verdad.

-"Descubrimos algo sobre él"-dijo a Hagrid-"Trató de pasar ante ese perro de tres cabezas, en Halloween. Y el pe­rro lo mordió. Nosotros pensamos que trataba de robar lo que ese perro está guardando."

Hagrid dejó caer la tetera.

-"¿Qué sabéis de Fluffy?"-dijo.

-"¿Fluffy?"

-"Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado... y se lo presté a Dumbledore para guardar..."

-"¿Sí?"-dijo Harry con nerviosismo, recordando que tendrá que decirle a Ariadna que preguntara a su abuelo.

-"Bueno, no me preguntéis más"-dijo con rudeza Ha­grid-"Es un secreto."

-"Pero Snape trató de robarlo."

-"Tonterías"-repitió Hagrid-"Snape es un profesor de Hogwarts, nunca haría algo así."

-"Entonces ¿por qué trató de matar a Harry?"-gritó Hermione.

Los acontecimientos de aquel día parecían haber cam­biado su idea sobre Snape.

-"Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Hagrid. Lo he leído todo sobre ellos. ¡Hay que mantener la vista fija y Sna­pe ni pestañeaba, yo lo vi!"

-"Os digo que estáis equivocados"-dijo ofuscado Ha­grid-"No sé por qué la escoba de Harry reaccionó de esa ma­nera. .. ¡Pero Snape no iba a tratar de matar a un alumno! Ahora, escuchadme los tres, os estáis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es peligroso. Olvidaos de ese perro y ol­vidad lo que está vigilando. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel..."

-"¡Ah!"-dijo Harry-"Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?"

Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.



« Capitulo 7 Comenta este capítulo | Ir arriba Captulo 9 »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.