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Ariadna Dumbledore y la piedra Filosofal » Capitulo 4
Ariadna Dumbledore y la piedra Filosofal (ATP)
Por Lily weasly potter
Escrita el Lunes 10 de Septiembre de 2012, 21:58
Actualizada el Sábado 19 de Enero de 2013, 18:37
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Capitulo 4

Capitulo 4

La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un ros­tro muy severo, y miraba seria a todos los alumnos. Ariadna sonrió al ver a la maestra y Harry recordó que había acompañado a la niña al callejón Diadón.

-"Los de primer año, profesora MCGonagall"-dijo Hagrid.

-"Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí."

Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Durs­ley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con res­plandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores. Harry lo observaba todo con detenimiento al igual que Ron pero Ariadna iba concentrada pensando en que casa le tocaría.

Siguieron a la profesora MCGonagall a través de un ca­mino señalado en el suelo de piedra. Podían oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la dere­cha (el resto del colegio debía de estar allí), pensó Harry, pero la profesora MCGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habita­ción vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor. Mientras Ariadna se fijo en que Zen seguía allí con ella así que le empujo, flojito y procurando que nadie la viera, fuera de la habitación y le dijo a Zen, segura de que la entendería, que se quedara fuera hasta que ella saliera. El perro obediente se quedo quieto viendo como su ama se entraba a la habitación.

Cuando Ariadna entro su tía estaba terminando su discurso de las casas.

-"…hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros seáis un orgullo para la casa que os toque.

La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de po­cos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mien­tras esperáis, os arregléis lo mejor posible."

Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, se fijo Ariadna, que había conseguido colocarse otra vez al lado de sus amigos, Harry tra­taba de aplastar el cabello.

-"Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremo­nia"-dijo la profesora MCGonagall-"Por favor, esperad tranquilos."

Salió de la habitación.

-"¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos?"-preguntó Harry a Ron pues no se había dado cuenta de que seguramente la que lo supiese seria Ariadna.

-"Creo que es una especie de prueba. Fred dice que due­le mucho, pero creo que era una broma."

Ariadna sonrió, no les iba a decir que solo consistía en probarse un sombrero que los seleccionaría a una de las casas, ya vería sus caras de sorpresa.

-"¿Qué es...?"- dijo Harry.

Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pa­red de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transpa­rentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:

-"Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad..."

-"Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece?Nos ha dado mala fama a to­dos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?"

Ariadna rodo los ojos siempre discutían por el mismo tema pero nunca hacían nada.

El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuen­ta de pronto de la presencia de los de primer año.

-"Pues esta claro Sir Nicolás casi decapitado."- respondió Ariadna a la pregunta del fantasma.

-"Ariadna ¿Qué haces aquí?"- pregunto este sin comprender.

-"¡O alumnos nuevos!"-dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos, al comprender la respuesta de Ariadna-"Estáis esperando la selección, ¿no?"

Algunos asintieron.

-"¡Espero veros en Hufflepuff!"-continuó el Fraile-"Mi antigua casa, ya sabéis."

-"En marcha"-dijo una voz aguda-"La Ceremonia de Selección va a comenzar."

La profesora MCGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.

-"Ahora formad una hilera"-dijo la profesora a los de primer año-"y seguidme."

Ariadna se puso al lado de Harry que estaba muy nervioso. Para tranquilizarlo, la pequeña le cogió la mano y se la apretó, haciendo caso omiso de la corriente eléctrica que le pasó por la mano recorriéndole todo el cuerpo, y le sonrió.

-"No te preocupes Harry vas a ver como todo sale bien"-le susurro la niña en su oído para que solo él lo oyera. El niño asintió y le devolvió el apretón. Mirándola a ella primera y después al gran comedor.

Se dirigieron a la mesa alta hacia el sombrero seleccionador que estaba encima de un taburete.

Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:

Oh, podrás pensar que no soy bonito,

pero no juzgues por lo que ves.

Me comeré a mí mismo si puedes encontrar

un sombrero más inteligente que yo.

Puedes tener bombines negros,

sombreros altos y elegantes.

Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts

y puedo superar a todos.

No hay nada escondido en tu cabeza

que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.

Así que pruébame y te diré

dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor,

donde habitan los valientes.

Su osadía, temple y caballerosidad

ponen aparte a los de Gryffindor.

Puedes pertenecer a Hufflepuff

donde son justos y leales.

Esos perseverantes Hufflepuff

de verdad no temen el trabajo pesado.

tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,

Si tienes una mente dispuesta,

porque los de inteligencia y erudición

siempre encontrarán allí a sus semejantes.

tal vez en Slytherin

harás tus verdaderos amigos.

Esa gente astuta utiliza cualquier medio

para lograr sus fines.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!

¡Y no recibirás una bofetada!

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

-"¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero!"-susu­rró Ron a Harry, aun que también lo escucho Ariadna-"Voy a matar a Fred."- esta no se pudo resistir yrio bajito sin que los dos se dieran cuenta.

Harry sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos, el sombrero parecía exigir mucho, y Harry no se sentía valien­te ni ingenioso ni nada de eso, por el momento, pensó Harry.

La profesora McGonagall se adelantaba con un gran ro­llo de pergamino.

-"Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sen­taros en el taburete para que os seleccionen"-dijo-"¡Ab­bott, Hannah!"

Una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

-"¡HUFFLEPUFF!"-gritó el sombrero.

La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.

-"¡Bones, Susan!"-

-"¡HUFFLEPUFF!"-gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.

-"¡Boot, Terry!"-

-"¡RAVENCLAW!"-

La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.

Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry y Ariadna pudieron ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.

Después de unos cuantos mas la profesora dijo:

-"¡Dumbledore, Ariadna!"-la maestra le sonrió imperceptiblemente, mientras todo el gran comedor estallaba en murmullos "A dicho Dumbledore", "¿es familia del director?" y "no sabia que el director tuviera familia". Después se callaron esperando a ver a la niña.

Ariadna se soltó de la mano de Harry, con un último apretón de este, se dirigió al taburete nerviosa, levanto la vista para ver a su abuelo que le dirigía una sonrisa radiante.

-"Buena suerte Ariadna"- le dijo su abuelo, y el gran comedor prorrumpió otra vez en murmullos. La niña asintió haciendo caso omiso de los murmullos y se sentó en el taburete después todo se volvió oscuro, le habían puesto el sombrero.

No se asusto cuando el sombrero le susurro al oído, pero se puso nerviosa con lo que le dijo:

-"O una Dumbledore, hacia mucho tiempo que no tenia a uno de vosotros en la cabeza, me acuerdo cuando a tu padre le toco en Gryffindor, a tu madre en cambio le toco otra casa, por un motivo muy importante, pero tu abuelo me a prohibido hablarte del tema. Bueno que tenemos aquí tu mente no es para nada mala, tan lista como tu abuelo, serias una de las mejores Ravenclaw, pero también eres leal y arias cualquier cosas por tus seres queridos… También eres muy astuta y además… pero no lo puedo decir, bueno pero sobre todo eres valiente, aun que Ravenclaw no te vendría mal, pero no tu eres una ¡Gryffindor!"-cuando grito la ultima palabra la mesa de los leones aplaudió fervientemente, se quito el sombrero y se fue corriendo a su mesa dedicándole una ultima mirada a Harry y Ron, que sonreían.

Cuando se sentó en su sitio al lado de los gemelos, Percy el hermano de Ron con gafas le dio un apretón de manos mientras los gemelos le sonreían alegres.

Después de unos cuantos mas le toco a Harry, que tardo un tiempo hasta que le toco Gryffindor, se sentó a su lado mientras los gemelos gritaban ¡tenemos a Potter!, cuando le toco a Ron cruzaron los dedos pero le toco la misma casa, al igual que la niña mandona llamada Hermione.

Ariadna ya tenia mucha hambre cuando su abuelo se levanto.

Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abier­tos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.

-"¡Bienvenidos!"-dijo-"¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llo­rones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!"

Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no, mientras Ariadna se reía divertida.

-"Está... un poquito loco, ¿no?"-preguntó con aire inse­guro a Percy. Ariadna lo escucho y le dio una colleja.

-"¡Pues claro que no!"-le grito fingiendo enfado-"Sino yo también estaría loca"-dijo indignada Harry le miro y se rio.

Después apareció Sir Nicolas casi decapitado hablo un poco presentándose y se fue.

Mientras comían Harry grito un poco y se toco la frente, Ariadna le pregunto preocupada si le pasaba algo pero el solo le pregunto.

-"¿Quién es el que está hablando con el profesor Qui­rrell?"

-"Ese es el profesor Snape un poco serio y malhumorado pero por dentro es buena persona"- le explico la niña mirándolo fijamente.

Harry vigiló a Snape durante un rato. Algo que Ariadna noto.

Por último, también desaparecieron los postres, y el pro­fesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

-"Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que to­dos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.

Los de primer año debéis tener en cuenta que los bos­ques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos tam­bién deberán recordarlo."

Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en direc­ción a los gemelos Weasley y su nieta, que lo miro haciéndose la inocente, igual que los gemelos.

-"El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuer­de que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos.

Las pruebas de quidditchtendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la se­ñora Hooch.

Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permi­tidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa."

Harry río, pero fue uno de los pocos que lo hizo.

-"¿Lo decía en serio?"-murmuró a Ariadna, que lo miro seria.

-"Si porque me lo tiene prohibido a mi también."

-"¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cante­mos la canción del colegio! —exclamó Dumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas, pero que Ariadna sonreía radiante.

Dumbledore agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.

¡Que cada uno elija su melodía favorita! —Dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!

Y todo el colegio vociferó:

Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,

enséñanos algo, por favor.

Aun que seamos viejos y calvos

jóvenes con rodillas sucias,

nuestras mentes pueden ser llenadas

con algunas materias interesantes.

Porque ahora están vacías y llenas de aire,

pulgas muertas y un poco de pelusa.

Así que enséñanos cosas que valga la pena saber,

haz que recordemos lo que olvidamos,

hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,

y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.

Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al fi­nal, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melo­día de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando termina­ron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo a parte de su nieta que también parecía muy contenta, los dos se parecían mucho pensó Harry, observándolos alternativamente.

-"¡Ah, la música!"-dijo, enjugándose los ojos-"¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!"

Los prefectos los guiaron a sus respectivas casas comunes, Ariadna también dormiría en su casa.

Cuando llegaron Percy se hizo el importante y alardeo de su inteligencia ante los niños, con Peeves que se lo encontraron, Ariadna rodo los ojos conteniendo una carcajada.

Después se fueron a sus habitaciones cansados de tantas experiencias nuevas, la niña se despidió de sus amigos con un beso en sus mejillas provocando que los dos se pusieran rojos, aun que Harry se lo devolvió. Y se fueron a descansar.



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