Historia al azar: My Whispers
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Ariadna Dumbledore y la piedra Filosofal » Capitulo 2
Ariadna Dumbledore y la piedra Filosofal (ATP)
Por Lily weasly potter
Escrita el Lunes 10 de Septiembre de 2012, 21:58
Actualizada el Sábado 19 de Enero de 2013, 18:37
[ Más información ]

Capitulo 2

Capitulo 2

La mañana siguiente fue un día muy despejado sin apenas nubes (Algo muy raro estando en Londres). Ariadna muy ilusionada se despertó temprano, algo muy raro en ella, pues era muy dormilona y se quedaba hasta tarde en la cama, aun que cuando estaba tan ilusionada como aquel día se despertaba pronto y no era de extrañar verla por los pasillos deambulando sin fijarse muy bien por donde iba.

Cuando se iba a levantar sintió un peso raro en las piernas, dirigió su mirada rápidamente hacia allí y se llevo una sorpresa cuando vio a Zen, su nueva mascota, allí dormido tranquilamente, hasta que no se acordó de que era suyo el perro estuvo mirándolo con desconfianza, después cuando lo recordó todo sonrió aun un poco adormilada y se acordó por que se había despertado tan temprano.

-"Hoy voy a ir al callejón Diagón"- Exclamo para si, provocando que Zen se despertara y en el acto se tirara hacia ella, como aun no sabia ladrar pues era aun muy pequeño le lamio la cara alegremente. La niña se lo quito de encima sin mucho esfuerzo, por que era muy pequeño aun, y riéndose mucho le dijo:-"Para Zen que no quiero tener tu baba por toda la cara".

Después de eso se levanto y se ducho, cuando salió de la ducha se vistió corriendo. Primero se puso la bolsita de la profesora MCGonagall, y a continuación se puso un vestido verde claro con unas cuantas flores dibujadas abajo, se puso las mismas zapatillas del otro día, y se fue, acompañada de Zen escaleras abajo.

Salieron, la niña y el perro, a los jardines, pues aun no era la hora del desayuno y Ariadna tendría que esperarse para comer. Se fue corriendo a la casa de Hagrid, porque sabía que este se levantaba temprano, pero se dio cuenta de que no estaba, "que raro" pensó la niña, se encogió de hombros y se paso la siguiente hora jugando con Zen, hasta que fue hora de ir a desayunar que se dirigió al Gran Comedor.

Ya estaban todos los profesores que habitaban en el colegio esos días y también su abuelo, le sonrió ampliamente y corrió a sentarse en su sitio para comer todo lo que pudiera hasta que la profesora MCGonagall terminase de desayunar y se fuesen a comprar el material que necesitaba para cuando ,Ariadna, cursase su primer año.

Cuando la maestra se levanto Ariadna se puso de pie instantáneamente después de ella y la siguió con una seña de la subdirectora, no antes de despedirse de su abuelo con un beso en su mejilla.

Se fue con su casi tía a su despacho, pararon y MCGonagall se giro a verla.

-"Ariadna nos vamos a ir por los polvos flu, ya sabes lo que tienes que hacer"-Le dijo mirándola fijamente.

-"Si, profesora MCGonagall"- Contesto la niña muy seria, no le gustaban los polvos flu, se le mentía en la boca y se mareaba mucho, pero asintió conforme, era la forma mas rápida de llegar, cargo a Zen, que le había seguido a desayunar, comiendo el de paso, y había seguido después a su nueva ama fielmente. Cogió un puñado del polvo que le ofrecía y grito fuerte y claro cuando lo tiro-"CALLEJÓN DIAGÓN"- y después desapareció por la chimenea dando vueltas y mas vueltas.

Pasaron unos minutos hasta que se sintió firme otra vez en el suelo, abrió los ojos despacio y se fijo un momento en la gente que había, rápidamente se retiro de la chimenea para evitar que la profesora se cayese encima suyo. Espero a la profesora MCGonagall impaciente asta que apareció en la chimenea, se quito de hay sacudiéndose las cenizas del vestido, después cogió a Ariadna de la mano mientras saludaba a las demás personas. Cruzaron el Caldero Chorreante y se metieron en la parte de atrás la profesora toco unos cuantos ladrillas y la pared se abrió dejándoles paso al callejón Diagón.

Ariadna soltó a Zen y la mano de la maestra, con un pequeño grito de alegría se lanzo a la calle llenas de tiendas mágicas pero no era eso lo que le alegraba tanto lo había visto mucho en su casa, Hogwarts, lo que pasaba es que su abuelo nunca le había dejado salir del castillos y sus alrededores diciendo que era muy peligroso para ella, menos cuando había ido a Hogsmeade con él, y en ese momento estaba muy contenta viendo todo lo que le ofrecían sus ojos.

Dio una vuelta sobre si misma para observar todo muy feliz al ver tanta gente hacer sus compras tranquilamente. Después de varios minutos mirándolo todo se giro y vio a la profesora MCGonagall sonriéndole.

Las dos juntas otra vez se pusieron a andar cruzando la calle hasta un edificio que tenia escrito Gringotts, también había un cartel, que al enterarse de lo que ponía a Ariadna le dio un escalofrió.

 Pasaron las puertas y entraron al banco de los gnomos, entonces se dieron cuenta de que había otras dos personas hablando con un gnomo muy feo, aun que todos los gnomos lo era, una de las dos personas se giro para ver de donde procedía el ruido de pisadas, pues todo estaba muy silencioso y solo con sus pisadas llamaban la atención. Entonces Ariadna observo que era un niño de su misma edad con el pelo, negro azabache, revuelto y unos anteojos redondos, el niño era pálido y parecía un poco flaco por las ropas holgadas que llevaba puestas, era, mas o menos, de la misma estatura que Ariadna aun que el parecía unos centímetros mas alto que ella, de todas formas la niña era un poco baja para su edad. El niño le sonrió tímidamente y se dio la vuelta rápidamente cundo la otra persona a su lado le llamo la atención, entonces Ariadna reconoció al hombre, al igual que la profesora MCGonagall, y fueron andando hacia ellos.

Cuando llegaron junto a ellos Hagrid se estaba dando la vuelta para seguir al gnomo, paro un momento y se dio cuenta de quienes eran las personas detrás de él alegre fue hacia ellas.

-"Hola profesora MCGonagall, Ariadna, no pensaba que nos encontrásemos aquí"-Dijo con una sonrisa.

Ariadna le devolvió el saludo y contesto-"Es que la profesora me prometió que hoy iríamos ha comprar mis cosas"-dijo contenta.

-"O pues que coincidencia, yo ayer por la noche tuve que ir a entregarle su carta de Hogwarts a Harry y hoy estamos aquí por sus cosas"- Se paro un momento dándose cuenta de algo-"Casi se me olvida profesora MCGonagall, Ariadna, os presento a Harry Potter. Harry estas son la profesora Minerva MCGonagall, que te dará clases de transformaciones, y Ariadna Dumbledore la nieta del director de Hogwarts Albus Dumbledore, del que ya te he hablado".

Después de presentarlos la mujer saludo a los dos y recordó a Hagrid que tenían que ir a la cámara de la que sacarían dinero.

-"Profesora MCGonagall si no es mucha molestia para usted las acompañaremos."- Sugirió el guardabosque.

-"No hay problema Hagrid"- Contesto. Después se acercó al gnomo del mostrador y enseño una llave al gnomo que la cogió y la examino detenidamente. El gnomo le volvió a entregar la llave y los guío, a los cuatro y al perro, a un carro.

Se sentaron todos, a Zen lo volvió a coger Ariadna, y el gnomo arranco el carro y salieron a toda velocidad hacia las bóvedas de los niños para sacar dinero, cuando llegaron a su primer destino Hagrid estaba un poco verde y maldecía por lo bajo, la primera cámara era la de Harry que paso primero nervioso, cuando el gnomo abrió la cámara se vio un buen montón de monedas de oro, plata y bronce, galeones, sickles y knuts. Harry se quedo casi sin respiración y con los ojos desorbitados. Hagrid le respondió algo, seguramente, que Harry le había preguntado antes, después cogió un buen montoncito y lo guardo. Se volvieron a montar y siguieron con el trayecto, no fue mucho tiempo asta que llegaron a la bóveda de Ariadna se bajo con el gnomo que le abrió su cámara, que estaba mas o menos igual de llena que la de Harry, ella también cogió un buen montoncito se lo guardo en su bolsita y volvió a subir con Zen encima de las piernas.

La ultima parada fue de Hagrid que ahora si estaba completamente verde, y la profesora MCGonagall un poco blanca, para coger un pequeño objeto que estaba envuelto en una tela de cuero, mientras lo cogía los niños lo miraban fijamente preguntándose que seria ese cosa pequeña.

Hagrid cuando se subió le pregunto al gnomo -"¿No puede ir mas despacio?- Mientras el otro empezaba a ponerlo en marcha de nuevo.

-"Solo una marcha"- Respondió con una sonrisa maléfica.

Cuando llegaron por fin el hombretón parecía estar apunto de vomitar, pero se contuvo milagrosamente. Salieron ya del edificio y les dijeron a los niños que se adelantaran a comprar las túnicas.

Empezaron a andar en un silencio incomodo hasta que Ariadna lo rompió.

-"Así que tu eres Harry Potter. No quiero ser grosera pero ¿me puedes enseñarme tu cicatriz, por favor?"- Pregunto la niña que tenia mucha curiosidad por verla.

 -"Claro"- Se levanto el flequillo y le enseño su cicatriz en forma de rayo, lo suficientemente discreto para que no lo viera nadie más.

-"!Que chulo ¡"-le dijo en voz baja para que no lo oyese nadie mas que él-"por cierto me llamo Ariadna, por si no te acuerdas, y este de aquí es Zen mi perro, me lo dieron ayer, que fue mi cumpleaños"-Dijo contenta, y señalando a su mascota que la había seguido después de que se habían bajado. Le extendió la mano como si no se hubiesen presentado-"¿Harry quieres ser mi amigo?"-. Pregunto alegre.

-"¿En serio?"- Dijo sorprendido y sin creérselo seria el primer amigo que tendría.

-"Claro, si tu quieres, es que no conozco a nadie que valla a ir con migo a Hogwarts, además me caes bien"- Dijo un poco nerviosa. Porque nunca había tenido ningún amigo y era la primera vez que le preguntaba a alguien si quería serlo.        

 El niño asintió y dijo:-"Claro que quiero"-Respondió contento

 -"Bueno entonces ¿amigos?"-Pregunto Ariadna sonriendo de nuevo.

-"Amigos"- Harry extendió el brazo y le estrecho la mano a la niña, que la agito enérgicamente. Los dos niños rieron y se dirigieron a una  tienda donde antes de separarse les habían señalado los mayores. Los niños leyeron el cartel que decía "Madame Malkin" y entraron, dejando a Zen fuera por que no podía entra.

Madame Malkin una señora regordeta y alegre les hizo pasar para que pudiese tomarles las medidas de sus uniformes y túnicas de Hogwarts. Cuando pasaron pudieron ver que ya había otro niño esperando, era rubio y también guapo, mientras esperaban el rubio empezó a hablar:

-"Hola, ¿También Hogwarts?" -Les pregunto.

-"Si"- respondieron los dos al unísono.

-"Mi padre está en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba para mirar las varitas"-dijo el chico en tono aburrido y arrastrando las palabras -"Luego voy a arrastrarlos a mirar escobas de carrera. No sé por qué los de primer año no pueden tener una propia. Creo que voy a fastidiar a mi padre hasta que me compre una y la meteré de contrabando de alguna manera. ¿Vosotros tenéis escoba propia?"- continuó el muchacho.

-"no"- respondió Harry antes que la niña, que tampoco tenia una.

-"¿Jugáis al menos al quidditch?"

Harry le dirigió una mirada a la niña antes de responder-"No"- Ariadna había  visto como se montaba pero nunca habia subido a una escoba ni jugado al quidditch.

-"Yo sí. Papá dice que sería un crimen que no me eligieran para jugar por mi casa, y la verdad es que estoy de acuerdo. ¿Ya sabéis en qué casa vais a estar?"

-"No"-Respondieron los dos al unísono Harry no sabia a que se refería, pero Ariadna no se lo había planteado con demasiada seriedad.

-"Bueno, nadie lo sabrá realmente hasta que lleguemos allí, pero yo sé que seré de Slytherin, porque toda mi familia fue de allí. ¿Os imaginais estar en Hufflepuff? Yo creo que me iría, ¿no os parece?".

-"Mmm"- Respondió Ariadna ese niño no le caía bien definitivamente.

-"¡Oíd, mirar a ese hombre!"- Dijo súbitamente el chico, señalándoles a Hagrid que estaba allí, tras la vidriera, sonriendo a Harry y a Ariadna y señalando tres grandes helados, para que vieran por qué no entraba. La niña se extraño al no ver a la profesora junto a él, pero ya le preguntaría cuando saliesen.

-"Ese es Hagrid"- Respondió Harry-"Trabaja en Hogwarts".

-"Oh- Dijo el muchacho-, he oído hablar de él. Es una especie de sirviente, ¿no?"-Harry se enfado y Ariadna tuvo que resistir el impulso de tirársele encima.

-"Es el guardabosque"- Dijo Harry, dejando que su voz mostrase la hostilidad que sentía hacia el chico.

-"Sí, claro. He oído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama."

-"No es así, es estupendo"- Contesto Ariadna, harta de ese idiota. Harry estuvo totalmente de acuerdo con su amiga y miro enojado al chico.

-"¿Eso creéis?"- Preguntó el chico en tono burlón-"¿Por qué está aquí con vosotros? ¿Dónde están vuestros padres?"

-"Los míos están muertos"- Respondió Harry fríamente.

-"Los míos también, vivo con mi abuelo"- Le dijo con hostilidad la niña.

-"Oh, lo siento"- Dijo el otro, aunque no pareció que le importara-" Pero eran de nuestra clase, ¿no?"

-"Eran magos, si es eso a lo que te refieres"-Contesto Ariadna.

-"Realmente creo que no deberían dejar entrar a los otros ¿no os parece? No son como nosotros, no los educaron para conocer nuestras costumbres. Algunos nunca habían oído hablar de Hogwarts hasta que recibieron la carta, ya os imaginareis. Yo creo que debería quedar todo en las familias de antiguos magos. Y a propósito, ¿cuáles son vuestros apellidos?"

Antes de que Ariadna respondiese una barbaridad Madame Makin llego y les dijo que ya tenia todo, se fueron sin despedirse del niño engreído y salieron fuera donde Hagrid los esperaba con los helados, y Zen moviendo la cola animadamente.

 Enseguida Ariadna pregunto donde estaba la profesora MCGonagall.

-"Se a tenido que ir por un asunto importante, lo siento"- Le explico Hagrid, la niña soltó un suspiro y dijo:

-"Da igual pero me llevaras tu a Hogwarts, ¿no?"

-"Claro que si no te preocupes"- se fijo en el niño y le pregunto-"¿Qué sucede Harry? te ves callado"

-"Es que ese niño a dicho cosas raras de unos Hufflepuff y Slytherin ¿Que son esas cosas y el `quidich´?"-Pregunto avergonzado.

-"O Harry, Hufflepuff y Slytherin, son casas de Hogwarts hay cuatro Gryffindor y Ravenclaw también son casas de Hogwarts, la primera casa es para los leales, la segunda para los astutos, hay han ido magos tenebrosos, la tercera es para los valientes y la cuarta para los inteligentes. Y ese niño es un completo idiota, desde los últimos años solo han ido allí las personas mas tontas, solo porque son magos oscuros y lo ocultan"- Completo la niña antes que el hombre y Hagrid le explico que era el quidditch.

Fueron a Flourish y Blotts. Hagrid tuvo que arrastrar a Ariadna y a Harry para que dejaran Hechizos y contra hechizos (encante a sus amigos y confunda a sus enemigos con las más recientes venganzas: Pérdida de Cabello, Piernas de Mantequilla, Lengua Atada y más, mucho más).

-"Estaba tratando de averiguar cómo hechizar a Dudley"-Se defendió Harry.

-"Yo solo lo miraba por curiosidad"-Dijo entono inocente Ariadna-"¿Por cierto quien es Dudley?".

-"No me creo ni una palabra de lo que has dicho, y Dudley es el primo muggel de Harry"- Respondió Hagrid a la niña.-"Por cierto Harry fuera de Hogwarts no puedes hacer magia."

Hagrid además le compro un regalo a Harry por su cumpleaños mientras Ariadna le regañaba por no decírselo y le felicitaba, y Zen jugueteaba por allí sin alejarse demasiado. El semi gigante le termino comprando una lechuza blanca con motitas marrones que estaba dormida.

Después de comprar todo lo demás fueron a por las varitas. Vieron la tienda que ponía Ollivander y se metieron dentro.

Cuando entraron, una campanilla resonó en el fondo de la tienda. Era un lugar pequeño y vacío, salvo por una silla larguirucha donde Hagrid se sentó a esperar. Harry se sentía algo extraño, como si hubieran entrado en una biblioteca muy estricta. Ariadna miró las miles de estrechas cajas, amontonadas cuidadosamente hasta el techo-"Buenas tardes "-dijo una voz amable.

Harry dio un salto, Hagrid también debió de sobresal­tarse porque se oyó un crujido y se levantó rápidamente de la silla y Ariadna dio un paso atrás rápidamente.

Había un anciano estaba ante ellos; sus ojos, grandes y páli­dos, brillaban como lunas en la penumbra del local.

-"Hola "-dijo Harry con torpeza.

-"Ah, sí"-dijo el hombre-"Sí, sí, pensaba que iba a ver­te pronto. Harry Potter"-No era una pregunta.-"Tienes los ojos de tu madre. Parece que fue ayer el día en que ella vino aquí, a comprar su primera varita. Veintiséis centímetros de largo, elástica, de sauce. Una preciosa varita para encanta­mientos."

El señor Ollivander se acercó a Harry. El muchacho de­seó que el hombre parpadeara. Aquellos ojos plateados eran un poco lúgubres.

-"Tu padre, por otra parte, prefirió una varita de caoba. Veintiocho centímetros y medio. Flexible. Un poquito más poderosa y excelente para transformaciones. Bueno, he di­cho que tu padre la prefirió, pero en realidad es la varita la que elige al mago."

 El señor Ollivander estaba tan cerca que él y Harry casi estaban nariz contra nariz. Harry podía ver su reflejo en aquellos ojos velados.

-"Y aquí es donde..."

El señor Ollivander tocó la luminosa cicatriz de la frente de Harry, con un largo dedo blanco.

-"Lamento decir que yo vendí la varita que hizo eso"-dijo amablemente.-"Treinta y cuatro centímetros y cuarto. Una varita poderosa, muy poderosa, y en las manos equivoca­das... Bueno, si hubiera sabido lo que esa varita iba a hacer en el mundo..."

Negó con la cabeza y entonces, para alivio de Harry, fijó su atención en Ariadna.

-"Y usted es…"-dijo sin reconocerla.

-"Ariadna Dumbledore, señor"-dijo muy incomoda.

-"!Ha señorita Dumbledore también busca su varita ¡ Me acuerdo de cuando su padre vino y su varita le eligió, 21 centímetros, madera de roble y flexible. Su madre no compro su varita aquí lamento decir."

Después de eso fijo su mirada en Hagrid  

-"¡Rubeus! ¡Rubeus Hagrid! Me alegro de verlo otra vez... Roble, cuarenta centímetros y medio, flexible... ¿Era así?"

-"Así era, sí, señor"-dijo Hagrid.

"Buena varita. Pero supongo que la partieron en dos cuando lo expulsaron"-dijo el señor Ollivander, súbitamen­te severo.

-"Eh..., sí, eso hicieron, sí"-respondió Hagrid, arrastrando los pies.-"Sin embargo, todavía tengo los pedazos"-aña­dió con vivacidad.

-"Pero no los utiliza, ¿verdad?"-preguntó en tono severo.

-"Oh, no, señor"-dijo Hagrid rápidamente. Los niños se dieron cuenta de que sujetaba con fuerza su paraguas rosado.

-"Mmm"-dijo el señor Ollivander, lanzando una mira­da inquisidora a Hagrid.-"Bueno, ahora, Harry… Déjame ver."-Sacó de su bolsillo una cinta métrica, con marcas pla­teadas-"¿Con qué brazo coges la varita?"

-"Eh... bien, soy diestro"-respondió Harry.

-"Extiende tu brazo. Eso es."-Midió a Harry del hombro al dedo, luego de la muñeca al codo, del hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza. Mientras medía, dijo-"Cada varita Ollivander tiene un núcleo central de una poderosa sustancia mágica, Harry. Utilizamos pelos de uni­cornio, plumas de cola de fénix y nervios de corazón de dra­gón. No hay dos varitas Ollivander iguales, como no hay dos unicornios, dragones o aves fénix iguales. Y, por supuesto, nunca obtendrás tan buenos resultados con la varita de otro mago."

De pronto, Harry y Ariadna se dieron cuenta de que la cinta métrica, que en aquel momento le medía, a Harry, entre las fosas nasales, lo hacía sola. El señor Ollivander estaba revoloteando entre los estantes, sacando cajas.

Después de un rato sacando cajas dijo:

-"Qué cliente tan difícil, ¿no? No te preocupes, encon­traremos a tu pareja perfecta por aquí, en algún lado. Me pregunto... sí, por qué no, una combinación poco usual, acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros, bonita y flexible".

Harry tocó la varita. Sintió un súbito calor en los dedos. Levantó la varita sobre su cabeza, la hizo bajar por el aire polvoriento, y una corriente de chispas rojas y doradas estalló en la punta como fuegos artificiales, arrojando manchas de luz que bailaban en las paredes. Hagrid y Ariadna lo vitorearon y aplau­dieron y el señor Ollivander dijo:

-"¡Oh, bravo! Oh, sí, oh, muy bien. Bien, bien, bien... Qué curioso... Realmente qué curioso..."

Puso la varita de Harry en su caja y la envolvió en papel de embalar, todavía murmurando: `Curioso... muy curioso´.

-"Perdón"-dijo Harry-". Pero ¿qué es tan curioso?"

El señor Ollivander fijó en Harry su mirada pálida.

-"Recuerdo cada varita que he vendido, Harry Potter. Cada una de las varitas. Y resulta que la cola de fénix de don­de salió la pluma que está en tu varita dio otra pluma, sólo una más. Y realmente es muy curioso que estuvieras desti­nado a esa varita, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz."

Harry tragó, sin poder hablar.

-"Sí, veintiocho centímetros. Ajá. Realmente curioso cómo suceden estas cosas. La varita escoge al mago, recuér­dalo... Creo que debemos esperar grandes cosas de ti, Harry Potter... Después de todo, El-que-no-debe-ser-nombrado hizo grandes cosas... Terribles, sí, pero grandiosas".

Harry se estremeció, seguramente asustado pensó Ariadna que ya se había recompuesto de la sorpresa.

Después de eso le toco a Ariadna que después de un intento fallido lo consiguió con una varita de madera de abedul ( Raro material dijo Ollivanders, pero poderoso)  y pluma de fénix.

Cuando se tuvieron que ir Hagrid le dio, antes de despedirse de Harry, un billete para el tren de Hogwarts. Ariadna se despidió de Harry con un beso en la mejilla provocando que él se pusiera rojo, le dedico una sonrisa cunado se estaba yendo y desapareció con Hagrid para poder regresar a su hogar, con Zen cogido en brazos, contenta por haber echo su primer amigo.



« Capitulo 1 Comenta este capítulo | Ir arriba Capitulo 3 »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.