Historia al azar: Un día con los Potter
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La magia más poderosa » Juntos
Historia terminada La magia más poderosa (R15)
Por MeltedSound
Escrita el Sábado 2 de Junio de 2012, 17:51
Actualizada el Miércoles 28 de Febrero de 2018, 07:56
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Juntos

Capítulos
  1. Sensaciones, sentimientos...y un salto en el tiempo
  2. La hija menor de Pansy Parkinson
  3. El refrán del Slytherin valiente
  4. Ayuda mutua.
  5. El corazón de Rose Weasley
  6. El mayor miedo de Scorpius
  7. La carta de Ann
  8. Harley y Frank Longbottom
  9. La decisión más difícil
  10. Consecuencias de acciones
  11. Alerta permanente
  12. Impotencia y caos.
  13. Lo atractivo en lo desequilibrado
  14. Blanco, negro y gris
  15. Amor
  16. El Escuadrón de Merlín.
  17. Chispas
  18. Pensar. Merecer. Cambiar.
  19. Iguales
  20. "El amor es...
  21. la magia más poderosa"
  22. Andrew (Prólogo)
  23. Despertar.
  24. Toda la verdad.
  25. Verdades y mentiras.
  26. Complicado, no imposible.
  27. Los cambios.
  28. Promesa y amenaza.
  29. Olvido
  30. Profecía y anhelo.
  31. Juntos
  32. Maldiciones
  33. La reina del ajedrez.
  34. Pasado y destino o historia y futuro
  35. A cincuenta metros del suelo
  36. Juego perverso
  37. Veritantrum
  38. Tras la poción
  39. Transición
  40. Crecimiento y curación
  41. El tercero
  42. El tercero (II)
  43. Reinicio
  44. Héroes
  45. El dibujo del miedo
  46. Preludio
  47. Ausencias
  48. Viejo o nuevo
  49. S de Slytherin
  50. El discurso del caballo.
  51. El silencio de todos
  52. La duda
  53. Inmateria
  54. Suficiente
  55. Floresencia
  56. Fantasía
  57. Lo inevitable
  58. La tercera
  59. Una nueva vida

Victoire llevaba con el ceño fruncido toda la mañana.

Su tarea había consistido en observar a Harley, que yacía en una de las camas de la Enfermería, inconsciente. De vez en cuando echaba una ojeada también a Emily Stump, que no estaba inconsciente pero se quejaba de una jaqueca terrible justo al mismo tiempo que un alumno Ravenclaw de tercero avisó a Pomfrey que alguien de Gryffindor se encontraba en mitad del pasillo, sin conocimiento.

La joven mascaba grageas de todos los sabores, con nerviosismo, mientras la señora Pomfrey la observaba tras su taza de té, con una sonrisilla. Su entusiasmo le recordaba mucho al suyo cuando era joven. Estaba sentada con ella, observando a los muchachos.

-Nunca pensaste que tu estancia aquí iba servir para ver tantos casos extraños, ¿verdad?

Vic se encogió de hombros.

-Sí que es extraño, sí- reflexionó- no me diga que no cree que existe una relación entre ambos casos porque no voy a creerla- dijo, susurrando, para que la chica no las escuchara.

-Señorita Stump, ¿cómo se encuentra?- preguntó Pomfrey, alzando la voz.

-Como si me hubieran golpeado con un bate en la cabeza, señora Pomfrey- gimió la chica, dolorida- pero no se siente como los ataques de magia que suelo tener, es… otra cosa.

-Lo sé- contestó la enfermera, de manera que Emily no pudiera oírla, y con misterio.

Victoire la miraba, interrogante.

La señora le hizo una seña.

-Ven conmigo-  ordenó.

Ambas se escondieron en el despacho disimulando su apremio. Allí, Emily sí que seguro que no podría oírlas.

-Tiene que ver con la sangre ¿no?- soltó Victoire, impaciente, en cuanto la puerta se cerró- la que hemos extraído de Ciro y que ahora corre por sus venas. Por eso están los dos así.

Pomfrey asintió, confirmando que pensaba lo mismo.

-Seguramente. Y es posiblemente lo más extraño que he visto en mi vida. Una vez transfundida, la sangre no debería…

-¿Seguir perteneciendo a Ciro?- completó Vic- ¿seguir reaccionando como si fuera suya? ¿Cómo si el encantamiento, o lo que quiera que le hayan hecho, afectara a todo él?

-Claro que no es lo normal. Aunque, si se trata de cosa de magia…entonces pueden darse estos casos

-¿Entonces sí que cree que alguien ha hechizado a Harley?- preguntó, temerosa.

-Lo pienso, y casi podría afirmarlo.

-¿Pero quién? ¿Un alumno?

-No lo sé, Vic. No lo sé.

La chica iba a decir algo, pero en ese momento, alguien irrumpió en el despacho. Vic reconoció en seguida a Albus, que parecía determinado a arrasar con todo lo que se interpusiera en su camino y Rose, que al contrario que él, justo detrás, parecía completamente fuera de lugar.

-¡Chicos!- exclamó, en seguida- ¿Qué estáis haciendo aquí?

-Eso me gustaría averiguar a mí- dijo Rose, a la defensiva.

-¿Habéis averiguado qué le pasa a Harley?- preguntó el chico.

Rose lo miró incrédula. Supuso que no tenía ni idea que lo que le pasaba a su…lo que fuera.

Ambas se miraron, cómplices.

-¿Por qué, tú sabes algo?- preguntó Victoire.

-Sé qué hacía Harley despierto a las cinco y media y deambulando por los pasillos- dijo Albus, recuperando el aliento. Había ido en cuánto se había enterado- y está creciendo una sospecha…una sospecha en mí que no creo que deba callarme- miró a Rose- y menos a ti, tal vez. No sé.

-Habla, Albus- le incitó Victoire.

Al inspiró hondo.

-Creo que Ann le está haciendo daño a Harley. Físicamente. Indirectamente, quiero decir. Con magia- aclaró.

Rose perdió la respiración, y Vic y la señora Pomfrey abrieron mucho los ojos.

-¿Cómo has dicho, Potter? Esa es una acusación muy seria, teniendo en cuenta cuales son las normas de este colegio. Usar un hechizo en contra de otro alumno…

El chico parecía entre aliviado y arrepentido de lo que acaba de confesar, mientras negaba efusivamente. Era una seria acusación.

-Ann perdió los papeles anoche por…un motivo de bastante peso que no puedo contar. Fue entonces cuando…se puso a discutir con Harley…es decir, ya parecía un poco fuera de sí antes de iniciar la pelea…se dijeron cosas que jamás se habían dicho antes y…bueno, es una inutilidad ocultar que todos los presentes conocemos lo que Ann podría llegar a hacer si no…se ocultara o reprimiera tanto. Posiblemente ahora o después de un tiempo se arrepienta…pero Harley está así por su culpa. Estoy casi seguro.

Las enfermeras meditaron la acusación de Albus, varios segundos.

-Esto podría explicar definitivamente el porqué de que Emily Stump esté implicada en esto.

-¿Qué tiene que ver ésa "en esto"?- preguntó Rose. Estaba tan sorprendida que no se molestó en ocultar su desagrado por la mención a la nueva.

Los ojos de las dos primas se encontraron.

-Hemos estado "traspasando" sangre de Harley a esa chica, Rose.

-¿Por qué?- parecía ansiosa por saber más.

-Porque está enferma, y creemos que tiene la misma enfermedad que Harley. Él siempre tuvo mayor resistencia que ella, menores dolores, y probamos el año pasado mientras estaban ambos en San Mungo a darle su sangre. Funcionó, y funciona. Su sangre hace a Emily más fuerte. O al menos, menos débil.

-¿Y Ann…-preguntó desesperada- porque iba Ann a querer dañar a Harley, con todo lo que ellos son?, ella nunca…

-Rose, no atraviesan un momento feliz- dijo Albus, sacándola de su burbuja- ni juntos, ni por separado.

-No me lo creo- soltó, impresionada, y con voz tenue.

-¿Qué sugieres que hagamos, Al…

Pero algo la interrumpió. Emily llamó con un grito a la señora Pomfrey.

Todos reaccionaron como movidos por un resorte. Las enfermeras cruzaron la puerta antes siquiera de que Rose y Albus pudieran mirarse, pero fueron tras de ellas.

Rose se quedó rezagada en cuanto vio a Harley, consciente, intentando incorporarse en la cama.

Estaba horrible. Nunca lo había visto tan pálido. Dos grandes marcas oscuras yacían como por accidente bajo sus ojos, marrón claro, y parecía que había adelgazado de repente. Le faltaban unas desagradables pústulas para parecer enfermo de spattergroit.

-Tenías a todos tremendamente preocupados, colega- lo saludó Albus aliviado, mientras entre los tres lo incorporaban, o lo sujetaban. Harley esbozó una triste sonrisa a su amigo

-Todo… me da…vueltas- fue lo primero que consiguió decir.

A su lado, alguien rio, y Rose reconoció la risa de la muerte. Su mano se dirigió inmediatamente a su túnica, lista para sacar su varita y atacar, o defenderse.

Pero no hubo ataque.

-Bienvenido al club- se burló Emily desde su cama, bastante grogui.

Rose rezó porque nadie hubiera visto su reacción, mientras guardaba su varita y tranquilizaba su pulso. Pero su mirada rozó con la de Harley, quemando, como el roce de una rueda de metal, mientras la guardaba.

La chica se atrevió a mirar a Harley directamente por primera vez desde septiembre, y lo que vio fue lo último que la chica esperaba.

 La misma mirada que veía en el espejo cada mañana, la misma que le decían los demás que ella presentaba. La mirada de la dejadez, tan solo con un atisbo de súplica. Tal solo con un pequeño y casi imperceptible deseo de pelear. Se vio reflejada en sus ojos, y su corazón volvió a palpitar de una manera que hacía mucho tiempo que no notaba, o se negaba a notar.

No podía ser. No podía no haber perdido nada de ese sentimiento por el camino. El rencor, los celos, el odio…tenían que haber disipado ese sentimiento. Pero allí estaba ella, sintiéndose todavía como una tonta niña enamorada.

Eso era lo que seguía siendo. Y tendría tiempo después para lamentarse sobre ello.

Entre tanto, Harley debió de pensar que Rose no estaba allí realmente, o algo así pensó Rose.

-Lo he perdido todo- se lamentó, cerrando los ojos.

-¿Qué te ocurre, tío? ¿Estás de coña?- le reprendió Albus, preocupado, todavía agarrando su brazo desnudo.

-Déjalo, Al- riñó Victoire, mientras aplicaba poción en una venda y Pomfrey la observaba al otro lado de Harley, pendiente de que lo hiciera bien- está desorientado…

Rose apretó los puños, sin saber qué hacer.

El chico siguió mirándola, como si supiera lo que Rose intuía: que mientras la mirara ella haría cualquier cosa por él, a pesar de todo.

-Aléjate de mí- pidió Harley- y de ella. Aléjate de ella y de mí. De ella…

Se interrumpió cuando Victoire se puso enfrente de él, y rompieron el contacto visual.

Albus miró a su prima, y la chica tragó saliva. Buscó que Harley la mirara, moviéndose un poco. Pero era inútil porque volvía a estar muy lejos de allí, una vez más.

Al principio Rose pensó en Ann, pensó que se refería a Ann. Pero tras unos segundos lo pensó mejor, y no.

Se refería a Emily. La chica con la que pasaba tanto tiempo ahora. No la chica con la que pasaba tanto tiempo antes.

De ella y de mí.

De ellos, estaba claro.

Harley se lo confirmó segundos después.

-Rose…habla con Ann, por favor.

La aludida abrió los ojos, con sorpresa.

-Lo sabes- soltó, con alivio. No estaba tanto tiempo con esa chica porque le interesara, sino por protegerla a ella. Protegerla de su presunta asesina. Su corazón palpitó emocionado ante ese descubrimiento- ¡Lo sabes!

Victoire terminó de envolverle en poción en venda, y Harley  puso los ojos en blanco y se desplomó en la cama, sin brusquedad, volviendo a dormir.

-Buenas noticias- dijo la aprendiza- esta tarde estará como una rosa- soltó, satisfecha.

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Grace cambió su escoba de una mano a otra, agotada. No había pasado por el vestuario e iba todavía con su uniforme de buscadora por los pasillos que llevaban al Gran Comedor y con un desvío, hacia las mazmorras de Slytherin. Lamentaba haber vuelto al equipo tirando por la borda cualquier oportunidad de Scorpius de jugar contra el próximo oponente de la copa, Gryffindor, pero Scarbot no había puesto ninguna traba a que volviera al equipo. De haber estado Michael todavía en el colegio…

Pero a Xantos no le importaban los asuntos de sangre limpia cuando se trataba de machacar al Quidditch. Fuera del campo, la trataría con el mismo desdén que un sangre limpia obsesionado. Pero dentro, solo era una muy buena buscadora.

Fue en ese momento, y no en otro, cuando el destino decidiera que Albus Potter pasara por allí. Maldijo para sus adentros que no pudiera ser un momento más apropiado en el que propiciaría su segundo encuentro del curso, porque el sudor le corría por la delgada espalda y el pelo se le salía sin gracia, desafiando a su nombre, del coletero, y además se había puesto roja del frío simulando agotamiento y sofoco que no sentía. Por no hablar de que llevaba puesto el uniforme de Slytherin, y era obvio que a Albus cualquier cosa Slytherin nunca acababa de gustarle. Pero ya le daba todo igual, con tal de recuperarle. Recuperar aquella relación rara que mantenían.

-¡Albus!- lo llamó.

Si el chico la escuchó, la ignoró hasta que ella llegó hasta él.

Grace casi se queda en blanco. El Gryffindor siguió andando hacia su destino, prácticamente obviándola.

-¿Cómo está tu amigo?

La miró como si no hubiera denotado su presencia antes.

-Creo que se pondrá bien. Él es fuerte. Solo se ha desmayado.

-Teniendo en cuenta que yo sé de las extrañas habilidades de superhombre que vi con mis propios ojos- al chico no pareció hacerle gracia que ella llamara superhombre a otro en su presencia, o eso le pareció - y que me contó todo lo que le sucede, no creo que sea solo un desmayo.

-Bueno, no- dijo, entre dientes- bueno, me voy…

-Albus, para- le pidió, agarrándole del brazo.

A regañadientes, lo hizo.

-Lo siento, ¿vale?- le dijo Grace, con sinceridad- siento lo que dije cuando volví, me arrepiento como no me suelo arrepentir de nada. Me duele que te hayas distanciado así de mí.

Albus la miró por primera vez y se encogió de hombros, desinteresado.

-¿Yo? Yo no me he distanciado de ninguna manera. Tú y yo estamos igual de distanciados que siempre. Tú eres una Slytherin, yo un Gryffindor- pareció estar razonando otro tipo de asunto que por un momento le puso a la chica la piel de gallina-…estamos lo normal de distanciados. Me caes bien y somos amigos cuando se trata de mí ayudándote a ti a resolver algún problema, pero dado que eso por lo visto lo hago de pena pues me mantendré solo en el punto de que me caes bien. Y ni siquiera sé…

-Sabes lo impulsiva que soy- se justificó Grace- todo fue muy rápido. De un día casi para otro estaba obligada aquí, a estar aquí…y lo pagué contigo, pero no debí de haberlo hecho.

-Te disculpas muy tarde- le reprochó Albus.

-Soy más orgullosa que todos los Gryffindor juntos- argumentó.

-¡Me lo volverás a hacer, mil veces!- dijo. No le había suavizado la ligera broma de ella- tratarme como si yo no fuera importante… al fin y al cabo ¡Es lo que todos hacéis!

-Tú te ofreces, y te dejas. Y no creo que nadie te trate como si no fueras importante.

Albus odiaba que Grace fuera tan tremendamente sincera y aguda y ni pareciera darse cuenta de ello.

-¿Qué he hecho yo para acarrear el dolor de los demás?- preguntó, mitad irónico, mitad en serio.

Grace suspiró, sin dejar de mirarlo.

-Eres así de bueno. Lo siento. Te he tratado fatal. No espero que todo vuelva a ser como cuando me ofrecías tu hombro para llorar. O mucho mejor. Sé que tus amigos lo necesitan más que yo, sobretodo Ann. Pero quiero que tú y yo también seamos amigos- Al desvió la mirada- amigos de verdad. Cuidaré de ti igual o mejor de lo que tú cuidaste de mí nada más conocerme aquella noche en los pasillos. Lo prometo. No voy a volver a ser tan egoísta. No te lo mereces.

Albus Potter se tomó su tiempo antes de reanudar su marcha a la sala común. Le quemaba como ningún beso antes aquel que la chica acababa de depositar en su mejilla mal afeitada, fugaz como un relámpago y fuerte como un trueno. Una vez más, Grace ocupaba una importante parte de sus pensamientos.

 Para cuando quiso darse cuenta, ella ya no estaba allí. Recorría casi huyendo el camino de vuelta a la sala común, con el impulso de llevarse la mano a los labios, y preguntándose por qué demonios había hecho eso.

-Estás bien…de verdad lo estás- dijo, casi con incredulidad.

Aquel joven de pelo negro y ojos azules al que Rose hablaba era sin duda Andrew. El muchacho estaba tenido en la cama, agotado. Grandes ojeras cubrían su rostro, y estaba pálido, como la leche más clara.

A pesar de todo, Andrew sonrió. Parecía guardar el agotamiento de un ejército tras la batalla, pero miraba a Rose y estaba feliz, casi radiante, en un extraño contraste.

Rose se sentó en la cama, con mucho cuidado, y acto seguido  se tomaron la mano, apretándose con cariño, pero con fuerza.

El resto de la escena era pura luz. Ann no podía ver nada más.

Les gritaba para que la oyeran, pero ambos estaban muy lejos.

-Hacedme un favor…no más sustos por el resto de mi vida. Sé que pedir no más sorpresas es demasiado pero…

-Rose- la interrumpió Andrew, con delicadeza- Lo siento pero ¿Qué le va a pasar a Ann? Tengo que saberlo…

La pelirroja tomó aire con fuerza. Ann sintió que despertaba de su sueño.

-Suponemos que despertará, pero…

Ann pudo ver por fin la figura que ocupaba el lugar al lado de su hermano, y se vio a ella misma, con aspecto de estar muerta, con las venas brillantes.

Como la plata líquida.

Ann despertó, sobresaltada. Desorientada, se incorporó en su cama con dosel. Miró a ambos lados ¿Cómo había llegado allí?

Las imágenes de la noche anterior no tardaron en acudir a su mente. Su rabia, su discusión con Harley…la profecía…

No. No podía pensar todavía en eso.

Se incorporó con rapidez y en pijama se puso a rebuscar en su baúl. No había nadie más en aquella habitación. Debía de ser sábado, o domingo. No lo recordaba. Estaba completamente atontada, como presa de un hechizo confundus.

Encontró rebuscando tras unos segundos el cuaderno que Rose le había regalado por su cumpleaños, en el que había estado dibujando todos los sueños que tenía sobre Andrew.

Lo abrió y dibujó todo con un lápiz muggle que se había traído específicamente para esa tarea. Como una autómata, definió cada trazo, cada pedazo oscuro, cada esquina que recordara con precisión, y cuando terminó, expiró e inspiro como si hubiera estado sumergida bajo el agua hasta aquel momento.

Fue recuperando el conocimiento sobre sí misma, y pensando con mayor claridad cada vez. Sentada todavía en el suelo, observó su dibujo en el papel. Su expresión fue cambiando de la confusión a la más absoluta sorpresa.

Reconoció a Rose en los trazos de grafito, sentada en aquella cama, mirando a Andrew. Y él a ella. Como si fueran…

Como solo se miran las personas que se quieren.

-¿Cómo…-se preguntó Ann. Rose no parecía mucho mayor de dieciséis años, los que ahora tenía. Como mucho, en aquel dibujo podría tener diecinueve.

Ella y su hermano…

Eso significaba que pronto le encontraría.

Ann casi llora de la felicidad ante esa certeza. No podía creerlo. ¡Iba a encontrar a Andrew! ¡Y él era bueno! Había tenido otros sueños, pero ninguno tan revelador…ninguno que le hubiera dicho tanto…

Entonces a la chica le golpeó la realidad de la noche anterior. La profecía, la certeza de Harley de que él era la clave para hacer perder a Ann…la rabia súbita que había sentido, hacia Sameor, hacia el mundo, hacia Harley…

Se encogió, pequeña y miserable. ¿Qué le estaba pasando? La rodeaban malos y negativos pensamientos a todas horas, estaba empezando a encontrar a los demás ínfimos, inferiores, pequeños…había sentido un odio que no había sentido antes.

Se suponía que ella era el alma de luz. ¿Dónde estaba la luz en su vida? ¿La estaría encontrando tras ese sueño, o no? Sabía que no había sido un sueño, iba a pasar. Entonces se recordó, inconsciente. Pero ni eso le importaba mucho.

Se preguntó con miedo si habría perdido a Harley. La asaltó la terrible certeza de que había herido a su amigo, mental y físicamente… ¿Cómo?

¿La estaría poseyendo Sameor de alguna manera? ¿Estaba cambiando su forma de ver el mundo porque ella estaba cambiando, o porque la habían cambiado?

¿Sería el amor la magia más poderosa de la que hablaba la profecía, como decía siempre el señor Potter? Si así era…se escapa de las manos de Ann como las semillas de un diente de león, impulsados incluso por un leve suspiro.  Así de fácil. Tal vez lo sabía. Tal vez él lo sabía. Por eso sospechaba que intentaba matar a sus amigos… ¿estaba haciendo algo para alejar a todos de su lado? No, era ella, pero…

Alguien interrumpió todas sus teorías. Se encontró enfrente de Rose. La miró un momento, la chica estaba sonrojada de ajetreo, la miraba sin rencor, por primera vez en muchísimo tiempo, y se erguida de pie junto a ella, buscando hablar por primera vez desde…muchísimo.

-Él está bien- le informó Rose, con tono neutro.

Ann suspiró, levemente aliviada.

-¿Has sido tú?- preguntó, con dureza. Rose necesitaba saberlo.

La chica miró a su antigua mejor amiga.

-Lo que le pase es solo culpa mía- se inculpó- yo jamás le haría daño, pero…por lo visto es lo que le hecho.

-Albus dice que no atravesáis un buen momento.

Ann estaba harta de mentir a Rose, y no le importaba que Harley se enfadara con ella por ello (aunque sospechaba que no lo haría)

-No estamos juntos de esa manera, si es lo que quieres decir, y jamás lo estaremos.

Rose no entendió que Ann le estaba confesando la gran mentira de Harley. Se quedó en silencio, asimilando lo que ella le decía.

Finalmente, tomó aire.

-Scorpius escuchó que Emily Stump es una enviada de los mortífagos para matarme…por ti. Quieren hacerte daño. Harley lo sabe. ¿Lo sabías tú?

Por la cara de sorpresa que puso Ann, interpretó que no tenía ni idea.

-Si-siempre supe que la estrategia de Sameor era quitarme a todo aquel al que yo quisiera…pero no sabía que estabas amenazada de muerte. De haberlo sabido…-se lamentó- ¿cómo lo sabía Harley'

-Debió de ser cosa de Scorpius. El primer "objetivo" soy yo. Después Albus, y después Harley. Y solo somos los tres a los que planean matar primero. Después vendrán más. Creo que ni tú ni yo podemos permitir eso.

Ann se levantó del suelo, con ánimos ligeramente renovados.

-Entonces esa chica es una asesina.

-Eso parece.

-No te acerques a ella- le advirtió.

Rose rio, irónicamente.

-No pretendo hacerme demasiado amiga suya.

-Hay que conseguir que la expulsen de aquí- siguió maquinando Ann.

-¿Cómo?

-Pensaré en algo-prometió- pero…

-Pero ahora tienes que ir con Harley y arreglar las cosas.

Se miraron a los ojos.

-Rose, yo…nosotras…

La chica comenzó a negar con fuerza antes de que pudiera decir nada.

-No puedo. Sé lo que vas a decir y lo siento, pero no puedo.

Ann se rompió por dentro.

-Pero te juró que podré. Voy a intentarlo de verás esta vez. Voy a mirar a Harley y a no sentir más que el cariño que siente por ejemplo mi prima Lily por él. Voy a mirarte a ti y a quererte tanto como te quiero cuando no pienso…cuando no pienso que él te quiere.

-Rose, Harley te quiere muchísimo. Eres de las poquísimas personas que le importan.

La chica cerró los ojos y formó una leve sonrisa.

-Lo sé. Pero os pido tiempo. Nunca podrá ser como antes pero…quiero estar ahí.

Los ojos de Ann brillaron con una nueva luz. O con su antigua luz.

-¡Le digo, en serio, que nunca en todos mis años, había conocido a un joven tan guapo y encantador como usted!

A Lily le entraron ganas de reír cuando al entrar en la enfermería, se encontró con la señorita Skeeter sentada en el borde de la cama de Harley, hablando sin parar como si realmente no pudiera estar callada jamás, tan animada como siempre. Le entraron ganas de reír, porque Harley parecía realmente asqueado con aquella situación, o aburrido, ya que su mirada estaba posada en el techo permanentemente.

-Y no solo eso- siguió hablando (supuso que llevaba ya un buen rato en ello)- sino que todas sus compañeras parecen haberse dado bastante cuenta de ello… ¿alguna vez me confesará cuántas chicas han caído en sus redes? Aunque claramente, han tenido que ser muchas…

-Señora, le ruego no exalte mucho al chico- soltó Victoire, sentada en una silla a metros de ellos- ya se podrá ir dentro de una hora y no… ¡hola, chicos!- saludó efusiva a sus primos Lily y Hugo, que acababan de entrar por la puerta- ¿qué hacéis aquí?

-Queríamos ver a Harley, la verdad- soltó Hugo, divertido con la escena- pero ya veo que está muy bien acompañado…

Eris se giró para mirarlos, y Harley pudo rodar los ojos con exasperación, sin que le viera.

-¡Claro que lo está! Pero si vosotros os unís a mí estoy segura de que no le importara…verdad que no ¿cariño? ¿Cómo está tu amiga la que ha estado aquí esta mañana? Habría venido antes a visitaros, pero mis obligaciones con la biblioteca…

-La señorita Stump ya se encuentra mejor- informó Vic, aun sabiendo que Skeeter tenía un especial interés en que fuera Harley el que le hablara de Emily.

-¡Oh, estupendo! ¡Estupendo! ¡Acercaos, niños!

Tanto Lily como Hugo se acercaron a la cama de su amigo.

-¿Cómo estás?- preguntó Lily, sintiendo que si no hablaba alguien que no fuera la bibliotecaria, explotaría.

Harley suspiró, ladeando la cabeza hacia ellos e intentando ignorar a la mujer.

-Mejor que esta mañana, la verdad. Pero me encuentro…raro. No sé cómo explicarlo.

-¡Pero tienes que ponerte bien!- exclamó Skeeter, consternada- tienes que estar bueno porque mañana organizo una fiesta de Navidad ¡y no puedes no estar presente! Es decir…eres uno de mis invitados de honor, claramente. Irá mucha gente: tu amiga Alma Rogers (Harley arrugó el ceño, esa chica cantaba con él en el coro y le caía bastante mal), esa compañera tan simpática, Christinne Bennet- Lily y Hugo sabían que la segunda le caía todavía peor- Rose Weasley, más seca, pero una joven muy interesante, sé que estás de acuerdo conmigo, Clarissa Waysand...-Hugo se revolvió- la señorita Anderson dudo que esté por la labor de complacerme, pero cuando pueda dile que un día se pase a hablar conmigo.

-¿No va a haber más chicos que yo en la fiesta?- preguntó Harley, irónico.

-¡Claro que sí, tontito! Pero pensé que a lo mejor las féminas te interesarían más…de hecho, ya que está aquí una amiga tuya…señorita Potter- Lily casi da un respingo- ya conozco a su dulce hermano, ¿por qué no se pasa usted mañana? Pensaba invitarle a él… ¡pero no puedo tener a todos los Potter!

Lily se sintió como una ficha intercambiable. Pero no lo dio a entender. Su ilustre apellido le había proporcionado a lo largo de su vida muchas situaciones como aquella, en la que la gente prefería tenerla junto a ella más por su apellido que por su nombre. James y ella lo aceptaban. Albus en cambio sufría más por ello.

Era obvio que al monstruo de los cotilleos le interesaría tener cerca a alguien ligeramente famoso (aunque fuera solo en Hogwarts)

La muchacha tosió, un tanto incómoda.

-Como diga.

Skeeter sonrió radiantemente y miró a Hugo.

-Señor Weasley…en la próxima fiesta no se me escapa.

Hugo sonrió medianamente convincente.

-Y ahora ya me voy, pero antes despedirme de la encantadora aspirante a Sanadora, ¿cómo está tu Teddy, ya sabes de quién hablo?

Victoire hizo una mueca.

-Muy bien, señorita.

-¡Me alegra mucho! Bueno, Harley querido…te espero mañana, no me falles, aunque haya invitado a Scorpius Malfoy y ya sé que no te cae muy bien…

-Yo también me voy- le confesó Lily a Harley mientras Skeeter se marchaba- he venido a acompañar a Hugo y a preguntar qué tal estás…hasta mañana en la fiesta esa, supongo. Ya no me queda otra. ¿Crees que será un rollo?

-¿Un rollo?- soltó Hugo- será un coñazo integral.

-¡Hugo, esa boca!- lo riñó Victoire, me voy al despacho antes de que me pongáis más histérica…

Harley rió.

-Opino lo mismo que Hugo. Pero tú no te quejes- le dijo al Weasley- tú no tienes que ir.

Lily puso los ojos en blanco.

-Va a ser el mejor fin de semana de mi vida- irónizo. Después, miró a Harley- nos vemos mañana. Me alegro de que esté bien.

-Adiós- se despidió.

Hugo se sentó en la silla más cercana a la cama, rumiando.

-Mañana no dejes que ningún chico se acerque a ella.

-Algo me da que no hablas de tu prima. ¿Sigues loco por Clary?

Hugo volvió a revolverse, incómodo.

-Qué mal- se lamentó- olvídala ya, ella te ve como un gran amigo.

-Oh, cállate. ¿Sigues en esa etapa de depresión total?

Harley sonrió, como si su amigo tuviera que resignarse a ello.

-Quizás.

-Qué mal- repitió Hugo.

Ambos rieron.

Se creó después un tenso silencio que precedía a una conversación seria.

-Menos mal que Lily se ha ido, porque quería contarte una cosa en la que ando pensando últimamente…La preocupación de Lily por Rose, y concretamente porque esté saliendo con Malfoy, me hizo recordar una cosa que dijo Ann una vez hace un par de años sobre él que me hace darle muchas vueltas…la verdad, hay muchas cosas que me hacen pensar en Malfoy.

-Te habrás enamorado-se burló.

-No, escucha, es serio. Hace tiempo Ann me dijo que había pillado a Malfoy varias veces (recalco, varias veces), mirando a mi prima como si…-calló.

Harley frunció el ceño.

-¿Cómo si?- preguntó, sin entenderlo

-¡No me hagas decirlo!

-¿Cómo si se la quisiera…-preguntó, empezando a intuir esta vez.

-¡Como si le gustara! Y ya no sé si Malfoy es un amante de las cosas que obviamente no puede tener, o si realmente le gustaba mi prima.

-Espera, ¿De qué prima tuya estamos hablando? Porque no tienes pocas, precisamente

-Lily.

Harley abrió mucho los ojos y salió de la cama.

-¿Lily? ¿Qué dices? ¡No puede ser!

-Ahora está saliendo con mi hermana, no sería raro…

-¿Crees que podría querer llegar hasta Lily a través de Rose?

Hugo frunció el ceño.

-Yo estaba pensando más que a Malfoy le gusta lo prohibido, y que podría dejar a Rose por cualquiera que…lo de Lily ha sido solo un ejemplo.

-Lily jamás ha cruzado palabra con Malfoy. Eso no tiene ni pies ni cabeza.

-¿Desde cuando tienes que haber hablado con una chica para que te guste?

-Desde que Ann te dijo que a Scorpius Slytherin le gustaba. ¿Y por qué no me lo dijo?

-No estaba segura- contestó una voz a su izquiera.

Ann acababa de entrar en la enfermería. Lucía agotada y Hugo podría jurar que había estado llorando durante siglos.

Harley se quedó estático.

-No te lo dije porque supe que te preocuparía. Y es solo una de mis corazonadas. Y puede que ya no sea así. Y mil razones más que solo tienen que ver con que me importas.

Hugo los miró alternativamente, desconcertado.

-Esta quizás sea probablemente la visita más corta que haya hecho a la enfermería. Buenas noches, chicos. Piensa en lo que te he dicho, Harley. Piénsalo.

Ann y Harley se miraron hasta que Hugo desapareció. Harley estaba serio, y a Ann le brillaban los ojos, llenos de culpa.

-Yo te he hecho esto- se lamentó, con voz queda.

Cayeron todas las barreras que habían existido entre ellos desde el tres de mayo. Desde que Harley despertó del coma. Desde que Harley había roto la relación de Rose y Ann como la suya con ella. Desde que cada uno se había sumido en su propia oscuridad, espesa y llena de pensamientos negativos.

-No me importa. No me importa.

-Yo jamás te haría daño. Pero en ese momento…lo deseaba tanto como deseaba no seguir existiendo. Y me he hecho daño de la peor forma…hiriéndote a ti.

-No es que no tuvieras motivos- la excusó- soy un idiota.

-No, la idiota soy yo. No asumo mi papel en esto. No hasta hoy. He construido- la voz se le rompió- he construido un mundo en el que no tengo que ser alguien mejor, en el que solo soy una pobre chica a la que le ha tocado la tortura de un hombre que la quiere matar…y nunca he visto la dimensión de todo esto. No hasta que Rose me ha dicho que esa…esa zorra está bajo las órdenes de Sameor y va a matarla. No se trata de mí. Existe una profecía que nos une y es mucho más grande que nosotros. De mí dependerá todo, y a mí solo me importa encontrar a mi hermano…no aprendo que tengo que renunciar a esas cosas tan humanas, que nunca será para mí el tener una vida normal…no lo aprendo. Se supone que la inteligencia debería permitirme razonar esto, pero…el egoísmo me ciega. Y jamás, JAMÁS- remarcó con dolor- jamás te habría hecho lo que te hecho.

-Ni siquiera sabes si has sido tú.

-Lo sentí. Sentí la magia oscura dentro de mí. Me estaba convirtiendo en eso. Y eso me haría perder una batalla que no puedo perder.

Harley se acercó a ella en apenas un par de segundos y la estrechó con fuerza entre sus brazos. Ann le correspondió, aferrándose a la espalda de Harley como si fuera su última esperanza de sobrevivir.

-Eres lo único que hace que siga siendo yo a veces.

-Tú eres tú, siempre. Yo soy yo, siempre- comprendió Harley- solo hemos estado…lejos. Tanto del mundo como entre nosotros.

-Tú siempre estás ahí para mí- le contradijo Ann.

-Pero no he estado como debería- le dijo- no importa cómo demonios me llame yo en realidad…soy Harley y yo soy el hermano que no vas a encontrar, porque jamás vas a perder. Ya no. Ya no pienso que vaya a hacerte daño si estoy cerca de ti. Todo va mal si no estamos cerca.

Ann asintió, fervientemente.

-Juntos- murmuró.

-Juntos.

Scorpius salió tarde de cenar, como siempre. Josh y Grace nunca lo esperaban, y al chico le gustaba dar paseos tranquilamente antes de volver a la compañía de las verdosas paredes de la Sala Común. Sin embargo, no estaba tan tranquilo y reflexivo como siempre, como era natural en su habitual humor de persona excéntrica y no del todo normal, no. La sangre bombeaba más deprisa aquel día, y sus nervios se le querían escapar de la piel, agujereando sus sentidos y no escatimando precisamente en gastos de autoestima. Se sentía flotando en la nube más alta del cielo. Sonreía, burlón, a cada pared que guardara su secreto.

Una parte de él encerrada tras mucho tiempo había despertado hacía unos días. No sabía por qué había tomado esa determinación de ir tras Rose, pero sin duda había sido un acto impulsivo con altas probabilidades de acabar mal que no había acabado TAN mal. Se sentía liberado de la cárcel de soñar con Lily. ¡Ya no estaba enamorado de una chica con rostro Weasley y personalidad inventada! Utopía en forma de niña…solo una tonta ilusión de su poético corazón de serpiente domesticada. Jamás volvería a ser tan tonto. Había cruzado la barrera de la irrealidad. Ella no le gustaba realmente. Ahora lo sabía.

Recordó los labios de Rose sobre los suyos: tímidos, elegantes, entregados. No podía ser muy diferente con cualquier otra chica. No podía ser diferente con Lily Potter. Aquella enana de rostro duro y prejuicios…olvidarla nunca le había parecido tan fácil. Solo eran chicas. Si no era una, sería otra. Y si no era otra…

Lo dicho. Olvidar la estupidez del pasado nunca había estado tan a su alcance.

Y más que lo estaría.

-¡Scorpius!

Se giró asustado de que alguien gritara su nombre con tanta urgencia, y por un momento pensó que aquella voz de chica era la de Grace. Pero no.

Rose se acercaba a él, con su habitual pelo despeinado y libros de sexto curso debajo del brazo, como siempre. Pero su expresión, de urgencia, no era como la de su habitual urgencia. Tenía un matiz extraño, algo nuevo, una mezcla entre la desesperación y la determinación que lo atemorizó un poco.

Aguardó a que la chica lo alcanzara plantado en el suelo e interrogante. No se habían hablado desde la noche de la proposición de Scorpius. Le había dado su espacio a Rose para que lo pensara. Sinceramente, se dijo a sí mismo que se alegraría de que ella aceptara, pero se prometió no decepcionarse si no era así. Podría ser otra. Podría buscar a otra para librarse por completo de su "carga", "molestia" "como se llamara el amor casi platónico que sufría"

Rose lo miró, con nervisismo. Sus ojos se movían a un lado y al otro de su rostro. El mar de sus ojos estaba en marea viva.

Tal vez Scorpius se lo esperara, pero cuando la chica tiró sus preciados libros para agarrarlo por el rostro y besarlo con las ganas con las que él había soñado, su corazón se paró un momento, de la impresión. En seguida se le pasó, y la agarró por la cintura, con un sentimiento de triunfo difícil de ignorar.

-Sí- le confesó ella. Sus narices se rozaban y sus alientos se entremezclaban todavía- sí quiero intentarlo. Quiero olvidar. Y lo haría contigo. Quiero intentarlo. Ayúdame- le dejó un par de segundos para asimilarlo- y yo intentaré que olvides a esa chica.

Scorpius solo pudo sonreír, satisfecho, mientras volvía a buscar la boca de la primera chica a la que había besado, y a su primera novia.

-Juntos-susurró.



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