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La magia más poderosa » Promesa y amenaza.
Historia terminada La magia más poderosa (R15)
Por MeltedSound
Escrita el Sábado 2 de Junio de 2012, 17:51
Actualizada el Miércoles 28 de Febrero de 2018, 07:56
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Promesa y amenaza.

Capítulos
  1. Sensaciones, sentimientos...y un salto en el tiempo
  2. La hija menor de Pansy Parkinson
  3. El refrán del Slytherin valiente
  4. Ayuda mutua.
  5. El corazón de Rose Weasley
  6. El mayor miedo de Scorpius
  7. La carta de Ann
  8. Harley y Frank Longbottom
  9. La decisión más difícil
  10. Consecuencias de acciones
  11. Alerta permanente
  12. Impotencia y caos.
  13. Lo atractivo en lo desequilibrado
  14. Blanco, negro y gris
  15. Amor
  16. El Escuadrón de Merlín.
  17. Chispas
  18. Pensar. Merecer. Cambiar.
  19. Iguales
  20. "El amor es...
  21. la magia más poderosa"
  22. Andrew (Prólogo)
  23. Despertar.
  24. Toda la verdad.
  25. Verdades y mentiras.
  26. Complicado, no imposible.
  27. Los cambios.
  28. Promesa y amenaza.
  29. Olvido
  30. Profecía y anhelo.
  31. Juntos
  32. Maldiciones
  33. La reina del ajedrez.
  34. Pasado y destino o historia y futuro
  35. A cincuenta metros del suelo
  36. Juego perverso
  37. Veritantrum
  38. Tras la poción
  39. Transición
  40. Crecimiento y curación
  41. El tercero
  42. El tercero (II)
  43. Reinicio
  44. Héroes
  45. El dibujo del miedo
  46. Preludio
  47. Ausencias
  48. Viejo o nuevo
  49. S de Slytherin
  50. El discurso del caballo.
  51. El silencio de todos
  52. La duda
  53. Inmateria
  54. Suficiente
  55. Floresencia
  56. Fantasía
  57. Lo inevitable
  58. La tercera
  59. Una nueva vida

Albus seguía a Grace por uno de los corredores de Hogwarts, contrariado. La chica le había soltado aquella reprimenda y, acto seguido, había echado a andar lejos del vestíbulo, como si no quisiera que nadie viera cómo despellejaba vivo a Albus Potter, que se había sentido en la obligación de seguirla de cerca, pero sin todavía preguntar de nuevo qué demonios estaba pasando, por miedo a una real e injustificada bofetada.

Tras minutos que para él se hicieron siglos, Grace se detuvo. A pesar de la situación, Albus no pudo evitar sentirse un poco embobado porque el pelo rubio de la chica volaba con el viento sin llegar a perder la gracia. Se reprendió a sí mismo por estar tan torpe y poco avispado que no había pensado todavía en algunas palabras tranquilizadoras, fuera cual fuera el motivo del cabreo de la Slytherin. Ya era tarde.

-Eres un mentiroso, Albus Potter- le insultó, mientras respiraba con fuerza, por el esfuerzo de la carrera y porque estaba furiosa (cosa que, como excusa, tampoco resultaba tan poco frecuente)

-¿Por qué crees que te he mentido en algo?- preguntó Albus, negando indignado.

-Después de todos estos meses ¡por fin te he calado!- soltó, con énfasis-  Claro- se burló Grace, con su habitual tono mordaz típico de un alumno con uniforme verde- cómo no vas a querer ser político del ministerio de magia. Haciendo promesas que no puedes cumplir, mintiendo a sabiendas, sonriendo siempre como si todo el mundo te cayera de maravilla, engañando…

-¡¡Basta!! Yo no he hecho nada de lo que me estás diciendo.

-¿Ah no? ¿Te acuerdas de Mattew Wilson, mi padre? Bien, pues casi le matan mortífagos por tu culpa.

Albus tardó unos segundos en responder.

-Es imposible que haya sido por mi culpa. No he hecho nada.

-¡Quizás ese sea el problema! ¡No sé!- chilló Grace. Menos mal que estaban solos. Las tripas de Albus rugieron de hambre, pero aun así, no se escuchó nada más que la voz de la chica- si no recuerdo mal, tú dijiste "no te preocupes, Grace, que los Aurores cuidan de tu padre". ¿En serio? ¿¿Dónde estaban cuando alguien, que posiblemente fueran o Hennic o Michael Samdon, entró en mi por suerte vacía casa a matarnos hace casi dos semanas?? ¿¿Dónde estaban esos Aurores??

Albus no tenía respuesta a eso.

-¡Porque llegaron un poco tarde!- acabó Grace- y de verdad, suerte que mi padre había salido ese día y los mortífagos no lo sabían, porque si no el motivo por el que regresaría a Hogwarts sería por ser huérfana, y no porque mi padre se haya puesto tan histérico que me ha obligado a volver aquí.

Silencio. Él asimilaba sus palabras.

-No te mentí- le respondió Albus, ahora un poco enfadado también- hablé con mi padre, le pedí que protegiera al tuyo…

-Que mi padre no sea el grandísimo Harry Potter no le hace menos importante porque…

-¡Ya lo sé, maldita sea, déjame hablar!

-¿Para qué, para que te sigas creando tus excusas…?

-¡No voy a mentirte! ¡Sabía a ciencia cierta que tu padre gozaba de la protección del ministerio!- Grace rio irónica ante la palabra "gozar"- pero es muy posible que los protocolos de vigilancia y protección cambiaran después de lo que pasó en San Mungo.

-O sea, que insinúas que después de sufrir yo un intento más que real de asesinato, ¿dejaron de vigilar nuestra casa? ¿A quién se le ha ocurrido tamaña gilipollez? ¿Quién es responsable de eso? Porque…

-Los protocolos de vigilancia a personas muggles siempre son más fuertes que los de vigilancia a magos- pareció excusarse- se supone que es así porque están más desprotegidos. Lo siento mucho, Grace, pero yo no tengo la culpa.

Grace lo miró, todavía con una chispa de lucha en sus ojos verdes, que se fusionaron con los suyos, cabreados también.

-¿Cómo es posible- comenzó Grace, visiblemente más tranquila (le había llevado unos diez segundos llegar a ese estado)- que después de que intentaran asesinarme nadie estuviera vigilándonos a tiempo completo a mi padre y a mí? ¿Cómo es posible que vigilaran más a mi padre el año pasado?

Albus no supo qué responder.

-Pensarían que no corríais peligro- dijo, finalmente. Al ver que la chica no decía nada, se atrevió a decir un poco más- ¿En serio por eso has vuelto?

Grace había desviado la mirada de él, pero la atrajeron de nuevo sus palabras.

-Mi padre prácticamente me ha obligado. Cree que en Hogwarts estoy más segura. Se equivoca. No estoy segura en ninguna parte, joder.

Al tragó saliva.

-Más segura que en Hogwarts no vas a estar en ningún sitio.

-Y mientras… ¿él qué? ¿Estará bien? ¡No puedo saberlo!

-Sin ti…ha vuelto a su protección anterior. Por ley.

-¿Así que lo único que he hecho marchándome de Hogwarts ha sido poner más en peligro a mi padre? ¿Cómo se explica eso? A la mierda la ley.

Silencio, de nuevo. Se hizo pesado, como una losa de verdad sobre sus cabezas.

-¿Ningún Auror te ha explicado esto antes?- preguntó Albus, un tanto incrédulo.

Ella apretó la mandíbula.

-Creo que estábamos demasiado asustados. Al menos yo lo estaba, hasta que mi padre empezó a gritar que tenía que volver aquí y me enfadé.

Ambos bajaron la mirada.

Finalmente, Grace suspiró y se alejó de él, de vuelta al Gran Comedor, sin prisa pero sin intenciones de detenerse y sin ánimo de reconciliar su recibimiento con Albus. La confusión fue desapareciendo y el chico se quedó tan enfadado como lo había estado ella un par de minutos antes, reflexionando, pensando.

Había estado deseando ver a Grace aparecer de nuevo por la puerta del castillo, con su habitual humor irritable que rayaba lo gracioso y sus verdades como puños. Y en lugar de eso, una arpía había usurpado su menudo cuerpo y le había ladrado reproches infundados como un perro. Y lo peor de todo era que él tampoco podía reprochárselo. Albus se había ofrecido a hacerle de pañuelo de lágrimas el año pasado, normal que pasara a hacer de saco de boxeo en cualquier momento. Se puso a andar, cociendo a fuego lento sus propios y nuevos reproches.

¡Qué culpa tenía él de su desgracia! ¡Solo la había intentado ayudar! ¿¡Por qué no conocía ella las leyes mágicas!? ¿Por qué su mecanismo de defensa contra el mundo consistía en atacar a todo el mundo cuando las cosas a ella le empezaban a ir mal? ¿Por qué su reencuentro no había podido ser algo normal?

Nada era normal cuando se trataba de Grace.

Veía cosas buenas en la chica. Pero también veía cosas malas. Cosas que él siempre había asociado con la casa Slytherin: egoísmo, arrogancia, violencia, aires de superioridad, lengua bífida, ojos de serpiente, siempre listos para atacar. Grace no era la excepción a sus compañeros. El sombrero seleccionador nunca se equivocaba. No al menos en esos rasgos característicos.

Seguro que Grace estaba tan enfadada con él mundo (concretamente con él ¡Con él! De nuevo, ¿qué culpa tenía?) por culpa de que ya no podría estar cerca de su novio el muggle, ese con el que llevaba desde los catorce, o por ahí. Su egoísmo llegaría hasta esos límites, sin preocuparse tanto como ella decía por su padre, del que por cierto Albus sabía tantas cosas que ya podría fingir ser su segundo hijo SI NO FUERA PORQUE SU PELO ERA NEGRO COMO EL AZABACHE. GRACE NO PARABA DE HABLAR DE ELLA DE ELLA DE ELLA Y DE TODO LO QUE LA RODEABA. ¡HABÍA CONSEGUIDO PORNERLO DE LOS NERVIOS! ¡ALGUIEN HABÍA CONSEGUIDO ALTERAR LOS NERVIOS DE ALBUS POTTER! ¡TAMAÑO MILAGRO!

Tenía que olvidarse de esa extraña fascinación que sentía por ella. Harley se lo había advertido un montón de veces. Si seguía pasándole más como aquella a la chica, acabaría muerto por maldición asesina y por la única intención de solucionarle la vida.

Habían tocado el orgullo de Albus Potter, un terreno muy peligroso y la razón por la que el joven de los Potter era todo un león, rugiendo desde sus telas rojas. Reclamando el reconocimiento.

"Olvídate de Grace. Nunca te ha necesitado, realmente

Claro que no.

Se alejó con dirección a los jardines, dispuesto a dar un largo paseo. Se le había quitado el hambre de repente.

Los pasos de Minerva Mcgonagall comenzaron a escucharse nada más pisar el suelo de la enfermería. Debido a eso, se escuchaban rápidos ruidos repetitivos cada vez más cercanos al despacho de Pomfrey. Si la enfermera los escuchó antes de tiempo o no, nunca se supo. El caso fue que, cuando apareció en el umbral de la puerta del despacho de Pomfrey, la mujer de uniforme pareció sorprendida y prevenida al mismo tiempo.

-Buenas tardes, Minerva- saludó, con la voz levemente temblorosa.

La profesora McGonagall podría asemejarse a un volcán en erupción, o a un geiser furioso, si hubiera expulsado por la nariz algo que no fuera aire.

-Buenas tardes, Poppey- respondió- supongo que ya sabes por qué estoy aquí, y por qué parezco tan sumamente enfadada.

-Sí lo sé- contestó, aparentemente tranquila.

-¿Cómo has podido? ¿Acaso has pensado en la gravedad que supone para la alumna el salir completamente sola del castillo?

-Oh, eso. Bueno…no ha ido sola. Le he pedido a Victoire que la acompañe en todo momento. Por eso no tendrás que preocuparte.

La profesora pareció aunque solo fuera un poco más tranquila.

-Pero aun así, Poppey, aun así, ¿Por qué? ¡Contra tus propias normas y aún encima, a mis espaldas!

-Escucha- dijo, incorporándose trabajosamente de su mesa de trabajo, en el que ordenaba los papeleos de dietas de los alumnos del próximo mes de diciembre- la señorita Anderson se presentó hace unos días en la Enfermería, justificando de manera más que razonable sus motivos para desplazarse hasta San Mungo. La pobre chica se queja de múltiples pesadillas que la aquejan desde la lucha en el hospital, no para de revivir el horror una y otra vez. Ir hasta allí, formarse otros recuerdos, es terapéutico, Minerva. La niña necesita volver hasta allí y recuperar esa calma que ha perdido desde mayo.

La profesora negó.

-Ann Anderson no quiere volver a San Mungo por motivos psicológicos, Poppey. Tiene solo dieciséis años y la he visto dirigir miradas tan fuertes y serias como las de un adulto de sesenta años. Si hay algo que le sobra además de inteligencia, es fortaleza. No, los planes de Anderson  son otros, otros que no quiso desvelarme cuando vino a pedirme a mí lo mismo que tú le has concedido a mis espaldas, y otros que claramente no deben esperar hasta las vacaciones de Navidad.

-No te entiendo. ¿Qué crees que podría hacer Anderon allí?- preguntó, desorientada.

-Pues citarse con alguien- contestó Minerva- citarse con alguien que le aclare porque el mago oscuro de estos tiempos quiere verla muerta, o verla sufrir, como dejó claro el día del cumpleaños de la alumna.

La señora Pomfrey pareció contrariada, e incluso enfadada consigo  misma, por haber sido tan inconsciente o por no haber pensado en eso.

Minerva suspiró.

-Es posible que Ann haya despistado a la pobre Victoire y a estas alturas, la chica esté buscándola desesperadamente por todas las plantas. Comprenderás que solo hay una cosa que pueda hacer ahora mismo.

Dicho aquello, la directora se desplazó hacia donde estaban los polvos flu, mientras la larga capa le ondeaba, como las olas de un mar tranquilo y temible al mismo tiempo.

-Voy a abortar la misión de Anderson ahora mismo- determinó- y esperemos que no esté en lo cierto. No te sientas mal- añadió mientras, con el puñado de polvos en la mano, se aproximaba a la chimenea- fui yo misma la que fue a decirle a la niña que iría a la escuela de magia y hechicería. Y nada más verla supe todo lo que ese cuerpo pequeño encierra. Frágil como una pluma o como un trozo de cristal por fuera, y por dentro…irrompible como la más dura piedra. Poderosa y manipuladora. Cobarde y valiente. Débil, y muy fuerte. Será quien ella quiera ser, a nuestros ojos también. Sus instintos nunca fallan pero los nuestros puede que sí, por culpa de ella. Y antes de irme, solo voy a decir una última cosa. Espero que siempre decida estar de nuestro lado.

-¿Hola?

La recepcionista de San Mungo alzó la vista, desganada.

-Quería pedir un expediente clínico- dijo la chica bajita y menuda que estaba detrás del mostrador- dos, en concreto. ¿Dónde puedo conseguirlos?

-Los expedientes clínicos no se consiguen así como así, niña- contestó, de mal humor.

La chica se giró para mirar a su acompañante, que era unos cuantos años mayor que ella, y que la mujer juraría que había visto en alguna ocasión. Creía que trabajando allí mismo. Se acercó al mostrador.

-Me llamo Victoire Weasley- se presentó- soy estudiante la escuela de Medimagos de las tres zonas. Me gustaría conseguir esos documentos. Estoy en último año y tengo que hacer un trabajo. Ella solo viene a acompañarme.

 

La mujer miró a ambas, desconfiada. La mirada de la más pequeña era inquietante y no se sentía muy cómoda.

Primera planta, en el pasillo a la derecha…

-Sé dónde están- completó Weasley.

-Queremos la llave- dijo la más pequeña, dirigiéndole una larga mirada.

No sabe qué fue, pero se sintió obligada a obedecer. Como si le hubieran echado un hechizo Imperius.

La llave cayó en las manos de Victoire.

-Vamos- le indicó a Ann, su acompañante.

El gran almacén de historias médicas era húmedo y frío. Gris y abarrotado. Grandes estantes contenían miles de historias, miles de desgracias, cientos de curaciones milagrosas…

Y solo dos registros que interesaran a Ann Anderson.

Antes de comenzar a buscar, Ann se giró para mirar a Victoire.

-¿Por qué me ayudas, Vic?- preguntó, con voz suave.

La aludida respondió, con una sonrisa.

-Así que no lo sabes todo ¿eh? Bueno, primero porque me caes bien, y segundo…tienes gente que aunque esté muy herida contigo se sigue preocupando por ti. Lo intuías ¿verdad?

Ann tuvo ganas de llorar. Echaba de menos a Rose. La quería de vuelta a su lado, aunque ya estuviera en él, en cierto sentido. Pero quería tenerla cerca de ella, la quería ayudándola, durmiendo con ella cuando alguna tuviera pesadillas, quería que volvieran a reírse juntas, saber lo que la otra estaba pensando con solo una mirada…esas cosas. A veces lamentaba que su amor por Harley fuera mayor,  diferente, o incompatible. Ojalá Rose se hubiera fijado en otro, y ojalá Rose no le importara lo suficiente al chico como para mantenerla alejada.

Pero procuró concentrarse en el presente.

-No lo sé, Vic, no lo sé… ¿puedes buscar mi expediente aquí, por favor? Yo mientras buscaré el de mi madre…

Así lo hicieron. Solas, en aquel enorme lugar, se pusieron a buscar, a revolver, a encontrar…Victoire no tardó en encontrar las fichas de Ann, y se dispuso a reunirse con ella, mientras leía.

-Ann Anderson, fecha de nacimiento entre la noche del 2 y el 3 de mayo de 2006, hora inexacta. Ojos negros, piel osc…maldición- se quejó- este registro está mal.

-¿Quién lo apuntó?- preguntó Ann, ansiosa. No les interesaba si habían confundido su color de ojos.

-Enfermeras Millicent Worth y Morgana Lee. Medimago el señor Alsan Flaminus. No hay registro de ningún sanador.

-¿Y te suena que alguno de ellos trabaje aquí? ¿Siga trabajando?- interrogó Ann.

-Umm…me suena Morgana Lee. Me suena.

-He encontrado el fichero de mi madre- con un golpe de varita, las hojas volaron hacia su mano. Victoire apareció en ese momento junto a ella.

Lo abrió, ansiosa, y comenzó a observar los papeles. Tenían unos cuadrados verdes y llamativos en las esquinas superiores.

-Significan que es muggle. Que era muggle. Cuando un muggle y un mago contraen matrimonio, la persona muggle de la pareja tiene derecho a ingresar en San Mungo, de ser necesario. Con los partos se aplica esa norma también.

-Helen Anderson… apellido de soltera, Sparks…-leía Ann-dos de mayo de 2006, motivo de ingreso: parto de dos mellizos…estado físico: esfuerzo continuado, agotamiento, malestar…poción para ataq-que de pánico…estado mental: p-perturbación…

-Basta, Ann- la interrumpió Victoire, cuando oyó que la voz de Ann temblaba hasta no pronunciar bien las palabras- déjalo…

-Acababan de matar a mi padre- dijo la chica, más para ella misma- cómo no iba a estar perturbada…

-Notas: el niño no ha logrado sobrevivir después del parto. Muerte por insuficiencia respiratoria…-leyó Victoire.

"Mentira"- pensó Ann.

-Ummm…está escrito como si lo hubieran tenido que redactar a toda pastilla.

-Posiblemente fuera así. Se tiene mucho trabajo- justificó la Weasley.

Ann ladeó la cabeza.

-Quiero verlos. A las dos enfermeras y al medimago.

-Quizás no sea fácil localizarlos- rebatió.

-Cueste lo que cueste- replicó ella.

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Harley bajó a desayunar totalmente perdido en sí mismo aquella mañana. Se había olvidado mirarse en el espejo y, al contrario que en sus días habituales, el chico tenía mala cara. No cara de cansancio: cara de derrota, de desánimo, de apatía y de casi indiferencia.

El mundo lo había entrenado para no sorprenderse casi por nada, por extraña, rara, curiosa o descabellada que pudiera ser esa cosa, por eso ya nada de lo que le sucediera a él o a los demás le sorprendía tanto como el resto.

Pero el día anterior se había superado esa barrera que Harley había construido con los años. Recordó una y otra vez el suceso de la cena de anoche, sin poder creerse todavía qué había sucedido, y sin saber muy bien cómo reaccionar ante las sorpresas que la vida iba perfeccionando a medida pasaba el tiempo.

-¡Harley!- lo llamó Henry Stump a unos metros de él, en mitad del bullicio mañanero típico en el castillo. Nada más oírlo, sus sentidos de alarma parecieron activarse, los músculos se tensaron, la mandíbula se cerró y los pelos se le erizaron. Sin embargo, sus piernas siguieron produciendo pasos, como si nada importante hubiera pasado.

-¡Hola, Harley!- saludó animado su compañero de cuarto, de nuevo. Él siempre estaba de buen humor, pero sobretodo aquella mañana, donde sonreía a todos con jovialidad- estábamos esperando a que llegaras. Quería presentarte oficialmente a mi hermana, está por aquí, creo- dijo, mientras buscaba a su hermana melliza con la mirada- ¿Emily? ¡Emily! ¿¡Alguien ha visto a mi hermana!?

-¡Atención, atención!

El hechizo potenciador de voz de la directora fue lo único que distrajo a Harley de su ensimismamiento. Ann no había aparecido en toda la tarde y estaba mosqueado, bastante mosqueado. Habría compartido su preocupación con Albus, pero el muy oportuno no había bajado tampoco a cenar. Cuando desaparecía alguno de los dos, aún lo aguantaba. Pero cuando eran los dos a la vez, empezaba a desquiciarse un poco. Dirigió su vista hacia la mesa de profesores, donde la profesora se dedicaba a intentar pronunciar un pequeño discurso. Harley habría sido de los últimos en dejar de ignorarla, pero no estaba de humor, y su silencio fue de los primeros que contribuyó.

-Atención, alumnos. Tengo dos avisos muy importantes que dar. Y lamentó no haber comenzado al inicio de la cena, pero me temo que una de las dos protagonistas de las noticias no estaba presente.

Harley dirigió una rápida mirada a Rose, sentada unas cuantas plazas a la derecha en el banco de enfrente, acompañada de Charlotte Sanders, Lily y unas amigas de la última. Cualquier cosa lo llevaba a ella, y la sola mención de chicas protagonistas de noticias no era la excepción. Al fin y al cabo, el año anterior había sido protagonista de tristes noticias.

-Primero de todos, comunicaros que la alumna que cursaría sexto curso de no haber detenido sus estudios en verano, Grace Tracey Wilson, está de nuevo incorporada a su año correspondiente.

Hubo murmullos de sorpresa mientras Harley ponía los ojos como platos. Acto seguido, casi sonríe, mínimamente contento. Albus se iba a poner como loco con esa noticia. Como loco.

-¿Cómo es que ha vuelto?- se preguntó Hugo Weasley en voz alta, enfrente de donde él estaba sentado. Estaba mirando hacia la entrada del Gran Comedor, donde se podía ver a la aludida parada con cierta vergüenza enfrente de todos.

-Inconsciente- la llamó Harley en voz alta, y con resignación. ¿Por qué había vuelto, pudiendo haber huido? No podría entenderlo nunca, en el caso de que hubiera sido decisión suya.

-Bienvenida de nuevo, señorita Wilson- dijo, mientras la alumna se dirigía a ocupar su puesto entre Scorpius y Josh, que parecían bastante contentos. Harley se preguntó si una chica con el temperamento como Grace permitiría a Rose seguir ocupando su puesto entre los chicos, o por si por el contrario, la chica pelirroja se ganaría también el afecto de Wilson. Solo el tiempo lo diría- y ahora, el momento más importante de todo alumno nuevo de Hogwarts. Por situaciones especiales, Henry Stump no pudo entrar a Hogwarts hasta este año, teniendo que estudiar en casa todo este tiempo- todos los ojos se dirigieron hacia Henry, que tendía los ojos brillantes y esbozaba una pequeña pero sincera sonrisa- pues bien, lo mismo sucedió con un familiar muy cercano, su hermana melliza Emily. Hoy, se incorpora a Hogwarts con nosotros, en la casa Ravenclaw, casa que nuestro sombrero seleccionador decidió para ella hace cinco años. Recibid con una cálida bienvenida y la hospitalidad característica de un habitante de castillo a Emily Stump, la nueva alumna de Hogwarts.

Todos recibieron con un aplauso a la nueva alumna, que soportaba el bochorno de ser observada desde la mesa de los profesores. Hubo muchos murmullos aplacados por el sonido de las palmas.

Era huesuda y blanca como la nieve, con la nariz larga y la piel salpicada de pecas oscuras del color de su pelo castaño. El corazón de Harley empezó a palpitar deprisa, muy deprisa, como si fuera un niño que acabara de recibir un gran susto. No pudo mover ni un músculo durante varios segundos. Reconocía bien su rostro, aunque estaba un poco más saludable que cuando lo había visto por última vez. La vio cada día no hacía tanto tiempo, entre las blancas paredes de San Mungo, vestidos los dos con un uniforme totalmente diferente, hablando cada día, riendo juntos, compartiendo dolor, y mentiras. Forjando una extraña amistad.

No podía ser. ¿Qué hacía Emily allí?

Desconcertado, una vez hubo acabado el aplauso y la nueva ocupaba su puesto en la mesa de Ravenclaw, Harley se levantó, por suerte al mismo tiempo que muchos alumnos que habían acabado de cenar y salió disparado a la salida del comedor.

Solo se giró una vez a mirar a Emily. Y sus miradas entraron en contacto, por mala suerte de él. La mirada de la chica no era de emoción al menos palpable, pero en medio de la mirada de indiferecia, Harley vio la emoción contenida de haber reconocido una cara amiga en medio de todos aquellos.

Y él huyo de ella.

No era así en aquel momento, en el que Henry había conseguido localizar a su hermana y la llevaba del brazo a presentarle a Harley oficialmente, como había hecho con toda la gente con la que Henry tenía al menos una mínima reacción.

Al verle, ella se tensó como él. El chico llevaba toda la noche preparándose para ese momento, así que pudo mantener la calma y esbozar una tranquila sonrisa, preparándose para lo que sea que tuviera que llegar después.

-Harley, Emily- presentó- Emily, Harley.

-Hola- dijo Emily, tras un tenso silencio.

-Hola, Emily.

Harley mantuvo la mirada, dispuesto, pero la chica la desvió, y él entendió que no diría nada.

"Gracias, Emily. Gracias" pensó, con alivio.

-Estupendo, ya os conocéis- completó Henry.

Harley esperó a Emily más tarde a la salida de la última clase de la mañana, que para ella era pociones. La llamó discretamente ocultado un poco en las sombras de la mazmorra donde Mary Badgreen daba las clases, y por suerte ella le escuchó. Las tres chicas que la acompañaban hablarían de cómo la nueva se había quedado atrás para hablar con Harley, y al día siguiente y gracias a Eris Skeeter, ya lo sabría todo el colegio, pero poniendo todo en la balanza, le daba igual.

Ambos esperaron a que nadie pudiera escucharlos.

-¿Qué haces aquí?- preguntó él, y las palabras casi salieron de su boca a tropel.

Emily sonrió levemente mientras se encogía de hombros.

-Te dije que si mi problema remitía podría intentar hacer una vida normal.

-¿Y estás mejor?- preguntó Harley, casi incrédulo.

A ella le brillaron los ojos. No tardó cinco segundos en agarrar la mano de él.

-Ven. Tienen que explicarte muchas cosas.

-Transfusión- pronunció Pomfrey, desde un rincón de la enfermería.

-¿Transfusión?- repitió Harley, sin entender.

Emily lo había llevado a la enfermería, porque por lo visto, la integración de la chica en el mundo mágico tenía mucho que ver con él. Él se había dejado arrastrar, lleno de incógnitas.

Victoire, la cuarta de la pequeña reunión, asentía cada pocos segundos.

-Cuando estuviste en San Mungo en coma, los medimagos de Emily probaron a transfundirle un poco de tu sangre, al tener la misma enfermedad pero con un comportamiento más leve. Y la señorita Stump reaccionó muy bien a ella. Sus ataques han disminuido, no tiene una crisis desde dichas transfusiones. Aprovechamos tu desmayo de hace unas semanas para sacarte más sangre. Por eso te tuvimos más tiempo descansando.

-Por eso en las revisiones en el hospital me quitaron tanta sangre- miró a Emily- no era para pruebas. Era para ti.

-Una parte sí era para pruebas- corrigió Victoire.

-Siento no habértelo dicho antes, Harley- le dijo Emily, un tanto avergonzada.

Él negó, restándole importancia.

-Me lo habíais tenido que decir vosotros- le reprochó a Pomfrey, hablando de todos los medimagos.

La aludida suspiró.

-Ha sido un fallo.

-Un fallo gordo- completó él- bueno…el caso es que gracias a mí puedes estar aquí. Me alegro.

Emily sonrió por décima vez en el día, feliz. ¿Cómo no iba a estarlo?

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-Pasa, Scorpius- le indicó Xantos Scarbot cuando el chico se asomó al vestuario de Slytherin.

-¿Me has llamado?- preguntó el muchacho, a sabiendas de que la respuesta era afirmativa.

El rubio echó un vistazo a su alrededor y vio a los mismos alumnos de siempre, los que estaban siempre en las reuniones clandestinas de "El escuadrón de Scarbot", como lo llamaban cómicamente Josh y él, así que aquello no era una reunión del equipo de Quidditch. Y de todas formas, volvía a ser buscador sustituto, así que tampoco era para extrañarse.

-Claro que te he llamado- los demás se rieron, divertidos- además, lo que tengo que decir te interesará muchísimo, créeme. Siéntate.

Scorpius decidió que lo más prudente era sentarse al lado de Protea Bullstrode, que no dejó de mirarle desde que entró hasta se sentó. Y después también.

-Estuviste muy bien ayer con Weasley- le felicitó.

Scorpius intentó pensar como actuaría su padre a su edad, y sonrió burlón mientras cruzaba una pierna por encima de la rodilla.

-¿Yo? ¿Y qué hice yo?- preguntó, irónico- yo solo estaba allí, y Weasley solo estaba muerta de celos por tu culpa.

-Bueno- dijo Bullstrode, desviando la mirada de un lado al otro y acortando distancias- entonces supongo que tendré que acercarme a ti cuando ella no esté presente.

Protea conseguía crisparle los nervios. No estaba acostumbrado a que ninguna chica le prestara especial atención, y ya le costaba acostumbrarse a la idea de que todos pensaran que Rose y él se besaban cuando nadie los veía, suficiente de momento por aquella época. Además, jamás tendría algo con ella. Era una niñata sin personalidad. Lo mismo que fingía pensar sobre Rose, lo pensaba perfectamente sobre ella: que era estúpida. Pero los estúpidos se relacionaban con estúpidas, y eso era lo que él estaba aparentando ser.

Aunque debido a eso, esa misma mañana, había conseguido algo que no habría conseguido jamás, de no ser por su nueva faceta de novio de Rose Weasley. Todavía quedaba en él el ratro de las chispas que parecieron recorrerle por dentro, la emoción, quizás la adrenalina. El mundo entero se paró aquella misma mañana, y a Scorpius todavía le extrañaba que siguiera funcionando.

Scorpius subía las escaleras que daban desde las mazmorras (la sala común de Slytherin) hasta el Gran Comedor, subiendo a desayunar con bastante hambre y un genial buen humor. Grace había vuelto. Sin ella, todo era más extraño de lo que ya era, y con su vuelta todo se haría un poco más llevadero. Había llegado a los extremos de considerar a Rose una especie de amiga, pero nunca tendría la misma complicidad. Grace era una chica, pero realmente eso no importaba. Con Rose no podía olvidarlo. Veía en ella gestos mucho más femeninos (aunque no necesariamente fuera en realidad así), sabía que había ciertas cosas de él que tenía que ocultar si no quería problemas con ella..esas cosas. Últimamente, su vida estaba rodeada de mujeres, a exceción de Josh y de Xantos Scarbot y sus inaguantables alardes de jefazo.

Estaba ensimismado, como siempre que estaba solo y como normalmente estaba cuando se encontraba acompañado, cuando una voz que no creía que llegara jamás a pronunciar su nombre para llamarlo, lo llamó. Aunque no fuera por su nombre.

-¡Malfoy!

Scorpius se había imaginado mil veces hablando con Lily Potter. No solo hablando, sino haciendo todo tipo de cosas, normalmente muy poco decentes, y sobretodo cuando la testosterona no le dejaba pensar con claridad. Se repetía una y otra vez que la chica solo tenía catorce años, y entonces el deseo meloso volvía con más fuerza que otro tipo de deseo, que obviamente no dejaba de desaparecer y también existía, nunca extinguiénodse.

Se giró con lentitud, y con el corazón latiéndole a mil por hora.

-Potter- saludó, con el ceño fruncido y extrañeza fingida. Se estaba volviendo el maestro del teatro. Era imposible que ella notara…

Merlín, qué guapa era. Su pelo rojo anaranjado (no cobrizo, como el de Rose o Hugo) le caía un poco por debajo del hombro, perfectamente peinado y alisado. Su cara (adornada de pecas estratégicamente situadas) seguía conservando los rasgos de una niña, pero físicamente estaba cambiando casi hasta tener el cuerpo de una chica. Había crecido un poco en altura desde Septiembre, pero Scorpius seguía siendo bastante más alto.

Ese dato no le ayudaba mucho a concentrarse.

-Quería hablar contigo- empezó la chica, un tanto nerviosa. Él estaba bastante contento ya que aquella vez no la acompañaban esas amigas de las que solía rodearse, y que acobardaban aún más al chico en su idea de acercarse a ella, aunque solo fuera para preguntarle la hora.

Lily le miró directamente a los ojos. Él no fue tan valiente, pero disfrutó internamente de aquel mínimo contacto.

-Es sobre mi prima, y sobre ti.

La burbuja de Scorpius se rompió un poco.

"Claro" se dijo. "Ella piensa lo que todo el mundo, que Rose y yo…"

-No sé si lo habrás notado, pero Rose lo ha pasado muy mal últimamente. Su madre casi muere, ciertas circunstancias le han hecho tener que estar alejada de sus amigos…

-Ya sé todo eso- replicó Scorpius.

-Bien. Pues, si lo sabes, debes de saber también que no necesita que alguien más la trate mal, al menos en un largo tiempo. Al menos en bastantes años.

-¿Y tú me has visto tratarla mal, Potter?- preguntó, burlón.

Se estaba comportando como un estúpido. ¿Por qué no podía ser tan amable como Albus, el hermano de la chica? ¿Por qué solo le salían esas palabras, y no otras?

-De momento no, y no me gustaría jamás tener que verte- respondió- Y a mi hermano y a mis primos tampoco les haría ninguna gracia ¿sabes? Supongo que ya sabes que no dicen cosas muy agradables sobre ti- se le notaban los nervios en la voz. Por un motivo o por otro, a Lily él la ponía nerviosa-…y lo más agradable que han dicho ha sido que no te pareces a tu padre.

-El clan Weasley tiene los ojos puestos sobre mí, supongo- soltó Scorpius. Qué estupidez. Eso no es lo que ella querría oír.

-Desde que te fijaste en ella- respondió Lily, tan seria como un adulto de cuarenta años.

Una parte de él quiso gritarle la verdad. TODA la verdad.

-No te equivoques. Mucho antes. En fin, supongo que he salido más a mi madre- dijo Scorpius. Los nervios no le hicieron decir nada más cautivador.

-Quedas advertido- finalizó Lily, comenzando a darse media vuelta.

¿Ya estaba? ¿Cinco años (más de cinco años) esperando aquel momento, y solo duraba unos treinta segundos? ¡No podía ser! ¿Qué había hecho él para merecer tan poca suerte?

La desesperación interior le hizo avanzar hacia Lily, que ya se alejaba de él, y agarrarla por el brazo, sin brusquedad pero sin excesiva delicadeza. Por suerte, elegante, como un Malfoy.

La estaba tocando. La estaba tocando.

Lily se sobresaltó y se giró para mirarlo.

Merlín, qué cerca estaban. Y qué bonitos eran sus ojos, castaño claro, iluminados por los pocos rayos de sol que entraban por la ventana.

-Jamás te haré daño a ti, ni a nadie de tu familia.

Menos mal que nombró a Rose muy indirectamente, porque le llega a salir "y a nadie que a ti te importe", y la habría cagado esta vez muy poco elegantemente.

Lily lo miró un par de segundos, que parecieron siglos, y finalmente habló.

-No estoy en absoluto preocupada por mí. Pero vale, es justo lo que me habría gustado oír.

Y Scorpius no pudoentonces  hacer otra cosa que dejarla marchar.

-Ahora callaos- ordenó Scarbot- no tardaré mucho en dejaros subir a contemplar cómo con suerte, aplastan a Gryffindor en este partido. Me he enterado de algo tremendamente interesante- como siempre, supo mantener el suspense- Malfoy- lo llamó- como ya te he dicho antes, te va a gustar mucho lo que voy a decir- Scorpius era lo suficientemente inteligente como para ir preparando su estado anímico para engañar a todos alegrándose por algo que seguramente no le iba a hacer la más mínima gracia- tiene que ver con tu noviecita postiza y la nueva alumna de Hogwarts, la que llegó anoche al castillo.

Silencio.

-No tendrás que seguir aparentando nada. Ella será la encargada de matar a Rose Weasley.

Scorpius casi tragó aire, mientras los ojos se le abrían un poco.

-¿En serio? ¡Vaya, vaya, con la nueva!- exclamó Goyle, complacido- pues que la mate, estoy deseando que Potter sea el siguiente, lo odio.

Todos le secundaron con murmullos aprobadores.

-Vaya, encantador, ¿no crees?- le dijo Protea, en un susurro, solo para él.

Scorpius solo sacó la sonrisa de satisfacción que tanto había preparado.

Pero nada más salir a ver el partido entre Gryffindor y Hufflepuff, cuando nadie pudo verlo y el bullicio fue tal que nadie podría distinguirlo entre la multitud porque se las había ingeniado para despistar a todos los Slytherin que habían estado presentes en el vestuario, se dirigió hacia la grada de Gryffindor, casi fuera de sí, aunque intentando aparentar normalidad.

Rose estaba en aquellos momentos subida a una escoba a más de cincuenta metros del suelo. Podía ser que en aquellos momentos, alguien (esa alumna, Emily Stump) estuviera intentando por hechizo que se cayera de la escoba y se desnucara.

No podía permitirlo. Tenía que avisar a alguien.

Pero ¿a quién?

Albus Potter estaba en el campo también. Anderson llevaba un día castigada, Harley se había vuelto solitario y escurridizo…Lily Potter era demasiado pequeña, Victoire Weasley no estaba en las gradas.

"Piensa en alguien a quien le importe tanto o más que su propia vida"

Si no hubiera sido hijo único, se le habría ocurrido antes.

Apareció en las gradas bajas, y buscó a Hugo Weasley con la mirada. Casi se alegró de verlo situado apenas un poco alejado de la esquina superior. Avanzó con aparente tranquilidad, aunque tuvo la suerte de que nadie reparara en él.

Finalmente, llegó hasta su objetivo.

-¡Weasley!- lo llamó.

El chico estaba con sus amigos y apenas le hizo caso.

-¡Weasley!- gritó.

-¿Qué pasa, Malfoy? ¿Qué narices haces aquí?- le preguntó Hugo.

-Hay algo bastante importante que tengo que decirte- dijo Scorpius.

 

-Ahora no. Gryffindor va perdiendo. Ya me pedirás la mano de mi hermana cuando acabe el partido…

Los amigos de Hugo rieron, burlones, mientras Ewan Linoonn comentaba por megafonía como Albus Potter había desaprovechado una oportunidad más que clara para atrapar la snitch. Por suerte, Hufflepuff falló el tiro al aro al mismo tiempo.

Scorpius apretó la mandíbula, cabreado.

-De hecho, sí que tiene que ver con ella.

Por fin atrajo la atención de Hugo, que se acercó a él.

-Van a matar a Rose- soltó en bajo, para asegurarse de que nadie más los oía.

Hugo lo miró serio durante unos segundos, y después se rio, socarrón.

-¡Pues claro que sí lo van a hacer! ¿Te has visto lo mal que ha jugado? Ha desaprovechado dos oportunidades claras de tanto…

Scorpius no pudo soportar tanta idiotez y salió escopetado a intentar ayudar a Rose él mismo y a intentar también pedir ayuda a Grace y a Josh, cosa que debía haber hecho desde el principio.

Pero alguien lo agarró por la pechera de la túnica, tirando de él con tanta fuerza que quiso quejarse.

-¡Pero qué haces, pedazo de idiot…

Las palabras murieron en su boca al ver los ojos negros y el duro rostro de Harley, mirándolo con la misma o mayor seriedad que la que presentaba Scorpius.

-¿Qué- has- dicho?- preguntó el chico, con el ceño fruncido.

-Me temo que me has oído- respondió, tras asimilar que el chico había oído lo que Scorpius se había empeñado en decir en voz lo suficientemente baja.

Lo soltó por fin, bruscamente.

-¿Quién?- exigió saber, con ansia- ¿Por qué lo sabes? ¿Quién te lo ha dicho?

Se escondieron entre los andamios, ocultos del exterior, Harley siguiendo de cerca al Scorpius.

-Emily Stump, la nueva alumna- dejó caer, por fin, con ganas- Va a ser ella, tienes que creerme. Va a matarla. No sé cuándo ni cómo pero créeme, lo hará.

-¡Pero eso es imposible!- protestó Harley, entre incrédulo y cabreado- ¡ella no puede ser!

-¿Vas a fiarte de tu intuición?- le reprochó él. No soportaba a tantos idiotas juntos en tan poco tiempo- ¡Ni siquiera la conoces, acaba de llegar!

Harley sacudió la cabeza. Parecía que le estaba ocultando algo.

-Vale. Imagina que sí es así. ¿Cuándo? ¿¡Cuándo!?

-¡¡No lo sé!!- respondió, tremendamente impaciente-¡Pero si te importa la vida de Rose, no lo quites la vista de encima a la nueva. Debemos estar encima de ella todo el tiempo!

El Gryffindor todavía parecía estar asimilándolo.

-Y supongo que de estar con Rose ya te ocupas tú ¿no?

-Es lo que llevo haciendo todo este tiempo, y por lo visto se me da mejor que a ti- Harley alzó la mirada para dirigirla hacia él, llena de rabia- de todas formas, si hay alguien que puede cuidarse por sí sola, es ella.

-Aún así…

Harley buscó a Emily entre la multitud, con el corazón latiéndole fuerte su pecho, como un león. Gryffindor iba ganando.

 Por suerte, ella estaba sentada con un par de compañeros, actuando normal. Quiso suspirar, pero no había motivo para sentirse aliviado.

Claro que no se fiaba del todo de las palabras de Malfoy, pero él le había jurado y perjurado que eran ciertas, y salió disparado a su encuentro, sin mediar más palabra con Scorpius. Y además, prefería pensar que su amiga le había estado mintiendo desde que la conoció, y que iba a hacer más que daño a Rose, a ignorar al chico y descubrir poco después que Rose estaba tan muerta como en sus pesadillas. Las nuevas, consistían en atormentarle imaginando como la chica se caía desde un precipicio, golpeándose la cabeza contra las rocas y muriendo en el acto…

 Era él quien la empujaba. Siempre era él quien la empujaba.

-¡Emily!- la llamó, casi gritando. Todos a su alrededor debieron escucharlo.

La chica reaccionó a su llamada, girándose para mirarlo y sonriendo levemente.

Harley tuvo ganas de mandarla de una patada de vuelta a San Mungo.

-Hola- saludó ella, cuando llegó hasta su lado.

-Está interesante el partido, ¿no crees?- preguntó él, intentando aparentar normalidad, mientras se sentaba a su lado.

-Para mí no te imaginas hasta qué punto- contestó, levemente emocionada por ver cómo el chico no huía de su compañía. Era su amigo de verdad.

En ese momento, el buscador atrapó la snitch ante la decepcionada mirada de Albus Potter, y Hufflepuff se proclamó ganador. A Harley no le gustaba especialmente el Quidditch, pero se sintió mal por su amigo. Además, estaba demasiado ocupando estando pendiente de cada movimiento de la nueva alumna.

Harley no tenía pensado despegarse de ella. Ni un maldito segundo que ella saliera de la sala común de Ravenclaw, estaría sola.

Y por eso, ese día empezaron todos los rumores.



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