Historia al azar: Amor Del Bueno
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La magia más poderosa » Consecuencias de acciones
Historia terminada La magia más poderosa (R15)
Por MeltedSound
Escrita el Sábado 2 de Junio de 2012, 17:51
Actualizada el Miércoles 28 de Febrero de 2018, 07:56
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Consecuencias de acciones

Capítulos
  1. Sensaciones, sentimientos...y un salto en el tiempo
  2. La hija menor de Pansy Parkinson
  3. El refrán del Slytherin valiente
  4. Ayuda mutua.
  5. El corazón de Rose Weasley
  6. El mayor miedo de Scorpius
  7. La carta de Ann
  8. Harley y Frank Longbottom
  9. La decisión más difícil
  10. Consecuencias de acciones
  11. Alerta permanente
  12. Impotencia y caos.
  13. Lo atractivo en lo desequilibrado
  14. Blanco, negro y gris
  15. Amor
  16. El Escuadrón de Merlín.
  17. Chispas
  18. Pensar. Merecer. Cambiar.
  19. Iguales
  20. "El amor es...
  21. la magia más poderosa"
  22. Andrew (Prólogo)
  23. Despertar.
  24. Toda la verdad.
  25. Verdades y mentiras.
  26. Complicado, no imposible.
  27. Los cambios.
  28. Promesa y amenaza.
  29. Olvido
  30. Profecía y anhelo.
  31. Juntos
  32. Maldiciones
  33. La reina del ajedrez.
  34. Pasado y destino o historia y futuro
  35. A cincuenta metros del suelo
  36. Juego perverso
  37. Veritantrum
  38. Tras la poción
  39. Transición
  40. Crecimiento y curación
  41. El tercero
  42. El tercero (II)
  43. Reinicio
  44. Héroes
  45. El dibujo del miedo
  46. Preludio
  47. Ausencias
  48. Viejo o nuevo
  49. S de Slytherin
  50. El discurso del caballo.
  51. El silencio de todos
  52. La duda
  53. Inmateria
  54. Suficiente
  55. Floresencia
  56. Fantasía
  57. Lo inevitable
  58. La tercera
  59. Una nueva vida

Los dos primeros meses de Ann en Hogwarts parecían transcurrir con normalidad. Estaba empezando a tener amigos, esa cosa que ella nunca había tenido en su antiguo colegio Muggle, y más o menos, todas las asignaturas le resultaban entretenidas.

No podía dejar que nadie descubriera su secreto.  Ni siquiera sus mejores amigos Rose y Harley, porque tenía mucho miedo de perderlos si ellos descubrían…bueno, sus rarezas.

Pero tampoco es que todo allí fuera normal. Ann descubrió rápido que secretos tenemos todos, y que, está claro que unos más que otros.

Un día, en octubre de aquel mismo año, su primero en el colegio, algo extraño sucedió.

Bajaba las escaleras de su cuarto cuando en el rellano se topó con Albus. Era el primo de Rose y Ann lo encontraba muy simpático y diferente al resto de niños idiotas Muggles, e incluso que muchos niños magos. La magia poco tenía que ver.

-Hola.

-Hola Albus.

-¿Está Rose contigo?

Ann negó.

-Creo que se ha marchado a la biblioteca.

-Qué raro…

Ambos sonrieron.

Llegaron a la Sala Común y en seguida se dio cuenta de que algo no marchaba bien.
James, Louis y Dominique, familiares de Albus y Rose que Ann respetaba enormemente al verles tan mayores comparado con ella, se dirigían miradas tensas. Más atrás, Jamie, el mejor amigo de James y Louis Weasley  parecía indignado. Rose, la que parecía protagonista del jaleo, mantenía la cabeza baja y tenía las mejillas coloradas.

-¡A ti no te parece que debemos hacer algo! ¡Eres la perfecta! ¡Además, es tu prima!

-Sé lo que soy y lo que es Rose, enano- le soltó a Louis con cierta calma- pero no tengo la culpa de que Rose vaya discutiendo con la gente, sobretodo si...

-No volverá a pasar ¿de acuerdo?-soltó Rose conrnvoz débil- no volveremos a hablarnos y todo irá bien...

-¿Rose?-vaciló Albus al aproximarse.

La niña le ignoro por completo.

-¿Qué ocurre?- pregunto Ann a Louis. Una vez más, su curiosidad venció a la vergüenza de inmiscuirse en una charla de Weasleys.

-Han vuelto a discutir...otra vez- respondió James en su lugar.

Y Ann supo a quien se referían.

-¿Y dónde está ahora?- pregunto.

Pero fue un gran error.

-¿¡Porque siempre tienes que estar pendiente de él!?- estalló su amiga, o al menos pareció a punto de hacerlo, porque su rostro estaba rojo, como sus orejas o incluso más-¿¡cuánto tiempo tardaras en darte cuenta de que es un estúpido!? ¡y tú también!- le soltó a Albus-¡no es una buena influencia para ti!

-¿¡Y a ti que demonios te pasa!?- contesto Ann indignada- ¡no tenemos la culpa de que un amigo nuestro no te caiga bien!

Ann nunca se había visto defendiendo tanto a nadie.

-¡Pues no será porque no lo haya intentado, pero cuando vosotros no estáis, se porta de forma muy desagradable conmigo!

Ann se quedó en shock por un momento, reflexionando sobre las palabras de Rose.

Cuando Ann conoció a Harley, estaba muy enfadado, y nunca lo volvió a ver así... luego recordó que no hacia ni 48 horas, se preguntaba como un chico como él podía ser amigo de una chica como ella... tal vez había fingido por algo llevarse bien con ella.

De pronto, algo surgió.

-¿La has hablado de familia? ¿Has dicho algo de madre, o la palabra padre o algo?- pregunto. Algo sucedido hacía unos días le había hecho reflexionar sobre si el tema era delicado.

-No.

Ann se mordió el labio.

Rose no aguanto cinco segundos más y salió disparada hacia algún lugar... tal vez los baños de chicas del tercer piso.

Los demás, excepto Dominique, que ya parecía bastante distraída, se miraron los unos a los otros. Nadie parecía estar dispuesto a ir detrás de ella. ¿Por qué se había ofendido tanto? La gente discutía.

-¿Adonde fue Harley?- preguntó Ann, con tono firme, poco habitual.

-Creo que en dirección a los jardines... creo- intervino Jamie.

Ann emprendió la marcha, después de pedirle a Albus que no la acompañara. Que tenía que averiguar una cosa por si misma…

La verdad es que se pasó incluso horas eternas buscando al niño por los jardines. Al fin y al cabo, su preciado colegio poseía unos terrenos inmensos  donde uno podía perderse durante horas y olvidarse sus preocupaciones escolares. Curiosamente, para Ann el otoño era su estación preferida. Los niños dejaban de estar en la calle debido a la lluvia (frecuente en la ciudad de Southampton) y el frío y el inicio de sus estudios les obligaban a pasar más tiempo en casa, lo que hacía que Ann se sintiera un poco menos incomprendida.

Pero ahora, se dijo, ya no estaba en Southampton ni en el colegio Muggle, su vida había dado un gran cambio desde que se marchó a Hogwarts, e iba a permitirse disfrutar de la estación por su fresco tiempo, las hojas caídas sobre el suelo, el paisaje de árboles desnudos y la preciosa puesta de sol, que hacía que el cielo se tornase de un color amarillento y marrón.

Fue en ese momento, cuando el sol terminaba de ponerse y los alumnos se aproximaban a volver a cenar, cuando lo encontró, cerca de la orilla del lago.

Solo, encogido en el hueco de una enorme haya y con la cabeza gacha, estaba Harley. El viento hacia que pelo se le arremolinase, como cobrando vida, pero por lo demás estaba inmóvil, excepto cada unos cuanto segundos, se retrató más tarde, que sufría pequeños espasmos.

Ann estaba demasiado lejos de él, así que camino para aproximarse. La idea principal había sido ir allí para reprenderlo por discutir con Rose. Pero entonces, ese propósito pareció esfumarse casi por completo, precediendo la preocupación y la curiosidad.

De Pronto, mientras se acercaba, sus zapatos emitieron un crujido más notable sobre las hojas secas, y el niño levantó la vista rápidamente.

Ann abrió los ojos, y, como si de un "Petrificus totalus" se tratase, se quedó inmóvil.

No pudo haberla oído, estaba demasiado lejos...tal vez el viento le había llevado el sonido...


Fue entonces, cuando vio el rostro... ¿atormentado, o algo así? de su amigo, y su sexto sentido le dijo que algo no iba nada bien.

-¡Márchate!- le grito con voz potente, levantándose y acercándose con
peligro-¡Quiero estar solo! ¿¡Es que no lo entendéis?! ¡Solo!

Su cara de ira desapareció, siendo sustituida por otra de dolor. Las palabras de él, que antes habían hecho que Ann retrocediera asustada, fueron vencidas por el sufrimiento de su rostro, y comenzó a aproximarse, con decisión.

-¿Qué te ocurre?-susurro con preocupación.

-Yo no quería...- dijo Harley, tan nervioso que movía las manos continuamente- me expulsarán- soltó con un gemido lastimero-siempre me expulsan... me duele...- se quejaba, mientras se dejaba escurrir por el tronco del árbol más cercano.

-Yo... yo puedo ayudarte- le dijo intentando eliminar cualquier emoción de su voz, para tranquilizar al niño-si me cuentas... ¿es por la discusión con Rose?

Cuando llego a su lado, Harley estaba más tranquilo, ya no temblaba tanto como antes y su respiración era menos agitada.

-No tiene nada que ver- soltó entre hipidos. Había llorado. Nunca antes había parecido tanto lo que era, un niño de once años falto de cariño, y con un oscuro secreto- soy yo...soy peligroso...me expulsarán...no he tenido cuidado...

Ann se agachó junto a él, de forma lenta y sutil, y busco su rostro.

-Sea lo que sea, puedes contármelo...

Pareció hasta reír.

-Eso dicen todos ¿sabes?...al principio...pero luego-hipó- luego eres diferente...y te odian.

No supo decirle que podría llegar a entender esa frase mejor que nadie en todo el planeta.

Se quedaron mucho tiempo así, muy cerca pero sin rozarse. Varias veces Ann se reprochó el hecho de no haber salido detrás de Rose, y estar ahora sentada encima de un váter del lavabo del tercer piso criticando a los niños, tontos e inmaduros niños preadolescentes.

Yo no quería...- le dijo, como si supiera lo que estaba pensando- pero tenía que marcharme de la biblioteca antes de que...-se le quebró la voz. Miraba hacia el frente, hacia el lago. La luna llena se reflejaba en el agua.

Ann se quedó acompañándole horas, mientras poco a poco, su amigo iba tranquilizándose.

En aquel momento no supo que había sido creado un vínculo especial que los unía como a pocas personas en este mundo. Mucho más grande que una simple amistad, y mucho menos material que una pertenencia

La habitación era austera, de paredes blanco nuevo y sin que apenas una pequeña luz iluminara el lugar, mediante una pequeña ventana en lo alto de una pared impoluta.

Grace observó que, en medio de la estancia, había una camilla enorme en la que reposaba inmóvil una mujer menuda y de cabello negro, ligeramente canoso.

No pareció inmutarse de la llegada de Grace, que con miedo a despertar a la convaleciente avanzó sigilosamente hacia su lado.

-¿Hennic?- murmuró Pansy desde  su estado de duermevela o febril. 

Grace habló.

-No soy Hennic.

La madre de la chica tardó en reaccionar, pero al abrir los ojos y no encontrarse precisamente con una Sanadora del hospital, los abrió desmesuradamente.

Pareció querer decir algo, pero en su lugar de sus labios resecos salió un leve gemido.

El nudo de la garganta de Grace cada vez se hacía más grande, mientras que también cada vez le dolía más ver a su madre en aquel estado.

Moriría. Sus ojos verdes se habían transformado en metal verduzco, supuso debido a la enfermedad, y no parecía más fuerte que una pluma desprendida del ala de un cuervo, cayendo lentamente hasta estar a punto de rozar el suelo. Moriría y no habría posibilidad de salvarla. No parecía haber ninguna cura.

-Hola- dijo en voz baja la chica rubia, antes de seguir pensando en eso. Se obcecó especialmente en no llamarla ni "mamá" ni "Pansy", ni por ningún nombre. Ninguno parecía el correcto y adecuado.

-Viniste- murmuró Pansy con voz cansada. Aun así se le podía apreciar un ligero tono de sorpresa.

-Vine- contestó, llena de nervios.

Se sintió observada por su madre, de arriba a abajo y de abajo a arriba.

-Cómo has cambiado desde la última vez que te vi. Ya eres...mayor.

Grace no dijo nada. Hacía como tres años que no veía a su madre. Era una completa desconocida por la que se supone que debía estar desgarrándose por dentro al verla así.

Y obviamente se sentía mal pero...

Sin embargo, el objetivo de la chica era tan claro como las paredes de aquel Hospital.

-¿Por qué razón los médicos me enviaron una carta a mí? ¿Por qué me llamaste? ¿Qué quieres?-preguntó abruptamente y sin irse por las ramas. No lo dijo ni de buena ni de mala manera, sino como alguien desesperado por averiguar la verdad.

-Nada en especial- respondió sin embargo Pansy-verte.

Despedirse.

Grace se sintió estúpida. Tratada como una niña pequeña a la que su querida y adorada madre desea ver cuando está enferma en una cama de hospital.

Se miraron largamente a los ojos. Por supuesto era un acto incómodo, pero ambas sabían que era de las pocas oportunidades restantes (sino la última) de conocerse la una a la otra. Ahondando más allá de dos miradas tan iguales, y tan diferentes a la vez.

Grace tomó aire hasta llenarse.

-Voy a decirte lo que pienso de ti, y de lo que has hecho. Posiblemente no tenga más tiempo que hoy, pero en cualquier caso no sería mi culpa-comenzó a decir.

Maldijo en su interior cuando aquel nudo en la garganta y el picor de ojos empezaron a pronunciarse.

-¿Vas a decirme la verdad? supongo que no, pero tengo que intentarlo primero.

-No hay ninguna verdad- contestó Pansy, con voz agotada que sin embargo no ocultaba un montón de verdades- estoy enferma de una enfermedad sin catalogar y me estoy muriendo-hubo un silencio muy tenso entrar ambas- ¿Lo querías así de claro?

-No- respondió su hija sin ocultar enfado, su rabia- lo que creo es que hay gente que te ha hecho pagar por tener un hijo con un Muggle, siendo Sangre Limpia.

-Eso es una estupidez- le rebatió, intentando incorporarse un poco, incómoda.

Grace se aproximó a ella.

-¡No lo es! Maldita sea ¡No me mientas! ¿Crees que no sé porque las pocas veces que fuiste a verme, lo hiciste a escondidas de toda tu familia? ¡Tenías miedo de ellos, de tu maldito marido y de tu maldita familia maniática de la sangre!

-Niña...

-Tengo derecho a saberlo-continuó- ¿Querías a mi padre, aunque sólo fuera un poco?

No respondió.

-¿Sabes? a veces he deseado que él me contara como se dio toda esta situación, otras en cambio prefiero no saber nada. Pero mi padre nunca ha estado con otra y eso me hace pensar que todavía te quiere y tiene esperanzas de que vuelva.

Ese dato pareció sorprender enormemente a Pansy, cosa que alegró a su hija, sabiendo que  al menos algo había conseguido.

-¿Por qué me dejaste con él?-preguntó.

Pansy rio amargamente.

-¿Y con quién pretendías quedarte? en casa no eras precisamente bien recibida.

- Y entonces ¿Cómo pudo perdonarte algo así? alguien como él. Odia a los Muggles y tú habías tenido un hijo con uno. No me explico cómo...

-En realidad nunca lo hizo, evidentemente. Aunque delante de todos fingía hacerlo. Tanto que me perdonó un amante y una hija que había tenido en un momento complicado de nuestro matrimonio. Al no estar tú jamás de por medio, bueno...la vergüenza de Hennic dio paso al poder que le dio el convertirse en un gran ejemplo para los Sangre Limpia. Mantener la sangre debía de ser lo más importante de todo, y él siguió siempre a mi lado. Pero realmente...no.

-Él te ha hecho esto- murmuró Grace- ahora es cuando se está vengando de ti.

Pansy cerró los ojos, agotada.

-No me mientas. Lo sé. Sé lo que está pasando y quién lo está haciendo.

Ladeó la cabeza y volvió a mirar a su hija.

-No creo que una niña pueda siquiera intuirlo. Esto sólo es el principio, Grace. Lo malo acaba de empezar. Primero irán los Traidores a la Sangre, después quizá los Mestizos, después los Sangre Sucia...

-Basta- le pidió Grace. Tenía los ojos llorosos, de toda la tensión.

-¿No querías la verdad? esta es.


-¿Y la cura?- preguntó, con voz temblorosa.

-No hay cura. Una vez consiguen meterte el veneno dentro, no hay vuelta atrás. Y da las gracias a que no se contagia. La única forma de evitarlo es protegerse mediante el aislamiento. ¿Por qué crees que ningún Weasley está todavía enfermo? me cuesta admitirlo, pero son listos en ese sentido.

Grace no supo que decir.

Lo primero que se le vino a la cabeza.

-Siento que me odies tanto.

-Yo no te odio, Grace. Eres tú quien me odias.

¿Porque maldita razón esas palabras estaban llenas de despedida?

- No- soltó, con los ojos llorosos- Tú me abandonaste. Vale que fui el error más gordo de tu vida, pero me abandonaste. Aunque no te odie, no me puedes negar estar...ofendida.

-Hennic pensaba que eras su hija- interrumpiéndola ella, mostrando por fin la verdadera realidad de los hechos.

Grace abrió mucho los ojos.

-¿Cómo?

- Cuando le conté que estaba embarazada sospechaba, sí, pero él solía estar borracho, ¿sabes?- su voz tembló un poco en esa parte- y lo aceptó. Dejé automáticamente de verme con tu padre y simplemente iba a dejarte ser una más de la familia. Había tomado esa decisión. Pero...

Grace quería saber por qué no llevaba el apellido Samdon.

-¿Pero qué?

-Cuando naciste- parecía que a Pansy le costaba seguir hablando- Michael...él era tan infeliz...- empezó a decir cosas incoherentes, supuso a causa de la fiebre- y tú tenías mis ojos, y tu pelo era rubio claro...tus mejillas sonrosadas, como las de él...Matthew- pronunció aun nombre como si le costara un mundo liberar el nombre que tanto tiempo había permanecido vetado- no pude hacerlo. No podía darte a mi familia, a un padre como era Hennicc para Michael, el pobre Michael...cuando...tú podías tener a Matthew. Él era demasiado bueno. Y yo te quería demasiado para hacerte eso- Grace se conmovió- La gente habría murmurado toda tu vida, Hennicc te habría tratado día tras día dudando sobre quien era tu padre realmente. Vi cómo trataba a Michael y no quería lo mismo para ti, ¿entiendes?

-Podías haber venido con Papá y conmigo- le dijo- ¡podrías haber sido valiente y venirte! ¡Y desde el primer momento! ¿Lo amabas? ¿Amabas a mi padre? ¡Si es así ¿por qué no?!

-Michael, tonta- le espetó, entre dolida y divertida- ¿Crees que iba a dejar solo a mi hijo, con ese hombre? no te quepa duda de que respeto un linaje de Sangre Limpia, pero Hennic y sus "amigos" tenían, y tienen, algo mucho más grande en mente. Y eso le obsesionaba, era cruel con cualquiera que se le cruzara. No podía dejarle solo…y tampoco podía dejarte estar con él cuando tú podías tener otra opción mejor.

Grace cayó. No podía negar que su padre siempre le había dado todo lo que necesitaba. No sólo sustento y una educación, sino el amor de un padre que la quería a pesar de las circunstancias anormales en las que ella había llegado a él.

Luego que nadie entendiera por qué se preocupaba tanto en protegerlo. Matthew Wilson era la última persona en el mundo que merecía sufrir.

-Yo no amaba a tu padre, pero sí lo amaba más que a Hennicc. Pero una parte de mí, irracional o no, siempre lo odió un poco. Si al menos hubiese sido un mago…las cosas quizás habrían sido distintas.

Grace se limpió las lágrimas con la manga de la sudadera, avergonzada de tanta llorera.

-¿Por qué nunca me hiciste ver que lo hacías por mi bien? Todo hubiera sido más soportable- dijo, con emoción.

-Ya te lo decía, pero tú nunca escuchabas. Las pocas veces que pude disponer de tiempo para ti siempre estabas enfurruñada con el mundo, preguntándome una vez y otra también porque yo no podía ser como el resto de madres.

-No podrás negar que me ha tocado una madre particular- intentó defenderse.

-Tú tampoco es que seas muy normal. Tu carácter siempre fue indomable. Cuesta que hables sin gruñir y una sonrisa tuya vale galeones. Aunque eres inteligente y tu manera de ver las cosas siempre me gustó, debo admitir. Serás mucho mejor de lo que yo lo fui.

No dijo nada.

-¿Ya tienes novio?

-¿Qué?- se sorprendió Grace. No esperaba que la conversación cambiara de rumbo tan rápidamente.

-Dime que no es el hijo de Draco, sólo dime eso.

-No, él…

¿Qué le iba a decir?: "¿Le gusta la hija de Harry Potter?"

-Sólo somos amigos. Muy buenos.

Pansy cerró los ojos, agotada y sin prácticamente nada que la atara a la vitalidad.

-Asegúrate de que el chico que elijas sea uno por el que merezca la pena entregarlo todo y no mirar atrás ¿de acuerdo? no cometas los mismos errores que yo,  o te veo también en una camilla de Hospital.

Grace apretó la mandíbula

-Aunque ten en cuenta, que aunque el amor sea lo más importante, no lo es todo. Y a pesar de cómo lo estoy pagando ahora, sigo sin arrepentirme de nada en esta vida… de una forma u otra, ha sido lo que yo he elegido. Una parte de mí... estará cuidando siempre de ti.

Ella cogió la mano de su madre, por primera vez, sin sentir rencor ni incomodidad.

Ann se dirigía hacia la biblioteca, a paso lento y sin prisa alguna, ya que tendría que pasarse casi dos horas enseñando teoría de pociones a Scorpius Malfoy, que era vago, perezoso y bastante caradura cuando se lo proponía. Ann no sería la encargada de encararle en ese sentido, pero sí tendría que ser participe el aprobado que iba a recibir por narices en el examen de recuperación antes de los TIMOS.

TIMOS.

Una palabra que agobiaba a cualquiera que no tuviera memoria fotográfica, y ese era justo su caso.

Todos los demás parecían rellenos de angustia inaguantable, y a más de uno le habían salido más granos y kilos de lo normal. Rose se mordía las uñas y el interior del labio constantemente, saltaba a la mínima y más de una vez le había gritado a su propio novio por interrumpirle en su tiempo de estudio. Albus se metía los dedos en el pelo cada vez que se le olvidaba algo de una lección importante.

Era la primera vez que Ann se alegraba de ser diferente. De memorizar las cosas sin esfuerzo y de realizar un hechizo a la perfección a la primera. Aunque tenía que fingir que se ponía a estudiar para no despertar sospechar de los resultados que tendría, seguramente, en los exámenes.

Bueno, aunque no todos parecían tener ese grado de estrés.

 De repente, alguien la agarró por la cintura y la levantó a una altura considerable provocando que soltara un gritito muy poco digno en mitad del vestíbulo de Hogwarts.

Harley la devolvió al suelo en seguida.

-Idiota, me has asustado- le espetó, medio sonriendo, mientras ambos recogían los libros que se le habían caído a Ann de la sorpresa.

-De eso se trata. Es muy gracioso cuando te asustas- le dijo sonriendo.

-Malvado- le espetó-¿Dónde estabas?-preguntó.

-Con Albus y Hugo.

Ann ató cabos.

-¿Convenciste a Wilson para...

-Eso es lo emocionante- dijo él- ¡Fue Albus el que lo hizo! ¡Siempre tienes razón, tiene hasta poder de influencia sobre esa rubia con sentimientos de escreguto, no me lo creo!

-Ya lo dije.

-Es brillante. Si Al no acaba de Ministro de Magia o algo así, me tiño de violeta. Juramento Inquebrantable.

Ann rio.

-Recuérdame que te haga hacerlo después- bromeó-y ahora, tengo que darle al señorito Malfoy unas clases hasta que sepa lo suficiente de pociones como para poder escaquearme de ayudarle.

- ¿Lo harías?- se extrañó- no es propio de ti, pero no creo que a Malfoy le importe mucho que no le hagas ningún caso, y además así podrás venir conmigo a buscar a la gruñona de Weasley y quedarte con nosotros, exclusivamente para protegerme de acabar muerto.

Ann había pasado demasiados años de motes ofensivos como para no saber que aquella Weasley no era ni Lucy, ni Roxanne, ni Molly. Solo Rose.

-¿Cuándo vais a hacer las paces?

-¿¡Vais!? ¡Pero si yo no he hecho nada! ¿He hecho algo que le haya molestado?

Ann calló, como muchas otras veces. Sabía perfectamente lo que ocurría y siempre tenía que guardar silencio al respecto. Era tan evidente lo que ocurría que hasta un niño de cinco años se daría.

-Tendrás que preguntárselo a ella ¿no crees?

-Ya lo he hecho, y no me ha contestado.

-Pues dale un ultimátum.

Pareció pensarlo un rato, mientras recorrían un estante de libros de estudios Muggles.

-Pues sí. Eso haré. ¡Eso haré!

Se alejó a grandes zancadas, mientras se despedía de Ann.

Harley recorrió varios pasillos sin dar con ninguna pelirroja, y empezó a mosquearse.

Aguzó el oído pero no escuchó nada. Aquellos días estaba más cansado de lo habitual y todos los sentidos le funcionaban menguados.

Rose no estaba en la apartada mesa de la biblioteca que solía ocupar, lejos del resto de ellas pero cerca de las estanterías.
No estaba en su sección preferida, y no estaba ¡en ningún sitio!

Gruñó mientras atravesaba una columna más de enciclopedias.

Seguramente estaba con ese idiota de Tobías Smith, que seguramente, también, tendría más inteligencia que él, pero no más hombría. O como se diga.

Se preguntaba una y otra vez como una chica tan...tan...lista como Rose, había elegido a semejante espécimen de pulpo gigante.

Si se trataba de tener novio, cualquier otro hubiera resultado una mejor opción.

"¿Como quién?" se preguntó una vez más. Al final, ninguno parecía adecuado para tal cometido. Ninguno la conocía lo demasiado y ninguno la trataba demasiado bien, y lo pensaba sobretodo después de ver el patético espectáculo de besuqueos anormalmente malos que desgraciadamente Harley había presenciado a lo lejos no hacía días. Algo se le removió por dentro sólo de verlos a lo lejos
rnen el jardín del castillo. Así que Smith debía de ser realmente malo. O resultaba antinatural una Rose que tuviera novio. Porque hasta ahora, ningún beso visto o "intento de succión" le había provocado tantas...malas sensaciones, asco o...algo así.

Lo que estaba claro era que no era culpa de Rose, porque ella siempre lo hacía todo bien.

Se detuvo en seco, desistiendo en buscarla.

No tuvo que pensar mucho en donde ir después, porque de la nada, Smith apareció en el pequeño pasillo, tropezándose con el brazo de Harley y con cara de muy malas pulgas.

-Hola, pulpo- le saludó.

Él no respondió, y se fue alejando más y más.

Por fin Harley oyó la voz de Rose, y la chica apareció detrás.

-Lo siento, ya sé que empezamos tarde- dijo sin mirarle, con un tono de voz que era evidente que quería sonar duro e inflexible, y sin embargo su voz se tambaleaba.

-¿Qué ocurre?-  dijo él mucho más serio que hacía diez segundos.

-Nada, qué va a ocurrir- contestó sin ni siquiera llegar a tono de pregunta.

Evitaba mirarle e iba sacando sus libros y apuntes de su mochila.

-No sé, he saludado a tu novio y prácticamente me ha empujado.

-Eso no es cierto. Además, a él no le caes bien-contraatacó- no esperes que te reciba con guirnaldas, como el resto del mundo.

Rose y Harley siempre se decían cosas desagradables cuando discutían, pero aquella vez tenía algo de diferente. Harley parecía estar en situación de inferioridad.

-¿Se puede saber qué te pasa?- preguntó casi ofendido- tal vez de tanto estar enroscada a Smith se te haya pegado tu actitud hacia mí entonces. Creí...

Se cayó. Atacó por otro lado.

-Cuando me fui no estabas enfadada. ¡Y luego no respondiste a mis cartas! ¡Te envié tres! ¡Pregunté por ti! ¡Estos días te he pedido explicaciones...

- ¡Deja de hacerte la víctima!- le gritó, seguramente llamando la atención del bibliotecario- no tienes ni idea de...- se le quebró la voz.

Se había dado la vuelta y por fin pudo mirarla. Al recibir sólo evasivas desde que llegó, no había podido darse cuenta de lo mucho que la chica había cambiado en un mes. Ya no llevaba una coleta alta, sino que el pelo ondulado le caía sin control por los hombros, más estrechos debido a que estaba comiendo menos. Un rastro oscuro aparecía debajo de sus ojos azules, acabando en una marca de falta de sueño.

Rose siempre estaba histérica. Pero ahora no solo eso. Ahora estaba diferente. Harley intentó atar cabos, echándole la culpa a Smith.

No sabía que estaba muy lejos de la realidad.

-¿Por qué estás enfadada?

Rose se infló y tiró del collar de su cuello, mostrándoselo.

-¿Teníamos un plan, recuerdas? ¿Y cual era el principal motivo por el que lo teníamos?- se acercó y casi le pone la chapa anaranjada en la cara- ay, si, espera...- dijo fingiendo pensárselo- Ann, Mortífagos, uno infiltrado, los poderes de Ann...todo eso.

Él se quedó callado.

-Y entonces a ti ¡pas! ¡Se te ocurre que es un buen momento para irse de Hogwarts! ¿¡Por qué no!?- le imitó, parodiándole- ¡Si aquí no pasa nada interesante! me voy a un colegio Muggle que es mejor, está lleno de gente nueva y cosas divertidas, cantando todo el día y...

-Eres muy injusta- le espetó subiendo el tono de voz e interrumpiéndola- llevaba cuatro año o más esperando a que un año, con suerte, me dieran una plaza para el curso de lo que tu pareces llamar un "colegio Muggle" como si no fuera importante. 

Una vez más, mentía, pero era tan bueno en ello que nadie lo intuía siquiera.

-¡Tú pensaste que yo podía manejarlo todo sola! ¡No puedo, Harley! ¡No soy una máquina, y por cierto, tengo el mismo derecho que tú a hacer lo que me dé la gana!

-¡Ya basta!- interrumpió el señor Hoff, cuidador del lugar- se les oye discutir desde el vestíbulo del castillo. Si siguen alzando esas voces, los expulso de la biblioteca.

Rose bajó la cabeza avergonzada y Harley apretó la mandíbula.

-Lo siento, profesor- se disculpó Rose.

Cuando se hubo alejado, la chica le lanzó el libro de pociones a Harley. Iba con intención de darle, pero él lo atrapó sin problemas.

-Y ahora, cómo no, soy yo la que se hacer responsable de todo, incluido que recuperes temario en pociones- murmuró, enfadada.

-¿Por qué no respondiste a mis cartas?- le preguntó por enésima vez.

-¡Porque no sabía que decirte! ¡No sabía decirte que sin ti cambia todo! ¡¿Por qué cambias de tema?!

-Cuando me fui no estabas muy descontenta. De hecho, pensé que te aliviaría.

No lo pensaba realmente, pero le daba la impresión de que había algo que Rose ocultaba y que solo le sonsacaría a base de tretas.

Funcionó un poco, porque se giró levemente, mientras su rostro se transformaba en uno de incredulidad.

-¿Aliviada? no puedes estar hablando en serio.

-Podías haberme dicho que me quedara. Habrías sido la primera persona y TAL VEZ lo habría considerado.

-¡Oh, qué palabras tan bonitas!- su voz se volvió aguda y chillona- ¿Tú crees que a Albus y a Ann no les afectaba que te marcharas? Mientras tú estabas fuera terminaron. Estuvieron más solos que nunca.

-Pero tú no- le reprochó.

- Yo estuve repartiendo mi tiempo entre ambos. Y, maldita sea, tengo novio. Ya está, ya lo sabes. No es tan importante. ¿Cuántas novias tuyas no conozco yo?

-Te hablé de todas las que tuve. Eres mi amiga. Y vale, pero pudiste decírmelo y te callaste.

-¿Tanto te importa?

-Si- admitió él, sorprendiéndose a sí mismo. ¿Le importaba? Sólo se trataba de...no.

Sí.

¡No!

Rose pareció sorprendida.

-Si sólo me necesitabas para cosas que no podías manejar tú sola, y no para cuando necesitas a alguien para por ejemplo, hablar de cuando te gusta un chico, entonces tal vez no me necesites para nada.
Definitivamente, él no estaba entendiendo nada.

Deseó borrar en seguida esas palabras. Borrarlas completamente, ya que no estaba de acuerdo en absolutamente nada de lo que había dicho. ¿Pero por qué lo había dicho?
No sabía ya por donde salirle.
Parecía como si Rose hubiera decidido construir una muralla entre ellos y Harley asustado, ni siquiera hubiese tenido tiempo de estudiar los puntos estratégicos a los que disparar para derrumbarla.

Esa muralla se alzó más fuerte que nunca.

-Tal vez- murmuró Rose.

Se miraron unos segundos. Los ojos de Rose estaban brillantes, pero su protección parecía hacerla más fuerte.

De pronto, algo sucedió en ella, porque se encogió como si algo en el pecho le doliera.

-¡Rose!

Se aproximó a ella, haciendo un ademán de atraparla por si se caía.

Pero en su lugar, Rose se incorporó y le volvió a mostrar el collar que llevaban todos los alumnos de la reunión del sótano, menos él.

Estaba rojo y tan caliente que Rose se lo tuvo que quitar de inmediato.

El corazón de ambos se disparó. Acababan de olvidar todo lo sucedido y se miraron con antigua complicidad.

-Ann- dijeron al mismo tiempo, con pánico.



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