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Un rayo de luz » Capítulo IX: "Lo Tuyo"
Historia terminada Un rayo de luz (R13)
Por Nicky Lupin
Escrita el Sábado 10 de Marzo de 2012, 10:45
Actualizada el Domingo 1 de Julio de 2012, 15:57
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Capítulo IX: \"Lo Tuyo\"

Cuando Remus se levantó esa mañana y se asomó a la ventana para contemplar el lluvioso paisaje de aquel día gris de noviembre, ya apenas se acordaba del sueño de esa noche.

Pero ese día tocaba plenilunio, por lo que, a medida que las horas pasaban y la noche se acercaba, el joven no pudo evitar evocar en su mente aquel recuerdo una vez más.

¿Por qué no podía dejar de pensar en ello? Se preguntaba una y otra vez. El chico intentó auto convencerse de que como aquella situación había resultado bastante bochornosa para los dos, puede que en su subconsciente temiese que se volviese a repetir. Pero ahora ya no estarían solos. James y Sirius estarían allí, como en el plenilunio anterior.

Pero, entonces, ¿por qué se sentía tan extrañamente bien cada vez que lo recordaba? ¿Por qué sentía una especie de cosquilleo en el estómago cuando pensaba en Nichole tumbada desnuda a su lado? Cuando esto ocurría, el chico sacudía la cabeza avergonzado y trataba de desviar sus pensamientos hacia otro lado.



Aquella noche no tenía pinta de resultar muy diferente a la anterior. Al menos eso pensaban el perro, el ciervo y la rata.

Los gigantescos lobos jugaban, pegaban brincos y se mordisqueaban cariñosamente sin reparar mucho en los demás.

El perro, aburrido en una esquina, los contemplaba, un tanto celoso y envidioso. Se levantó y se acercó a ellos con ganas de participar en el juego. Decidió acercarse a la hermosa loba de pelaje castaño. Levantó una de las patas delanteras y le dio un toquecito en el costado en un gesto juguetón.

La loba se giró y se percató de su presencia y parecía dispuesta a seguirle el juego a aquel enorme perro negro.

Pero algo se interpuso en medio. El perro solo tuvo tiempo de ver una mancha gris echándosele encima y al acto sintió un terrible dolor en un costado. Todo se tornó borroso y confuso durante unos instantes.

Cuando el perro fue capaz de enfocar bien de nuevo, observó al ciervo intentando apartar al lobo macho de su lado. La loba parecía un poco confusa y pasaba su mirada del perro herido al lobo. La rata chillaba histérica y corría de un lado a otro.

El perro intentó levantarse pero un agudo dolor en un lateral se lo impidió. El lobo le había mordido cuando él se acercara a la hembra. Menos mal que bajo su forma animal la mordedura del licántropo no le podía hacer efecto.

Justo en ese instante los primeros rayos del sol comenzaron a emerger por el horizonte y las inevitables transformaciones empezaron a hacerse sentir en los lobos.

El ciervo aprovechó eses instantes de dolor y confusión para arrastrar como le fue posible a la loba a otra habitación. Hubiese preferido apartar al macho, pero teniendo en cuenta que su amigo el perro estaba herido, aquello habría significado que luego tendría que volver para llevarse al perro y así dejar intimidad a Nichole.

Después de dejar a la loba en otra estancia, el ciervo volvió y se quedó al lado del perro, simplemente esperando a que la transformación del lobo llegase a su fin.

Cuando Remus recuperó su cuerpo, apenas ni tuvo tiempo de descansar ni un minuto. Alguien se acercó a él y le sacudió sin contemplaciones.

  • ¡Remus! Vístete de inmediato. Tenemos un problema - le dijo James con evidente alarma.

  • ¿Qué? ¿Qué problema? ¿Qué ha…? - pero las palabras se le congelaron en la boca al incorporarse, no sin dificultad, y ver al perro negro herido tumbado cerca de él - ¡Oh, por Merlín! ¿He sido yo? James, ¿he sido yo? - gritó el chico completamente horrorizado.

  • Vístete Remus, te necesito para curarle.

  • ¡Por Merlín! ¿Pero qué ha pasado? Esto nunca había ocurrido antes… - Remus no dejaba de lamentarse mientras se vestía apresuradamente - ¿Por qué le he mordido?

  • Canuto quiso jugar con Nichole y tú, quiero decir, el lobo, se echó encima de él y le mordió.

  • ¿Qué? - Remus se había quedado atónito -. ¿Por qué haría eso?

  • ¿Y cómo quieras que yo lo sepa? Pero eso no importa ahora, tenemos que curarlo. ¡Colagusano! ¿Dónde te has metido? Os quiero a los dos aquí, ¡ya!

Los tres jóvenes se agacharon sobre el perro y sacaron sus varitas. Estaban en plena tarea de limpieza de la herida cuando alguien llamó a la desvencijada puerta de la habitación.

  • ¿Remus? ¿Estás ahí? ¿Estás bien? Me ha parecido oír voces y ruidos - era Nichole. La chica entreabrió la puerta y asomó la cabeza - ¡Oh Dios mío! ¿Qué ha pasado?

  • Remus le ha mordido. Bajo la forma de lobo, quiero decir - explicó Peter. Nichole se apresuró a aproximarse a ellos para ver si podía echar una mano. Intercambió una rápida mirada con Remus y vio que éste estaba terriblemente abatido y destrozado.

  • Pero tenía entendido que la mordedura de un hombre lobo no afectaba a los animales - dijo Nichole nerviosa.

  • No. Pero por eso debemos curar a Sirius bajo su forma animal. No nos podemos arriesgar a que se transforme y el veneno pase a su cuerpo humano. No sabemos si así le podría hacer efecto - explicó James mientras que de su varita salía un chorrito de agua y limpiaba la herida del perro.

  • ¿Y tenéis todo lo necesario para curarle aquí? - preguntó ella.

  • No. ¡Maldita sea! No para de sangrar - exclamó James.

  • Es una mordedura demasiado profunda - comentó afligido Remus en un susurro - ¡Lo siento tanto! Todo es culpa mía…

  • No digas tonterías - sentenció James secamente - Tú no eres consciente de lo que haces bajo la forma de lobo. Además, nosotros decidimos asumir todos los riesgos y sus consecuencias cuando decidimos hacernos animagos. Ya lo habíamos hablado, Remus. ¿Lo has olvidado? Maldita sea… Necesitamos los cataplasmas de la señora Pompfrey y algunas de sus pociones. Alguien deberá colarse en la enfermería y robarlos.

  • Iré yo - se ofreció Nichole. Total, allí no podía hacer nada.

La chica se marchó lo más rápido que pudo llevándose consigo la capa de invisibilidad de James. Todavía le dolía el cuerpo entero tras la transformación.

Después, bajo la capa, se fue hasta la enfermería y se coló dentro sin que nadie la viera. La señora Pompfrey no tardaría en levantarse, ya que estaba a la espera de que ella y Remus llegasen en cualquier momento para tomar las pociones calmantes y regeneradoras.

La chica se dirigió hacia la despensa de la sanadora y allí cogió todo aquello que creyó que le sería útil.

En menos de diez minutos ya estaba de vuelta en la Casa de los Gritos. Sus amigos habían aplicado un conjuro sobre la herida del perro para que dejara de sangrar.

Una hora después, Sirius ya se encontraba tumbado en su cama comiendo unos sándwiches y rodeado de todos sus amigos, Lily y Darian incluidos.

Nichole y Remus habían tomado a toda prisa el regenerador de la señora Pomfrey y se habían escabullido escaleras arriba. La sanadora había ido a buscarlos después pero ellos alegaron que preferían quedarse a descansar en su cuarto. Discutieron como un cuarto de hora con ella y al final la señora se dio por vencida. En testarudez no había quien ganase a los jóvenes. La mujer terminó por marcharse murmurando por lo bajo algo así como que, por un lado, mejor para ella, ya que así podría investigar algo acerca de un extraño robo en su despensa.

Sin embargo, Remus seguía sin tener buena cara. Se sentía terriblemente mal por lo sucedido y las palabras de James no le habían hecho sentirse mejor.

  • Alegra esa cara, Lunático. Ni que estuvieses en un funeral - dijo Sirius alegremente. Remus no terminaba de creerse el optimismo de su amigo.

  • Lo siento mucho, Sirius - le dijo.

  • No ha sido nada, hermano. Sabes que no es culpa tuya, así que borra esos morros ahora mismo. En tal caso, la culpa es mía - alegó.

  • ¿Por qué dices eso? - le preguntó Remus extrañado.

  • Pues por que sólo a mí se me ocurre meterme con la "novia loba" de mi amigo lobo - al decir esto, todos se quedaron mudos, hasta que Sirius rompió a reír y prosiguió -. No pongáis esa cara - dijo refiriéndose a Nichole y Remus -. Como lobos sois una parejita de lo más empalagosa siempre tan juntitos y pasando olímpicamente de nosotros. ¿Verdad, Cornamenta?

  • Sí, Canuto, es cierto - dijo James sonriendo. Ya se le había pasado la angustia de la mañana. Por su parte, Remus y Nichole enrojecieron levemente.

  • Así que ya ves. Tú no hiciste más que defender lo tuyo, Lunático. Puro instinto animal. Así que no te martirices por ello, ¿quieres? - le dijo Sirius mientras le guiñaba el ojo con cariño a su amigo.

"Tú no hiciste más que defender lo tuyo, Lunático". Remus sintió otra vez aquel cosquilleo en el estómago. "Lo tuyo…"



Ese fin de semana había salida a Hogsmeade. El sábado no fue ninguno de ellos. Debido al plenilunio y al pequeño incidente con Sirius, todos prefirieron quedarse a hacer compañía a los tres cansados jóvenes.

De todas formas, la Señora Pompfrey no les habría dado permiso a los dos licántropos para salir ese día del castillo.

No obstante, al día siguiente ninguno quiso perderse la diversión.

Pasaron una buena mañana comprando chucherías en Honeydukes y artículos de broma en Zonko. Después de comer, Nichole quiso ir a visitar el pueblo, ya que en la primera salida había estado muy ocupada cortando con su novio y todavía no había visto nada. A ninguna de sus amigas le apetecía ir, ya que todas lo tenían bastante aburrido. El único que se ofreció voluntario para acompañarla fue Remus.

  • Gracias por venir conmigo. Eres un verdadero encanto - le dijo ella sonriendo.

  • De nada - Remus sintió algo parecido a una pequeña sacudida en su corazón al escuchar que Nichole decía que era un encanto. "¿Pero qué me está pasando?" -. ¿Adónde quieres ir primero?

  • Mmm… ¿Y si vamos primero a Correos? Debe ser increíble ver a tantas lechuzas juntas, ¿no?

Los dos chicos pasaron una agradable tarde paseando por el pueblo. De todas formas, Remus se sentía un tanto inquieto y no terminaba de estar seguro de cual sería el motivo.

  • ¿Qué tal estás? - le preguntó la chica.

  • ¿Qué? ¿Cómo? Yo bien, muy bien. ¿Por?

  • Por lo que pasó ayer con Sirius. Ayer se te veía muy mal.

  • Ah, eso. Sí. Aún me siento culpable. Es que me siento tan impotente… Saber que todas las noches de luna llena pierdo el control y que nunca sé lo que pasa… Fue horrible abrir los ojos y ver a Sirius herido… Fue… - Remus suspiró angustiado, incapaz de encontrar palabras que describiesen sus sentimientos.

  • Lo sé… Yo me siento igual.

  • Pero hasta ahora nunca has mordido a nadie - dijo él en un susurro - No dejo de preguntarme qué habría pasado si en vez de morderlo bajo su forma animal lo hubiese mordido siendo él humano.

  • Eso no puede pasar, Remus. Ellos no son tan estúpidos como para mostrarse ante un hombre lobo si no es bajo forma animal. Haz caso a Sirius y no te martirices más, ¿vale?

  • No es fácil.

  • Pues haz un esfuerzo, anda. No quiero verte preocupado - le dijo ella mirándolo seriamente. El chico se encontró navegando en los hermosos ojos de la chica.

  • Está bien. Lo intentaré - dijo él finalmente sintiéndose alagado por la preocupación de su amiga. Ambos sonrieron y volvieron juntos a las Tres Escobas, junto a los demás.

Ninguno de los dos sacó el tema de lo bien que parecían llevarse bajo la forma de lobos.





  • Ya estoy cansado de este jueguecito - comentó Sirius, dos semanas después, en la hora de la comida mientras observaba como Nichole se marchaba ya con sus amigas -. Sé que le caigo bien, pero cada vez que intento ir un poco más allá… ¿Habré perdido mis dotes como ligón?

  • Mira, Canuto. ¿Por qué no te dejas de tonterías y le pides para salir directamente? - le dijo James.

  • Sabes que ese no es mi estilo - replicó su amigo.

  • Como veas… Pero "tu estilo" no ha funcionado muy bien que se diga hasta ahora con ella.

  • Nichole es especial - comentó Sirius con la mirada perdida.

  • Pues por eso mismo. Es especial. Así que haz tú también algo especial. Hazme caso. Ve directo al grano. Pídele para salir. Así saldrás de dudas de una vez por todas y sabrás si le gustas o no.

  • De acuerdo, Cornamenta, te haré caso. Deséame suerte.

  • ¿Vas a ir ahora?

  • Pues claro, ¿para qué esperar?

Y dicho esto se levantó de la mesa y se fue en busca de Nichole. En ese instante entraba Remus por la puerta del gran comedor. Se había retrasado en la biblioteca haciendo un trabajo y llegaba tarde a la comida.

  • ¿A dónde va Canuto? - le preguntó a James mientras cogía un trozo de tarta de manzana.

  • A pedirle para salir a Nichole.

¡Claaannnng!

  • ¿Cómo dices? - a Remus se le había caído el tenedor sobre el plato.

  • Pues que al fin se ha decidido y le va a preguntar a Nichole que si quiere ser su novia. Bueno, tío, me voy a ver si Lily quiere que estudiemos juntos. Tú ya me entiendes - le guiñó un ojo a su amigo y se fue.

Remus se había quedado de piedra. "Va a pedirle que salga con él". Esa idea le martilleaba dolorosamente al chico en la cabeza y, por si fuera poco, a esto había que añadirle una pequeña punzada en el corazón. Celos… sentía celos ante la posible imagen de Sirius y Nichole juntos.

En ese instante el joven no tuvo más remedio que reconocer lo que hasta ese momento había intentado obviar desesperadamente. Le gustaba Nichole. Sí, y mucho. La chica había dejado de ser una buena amiga para, poco a poco, convertirse en alguien mucho más especial para Remus.

Y ahora se daba cuenta, cuando se enteraba de que Sirius le iba a pedir para salir.

Remus había estado al tanto ya desde el primer día del interés de su amigo por Nichole. Pero entonces no le había importado lo más mínimo ya que él estaba enamorado de Lily. Y en estas últimas semanas tampoco había pensado mucho en ello porque no parecía suceder nada entre Sirius y Nichole. Remus había dado por sentado que las cosas seguirían así y ahora se encontraba sumergido en un mar de sentimientos confusos y angustiosos.

"No, otra vez no". Se lamentó Remus a la vez que enterraba el rostro entre sus manos. ¿Por qué tenía siempre que darse cuenta tarde? ¿Por qué tenían que gustarle las chicas que les gustaban a sus amigos?



  • ¡Eh! ¡Nichole! ¿Puedo hablar contigo un momento? - dijo Sirius mientras se acercaba corriendo a ella y sus amigas -. En privado.

  • Ehh, sí, claro - dijo ella un tanto confusa. Se despidió de sus amigas y se fue tras Sirius. Pero no pudo evitar mirar a Yanira y ver en su rostro algo de tristeza y dolor.

  • Verás - dijo el chico cuando ya estaban los dos solos sentados en un banco del tercer piso -. No me andaré con rodeos. Si te parece bien, iré directamente al grano, ¿vale?

  • Ehhh, vale - contestó Nichole confusa e inquieta. Se temía lo que iba a venir y, para ser sinceros, no se sentía nada cómoda.

  • Supongo que ya lo sabrás, pero de todas formas te lo diré. Me gustas, Nichole, y… ¿quieres salir conmigo? - dijo Sirius sonriendo abiertamente.

  • Ehhh… - Nichole no sabía cómo decírselo - Sirius… Esto… No te enfades conmigo, por favor…

  • ¿Enfadarme? - preguntó un tanto confuso. No era eso lo que esperaba escuchar.

  • Me siento muy alagada, de verdad… y me caes muy bien. Me río muchísimo contigo pero… No puedo salir contigo - dijo ella poniendo cara de "Por favor, no te enfades, por favor, no te enfades".

  • Pero… Pero… ¿Por qué?

  • Pues… es que no me gustas… Quiero decir, como para salir contigo y eso - dijo ella enrojeciendo. "Puff, qué difícil es esto".

  • Bueno, mujer, seguro que si me das una oportunidad acabaré por gustarte - Sirius no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente.

  • No lo creo - se le escapó a ella. Pero ante la ofendida mirada de Sirius se explicó - Es que me gusta otro chico.

  • ¿Otro chico? ¿Quién? No será el payaso de tu ex, ¿no?

  • No, no. No es Derek.

  • ¿Entonces? ¿Quién es? ¿Lo conozco?

  • Espero que no te parezca mal, pero preferiría no decírtelo - dijo ella enrojeciendo aún más.

  • ¿Por qué? No me voy a enfadar, en serio. Puedes decírmelo tranquilamente.

  • Es que no lo sabe nadie y prefiero que siga siendo así. Por favor, Sirius, entiéndeme. Lo prefiero así…

  • Está bien, está bien… Bueno - dijo el chico hundiendo un poco los hombros -, Lunático tenía razón.

  • ¿En qué? - preguntó ella sobresaltándose un poco.

  • Pues en que no le puedo gustar a todas las chicas… En el fondo yo ya lo sabía, lo de que yo no te gustaba… Pero, no sé, quise intentarlo. No perdía nada.

  • El que no arriesga no gana - dijo ella.

  • Sí. Aunque esta vez no gané. Está claro que no siempre me voy a salir con la mía - el chico se puso en pie -. Sólo espero que esto no afecte a nuestra amistad.

  • No, claro que no - dijo ella ya más aliviada y levantándose también.

  • Bien. Por que no querría eso. Pues te deseo mucha suerte con ese misterioso chico - dijo alargándole la mano.

  • Gracias - dijo ella estrechándosela -. Suerte a ti para la próxima vez.

  • Descuida. La próxima ganaré - dijo él sonriendo. Y cada uno se fue por su lado.




Nichole no pudo evitar un interrogatorio por parte de sus amigas. Les contó todo lo que había pasado, omitiendo el detalle de que había otro chico que le gustaba. No había mentido cuando le había dicho a Sirius que no quería que nadie lo supiese.

Por su parte, Sirius regresó al gran comedor algo abatido. Remus seguía allí terminando un trozo de flan y se sorprendió mucho al ver a su amigo volver tan pronto y algo alicaído. Se descubrió a sí mismo deseando que las cosas le hubiesen ido mal con Nichole y, al momento, se regañó por ser tan mal amigo.

  • James me dijo que fuiste a pedirle a Nichole para salir - dijo como si nada -. ¿Qué ocurrió?

  • Me dijo que no - respondió su amigo.

  • ¿Que no? ¿Y eso? - por dentro Remus estaba que pegaba brincos de alegría. Otra vez tuvo que regañarse.

  • Parece ser que le gusta otro chico.

  • ¿Otro chico? ¿Quién? - el joven no pudo evitar parecer demasiado ansioso. Tuvo que hacer un esfuerzo por tranquilizarse. Por suerte, Sirius no pareció darse cuenta de nada.

  • No me lo quiso decir. Sólo sé que no es el idiota de su ex novio. Bueno, pues qué se le va a hacer. Otra vez será, ¿no?

  • ¿Cómo? ¿No me vas a pedir que averigüe quién es ese chico o algo por el estilo? - preguntó Remus perplejo.

  • No, Lunático. Tenías razón. No le puedo gustar a todas las chicas. Y está claro que a Nichole no le gusto. No puedo hacer más.

Remus no pudo evitar sentirse orgulloso de su amigo. Por fin parecía que empezaba a madurar. Si lo que le acababa de ocurrir con Nichole hubiese tenido lugar un año atrás, o bien el chico no habría desistido en su intento de conseguir a la chica o bien se lo habría tomado mucho peor.

Pero pronto dejó de pensar en su amigo para centrarse en algo que le apremiaba mucho más. ¿Quién sería ese chico que le gustaba a Nichole?



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Perdón por la tardanza. He estado algo malita. De hecho, sigo con gripe :( snif snif. Y cuando no soy yo son mi marido o mis hijos. Estamos todos fatal, ays.

Este capítulo en especial me gusta bastante porque Remus al fin se da cuenta de lo que siente. Pobrecillo, qué mal lo pasó cuando vio que Sirius se había decidido a pedirle para ssalir a Nichole. Y qué bien se tomó nuestro querido galán de Hogwarts el rechazo, ¿no?

Un beso y hasta el próximo capítulo. Gracias por leerme.



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