Historia al azar: Podando el árbol de lo Black
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Y después de Hogwarts... ¿qué? (versión antigua) » Nuevas noticias
Y después de Hogwarts... ¿qué? (versión antigua) (ATP)
Por medimaga_weasley
Escrita el Miércoles 22 de Febrero de 2012, 20:06
Actualizada el Sábado 28 de Noviembre de 2015, 09:45
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Nuevas noticias

Dedicado a las 38 personas que me tienen en favoritos y a can_kerberus por su comentario en el capítulo anterior.
El otro día estuve mirando la historia desde el principio y me di cuenta de que al capitulo 1 le faltaba un trozo por copiar y pegar mal. Pido disculpas y digo que ya he añadido el pedazo que faltaba.
Si queréis dejar alguna pregunta, critica, comentario o sugerencia... Comentad.
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Como era habitual, Hermione Granger siempre era la más atenta y esto no pasó desapercibido para los presentes.

- Se trata del hijo de Remus Lupin y Nymphadora Tonks -continuó un mago negro, alto y calvo, con una voz grave y pausada. Se trataba del nuevo Ministro de Magia llamado Kingsley.

Harry se sorprendió al verlo al igual que los demás. No esperaban una visita tan importante. Por la cara que tenía Kingsley, todos supusieron que no traía buenas noticias

- ¿Qué ha ocurrido, Kingsley? -preguntó Harry con preocupación.

- Tengo que comunicaros que algunos de los mortífagos huidos atacaron las casas de los magos en señal de venganza. Una de ellas fue la de Andrómeda Tonks, la abuela de tu ahijado, Harry. Antes de que entrasen, Andrómeda hechizó la cuna de Ted para que volara hacia aquí. Traía una nota para ti. Toma y léela.

Harry la tomó entre sus manos y la leyó en alto:

Harry:

Los mortífagos nos acechan. Estamos en peligro.

Si estás leyendo esto es que mi hechizo ha funcionado.

Cuida bien de Ted. Eres la única persona que le queda.

Andrómeda D. Tonks

- ¿Dónde está Ted? -dijo Harry cuando terminó de leer.

- Está en la habitación de al lado. No te preocupes, se encuentra bien -le contestó Kingsley.

- No sé cómo voy a cuidarlo -dijo Harry muy triste.

- No te preocupes. Yo te ayudaré -lo tranquilizó Ginny.

- Todos te ayudaremos -añadió Hermione.

- Sí, cuenta con nosotros colega -dijo Ron.

Harry les lanzó una profunda mirada de gratitud, interrumpida por una cuidadora que portaba al bebé envuelto en una manta azul clara. Harry lo cogió torpemente y unos pequeños ojos color miel lo miraban fijamente. Un segundo después, el mechón azul que Ted tenía en la frente se volvió del mismo color que el pelo de su padrino. Y se quedó dormido.

- Creo que le has gustado -susurró Hermione para no despertarlo.

- ¿Puedo cogerlo? -preguntó Ginny

- Claro -le contestó Harry mientras se lo pasaba cuidadosamente.

- Bien. Otro asunto que tengo que solucionar es el de la recompensa. Puesto que has destruido a Voldemort, en busca y captura durante más de 30 años, se te recompensará con la cantidad de 40.000 galeones (N/A: 243.480 €) .

Todos se quedaron como estatuas boquiabiertas durante unos instantes. Cuando lograron asimilar la noticia, se escuchó muy claramente:

- No quiero ese dinero, Kingsley -dijo Harry.

- Deberías aceptarlo Harry. Te lo mereces. ¡Has expuesto tu vida! - le reprochó Hermione.

- ¡Era mi obligación o estaba en mi destino!

- Pero, Harry,..., es tuyo, puedes ayudar a mucha gente -sugirió Ginny.

- Ginny -dijo él con dulzura mirándola a los ojos- si lo aceptase no tendría la conciencia tranquila. Sin ayuda no lo hubiese conseguido.

Durante un rato Harry se alejó hacia una de las ventanas. Esperaba una señal que viniese de algún lugar y que le permitiese tomar la decisión más acertada. Los demás le observaban porque confiaban en que hallaría un respuesta. Paseaba cabizbajo cuando se le ocurrió y se acercó para decir:

- ¡Prestad atención! Esta cantidad de dinero es muy importante para rechazarla. Por otra parte, los tres nos arriesgamos. El dinero será repartido en tres partes y cada uno hará con él lo que considere. Yo destinaré mi parte a reconstruir Hogwarts.

La directora McGonagall se emocionó enormemente y dijo:

- Potter, yo... No debería aceptarlo...

- Por favor, diga que lo acepta. Este dinero cubriría todos los gastos de la reparación del castillo. Pero con una condición: que el retrato del profesor Snape también se cuelgue junto con los todos los directores de Hogwarts.

Ron y Hermione aún no sabían que Harry había visto en el Pensadero que Snape era buena persona. Ante esa petición, creyeron que a su amigo le había afectado golpearse la cabeza contra los tejados del castillo.

- Harry, Snape mató a... -comenzó Ron.

- Tengo mis razones, Ron -dijo Harry, dando por terminada la discusión.

La profesora McGonagall lo pensó durante unos minutos y dijo:

- Está bien, Potter, lo acepto. Acepto tu dinero y colocaré un retrato del profesor Snape junto con los demás.

El Ministro aprobó de buen grado la decisión de Harry. Todavía le quedaba algo por decir.

- El tercer asunto que me trajo a este lugar es la aparición de los señores Granger en Australia. ¿Alguien sabe algo al respecto? Señorita Granger, estamos ansiosos por oír la versión de los hechos.

- Lo hice para protegerlos. Les modifiqué la memoria para que no recordasen todo lo que les había contado sobre Harry, incluso de mi. Les hice creer que se llamaban Monica y Wendell Wilkins y que su mayor sueño era irse a vivir a Australia, donde viven desde principios de julio -explicó Hermione entre lágrimas mientras Ron la abrazaba.

- Tengo buenas noticias que darte, Hermione -dijo Kingsley-. La Unidad de Reversión de Hechizos a Muggles los ha encontrado y devuelto a la normalidad. No obstante, no se les han desecho todos lo hechizos realizados. Llegarán mañana al anochecer mediante un Traslador.

- Creía que los muggles no podían entrar en Hogwarts -comentó Ron.

- Toda regla tiene su excepción, Ron -le contestó Harry.

- Efectivamente. Doy por terminada esta reunión -concluyó Kingsley-. Podéis iros a dormir.

Salieron todos en silencio para no despertar a Ted, que seguía en los brazos de Ginny, y subieron a la Torre de Gryffindor. En la Sala Común, se encontraron con todos los Weasley. Molly les dijo:

- A ver... Angelina, Ginny y Hermione dormiréis juntas en una de las habitaciones. George, Charlie y Percy en otra. Ron y Harry dormiréis en una de las del segundo piso... Y, respecto a Ted, dormirá con nosotros esta noche. Soy experta en esto.

- ¿Por qué no podemos dormir a nuestra manera? ¿Es que no te fías de nosotros, mamá? -se quejó Ginny.

- No. Sois demasiado jóvenes. En esto también soy experta -dijo Molly.

- Bill y Fleur tienen su habitación en el segundo piso.

- Pero esto es... -empezó Ron.

- ¡Nada de peros Ronald Weasley! -gritó su madre.

El grito de la señora Weasley provocó que Ted se despertase y empezase a llorar.

- ¡Buaah! ¡Buaah!

- Eh... eh... Duérmete Ted, duérmete... -cantó Ginny

Pero en lugar de conseguir que se calmase, hizo que llorase todavía más fuerte.

- ¡¡¡¡BUAAAAAAAAHHHHH!!!! ¡¡¡¡BUAAAAAAAAHHHH!!!!

- Déjame a mí, Ginny -dijo Harry.

- No llores pequeño Ted. No sabes como me apena verte llorar. Toma mi mano, siéntela -Ted había parado de llorar y se volvió a dormir -Yo te protegeré siempre.

La señora Weasley llevó al niño a su habitación y se despidió hasta el día siguiente:

- Bueno, está bien. Todo el mundo a la cama -dijo.

- ¡Buenas noches a todos! -dijo Harry-. Me encantaría quedarme más tiempo, pero estoy agotado.

Cuando subía las escaleras, una voz lo llamó:

- ¿Harry?

- ¿Qué quieres?

Ginny sentía miles de mariposas revoloteando en su estómago.

- ¿No se te olvida nada? -le preguntó.

- ¡Ah, sí! Gracias por recordármelo. Casi se me olvida -dijo mientras le sacaba la bufanda de Gryffindor y se la llevaba.

- ¡Me refería a mí! -protestó Ginny medio enfadada.

- ¡Buenas noches pelirroja! -exclamó él.

Ginny no se conformó con eso y, después de subir unos peldaños, le besó tiernamente.

Estaban a punto de darse otro beso cuando Ron cogió a Harry por el pecho y se lo llevó prácticamente a rastras.

- ¡Venga, venga! ¡Que corra el aire!

- ¡¡Ron!! -protestaron los dos a la vez.

- Lo siento -concluyó él-. Además, mañana es otro día -dijo Ron mientras ponía rumbo hacia las escaleras.

- Sí, un gran día. Mañana conocerás a tus suegros, Ronnie -explicó Harry en tono burlón.

- No me llames así -contestó.

- ¿Por qué no? -preguntó Harry.

- Porque solo Herms me llama así.

- ¡Ah, ya entiendo! Habéis pasado a la fase de poneros apodos -dijo Harry divertido.

- Sí. ¿Algún problema?

- No. Solo quiero que me prometas una cosa -dijo Harry-. Prométeme que tratarás bien a Hermione. Es como una hermana para mí y si llora por tu culpa, Weasley, más te vale ir buscando un escondite.

- Está bien, yo lo prometo sólo si tú me prometes que Ginny no sufrirá por tu culpa porque sino, Potter, estarás acabado.

- Lo prometo. ¿Trato hecho, pelirrojo?

- Trato hecho, cara rajada.

Después de las bromas, se fueron a dormir. Ron dijo:

- No sabes cuanto echaba de menos estas camas... Que descanses, Harry... Y recuerda nuestro pacto.

- Tranquilo, no lo olvidaré. 



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