Historia al azar: El verdadero amor de Harry
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La dama me ama » Capitulo 3
La dama me ama (ATP)
Por MeryAnnGrace
Escrita el Viernes 17 de Febrero de 2012, 19:50
Actualizada el Martes 3 de Julio de 2012, 19:37
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Capitulo 3

-        -          ¡Pues claro, estas tomando nueve clases! - soltó Ann.

-          Lo siento, no es mi culpa no tener idea acerca de lo que quiero en mi vida - aclaró ella, esta vez sí levantó la cabeza.

-          Yo puedo ayudarte en eso - susurró una voz a sus espaldas.

Las tres miraron y se encontraron con James, por tercera vez en el día.

-          Como te dije en quinto año, Potter - habló Lily sin inmutarse de tener su rostro a solo unos centímetros sobre su hombro -, preferiría salir con un Calamar Gigante. 

-          Algún día me amarás, lo sé.

-          Suenas muy seguro de eso - la pelirroja estaba con la cabeza girada y se dio cuenta que tenían sus labios casi rozándose.

-          Lo estoy - murmuró mirándole la boca, provocando que ella soltara un suspiro involuntario, logrando que su aliente fresco y dulce golpeara en el rostro de él como una demoledora.

Hubiera estampado sus labios contra los suyos de no ser por…

-          ¡Levicorpus! - gritó alguien en el comedor.

Lily abrió los ojos sorprendida y se puso de pie al ver como James se levantaba desde los tobillos para quedar suspendido en el aire, por suerte vestía una camisa y unos pantalones, de lo contrario él hubiera terminado como lo ocurrido hacia unos años. Miró a su alrededor a ver quién había sido el culpable y logró ver cómo, en ese preciso instante, Snape escondía su varita en la capa. Sirius, Remus y Peter empuñaron las suyas rápidamente.

-          ¡¿Qué crees que haces, Quejicus?! - soltó Sirius con enfado.

Sus amigos Lucius, Avery, Wilkes y Evans se colocaron a sus costados, también empuñando sus varitas.

-          ¡Liberacorpus! - dijo Lupin, haciendo que James cayera de nuevo al suelo.

Este último se levantó con una expresión no tan feliz en su rostro y quitó su varita con un movimiento tan rápido que Lily no tuvo tiempo de detenerlo. La varita de Snape salió disparada en dirección a James, quien la tomó con ágil movimiento de mano gracias a su lugar en el equipo de Quidditch como buscador. Lily se sorprendió al notar que Potter no había embrujado a Snape como hubiera hecho en otras ocasiones, sino que solamente lo había desarmado con el hechizo "Expelliarmus". Casi por un momento, solo un momento, sintió admiración al ver que no había tenido que pronunciar el conjuro como otros estudiantes. Volvió a la realidad y, con decisión, se puso en medio de la contienda, esperando detenerlos, pero no contó con que en ese momento Avery había agitado su varita.

-          ¡Desmaius!

-          ¡Lily! - gritó una voz antes de que la pelirroja cayera inconsciente. 

Había hecho aparecer un haz de luz blanco apuntando a James, quien tenía en frente a Lily, por lo que el hechizo le dio de lleno a ella en el pecho. Antes de que tocara el suelo, James detuvo su caída, tomándola en brazos.

-          ¡Infeliz! - exclamó Severus.

Avery volvió a levantar su varita esta vez apuntando a James, quien con dificultad empuñó mejor su varita y lo apuntó. 

-           ¡Petrificus Totalus!

Avery quedó paralizado en su lugar y cayó al suelo como una roca.

Antes de que los de Slytherin saltaran a defenderlo, una voz resonó en el comedor.

-          ¡Suficiente! - todos giraron a ver a la profesora McGonagall - ¡Bajen esas varitas ahora mismo! - y todos hicieron caso - ¡¿Qué pasa con ustedes?! ¡Este es su primer día y ya tienen que armar problemas!

Ann y Claire salieron al auxilio de Lily, ayudando a James a recostarla en los bancos frente a la mesa.

-          Diez puntos menos para Slytherin, gracias al hechizo desarmador hecho por el señor Avery - habló bajando la voz pero manteniéndola firme -. Señor Malfoy, vuelva a despertar a su amigo ahora mismo, y ustedes - se acercó a Los Merodeadores y las chicas -, ¿por qué siempre tienen que estar metidos en algún problema?

-          ¡Pero, profesora, ellos…! - quiso hablar Sirius, pero la expresión de McGonagall lo cayó.

-          Nada de "peros" esta vez, señor Black - soltó un suspiro -. No me queda más que restarle diez puntos a Gryffindor debido a su comportamiento.

Nadie se atrevió a quejarse, más bien dirigieron su atención a Lily, quien parecía estar volviendo a la realidad.

James giró la cabeza unos segundos para ver como Snape y los demás Slytherin salían del comedor con rapidez, no sin antes Severus girar la cabeza para ver hacia Lily.

-          ¿Qué sucedió? - preguntó al abrir los ojos y encontrarse con James acuclillado a su lado, mirándola con preocupación.  

-          ¿Te encuentras bien? - dijo él en cambio, ayudándola a incorporarse.

-          No lo sé, ¿dónde…? - miró a su alrededor - ¿Dónde está Severus?

James cambió su expresión de preocupación a otra de sorpresa, con algo de dolor.

-          El cobarde se fue, ¿por qué no mejor te vas con él?

-          ¿Por qué siempre tienes que comportarte como un idiota? Él no te ha hecho nada.

-          Tú no sabes nada…

Lily lo vio confundida mientras él tomaba sus cosas y salía del comedor con enfado.

-          ¿Cuál es su problema? - preguntó sin entender.

-          Em, Lily - Claire se agachó a su altura y le susurró -, James te defendió de Avery. Parecía de verdad preocupado por ti. Severus se fue con los de Slytherin.

-          ¿Severus? ¿Él… se fue sin preguntar cómo estaba? - el rostro de Lily era de total tristeza.

Sus amigas asintieron.

La joven pelirroja se sentó en su lugar, respiró hondo una bocanada de aire y se puso de pie, con un movimiento de cabeza le hizo entender a Ann y Claire que quería estar sola y salió del comedor. Escuchó cómo sus amigas le explicaban a Sirius, Remus y Peter que no debían seguirla.

Una vez fuera de su vista, Lily comenzó a buscar a James. Debía disculparse con él, lo había despreciado sin proponérselo. ¿De verdad él la había defendido y no Severus? ¿Por qué lo había hecho? Recordó cómo lo había admirado hacía unos segundos cuando logró lanzar un conjuro sin necesidad de pronunciarlo en voz alta, algo muy difícil, incluso para ella. Se suponía que esa clase de habilidades las verían ese año, su último año en Hogwarts.

En el camino Lily se encontró con el profesor Binns, a quien ya había visto en el receso, y paró unos segundos a hablar sobre el trabajo que debía presentar acerca de la última guerra de gigantes. Cuando al fin se vio librada de su profesor, Lily siguió su camino escaleras arriba hasta la Sala Común de Gryffindor, donde su amiga Marlene McKinnon le había dicho que James había ido. Entró por el retrato de la Dama Gorda y lo vio sentado en uno de los sillones individuales, dándole la espalda, mirando a la chimenea, la cual estaba encendida. Se acercó lentamente, intentando pasar desapercibida, pero fue imposible ya que a solo dos pasos de distancia, James habló:

-          ¿Qué quieres?

-          ¿Cómo sabías que era yo? - preguntó sorprendida.

Él se giró un poco y la miró de reojo.

-          Reconozco tu perfume donde sea, Evans - esa afirmación logró que ella se ruborizara.

James volvió la vista al fuego, lo cual le dio a Lily la oportunidad de rodearlo y ubicarse en uno de los brazos del sillón. Era la primera vez que ella se acercaba por su cuenta a donde se encontrara Potter. Él, por su parte, siguió inclinado con los codos sobre sus rodillas, con la vista fija en la chimenea.

-          Gracias… por lo que hiciste - agradeció ella un tanto avergonzada.

-          Es lo que cualquier idiota hubiera hecho - respondió con sarcasmo.

-          No - negó Lily -. No cualquiera, solo tú - bromeó empujándolo del hombro, intentando subirle el ánimo.

James sonrió a medias y bajó la cabeza.

-          Oye, de verdad, gracias - repitió -. No sabía que me habías defendido, debí haber cerrado la boca antes de hablar.

-          No me importó que me llamaras "idiota", Evans - ella lo miró sin comprender. ¿Entonces por qué esa actitud? -. Lo que me molestó fue… - pareció dudar al principio y después siguió - fue que preguntaras por Snape.

-          ¿Severus? - se sorprendió - Lo sé, él se fue con los demás sin siquiera preocuparse, quedé como una tonta…

-          No, no, eso no. Me molestó que preguntaras por él porque… no lo sé, yo estaba ahí y creí que… que quizás…

-          ¿Creíste que despertaría y te gritaría como una loca porque estabas tocándome?

-          ¡No! - la miró y frunció los labios - Aunque eso hubiera sido muy divertido. Lo que trato de decir… es que hubiera preferido cualquier otra cosa antes de que preguntaras por él porque… quiero decir, estabas en mis brazos y acababas de desmayarte, y pensé…

-          Pensaste que te vería como un héroe - soltó parpadeando coquetamente mientras se llevaba una mano al pecho -. Y que te vería a los ojos y nos conectaríamos, y que por esos segundos sentiríamos mariposas en el estómago y luego nos acercaríamos el uno al otro pensando que la poción Amortentia no es para nada poderosa a comparación de nuestros sentimientos - siguió hablando fingiendo voz soñadora.

James la miró riendo mientras ella estiraba los labios, soltando besos al aire.

-          Eres muy buena en eso, ¿no?

-          ¿En qué? - quiso saber Lily.

-          Tomar siempre mis comentarios y manipularlos para que parezcan todo, menos lo que quiero decir - admitió.

-          Lo siento… no puedo evitarlo.

Rieron los dos juntos.

Por un momento pareció un momento perfecto: ellos dos sentados, mirándose, con enormes sonrisas en el rostro, con el acogedor ambiente cálido de la chimenea. Fue hermoso. Sus miradas clavadas en los ojos del otro, ya fuera el verde intenso de Lily o el café claro de James. ¿Quién hubiera dicho que Potter y Evans podrían llegar a compartir un momento así?

-          Oye - la llamó James después de unos segundos, cuando ambos dejaron de reír -, eres muy bonita, Evans.

Ella sintió como sus mejillas se volvían del mismo color que su cabello.

-          ¡Oh! Em… yo… gracias - soltó algo confundida, sentándose más derecha, dándose cuenta que se habían acercado demasiado.

-          Espera, espera - James la tomó por el antebrazo, evitando que se levantara de su lado -. No temas, no te morderé. Ese es trabajo de Sirius…

La pelirroja no comprendió el comentario.

Sintió como accidentalmente resbalaba por el brazo del sillón para terminar sentada junto a James, demasiado cerca para su gusto. Sus hombros chocaban entre ellos y las piernas de ella terminaron sobre el regazo de él, haciendo que quedaran un poco expuestas en los muslos por el movimiento de la falda. Con sus rostros a solo unos centímetros, James la miraba expresando felicidad solo a través de sus ojos pero sus labios se mantenían serios, a diferencia de Lily, quien se veía claramente aterrada.

-          Puedo escuchar tu corazón desde aquí - admitió James divertido.

-          Lo siento - se disculpó ella, aunque sin saber por qué.

-          Creo que es uno de los sonidos más hermoso que he escuchado en mi vida.

Lily abrió los ojos sorprendida. ¿De verdad el James Potter que conocía podía llegar a ser tan dulce?

Entonces un recuerdo llegó a la mente de Lily, algo que hacía años se encargaba de repetirse todas las mañanas para tener más razones para odiar a Potter:

Una Lily mucho más joven caminaba por los pasillos de Hogwarts, camino a la torre de Astronomía en compañía de su mejor amigo, Severus Snape. Iban subiendo las escaleras en dirección a su próxima clase cuando unas risas los hicieron girar sus cabezas. Miraron a sus espaldas al mismo tiempo y se encontraron con Los Merodeadores, quienes los apuntaban mientras reían.

-          ¿De qué se ríen? - preguntó Severus.

En vez de responder, Sirius quitó su varita rápidamente y gritó:

-          ¡Palalingua!

La pelirroja miró a su lado como Snape se llevaba una mano a la garganta. Su lengua se había pegado a su paladar, impidiéndole hablar.

-          ¡Ya basta! ¡Déjenlo! - exclamó furiosa, sacando su varita.

-          ¡Expelliarmus! - dijo James, haciendo que la varita de ella terminara en sus manos.

-          ¡Potter, devuélvemela! - se acercó a él, dejando a Snape a sus espaldas.

-          Primero debes darme un beso - aclaró inclinándose un poco con los labios fruncidos.

-          Prefiero estar muerta antes de besarte…

James negó con la cabeza y la apuntó con su varita.

-          Respuesta equivocada.

-          ¿Qué rayos haces? - se asustó Lily al ver que la apuntaba.

-          Dame un beso - dijo en cambio él, acercándose amenazadoramente.

Ella negó con la cabeza y dio un paso atrás.

-          No, ya basta, Potter - levantó una mano, queriendo mantenerlo a distancia. Su voz le tembló -. Hablo enserio. Si McGonagall…

-          Pero McGonagall no está aquí, ¿verdad?

Cuando la espalda de Lily chocó contra la pared del pasillo, James sonrió con expresión de triunfo. Ella levantó una mano rápidamente con la intención de pegarle una cachetada pero desgraciadamente Potter detectó el movimiento y logró frenarla antes de que lo tocara. Soltó una risa aterradora.

-          Siempre eres tan admirablemente valiente, Evans.

De su boca no podían salir palabras, admitía que esa faceta de James Potter la asustaba muchísimo.

Cuando ella logró darse cuenta de que estaba comenzando a acercarse cada vez más a su rostro, su cuerpo pareció debilitarse, haciendo que un sollozo reprimido saliera de entre sus labios. <No, no quiero que me bese, no quiero que me toque. Quiero que me deje sola> pensaba Lily. <Quiero a Severus. Él nunca me haría algo así>. Pero al escuchar ese sonido de su boca, James se detuvo y la miró a los ojos, dándose cuenta del estado de Lily. Ahí fue cuando la soltó y se alejó lo suficiente, parándose junto a sus amigos, quienes demostraban estar un poco preocupados.

-          Vámonos… - ordenó con voz firme pero con expresión extraña, dejando a Lily sola con Severus, quien había estado siendo sostenido por Sirius para que no se entrometiera.

 La Lily Evans real sintió como en todo su interior nacía un fuego abrasador que le decía que debía odiar a Potter, que no debería ni siquiera verlo después de todo lo que le había hecho. ¿Qué hubiera sido capaz de hacer si ella no hubiera comenzado a llorar? Él no era cruel, no sería capaz de hacerle serio daño a alguien, pero odiaba tanto a Severus que también parecía querer molestarla a ella, ¿por qué?

Volvió a la realidad, encontrándose con el rostro de James a solo unos centímetros, se irguió en su lugar, se puso de pie y acomodó sus ropas, alisándolas con la mano. El aludido la miró extrañado y decepcionado.

-          ¿Qué ocurre, Lily? - preguntó.

-          No soy ninguna idiota, Potter - aclaró en voz alta sin mirarlo, desenredando sus trenzas y removiendo un poco su cabello -. Has hecho de la vida de Severus un infierno y la mía también. Hay cosas que las personas no olvidan tan fácilmente y tú eres un recuerdo muy vivo en mi mente.

-          ¿De qué hablas?

Ella respiró hondo y lo miró, mientras se acomodaba su mochila al hombro.

-          "Dame un beso, Evans" - le recitó con sorna -, "pero McGonagall no está aquí, Evans", "siempre eres tan admirablemente valiente, Evans". ¿Sabes, Potter? Siempre supe que te gustaba hacer bromas de mal gusto a las personas que no te agradan pero no sabía que también disfrutabas de verlas llorar.

James pareció pensar largamente de qué estaba hablándole hasta que ese mismo recuerdo llegó a su mente.

Él, con quince años, acorralando a Lily, de esa misma edad pero de apariencia mucho más pequeña e indefensa. La tenía allí, justo donde la quería hacia unos cuantos años, a solo una pequeña distancia, a punto de probar sus labios con los cuales había soñado desde el primero momento en que se dio cuenta que ella era lo que quería. Ya solo quedaban unos dos centímetros cuando un sonido lo hizo detenerse… un sonido extraño que pocas veces había oído y que detestaba escuchar. Alzó los ojos y la miró, ya ese manto rojo que le nublaba la vista de furia no estaba sino que veía todo con claridad. Ella, con los ojos abiertos del espanto, los labios entreabiertos y la piel pálida, ¿estaba llorando? ¿Lily Evans de verdad estaba dejando caer lágrimas frente a sus ojos? ¿Era eso posible? Entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo, razonó en su mente el hecho de que estaba lastimando a la chica de sus sueños solamente porque se había vuelto loco al verla caminar con el idiota de Snape de la mano, subiendo las escaleras, charlando animadamente y riendo relajados. Él, que la miraba embalsamado, y ella, quien parecía ¿feliz? Si, se veía tan feliz, ¡radiante de felicidad! Y no era por su causa sino porque Snape estaba con ella. Se había vuelto loco, sabía que cometería una locura si los seguía pero no había podido evitarlo. Había sido sencillo hacer que Canuto le siguiera la corriente, al igual que Colagusano, aunque Lunático tardó unos minutos para convencerse.

-          James, creo que ya es suficiente - escuchó que le susurraba Remus despacio.

Si, era suficiente. Había hecho llorar a Lily, algo que nunca se había propuesto y estaba comenzando a lamentarlo muchísimo.

Se alejó, poniendo mucha distancia entre ambos, y le indicó a sus amigos que lo siguieran, comenzando a caminar escaleras abajo en dirección a uno de los caminos ocultos de Hogwarts por lo que se podrían dirigir a la Casa de los Gritos.

-          ¿Qué sucede contigo, James? - preguntó Sirius preocupado - ¿Qué pensabas hacerle a Evans? ¡Parecía que fueras a violarla!

-          ¡¡Sirius!! - exclamó Remus haciéndolo callar.

-          No, por supuesto que no pensaba hacerle eso, es que… - él se detuvo y pateó una pared con fuerza. Sintió que su pie le dolía pero no le importó - ¡Por Merlín, no sé qué me pasó!      

Quiso volver a patearla pero una mano lo detuvo, posándose en su hombro y tirándolo para atrás.

-          Oye, tranquilízate - le susurró Remus haciendo que lo mirara -. Sabemos que no pensabas hacerle nada a Lily, pero creo que exageraste un poco.

-          Lo sé, lo sé - James se llevó una mano a la cabeza, removiendo su cabello. Sus amigos nunca lo habían visto tan preocupado y asustado en su vida.

Y en verdad se había asustado, nunca había temido tanto algo en su vida, y ese algo era que Lily Evans lo odiara, no como en esos años en que ella detestaba tenerlo cerca porque lo considerara molesto e idiota, sino que lo odiara definitivamente, que le tuviera miedo. Nunca se perdonaría haber lastimado a la pelirroja, y estaba casi seguro de que, de no haberla visto llorar, no sabía lo que podía llegar a hacerle. ¡Pero no con la intención de lastimarla! ¡Sino movido por sus infernales celos que lo llevaban a comportarse como un demente! Pero Lily no sabía eso, no comprendía ni siquiera una parte de la magnitud de los fuertes sentimientos de James hacia ella, porque ella creía que todo lo que hacía era para dificultarle la vida, cuando en realidad lo que hacía era solo para captar su atención y lograr que sintiera al menos una mínima parte de lo que él sentía.

-          Lily… - murmuró James mirándola con el ceño fruncido, clara expresión de sufrimiento que hizo que ella se sorprendiera sobremanera - por favor… por favor, perdóname. Lo que pasó en quinto… sé que fue terrible, te hice pasar un momento… horrible… pero yo… yo tengo una justificación… lo juro…

-          ¿Justificación? - preguntó ella intentando mantener su postura rígida a pesar de que algo en su interior se había roto al ver al chico más popular, de carácter fuerte y uno de los alumnos más brillantes de la escuela, demostrar de tal manera que estaba ¿sufriendo? - ¿No es suficiente que siempre te empeñas en arruinar la vida de Severus?

¡Odiaba que lo llamara "Severus"! ¡Lo hacía de esa forma tan natural, como si no estuviera mencionando el nombre de uno de los chicos más oscuro de la escuela! Incluso… parecía nombrarlo con… cariño.

-          Puede que lo haya hecho en el pasado - aclaró él poniéndose de pie frente a ella -, pero en esos momentos no fue por eso, te lo puedo asegurar.

-          Entonces ¿por qué? - quiso saber confundida - ¿Por qué tuviste que ir y hacerle eso a Severus? Él nunca te ha hecho nada.

-          No, eso no es cierto. Él también aprovechaba cada oportunidad si podía lanzarme un maleficio, lo sabes bien - atacó James cruzándose de brazos.

Para eso Lily no tuvo manera de contradecirlo porque, desgraciadamente, era cierto. En cierta forma, James y Severus se habían odiado desde el primer momento en que se vieron en el tren camino a Hogwarts, donde ella lo había defendido por primera vez del clan Potter y Black. Pero desde ese momento, tanto Severus como James se habían comenzado a odiar a muerte. Los dos se hacían bromas pesadas, hasta con maldad algunas veces, no soportaban verse nunca y, cuando se topaban, no paraban de despreciarse mutuamente hasta que alguno terminara empuñando su varita. ¡Eran imposibles! Era cierto que Severus era más tranquilo en algunas ocasiones, más que nada porque se encontraba con Lily, pero aún así podría llegar a ser incluso más cruel que Potter, y no solo con él sino que también con Sirius, Remus y Peter. Y ahora con su grupo de Slytherin no había nadie que se salvara, cosa que los diferenciaba de Los Merodeadores, que ya no eran tan revoltosos como antes.

-          Entonces dime…

James sintió vergüenza por un momento de lo que iba a decir, ya que nunca se había expresado tan directamente a Lily en ese tema, pero rápidamente se irguió en su lugar y soltó:

-          Porque sentí celos, ¿de acuerdo?

La pelirroja frunció el ceño a más no poder, completamente perdida.

-          ¿Celos? ¿De qué estás hablando?

-          Si, Evans, celos. Sentí celos de Snape - volvió a decir.

-          Pero… ¿por qué? - no comprendió -. Tú tenías mucho más que él, siempre fue así. Tienes una familia perfecta, amigos a montones, eres popular y los profesores te admiran, ¿qué podía tener él que tú no tuvieras?

Pasaron unos largos minutos hasta que James respondió:

-          Te tenía a ti, Lily.



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