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Lemmon parade: Ron and Hermione's love stories » No necesitamos decir adiós
Lemmon parade: Ron and Hermione's love stories (ATP)
Por DylanRose
Escrita el Domingo 18 de Diciembre de 2011, 18:58
Actualizada el Sábado 24 de Marzo de 2012, 00:06
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No necesitamos decir adiós

               Una soleada tarde de verano, en la ciudad de Londres, un longevo matrimonio recibía a su familia, para celebrar una fiesta. Las nietas más pequeñas del matrimonio, cumplían once años, y en ese familia en particular, cumplir once años era algo muy importante.

 

               El hijo menor del matrimonio, Hugo Weasley llegó acompañado de sus hijos, su mujer y su hermana, para organizar la casa de sus padres. Rose, iba también con su marido y con su hija, a celebrar el cumpleaños de las benjaminas de la casa. Sus padres, Ron y Hermione, descansaban en su sala de estar, como siempre. Esperaban con alegría a sus hijos y nietos, ya que, desde hacía varios años, eran su única alegría, y el único motivo para sonreír. Scarlett, la hija de Rose, adoraba las historias de sus abuelos. Se sabía todas y cada una de ellas, pero siempre quería escucharlas de nuevo. Ella en especial, estaba fascinada por cómo sus abuelitos, después de estar cerca de setenta años juntos, peleándose y queriéndose, seguían allí al pie del cañón. Porque, tanto el pelirrojo como la castaña, desde su tierna infancia hasta ese mismo momento, habían compartido toda su vida, con idas y venidas, discusiones y problemas, amor y mucho cariño, durante más de setenta años.

 

               Todo empezó tras siete años de amistad, y el estallido de la Guerra mágica, cuando Ron Weasley y Hermione Granger, decidieron dejar de lado su orgullo, y confesar que se amaban. Algo que todos esperaban con paciencia que algún día ocurriese. Y aunque empezaron una relación como pareja, y se querían... no dejaron las discusiones, para nada. Pero Ron, amaba a Hermione por sobre todas las cosas, y en pocos años, le pidió que fuera su esposa, de una manera muy especial, y entregándole un regalo que la castaña llevaría con ella toda su vida, y no, no era un anillo. Se casaron, rodeados de amigos y familiares, en La Madriguera, en el mes de Enero, llenos de felicidad por cumplir uno de sus mayores sueños. Ambos, tras la Batalla de Hogwarts, consiguieron trabajo en el Ministerio, pero el pelirrojo, trabajaba a media jornada en la tienda de su hermano George. El matrimonio Weasley-Granger adoraba su vida de casados, pero sentían que les faltaba algo para hacerla más perfecta, asi que comenzaron a planificar su nueva familia, con la llegada de Rose, su primera hija.

 

               Para Ron, Rose era su ojito derecho, su niña y su felicidad. La cuidaba, la mimaba y la consentía de todas maneras. Pero la pequeña no tardó mucho en recibir a su hermanito Hugo, para completar la familia: el pequeño pelirrojo que pasó a ser el preferido de su madre. Ron, les enseñaba a jugar al Quidditch y su pasión por los Chudley Cannons, mientras su madre, les enseñaba en casa todo lo que sabía. Durante esos primeros años, los pequeños compartían estancia cada mañana en La Madriguera, mientras los mayores trabajaban, y junto a todos sus demás primos, lo que hizo que sus lazos se fortalecieran desde muy pequeñitos. Hasta que dieron los primeros signos de magia, y recibieron sus cartas para ingresar en Hogwarts, uno por uno. Ron y Hermione veían crecer a sus hijos muy rápido, mientras ellos trabajaban y no podían disfrutarlos tanto como quisieran. Finalmente, tanto Rose como Hugo partieron a Hogwarts con los demás, dejando el nido vacío.

 

               Esos años, fueron especialmente difíciles: la falta de los niños les llevó a pensar en tener otro hijo, demasiado trabajo que hacía complicada la vida de ambos para compartir estancia, sospechas de infidelidades por parte de los dos que se resolvieron tras una temporada de discusiones intensas... y la muerte de McGonagall y Hagrid. Esas dos muertes, fueron especialmente dolorosas, al ser las primeras después de tantos años, y de dos personas tan queridas por todos. Pero el tiempo, fue sanando todas esas pequeñas y grandes heridas. Aunque Ron quiso evitarlo, su hija mayor se convirtió en mujer, al lado del hombre que su padre siempre rechazó: Scorpius Malfoy. Hugo, consiguió a una buena chica, llamada Carolyn, que había sido su compañera en Hogwarts y que amaba profundamente desde sus primeros años en la escuela. Ambos hijos Weasley-Granger se casaron con los años: Hugo se casó en La Madriguera, como era tradición, y Rose, se casó en la mansión Malfoy, con los gastos de parte de la familia Malfoy, como símbolo de perdón a toda la familia Weasley.

 

               La vida de la pareja se iba alargando, y se hacían mayores. Ahora estaban solos, y como adultos, empezaban a ver cómo sus padres, empezaban a irse. La primera, fue Jane Granger, seguida de Arthur, Robert y finalmente, la buena de Molly. Para toda la familia, había sido muy duro perder a los abuelos Weasley, que eran el lazo que los unía a todos. Hugo y Rose los echarían de menos en especial: ya no tendrían a su abuelo Arthur preguntando cosas sobre muggles, ni a la abuela Molly contándole lo testarudos que eran sus padres. Y la soledad, se iba a apoderando de Hermione y Ron, que poco a poco, el trabajo fue desapareciendo, proporcionalmente al incremento de sus enfermedades. Y sabían, que hacían mayores. Hugo, para sorpresa de toda la familia, fue el primero en traer nietos: un niño llamado Jonah, muy querido por sus abuelos. Después de Hugo, le siguieron Teddy y Victoire, James, Rose, Roxanne, Lucy, Louis, Albus, Fred, Lily, Dominique y Molly. Así, la familia Weasley iba recuperando su número, a medida que perdía otros.

 

               La primera noticia que recibieron, fue la muerte de Charlie. Tras él, fueron Fleur, Percy, Roxanne, Audrey, Bill y Fred. Ron y Ginny, estaban muy afectados: todos su hermanos habían muerto, dejándoles solos. Entonces, Ron se convirtió en el patriarca de los Weasley, dejando a Hermione de matriarca. Y en menos de diez años, la gran familia Weasley se quedó a la mitad. Pero, sin duda, la muerte que más lamentaron Ron y Hermione, fue la de Harry. El Héroe, el Niño que sobrevivió, había fallecido a los setenta y dos años. Ginny, acompañada por sus hijos, perdió por completo todo su brillo tras la marcha de su marido. En su funeral, miles de magos de todo el mundo y de varias generaciones, se reunieron en el Valle de Godric, para mostrarle su dolor a la familia. Dos años más tarde, Ginny, cansada de pelear contra una larga enfermedad, falleció.

 

               Y a partir de entonces, tan solo quedaban ellos, al margen de la vida, y tristes. Todos se habían ido. Y se habían ido muy rápido. Sin duda, para ambos, habían sido sus peores años, llenos de dolor y tristeza. Sus hijos eran su compañía, y sus sobrinos, eran como hijos a los que también habían criado, y que les visitaban constantemente. Y su último fulgor de felicidad, fueron las gemelas de Hugo: Julie y Susan. Gracias a ellas, recuperaron su sonrisa, y empleaban su tiempo en mimar a su nietos, y, por supuesto, en seguir discutiendo. Con ochenta y muchos años, el principal tema de discusión eran sus enfermedades: Ron, con problemas de respiración, se negaba a ir a San Mungo. Hermione, tenía diabetes, y dolor en los huesos, y se preocupaba por su esposo, cada vez que este tenía ataques de tos. Y fue en ese cumpleaños, en el de las pequeñas gemelas, cuando todo cambió.

 

               Mientras los invitados iban llegando, la pareja descansaba como siempre en su sala de estar. Estaban contentos de ver a todos sus sobrinos, y sobrinos-nietos. Desde que habían nacido las gemelas, su casa parecía un lugar un poco más agradable. Pero ellos, ya no estaban para muchas fiestas: se cansaban rápidamente, y llevaban una vida muy tranquila. Después de soplar las velas, Hermione y Ron pidieron ayuda a sus hijos, para subir al balcón superior de su casa. Allí, en sus mecedoras, se sentaron al sol. Hermione cerró los ojos, disfrutando de la brisa de verano.

 

-Querida...

-Si?

-Sabes? Echo de menos de Harry... y a Gin

-Yo también, Ronald... mucho

-Crees... que alguien imaginaría que llegaríamos tan lejos?

-No lo creo. Ni yo puedo creerlo...

-Creo que es gracias a las peleas

-Jaja yo también lo creo... sabes? A pesar de todo, la vida es hermosa

-Lo sé. Y lo que más me ha gustado, fue compartirla contigo

-Yo también, amor. Aunque no sé cómo te aguanté tantos años

-Porque me quieres perdidamente

-Eso ya lo sé, Ron. Eso y mucho más

-Yo también te amo, Hermione

-Ron?

-Dime...

-Creo... siento que ya lo hemos vivido todo, no crees?

-Sí... desde nosotros, a nuestros hijos... nuestros nietos, los sobrinos... creo que no falta nada

-Tengo miedo, Ron

-De qué?

-Dejarte solo... no sería capaz de subirme al cielo pensando que te quedarías solo

-No te preocupes, cariño. Prefiero que así sea y que tú no te quedes sola

 

               Ambos sonrieron, entrelazando sus manos, donde sus brillantes alianzas brillaban al sol. Setenta años. Setenta largos años, donde vivieron de todo, pero juntos. Ahora podían irse en cualquier momento, y recibir a la muerte, como una vieja, muy vieja amiga. Esa misma noche, después de la fiesta, estaban durmiendo profundamente. Ron, en medio de la madrugada, empezó a toser. Pero al primer intento, Hermione se asustó. Y estaba en lo cierto: la tos fue aumentando, considerablemente. Finalmente, Hermione llamó a sus hijos y lo llevaron a San Mungo. Jonah y Scarlett, de diecisiete y dieciséis años, acompañaron a sus padres al hospital mágico. Tumbado en una camilla, Ron pasó allí tres días más, acompañado de Hermione, que no se separó de él en ningún momento. Un ocho de Agosto, en la bonita mañana de verano, Ron despertó. Hermione estaba allí, a su lado, sujetando su mano.

 

-Buenos días, dormilón...

-Hermy...

-Shhh... no te preocupes, está todo bien...

 

               El pelirrojo dejó caer algunas lágrimas. Empezó a hablar con dificultad, lentamente. Sabía que quedaba poco tiempo, su corazón se lo advertía.

 

-Her... mione...

-Sabes? Así... me recuerdas a nuestro sexto año... cuando estabas en la enfermería

-Herms... lo siento...

-No... no lo sientas... es tu momento, Ron... tiene que ser así

 

               Ambos empezaron a llorar, pero Hermione mostraba su gran y hermosa sonrisa, que no mostraban desde la muerte de Harry. Sabía que era una despedida, ambos lo sabían.

 

-Te quiero, Hermy...

-Shhh... ya está... ahora, irás con tus padres, con tus hermanos... quiero, que les saludes a todos de mi parte... y le des un gran abrazo a mis padres, a Harry, y a Ginny, si?

-Dile... a Rose que la quiero mucho... y a Hugo... mi campeón... dile a los... pequeños... que su abuelo... los ama demasiado

-Lo haré, Ronald. Ellos te quieren, igual que yo...

-Yo... yo... te... esperaré...

 

               Un último suspiro, salió de los agotados pulmones del Patriarca Weasley. Hermione sonrió, acariciando el cabello de su marido, que con los años, había dejado su color rojo, dando paso a las canas. Su rostro, con arrugas, mostraba al mundo el trabajo duro y los recuerdos que llenaron su vida a lo largo de los años. Ahora, se reuniría con su familia de nuevo, y ya no tendría más problemas. Y la esperaría a ella. Jonah y Scarlett entraron corriendo. Al ver llorando a su abuela, ellos rompieron a llorar también: sabían que finalmente, había sucedido.

 

-No... el abuelo no... Jonah, no...

 

               Scarlett, lloraba amargamente, y abrazó muy fuerte a su primo, que era como su hermano mayor. Se acercaron a la cama, y abrazaron a su abuela. Sujetaron ambas manos de su abuelo, y depositaron un beso en cada mejilla. Rose y Hugo, abrazaban a su madre entre lágrimas, y repitieron lo que sus hijos habían hecho. Una enfermera entró, y tras unos minutos de comprobación, confirmó la noticia: Ronald Billius Weasley había fallecido de un fallo al corazón, a los ochenta y siete años. En aquella habitación del hospital, la gente empezó a recibir la noticia: otro Héroe había muerto. Miles de patronus salían del enorme hospital, en dirección al Ministerio, a Hogwarts, al resto de su familia, a la prensa mágica... dos días después, se celebró un multitudinario funeral, como el de los Potter, para despedir al Rey Weasley. Y por primera vez, en muchísimos años, Hermione estaba rodeada de gente... y se sentía más sola que nunca.

 

               Sentada en su escritorio, frente al gran ventanal de la habitación, Hermione Weasley descansaba, poco menos de un mes después de la muerte de su esposo. Habían sido los días más difíciles de su vida, y nunca, ni en la guerra, ni en la rutina, ni con la muerte de sus amigos y familiares, nunca había sentido tanto dolor, como el día en que regresó a su casa sin Ron. Se pasaba los días llorando, sin poder comer ni dormir. Sus hijos, querían que ella fuese a vivir con alguno de ellos, pero Hermione se negaba a abandonar su hermosa casa, que había construido con Ron y que juntos habían cuidado durante toda su vida. Era su templo, su santuario de recuerdos, y tan solo pensó en una cosa durante sus últimos días. Estaba sentada, escribiendo su última voluntad, su testamento definitivo, y el traspaso de poderes de la familia Weasley.

 

               Ese día, ese uno de Septiembre, Rose estaba en su casa. Estaba ventilando todas las habitaciones, y cuidando el jardín. La pelirroja, miraba en el salón, todas las fotos, los recuerdos de toda su vida. El gran cuadro que decoraba la sala, con la foto familiar: ella, de seis años, Hugo de cuatro, y sus padres, sonrientes y tan jóvenes. Rose estaba bastante deprimida, y Scorpius le ayudaba a superar poco a poco la pérdida de su padre. Pero enseguida regresó al mundo real, al escuchar la llamada de su madre. Subió a su encuentro, y la vio en la habitación, ordenando su escritorio.

 

-Me llamaste, mamá?

-Sí. Ven Rose... Quiero avisarte, que en este escritorio, están todos los documentos que he guardado durante toda mi vida. Aquí hay facturas, recibos, documentos de mi juventud... miles de papeles. Aquí, guardaré el testamento y el traspaso de poderes, para cuando sea necesario, si?

-Sí, no te preocupes mamá

-Así me gusta, mi vida. Ahora, podrías ayudarme a subir al balcón?

-Claro

 

               Rose sujetó la mano de su madre, y subieron las escaleras. Llegaron a la habitación, donde el balcón les daba la bienvenida. La pelirroja ayudó a su madre a sentarse en la mecedora de su padre, y ella se sentó en la otra. Miraba a su madre, la admiraba mucho: desde niña, siempre había querido ser como ella. En Hogwarts, todos buscaban parecidos con su madre, pero ella no quería parecerse, quería ser igual.

 

-Mamá... necesito preguntarte una cosa

-Dime

-Tú... tú estás orgullosa de mi?

-Pero Rose... qué pregunta es esa! Claro que estoy orgullosa! Has sido una alumna modelo, peleaste por el hombre que amabas aunque a tu padre no le gustaba, demostraste que Scorpius era un buen hombre, seguiste tus sueños, eres una madre estupenda... cómo podría no estar orgullosa de ti?

-Gracias mamá

 

               La pelirroja abrazó a su madre, dejando escapar una lágrima. Su madre la miró, y dejó ver una tímida sonrisa.

 

-...Pero no le digas nada a Hugo. También estoy muy orgullosa de mi hombrecito

-Lo sé jaja

 

               Rose sonrió tímidamente. Hermione asintió, y dejó que su hija se marchara de nuevo a sus labores. Ella empezó a mecerse lentamente, en aquella mecedora donde Ron había empleado tantas horas al sol, la que le había regalado a ella cuando Rose había nacido para acunar a la pequeña. Hermione suspiró.

 

-Ronald... te echo de menos...

 

               Una lágrima escapó, mientras cerraba los ojos. Y en ese instante, supo que era el momento. Abrió los ojos, y llevó su mano al cuello. Sacó el colgante que estaba escondido en su ropa, en forma de corazón. Había sido su regalo de compromiso, y dentro, guardaba un secreto. Ron le había hecho prometer, que solo lo abriría, el día que él estuviera lejos y que le necesitase. Abrió el colgante, del que cayó un trozo de pergamino, y mostraba dos pequeñas fotos de ambos, con veinte años. Hermione sonrió, y recogió el papelito que reposaba en su regazo. Lo desenvolvió, y comenzó a leer.

 

"Te escuché. Me llamaste. Tú voz salió del Desiluminador, como un susurro. En ese momento me di cuenta de lo mucho que te amaba y supe que tenía que buscarte... Por cierto, es Leviosa, no Leviosar…"

 

               La castaña se emocionó enormemente. Cerró su mano con el pequeño papel, y apretó sus manos contra su pecho llorando. Miró al cielo, sonriendo.

 

-Ronald, nunca cambiarás... y por eso te quiero

 

               Respiró tranquila, notando cómo el aire entraba y salía de sus pulmones. Ese uno de septiembre, habrían sido setenta y siete años desde que Ron y ella se habían conocido, en ese tren escarlata, con dirección a Hogwarts, su hogar durante siete años, donde habían conocido a Harry, y habían empezado la leyenda. Con una sonrisa, y pensando en Ron, recordando todos los momentos importantes de su vida, repasando todo lo que había vivido, y recordando a los que ya no estaban. Pensó en sus hijos, en sus nietos, en sus sobrinos...

 

               (.com/watch?v=f40bBlBEnlY&feature=related) Rose, más tarde, subió de nuevo al balcón, cuando terminó de arreglar la casa. Vio que su madre estaba dormida, y sonrió. Por fin conseguía dormir un poco. Se arrodilló a su lado, sonriendo. Empezó a llamarla, para que despertara. Cogió su mano... y estaba fría. Miró de nuevo a su madre, pero ya no podía hacer nada. Lloró, agachando su cara en el regazo de su madre. Se puso de pie, besó la frente de su madre, cogió su móvil, y llamó a su hermano.

 

-Hugo... necesito que vengas

-Ocurre algo, Rose? Pasó algo? Mamá está bien?

-Hugo... mamá... mamá acaba... de irse...

 

               Reunidos todos en el cementerio, de nuevo, todos los magos se concentraban, para despedir a la última Heroína. El Trío dorado finalmente había desaparecido, pero serían parte de la Historia mágica para siempre. Todos los familiares Weasley, lloraban la muerte de Hermione, la última de su generación familiar. La echarían de menos, igual que a todos los demás. Ella había sido la última, ella había cuidado de todos ellos, cuando los demás ya no estaban. Rose, estaba devastada, ella había estado allí, y ni siquiera pudo despedirse. Hugo consolaba a su hermana.

 

-Rosie... no quiero verte triste. No podrías haber hecho nada...

-Pero... podría haberle dicho adiós... y no... no pude...

 

               Ambos hermanos se abrazaron, mientras su primo James, se acercaba a ellos, para anunciarles que el funeral iba a comenzar. Empezó la ceremonia, donde continuaron los llantos. Todos escuchaban, y se despedían de la anciana bruja, la mejor de Hogwarts. Sobre el ataúd, un círculo de pequeñas luces volaba sobre la tapa. Rose y Hugo se miraron entre ellos, y sonrieron. Los demás familiares pensaron que era cosa de ellos, pero no. Habían leído la nota de su padre, y sabían la historia del Desiluminador casi de memoria. Pero aún así, no sabían de donde venían aquellas pequeñas bolas de luz. El oficiante, llamó a Rose para leer el testamento que repartiría con su hermano, y el traspaso del patrimonio Weasley.

 

-Yo, Hermione Weasley, como actual matriarca de la familia Weasley, debo repartir los bienes de la familia entre los miembros que continuarán con la generación. Así, deseo que el hogar familiar, creado por Molly y Arthur Weasley, 'La Madriguera', sea compartido por todos, como lugar de reunión familiar, y goce colectivo, tal y como la ha sido durante estos últimos casi cien años. Sería mi último deseo, y el de todos los anteriores miembros de la familia, que La Madriguera fuera la cuna de las siguientes generaciones. El lugar de patriarca, queda relegado a James Sirius Potter, y su esposa, Lysander Longbottom, uniendo así a la gran familia Weasley, el nombre de la honorable familia de Neville y Luna Longbottom, con los que tuvimos la enorme suerte de compartir vida y amistad. De este modo, en caso de la muerte de James o su esposa, el lugar iría relegándose automáticamente por orden cronológico en línea masculina

 

               Todos se alegraron enormemente con la decisión de Hermione. La Madriguera sería la cuna de las siguientes generaciones, sería el lugar de encuentros, y sería el fuerte de los recuerdos para todos. Todos miraban el ataúd, donde las pequeñas bolas de luz, desaparecían a medida que el féretro se iba bajo tierra. El último adiós. Escucharon atentamente, y sintieron una melodía conocida. Todos se miraron, sonriendo. Al fin todos sus padres estaban juntos. La pequeña Scarlett, miró a sus padres, y susurró la canción.

 

-"You'll come back, when they call you... no need to say goodbye..." (Volverás cuando te llamen... no necesitamos decir adiós...)


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