Historia al azar: Aquella Chica de Gryffindor
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55º Juegos del Hambre » Capítulo XVI
Historia terminada 55º Juegos del Hambre (ATP)
Por Pirico
Escrita el Sábado 10 de Diciembre de 2011, 22:34
Actualizada el Viernes 6 de Abril de 2012, 15:16
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Capítulo XVI

Capítulos
  1. Capítulo I
  2. Capítulo II
  3. Capítulo III
  4. Capítulo IV
  5. Capítulo V
  6. Capítulo VI
  7. Capítulo VII
  8. Capítulo VIII
  9. Capítulo IX
  10. Capítulo X
  11. Capítulo XI
  12. Capítulo XII
  13. Capítulo XIII
  14. Capítulo XIV
  15. Capítulo XV
  16. Capítulo XVI
  17. Capítulo XVII
  18. Capítulo XVIII
  19. Epílogo.
Durante unos segundos no sé bien que decir.

Robyn se ha levantado, y se paseo por el salón con tics nerviosos. Chasquea la lengua y se pellizca el pelo, pero yo sigo sin moverme.

Intento respirar con normalidad, pero no puedo. Ni siquiera sé por qué sigo aquí sentado. Robyn me ha ocultado algo bastante importante, y creí que éramos amigos. ¿Por qué no me lo dijo nunca? Aunque, bueno, ¿cómo me lo habría tomado? 

Aquí no hay chicos como él. O por lo menos no lo dicen. Hubo uno, Quentan Kraff, que lo pasó muy mal hace unos años en el colegio. Quentan era el típico chico de catorce años que llevaba el pelo algo largo, era muy malo en los deportes y siempre se sentaba sólo en el comedor. Era un poco raro, y se metían con él. Sé que Quentan lo pasó mal, y acabó dejando el colegio antes de cumplir los dieciocho. A veces lo veo cuando va y viene de la fábrica, pero nunca le he dicho nada.Tampoco es que fuésemos amigos.

Pero lo que sé es que Robyn me ha mentido, y eso me duele. Creí que nos unía el mismo dolor, por eso acepté ver los Juegos por él. Pero todo era una tapadera, un engaño para salvarse las espaldas. No deja de ser mentiroso y egoísta, como todos los del Capitolio.

   - Creí que confiabas en mí -logró decir al cabo de un rato, con voz ronca y monocorde. -Veo que no.

   - ¡No! No es así, Riser -Robyn se lleva una mano a la cabeza y suspira. -Pero es que... Da igual... 

   - ¡No! ¿Qué íbamos a decirme? -me acerco a él y le agarro de un brazo. -¡Estoy harto de que me traten como a un imbécil! Todo el mundo me oculta cosas, ¡no lo aguanto!

 La barbilla de Robyn tiembla, y sé que lo he hecho llorar. Pero no me importa. Que lo haga, que se sienta mal por lo que ha hecho. 

   - Riser... Esto no tenía que ser así, se suponía que no. Te lo iba a contar, en serio, te lo prometo. Pero luego me di cuenta de que no podía...

   - ¿Por qué?

   - Es que... -Robyn parpadea muy seguido para contener las lágrimas, aunque algunas se escapan y ruedan por sus mejillas. -No sé... No quería que pasara, te lo juro. Lo intenté evitar, pero es que no podía...

   - ¡Robyn! -me está poniendo nervioso, creo, intuyo, que sé lo que va a decir, pero prefiero escuchárselo a él y acabar con esto.

   - Me gustas, Riser -reconoce al fin, con un hilo de voz.

 Lo suelto y dio un paso atrás.

   - Estupendo -masculló para mi. 

 Robyn se queda en mitad del salón, le castañean un poco los dientes y ya no puede contener las lágrimas. Reconozco que me da un poco de pena, pero hay otros sentimientos dentro de mi que tienen más fuerzas y me impiden consolarlo. ¿Por qué tendría que hacerlo? Ni siquiera entiendo por qué sigo aquí.

Cojo mis cosas, y sin decir nada, salgo a toda prisa del apartamento. Me dirigo a mi casa, pero no entro. Es demasiado tarde y la abuela seguro que me echaría una bronca, y no estoy como para aguantarla.

Me siento en el suelo y apoyo la espalda contra la pared. 

Me siento solo. Ya no sé que creer, en quién confiar. Desearía tener a mi madre conmigo, ella por lo menos sabría que hacer. Me daría algún consejo y me arrascaría la espalda. Cuando me sentía mal, eso siempre funcionaba. 

Mi cabeza trabaja a toda velocidad, intentando ordenar mis prioridades. Ahora sólo debo preocuparme por Romulus, por que vuelva a casa. Romulus es lo único que importa ya. Sólo por él merece la pena seguir con todo esto. Me prometo a mi mismo que, si vuelve a casa, no volveré a enfadarme nunca con él. Seré el hermano mayor que siempre ha soñado. 

Pero tiene que volver, tiene que demostrarme que todo lo que hago tiene una recompensa. 
Fantaseo con el día de su regreso e incluso sonrío. Volverá en el tren e iremos a esperarlo a la estación. Dejaré que Tammy se ponga la ropa que le ha dado el Capitolio, y yo me pondré la chaqueta nueva. En cuanto baje del tren pienso correr a abrazarlo, y no lo voy a soltar hasta que empiece a ponerse morado. Me dan igual las cámaras o Iky Plumer. 

Claro, eso si vuelve. 

Además, intentaría evitar ir a la incineración de Keem, quién posiblemente venga en el mismo tren. No sé que excusa pondré, pero será lo suficientemente buena como para que nos dejen tranquilos a todos. Los Roshannes volveremos a ser una familia, o casi.

Me acabo durmiendo en esa postura, aunque no sé muy bien en que momento de la noche.
Me despierta Zach dándome pataditas, y al abrir los ojos me cuesta un poco saber dónde estoy. Cuando me doy cuenta, estiró el cuello y me pongo en pie. Me tambaleo un poco, pero Zach me sujeta por el codo y me ayuda.

   - ¿Qué demonios hacías ahí, Riser? -me pregunta con el ceño fruncido.

   - ¿Tú que crees? -noto la garganta seca, y la voz me sale ronca. -Dormir.

   - Mira, no sé que te está pasando. Pero no es bueno. Hace días que no eres tú... -Zach va a empezar con una de sus interminables charlas, así que lo callo con un gesto de la mano y me miró los pies.

 Llevo mis botas así que no creo ni que haga falta entrar en casa a cambiar. 

Camino hacia las escaleras sin escuchar a Zach, y casi al trote llego al camión. Hace bastantes días que no vamos a trabajar, y me da un poco de pereza. Se estaba bien sin hacer nada. Incluso comí bien en todo este tiempo. Me pregunto si así será la vida en el Capitolio. Tenerlo todo sin hacer nada.
Noto que Zach se ha enfadado conmigo, pero no es mi padre y no le debo ninguna explicación. Me froto los ojos e intento peinarme con las manos, porque creo que debo tener un aspecto no muy agradable. 

Doy cabezadas por el camino, y me tienen que despertar a base de pellizcos.


***

Por la tarde, cuando vuelvo a casa cubierto de polvo y sudor, me encuentro a Robyn subiendo las escaleras. Me mira, abre la boca para decir algo pero aprieto el paso y subo a mi casa.

Al entrar solo veo a Tammy sentada a la mesa de la cocina, dibujando. Me recuerda al hermano pequeño de Heldig, sólo que ella está en una cocina muchísimo más pequeña y humilde.
 
    - Buenas tardes, princesa -le digo, y me acerco para darle un beso.

Pero Tammy me quita la cabeza y sigue a lo suyo.

   - ¿Qué te pasa? 

 Tammy me mira con odio y me saca la lengua, después sigue coloreando. 

Me quito las botas y las dejo junto a la cama. Me siento en la silla de frente y miro lo que dibuja. No es que sea una artista, pero distingo un bosque y tres muñecos. Uno tiene mucho rojo.

   - ¿Quiénes son?

   - Esta es Avrielle, y este es Romulus. Y este es Asuh, pero ya esta muerto -me explica, aun enfadada, y señala al muñeco lleno de rojo.

 Trago saliva y, aunque tengo ganas de arrugar el papel, no lo hago. 

   - Tammy, princesita, ¿qué te pasa? ¿Por qué estás enfadada?

 Tammy me mira con el ceño fruncido y deja los colores a un lado. Se levanta un poco de la silla y apoya los codos en la mesa, luego acerca su cara a la mía.

   - ¡Eres tonto, Riser! ¡Tonto! ¡Tonto! -grita tanto que me escupe al hacerlo.

   - ¿Yo? ¿Pero yo que te he hecho? -genial, lo último que me faltaba: tener problemas con mi hermana pequeña, ¿qué más puede salir mal?

   - ¡Ayer no viniste a casa y la abuela se puso a llorar! ¡Has hecho llorar a la abuela! ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Tonto!  -Tammy me da puñetazos en el hombro, y tengo que sujetarla por las muñecas para que pare.

 Mi hermana se retuerce y patalea sobre la mesa, haciendo caer todas las ceras de colores al suelo. La cojo en volandas y la intento abrazar, pero ella no se deja. 

    - Tammy, por lo que más quieras, no me hagas esto... -la voz se me quiebra. -Tú no...

 Mi hermana se da cuenta y me mira, y a pesar de que sigue enfadada, me limpia una lágrima con el dorso de su mano. 

   - No llores, Ris -me pide en voz baja. -No llores. Todo el mundo llora y no me gusta. 

 Ahora sí la abrazo, y ella rodea mi cuello con sus delgados bracitos.

La abuela nos encuentra así cuando llega. Llega una bolsa de papel en la mano, que deja sobre la mesa y luego se remanga para hacer la cena. Intento hablar con ella, pero me da la espalda y me ignora. Está en su derecho, ¿no?

Cenamos en silencio un pobre caldo que sabe más agua que a otra cosa, y dejamos los trozos de patata más grande para Tammy. 

El silencio es incómodo, sobre todo porque la abuela y yo nos ignoramos e intentamos hablar con Tammy, pero mi hermana frunce el ceño y sorbe su cena haciendo mucho ruido.

Recogemos aún sin decirnos nada, y bajamos a la Comunitaria a ver el resumen. Zach, que lleva en brazos al más pequeño de sus hijos, un niño de pelo oscuro y grandes ojos llamado Vincki, me mira como si me estuviese reprochando algo. Paso por alto ese detalle y me siento al final del todo, dónde se suelen poner los niños a jugar. Tammy acaba viniéndose conmigo, aunque creo que es porque prefiere jugar con Marggy y Jesper Cathwidges a ver los Juegos. 

Shady Corma, una chica de pelo azabache y ojos castaños que iba conmigo al colegio, se sienta a mi lado. Recuerdo que de pequeño, con siete u ocho años, solía meter insectos grandes en su mochila junto con otro chico de mi clase. Shady siempre gritaba cuando los veía, y luego iba lloriqueando a la profesora. Path, el chico, y yo nos reíamos hasta hacernos daño y luego nos escondíamos para que no nos castigasen.

Pero ahora Shady tiene una abultada barriga y parece estar inchada. Se da cuenta de que la miro, porque me sonríe y dice:

    - ¿Te acuerdas de los bichos? Path no se cansó hasta meterme uno dentro -y se ríe.

 Le dedico una media sonrisa pero no le digo nada, no sé como tomarme ese comentario. 

Empieza el resumen, empiezan los nervioso. Han muerto otros dos tributos, pero sé que no ha podido ser Romulus. Avrielle no parece capaz de acabar con él.

Y tengo razón, porque los muertos han sido Meritahti y Druso.

Los profesionales se han vuelto a pelear, y se nota la tensión. Han decidido salir de la isla, porque allí no van a conseguir nada. Se han atrevido a montarse en la barca y han puesto el motor a la máxima potencia. Se sientan en el centro de la barca, y ninguno se atreve ni siquiera a alzar un poco la vista.
Pero un movimiento brusco los asusta, y la asquerosa cola verde sale de las profundidades y se cierne sobre ellos. Meritahti grita, Rex intenta cambiar el rumbo y Druso desenvaina su cuchillo. El chico de los ojos bicolor intenta clavar su arma en la cola, pero es demasiado dura y el cuchillo salta. La cola azota el agua y hace que se balancee violentamente.

    - ¡No nos dejará! -chilla Meritahti.

 Entonces sé que a Druso se le ha ocurrido una idea, porque chasquea los dedos y se incorpora un poco.

   - ¡Haz lo mismo que yo! -le indica a la chica.

 Ella lo imita, asustada. Se encorva un poco y extiende los brazos para no perder el equilibrio. Druso le pone una mano en el hombro y le da una patada detrás de la rodilla, que la hace balancearse y caer al agua. Se oyen los gritos de Rex, los chillidos de auxilio de Meritahti y el rugido de la bestia. 
La cola abraza a Meritahti y la hunde, se dejan de oír los gritos. Rex mira a Druso con los ojos inyectados en sangre, pero el chico del 2 le rehuye la mirada y se queda quieto, esperando a llegar a la orilla.

La barca llega, Druso salta a tierra y Rex y se avalanza sobre él. Pero Druso se lo esperaba, porque se echa a un lado y Rex cae en la tierra. 

Los dos llevan cuchillos, pero el de Rex es más grande, igual que el dueño. Druso lo sabe pero no se rinde. 

    - Me da pena tener que matarte -comenta Rex, haciendo girar el cuchillo en su mano. -Podríamos haber sido buenos amigos en otras circunstancias.

   - No lo creo -repone Druso. -No me van los grandotes descerabrados. 

 Rex gruñe y alza el cuchillo, arremete contra Druso. Pero Druso, aunque es más pequeño, es también más ágil y lo vuelve a esquivar. Intenta darle una puñalada en la espalda, Rex lo detiene y lo empuja al suelo. El cuchillo se resbala de las manos de Druso y cae a dos metros de él. Los ojos de Druso se abren desmesuradamente e intanta hacerse otra vez con su arma, pero Rex lo evita clavándole el cuchillo en la muñeca. Druso grita y Rex aprovecha para agarrarlo del cuello e intentar asfixiarlo. Druso el da patadas, pero a Rex casi no le afectan y sigue apretando hasta que Druso empieza a ponerse morado. Cómo sabe que así le llevará mucho tiempo, opta por lo más rápido y le clava el cuchillo en el cuello, matándolo.

La cámara sobrevuela el bosque mientras se oye el cañonazo hasta encontrar a Romulus y Avrielle.
Me digo a mi mismo que han tardado mucho y han hecho mucho los profesionales en conseguir el dichoso inflador y para nada. Si se hubiesen hecho con él antes, seguramente habrían montado una buena base en la isla. O si hubiesen sabido lo del monstruo, quizás uno de ellos hubiese sido lo suficientemente inteligente como para quedarse sólo en la isla y esperar a que el resto se matase entre ellos.

A Romulus le ha llegado su tirachinas, que mira con una sonrisa en la cara, y un poco de comida, la cual no duda en compartir con Avrielle.

   - Somos tres -dice cuando oye el cañonazo. -Sólo tres.

   - Lo sé -responde Avrielle, pero se queda quita en el sitio.

 Romulus parte un bollo de pan en dos pedazos, los hunta con mantequilla y le da un trozo a Avrielle.

   - Como mejor está es con la mantequilla derretida -explica mi hermano a la chica del 10. -Mi padre lo hacía cuando éramos más pequeños y a mis hermanos y a mí nos encantaba. 

 Eso es verdad pero, ¿cómo se puede acordar? Era muy pequeño entonces. 

    - Está delicioso -coincide Avrielle. -Aunque seguro que es también por el hambre que tenemos. Uff, si vuelvo a casa lo primero que haré será pedirle a mi tía que haga su guiso especial. No sé muy bien que le hecha, pero está delicioso. Ni un restaurante lo hacen mejor. Bueno, nunca he ido a un restaurante, pero seguro que no lo superan.

 Romulus se ríe y se chupa los dedos,que tienen restos de mantequillas.

   - Yo tampoco. Ya me gustaría probar ese guiso. 

 Se miran y estallan en carcajadas, pero tienen que callar enseguida porque no saben dónde puede estar el tercer tributo que falta.  

Cortan la imagen y volvemos a ver a Caesar. Esto ya no me interesa así que centro mi atención en Tammy, que está de rodillas jugando con bloques de construcción.

   - Ris -Tammy se gira hacia mí y apoya las manos en mis rodillas. -¡Ris! ¿Romu se va a morir? ¿Le van a cortar el cuello?

   - ¡No! ¡No! No digas eso, Tammy. Romu va a estar bien -le aseguro mientras le acarició la mejilla.

   - ¿Me lo prometes? -Tammy me dedica una  mirada tan triste que se me encoge el corazón.

   - No sé si puedo hacerlo, Tammy -le explico. -No depende de mí. ¡Ojalá dependiese de mí! Pero no lo hace. 

   - Pero, ¿de quién depende? ¿De Iky? Iky seguro que no va a dejar que le hagan sangre, Ris -me asegura Tammy un poco más animada. -¡No lo hará!

    - Ay, no depende de Iky tampoco. Ella realmente no hace nada. Sólo acompañar y representar.

Depende de otras personas. Gente mala. Del Capitolio.

   - ¡Robyn es de allí! Robyn no es malo, ¿verdad? -Tammy empieza a desconciertarse, yo también.
 Dejo que se monte en mi espalda y, después de despedirnos de los vecinos, subimos a casa. No le he contestado a lo de Robyn, tampoco sé si debería hacerlo. Robyn no es malo, o creo que no. Pero es un Agente, me oculta cosas, ¿cuánto de bueno puede ser? De todos modos las cosas no son así. No se divide en buenos y malos. Entonces sería fácil distinguirlos. 

 Tammy se adormece por el camino, así que lo único que tengo que hacer es ayudarla a ponerse el pijama y meterla en la cama. Me cambio y me tumbo a su lado. Se acurruca contra mi pecho y se queda dormida fácilmente. La abuela llega al poco tiempo, y se mete silenciosa en su dormitorio. 

Suplico en silencio para que Romulus vuelva a casa. Sé que si no lo hace, lo poco que queda de esta familia se destruirá. Hago planes en mi cabeza. Podría pedir un apartamento en la Colmena, me corresponde uno pero aún no lo he reclamado. Quizás podría llevarme a Tammy, aunque no hay forma de que cuide de ella. Como muchos los domingos. La idea de formar una familia con Katia está totalmente abandonada, pero quizás consiga algo con Ellene Cathwidges. Sólo tiene dos años menos que yo, y cuando éramos niños (aún vivía mi padre) solía decir que algún día nos casaríamos. Eran tonterías de críos, pero quizás pueda conseguir algo. 

Pero ni siquiera sé por qué hago planes, nunca salen como yo quiero. Es solo perder tiempo.
Me paso la noche dando vueltas, sin poder pegar ojo a penas. No dejo de pensar en Romulus, en lo que estaría haciendo. En si todavía estará vivo como para hacer algo. El final de los Juegos llegará muy pronto, y la verdad es que me espero cualquier desenlace. 

Rex es muy fuerte, muy bruto y tiene una buena razón para luchar. Está esa cría que lo espera en el Distrito 4. Ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de matar, y dos críos flacuchos y asustados no serán un gran problema para él. 

Pero no puedo permitirme pensar así, tengo que buscar soluciones para Romulus. Es muy inteligente, y sabe trepar a los árboles. Y ahora tiene ese tirachinas. Me parece un arma ridícula en comparación con los cuchillos y lanzas de Rex, pero también tiene el arpón. Espero que lo utilice si es necesario.

 Otra vez vuelvo a dudar.














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