Historia al azar: Halloween en HA
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú

RSS de Pottterfics



 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Matapasiones » Capítulo único.
Historia terminada Matapasiones (ATP)
Por Liz Tonks
Escrita el Viernes 14 de Octubre de 2011, 16:41
Actualizada el Viernes 21 de Octubre de 2011, 21:50
[ Más información ]

Capítulo único.

Capítulos
  1. Capítulo único.

Matapasiones

"Past the point of no return, no going back now.

Our passion-play has now at last begun...."


Recuerdo lo que has hecho todas las tardes desde hace más de un año, cuando te conocí.  

Sé que vendrás, un poco tarde, pero vendrás, no puedes vivir sin él. Esa pasión que muestras en todo lo que se refiere a él me cautiva, me alimenta hasta casi saciarme.

Le encuentras bastante concentrado en un libro, le encanta leer, pero sé que no lo hace igual que tú, nunca hace nada con la misma pasión que tú… quizá haga algo en lo se acerca levemente a tu forma de sentir: Mirarte.

Alza la vista. Sus ojos parecen llenarse de una alegría indescriptible, esos ojos que son lo único que tiene de ti, oscuros, de un color azul que siempre has odiado, pero que en él, parecen embriagadores y a juzgar por lo rápido de tu pulso, apasionantes.

-   ¡Mami llegaste!- grita y coloca el libro en el sofá, es cuidadoso, no sacó eso de ti; corre hacia ti y puedo notar tu pulso acelerar, percibir que sigues ansiando vivir esto.

- Cielito- Le susurras -te he extrañado tanto- besas suave su nariz y le aprietas más a tu cuerpo, cerca de ti, donde siempre te ha gustado tenerle.

Te despides de su profesora como cada día. Sigues prefiriendo despedirte que saludarle.

Lo tomas de una manito o ¿él te toma a ti? A sus 4 años es todo un pequeño hombrecito, te gusta, te gusta todo lo relacionado a él.

Vives cada segundo con pasión.

Abres tu coche, esa cosa de la época de Sófocles que sueles llamar automóvil y él sube refunfuñando, su carita de frustración te resulta chistosamente celestial, pero te mantienes imperturbable ¡Tú mandas aquí!

-No entiendo, mami ¿No se supone que soy grande?- dice mientras te aseguras de que su cinturón quede bien puesto y sinceramente, creo que no sabes qué decir; no quieres responder algo que le defraude, quieres que siga sintiéndose feliz cuando dice "yo soy el hombre de la casa" porque ese espacio no lo puedes llenar.

- Amor, eres grande para muchas cosas; pero no puedes ir adelante- miras sus ojos y ves cierta desilusión que te oprime el corazón. - porque es peligroso; si estás ahí no puedo conducir bien. - Le dices calmada mientras arreglas su camisa. - ¿Quieres que esté nerviosa? - preguntas usando tu leve nivel de chantaje.

- No quiero.- Es su escueta respuesta y aunque sabes que  ha entendido sigues sintiendo que tu respuesta no fue la mejor.

Te diriges hacia tu lugar como piloto de esa carcacha; algo te oprime fuerte el corazón y cometes ese error tan frecuente  porque quieres verle feliz, sacas una gran barra de chocolate y se la ofreces, él la recibe con una gran sonrisa que hace que la tuya se haga mayor y tontamente te sientes mejor.

Enciendes tu auto, aliviada de volver a casa; te dedicas a preguntarle cosas al pequeño...

Un semáforo detiene tu avance, e impaciente tocas la bocina ¡Como si eso solucionara algo!...  frustrada, te dedicas a esperar que el número descienda; 3… 2 y el verde se hace presente, mas antes de pasar miras a tu derecha, para cerciorarte de que nadie frustre tu paso… y me ves.

Tu respiración aumenta notoriamente, tu pulso acelera a millón, tus manos empiezan a temblar - Maldita esquizofrenia- dices tan bajito que él no alcanza a escucharte. ¿Sigues pensando que es irreal? - ¿Por qué no esperas a que lleguemos?

Respiras y me ignoras, tu mirada fija al frente y la falta del temblor en tus manos pretenden hacerme creer que soy irreal, pero ahí estoy, lo sabes, y más cuando sientes posarme sobre tu mano al volante y ella empieza a caer, poco a poco.

Miras por el retrovisor, lo ves dormido y te alegras de que él no note lo que sucede, de que su paz no se vea corrompida por manos, ojos y sonidos muertos; porque eso piensas en el instante en que la piel de tu mano se empiezan a caer.

Lo tomas en tus brazos, soportando el dolor, porque no es real, ¿verdad? Porque sólo está en tu mente y cada cicatriz en tus brazos no puede ser otra cosa que el producto de tu imaginación, ¿cierto?

Subes despacio las escaleras, las manchas en el suelo no te preocupan, no son reales; ¡bah!, ¿qué van a tener de reales las gotas que salen de tus irreales heridas? -reales, reales, reales… son reales- susurro a tu oído, empiezas a tararear una canción, y sí, me encanta sentir el efecto que causan mis carcajadas en ti, dulzura; notar como tu corazón se acelera, como tu piel empalidece y tus pasos se vuelven más rápidos, como quien huye desesperado, como quien corre sin saber hacia dónde lo hace, como quien sabe que su escondite es la guarida de su verdugo.

Abres la puerta, entras y la cierras a toda velocidad queriendo dejarme afuera, cosa imposible, lo sabes, pero no dejas de intentarlo, situación que en lugar de molestarme me nutre; amo tu persistencia. Llevas a tu mocosito sin padre hasta su habitación, le colocas su pijama aún dormido, lo cubres bien con ese edredón azul, anhelando que le proteja de demonios, monstruos, fantasmas… de mí. Besas su frente y algo dentro de mí se enciende, porque olvidas que existo y sólo estás para él.

Lo es todo para ti…

Tu música le pertenece.

Sigues intentando olvidar el dolor de tus manos, no lo consigues. Sabes que es irreal, mas igual vas por las vendas debajo del sillón de tu piano, ¡qué no guardas ahí! es tu mecanismo de defensa ante lo desordenada que eres. Las colocas como quien no quiere la cosa… pero las colocas; la sangre que brota es imaginaria… pero las colocas. Mientras guardas el sobrante  tus ojos se posan en esa nueva partitura, la que ayer terminaste de escribir, y justo ahora ansías tocar…

Pero no más de lo que yo deseo que la toques.

Me quedo como guepardo, esperando el momento idóneo para atacar.

La sacas y el dolor de tus manos se ve nublado por las ansias con que tus ojos  la recorren, hundiéndose al instante en ese montón de figuras que saltan y son capaces de caer hacia arriba, capaces de lúgubremente llevarte a la cima; en lo sencillo y a la vez amargo de esa armadura de clave en do sostenido menor, en la parsimonia con que bailan corcheas en tu adagio y en ese calderón que marca la entrada de tu mano izquierda, que en un instante retumba, que sumerge tu departamento en un tsunami de penas contenidas.

La melodía en tu derecha y tu izquierda haciendo de su llanto un quejido grave, tus dedos acariciando las teclas con rabia. Culpa, dolor, tristeza y amor en una canción… pasión. Los latidos de tu corazón se amoldan al accelerando de tu composición; al pesado danzar de tus manos, al stretto de tu respiración.

Disfruto y me alimento de ver cómo Hänsel engorda. 


Tu cuerpo se mueve al ritmo de tu canción. Tu pie derecho presiona y puedo sentir cómo poco a poco aumenta lo que sientes, en un crescendo de sentimientos; sufres y  lo disfrutas conmigo.

Pasión… dolor, mi alimento en abundancia.

Subes un semitono, cierras los ojos, no es necesario leer; tu alma y cuerpo se funden en uno solo.

Amas lo que haces, odias el porqué. Sientes placer al arrancarle el alma a cada tecla de tu piano, a cada cuerda que llora junto a ti.

Tus ser poco a poco se acerca a la cúspide del placer, el clímax en tu melodía.

Sin embargo, la desafinación te lo recuerda. Abres los ojos y…

Caes en tu realidad.

La desarmonía en sus teclas, el polvo cubriendo su madera... Sacas tu vista de encima de él y el deterioro en todo lo que te rodea hace que le golpees con todas tus fuerzas, sus martillos empiezan a tronar y escuchas el llanto.

Entonces, acaricias suavemente sus teclas en una tétrica canción de cuna, que hace que el llanto empiece a calmarse, que tu respiración deje de ser superficial. 

Y vuelves a hundirte en pasión; cierras tus ojos deseando que él también lo haga, tranquilo.

Toca para él, que no llore, toca para tu pequeñito. Ejecuta con dulzura esa canción que lo llena de paz y le hace descansar.

Es mi momento.

Sí, me encanta cómo la sangre fluye por tus venas; tu corazón adolorido latir e impulsarla rápidamente hacia cada centímetro de tu cuerpo. Sangre, lágrimas y pasión, mezcla divina. Toca; toca mi musa y llévame al cielo.

Y afuera las uñas del guepardo.

Mis labios sobre tu cuello te advierten lo que sucederá; lo muerdo y no puedes parar, estás en tu punto sin retorno. Sigue ignorando que me sientes, haciendo lo que te llena, lo que sufres y amas, sigue tocando…

Sigue colocándome en mi punto sin retorno.

Negro, blanco y rojo en una sola melodía.

Tu rostro se deshace por completo. Gritas al sentir cómo se desgarra tu anular, tu melodía incompleta, mi placer te hunde en infinito dolor. 

Ya Gretel no puede salvarte.

Escuchas cómo uno a uno se rompe, ves la sangre brotar. Grita, sigue gritando, ven a mí, llévame a la cima.

Entonces…

Oyes como él grita, le ves pegado de la pared sin saber qué hacer. Sus ojos; sus ojos embriagadores, presas de un temor infinito. No piensas en él, el dolor es absoluto, te nubla… 

-Mami... cortas tus dedos. 

Sólo ahí, notas el cuchillo en tu mano derecha; no puedes hacer nada, la controlo. Me río, me río en tu oído. Y tu pequeño ríe conmigo, burlándose.

-¿Ves que no es irreal… mami? -Puedes verlo, puedes ver la maldad en los ojos de tu hijo; No, no es tu hijo, lo sabes; no es tu pequeñito. No. 

Él no es ese pequeñito que cargabas entre tus brazos y reía cuando le cantabas, queriendo imitar tus palabras ¡No lo es!

Tu hijo es aquel que por tus gritos ha vuelto a despertar. Él sí es tu pequeñito. Aquel que llora y clama por ti. Mami, mami... Ven, mamita.

Corres a buscarlo, donde lo dejaste, tu chiquito que hace poco dormía tranquilo, y estos malditos vienen y lo despiertan; tanto que te costó que durmiera.

Y ahí está…

Al levantar la tapa de tu piano…

Lo ves.

Pero no se mueve… lo tomas y…

Se rompe entre tus manos. Tus manos sangrantes.

Por eso un deseo sin freno se apodera de ti. Mi deseo, deseo de consumir toda tu pasión. Mi deseo que te hunde en dolor.

El impostor ríe, disfruta de tu tortura y con rabia corres hacia él. Acaba con ése que tanta ira te causa. Atraviesa su corazón con mi daga.

Te acercas y con determinación llevas tu mano hacia el pequeño…

Tu mano y el arma.

Traspasas su pecho… 

Su risa sigue inundando tu oír, te molesta, te desespera. La odias. Levantas tus ojos para mirarle y decapitarle.

Pero lo que ves, te deja sin siquiera poder moverte.

Es su rostro.

Morado, sus ojos desencajados, su nariz sangrante… Tal cual lo encontraste, cuando pensabas que lo habías dejado en la guardería. Cuando le dejaste dormido en el auto… todo el día.

Cuando lo hiciste dormir eternamente.

Al bajar tu mirada, notas sus manitos rotas por el esfuerzo, por sus ganas de salir del encierro; las besas mientras tus ojos se humedecen más y más. Lo abrazas contra ti, acomodas su cabecita en tu hombro, lo levantas y lo llevas al interior del piano, ahí te escuchará mejor… Pero yo detengo tu paso. 

Miras mis ojos rojos, llenos de deseo. Mis ojos que anhelan cada gota de tu sangre apasionada, adolorida. 

-¿Ves que es real… mami?- Susurra a tu oído. 

Y sientes sus dientes clavarse en tu rostro… Sus dientes, los míos.

Porque te conozco, porque desde que tu pasión me llamó hice todo para conquistarte y moverte a mi antojo. Porque yo soy él. Porque elegí ser él.

No puedes esconderte, sólo puedes mirar. Sentirnos, sentirlo amamantarse de tu sangre, sentirme arrancar tu piel y lamer debajo de ella, lamer tus lágrimas; consumirte completa. Devorarte, terminar de llevarme lo que te pertenece...

Marcharme al notar que tus ojos miran sin mirar; marcharme… sin mirarte;

satisfecho…

Pero no por siempre.

Es tonto pensar que eres la única capaz de sentir con pasión.

 Muevo mi caballo, y mi nueva presa queda en jaque sin notarlo... Con sigilo, en silencio.

 Todo está controlado, me pertenece, empieza mi persecución.

¿Es de noche?... ¿Quién necesita la noche?

Shhhhh…

Voltea…

Estoy detrás de ti.



Comenta este capítulo | Ir arriba


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino





Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.