Historia al azar: La mirada de la locura
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Análogo » Ride with me
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Análogo (R13)
Por WendySumpterWood
Escrita el Miércoles 22 de Abril de 2009, 19:57
Actualizada el Miércoles 10 de Febrero de 2010, 22:42
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Ride with me

"I'm so confused
Which way, which way to choose?
Ride with me baby 'til the end of the day"

 

No podía creer que mi mejor amiga me hubiera dejado allí con ese sujeto, pero ella realmente no estaba al tanto de lo sucedido y probablemente había encontrado espectacular el intentar liarme con alguien tan interesante y especial como él.

Dentro de lo incómodo de la situación opté mirar fijamente -fingiendo interés- el mostrador de pasteles que se ubicaba a mi derecha.

Él disfrutaba un café helado por cortesía de la casa, perforándome descaradamente con la mirada. Pero se lo aceptaba, por supuesto. Sentía que merecía cualquier tipo de descalificación de su parte, y al menos para mí ese tipo de mirada era una.

Carraspeé, aún mirando el mostrador y conciente de que él seguía observándome. Decidí que había pasado demasiado tiempo con las disculpas atravesadas en la garganta y comprendí que esa probablemente sería mi única oportunidad para pronunciarlas.

-Perdón.

No dijo nada. Me observó analíticamente sin dejar de saborear su café helado, en cambio. No quería repetir mi disculpa, no era capaz de despojarme tanto de mi orgullo por alguien que realmente no conocía -por más que me sintiese pésimo por lo que le había dicho hacía dos semanas.

-Descuida -murmuró, luego de varios minutos de incómodo y tenso silencio- Pude encontrar el camino a la pensión con facilidad. Además conocí a Elizabeth, que me devolvió la pasión por la música…

Había dejado de mirarme para centrar su atención en un cuadro de The Beatles que adornaba una pared a la izquierda.

-Grandes músicos, sin duda. Cuando era pequeño soñaba que yo era John Lennon, ¿sabes?

-Yo soñaba que era Grace Kelly.

Sonrió. Volvió a mirarme, esta vez con intensidad, como si hubiese esperado con ansias ese momento, el reencuentro. Tal como había hecho yo durante todo ese tiempo. Encendió un cigarrillo (no me pidió el encendedor esta vez) y expulsó el humo apartando la vista e mí. Durante un ínfimo instante de perdición en el misterio que guardaban sus finos labios descubrí que una parte de mi cerebro enviaba señales a los míos relacionadas con dar otro paseo con él y tal vez viajar, ir más allá, ver el mundo y escuchar historias maravillosas a la luz de la luna…

-¿Acaso el sueño no es el testimonio del ser perdido, de un ser que se pierde, de un ser que huye de nuestro ser, incluso si podemos repetirlo, volver a encontrarlo en su extraña transformación?*

Me tomó más tiempo del adecuado comprender el sentido de la frase que -probablemente- había citado con tanta pasión. Y cuando el significado de las palabras inundó mis sentidos no halle nada que decir. Me tendió su cigarrillo con una sonrisa esbozada y no pude rechazarlo. El lugar en el que sus labios se habían posado sabía a menta y tal vez café, quién sabe porqué. Asintió con satisfacción y tomó un poco de su café helado. Susurró algo más tal vez similar a la frase anterior, con la misma pasión e intensidad pero un tono más bajo. Se quedó inmóvil, con los ojos cerrados y una mano a un lado del café helado. Sonreía despreocupadamente, y entre susurros indescifrables su sonrisa se ensanchaba aún más. Era como si algo realmente fascinante se estuviese desarrollando dentro de su mente. La gente dentro del café nos miraba y yo comenzaba a incomodarme, pero él seguía fantaseando y murmurando.

Cuando abrió los ojos me dirigió una mirada de desconcierto y luego una sonrisa infantil, cargada de travesuras y sueños por cumplir. Dejé escapar un suspiro un tanto exasperado y recordé todo lo que había reflexionado los días anteriores. Recordé qué era lo que me había hartado de ese sujeto dos semanas atrás, descubriendo que se trataba precisamente de la peculiaridad en su forma de actuar.

-Mi vida es perfecta. -sentencié, más para mí que para él. El extraño me dirigió una mirada de confusión al tiempo que apartaba un poco el vaso del café helado, haciendo espacio para sus manos encima de la mesita.

-Ese término es relativo. Tu vida es perfecta a tus ojos porque no te has detenido a analizarte. Lo sabes, ¿no?

-No, no, escúchame, ¿quieres?.- Mi vida era perfecta. -Corregí- Todo estaba bien hasta que te sentaste conmigo ese día, hasta que me pediste que fuera tu guía y yo, como idiota, acepté. Ese día solo buscaba un poco de variación, pero tú llegaste, te cruzaste frente a mí y… y prácticamente desde que te vi al otro lado e la calle le agregaste algo especial al día. Y todo iba bien hasta que empecé a creer en realidad lo que decías y…

-¿Eso es malo? Un poco de fe en...

-¡Déjame hablar! -Se sobresaltó por mi tono de voz desesperado y se apoyó completamente en el respaldo de la silla de madera, dispuesto a oírme.- Creí lo que decías, y en medio del parque, la lluvia, tu libertad… empecé a analizar mi vida, y descubrí que en algún momento llegaría al punto en que miraría atrás y no hallaría nada, ¡absolutamente nada! Por eso te insulté, desprecié tu filosofía…

-No me importan los motivos; me veo en la obligación de ignorarlos si me das a entender que yo cambié tu realidad un instante, que marqué de cierta forma tu día y tal vez tu semana.

-Arruinaste mi percepción de la vida, ¿por qué no lo entiendes?

Contrajo su boca en un gesto de desagrado y contrariedad, aparentemente molesto por mis palabras. Caí en la cuenta de que en lugar de arreglar el desastre ocasionado dos semanas atrás estaba iniciando uno de magnitudes mayores que el anterior.

-Oh, no, lo siento, en serio… Yo…

-No, detente. No te disculpes. Estás expresando tus pensamientos, no los retengas.

-¿Qué? -pregunté, boquiabierta.

-Adelante, continúa.

-Yo…

-¿Sí?

-Tenía todo tan claro… Acababa mi carrera, me compraba un apartamento nuevo para dejar de vivir con mi padre, tal vez me iba al extranjero y si se me presentaba la oportunidad me casaba. Estaba todo perfectamente planeado, lo único que faltaba para legalizarlo era un contrato… ¡Sabía eso desde que los doce años!

-Hablas en pretérito…

-Sí, porque ya nada está claro. ¿No lo entiendes? Desde que te apareciste en mi vida y comenzaste a hablar de esa manera tan inspiradora, tan liberal y desinhibida noté que todo lo que me rodeaba era un completo fracaso. Es fácil darse cuenta de los defectos cuando una persona se escuda obviamente detrás de los estudios o las ansias de éxito, y no sé porqué estoy tan segura de que tú lo sabes perfectamente y por experiencia propia. -Sus ojos se desviaron medio segundo de los míos, pero ese instante efímero bastó para confirmar mis sospechas.- Todo se arruinó, ¡todo! Ya ni siquiera sé si quiero un nuevo hogar, o si Medicina es lo correcto para mí…

Frunció levemente el ceño sin dejar de mirarme, pero evidentemente turbado. Acabó su café con leche y pidió mi cuenta. Luego de que la duda se apoderara de su semblante durante unos segundos, se aclaró la garganta y me sugirió ir afuera. Encendió un cigarrillo. Pagué la cuenta mientras él tomaba su casco, agradeciendo con una sonrisa de aquellas al mesero (y allí  advertí que esas sonrisas eran espontáneas)

-Acompáñame y esta vez yo seré el que guíe. -Se puso el casco cuando llegamos junto a su motocicleta- Me voy mañana.

Pensé en decirle que no y argumentarle que no quería desordenar más aún mi universo logístico que ya se hallaba en decadencia, pero algo en su tono de voz al pronunciar la última frase o en el brillo que pude percibir en sus ojos mientras me tendía un casco me impidió responderle con una negativa.

-Las inseguridades son propias del ser humano, mademoiselle. -dijo, luego de sugerirme que me aferrara con fuerza a su cintura.-

-¿Qué? ¿A qué viene…?

-Lo que dijiste en el café.  Las inseguridades son pruebas que se interponen en nuestro camino a hacer nuestros sueños realidad. Si todo eso es realmente lo que quieres para tu vida acabarás superando todas tus dudas, tenlo por seguro. Y la perfección… doncella, la perfección no existe. 'Procurando lo mejor estropeamos a menudo lo que está bien.'** Remóntate a la época en la que estudiabas alguna asignatura, aunque fuera una sola y tal vez la menos importante, con verdadero interés; esos tiempos en que decías que jamás harías algo para que acabara con el sueño que vivías. ¿Estás viviendo realmente tu sueño? Tienes un montón de preguntas que hacerte.

Escuché el rugir del motor del vehículo al tiempo que sentía a la motocicleta vibrar bajo mi cuerpo. Sí, tenía un enorme montón de preguntas que hacerme, pero no encontraría las respuestas montada en una motocicleta con un desconocido. Quise soltarlo, lanzar el casco a la mierda y salir corriendo de allí sin mirar atrás y sin remordimientos. Pero no pude. Había algo que me obligaba a atarlo con mis brazos y a confiar, de cierta manera, en él. Una mezcla de ansias, nerviosismo y euforia se apoderó completamente de mí y de un segundo a otro tuve que contenerme para no gritar de alegría, como si hubiese esperado ese momento, esa moto y a ese sujeto durante toda mi vida. Me preguntó si estaba lista y percibí en su timbre de voz algo semejante a la solemnidad.

-Sí.

Rió suavemente en lo que pude percibir como una muestra de satisfacción. La sensación de libertad que me produjo el viento golpeando violentamente mi cara era sencillamente inolvidable.


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*Gastón Bachelard

** William Shakespeare


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