|
||||
|
Menú
|
|
||||||||||||||||||||||||||
Análogo
(R13)
Por WendySumpterWood
Escrita el Miércoles 22 de Abril de 2009, 19:57 Actualizada el Miércoles 10 de Febrero de 2010, 22:42 [ Más información ]
Lluvia
Él se puso de pie con agilidad y extendió los brazos bajo la lluvia, completamente hechizado. Sonreía como si su vida dependiera de ello y no parecía importarle que su chaqueta de cuero se arruinara o que su cabello se mojara más de lo necesario. Me apoyé más en el tronco del árbol, procurando que sus hojas me protegieran del agua que amenazaba con destruir mi perfecta salud de Otoño, mientras él seguía allí, de pie, disfrutando de todo eso como si fuese un niño pequeño que come caramelos. Me pregunté, de pronto, qué había sucedido en su antigua vida para que fuese quien estaba observando, ese hombre despreocupado, amante del día a día y con demasiado tiempo -quizá- para filosofar. -¿No vienes? -preguntó, luego de unos cuantos minutos, bajando al fin los brazos y volteándose a verme. Yo me había acomodado en mi lugar y no tenía intención alguna de salir de allí para ir directo a la gripe. -No, muchas gracias. -¿No quieres empaparte con esta maravilla? -me miró divertido, como si tuviese frente a él a la mismísima Ellen DeGeneres haciendo algún baile ridículo o tratando con seriedad temas realmente hilarantes. -Eso no entra en mis planes. -respondí, desviando la mirada. -¿Planes? -alzó las cejas en señal de incredulidad y se acercó con lentitud. Noté que unos mechones de cabello mojado caían sobre sus ojos casualmente, aumentando esa aura de misterio que le rodeaba- ¿Dices que no entra en tus planes? -Sonrió- Deja los planes de lado. ¿Podrías, al menos por hoy, no planear nada? Hizo, de pronto, una exagerada reverencia similar a las que había visto en películas antiguas y me ofreció la mano con gesto elegante, esbozando una sonrisa seductora que me recordó sensaciones que creía totalmente enterradas y olvidadas. Lo observé atentamente barajando mis opciones. ¿Qué debía hacer? Tomar su mano no me haría ningún tipo de daño, pero realmente no quería mojarme y era obvio que su intención era hacerme salir de mi cómodo refugio para acabar con mi tranquilidad. Sin embargo, al detenerme a analizar las últimas horas del día podía notar que un cambio más en mi rutina no sería nada extraordinario y que, claro, lograría agregar un poco más de emoción a una historia que al día siguiente contaría a mis amigas o a quien quisiera oírla. -¿Dejarás a este amable y caballeroso príncipe con la mano estirada? -preguntó, con voz teatral y expresión extremadamente dramática. Una parte de mí quería tomar su mano, claro está, pero mi lado más sensato me comunicaba a gritos que debía salir corriendo de allí y volver a la comodidad de mi hogar. Titubeé más de lo necesario y su aparente alegría se esfumó poco a poco, dando paso a una expresión de confusión y desazón que pensé jamás vería en alguien como él. -Lo siento… -susurré, abrazando mis rodillas e intentando a toda costa evitar su mirada. -No te preocupes -suspiró. Sentí que algo caía pesadamente a mi lado y alcé la cabeza, extrañada. Él se había sacado la casaca y nuevamente había extendido los brazos bajo la lluvia, mojándose incluso más que antes. Resolví, de pronto, que de alguna u otra forma había dañado una mínima parte de ese extraño que disfrutaba de la lluvia frente a mí. Y entonces, sin saber exactamente porqué, decidí mirar fijamente una vivienda que se hallaba al otro lado de la calle, intentando convertirme en las paredes de la casa y quizás introducirme con una video cámara dentro de ella. Cerré los ojos casi sin notarlo, sumergiéndome dentro de una sala de paredes rojizas y sillones de cuero negro. Escuché risas desde el fondo del primer piso de la casa y me dirigí a ellas, intrigada. De repente me encontré parada bajo la puerta de una habitación matrimonial, observando sorprendida a una mujer que jugaba tiernamente con un bebé de pocos mese de vida. Estaban recostados en la cama, sin mayores preocupaciones, con una estufa prendida y un poco de música clásica proveniente del estéreo situado bajo una ventana con vista a un jardín trasero. Sonreí. Cuando abrí los ojos me encontré con la sorprendente imagen de él tendido sobre el césped, sonriendo. Su rostro estaba completamente empapado -no podía dejar de recalcar que el agua había mojado cada centímetro de piel descubierta- y una sonrisa infantil adornaba su rostro misterioso. -Sé que no te gusta la lluvia, pero ¿no es gratificante? -susurró, sin mirarme.- Sentir cómo el agua casi atraviesa tu cuerpo, limpiándote de todo lo que te molesta o perturba… Es puro, es lo más puro que podemos obtener en estos lugares, a pesar de que en algún futuro cercano se transforme en lluvia ácida y corroa cada superficie que toque. -cerró los ojos y esbozó una sonrisa- Pero hoy no lo es, hoy la lluvia no es dañina. Hoy te acaricia, te envuelve, te cautiva y logra despejarte de todo, logra alejarte de la realidad… Su voz fue perdiendo intensidad poco a poco y no noté que había dejado de hablar hasta que desperté, totalmente hipnotizada. Él me miraba sonriente, triunfante, como si hubiese logrado algo de lo que yo no estaba al tanto. No recordaba cuándo había entrado en ese letargo tan peculiar, pero comprendí rápidamente que había sido una especie de acto reflejo ante la tranquilidad que emanaban sus palabras. Y, contrario a cualquier sensación de conforte que pudo haberme invadido al notarlo, sentí una mezcla de terror y desconcierto que me descolocó durante unos segundos. -¿Qué pasó? -pregunté, asustada. -¿No lo notas? Estás viviendo. -Yo… El desconcierto y terror se alejaron de mi mente en cuanto pronunció aquellas palabras, dando paso a la rabia y unas incontrolables ganas de arrancarle la cabeza en ese mismo instante, no sé bien porqué. Ese extraño, ese hombre que había conocido hacía tan solo unas horas estaba diciéndome, en otras palabras, que yo era una persona que no vivía. ¿Y qué rayos estaba haciendo en ese momento? Estaba existiendo, estaba respirando, ¿acaso eso no era vivir? -Estás viviendo, ¿no te das cuenta? Apuesto a que hace un rato imaginabas lo que sucedía en alguna casa y que, además, lo que dije acerca de la lluvia te tranquilizó de tal manera que entraste en un sueño aunque tuvieras los ojos abiertos. Nunca te habías sentido así, ¿no? Te sientes viva, sientes que… por primera vez no has hecho planes y todo está reconfortándote. Eso es vivir. Por primera vez no me importó que hubiese adivinado lo que había pensado segundos atrás. Lo único que pude hacer fue observarlo con desprecio mal disimulado. Se sentó frente a mí y alargó una mano, tal vez para acariciarme la mejilla, pero yo lo esquivé. Le lancé la casaca sin dejar escapar la rabia y, con voz ahogada, dije: -Tengo que irme. Esto ha sido demasiado. -¿Estás bien? -No te he dado la confianza suficiente para que me digas, de la nada, que recién ahora estoy viviendo. ¿Crees que la vida se basa en sentir la lluvia y caminar con personas desconocidas en un parque lleno de árboles? Pues estás completamente desquiciado. -¿De qué hablas? -cuestionó, alarmado. Me puse de pie bruscamente ante la perplejidad de aquel extraño. Lo miré con superioridad -utilicé aquella mirada que solía dirigir a la mayoría de los seres humanos que me rodeaban- y, sin pensarlo bien, dije: -Vivir no es salir a la calle a buscar a alguna persona que desconoces para que te dé un paseo guiado por la ciudad, ni recostarte en el césped bajo al lluvia, ni mucho menos imaginar lo que pasa en casas ajenas. Vivir no es pasear en motocicleta por el mundo sin preocupaciones, sin casa, sin familia… Cuando vives haces planes para lo que comúnmente se denomina futuro, intentas encontrar una familia para perpetuar la raza y tal vez hacer un poco de dinero para el bienestar de los tuyos. Eso es vivir. -¿Acaso no crees que detenerte un segundo a contemplar el mundo…? -¡No te puedes detener un segundo si estás viviendo! -exclamé, alzando los brazos y hartándome de su forma de ver las cosas. Simplemente no podía ser tan optimista y soñador, como si viviera en un mundo lleno de arco iris, nubes esponjosas y ríos de chocolate.- ¡La vida se basa en hacer cosas que beneficien lo que se viene después! Abrió y cerró la boca varias veces, sin lograr decir algo. Continuaba mirándome anonadado, como si hubiese herido lo más profundo de su ego. -Ese Thoureau está equivocado -dije-. El mundo no es un lienzo para nuestra imaginación, ¿sabes? Nuestra imaginación se encarga de idealizar nuestro mundo de tal manera que a ciertas personas llega a afectarles la forma de ver la realidad. No puedes andar por allí imaginando cosas sin darte un paseo por lo que de verdad está pasando. Cerró los ojos en señal de dolor e hice una mueca de desaprobación. Se quedó allí, de pie en el césped, observándome sorprendido. Yo ya estaba completamente empapada, pero parecía no darme cuenta de ello. -Si no tienes ninguna otra frase que citar o quizás alguna otra reflexión, me retiro. Suerte en eso que llamas vivir. -Acomodé mi bufanda y me di media vuelta, indignada. Descubrí que toda esa palabrería sobre la vida y otras cosas me irritaban de una manera un tanto estúpida, pero realmente no podía hacer nada para evitarlo. Siempre había creído en la teoría científica de las cosas, y ningún extraño, por mas listo que pareciera, podía llegar a cambiar mi visión de las cosas a esas alturas de mi existencia. Comencé a caminar rápidamente, anhelando estar dentro de mi casa con un café en las manos. Me regañé mil y una veces por haber salido de la comodidad de mi hogar para salir un poco de la rutina; ¿qué había de malo en la monotonía?... llevaba tantos años en lo mismo que otro tiempo más no me podría hacer daño de ninguna manera. Sentí que él caminaba tras de mí y bufé, enojada. Realmente detestaba que las personas me siguieran. Mi argumento era, claro, que si no habían sido capaces de decirme las cosas mientras me tenían enfrente, ¿qué posibilidades habían de decir algo coherente mientras caminaban y su cerebro intentaba mover piernas y labios al mismo tiempo? Imposible. -Yo sé que la vida no se trata solo de eso -gritó, haciéndose escuchar por encima del sonido de la lluvia golpeando con fuerza las copas de los árboles. -Si lo supieras ni siquiera estarías aquí, ¿no lo crees? -Tú no sabes nada de mí, no puedes juzgarme de esa manera. Me detuve abruptamente cuando dijo eso. No había pronunciado palabras más cuerdas que aquellas en todos los minutos que llevábamos juntos, así es que me vi en la obligación de pararme a escucharlo. -No sabes nada de mí -repitió- ¿Te preguntaste porqué soy así o si alguna vez fui como tú? ¿Qué te hace pensar que no existe nadie en el mundo que en estos momentos esté preguntándose donde estoy, lamentándose porque quizás dejé a una familia atrás? Sentí que mi garganta se secaba y me estremecí, un poco asustada por lo que decía. Me volteé. Tenía que aceptar que no sabía demasiado de él o de los motivos de su forma de ser, porque realmente no habíamos hablado de eso. -No, no te lo has preguntado. Deberías hacerlo, ¿no crees? -No quiero hacerlo. -sentencié- No marca ningún hito importante en mi vida. -Mi vida no siempre se ha basado en eso, pero contarte mi pasado arruinaría el misterio… -sentí que sonreía y recordé porqué estaba marchándome de allí. -No me interesa, extraño. Este tour llega hasta aquí. Introduje las manos en los húmedos bolsillos de mi chaqueta y retomé mi camino, logrando ignorar el sonido de sus pasos tras de mí. Escuché, entre la lluvia, que me gritaba su nombre, pero no le tomé importancia. Realmente no me interesaba nada que pudiera tener relación con él o sus... filosofías de vida. Lo único que quería era llegar a casa y recordar aquella tarde como si tan solo hubiese sido una pesadilla demasiado real, algo que en algún momento ni siquiera formaría parte de mi memoria. Sin embargo, cuando observé por el rabillo del ojo al extraño que estaba abandonando en el parque, la parte más recóndita de mí se estremeció y me gritó que debía retroceder y continuar con todo eso, dejando de lado mis prejuicios y todo lo que pudiera hacerme pensar mal de él. Cuando recordé que ese hombre no sabía cómo llegar al lugar en el que estaba viviendo ya estaba a dos puertas de mi casa.
Potterfics es parte de la Red HarryLatino
Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R. |