Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Análogo » Café
Capítulos
  1. Extraño
  2. Café
  3. Historias
  4. Lluvia
  5. De puertas en el cielo & guitarras
  6. Café II
  7. Ride with me
  8. Casualidades
  9. Wasn't born to follow
  10. Pasado
  11. Rutina
  12. Carpe Diem
  13. Libertad
  14. Walk the lonely highway, parte I
  15. Walk the lonely highway, parte II
  16. Análogo
  17. Jamás
  18. Epílogo I
  19. Epílogo II
  20. Epílogo III
Historia terminada Análogo (R13)
Por WendySumpterWood
Escrita el Miércoles 22 de Abril de 2009, 19:57
Actualizada el Viernes 9 de Julio de 2010, 23:24
[ Más información ]

Café

 Permití que la electricidad de su mano penetrara tibiamente en mi piel y luego me estremecí, como si despertase de un profundo sueño. Volví a preguntarme porqué hacía eso solo para descubrir, resignada, que no había vuelta atrás.

 

-¿Estás bien? -preguntó él, en medio de mi debate interior.

 

Lo miré confusa, como si me hubiese hablado en otro idioma y, por milésima vez, me tardé en responder.

 

-¿Yo? Sí, sí.

 

-¿Te estás arrepintiendo de ser mi guía? Porque si es así podemos dejarlo hasta aquí, no te preocupes…

 

-No, tranquilo, no pasa nada. -sonreí, tranquilizándolo.

 

Entramos al local (no me quedó más que dejar todos mis cuestionamientos atrás) y buscamos una mesa en la zona de fumadores que nos aportara una vista privilegiada hacia el exterior. Saqué la ya familiar cajetilla de cigarros y le ofrecí uno.

 

-¿Eres muy viciosa? -preguntó, aceptando lo que le entregaba.

 

-No realmente. En días nublados fumo más, unos cinco o seis diarios, pero la verdad es que la cajetilla me dura bastante.

 

-Interesante… Para mí es difícil controlarme cuando llego a una ciudad. Cuando voy por la carretera no puedo fumar por razones obvias, y cuando llego a pueblitos en medio de la "nada" no me gusta hacerlo. Considero que fumar no es algo excelente, pero no tengo la fuerza suficiente para dejarlo.

 

-Espera, ¿dijiste que vas por la carretera? -lo miré intrigada, queriendo saber a qué se refería con todo lo que había dicho.

 

-Sí, ¿no te dije ya? -Hizo una mueca de reproche, como si estuviera regañándose a sí mismo por haber olvidado confesarme algo. La verdad es que había sido bastante extraño que hubiéramos hablado prácticamente de todo pero que, sin embargo, no me hubiera dicho porqué estaba en la ciudad- Básicamente yo vivo la vida. No tengo un trabajo estable ni nada de eso, simplemente viajo de ciudad en ciudad disfrutando de este mundo desgraciado. Me traslado en motocicleta y no llevo mucho equipaje, solo una mochila y una caja donde hay alimentos y cosas para sobrevivir.

 

No pude evitar observarlo sorprendida, casi en shock. Yo tenía una opinión respecto a las personas que dedicaban su vida a viajar por el mundo sin profesión, familia ni residencia estable, y lo que pensaba no era precisamente bueno. Desde que tenía uso de razón me había imaginado a ese tipo de seres humanos como irresponsables y desenfrenados, el tipo de hombre o mujer con quien no podrías mantener jamás una charla cuerda por más de media hora. Sin embargo allí estaba yo, sentada en mi lugar favorito de todo el mundo con un hombre desconocido que decía ser un simple viajero que vivía la vida. Increíble.

 

-Llegué a esta ciudad por intuición -continuó emocionado, al ver que no tenía nada que decir-, vi el nombre en un mapa y decidí que sería buena idea tomar el camino que llegaba hasta acá.

 

-¿Por qué llevas esa vida? -pregunté, cuando fui capaz de articular palabra.

 

-No soporto quedarme en un lugar durante mucho tiempo, nunca pude. Tal vez se debe a que cuando era pequeño me cambiaba una y otra vez de residencia, nada demasiado grave si me lo preguntan. No soy una persona mala ni irresponsable, como muchos podrían pensar de alguien que vive viajando. Cuando llego a un lugar no busco desesperadamente clubes nocturnos ni lugares donde tomar alcohol, aunque sí los visito, debo aceptarlo, y me gustaría poder decirte que lo hago con el fin de saber qué tanto varía el entretenimiento nocturno de una ciudad a otra, pero la verdad es que no voy con esa finalidad.

 

Lo miré extrañada, preguntándome porqué mencionaba eso. Reprimí una sonrisa irónica al notar lo especial e inusual de los comentarios que había hecho durante nuestros escasos cincuenta o sesenta minutos de conversación.

 

-Llegué aquí hace dos días, pero no había salido de la pensión en la que me estoy quedando. En ese lugar vive tanta gente que puedo pasar el día entero sentado en la sala principal para observarlos a todos y escribir hojas y hojas sobre cada uno de ellos. El ser humano es interesante, ¿sabes?

 

-Sí, ciertamente lo es…

 

Me contó que la dueña del lugar en el que se quedaba era una mujer pequeña y menuda con carácter fuerte, alguien con quien nadie desearía pelear. Dijo, además, que en una de las primeras habitaciones vivía una joven estudiante de medicina que nunca se despegaba de sus libros de biología y anatomía, y que él había tenido la posibilidad de encontrarse con ese tipo de personas solamente en películas o series de televisión. Me sentí aludida ante esa descripción, pero preferí guardar silencio.

 

-En el tercer piso vive una muchacha muy extraña -dijo, frunciendo un poco el ceño-. Cuando desayunamos solemos comer todos en la cocina casi a la misma hora y por lo general todos se ignoran, pero ella nunca deja de mirarme. Observa cada cosa que hago, desde cómo echo azúcar a mi café hasta cómo mastico mi comida. No entiendo porqué hace eso, es muy rara…

 

Reí, divertida por la inocencia con que parecía mencionar algo tan común como una atracción hacia él. Me miró confundido, debatiéndose entre preguntar qué sucedía o quedarse callado esperando que yo exteriorizara el motivo de mi risa.

 

-Es divertido que no entiendas eso. Has demostrado ser una persona culta e inteligente, pero ¿en serio no sabes reconocer cuando una mujer se siente atraída por ti? Vamos, descríbeme qué hace.

 

-Bien, ella… bueno, la he visto observándome desde la escalera cuando me siento en la sala a ver a los demás, y también he sentido que me sigue con la mirada cuando camino por el pasillo y ella está presente. Pero no sé nada de ella, ni siquiera si estudia o no.

 

-Por lo que dices es más que obvio que tiene interés por ti -sonreí. Sus mejillas, implacablemente blancas, se tornaron de un suave color carmín que me causó cierto grado de ternura-

 

-Es bueno saberlo -comentó, sin saber exactamente qué decir.

 

La sonrisa no se borraba de mi rostro y yo no tenía claro por qué. Su mirada de vergüenza y su semblante de timidez cambió, de pronto, a una expresión un poco más severa y seria.

 

-No te rías. Nunca he sido experto en los sentimientos de las mujeres, no sé interpretar qué sienten con una simple mirada.

 

En ese preciso instante llegó el mesero con la carta preguntándonos si ya sabíamos que ordenar. No abrí el librito de tapas de cuero negra y simplemente dije que quería un café expreso, ansiosa por reanudar la conversación con mi acompañante a solas. Él, sin embargo, se tomó todo el tiempo que pudo para ver una y otra vez la carta, repasando precios, nombres e ingredientes. Le tomó más de diez minutos ordenar y, cuando mi paciencia estaba a punto de agotarse, abrió la boca para pedir un café helado. Carraspeé, incómoda, mordiéndome la lengua para evitar hacer comentarios respecto al tiempo perdido para ordenar un simple café helado.

 

-¿De qué hablábamos? -preguntó, sonriendo, como si hubiese olvidado el tema de la muchacha de la pensión.

 

-De tu forma de vida -mentí. Él pareció no notar la mentira y continuó hablando.

 

-Ah, sí… Empecé en esto hace cuatro años y sé que es la mejor decisión que he tomado en toda mi vida.

 

-¿Y tú familia?

 

Una sombra de tristeza y rencor cruzó su mirada y noté que preguntarle acerca de ello había sido un error. Bajé la mirada, incómoda, mientras él respondía.

 

-Yo ya no tengo familia. -sentenció.

 

-Está bien, lo siento, no debí preguntar eso…

 

-Descuida, no tenías cómo saber que no es un tema agradable para mí. En todo caso creo que he hablado mucho de mí… Cuéntame un poco de tu vida.

 

Me quedé observando mi café mientras lo revolvía con la cuchara, preguntándome qué cosa interesante podía contarle. Él me había hablado de motocicletas, personas extrañas y una pensión… pero realmente yo no tenía nada extraordinario que relatar.

 

-Hm… la verdad es que mi vida es bastante aburrida. Estudio, vivo con mi padre, tengo las mismas amigas desde hace más de cinco años… He viajado muy poco, ni siquiera he ido a la capital.

 

Me miró impresionado, tal vez intentando descubrir por qué yo era así. Ladeó la cabeza mientras tomaba un sorbo de su café helado y me miró analítico.

 

-¿Por qué? -preguntó.

 

-Porque nunca he intentado salir de mi rutina. Mantengo la misma vida desde los quince o dieciséis años, más o menos. Y si en este momento estoy en este lugar contigo es porque algo desconocido atacó mi cerebro y quise salir a probar un poco el mundo, aunque nunca pensé que me encontraría con un desconocido que me pediría ser su guía turística.

 

Tomó una galletita del plato que nos había traído el mesero por cortesía de la casa y se la llevó a la boca con tranquilidad, analizándome con su penetrante mirada.

 

-Eres especial, ¿lo sabías?

 

-No bromees, extraño.

 

-No, en serio -sonrió.- Si no fueras especial no te habría solicitado que fueras mi guía.

 

Guardé silencio, sorprendida. No sabía qué decir. Y él me miraba divertido, como si estuviese leyendo mis pensamientos o algo por el estilo.  Di un sorbo a mi café sin quitarle la vista de encima, mientras él observaba con curiosidad la decoración del local. Ya no sabía de qué hablar.

 

-¿Qué otro lugar de la ciudad sería recomendable? -preguntó, apartando la vista de un cuadro abstracto a su derecha, mientras pasaba su mano por su cabello.

 

-El único parque que existe -respondí-, y es totalmente increíble. Al menos a mí me gusta.

 

 

Luego de unos cuantos minutos de charla un poco más relajada -al menos por mi parte, pues mi tensión había comenzado cuando yo misma había mencionado a la familia- pagamos la cuenta y nos fuimos de allí. Le indiqué que el lugar siguiente estaba hacia el sur, añadiendo que estaba demasiado lejos para ir a pie.

 

-Podemos tomar un bus -sugerí, pensativa.

 

-¿No prefieres caminar? No conozco mucho acá y me gustaría ver las calles.

 

-Es peligroso desde acá hasta allá…

 

-No pasará nada -susurró, introduciendo una mano a su bolsillo. Mi corazón comenzó a latir a toda velocidad al imaginarme que podría estar escondiendo un arma, pero, contrario a todas mis posibles teorías, sacó un saquito color vino amarrado con una cinta blanca.- Llevo protección a todos lados -sonrió.

 

Omití comentarios, un tanto acostumbrada a lo extraño de sus comentarios y acciones. Había algo realmente diferente en él, algo que nunca había visto en ninguna persona y que no lograba descubrir...

 

-Bien, vamos a pie…

 

Miró al cielo, metiendo ambas manos a los bolsillos de su chaqueta.

 

-Lloverá -dijo-.

 

Miré también, intentado encontrar alguna nube gris cargada de lluvia, pero no la encontré. Sí, hacía frío, viento y no se veía el sol, pero las nubes no estaban demasiado grises y no había señal de lluvia. Evité mirarlo extrañada, no sé porqué. Había algo que me hacía confiar en su peculiar predicción.


« Extraño Comenta este capítulo | Ir arriba Historias »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino





Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.