Historia al azar: Memorias Perdidas II
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Análogo » Walk the lonely highway, parte I
Capítulos
  1. Extraño
  2. Café
  3. Historias
  4. Lluvia
  5. De puertas en el cielo & guitarras
  6. Café II
  7. Ride with me
  8. Casualidades
  9. Wasn't born to follow
  10. Pasado
  11. Rutina
  12. Carpe Diem
  13. Libertad
  14. Walk the lonely highway, parte I
  15. Walk the lonely highway, parte II
  16. Análogo
Análogo (R13)
Por WendySumpterWood
Escrita el Miércoles 22 de Abril de 2009, 19:57
Actualizada el Miércoles 10 de Febrero de 2010, 22:42
[ Más información ]

Walk the lonely highway, parte I

"Won't you help me find the right way
To a place of time and hope
Where we all get kind of mellow
And where life is not a joke"

 

 

-Te has cortado el pelo.

-Y tú lo notaste, ¿eh?

Él sonrió, recordándome inevitablemente a la primera vez que lo había visto, casi un año atrás. Lucía exactamente igual -con menos vello facial que aquella tarde, quizá-, sus ojos seguían siendo maravillosamente cautivantes y, por lo demás, llevaba la misma chaqueta de cuero que de alguna manera llegaba a sentir casi mía… Aunque divisaba algo diferente en su expresión, en su forma de desenvolverse; algo que no estaba allí la última vez, algo demasiado… ¿terrenal? Sea como fuere, ya no me intimidaba, porque alguna vez lo había hecho, de cierta manera. Y a pesar de que no se me había pasado por la cabeza encontrarme con él durante ese viaje, al parecer me había preparado inconscientemente para aquel momento -el 'reencuentro'-, y me creía capaz de sobrellevar bien cualquier cosa que hiciera o dijera el desconocido.

-Siempre reconozco esos pequeños cambios, incluso cuando dejo de ver a las personas.

-Tú aún tienes esa chaqueta… -puntualicé, divertida. El mesero llegó con mi café y él ordenó uno para sí mismo ("cargado, por favor").

-Y si me ves dentro de diez años probablemente aun la tenga -dijo. Sacó una cajetilla de cigarros del interior de su saco y dio un respingo, como si hubiera recordado algo de golpe- ¿Fumaste esa cajetilla que te dejé?

-¿Me creerías si te digo que está casi completa? Creo que los he guardado para ocasiones especiales. Son los mejores que he probado.

-Excelente.

Entre tres cigarros y los sorbos de café la noche se cernió sobre el local mientras él y yo lográbamos hablar como un par de viejos amigos que saben todo del otro, sin ningún tipo de barreras. Charlar con él, aunque el tema fuese trivial e irrelevante, me corroboraba que había tomado la decisión correcta al dejarlo todo atrás y me hacía sentir viva, libre. Alguna parte de mí lo había extrañado demasiado.

-Me gustaría mostrarte algo -dije, recordando el claro del bosque que había encontrado al llegar- Creo que te gustará, aunque quizás lo hayas visto. Está en el bosque.

-No he ido al bosque, aunque cada noche siento que me llama en sueños -respondió, sonriente. 

-Vamos inmediatamente, es realmente maravilloso.

Pagamos el café y salimos del lugar al tiempo que acordábamos acudir en mi auto, puesto que su motocicleta estaba lejos de allí y después de todo era yo quien conocía la ubicación del lugar. Noté que los roles se habían invertido: en esos momentos yo era la responsable del lugar al que íbamos. Y aunque así había sido la primera tarde que habíamos pasado juntos, en esa ocasión me sentía con cierto poder, o quizás sólo en su mismo nivel, como si hubiera subido un escalón. Había sentido aquello apenas se había sentado frente a mí en el café, casi al mismo tiempo que descubría ese algo diferente en su expresión y su forma de comunicarse -que identifiqué como una parte suya más acostumbrada a relacionarse con la gente, comparada con la personalidad que había mostrado al conocerlo.

Me hizo preguntas sobre el vehículo, me contó sobre personas que había seguido conociendo en el camino e incluso navegó por la colección de música que guardaba en una caja bajo el asiento del copiloto. Dio el visto bueno a la mayoría de lo que vio y puso en el reproductor de música algo de The Smiths que no dudó en tararear, siguiendo la letra de vez en cuando.  Alabó mi lentitud al conducir, argumentando que no había que apresurarse en caminos así, en medio de bosques y con la luna llena asomándose descaradamente entre las nubes, opacando tristemente a las estrellas que intentaban brillar con más intensidad que ella. Le pregunté si recordaba a Elizabeth y respondió que sí, que no podría olvidarla aunque por azares del destino había tenido que deshacerse de la guitarra -y yo sospechaba que él la había destruido, no sé porqué; me contó un poco sobre la frustración y desorientación que había experimentado recientemente, guardándose los detalles para cuando llegásemos al claro debido a que pensaba que allí podríamos hablar con más tranquilidad (aparentemente el ir y venir de los árboles a través de las ventanillas lo distraía de maneras insospechadas). Tuve que explicarle que al llegar al bosque debíamos dejar el vehículo en una orilla y caminar unos minutos hacia el claro, pero a él pareció no importarle e incluso sus ojos brillaron casi imperceptiblemente cuando ambos caímos en la cuenta de que nos internaríamos en un lugar prácticamente desconocido sin más iluminación que la de la luna llena que nos vigilaba atenta desde las alturas.

-Hemos llegado -anuncié, orgullosa, mientras aparcaba en el mismo sitio que había utilizado durante aquella tarde.

La luz era prácticamente inexistente, el auto quedaba escondido bajo la sombra del sauce y apenas podía encontrar la silueta del desconocido. Escuché su risa transparente a mi derecha y su voz preguntándome si estaba bien, mientras su mano se encontraba de golpe con la mía aferrándola con fuerza, decidido.

-Guíeme, doncella.

Sonreí y sé que me sonrojé, pero él probablemente no lo notó. Permití que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad azulina de aquella noche y tiré suavemente de él para indicarle el camino correcto hacia el claro, hacia lo que poco a poco nombraba como "el lugar definitivo", no tengo claro porqué. El desconocido no hizo preguntas, no dijo nada, simplemente se dejó guiar por mis pasos inestables debido a la irregularidad del piso, sin soltar en ningún momento mi mano. La luz de la luna nos bañaba mágicamente con su resplandor. Él se detuvo suavemente y rompió el silencio, muy acertadamente.

-Mira hacia arriba.

Un millón de puntitos brillantes, centelleantes, se alzaban sobre nuestras cabezas: eran todas las estrellas que me había perdido por viajar en automóvil. Su fulgor no se veía opacado por el de la luna, de hecho ambos lograban mostrar una armonía impresionante, algo así como una danza estática de cuerpos mágicos que están allí para devolverte la mirada con júbilo, esperando que renazcas bajo su brillo y te lances a la vida en un impulso del momento, sin que importe nada más que eso. Sonreí, sobrecogida, y presioné inconscientemente la mano del extraño a mi lado, haciendo que él se acercara a mí de manera que yo pudiera sentir su mágica sonrisa, llenando todos mis sentidos.

Sacudí la cabeza luego de unos minutos y me sorprendí al notar que ya habíamos llegado al claro. Un prolongado suspiro que se escapó de mis labios logró atraer la atención de él, que me miró confuso y pregunto qué sucedía.

-Aquí es -respondí.

 

 

 


 

Estábamos recostados en silencio sobre el césped cubierto de rocío, simplemente observando embelesados ese millón de estrellas que nos invitaban a renacer y lanzarnos a la vida. Ya había soltado mi mano, pero de cierta forma lo sentía completamente conmigo, como si de un momento a otro hubiera pasado a ser yo. No estábamos allí, de eso estaba segura, estábamos dentro de la visión de las estrellas y la luna, dentro del brillo azulino, dentro de una atmósfera mágica y perfectamente imperfecta. Como él. Como yo. Invencible, inefable, única… Era otro mundo, a su lado, en medio de un bosque, de noche.

-No pensé que te encontraría en medio del camino en un pueblo así -dijo él, rompiendo con el silencio casi sagrado que nos había invadido después de unos minutos que parecieron eternos.

-Yo no pensé que te vería entrando a un café con una chica de esa apariencia.

-Touché, mademoiselle.

-Supongo que no estaría aquí si no fuera por ti -reflexioné, volteándome para mirarlo- Sabes que cuando te conocí fue como si hubieses despertado una bestia dormida, y cuando me dejaste ese libro… simplemente no podía seguir como estaba, era imposible.

-El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma. -murmuró- Sabias palabras de Marcel Proust. Aunque no creo que haya cambiado el destino de tu alma, sino que… lo redirigió. Claramente te sometiste a la sociedad y llegó un punto en que tu esencia no pudo soportarlo más.

-Y tú influiste mucho en eso, ciertamente.

-Creo que ya no somos tan diferentes como antes, ¿no te parece? -me miró a los ojos con una media sonrisa, expectante.

-A pesar de que ambos estemos viajando y nos hayamos encontrado en el mismo lugar, sigue habiendo una diferencia entre nosotros, muy importante. -dije, seria, mirándolo también.

-¿Y cuál es?

-Yo estoy tomándome el tiempo de al viajar y desligarme de todo, porque he descubierto que hay mucho, mucho más.

-¿Y yo que estoy haciendo?

-Desconocido, tú estás escapando.


« Libertad Comenta este capítulo | Ir arriba Walk the lonely highway, parte II »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino





Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.