|
||||
|
Menú
|
|
||||||||||||||||||||||||||
Análogo
(R13)
Por WendySumpterWood
Escrita el Miércoles 22 de Abril de 2009, 19:57 Actualizada el Miércoles 10 de Febrero de 2010, 22:42 [ Más información ]
Walk the lonely highway, parte I
"Won't you help me
find the right way
-Te has cortado el pelo. -Y tú lo notaste, ¿eh? Él sonrió, recordándome inevitablemente a la primera vez que
lo había visto, casi un año atrás. Lucía exactamente igual -con menos vello
facial que aquella tarde, quizá-, sus ojos seguían siendo maravillosamente
cautivantes y, por lo demás, llevaba la misma chaqueta de cuero que de alguna
manera llegaba a sentir casi mía… Aunque divisaba algo diferente en su
expresión, en su forma de desenvolverse; algo que no estaba allí la última vez,
algo demasiado… ¿terrenal? Sea como fuere, ya no me intimidaba, porque alguna
vez lo había hecho, de cierta manera. Y a pesar de que no se me había pasado
por la cabeza encontrarme con él durante ese viaje, al parecer me había
preparado inconscientemente para aquel momento -el 'reencuentro'-, y me creía
capaz de sobrellevar bien cualquier cosa que hiciera o dijera el desconocido. -Siempre reconozco esos pequeños cambios, incluso cuando
dejo de ver a las personas. -Tú aún tienes esa chaqueta… -puntualicé, divertida. El
mesero llegó con mi café y él ordenó uno para sí mismo ("cargado, por favor"). -Y si me ves dentro de diez años probablemente aun la tenga
-dijo. Sacó una cajetilla de cigarros del interior de su saco y dio un
respingo, como si hubiera recordado algo de golpe- ¿Fumaste esa cajetilla que
te dejé? -¿Me creerías si te digo que está casi completa? Creo que
los he guardado para ocasiones especiales. Son los mejores que he probado. -Excelente. Entre tres cigarros y los sorbos de café la noche se cernió sobre el local mientras él y yo lográbamos hablar como un par de viejos amigos que saben todo del otro, sin ningún tipo de barreras. Charlar con él, aunque el tema fuese trivial e irrelevante, me corroboraba que había tomado la decisión correcta al dejarlo todo atrás y me hacía sentir viva, libre. Alguna parte de mí lo había extrañado demasiado. -Me gustaría mostrarte algo -dije, recordando el claro del
bosque que había encontrado al llegar- Creo que te gustará, aunque quizás lo
hayas visto. Está en el bosque. -No he ido al bosque, aunque cada noche siento que me llama
en sueños -respondió, sonriente. -Vamos inmediatamente, es realmente maravilloso. Pagamos el café y salimos del lugar al tiempo que
acordábamos acudir en mi auto, puesto que su motocicleta estaba lejos de allí y
después de todo era yo quien conocía la ubicación del lugar. Noté que los roles
se habían invertido: en esos momentos yo era la responsable del lugar al que
íbamos. Y aunque así había sido la primera tarde que habíamos pasado juntos, en
esa ocasión me sentía con cierto poder, o quizás sólo en su mismo nivel, como
si hubiera subido un escalón. Había sentido aquello apenas se había sentado
frente a mí en el café, casi al mismo tiempo que descubría ese algo diferente
en su expresión y su forma de comunicarse -que identifiqué como una parte suya
más acostumbrada a relacionarse con la gente, comparada con la personalidad que
había mostrado al conocerlo. Me hizo preguntas sobre el vehículo, me contó sobre personas
que había seguido conociendo en el camino e incluso navegó por la colección de
música que guardaba en una caja bajo el asiento del copiloto. Dio el visto
bueno a la mayoría de lo que vio y puso en el reproductor de música algo de The
Smiths que no dudó en tararear, siguiendo la letra de vez en cuando. Alabó mi lentitud al conducir, argumentando
que no había que apresurarse en caminos así, en medio de bosques y con la luna
llena asomándose descaradamente entre las nubes, opacando tristemente a las
estrellas que intentaban brillar con más intensidad que ella. Le pregunté si
recordaba a Elizabeth y respondió que sí, que no podría olvidarla aunque por
azares del destino había tenido que deshacerse de la guitarra -y yo sospechaba
que él la había destruido, no sé porqué; me contó un poco sobre la frustración
y desorientación que había experimentado recientemente, guardándose los
detalles para cuando llegásemos al claro debido a que pensaba que allí
podríamos hablar con más tranquilidad (aparentemente el ir y venir de los
árboles a través de las ventanillas lo distraía de maneras insospechadas). Tuve
que explicarle que al llegar al bosque debíamos dejar el vehículo en una orilla
y caminar unos minutos hacia el claro, pero a él pareció no importarle e
incluso sus ojos brillaron casi imperceptiblemente cuando ambos caímos en la
cuenta de que nos internaríamos en un lugar prácticamente desconocido sin más
iluminación que la de la luna llena que nos vigilaba atenta desde las alturas. -Hemos llegado -anuncié, orgullosa, mientras aparcaba en el
mismo sitio que había utilizado durante aquella tarde. La luz era prácticamente inexistente, el auto quedaba
escondido bajo la sombra del sauce y apenas podía encontrar la silueta del
desconocido. Escuché su risa transparente a mi derecha y su voz preguntándome
si estaba bien, mientras su mano se encontraba de golpe con la mía aferrándola
con fuerza, decidido. -Guíeme, doncella. Sonreí y sé que me sonrojé, pero él probablemente no lo notó.
Permití que mis ojos se acostumbraran a la oscuridad azulina de aquella noche y
tiré suavemente de él para indicarle el camino correcto hacia el claro, hacia
lo que poco a poco nombraba como "el lugar definitivo", no tengo claro porqué. El
desconocido no hizo preguntas, no dijo nada, simplemente se dejó guiar por mis
pasos inestables debido a la irregularidad del piso, sin soltar en ningún momento
mi mano. La luz de la luna nos bañaba mágicamente con su resplandor. Él se
detuvo suavemente y rompió el silencio, muy acertadamente. -Mira hacia arriba. Un millón de puntitos brillantes, centelleantes, se alzaban sobre nuestras cabezas: eran todas las estrellas que me había perdido por viajar en automóvil. Su fulgor no se veía opacado por el de la luna, de hecho ambos lograban mostrar una armonía impresionante, algo así como una danza estática de cuerpos mágicos que están allí para devolverte la mirada con júbilo, esperando que renazcas bajo su brillo y te lances a la vida en un impulso del momento, sin que importe nada más que eso. Sonreí, sobrecogida, y presioné inconscientemente la mano del extraño a mi lado, haciendo que él se acercara a mí de manera que yo pudiera sentir su mágica sonrisa, llenando todos mis sentidos. Sacudí la cabeza luego de unos minutos y me sorprendí al
notar que ya habíamos llegado al claro. Un prolongado suspiro que se escapó de
mis labios logró atraer la atención de él, que me miró confuso y pregunto qué
sucedía. -Aquí es -respondí.
Estábamos recostados en silencio sobre el césped cubierto de
rocío, simplemente observando embelesados ese millón de estrellas que nos invitaban
a renacer y lanzarnos a la vida. Ya había soltado mi mano, pero de cierta forma
lo sentía completamente conmigo, como si de un momento a otro hubiera pasado a
ser yo. No estábamos allí, de eso
estaba segura, estábamos dentro de la visión de las estrellas y la luna, dentro
del brillo azulino, dentro de una atmósfera mágica y perfectamente imperfecta.
Como él. Como yo. Invencible, inefable, única… Era otro mundo, a su lado, en
medio de un bosque, de noche. -No pensé que te encontraría en medio del camino en un
pueblo así -dijo él, rompiendo con el silencio casi sagrado que nos había
invadido después de unos minutos que parecieron eternos. -Yo no pensé que te vería entrando a un café con una chica
de esa apariencia. -Touché, mademoiselle. -Supongo que no estaría aquí si no fuera por ti -reflexioné,
volteándome para mirarlo- Sabes que cuando te conocí fue como si hubieses
despertado una bestia dormida, y cuando me dejaste ese libro… simplemente no
podía seguir como estaba, era imposible. -El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar
el destino de un alma.
-murmuró- Sabias palabras de Marcel Proust. Aunque no creo que haya cambiado el
destino de tu alma, sino que… lo redirigió. Claramente te sometiste a la
sociedad y llegó un punto en que tu esencia no pudo soportarlo más. -Y tú influiste mucho en eso, ciertamente. -Creo que ya no somos tan diferentes como antes, ¿no te parece? -me miró a los ojos con una media sonrisa, expectante. -A pesar de que ambos estemos viajando y nos hayamos
encontrado en el mismo lugar, sigue habiendo una diferencia entre nosotros, muy
importante. -dije, seria, mirándolo también. -¿Y cuál es? -Yo estoy tomándome el
tiempo de al viajar y desligarme de todo, porque he descubierto que hay
mucho, mucho más. -¿Y yo que estoy haciendo? -Desconocido, tú estás escapando.
Potterfics es parte de la Red HarryLatino
Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R. |