Historia al azar: Harry Potter y el Elegido
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Análogo » Pasado
Capítulos
  1. Extraño
  2. Café
  3. Historias
  4. Lluvia
  5. De puertas en el cielo & guitarras
  6. Café II
  7. Ride with me
  8. Casualidades
  9. Wasn't born to follow
  10. Pasado
  11. Rutina
  12. Carpe Diem
  13. Libertad
  14. Walk the lonely highway, parte I
  15. Walk the lonely highway, parte II
  16. Análogo
Análogo (R13)
Por WendySumpterWood
Escrita el Miércoles 22 de Abril de 2009, 19:57
Actualizada el Miércoles 10 de Febrero de 2010, 22:42
[ Más información ]

Pasado

Cuando acabó la canción bajó del escenario entre los vítores de los presentes y mi mirada perpleja, fingiendo que no me había visto. Pidió un trago en la barra y se abrió camino entre la multitud hasta chocar conmigo de manera casual, momento preciso en que noté que definitivamente algo en ella ya no era igual que antes. Si hubiese conservado la personalidad que solía tener probablemente hubiese ido directamente hacia mí desde el escenario con la disposición de reprocharme el haberla abandonado, todo de una sola vez, sin ese teatro del encuentro fortuito y la expresión de sorpresa falsa que ocupaba su rostro. No sabía porqué yo seguía allí, frente a ella, observándola con cierto desprecio; supuse que una parte de mí tenía interés en su reacción. Me miró extrañada antes de hablar, logrando que vislumbrara en su mirada un dejo de resentimiento apenas olvidado por lo que le había hecho, dejando, a la vez, que mi teoría acerca de que ya me había visto desde el escenario y que realmente estaba actuando al no reconocerme al instante tomara el título de 'verdadera' dentro de mis pensamientos. Sonreía con aparente desinterés, moviendo sus caderas al ritmo de una suave melodía de Sinatra. Y entonces, luego de dar un sorbo a su trago y volver a dirigirme una mirada de sorpresa fingida, entreabrió los labios y se decidió a decir algo.

-¡Estás vivo! -exclamó con un dejo de sarcasmo que me vi en la obligación de destacar mentalmente

-Eso es relativo -respondí, haciéndome oír por encima de la música y comenzando a irritarme sin motivos aparentes- Estar con vida o no se adapta a tu concepto de lo que es exactamente vivir. Según el mío, por ejemplo, estar vivo no es suficiente para describir el estado en que me encuentro.

Me miró confundida y comprendí que intentaba adjudicarle alguna lógica a mis palabras. Chasqueó la lengua, dio otro sorbo a su trago y dijo:

-No me vengas con esos jueguitos de palabras a mí, ¿está bien? Te conozco. Vamos afuera, aquí no podemos hablar.

Si ella hubiese demostrado conservar la misma personalidad que yo recordaba le habría dicho que no podía quedarme a hablar porque debía partir, hubiera subido a la moto y me habría marchado del pueblo; pero en sus ojos avellana existía en esos momentos algo que me obligaba a indagar en esa nueva persona que tenía enfrente, ese personaje que al parecer había cambiado por completo todo eso que yo conocía y guardaba en mi mente, eso que salía a relucir de vez en cuando, con muy poca frecuencia.

Al llegar a un pintoresca y pequeña plazoleta a un lado del club me dijo que había comenzado a viajar poco tiempo después de mi partida. Había atravesado el país en avión y en bus cargando una enorme maleta, y adquiría recuerdos de las tiendas de turistas de cada lugar que visitaba.

-Tal como haces tú -añadió, luego de decir que todo eso de 'sentir el camino' se adecuaba tanto a su personalidad que ya no comprendía cómo había pasado tanto tiempo atada a la civilización, y que, además, hacía unos seis meses que viajaba con un sujeto extraño que solo leía obras de las hermanas Brontë.

-Dime algo -inquirí, interrumpiéndola en medio de un monólogo acerca de la particularidad de los buses de la parte del país en que nos hallábamos- No leíste los libros que te dejé, ¿verdad?

-¿Qué libros?

-Los que dejé en la cómoda de pino Oregón.

-Oh, esos… Creí que los habías olvidado, así que los quemé.

-Había una nota que te comunicaba que eran para ti, ¿no la viste?

Me miró durante unos segundos y luego, agitada, comenzó a hablar sobre la persona que cantaba en esos momentos dentro del club. Descubrí al instante que ocultaba algo bajo esa actitud de indeferencia y despreocupación. Yo tenía muchas preguntas, claro. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué se había decidido a viajar? ¿Qué le había sucedido?

-Repróchame todo lo que quieras -dije, en medio de un silencio incómodo, ese tipo de momentos que hacía semanas no experimentaba. Entonces recordé, de pronto, que en su presencia nunca había podido guardar silencio porque siempre tenía esa necesidad de hablar, de reír, de emitir algún sonido. Esa costumbre que ahora me parecía molesta me recordó la facilidad con que podía compartir momentos de silencio con todas las personas que había conocido durante mi viaje y comprendí uno de los tantos motivos por los que había decidido dejarla.- Sí, repróchamelo todo. Grítame por haberte dejado en el altar, por no haberme despedido de nadie. Reclama porque me llevé la motocicleta, porque dejé todo allá. Hazlo de una vez, sabes que quieres hacerlo.

-No estoy charlando contigo para reprocharte cosas. -susurró, aún sin mirarme.

-¿Porqué comenzaste a viajar, exactamente?

-Estaba completamente cansada de la civilización -respondió, sin siquiera pensar. Me pregunté cuántas veces se había cuestionado aquello y si acaso aquella era una respuesta planeada.

-Hablo en serio, mademoiselle. Siempre te gustó la tecnología, la vida urbana… Dime la verdad, sabes que la descubriré tarde o temprano.

Carraspeó. Supe que pronto iba a revelar su verdadera forma de ser, que esa careta que usaba desaparecería en pocos segundos. Nunca había sido una persona tan fuerte ni intuitiva, y probablemente ni siquiera había notado el tono de irritación que había ido adquiriendo mi voz.

Su expresión de indolencia se esfumó en un pestañeo para dar paso al dolor, la confusión y, por sobre todo, la rabia. Lanzó la botella de cerveza al piso logrando que su contenido quedase esparcido bajo sus pies y trocitos de vidrio llegaran a mis pantalones, revelándome enseguida que aun guardaba ira dentro de sí misma y que, por lo demás, llevaba demasiado tiempo ocultándola. Casi pude escuchar lo que estaba a punto de decirme -así de predecible había resultado para mí-, esas palabras que más de una vez habían pasado por mi mente, ese discurso que sabía iba a recitar… La conocía muy bien, era muy probable que hubiese pasado tardes enteras meditando lo que iba a reclamarme cuando se le presentara la ocasión.

-Todo estaba listo, absolutamente todo. -exclamó- Nos llevó meses y meses prepararlo, ¿recuerdas?, muchísimas noches sin dormir, incontables días sin detenernos siquiera a mirarnos el uno al otro… Y de pronto, te vas, ¡te vas! ¡Todo a la mierda, todo! Ni una nota de explicación, absolutamente nada, solo dos libros con una nota que decía mi nombre. Dejaste la guitarra, pocas palabras a tu madre, tu ropa… ¿Alguna vez pensaste cómo iba a sentirme? ¿Alguna vez se te ocurrió imaginarte que en tu afán de alcanzar esa libertad que tanto añorabas ibas a dejar un montón de vidas rotas a tus espaldas? Destruiste mi vida, sí, lo hiciste. Demoré años en estabilizarme junto a ti, todo ese tiempo… ¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué nunca mencionaste que tu sueño era viajar y ser libre? Pude haber ido contigo, pude… Oh, Dios, y me embarqué en este estúpido viaje sólo para encontrarte a ti… Respóndeme una sola cosa, por favor; ¿por qué te fuiste?

-No, espera, ¿acaso has recorrido el país para encontrarme a mí? -pregunté, atónito, notando que ella estaba llorando y su cuerpo se estremecía violentamente.

-¿Por qué otro motivo crees que haría todo esto? ¡Por ti, imbécil! Y ahora te encuentro y tú… ya no eres tú, no, no puedes serlo. Todo este tiempo perdido, dinero malgastado en viajes…

-No te pedí que me buscaras, nunca lo hice. Si me marché fue por un motivo en especial que entenderías si hubieras leído esos libros. Siempre he sido así, ¿no lo ves?... Te encargaste de guardar mi esencia en el garaje, la representación de ello es el hecho de que me hayas obligado a esconder la motocicleta…

-¿Es mi culpa, entonces? -inquirió, volteándose a verme con profundo remordimiento.

-Jamás -aseguré, negando con la cabeza- No hay culpables, no hay delito siquiera. Mis razones se alejan de los seres humanos, se alejan de la sociedad. ¿Es tan difícil comprender que simplemente no podía quedarme allí?

Guardó silencio y desvió la mirada. Escuché que comenzaba a sollozar y deseé con todas mis fuerzas que eso fuera producto de mi imaginación, que jamás me la hubiese encontrado cantando en el escenario de aquel club nocturno de un pueblo en medio de la nada.

-¿Por qué querías encontrarme?

-Yo… pensé que era otro de tus ataques, que volverías al poco tiempo… Digo, ¿cómo era posible que dejaras de amarme tan repentinamente? Pero no lo hiciste, y entonces decidí que tenía que salir a buscarte para traerte a casa, devolverte tu vida… Y ahora que te veo yo… Dios, me siento tan estúpida… No puedo creer todo lo que hice por ti, todo lo que dejé atrás…

-Sé que no es el momento apropiado para decirlo, pero algún día encontrarás a alguien que te ame tanto y arriesgue tanto como tú hiciste por mí, te lo aseguro. -murmuré, no muy seguro, por primera vez en mucho tiempo, de lo que decía.

-¡Tú eras ese alguien! ¿No lo recuerdas ya?

La situación se escapaba de mis manos con demasiada rapidez. No había forma de consolarla ni hacerle ver que los motivos por los que había decidido alejarme de la sociedad no se acercaban ni en lo más mínimo a algún error suyo o en nuestra relación, no había manera de que comprendiera que la persona que tenía a su lado en esos momentos siempre había sido la misma… Yo siempre había sido la misma persona, el mismo sujeto con alma errante, el que tomaba riesgos, el que, a ojos de los demás, escapaba. Y ella siempre había sido quien ignoraba mis palabras acerca de ese tema, quien solo se interesaba en mí cuando acudía a ella con palabras tiernas, amorosas, enlazadas únicamente a nuestra relación. Apenas podía recordar porqué había decidido en algún momento pasar el resto de mi vida a su lado.

-Vuelva a casa, dama -dije, con voz ronca- Es allí donde perteneces, allí está tu vida. No te engañes, por favor…

-No volveré sin ti, lo sabes. Debes volver a casa… -me miró con los ojos hinchados buscando mi atención, pero yo permanecí con la vista clavada en el suelo.

-Pronto partiré de aquí y seguiré mi camino, no puedo acompañarte. Y esta es mi casa, ¿sabes?... El mundo entero, todos estos lugares desconocidos… Esto es mío, es mi hogar. Lo siento, lamento haberte hecho perder el tiempo de esta manera.

Me puse de pie y la observé con cuidado. Su cabello castaño estaba completamente enmarañado, despeinado, como si hubiese pasado días sin mirarse en un espejo. La luz del farol ubicado a su lado le brindaba a su rostro un cierto aire de indiferencia que contrastaba notablemente con todos los sentimientos impregnados en lo que me había dicho. Me incliné para tomar su rostro entre mis manos y le besé la frente, al tiempo que volvía a estremecerse y respiraba con dificultad.

-Tú me amabas… -balbuceó, entre sollozos.

Me detuve un segundo a mirar el cielo en uno de aquellos impulsos inexplicables. El color del satélite natural de la Tierra se asemejaba muchísimo al del sol, pero de alguna manera su brillo seguía siento igual de platinado; estaba creciente, tal como -recordé- estaba cuando me había marchado de mi ciudad natal. Sí, era cierto, yo la amaba, la había amado, y lo suficiente como para plantearme una vid entera con ella e incluso planear el futuro (práctica que siempre, quizás en secreto, quizás no, aborrecí), pero ¿cómo era posible que yo, nómada por naturaleza, hombre errante, con cierta aprensión hacia las reglas, osara siquiera imaginar vivir en un solo lugar durante el resto de mis días?

-Estarás bien -musité- Vuelve a tu vida y borra todo esto de tu corazón.

Mientras me alejaba de ella encendí un cigarrillo y recordé anécdotas de mi infancia que realmente no guardaban relación con ese instante. Sin embargo, pude notar que de pequeño había soñado con conocer bosques, océanos, desiertos, personas nuevas, viajar por el mundo sin responsabilidades (en épocas de infante lo último era, claro, lo que más me atraía)… y, sobre todo, cuando ya logré tomar conciencia de lo que me rodeaba, comencé a desarrollar una especial preferencia por la idea de encontrar la manera de conectarme con la naturaleza, hallar un puente entre el hombre que -sabía- sería moldeado tarde o temprano por la sociedad y el que se escondía dentro de mi alma, aguardando el momento perfecto y más inesperado para despojarse de todo lo que considerara no necesitaba para vivir; cruzar ese puente y alcanzar el estado más puro que me fuera posible, la máxima conciencia y plenitud acerca de mí mismo, para poder llegar a ser lo que quisiera, cualquier cosa que deseara, soñara, desde elementos naturales, como el océano y el aire, hasta seres vivos como animales e incluso parte de la vegetación. Sabía que eso era posible, sabía que existía la forma de conectarse de tal manera con el mundo del que formaba parte y siempre había tenido la certeza, también, de que ese viaje en el que me hallaba en esos momentos era el camino exacto hacia todo lo que anhelaba… Precisamente por eso no pude quedarme con ella, no después de descubrir, un mal día, que mi corazón se aceleraba mucho más cuando pensaba en todo ello que cuando ella y yo hacíamos el amor, no luego de comprender que me causaba mayor excitación el imaginarme merodeando en territorios desconocidos que crear una vida con ella o, debo decirlo, con cualquier otra persona. Mi alma no habría podido soportar jamás que me quedara atado a una casa, a un trabajo, a una familia. Simplemente no había sido creado para ese papel, no era lo que debía interpretar porque no se adecuaba a mi esencia. Lamentablemente lo había comprendido -o aceptado- tarde, cuando estaba a punto de dar ese paso que separa a cada hombre de sus sueños y la conformidad; aunque, a diferencia de otros, fui lo suficientemente arriesgado y aventurero para dejar absolutamente todo de una sola vez, dejando a mi haber un montón de ilusiones rotas y corazones decepcionados. Y no me importaba, no demasiado, en ese aspecto era egoísta y no tenía la capacidad de empatizar con aquellos que había dejado atrás, aunque tampoco esperaba que ellos pudieran ponerse en mi lugar. Si ella me hubiese hecho todo eso a mí jamás la habría 'perdonado' y no habría tenido la osadía de recorrer el país en su búsqueda, simplemente me habría cambiado de hogar y habría eliminado todo lo que me la recordara. Pero ella había hecho todo lo contrario, había intentado realizar la misma travesía que yo, con motivos completamente distintos. Y entonces, cuando volteé a comprobar su estado, descubrí que ya no estaba. Había abandonado la plaza, dejando a su haber el montón de vidrios rotos y cerveza en el suelo y un aroma a tabaco fuerte y alcohol. Sentí, de pronto, que algo en medo de mi pecho se abría paso con dolorosa lentitud, quemando, desgarrando, destrozando y devorando todo lo que estuviera a su paso, con el único fin de llegar a mi corazón, muy escondido en alguna parte dentro de mí. Cerré los ojos con fuerza aspirando una enorme bocanada de aire, con la horrible sensación de que alguien cubría mis fosas nasales impidiéndome respirar. Arrojé el cigarrillo al asfalto y me senté apoyado en una pared, sin fuerzas suficientes ni voluntad para ir por mi vehículo y marcharme del pueblo. Algo andaba terriblemente mal, ese molesto pensamiento de que todo lo que estaba haciendo no era lo que debía volvió a apoderarse de mí, golpeándome como una enorme roca en la sien. No se relacionaba con ella, no se relacionaba con la ruta que estaba tomando ni con lo que le había dicho minutos atrás. Era como si algo faltara, como si hubiese olvidado algo en medio del camino, algo que se suponía debía ser uno de los pilares fundamentales para hallar ese puente hacia mí mismo que tanto añoraba. Mi mente trabajaba a mil por hora intentando hallar ese 'algo', la única pieza faltante del rompecabezas que era mi existencia. ¿Cómo era posible que algo hiciera falta a esas alturas del camino? Después de tanto tiempo sobreviviendo a la perfección sin ninguna molesta sensación de desamparo, sin mirar atrás ni una sola vez, únicamente con mi propia compañía… La idea de que ella, con su fugaz e inesperada aparición, hubiese representado un horrible retroceso en mi camino ni siquiera llegaba a rozar la cajita en la que atesoraba mis ideas dentro de mi mente, sabía que nada de lo que ella hiciera o dijera podría causar tal efecto en mí, nunca lo había hecho y después de tanto tiempo sin su presencia me parecía prácticamente imposible que pudiera llegar de esa manera a mi mente. No, ella no era la pieza faltante, existía algo más, un motivo quizás demasiado inverosímil como para que mi mente lo procesara siquiera como una remota posibilidad. Descansé la cabeza contra la muralla de bloques de cemento, volviendo a respirar con normalidad e intentando dejar atrás esa agobiante sensación. Decidí que quizás sería una buena idea dormir antes de irme, tal vez obtendría alguna respuesta a través de algún sueño misterioso y podría embarcarme en la búsqueda de eso que al parecer tanto necesitaba.

Una brisa de aire dio de lleno en mi rostro, recordándome durante un ínfimo instante porqué me hallaba viajando, porqué a veces, de noche, tenía una sensación de libertad realmente placentera. Cuando me recosté sobre la grava seca dentro del granero, una fugaz sensación de estar sentado sobre un piso de madera escuchando a Bob Dylan en un tocadiscos me recorrió la espina dorsal y me estremecí, ansiando de pronto un café hirviendo y hablar sin descanso sobre todo aquello que usualmente rondaba mi cabeza. Fruncí el ceño, confundido, al notar que el lugar de mi pequeña visión me parecía completamente desconocido -o tal vez simplemente no quería aceptar que sí lo recordaba-. ¿Dónde quedaba esa parte? En ese ínfimo instante había experimentado una sensación de conforte y calidez que logró colarse en mis ojos durante unos segundos, logrando que se empañaran de lágrimas y me impidieran ver lo que estaba a mi alrededor. Sacudí la cabeza con disgusto y cerré los ojos acomodándome para descansar. Probablemente esa visión no había sido más que un sueño, esos que tienes cuando duermes pero estás conciente de lo que está a tu alrededor, algo imaginativo relacionado con la vida que había dejado atrás o uno de los cuartos de mi infancia.


« Wasn't born to follow Comenta este capítulo | Ir arriba Rutina »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino





Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.