El
resto de la noche transcurrió tranquilo, era una de esas ocasiones en las que
Demian estaba de buen humor y quería hablar conmigo, tratamos todo tipo de
temas, como cuando recién nos conocíamos; Arte, música, recuerdos de cuando
éramos humanos, problemas del grupo de amigos… pero nunca nada sobre nuestra
amistad, nuestros propios problemas ni nada respecto de él o de mi. Este tipo
de temas siempre los evadíamos, era una de nuestras habilidades mas
desarrolladas.
Yo sabia por experiencia (y siglos de conocerlo) que después de un día como
este, venia una semana en la que nos llevaríamos muy bien y luego un tiempo en
el que me ignoraría totalmente mientras yo lo perseguiría incansablemente hasta
que no le quedase otra opción mas que hablar conmigo.
Llegamos a casa y nos sentamos frente a la computadora para mandarle un mail a
Sandra, la hermana menor de Demian, que ahora estaba viviendo con su novio (del
cual su hermano no tenía ni la menor idea porque aun hoy sigue pensando que
ella tiene solo 15 años), en Moscu.
Mientras yo escribía, Demian no dejaba de acariciar mi cabello, lo miraba y
pasaba sus dedos entre los mechones; como asegurándose que era verdad que era
yo la que estaba ahí. Cuando terminé de enviar el mensaje, le pregunté si había
algo malo con mi pelo, o si simplemente había hecho un curso de peluquería por
Internet; a esto, conteniendo una risa, me dijo que si bien le gustaba
como me quedaba el cabello corto, era una tonta porque sabía que nunca iba a
recuperar el largo que tenia antes.
-¿te gustaba mas como lo tenia antes o te gusta mas así? ¿Cómo quisieras que
tuviera mi cabello? ¿Con rizos? ¿Rojo? ¿Violeta? ¿Verde? ¿Y si me rapo? ¿O
mejor me pongo extensiones azules?...
-no te hagas NADA mas por favor, es lindo natural.-contestó asustado por los
colores que le había dicho.
Mientras reía, comenzó a sonar el teléfono, era Marco diciendo que al día
siguiente partiríamos hacia Bariloche porque estaba aburrido y quería enseñarme
a esquiar.
Demian me trajo un pequeño bolso, el cual mire incrédula.
-¿piensas que yo coloqué todo lo que vas a llevar ahí? Necesitarías 5 de esos.
-¿Qué tanto quieres que empaque? Son solo unos días, no voy a llevar todo el
armario.
-si realmente no quieres olvidar nada, agradecerás que te haga llevar tantas
cosas.-contesté recordando que necesitaba comprar ropa.
-no tengo otro bolso, pon mis cosas en el tuyo si no entran ahí…
-de acuerdo.-dije entrando a su habitación enumerando en voz alta todo lo que
debía llevar el.- a ver, 12 pares de medias, 10 cambios de ropa interior, 4 pantalones
comunes, 3 jeans, todas tus remeras, 4 camisas, un reloj, un paraguas por si
acaso, CDs de música, 2 camperas (una blanca y una negra así combinarían con
todo), una corbata, 3 pares de zapatillas y 2 de zapatos, 5 libros para que no te
aburras, una manta por si hace frío en el avión, un peine, 3 pares de guantes,
2 bufandas (hechas por mi), la computadora portátil, 3 desodorantes distintos,
2 perfumes importados, tus tarjetas de crédito, una alcancía llena de cambio
por si hay que tomar un taxi o algo así, una cartuchera y un block de notas,
las llaves de tu auto (aunque casi nunca lo usas), 4 cinturones, 3 trajes de
baño, un traje de etiqueta en caso de alguna fiesta, cámara de fotos,
filmadora, rollos, 15 packs de baterías, videojuegos (de fútbol, carreras,
tenis, ingenio, pelea y cartas), 7 suéteres de diferentes colores, un maletín
de primeros auxilios..
-¡Basta! ¿No estarás olvidando sacar también la madera del piso? No queda nada
en toda la habitación.
Lo miré pensativa, luego observé el piso una y otra vez.
-no lo había pensado, es una buena idea, tal vez el piso allí sea muy frío o
incomodo; pero cuando volvamos no me voy a acordar en que orden estaban para
volverlas a poner.
- te faltó mi celular.
-ese no lo vas a llevar.- le dije escondiéndolo en mi bolsillo.-vamos a
desconectarnos del mundo, de vacaciones nosotros, no necesitas hablar con nadie
mas.
-esta bien.-me sorprendió que lo tomara con tanta tranquilidad.-pero a cambio,
vos no llevas tu peluche.
-¡No! No voy a dejar a Sigfried en casa, nunca. Me lo regalaste para mi primer
centenario y desde entonces lo llevo a todos lados. No puedo irme sin mi pato.
-ya eres grande para ir con ese juguete sucio y viejo a todos lados, tienes
casi 400 años; por otro lado, te regalé mejores cosas; juguetes mas lindos.
-¿y? a mi me gusta mi peluche y no vas a compararlo con esta cosa.-comenté
mirando el celular.
-hagamos un acuerdo de paz, como en una guerra en la que obviamente yo gané;
yo, como soy bueno, te dejo llevar tu peluche y yo llevo mi celular, el
cargador y lo que yo quiera. Pero lo tendré apagado a menos que sea necesario
encenderlo. Y me prometes que, en caso que yo lo use, no te enojaras, o tu
juguete quedará sepultado en alguna montaña.
No le contesté y me fui a mi habitación a escribir una lista ya que iría a
comprar mucha ropa y luego armar mi equipaje antes de salir.