- No creo que papá este defraudado, el quiere lo mejor para mi, y él sabe que lo sos…
Harry abrazo a Ginny, cada vez que hablaba con ella parecía que sus temores se fueran como por arte de magia, en realidad siempre se pregunto si Ginny no usaba alguna poción para tener la solución a todos los problemas. No le extraño que a Fred y a George no se le hubiera ocurrido eso.
George había vuelto a hacer sortilegios, decía que no podía dejar de hacerlo, por la memoria de Fred decía cada vez que mostraba algunos de sus inventos, que la mayoría no podía negarse a probarlos, a Ron le había salido una planta de la cabeza, y todavía no habían encontrado el antídoto. La señora Weasley estaba más atareada que nunca, había mucho que hacer en la casa, Harry pensó que nada haría cambiar.
Esa misma tarde llegarían Luna y Neville, se irían los cinco a caminar por las afuera de La Madriguera.
Luna había vuelto, a hacer la misma de antes con sus atuendos raros, esta vez a demás de llevar ese ridículo collar, llevaba colgado la foto de Harry.
- Luna, ¿Qué es eso que llevas ahí?- pregunto Harry, no asimilando lo que estaba en frente de sus ojos.
- Ah esto es una foto tuya, mira te esta guiñando un ojo, en el callejón Diagon las están vendiendo - y como si nada se dispuso a hablar con dos gnomos que estaban usureando la bolsa de basura que Molly había sacado recién.
En el mundo mágico, no había nadie quien no conociera lo sucedió aquella noche en Hogwarts. Harry ya estaba acostumbrado al hecho, pero le molestaba que Luna llevara ese collar, que a su parecer era innecesario.
Neville, en cambio estaba más grande que la última vez que Harry lo había visto, en el funeral, su atuendo estaba de maravilla, pensó que su abuela le había planchado hasta las medias.
- ¿A donde vamos? - Pregunto Luna, risueña.
- A tomar algo, me encantaría tomar una cerveza de manteca - dijo Ron con cara de tonto.
- Tenias que ser, ¿Eh Ronald?, Recuerden yo no puedo aparecerme- dijo Ginny mirando a sus amigos.
- Y yo aún no se aparecerme - intervino Luna.
- Hay muchas maneras de ir - Ron pensó en el coche volador de su padre, pero era imposible porque este estaba en el bosque prohibido ya hace unos años.
- Vamos por polvos flu, tu madre Ron, hoy al desayuno hizo el comentario de que podíamos usar tu chimenea- dijo Harry
-¿Enserio?, no escuche- dijo Ron haciendo una mueca de espanto.
- Claro Ron, lo que pasa que todavía tenias la almohada pegada a la cabeza- Harry se comenzó a reír a carcajadas al ver la cara de su amigo.
- ¿Por qué no lo pensé antes? -
- Porque tú también estabas dormida- Harry no podía contener la risa al ver la cara de Su novia, al parecer los Weasley no admitían que eran unos dormilones.
Cuando se decidieron a usar la chimenea, ya había pasado media hora discutiendo, Luna mientras tanto seguía hablando con los gnomos, como si estos los entendieran.
Al entrar a la cocina, Neville y Luna se quedaron con la boca abierta de lo linda y familiar que era la Madriguera. Ron y Ginny al unísono dijeron:
- Es una pequeña casa-
Pero a los visitantes no le parecía, se quedaron viendo el reloj que decía donde estaba cada miembro de la familia, el de Fred decía difunto. Cada vez que algún miembro de la familia se dirigía a la aguja de Fred, sentían un escalofrió, porque talvez a parecería en Hogwarts, o en Sortilegios Weasley. Pero eso no ocurriría. A Harry esa escena le pareció similar, y recordó que la primera vez que había entrado en la casa de los Weasley, había tenido esa misma sensación, y una sonrisa se le dibujo en el rostro.
-¿De que te ríes Harry? - pregunto Neville con cara de ingenuo.
-Nada Neville, mejor vamonos…-
Cada uno tomo un poco de Polvos flu, y gritaron claro y alto:
- ¡Caldero Chorreante! -
Se habían puesto de acuerdo para aparecerse allí, no querían llegar al callejón Diagon y encontrarse con una multitud.
Harry fue el ultimo en llegar a la chimenea del bar, sentía carbón hasta las partes mas intimas. Allí los esperaban sus amigos, un grupo de magos que les estaba preguntando al parecer por él, pero cuando se acerco todo el mundo giro sus cabezas hacia él. Un mago andrajoso, y sucio, se le acerco a Harry.
-¡Oh chico! ¡Vendito seas! - lo agarro de la mano, Harry sintió que le clavaba las uñas.
- Por nada, señor, con permiso - Pero no quedo allí, una señora que estaba tomando algo con sus hijos se acerco a saludarlo, y los niños no paraban de decir - ¡Es Harry Potter, el que nos salvo!-