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Relatos de mi adolescencia (y algo más)
(ATP)
Por WendySumpterWood
Escrita el Domingo 20 de Julio de 2008, 15:11 Actualizada el Miércoles 10 de Marzo de 2010, 19:01 [ Más información ]
You belong to me, Elizabeth.
Cigarrillos. Un poco de Heineken, tal vez, o un trocito de chocolate
con relleno de menta han dejado huella en su paladar. El tétrico
silencio del callejón a medianoche se ve interrumpido por los
armoniosos pasos de bailarina de una mujercita pálida, pequeña y de
expresión deprimida. Siempre ha sido así. Siempre ha caminado de la
misma forma, siempre ha cargado con la misma expresión y contextura. De
cierta forma su vida siempre ha sido como aquella noche: fría,
solitaria y silenciosa. Lo único que cambia es que un año atrás no
hubiera salido a esas horas del hogar de un sujeto, con un cigarrilo en
la mano y la boca con sabor a cerveza y cacao. Pero qué va, Elizabeth
había cambiado. Además ya no debía rendirle cuentas a nadie y podía
llegar en cualquier momento al hotel en el que se estaba quedando. El
cigarrillo se acaba, lo bota, lo pisa. Se siente mal por perjudicar al
medio ambiente de forma tan cruel, pero hace una nota mental acerca de
la cantidad de personas que están haciendo exactamente lo mismo en ese
momento y su malestar disminuye. Camina de puntillas, camina de lado,
extiende los brazos. Sonríe, ríe, menea la cabeza. Tararea una que otra
canción, tal vez de 3 Doors Down o Jason Wade de Lifehouse (alguna vez
intentó oír más clásicos, pero sencillamente no pudo). Al intentar
abrigar sus manos metiéndolas en los bolsillos de su chaqueta de
mezclilla descubre dentro un papelito que recuerda haber escrito la
noche anterior. "Mañana a Ohio, la próxima semana tal vez a Nashville".
Sonríe eufórica al recordar de golpe que su vida de viajera es cada vez
mejor. Y por casualidades del destino, comienza a tararear algo que
definitivamente pertenece a J. W.
See the market place in old Algiers Send me photographs and souvenirs Just remember when a dream appears You belong to me. De repente el papelito se arruga dentro de su mano y unas lágrimas arruinan el maquillaje tipo Kaya Scodelario (Dios, qué chica...) que tanto le costó lograr. You belong to me. Y lo echa de menos, porque recuerda que en algún momento tuvo una cama en la que quedarse una noche de sábado como esa, además de un hogar familiar con una mascota de nombre gracioso y un par de amigas aparentemente incondicionales. Y lo echa de menos, porque en momentos como ese, caminando por un callejón oscuro y solitario en un país ajeno, le gustaría que al llegar al hotel su sonrisa se hiciera presente, que su voz inundara todos sus sentidos y que sus labios se deslizaran con delicadeza y precaución por su piel, que pronunciara su nombre con ternura y que le hablara apasionadamente sobre Peter Murphy y sus logros en la música. You belong to me, y un par de palabras a la luz de una farola más una canción cursi, una mueca y un adiós a través del vidrio de un autobús camino al aeropuerto. Su cabello rubio desordenado, sus uñas mal pintadas de negro encima de la almohada de funda blanca y la inevitable sonrisa de ella contemplándolo sin pudor mientras duerme. Y lo echa de menos. Extraña sus botas negras, sus gabardinas de cuero y sus cinturones con cadenas. Tilo Wolff, Chris Pohl e incluso Liv Kristine. Él es todo lo contrario a ella, pero lo echa de menos. Durante más de ocho meses viajando por América no ha podido hallar a alguien que se le asemeje ni un poquito, y cada día se hace más latente el arrepentimiento que siente por haberse marchado sin dar explicaciones a nadie. Continúa tarareando, a pesar de las lágrimas, los sollozos, los hombros convulsionando. And I'll be so alone without you Maybe you'll be lonesome too. Lo echa de menos, es oficial. Sus pies dan con la puerta de entrada al hotel, no sabe cómo llegó allí. Sube al ascensor sin detenerse a mirar a la recepcionista, sin levantar el rostro ante los espejos del elevador, temerosa de hallar algo indeseable en su propia imagen; llega al cuarto y en un impulso muy característico de Elizabeth comienza a guardar sus pertenencias en el único bolso que se atrevió a cargar para el viaje meses atrás. You belong to me, Elizabeth, and you'll always will. Un rostro empapado con agua y jabón, nuevo maquillaje más sutil. Dinero al bolsillo, otra porción de tabaco. Paga a la recepcionista, bolso al hombro, bufanda al cuello y una cajetilla de Three Castles. Sabe dónde ir, tiene el dinero, la voluntad y la capacidad para hacerlo. Él la está esperando, de eso está segura. Bota el cigarro. De pronto el cabello rubio de un Julian sudamericano se siente más cerca que nunca, y pareciera que sus ojos oscuros son los del hombre que le está vendiendo el pasaje para las tres de la madrugada. Se sienta a un lado de un enorme ventanal, enciende el IPod y selecciona la opción Shuffle. Sonríe al oír la voz de Jason Wade con su canción, empaña el vidrio con su propio aliento y dibuja con un tembloroso y frágil dedo 'J + E'.
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