Historia al azar: Bueno o malo que más da
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Relatos de mi adolescencia (y algo más) » You belong to me, Elizabeth.
Capítulos
  1. El desconocido
  2. Recuerdos extintos
  3. El dependiente de la tienda del cuarto piso
  4. Poder
  5. Magia
  6. Tarde
  7. Cinco minutos
  8. La desconocida
  9. Sueño de bodas
  10. Ella
  11. Lo extraño
  12. Aterrizaje forzoso
  13. Reflejo
  14. You belong to me, Elizabeth.
  15. Él
  16. Armas y rosas
  17. Cronopio
  18. Despedida I
  19. Desvarío
  20. Ana *
  21. Lugar secreto
  22. Reflexiones de una mente ocupada
  23. Mi superhéroe
  24. Sabores
  25. Otto*
  26. Despedida II
  27. Una lágrima
  28. De príncipes y princesas
  29. Los sentimientos lo arruinan todo, pero...
  30. Iris
  31. Finales felices
  32. Cronopio II (Perdida)
  33. Hard to explain
  34. Steppen wolf
  35. Más alto
  36. Testimonio de un observador
  37. En reversa
  38. En serio
  39. De la aristocracia
  40. Untitled
  41. Runaway girl's letters I
  42. Domingo a las diez de la mañana
  43. Trapped in the eyes of a stranger I
  44. Runaway girl's letters II
  45. ~Wonderwall
  46. Der Lächle
  47. Despedida III
  48. Romeo
  49. Never let him go.-
  50. Runaway girl's letters III
  51. Como si nada
  52. Fact #100
  53. Trapped in the eyes of a stranger II
  54. El Túnel
  55. De este lado (I)
  56. Del otro lado (II)
  57. Reencuentro I
  58. Despedida IV
Relatos de mi adolescencia (y algo más) (ATP)
Por WendySumpterWood
Escrita el Domingo 20 de Julio de 2008, 15:11
Actualizada el Domingo 29 de Agosto de 2010, 18:53
[ Más información ]

You belong to me, Elizabeth.

Cigarrillos. Un poco de Heineken, tal vez, o un trocito de chocolate con relleno de menta han dejado huella en su paladar. El tétrico silencio del callejón a medianoche se ve interrumpido por los armoniosos pasos de bailarina de una mujercita pálida, pequeña y de expresión deprimida. Siempre ha sido así. Siempre ha caminado de la misma forma, siempre ha cargado con la misma expresión y contextura. De cierta forma su vida siempre ha sido como aquella noche: fría, solitaria y silenciosa. Lo único que cambia es que un año atrás no hubiera salido a esas horas del hogar de un sujeto, con un cigarrilo en la mano y la boca con sabor a cerveza y cacao. Pero qué va, Elizabeth había cambiado. Además ya no debía rendirle cuentas a nadie y podía llegar en cualquier momento al hotel en el que se estaba quedando. El cigarrillo se acaba, lo bota, lo pisa. Se siente mal por perjudicar al medio ambiente de forma tan cruel, pero hace una nota mental acerca de la cantidad de personas que están haciendo exactamente lo mismo en ese momento y su malestar disminuye. Camina de puntillas, camina de lado, extiende los brazos. Sonríe, ríe, menea la cabeza. Tararea una que otra canción, tal vez de 3 Doors Down o Jason Wade de Lifehouse (alguna vez intentó oír más clásicos, pero sencillamente no pudo). Al intentar abrigar sus manos metiéndolas en los bolsillos de su chaqueta de mezclilla descubre dentro un papelito que recuerda haber escrito la noche anterior. "Mañana a Ohio, la próxima semana tal vez a Nashville". Sonríe eufórica al recordar de golpe que su vida de viajera es cada vez mejor. Y por casualidades del destino, comienza a tararear algo que definitivamente pertenece a J. W.

See the market place in old Algiers
Send me photographs and souvenirs
Just remember when a dream appears
You belong to me
.

De repente el papelito se arruga dentro de su mano y unas lágrimas arruinan el maquillaje tipo Kaya Scodelario (Dios, qué chica...) que tanto le costó lograr. You belong to me. Y lo echa de menos, porque recuerda que en algún momento tuvo una cama en la que quedarse una noche de sábado como esa, además de un hogar familiar con una mascota de nombre gracioso y un par de amigas aparentemente incondicionales. Y lo echa de menos, porque en momentos como ese, caminando por un callejón oscuro y solitario en un país ajeno, le gustaría que al llegar al hotel su sonrisa se hiciera presente, que su voz inundara todos sus sentidos y que sus labios se deslizaran con delicadeza y precaución por su piel, que pronunciara su nombre con ternura y que le hablara apasionadamente sobre Peter Murphy y sus logros en la música. You belong to me, y un par de palabras a la luz de una farola más una canción cursi, una mueca y un adiós a través del vidrio de un autobús camino al aeropuerto. Su cabello rubio desordenado, sus uñas mal pintadas de negro encima de la almohada de funda blanca y la inevitable sonrisa de ella contemplándolo sin pudor mientras duerme. Y lo echa de menos. Extraña sus botas negras, sus gabardinas de cuero y sus cinturones con cadenas. Tilo Wolff, Chris Pohl e incluso Liv Kristine. Él es todo lo contrario a ella, pero lo echa de menos. Durante más de ocho meses viajando por América no ha podido hallar a alguien que se le asemeje ni un poquito, y cada día se hace más latente el arrepentimiento que siente por haberse marchado sin dar explicaciones a nadie. Continúa tarareando, a pesar de las lágrimas, los sollozos, los hombros convulsionando.

And I'll be so alone without you
Maybe you'll be lonesome too.


Lo echa de menos, es oficial. Sus pies dan con la puerta de entrada al hotel, no sabe cómo llegó allí. Sube al ascensor sin detenerse a mirar a la recepcionista, sin levantar el rostro ante los espejos del elevador, temerosa de hallar algo indeseable en su propia imagen; llega al cuarto y en un impulso muy característico de Elizabeth comienza a guardar sus pertenencias en el único bolso que se atrevió a cargar para el viaje meses atrás. You belong to me, Elizabeth, and you'll always will. Un rostro empapado con agua y jabón, nuevo maquillaje más sutil. Dinero al bolsillo, otra porción de tabaco. Paga a la recepcionista, bolso al hombro, bufanda al cuello y una cajetilla de Three Castles. Sabe dónde ir, tiene el dinero, la voluntad y la capacidad para hacerlo. Él la está esperando, de eso está segura. Bota el cigarro. De pronto el cabello rubio de un Julian sudamericano se siente más cerca que nunca, y pareciera que sus ojos oscuros son los del hombre que le está vendiendo el pasaje para las tres de la madrugada. Se sienta a un lado de un enorme ventanal, enciende el IPod y selecciona la opción Shuffle. Sonríe al oír la voz de Jason Wade con su canción, empaña el vidrio con su propio aliento y dibuja con un tembloroso y frágil dedo 'J + E'.

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