Historia al azar: Lo que importa y lo que no
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Relatos de mi adolescencia (y algo más) » El desconocido
Capítulos
  1. El desconocido
  2. Recuerdos extintos
  3. El dependiente de la tienda del cuarto piso
  4. Poder
  5. Magia
  6. Tarde
  7. Cinco minutos
  8. La desconocida
  9. Sueño de bodas
  10. Ella
  11. Lo extraño
  12. Aterrizaje forzoso
  13. Reflejo
  14. You belong to me, Elizabeth.
  15. Él
  16. Armas y rosas
  17. Cronopio
  18. Despedida I
  19. Desvarío
  20. Ana *
  21. Lugar secreto
  22. Reflexiones de una mente ocupada
  23. Mi superhéroe
  24. Sabores
  25. Otto*
  26. Despedida II
  27. Una lágrima
  28. De príncipes y princesas
  29. Los sentimientos lo arruinan todo, pero...
  30. Iris
  31. Finales felices
  32. Cronopio II (Perdida)
  33. Hard to explain
  34. Steppen wolf
  35. Más alto
  36. Testimonio de un observador
  37. En reversa
  38. En serio
  39. De la aristocracia
  40. Untitled
  41. Runaway girl's letters I
  42. Domingo a las diez de la mañana
  43. Trapped in the eyes of a stranger I
  44. Runaway girl's letters II
  45. ~Wonderwall
  46. Der Lächle
  47. Despedida III
  48. Romeo
Relatos de mi adolescencia (y algo más) (ATP)
Por WendySumpterWood
Escrita el Domingo 20 de Julio de 2008, 15:11
Actualizada el Miércoles 10 de Marzo de 2010, 19:01
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El desconocido

El desconocido


Durante la cena familiar de Fiestas Patrias me sentaron junto al muchacho desconocido que había llamado mi atención al entrar a mi casa, en un extremo de la mesa donde no debía haber más de una persona –pero allí estábamos los dos-. No era de la familia, pero estaba relacionado con mi tía y por eso era bienvenido en aquella reunión. Comí, no hablé, observé a las personas que charlaban animadamente. Rocé la mano del desconocido sin nombre –claro, tenía nombre pero yo no lo sabía- más de una vez, sintiendo una pequeña descarga eléctrica que pareció llegarle a él también, porque se estremeció al igual que yo. Nadie se percató de mis mejillas sonrojadas, nadie se percató de que él me dirigía pequeñas miradas de interés de vez en cuando. Papá retiró mi plato de la mesa y me quedé allí durante un rato, escuchando historias de la infancia de mis tíos, poniendo en realidad más atención a los movimientos de la persona que tenía a mi lado. El desconocido rozó mi mano con la suya, lo que hizo que yo me sobresaltara y lo mirara fijamente durante unos segundos. Pareció escudriñar dentro de mis ojos, pareció querer ir más allá de lo que todos los demás presentes veían. Y nadie nos prestaba atención, porque siendo los más jóvenes pasábamos desapercibidos. El desconocido abrió la boca para decir algo en el preciso momento en que mi madre pronunció mi nombre desde la cocina: “Ale, ven a ayudarme”. Pateé el piso, frustrada, pidiéndole perdón con la mirada al muchacho de 16 años que tenía a mi izquierda. Fui a la cocina a ayudar a guardar la vajilla, mientras mi madre intentaba entablar una conversación conmigo. “El chico que vino con mi cuñada es bonito…”, me comentó, interesada. Yo no dije nada. Hice lo que tenía que hacer y me retiré a mi habitación, frustrada. Me senté frente a mi escritorio y comencé a dibujar a un muchacho extrañamente similar al desconocido. De pronto, desde la habitación donde se encontraba mi familia comenzó a escucharse música bailable. Cerré la puerta de mi cuarto, intentando opacar el ritmo de la salsa, y me tiré a mi cama. Antes de decidir continuar con mis dibujos fui al cuarto de baño a lavarme la cara para despejarme de los pensamientos frustrados que me inundaban. No pude evitar asomarme al lugar donde todos bailaban, ocultándome detrás de la pared. El desconocido bailaba con la otra chica más joven del lugar, de 19 años. Parecía incómodo. Repentinamente dirigió su mirada al lugar donde yo me encontraba y me observó con un “Perdón” estampado en el rostro. Esbocé una sonrisa y volví a mi habitación, con el corazón latiendo a mil por hora. Volví a sentarme en mi escritorio, lamentándome por ser tan tímida y apática con tan sólo 15 años, por no bailar y por no ser aficionada a las reuniones familiares. Mientras, unos metros más allá, un muchacho alto quería escaparse a la habitación contigua para encontrar un motivo interesante a aquella reunión de una familia a la que no pertenecía.

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