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Los Siete Grandes » Hermione.
Los Siete Grandes (ATP)
Por Julia James
Escrita el Martes 3 de Enero de 2017, 18:03
Actualizada el Martes 17 de Enero de 2017, 17:47
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Hermione.

Hermione.    

 

Hermione Granger. Toda su vida había sido Hermione Granger; Hermione Jean Granger repitió en voz alta. ¿Cómo demonios era posible que ahora de la noche a la mañana ella ya no era quien creía ser?

Todo había empezado una semana antes, cuando Harry, su mejor amigo de prácticamente toda la vida había venido con ella, diciéndole como quien dice afuera llueve, que ella no era la hija de Leigh Ann y Sebastian Granger, sino de Jean Bones y Remus Lupin, ÉL Remus Lupin que además era el padre del pequeño Teddy, que para esta época ya contaba con tres años, y además ¿Quién diablos era esa tal Jean Bones? ¿Cómo era esto posible? ¡Harry había perdido la cabeza! Y aun así las pruebas eran irrefutables.

 

—Tal vez, si te tomaras esto podrías pensar mejor, Herms— un castaño riso cayó desprevenido por la frente de la chica. Ella levantó su mirada y la clavó en los azules ojos de Ron Weasley.

Ella le quería, le amaba en cierta forma, después de todo había pasado gran parte de sus años de adolescencia creyendo que estaba enamorada de uno de sus dos mejores amigos; pero la gente cambiaba, todo cambiaba, todos lo hacían y ambos se habían dado cuenta que no eran el uno para el otro, como habían pensado durante aquel periodo en el que habían salido a cazar Horrocruxes con Harry.

—Gracias Ron— murmuró la joven recibiéndole la taza que con cariño le largaba el pelirrojo.

Él se acomodó frente a ella en una de las sillas del comedor. El chico dio un vistazo alrededor. —Definitivamente tú y Harry tienen este lugar muy bien, no se parece nada a aquella vez en que nos quedamos cuando empezamos a huir de Voldemort.

Hermione sonrió quedamente, era verdad, ella Harry habían puesto mucho empeño en reconstruir Grimmauld Place. Dio un sorbo al te de raíces, y con disimulo lo escupió en la tasa. El fuerte de Ronald no era la cocina.

>> ¿Harry te ha dicho algo más?

—Solo lo que ha podido averiguar.

—Que eres hija de Remus— repitió el pelirrojo, sin saber que más decir.

Ella asintió, aun no podía decirlo en voz alta, le pesaba. —Más tarde tengo una cita con un tal Filipus Madger, él es el encargado del registro de los recién nacidos con sangre mágica.

— ¿Y crees que te pueda decir algo? — Inquirió Ron con mucha curiosidad —Te acompaño.

Hermione sonrió con ligereza y puso la tasa sobre la mesa de madera clara que se ubicaba en la cocina, que se encontraba completamente iluminada por la luz del sol que acogedoramente se metía por entre los grandes ventanales.

—No hace falta, no te preocupes— dijo la castaña en tono conciliador.

— ¿Cómo qué no? No quiero que vayas sola— insistió el chico, mientras la veía mover el dedo índice alrededor del borde de la tasa con algo de nerviosismo…

>> ¿Pasa algo?

La joven mujer de ojos cafés y piel trigueña lo miró fijamente. Ronald tenía unos bonitos y grandes ojos azules, y millares de pecas surcaban su rostro dándole un toque de inocencia. Eso era lo que más le gustaba de él, que siempre sería un niño grande. Su cabello ya no lo llevaba tan largo como en antaño, ahora, lo tenía bastante corto y lo peinaba de medio lado incrementando el aire infantil que lo caracterizaba.

—Es que,  Zeus me acompañará.

Ron asintió en comprensión, aunque no pudo evitar sentir una punzada en su estómago como seña de fastidio. —Así que Prettyface está de vuelta en la ciudad, ¿Desde cuándo mione?

—No le digas así— a la legua, Hermione había percibido la nota de sarcasmo en la voz del pelirrojo al referirse a su novio.

— ¿Y por qué no? Es su apellido ¿No? — replicó con burla el ojiazul.

—Sabes de sobra que su apellido es Roberts, y no Prettyface— terció la castaña.

—Pues la última vez que lo vi en "El Profeta", decía que se llamaba Zeus Prettyface.

Hermione negó con la cabeza, cuando Ronald quería fastidiar a alguien, simplemente lo hacía y no había alguien que lo sacase de su posición. —Está aquí desde ayer, y me va a acompañar a ver a Filipus Madger.

 

-

 

Horatius Zeus Roberts, o sencillamente Zeus Prettyface como era conocido en toda la comunidad mágica, -y  cuando se decía que en toda, era porque literalmente se referían a absolutamente toda la comunidad de magos y brujas a nivel mundial- era un mago británico que desde hacía muchos años se había convertido en el cantante favorito de todas las chicas y mujeres más jóvenes de casi todos los continentes. Su melodiosa voz con su típico timbre barítono hacía las delicias de las muchachas, no por nada, cada que se sabía que estaba en algún lugar, no faltaban las filas de estas requiriendo un autógrafo y una foto de su ídolo.

El hombre disfrutaba de aquella posición, se sabía guapo y  aprovechaba esto para seguir ganando adeptos por todo el mundo.

Zeus, cuando era más joven, había estudiado, como muchos otros, en el colegio de magia más antiguo y popular de la historia, Hogwarts, y si, había sido todo un Gryffindor de armas tomar. Pero ahora, casi llegando a la treintena, era un poco más precavido, y se le antojaba sentar cabeza, era por eso, que un año atrás, cuando por pura casualidad alguien le presentó a Hermione Granger en un restaurante cuando ella estaba cenando junto al salvador del mundo mágico, perdió los papeles por la chica, aquella castaña era única, y como pocas, no se había derretido con su sonrisa. Ahí supo que ella era la indicada y no descanso hasta que ella accedió a tener una cita con él, y de ahí, una cosa llevó a la otra, y desde entonces, eran diez meses los que estaban juntos.

Hermione sonrió al verlo parada junto a la cabina telefónica que llevaba a los visitantes al ministerio de magia. El hombre llevaba unos grandes anteojos negros, un gorro de lana cubriendo su hermoso y rubio cabello y una gran bufanda gris tapando su boca, la prenda hacía contraste con la gabardina negra en cuyos bolsillos metía las manos; ella pensó que tal vez su novio debía estar sintiendo mucho calor, corría septiembre y el verano aunque estaba a punto de terminar, el sol era picoso y molesto aun.

— ¡Hasta que al fin llegas! — dijo Zeus con voz emocionada, acercándose a la castaña y dándole un apasionado beso en medio de la calle. A Hermione sencillamente le encantaba.

—Lamento el retraso— respondió ella después de cortar el beso, estaba algo agitada.

—No importa, vamos— respondió el hombre, brindándole el brazo para llevarla de gancho. —Estás muy guapa hoy— apreció él, ruborizándola en el acto.

Después de haber llegado al Ministerio de Magia, por intermedio de la cabina telefónica, Zeus se había puesto más relajado, por lo menos para caminar, ya no lo hacía de aquella forma encorvada que adoptaba cuando estaba nervioso.

Juntos, bajaron por el ascensor hasta el piso en donde se ubicaba la oficina de registro de nacidos mágicos, y luego de Hermione preguntar por Filipus Madger, la secretaria les indicó que sentaran en la sala de espera, puesto que el hombre se encontraba bastante ocupado.

—Estoy algo nerviosa— confesó Hermione.

—No te preocupes Herms, cualquier cosa que encontremos allí va a ser para tu bien— tranquilizó el hombre a la vez que se quitaba las gafas, la bufanda y la gorra, dejando ver los amielados ojos que tanto le gustaban a la chica.

 

Hermione pasó cariñosamente los dedos por el rubio cabello de su novio,  no era del tinte platinado, era más bien oscuro. Era abundante y lo llevaba en capas hasta algo más debajo de las orejas. —Está creciendo— dijo ella sonriente. —Te ves bien.

Zeus besó tiernamente los labios de la mujer, se sentía profundamente conectado con ella. —Averigüe algo.

Hermione enarcó una ceja, no sabiendo a que se refería su novio.

>>Jean Bones, ya sé quién es ella.

Granger sonrió distraída, estando al lado de Zeus, ella pensaba que sus problemas podían quedarse de lado — ¿Y quién es ella, amor?

—Bueno, según mis investigadores. De acuerdo a la foto que me prestaste el otro día. Jean Bones fue una bruja que nació en el 58, y era hermana del auror Edgar Bones, y de una abogada del ministerio que murió hace un par de años, alguien llamada Amelia— el rubio, se calló un momento para permitirle a Hermione procesar la información que le brindaba. Ella escuchaba atentamente.

>>Se supo de ella, que durante unos años convivio con el también auror Remus Lupin, aunque ella fue una reconocida experta en leyes mágicas de la época. Me sorprende que no hubiese muchos registros de ella— Dijo finalmente, rascándose la cabeza.

—Entonces lo más probable es que yo si sea hija de ellos— sentenció la castaña, algo perturbada por la información; apenas y había recuperado a los que ella reconocía como sus padres, y ella ya estaba adquiriendo otros.

—No necesariamente. Solo sabemos que Remus y Jean vivieron durante un par de años, justo antes que la guerra estallara y que de un momento a otro, Jean desapareció.

 

-

 

Al finalizar la tarde, Hermione había obtenido más información de la que habría podido asimilar en unas cuantas horas. Gracias a su novio, se había enterado de la existencia de una mujer de nombre Jean Bones, que había sostenido una relación con su ex profesor de defensa contra las artes oscuras, Remus Lupin. Y que había pertenecido a la familia Bones, siendo la hermana del medio de Edgar y Amelia, el hombre, muerto en la primera guerra, y la mujer, durante la  segunda.

Luego de la conversación con Filipus Madger, aquel hombre de edad media, con un gracioso y espeso bigote más negro que su cabello; habían descubierto, que a finales de septiembre de 1979, se había registrado el nacimiento de una niña de no más de diez días de nacida, por parte de Edgar Bones, quien había nombrado a la bebe como Jean Lupin, hija de su fallecida hermana Jean, y de Remus Lupin. Así tan deductora como era, Hermione había llegado a la conclusión que Jean Bones había muerto durante el parto, y que las fechas encajaban a la perfección con su propia fecha de cumpleaños. Así que, no tenía dudas, ella era esa bebe que Edgar había llevado al registro de los recién nacidos mágicos.

 

La pregunta era, ¿Por qué si Jean y Remus tenían una relación, ella nunca le había hecho saber que estaba embarazada? Porque si mal no recordaba, en las cartas que Harry tenía en posesión, eso era lo que afirmaban Canuto y Lunático, mientras ellos investigaban por su cuenta. ¿Habría confirmado alguna vez Remus que ella era su hija?

Harry se acomodó en el sillón  de cuero color café de la sala de estar de Grimmauld Place, mientras la pareja lo hacía en el gran sofá del mismo material pero verde. Estaba intentando procesar la información que Hermione y Zeus le acababan de entregar. Él por su cuenta, ya se había contactado con su antigua compañera de cursos, Susan, quien no tenía mayor saber que el suyo. Ella sólo había tratado con Amelia y con el hijo de esta, un hombre no mucho mayor que ellos llamado Mark.

Con Mark ya había hecho contacto unos meses atrás cuando este le había carteado desde Manchester, insistiendo en que tenía que hablar con él y Hermione de un tema que era de especial cuidado y suma importancia, y ahora que lo pensaba mejor, tal vez Mark, sabía lo que estaba pasando y por eso la insistencia en citarles.

 

—Harry ¿Ya te has puesto en contacto con ese hombre? — preguntó la castaña, mientras tamborileaba sus dedos sobre la abrazadera del sofá.

—Quedó en venir pasado mañana— contestó él, mirándolos a ambos. Tenía una pose que demostraba cansancio, estaba esparcido sobre el sillón y con la mano derecha sostenía su cabeza.

— ¿No pensaras traerlo hasta acá? ¿No es así? — inquirió Zeus esta vez, frunciendo el ceño y levantando ligeramente la voz.

—Mira Roberts, lógicamente no lo traeré a Grimmauld place, sería bastante peligroso darle la ubicación de Hermione y mía a un perfecto desconocido— replicó el azabache con cansancio.

Él de ojos verdes quería a su amiga, y por eso, solo por eso a veces le agradaba este chico que ella había escogido como pareja, porque por demás, si lo hubiese conocido en otro ámbito que no fuese el de la relación que mantenía con la castaña, Harry habría afirmado con toda confianza que Zeus Roberts, no era más que un idiota engreído.

—Amor, Harry nunca nos pondría en peligro— terció la mujer, intentando cortar la tensión. El rubio simplemente asintió y relajó un poco su postura

Potter suspiró, había sido un día bastante agotador para él. Entrenar a Pansy Parkinson, no era tarea fácil y la chica no se lo estaba haciendo más sencillo desde luego. Cada día que pasaba era una cosa diferente… —Ron lo citó para el viernes. Luego de evaluar concienzudamente su expediente— completó retando a Zeus con la mirada, pero este no replicó nada. No quería molestar a su novia nuevamente.

—El viernes viene Neville— dijo Hermione aferrándose al brazo del rubio, quien prefirió pasarlo sobre sus hombros a modo de un protector abrazo.

—Y Andrómeda también— completó Harry.

La castaña no lo sabía pero estaba ansiando ver a Teddy desde que se habían hecho tantas conjeturas sobre su origen. Sabía que el pequeño estaba creciendo sólo con su abuela, y con la compañía que de cuando en cuando Harry le brindaba, así que tal vez, si resultaba que ella fuese su hermana mayor, el chico tendría a alguien más en este mundo además de ellos dos.

—Perfecto, que traiga al niño entonces. Le hacemos una prueba de ADN, la cotejamos con la muestra de Hermione y con eso salimos de las dudas de una vez por todas— declaró el rubio en un tono que más que a una sugerencia sonaba como una orden, y Harry no estaba acostumbrado a recibir órdenes; mucho menos Hermione. Pero, la mujer, cuan enamorada estaba, lo miró dulcemente a los ojos miel que tanto le gustaban y le sonrió.

—Creo que es hora de dormir, ha sido un largo día para todos— sugirió la castaña.

 

 -

 

Los días pasaron corriendo y prontamente fue viernes. Como bien había comentado Harry, Andrómeda Tonks estaba por llegar, desde tempranas horas de la mañana había enviado una lechuza anunciando que se presentaría a las diez. Neville en cambio, pasaría en horas de la tarde. Sin embargo, ella y su anteojudo amigo tenían una cita con un hombre llamado Mark, sobre las nueve. Así que mientras Zeus continuaba durmiendo, ella se había levantado muy temprano, se había arreglado y había esperado a Harry en la sala, para juntos desaparecer y reaparecer cerca de la calle del caldero chorreante en donde habían citado al hasta ahora desconocido.

—Van a ser las nueve— comentó distraídamente Hermione mientras veía la hora en el reloj de pulsera de su amigo. Harry la cogió del brazo y la llevó dentro de la taberna.

La primera vez que el azabache había puesto un pie en ese lugar había sido con Hagrid, y él recordaba aun el bullicio de aquella época, así como también venía a su memoria el hedor a moho que destilaba el ambiente. Sin embargo, ahora que el lugar estaba a cargo de Hanna Longbottom, Abbot de soltera, aquel sitio tenía más pinta de ser un restaurante-bar que una cantina de mala muerte.

Hermione y Harry estaban acostumbrados a la fama, no faltaba quien los detuviera en la calle a agradecerles por haberlos salvado de aquel hombre malo que se hacía llamar Lord Voldemort. Pero el día de hoy, las cosas estaban pasadas de calibre. El lugar estaba lleno y el par de chicos no había podido entrar cuando ya se amotinaba un montón de gente queriendo una fotografía suya. Afortunadamente Neville estaba allí, para sacarlos del apuro, así que, una vez los vio se abrió paso entre la gente y comedidamente los subió a lo que era el departamento que él y Hanna compartían.

—Disculpa por ello— ofreció la castaña una vez pisaron el  piso de los Longbottom.

Él lugar era bonito, pequeño y acogedor. Era todo impolutamente blanco, paredes y pisos, inclusive los muebles de estilo isabelino tenían el sillón blanco, y las patas eran de madera clara a juego con la mesita de centro y la mesa del comedor. En la sala había un gran televisor encendido y un montón de juguetes de bebe en el piso.

—Está grandísimo— dijo Harry emocionado, al ver entrar a Hanna con un niño pequeño en brazos de cabello castaño y ojos azules. La pequeña rubia le sonrió, cualquiera que halagase a su primogénito era bienvenido en su hogar.

—Sí, tres años pasan muy rápido— dijo orgulloso Neville Longbottom.

—Hola Hanna

—Hola

Saludaron Harry y Hermione mientras observaban como la mujer, que había sido también compañera de cursos de ambos, dejaba a su hijo en un pequeño corral y le subía el volumen al televisor, para después acercarse y saludarlos con un beso y un abrazo a cada uno. Neville les indicó que tomaran asiento.

— ¿Quieren algo de beber? — preguntó el hombre con una amplia sonrisa.

—No Neville, muchas gracias— respondió la castaña con una sonrisa en los labios, y entonces el Sr. Longbottom miró a su amigo Harry quien también negó.

—Entonces Harry, ¿Pudiste contactar con Susan? Hace mucho no la veo— preguntó la rubia Hanna mientras distraídamente pasaba su mirada por donde estaba su hijo.

—Sí, la pude ubicar y es por eso que estamos aquí.

— ¡Oh vaya! No sabía que Susan vendría hoy— acotó Neville sentándose al lado de su esposa.

—No es precisamente a ella a quien citamos, no sé si conozcas a Mark— dijo la castaña dirigiéndose esta vez a la rubia.

—Mark— repitió Hanna — ¿Mark Bones, El primo de Susan?

—Sí, es que quedamos de verlo  a las nueve— continuó Hermione.

A lo que Harry complementó. —Él tiene información que es necesaria para completar un rompecabezas que tiene días partiéndonos los sesos.

—Mark está acá desde hace unos cuarenta minutos, dijo que tenía una reunión muy importante pero no me dijo que era con ustedes— declaró una sorprendida Hanna.

—Amor ¿Por qué no lo haces subir? Parece que mis amigos lo necesitan urgentemente y ciertamente ellos no pueden volver a bajar para tener una conversación tranquila.

Hermione y Harry agradecieron el gesto de su gran amigo Neville, al ofrecerse a prestar su hogar para que ellos pudieran conversar. Ambos vieron como Hanna se levantaba de su asiento y bajaba en búsqueda de la persona que necesitaban.

—Les está yendo muy bien— afirmó Hermione mientras veía como el hombre se acercaba a su hijo y lo tomaba en brazos.

—Sí, no lo puedo negar, el caldero está dando sus frutos, ya Hanna ha podido contratar a dos personas para que le ayuden y yo lo estoy haciendo en grande en esa farmacéutica, aunque estoy buscando un nuevo rumbo— dijo Neville, poco quedaba del tímido n iño que ambos habían conocido en el tren que los llevó a Hogwarts, diez años atrás exactamente.

—Me alegra oír eso— dijo Harry alegremente.

—Por cierto Hermione, escuché por ahí que tu novio anda en la ciudad ¿Es verdad eso?

La castaña se repantigo en la silla que ocupaba, estaba bastante enamorada pero aun así no dejaba de sentir vergüenza al estar bajo el escrutinio público —Sí, lleva unos días acá.

— ¿Y hasta cuándo se va a quedar? —  insistió el castaño mientras jugueteaba con el pequeño esbozando graciosas muecas para hacerlo reír.

—Yo diría que un mes, no lo hemos hablado aun.

Estaba Hermione respondiéndole a su amigo, cuando la puerta se abrió dejando entrar por ella a Hanna y a una pareja con un bebe en brazos, por ella. Ese debe ser Mark pensó ella, y solo mirando a Harry a los ojos supo que él pensaba lo mismo.

La mujer era de baja estatura, y cabello castaño bastante oscuro, al igual que sus ojos. Mientras que el hombre era de cabello rojo y ojos verdes. Un poco más alto que ella. En brazos de la mujer estaba un niño de casi la misma edad de Teddy y Ralph, el pequeño hijo de los Longbottom, Harry se puso en pie al verlo y le ofreció su mano a forma de saludo.

 

—Harry Potter, y ella es Hermione Granger— se presentó ante el hombre y la que al parecer era su pareja.

Hermione se puso en pie y repitió el gesto que había hecho su anteojudo amigo —Que bueno que vinieron, tenemos muchas preguntas para hacerles.

—Yo soy Mark Bones, y ella es mi esposa Melinda y este es mi hijo Johnny— saludó Mark, se veía emocionado. Su rostro dibujaba una sonrisa nerviosa. Era un poco más bajo que Harry.

Melinda también ofreció su mano al dúo, y luego de decirle algo a Hanna al oído, la rubia Hufflepuff le pidió a Neville que fueran a la habitación para que ambos niños pudiesen jugar.

Una vez se quedaron solos, Mark tomó asiento en el mismo lugar que previamente estaba ocupando Neville, a simple vista se veía alguien agradable. A ojos de Hermione, el pelirrojo lucía adorablemente nervioso.

—Bueno, Mark ¿Por qué querías vernos? — cuestionó Hermione ansiosa de respuestas, mientras ella y Harry se sentaban de nueva cuenta.

—Bueno es que, son muchas cosas. Tal vez parezca inverosímil, pero no es más que la verdad.

—Pues empieza por el principió— lo insto esta vez Harry.

Mark Bones expulsó lentamente el aire por su nariz, tal vez intentaba darse ánimos a sí mismo.

—Para empezar me tendría que presentar, me llamo Mark y tengo 28 años, llevo casi cuatro años de casado con Melinda, y dos que duramos de novios son casi seis— empezó el hombre ante la atenta mirada de Harry y Hermione. A la castaña le pareció que el muchacho parecía recién salido de una fiesta de graduación ya que vestía de smoking café y beige a estilo gallineta y un corbatín café.

>>Solo quiero que conozcan quien soy, quiero que sepan que no soy más que un hombre normal que se dedica al negocio familiar.

— ¿Y cuál es el negocio familiar? — preguntó Harry, más acostumbrado a los interrogatorios que su amiga.

—Melinda y yo vendemos artilugios mágicos altamente coleccionables.

—Bueno Mark, eso suena muy interesante pero estarás de acuerdo que nosotros esperamos que nos cuentes otras cosas— apremió Hermione, queriendo saltarse la parte en la que Bones se presentaba.

El hombre sonrió avergonzado, él sabía por aquel entonces que si Harry y Hermione habían aceptado verse con él era porque tenían cierto conocimiento de lo que estaba pasando, pero lo que no sabía él era que tanto. Él mismo estaba ansioso por descubrir hasta qué punto de la investigación habrían llegado y le emocionaba conocer sus reacciones cuando les contara lo que tan solo unos años atrás, luego de la muerte de su tía Amelia se había enterado.

—Es verdad— acordó el mientras tamborileaba sus dedos unos contra otros. —Veamos, cuando yo tenía 24 años por aquel entonces, era 1997. Yo crecí sin mis padres. Ambos murieron durante la primera guerra, a manos de mortifagos y por eso fui criado por mi tía Amelia, la única que me quedaba, tal vez tú la recuerdes Harry, ella fue jueza del tribunal del Wizengamont— el de ojos verdes asintió; a su memoria vino a colación aquella vez en la que Amelia Bones había abogado por él para que no fuese expulsado de Hogwarts luego de convocar un patronus en presencia de su primo Dudley

>>Mi tía era la hermana menor de mi papá, Edgar, Edgar Bones— aclaró Mark, solo por si la castaña y el azabache tenían algunas dudas. —Y también estaba antes de ella, otra hermana a la cual yo no conocí.

—Jean— intervino rápidamente Hermione.

—Sí, Jean.

— ¿Sabes algo de Jean Bones, Mark? — cuestionó Harry. —Es que, lo que hemos podido averiguar de ella es muy poco y nos urge.

El pelirrojo los miró confundido — ¿Y que quisieran saber ustedes de mi tía?

Ante la respuesta, el par de amigos se sintió decepcionado, a lo mejor, Mark Bones no podía sacarlos de sus dudas — ¿Sabes si tuvo alguna hija?

Harry reprendió a Hermione con la mirada por su falta de tacto, aunque entendía que ella necesitase respuestas. Bones sonrió complacido ante tal pregunta por parte de la castaña.

—Así que ustedes lo saben— afirmó el pequeño hombre pelirrojo.

— ¡No sabemos nada! — apremió la Gryffindor, un poco ofuscada por los rodeos que estaba teniendo la conversación. —Cuéntanos.

Mark sonrió de medio lado ante lo afanada y eufórica que se encontraba la castaña—Lo que sé es lo siguiente— dijo Mark dándose aires de importancia.

El pelirrojo llevaba mucho intentando reunirse con el dúo, pero ellos nunca le habían respondido algo hasta ahora. Así que tal vez hacerlos esperar un poco no le caería del todo mal a su ego. Potter, prácticamente le suplicaba con la mirada para que no se hiciera de rogar tanto y empezara a soltar información.

>>Mi tia Jean estuvo casada durante dos años con un licántropo, y esto empezó a traerle consecuencias negativas en su trabajo. Ella era una experta en leyes mágicas y por su matrimonio empezó a perder credibilidad. Según me contaba mi tía Amelia, mi padre, Edgar, siempre le aconsejó que dejara a este hombre.

—Remus Lupin— volvió a intervenir la castaña.

—Remus Lupin— acordó el pelirrojo —Y lo hizo porque por aquel entonces, se sabía que los licántropos estaban empezando a tornarse a favor de Voldemort. Del por qué llego su matrimonio a su fin, eso no lo sé en verdad. Todo lo que se es lo que tía Amelia me contó, y ella decía que Remus era alguien que ejercía una labor muy riesgosa como auror y que esto empezó a traerle consecuencias negativas a tía Jean, y que ella cuando supo que estaba embarazada, por miedo a que su bebe al ser hija de un Licántropo  terminara pagando las consecuencias — terminó de hablar, pero ninguno de los dos amigos parecía conforme con sus palabras así que prosiguió.

>>Ya saben, por aquel entonces a los licántropos se les estaba ofreciendo dinero para unirse a las filas de Voldemort así que tía Jean tuvo miedo por su hija, y se fue de casa. Y volvió a la casa familiar de los Bones, donde vivían mis abuelos, tía Amelia y papá y mamá.

Con cada palabra del pelirrojo, Hermione iba sintiéndose más y más mareada, no podía imaginar lo que había vivido Remus, lo que había tenido que aguantar, la discriminación de su propia familia política, ahora entendía por que el hombre lobo casi había huido al enterarse que Tonks estaba esperando un hijo suyo. Y Jean, el miedo que pudo haber sentido, estando embarazada y en pleno auge de guerra con los niños de licántropos siendo robados para entrenarlos en las filas del señor tenebroso.

— ¿Estas bien? — preguntó el azabache al notar la palidez de su mejor amiga casi hermana.

La castaña asintió, —Si, sólo quiero seguir escuchando.

—Hermione, si quieres que pare un momento— empezó a decir Mark pero la mujer lo detuvo.

—Por favor, quiero seguir sabiendo— apuró la chica, a lo que el hombre pelirrojo, sencillamente asintió.

—Como les iba diciendo, tía Jean volvió a la residencia familiar, y sé que tuvo un embarazo bastante complejo, murió a los pocos días de nacer su bebe— informó Mark mirando tímidamente a la castaña.

>>Sé que mi padre se hizo cargo de la bebe por un tiempo, justo antes de morir, y sé que el día que murió estaba con la niña a quien habían nombrado Jean en honor a su madre, y a su abuela.  El día que mi papá murió fue el último día que tía Amelia y los abuelos supieron algo de Jean. Nadie encontró su cuerpo. Solo se supo que se había perdido y nadie la encontró.

— ¿Eso cuando fue, Mark? — preguntó Harry.

—Eso fue a finales de 1981. Poco después que tus padres murieran— respondió el pelirrojo.

—Mark— llamó tímidamente la castaña. — ¿Qué posibilidades hay que yo sea ese bebe que se perdió hace 20 años? cuando— la mujer tragó espeso, le costaba hablar. —Cuando asesinaron a tu padre.

—Todas— afirmó Mark sin un atisbo de duda en su voz.

 

-

Hermione repetía una y otra vez la escena en su cabeza. Mark, diciéndole que no tenía la más mínima duda de que ella fuese su prima. Mark. ¿De dónde había salido ese chico?

 

Luego de que hubiesen terminado de conversar con respecto a la situación de sus padres, Hermione había tenido que salir prácticamente corriendo del piso de los Longbottom, por alguna razón ella quería ir a donde estaban sus papás, necesitaba respuestas y sólo ellos podrían confirmarle lo que ya estaba más que confirmado.

Volviendo a su infancia, Hermione no recordaba haber visto nunca una fotografía de su madre embarazada. Todo encajaba a la perfección. Pero necesitaba oírlo de voz de Leigh Ann y Sebastian, ella quería oírlo de ellos.

Al golpear la puerta blanca de la que toda la vida había sido su casa, la persona que abrió fue su madre, o por lo menos la que ella había considerado toda la vida como tal. Y luego de los saludos protocolarios con ambos, Hermione se armó de valor y lanzó la pregunta.

 

— ¿Cómo llegué yo hasta acá? — inquirió nerviosamente la castaña.

Los señores Granger, la veían caminar nerviosamente de un lado hacia otro mientras ellos habían tomado asiento en la poltrona beige de la sala principal.

— ¿Cómo que como llegaste acá? — preguntó el hombre entre risas tímidas, aquella pregunta los había tomado desprevenidos.

—Sebastian, por favor— corrigió Leigh Ann esta vez, apretando el brazo del hombre que aparentaba unos 55 años por lo menos.

Hermione se dejó caer pesadamente en uno de los sillones de la sala, estaba cansada de aquella situación. Nunca se había imaginado pasar por tal cosa.

—Lo sé todo, solo quiero que ustedes me lo confirmen, y si dicen que si soy su hija, a pesar de las pruebas irrefutables que me han dado para pensar lo contrario, yo les creeré— afirmó la castaña llena de confianza y esperanza.  

—Hija…— La mujer abandonó el lado de su marido para sentarse junto a Gryffindor. La abrazó como muestra de cariño y la acunó en sus brazos.

—Tú eres nuestra hija, y tal vez yo no haya tenido el privilegio de llevarte en mi vientre, pero tú eres y serás siempre mi niña— dijo la madre mientras la castaña sollozaba.

Leigh Ann Granger era una rubia mujer de ojos azules, bastante elegante y muy inteligente. Como bien era sabido, era dentista, pero no era una común, era una de las mejores en la ciudad, y siempre le había inculcado a Hermione el ser competitiva y el querer ser siempre la numero uno.

>>Hace no mucho tiempo, cuando tu tenías casi dos años, vino un hombre con mucha curiosidad por lo que él llamaba los muggles y él sabía que nosotros llevábamos bastante tiempo intentando adoptar un bebe, porque nosotros no contamos con la fortuna de procrear— la rubia guardó silencio un momento mientras su hija se calmaba entre sus brazos.

>>Y esa noche que tu llegaste, nosotros nos ofrecimos a cuidarte, mientras él se encargaba de buscarte un hogar que estuviese acorde a tus necesidades y capacidades— Leigh Ann miró a su esposo quien se levantó de la silla y se sentó de nueva cuenta al otro lado de Hermione. —Pero, un día, poco después de 1982, él se dio cuenta de lo bien que tú estabas con nosotros y nos advirtió que podrías quedarte en casa siempre y cuando aceptáramos que tu tenías unas cualidades especiales y diferentes. Y que llegaría el día en que tú recibirías una carta para empezar tu educación en un colegio, en donde nos tendríamos que separar de ti por mucho tiempo.

—Hermione nosotros siempre te dimos mucho amor, nosotros somos tus padres— acotó esta vez el hombre, la castaña levantó la vista y lo abrazó fuertemente, tan fuerte que sintió que estaba lastimando a su padre.

— ¿Quién era ese hombre? ¿De dónde salió? — quiso saber la más joven.

—Era un cliente de tu papá.

—Si pero ¿Quién era? ¿Cómo era? ¿Se llamaba Edgar?

—No, su nombre era Alastor, y lo recuerdo porque las últimas veces que vino le faltaba un ojo.

 

-

 

Cuando Hermione volvió al número 12  de Grimmauld Place, ya la noche había caído. Muchas de las dudas que habían estado agolpándose en su cabeza durante tanto tiempo habían sido disipadas, pero ahora le quedaba la intriga que tenía que ver Ojo Loco con ella y por qué había sido él quien la había dejado con los Granger.

Entrar en la sala se encontró con una escena muy cálida, por un lado, estaban Harry, Andrómeda, Melinda y  Mark conversando. Hermione resopló, la señora Tonks era muy parecida a la que años atrás la había torturado y le había marcado el brazo con una navaja, aunque Andrómeda era todo menos como su hermana Bellatrix, por lo menos en cuanto a la forma de ser.

Su mejor amigo le sonrió, a la legua se le notaba que quería preguntarle algo, pero no se atrevía aun. Ella le regaló una mirada de esas que decía espera, y él pareció comprender lo que le quería decir, que era algo más o menos así: Mas tarde cuando estemos solos te cuento lo que sucedió.

Por el otro, se encontró otra imagen que le agradó aún más. Estaba su novio, jugando con el pequeño Teddy, y como autómata ella caminó hacia el par.

 

—Hola— saludó la mujer viéndolos tontamente. El rubio dejo entre ver sus hermosos y perlados dientes. —Se puede saber ¿En dónde está tu camisa?

Preguntó la castaña observando fijamente el torso desnudo de Zeus, su piel bronceada resaltaba con la de la castaña quien había puesto su mano sobre los pectorales del hombre.

Zeus alzó a Teddy y lo acercó a Hermione y luego de susurrarle al oído un —Dale un beso— el pequeño Metamorfomago, apenas aprendiendo a controlar sus habilidades, traía el cabello entre castaño claro y negro. Y los ojos tan claros como los de la difunta Tonks, se acercó la mujer u besó su mejilla.

Zeus quería preguntarle a su novia en donde había estado todo el día, como le había ido pero comprendió, al ver como Hermione se abrazaba fuertemente al cuerpo de Teddy que ella necesitaba su espacio y su tiempo. —Teddy y yo te extrañamos— murmuró el rubio rodeando con sus brazos a ambos, para después depositar un tierno beso en los labios de la mujer que amaba.

—Y yo los extrañé a ustedes— murmuró Hermione, sonriendo mientras observaba al que ya sabía era su hermano. Y ella prometió internamente no permitir que algo le faltase al niño. 




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