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Los Siete Grandes » Harry.
Los Siete Grandes (ATP)
Por Julia James
Escrita el Martes 3 de Enero de 2017, 18:03
Actualizada el Domingo 26 de Febrero de 2017, 18:21
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Harry.

Harry.



Cuando Harry Potter tuvo la oportunidad de escoger una carrera, la primera que vino a su mente fue la de auror. Sí, era verdad que era bueno jugando quidditch, eso de ser buscador se le daba muy bien, pero nunca había contemplado otra opción que no fuese la de continuar su camino por el lado de la seguridad mágica, era lo que sus padres habían hecho y era por ende, el camino que él debía seguir.

A sabiendas que no debía acatarse a la vieja norma de presentar los éxtasis, debido a las labores y servicios prestados al ministerio de magia, lo primero que hizo tan pronto se hubo restaurado el castillo, que desde siempre había sido su hogar, fue inscribirse en las clases que impartía aquella antigua y soberana dirigencia; eran tan solo cinco cursos y él, cuan avanzado era en defensa se había saltado los primeros tres.

Corría mediados del año 2001 y Harry llevaba un año ejerciendo como auror, uno de los más destacados de los últimos tiempos según palabras de Kingsley Schackelbolt y eso al de negra azabache y revuelta cabellera le enorgullecía en lo más profundo de su ser.

Harry dio un largo trago a su taza de café con leche que todas las mañanas, antes de iniciar la jornada laboral, solía beber. Hoy sería un día extenuante, para todos los aurores en labor, era obligatorio tener en tutoría a un alumno de esta carrera que estuviese finalizando; y él desde luego que no era la excepción, tenía como consigna el apadrinamiento de un estudiante, del cual no conocía el nombre aun pero esperaba fuera uno no tan molesto y por el contrario, si alguien bastante comprometido.

 

—Harry, es hora de irnos.

 

El pelinegro levantó la vista al escuchar la pastosa voz de Ronald Weasley, su mejor amigo, quien se asomaba desde la puerta de la gran oficina, con su típica cara de circunstancia. A veces Harry pensaba que Ron no se daba cuenta de que los gestos que hacía. Acomodó sus anteojos con la yema de los dedos índices de la mano izquierda, y con la otra revolvió con cansancio su cabello, quedando aún más desordenado si era posible.

 

El pelirrojo y el pelinegro salieron de la oficina camino hacia el atrio del ministerio, que era en donde Hestia Jones, la jefe de la oficina de aurores les esperaba a ellos y a otros seis aurores más, junto con los académicos que estaban a punto de graduarse.

Para Harry siempre era algo sorprendente ver cómo había muchos jóvenes que aplicaban para convertirse en auror, teniendo en cuenta que el nivel académico para esta carrera era de EXTASIS, y era de mayor sorpresa para él darse cuenta que la mitad de ellos, salían despavoridos casi a la mitad del curso, y otro tantos al llegar las pruebas prácticas; si se inscribían diez, cuatro se graduaban.

 

Hestia Jones, saludó a cada uno con un fuerte abrazo, desde luego se conocían desde la época en la que el joven de anteojos vivía aun con los Dursley y si, Hestia le guardaba un gran cariño a Harry.

 

—Siempre que te veo te noto un poco más alto— dijo la pequeña bruja con rostro en forma de corazón al muchacho de ojos color verde esmeralda.

Y Harry solo pudo sonreír, no era muy amigo de los halagos, así que agachó la cabeza y comenzó a tontear con la punta del zapato, -tan negro como su cabello- contra el suelo.

—Oye Harry— llamó Ron logrando que el aludido levantara la vista y la fijara en los azules ojos del pelirrojo.

>>Son casi ocho, y sólo hay tres mujeres— le dijo en susurro.

El pelinegro sonrió, no sabía de qué iba ese comentario. Iba a preguntárselo cuando Hestia Jones, comenzó a hablar.

—Aurores, como ustedes saben, siempre escojo a los mejores de mi equipo para que sean los guías de la nueva camada— Los allí presentes, observaban con atención, especialmente los que aún eran estudiantes. —Es por ello que hoy están aquí…

>>A continuación, los llamaré a lista junto con el estudiante que les fue asignado. Cabe recordarles que esta tutoría tan sólo dura cuatro meses y de ustedes depende que los alumnos aprendan lo mejor de esta profesión.

Las sonrisas no se hicieron esperar, Harry en lo particular estaba entusiasmado, él recordaba cómo un año atrás, había sido Hestia quien lo había tomado en tutoría, y a su pelirrojo amigo, le había correspondido Deadulus Diggle quien ahora mismo esperaba con ansias a que le fuera asignado un nuevo alumno. Desde luego que existía competencia entre los aurores para ver cuál era el mejor; Harry sabía de las apuestas que se hacían con respecto a quien sacaba al que tuviese mejor puntuación en las notas y pruebas. Y ahora mismo, a Diggle le asignaban a Seamus Finnigan, quien había compartido con el pelinegro en Hogwarts.

De hecho, a Harry le parecía ver rostros conocidos además de Seamus, estaba Michael Corner a quien recordaba no solo por haber hecho parte del ejército de Dumbledore, sino también porque había salido con la que hoy por hoy era su novia, Ginny Weasly. Otra persona que le pareció  reconocer, fue una rubia muchacha que si su memoria no le fallaba y estaba seguro que no era así  era una de las mejores amigas de Draco Malfoy, no entendía, como esa rubia Slytherin ahora se estaba convirtiendo en aurora.

 

Un agudo dolor en las costillas lo sacó de sus cavilaciones, llevó su mano a donde le estaba magullando, y miró Ron con enojo, el alto pelirrojo le había clavado el codo.

—Te están llamando— Le regañó en voz baja, y Harry sonrió porque aquel tono le recordó bastante a Hermione.

El joven Potter se acercó hacía Hestia quien le veía con ojos curiosos; Harry, con un movimiento de mano saludó a Seamus quien le sonreía ampliamente; estaba parado al lado de Diggle.

—Veamos, a ti te corresponde— comenzó la jefe Jones, ojeando la lista que tenía en mano —Alana Parkinson.

Una muchacha de cabellos color de ébano levantó la cabeza al escuchar su nombre; a Harry le pareció hermosa, hermosa y alta. Tenía facciones felinas, y los ojos tan azules como el cielo en tormenta, o quizás de aquel tono verdoso que teñía las algas, tal vez eran de un color marino aquel en el que no sabías definir si era verde o gris o quizás agua; sus labios eran de un tenue rosa y la piel tan blanca y tersa como la porcelana. La vio caminar con decisión hacia él, y una vez la tuvo al lado notó como sus pieles contrastaban armoniosamente, él siendo trigueño y ella tan pálida. Tenía el cabello suelto y le caía en ondas hasta la espalda y él pensó que aquella pose era más propia de una modelo que de alguien que se quería dedicar a trabajar en una labor tan riesgosa como la que él ejercía.

>>Espero que seas un buen tutor— Declaró Jones a la vez que le guiñaba un ojo al azabache como seña de confianza.

El chico  sonrió tímidamente primero a Hestia, y luego a la muchacha que tenía al lado. Como buen caballero que era, con un gesto de mano le cedió el paso. Ron lo miraba con el ceño fruncido y Harry no sabía el porqué de la molestia de su mejor amigo.

—Cierra la boca Potter, se te van a entrar las moscas.

Cuando "El niño que vivió" Escuchó la voz de la muchacha, la reconoció inmediatamente; aquel tono impertinente y arrogante sólo podía pertenecer a una persona.

— ¿Parkinson? ¿Pansy Parkinson?

 

-

 

—Tranquilízate, camarada. Son solo cuatro meses.

 

Ronald Weasley intentaba apaciguar la furia y nerviosismo de Harry Potter; luego que la jefe Jones lo hubiese puesto en tutoría con la odiosa Pansy Parkinson, el de anteojos la había prácticamente encerrado en su despacho, con el único fin de explicarle con muchísimas de las razones que él consideraba de peso para no trabajar en conjunto con la pelinegra Slytherin, sin embargo, Hestia no daba vislumbro alguno de ceder, y si en cambio, le había retado y dado en el ego, dándole a entender que le iba a quedar grande enseñarle a una serpiente el arte de ser auror.

—Ronald tiene razón— acordó esta vez Hermione, quien se hallaba sentada en el gran sillón verde de la sala de estar de Grimmauld Place, la que ahora era la casa del joven Potter.

>>Tal vez no sea lo más típico, y ve tú a saber las razones de Pansy para querer convertirse en aurora, pero si queremos descubrirlo tienes que ceder un poco, Harry.

— ¡Y encima se cambió el nombre! — Gritó encolerizado Harry, dando vueltas de un lado a otro alrededor de la sala.

El 12 Grimmauld Place ya no era lo que solía ser cuando Harry, Hermione y Ron entraron por primera vez. Ahora se veía menos oscura, más alegre, con más vida, y por supuesto que el verde de las paredes había desaparecido; ahora reinaban los tonos cálidos, amarillo y crema pintaban la antigua casa. Kreacher, el viejo elfo doméstico, aunque trabajaba en las cocinas de Hogwarts, siempre volvía cuando las vacaciones empezaban y Harry agradecía mucho el tenerlo allí porque él era un completo inútil en las labores domésticas, y Hermione, tampoco era que se le diera muy bien la cocina.

 

Desde hacía mucho que Hermione y Harry vivían juntos, y no era porque tuviesen algo, era más bien por compañía. Para Harry, Hermione era como una hermana, y así mismo sentía Hermione hacia él. Un total y puro amor libre todo tinte romántico. Siempre se apoyaban, y siempre estaban el uno para el otro. Ron sin embargo, continuaba en la residencia familiar, "La madriguera" como comúnmente era llamada la casa de los Weasley como mofa a su apellido.

—Tenemos que averiguarlo bien, Harry. Pero hay que actuar con cabeza fría— tranquilizó Hermione, poniéndose en pie y tomándolo por el brazo. Inmediatamente el pelinegro pareció pensárselo.

Ron siempre había pensado que quizás ellos hubiesen estado mejor juntos, a veces se preguntaba si aún seguirían siendo amigos, de haberse dado este caso en lugar de él y la castaña que tantos dolores de cabeza le daba.

 

A la mañana siguiente, luego de acordar que Hermione se encargaría de averiguar con sus amistades en el ministerio, el porqué y el cuándo Pansy Parkinson había cambiado su nombre por Alana; los tres amigos partieron rumbo a sus lugares de trabajo. Por un lado, la castaña leona iba rumbo al departamento de control y regulación de criaturas mágicas, en donde muy comedidamente desde hacía casi dos años, había instaurado sus primeras normativas y regularidades sobre el "P.E.D.D.O." Y los hombres partían con destino al piso de seguridad magia, en donde después de instaurarse en la oficina de aurores, cada uno en su puesto de trabajo, se preparaban para recibir  a los alumnos que estaban por llegar sobre las 10:00 a.m.

 

Del fondo del cajón que se ubicaba al lado derecho de su escritorio, Harry sacó una pequeña agenda en cuero color café; a simple vista se notaba que era vieja. El azabache suspiró. Llevaba días leyendo y releyendo aquel avejentado cuaderno que por pura casualidad había encontrado en la habitación que ahora estaba en su poder, pero que años atrás había pertenecido a su padrino, Sirius Black.  Harry lo extrañaba, y odiaba ya no tenerlo a su lado, pero lo que más odiaba era no poder preguntarle por las anotaciones que había puesto, y las viejas cartas que recelosamente había escondido en su interior, esas mismas que intercambiaba con Remus Lupin.

 

La he visto Lunático, de no ser porque es mujer juraría que eres tu cuando estábamos estudiandoRezaba una de las notas escrita por el puño y letra de su padrino.

En otras, de la mano del hombre lobo habían anotaciones tales como —He estado investigando y por ningún lado he podido encontrar rastro de ella, siento como si se hubiese esfumado de la faz de la tierra.

Es increíble, pero el tiempo no ha mermado su recuerdo… Espero encontrarla

Si alguien me hubiese dicho alguna vez que Jean estaba esperando un hijo mío yo jamás me hubiese ido, pero ahora que lo sé, esta pesadumbre no me deja dormir, Canuto ¿Y si es un hombre lobo como yo? ¿Y si está pasando necesidades? ¿Con quién vive? ¿Y si lo tratan mal? ¿Y si...? ¿Y si…? ¿Y si…? Esta maldita zozobra no me deja dormir en paz. Necesito encontrarle y saber que sucedió.

 

El joven de anteojos tomó otra de las cartas entre sus manos, en ella se encontraba una fotografía, era la que más llamaba su atención. Estaba escrita por Sirius Black, y por la fecha, había sido tan solo unos días antes de su muerte.

 

Querido Lunático. Felicidades, eres el padre de una linda niña de 15. Ya casi es tiempo de celebrarle los dulces 16 así que espero que durante todos estos años hayas guardado algo de dinero.

Siendo más serios, como sé que hubiera dicho James cuando necesitaba pensar claramenteHarry sonrío ante la mención de su padreDefinitivamente Sirius Black nunca había dejado de extrañar a Cornamenta.He llegado a la conclusión que tal vez, y sólo tal vez, puede que tengas razón cuando dices que la amiga de mi ahijado pueda ser la hija perdida que Jean se atrevió a tener contigo. ¡Gryffindor tenía que ser! De ser así, no te preocupes que no heredó tu pequeño problema peludo.

Cada que leía, el de anteojos sentía que casi podía escuchar la burlona voz de Sirius.  >>Sin embargo no es hora de sacar conclusiones, sino de sentar los hechos. Encontré una vieja fotografía de Jean, y si, ya sé que la chica Granger no se parece mucho a ella, y de ser tu hija es idéntica a ti, pero mira a la madre de Jean, la verdad es que se le parece bastante. En fin, espero que pronto podamos aclarar este asunto.

El muchacho tiró con cansancio la libreta, tenía mucho en lo que pensar, y mucho sobre todo que conversar con Hermione ¿Y que si Sirius y Remus tenían razón y ella era hija del merodeador y esa tal Jean? Harry tenía muchas preguntas en su cabeza y todas sin respuestas. Para empezar, estaba el hecho que Hermione era nacida de muggles; también que Remus casi sale corriendo al enterarse que Dora estaba esperando un hijo suyo tan solo imaginar que Teddy hubiese sido un hombre lobo como él. Si, Potter tenía mucho por averiguar.

 

—Espero que no te vaya a picar la serpiente— Murmuró Ronald Weasley con sorna a Harry Potter, en el escritorio contiguo del azabache, una vez vio a Pansy Parkinson cruzar el umbral de la puerta de la oficina de aurores, sacándolo de sus cavilaciones una vez más.

—Muy gracioso, Ron— dijo Harry sin el más mínimo atisbo de gracia —Claro, tú lo dices porque te tocó alguien muy tranquilo.

Desde luego Potter se refería a Malcolm Anderson, un fornido muchacho de cabello color caoba, piel clara llena de pecas hasta mas no caber, y una pacífica mirada de un tono entre café y verde. Según Harry había entendido, Anderson había estado en Hogwarts dos cursos antes que él, y había pertenecido a Ravenclaw, y desde luego él estaba seguro que así había sido puesto que su relación con la casa de las águilas era prácticamente nula salvo por Luna Lovegood y Cho Chang.

 

Ron rio divertido. Desde luego que a él le parecía chistoso que su mejor amigo tuviese que trabajar durante cuatro largos meses con la misma chica que prácticamente lo había entregado a Voldemort, y que de no ser porque casi todos en Hogwarts le habían apuntado con sus varitas, se habría salido con la suya, porque si algo tenía Ron claro desde que se había cruzado con la pelinegra por primera vez, era que Pansy Parkinson siempre conseguía lo que quería.

 

-

 

El chicho Potter dejó escapar aire por su nariz como muestra de cansancio, había sido un estúpido al creer que Pansy Parkinson se iba a amedrentar con un examen, por más complejo que fuese este,  no en vano, había llegado a ser prefecta de su casa. Además, para su poca fortuna, o al contrario, no lo sabía bien, la pelinegra le había demostrado que tenía más de los conocimientos suficientes para por lo menos destacar en la parte teórica del entrenamiento de estos últimos cuatro meses; de hecho, Harry pensaba que los resultados eran bastante buenos. Sin embargo, si quería averiguar que se traía la mujer entre manos, tenía que ser más astuto que ella, aunque, no dejaría escapar una buena oportunidad para incordiarla.

 

Escuchó la voz molesta de Pansy llamándolo a su espalda, cuando la había citado en un parque donde típicamente se reunían los muggles, más específicamente los niños, a distraerse. Harry volteó y su gesto parecía enfurruñado, y no era para menos, estaban en pleno  verano y hacía un calor impresionante, y la mujer por supuesto, estaba vestida completamente de negro con una túnica encima de las prendas; el azabache sonrió de medio lado al verla molesta. Si Parkinson quería jugar, él jugaría.

 

—Te las das de muy listo tu ¿No es así Potter? — declaró la mujer de ojos de un extraño color entre verde y gris. Harry, sencillamente enarcó una ceja evitando a toda costa reírse.

Se oía ruido por todos lados, y el sol estaba en su cumbre. A la morocha le caían gotas de sudor por la cara y el de anteojos llevaba una sencilla camiseta de lanilla fresca.

—Parkinson, ¿Por qué tardaste tanto? ¿Y por qué estas vestida así? ¿Que no sabes que es verano?

 

Un poco más y termina estrangulado por la mujer de negro y liso sedoso cabello. Con mucho enfado, Pansy haló de su túnica casi que arrancándole unos botones en el acto. Llevaba una camisa de cuello alto pero sin mangas, a lo que tan solo hacer esto, el azabache había comenzado a inspeccionar su antebrazo buscando señas de la marca tenebrosa. Nada, absolutamente nada. Parkinson no tenía rastro alguno del tatuaje de serpientes y calaveras.

— ¿Qué? — replicó la pelinegra de forma altanera. Había descubierto a Potter evaluándola — ¿Creíste que estabas entrenando a una mortifaga Potter?

Harry no se inmuto, tenía derecho a estar prevenido, Pansy simplemente bufó ante el silencio del niño que vivió.

>> ¿Se puede saber para que me hiciste venir? No entiendo por qué tanto alboroto contigo, si eres un pésimo maestro. No sabes ni lo que haces Potter.

Si el azabache se ofendió por este comentario no lo demostró, por el contrario, dibujó una mueca en su rostro, algo muy parecido a una sonrisa y se fue caminando tan solo indicándole a su acompañante que le siguiera con un movimiento de cabeza, cosa que la chica hizo. Se sentía fuera de lugar, así que estar en compañía de un mago no le caía mal, así este mago fuese Harry Potter, el mismo que ella había molestado durante muchos años cuando los dos iniciaron sus cursos escolares en Hogwarts.

—Parkinson, ¿Me quieres explicar cómo es que tú y tu amiga Greengrass decidieron convertirse en auroras? — inquirió Harry con curiosidad.

La chica se limitó a levantar los hombros altaneramente —No quiero— respondió mirando hacia la nada.

—bueno, ¿entonces me puedes explicar entonces? — corrigió Harry, de verdad que estaba intrigado con la presencia de las dos Slytherin.

—Es algo que Daphne y yo llevábamos un rato planeando, desde que realizamos nuestros EXTASIS— contestó la pelinegra mientras caminaba al lado de Potter y veía a dos niños corretear a una pequeña ardilla.

—Ya, algo que Daphne y tú llevan tiempo planeando— repitió Harry sin ningún entusiasmo y sin creer las palabras de la chica Parkinson. —No me digas que Draco, Craig y Zabinni también están entrenando para convertirse en aurores porque esa sí que no te la creo— dijo el azabache algo fastidiado.

Harry diviso una pequeña banca cerca de ellos y se encaminó hacia ella solo para que pudiesen hablar de forma más cómoda, después de todo, si sus cálculos no fallaban, tendrían que esperar hasta las siete de la noche para dar con el motivo por el cual se encontraban en aquel lugar.

—Craig y Zabini nunca, jamás se atreverían a ser aurores, Potter— negó la chica sentándose junto al joven de anteojos, siempre conservando la distancia, aunque lo suficientemente cerca para que pudiese oírla.

Potter levantó una ceja tras la respuesta de Pansy— ¿Entonces Malfoy si?

—Draco y yo ya no hablamos— respondió la pelinegra tras un largo silencio.

El niño que vivió pudo notar una mueca de tristeza en el rostro de la chica y quiso saber la razón del por qué dos personas que fueron inseparables durante toda su adolescencia, ya no cruzaban palabras. Él había escuchado que Malfoy, iba a contraer nupcias con una chica que él se había cruzado unas cuantas veces en Hogwarts, y si no estaba mal, se trataba de Astoria Greengrass, que por el apellido debía ser familiar de la rubia amiga de Parkinson.

Pansy soltó un bufido y sonrió irónica. >>Si quieres saber solo tienes que preguntar Potter.

—No sé si deba, tu yo no somos tan cercanos— frenó Harry, no quería inmiscuirse, además que de verdad notaba que a su alumna, por así llamarla, le dolía hablar de aquello.

—Fue antes, poco antes de iniciar el séptimo curso. Ni Draco ni yo empezamos ese año, Hogwarts ya no estaba seguro, y habíamos planeado algo, Theo, Draco, Daphne y yo— la de ojos verdes rodó los ojos con cansancio, se distrajo un momento cuando un juguete de un perro había caído a los pies de ambos, el de anteojos lo tomó entre sus manos, y antes que el animal -que venía corriendo en dirección a ellos- llegara, su compañero se agachó a recogerlo lo lanzó tan lejos como pudo.

>>Daphne nunca ha sido de buena salud ¿Sabes? — y Harry no supo que responder, no sabía de qué venía ese comentario. Así que negó con la cabeza y la invitó a continuar, —Cuando su salud empeoró, yo decidí que no podíamos partir sin ella, y él en cambio decidió que debía estar solo, y así lo hizo. Y a nosotros nos obligaron a volver a Hogwarts. Y eso fue lo que pasó.

—No entiendo lo que quieres decir, ¿Ustedes iban a huir?

—si

Harry, después de pensarlo unos segundos, empezó a encajar las cosas, los cuatro Slytherin se iban a ir, pero Draco les falló porque tuvo que permanecer en la mansión de los Malfoy, él ya había tomado la marca tenebrosa, y como se había percatado, Parkinson no la tenía, así que suponía que la muchacha se sentía traicionada por su amigo, o lo que él suponía era su novio. Así que, si ataba cabos, ella debía sentirse traicionada, no solo por el abandono, sino porque también, después de la guerra ni siquiera la había buscado y en cambio sí, había optado por casarse con la hermana de su mejor amiga. Aunque él recordaba que Pansy era más amiga de Craig, Goyle y Zabini más que de Nott y Greengrass así que no entendía porque no los había incluido en sus planes.

 

Estando a punto de preguntárselo, el azabache, de la nada vio caminando tranquilamente por el parque a su objetivo, la razón por la cual él había citado en Hyde Park a Pansy Parkinson, él quería enseñarle lo que significaba ser auror y los peligros que esto traía consigo. Apretó dos veces la rodilla de la mujer que le acompañaba, mientras que disimuladamente le mostraba su varita y le indicaba con la cabeza un punto al cual ella desvió la mirada de terror que previamente le había dirigido a Harry al sentir su contacto; inmediatamente Pansy se puso alerta, nunca antes había estado en misión, pero aparentemente Potter le iba a mostrar cómo hacerlo.

 

-

 

Roger Dickinson era un mago de rostro cadavérico, las terribles bolsas alrededor de sus ojos ayudaban a eso; llevaba marcas por toda su cara, parecían leves cortadas. El cabello era castaño, al igual que sus ojos, y lo traía algo largo y enmarañado, lo peinaba por la mitad. Harry había leído su expediente un par de veces y sabía que estaba sembrando el caos en la comunidad mágica, ya que, según había leído, hacía eco del símbolo que llevaba en el brazo para amedrentar a las personas, sacándoles dinero. Él sabía que no era un gran caso, pero tal y como lo había planeado, le dio la perspectiva de si Pansy era o no era apta para el cargo.

Gratamente, la pelinegra lo sorprendió, se mostró más que valiente encarando al hombre y lanzándole un petrificus cuando intentó sacar su varita para atacarle. Dickinson había iniciado un duelo sin tan siquiera ellos haberse acercado, sólo al haber visto al joven auror, el hombre se había lanzado en hechizos contra ellos dos.

—Buen trabajo, Parkinson, jamás pensé decirlo pero tienes madera para esto.

Declaró el azabache una vez estuvieron de vuelta en la oficina de aurores, estaban uno al frente del otro sentados en el escritorio del joven, llenando el papeleo con todos los pormenores de la situación que previamente se presentó; y  la chica, con un intento de sonrisa en los labios intentó agradecer las palabras de Harry, porque no le salían las palabras. Sentía la adrenalina desbordando aun por su piel. No se había equivocado al haber escogido aquella carrera, era lo que ella quería hacer por lo pronto.

>> ¿Alguna forma en la que te pueda agradecer? — le preguntó él levantando la vista, para verla directamente a esos con un extraño color entre verde y gris, y fue ahí cuando ella verdaderamente sonrió.

—Si— contestó enarcando una ceja de forma burlona, haciéndolo reír —Sal conmigo Potter. 




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