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No debiste volver. » El bosque prohibido.
No debiste volver. (ATP)
Por CabelloDespeinado
Escrita el Sábado 24 de Diciembre de 2016, 03:33
Actualizada el Miércoles 18 de Enero de 2017, 03:23
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El bosque prohibido.

- ¿Para esto querías venir aquí?

Río Draco y sonreí con suficiencia viendo todo el salón. Mi plan había salido a la perfección, había encontrado un hermoso lugar para Arubina y ella correteaba por el césped falso que hizo aparecer la habitación. Estaba cubierto de césped sintético y plantas en macetas, un techo que imitaba al cielo como el del Gran Comedor y unos juegos para perros y cosas para entrenar, más un dispensador mágico de agua y comida.

- ¡Es perfecto! - exclamé maravillada - solo necesito a alguien que la cuide.

- ¿Puedes usar un elfo? - sonrió Draco a mi lado guardando sus manos en sus bolsillos.Nos habíamos cruzado luego del desayuno y decidió acompañarme. Como los sábados a la mañana no hay casi nadie, vino sin problema.

- No lo se, no confío en ellos.

- ¿Qué? Pero si son las criaturas más sumisas que hay.

- Mi papá tenía un elfo odioso, Draco. ¡Intentó cortarme el cabello! - Draco rió a carcajadas - púdrete.

- Pero hay elfos buenos, Aadhya - dijo entre risas.

- Ya calmate, maldito - lo fulmine con la mirada y el se forzó a calmarse.

- Ya termine.

- Mejor.

- Espera, ¿recuerdas a Dobby? - asentí. Dobby era el elfo domestico de los Malfoy antes de que Harry lo liberara - trabaja aquí en el castillo. Lo he visto por las cocinas.

- ¡Perfecto, entonces! - junte mis manos con alegría - vamos a buscarlo, Draco.

Tome la mano mano de Draco y salimos del cuarto tirando de él. Draco me guió por los pasillos hasta la pintura del frutero gigante, alargó el índice y le hizo cosquillas a una enorme pera verde, que comenzó a retorcerse entre risitas, y de repente se convirtió en un gran pomo verde. Alcance a echar un rápido vistazo a una sala enorme con el techo muy alto, tan grande como el Gran Comedor que había encima. Un par de elfos se acercaban a nosotros ofreciéndonos comida. Draco los miraba con desprecio pero intentaba ocultarlo cada vez que lo fulminaba con la mirada.

- No gracias, estamos buscando a Dobby - dije rechazando el plato que me ofrecía uno de ellos. Era un tanto incomodo verlos todos reunidos.

- ¿Dobby? - se oyó una voz entre tantos - ¿alguien llamó a Dobby?

- Eh... sí, necesito tu ayuda.

Una criatura con orejas como de murciélagos y unos enormes ojos saltones de color verde que parecían pelotas de tenis se adelanto e hizo una reverencia sumamente exagerada haciendo que su nariz afilada tocara en suelo.

- ¿Me recuerdas, Dobby? - los ojos de Dobby brillaron.

- ¡Oh, señorita Black! - se abrazó a mi ombligo - ¡Señorita Black! Dobby ha esperado mucho por verla.

- También te extrañé, Dobby - solté una risita.

- ¿Qué necesita, señorita Black? Dobby esta a su disposición, señorita.

- Sí, ya calmate - habló Draco irritado - Aadhya necesita que cuides a su mascota.

- Es solo por unos ratos al día, ¡puedo pagarte!

- ¿Qué? - el rubio me vio indignado.

- Oh no hace falta, señorita Black. Dobby lo hace gustosamente.

- ¡Excelente! Ella se encuentra en la Sala de Menesteres y solo necesito que cuides y juegues con ella mientras estoy en clases, por favor.

- ¡Lo haré, señorita! ¿De qué se trata? ¿Es un gato? ¿Un sapo?

- Es un perro.

- Oh, Dobby no se lleva bien con los perros, señorita - dijo la pequeña criatura con ojos preocupados - uno atacó a Dobby hace un año.

- Oh, lo siento - Draco soltó una risa y me vi obligada a darle un codazo - pero es un perro muy pequeño y muy cariñosa, no te preocupes.

- Oh, en ese caso lo haré, señorita - saltó alegre haciéndome sonreír.

- Muchas gracias, Dobby.

Luego de hablar un rato con Dobby nos despedimos y nos dirigimos al Gran Comedor. Faltaba una hora para el almuerzo así que mientras tanto divagamos por los pasillos hablando de temas triviales.

- No puedo creer que le ofrecieras pagarle.

- ¿Y por qué no?

- ¡Es un elfo, Aadhya! - dijo indignado. Reí.

- Cállate Malfoy.

Lo vi caminar junto a mi mientras formulaba la pregunta en mi cabeza. Vestía elegante aún siendo sábado y tenía una sonrisa en un su rostro. Merlín, era adorable.

- Draco.

- ¿Mmh?

- ¿De verdad piensas qué soy un estorbo?

Su sonrisa se borro y fijo su vista en algún punto en el suelo.
Sí lo pensaba y, cielos, como me dolía. Odiaba ser tan débil y sumisa con él porque a pesar de lo de anoche, aquí seguía, junto a él, esperando a que diga que no.

- Aadhya no - sostuvo mi mano - no eres un estorbo. Admito que interfieres un poco con mi trabajo pero no lo eres. Lo siento, no quería decirte todo eso. No quería hacerte sentir mal.

Sonreí y me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla.
Llegamos al Gran Comedor y nos despedimos para luego ir cada uno a sus respectivas mesas donde ya sabía de entrada que me recibirían con miradas de odio y desconfianza al verme llegar con Draco.

- ¿Ya te has cansando de tus amigos las serpientes? - inquirió Ron cuando me senté frente a ellos junto a Hermione. Me hundí de hombros restandole interés.

- Creí que ya me extrañaban.

- Por favor - bufó Ron.

- Aadhya, entiendo que Zorayda sea tu amiga pero, ¿es necesario que estés con Malfoy también? - preguntó Harry con seriedad.

- ¿Qué tiene de malo? - pregunté mientras tomaba una chuleta y la ponía en mi plato junto a las papas.

- No te conviene, Aadhy.

- ¿Por qué?

- El... el es... malo - no quería decir realmente el motivo y se notaba en su rostro.

- Conmigo no fue malo.

- Oh ahora Malfoy es un sujeto agradable.

- Pues conmigo sí - respondí con rigor.

- Aadhya, no te juntes con él - en todo este tiempo Hermione no hablaba, pasaba su vista de uno a uno sin opinar.

- ¿Por qué debería hacerte caso?

- Porque lo conozco más que tú, para empezar - dijo con notable molestia el azabache.

- Harry, que el sea "enemigo" de ustedes no quiere decir que sea el mio, ¿de acuerdo? Ahora dejame comer.

El resto del almuerzo transcurrió en silencio. Ni Ron ni Harry me miraban si quiera. Al terminar me dirigí a los jardines del castillo y a lo lejos pude distinguir a Arubina, mi caniche, jugando felizmente con Jarvis. Bueno, al menos alguien se divertía. No tenía idea de donde estaba Zorayda, no la había visto cuando salí. Ni a ella ni a los chicos.

- ¡Aru! - llamé a mi perra quien al escucharme llegó corriendo hacía mi dejando atrás a la gata. Al llegar se tiró al suelo con la panza hacia arriba para que le haga cosquillas lo cual hice. Levante mi vista y esta se fijo en el bosque prohibido, aquel bosque que había llamado mi atención desde la primera vez que lo vi. La palabra "prohibido" me advertía de los problemas en los que me metería si me adentraba a el, pero nunca había acatado a las reglas y no había un motivo para hacer de esta una excepción así que opte por adentrarme al bosque cuidando de que no haya nadie a mi alrededor que pudiera verme. Un sendero de tierra se habría paso a través de los arboles negros. Todo estaba silencioso y, por más que sean las dos de la tarde, los enormes arboles tapaban la luz del día causando un falso y tétrico atardecer dentro del boscaje. Arubina caminaba delante de mi olfateando todo lo que encontraba y marcaba su territorio cada tanto. Entonces me adentre más sabiendo que podría perderme pero no me importaba. El sonido del agua correr llegó a mis oídos, debía haber un arroyo cerca así que me dispuse a buscarlo. No tarde tanto en encontrarlo, era un pequeño claro en medio de una arboleda. Al acercarme a la orilla me di cuenta de que el agua era oscura, como todo lo que había allí. Me acosté en el césped levemente nevado cerca del claro con Arubina a mi lado y cerré mis ojos por un rato mientras pensaba que había encontrado mi lugar. El rostro de mi primo apareció en mi mente haciéndome cuestionar el por qué odiaban tanto a Draco. Bueno, ya sabía que era un tanto desagradable alguna veces pero no creía que tanto como para querer que me alejara de él, debió de haber hecho algo malo o tal vez especulan demasiado. Abrí los ojos unos segundos y el rostro de Harry seguía allí, pero esta vez de verdad. Me miró por unos segundos para luego sentarse junto a mi con su vista puesta en el claro.

- No sabía de este lugar - dijo en voz neutral. No respondí pero no estaba molesta. El silencio entre los dos solo se cortaba por el ruido del arrollo. Clavé mi vista en él que tenía la huella de contracción en el ceño y al notar que lo miraba se revolvió incomodo en su lugar.

- No estoy molesto - dijo luego de aclararse la garganta - pero no sabes como es él.

- Harry se que es un niño horrible a veces...

- Es un cretino.

- No logro entender porque dicen que es así.

- ¿Por qué? Nos insulta, nos molesta, su padre es mortifago, insulta a la familia de Ron, a mis padres muertos, a Hermione, se ha dedicado toda su vida a hacer de la nuestra imposible...

- Sí... creo que no es alguien precisamente agradable.

- ¿Entonces por qué quieres ser su amiga?

- Por la misma razón por la cual soy tu amiga - repuse causando una mueca de confusión en su rostro - por como son conmigo.

- ¿Qué?

- Porque a pesar de que él sea malo con los demás, sigue siendo buena persona conmigo.
Harry se quedo callado con su mirada puesta en los arboles, en el claro y en el castillo con su ceño aún fruncido.

- Solo dime si te hace daño, Aadhya - me miro con una leve sonrisa.

- Lo haré, Potter.

Se puso de pie y planto un beso en mi frente para luego irse de allí.


Narrador omnisciente.


La nieve caía a sobre ella, hace no mucho comenzaba a nevar con leve fuerza y hace no mucho más que ella había caído en un profundo sueño. La noche ya estaba sobre ella y hubiera sido un paisaje agradable si tan solo hubiera estado despierta para verla. Su mascota, de cabello blanco que camuflaba con la nieve, llevaba varios minutos ladrandole para que despertara ya que la chica de cabello oscuro como el cielo sobre ella no tardaría en estar enterrada bajo la nieve. La cachorra ya asustada emprendió viaje hasta dentro del castillo en busca de alguien alguien que pudiera rescatar a su dueña mientras que estos mismos también se preguntaban donde estará.

- No la veo desde la tarde.

- Tranquilo Harry, seguro no tarda en volver - Hermione Granger trataba de tranquilizar a su amigo aunque ella también sentía preocupación.

- ¿Y si se perdió? Quiero decir, ella no conoce el bosque, que tal si esta perdida.

- Si tu pudiste salir de allí, ella también podrá. No es tonta.

- Calma Harry, seguramente debe estar con Malfoy - habló el pelirrojo con desprecio.

Harry no le había contado a su amigo de su charla con su prima, él no lo entendería así que solo opto por asentir bajo la mueca de desprecio que el pelirrojo tenía. Le molestaba que él hiciera esa cara por su prima, ella no era mala solo tenía mala junta pero a Ron le costaría entender eso.
En las frías mazmorras, una pelirroja de cuerpo atractivo se preguntaba lo mismo. No había visto a su mejor amiga aunque suponía que estaba con sus amigos de Gryffindor y eso le causaba celos. Claro, suponía mal.

- Debe estar con su primo, Zora. No tienes por qué preocuparte - dijo Daphne, su nueva amiga.

- Sí y eso es lo que me molesta - Zorayda se recostó en el sofá con mueca de enfado. Su amigo de cabello platinado la miraba a su par con cierta gracia - Tu la viste, ¿no es así?

- En la mañana - contestó él.

- ¿Y luego dónde fue?

- Gryffindor - rodó sus preciosos ojos grises.

- Odio que este siempre con ellos.

- Zora, creo que ella esta más tiempo con ustedes que con los Gryffindor.

- ¿Entonces por qué no la vi en todo el día, Daphne?

- Quizá fue una excepción - se hundió de hombros la rubia.

- Callate - gruñó la pelirroja intercambiando miradas con Draco Malfoy, quien pensaba lo mismo que su amiga. Él también creía que su mejor amiga no pasaba el tiempo suficiente con ellos, el tiempo suficiente con él. Aunque también sabía perfectamente que en parte era su culpa por alejarla todo el tiempo y hacerla sentir menos. No lograba entender como la morena podía soportar aquella actitud de su parte y volver siempre aunque el la tratara como si de escoria trataba. Eso lo devastaba.

- Debió ser Slytherin - oyó que la pelirroja aún refunfuñaba y Daphne Greengrass rodaba los ojos.

- Voy a dar un paseo.

Draco Malfoy abandonó la habitación.
Mientras tanto la pequeña cachorra aún seguía buscando la ayuda de alguien por los desiertos pasillos del castillo. Ya estaba cansada y no tardaría en volver junto a su dueña en el bosque hasta que un muchacho que daba un paseo nocturno la encontró.

- Hey, pequeña.

El muchacho se acerco a la cachorra y se sorprendió al notar que esta no se tiraba para que la acaricien como normalmente hace sino que comenzó a ladrar desesperadamente indicando un lugar hacía afuera. Él comprendió perfectamente aquel comportamiento y siguió a la cachorra corriendo hasta el lugar que le guiaba. Un leve sentimiento de temor apareció en su pecho. Sabía que Aadhya era buscada por los mortifagos, el mismo oyó eso de el Señor Tenebroso y tenía miedo de lo que se fuera a encontrar cuando se adentrara al bosque prohibido, que era donde lo estaba guiando la pequeña perra. Recorrió un oscuro sendero que lo llevo hasta un claro que se estaba congelando. La cachorra se detuvo a ladrar en un punto especifico donde había mucha nieve acumulada. El muchacho no lograba entender a que le ladraba, solo veía una montaña de nieve hasta que, entrecerrado más los ojos, logro visualizar el rostro de la chica que tanto le gustaba bajo la nieve. Rápidamente se acerco y con la ayuda de su varita quito la nieve que estaba sobre su cuerpo, se sacó su túnica de Slytherin y envolvió a la chica con ella para luego tomarla en brazos. Estaba congelada y si no se apuraba a llegar podría agarrar un resfrío, neumonia o hasta una hipotermia. Se apresuró a llevarla dentro del castillo seguido de una cansada Arubina. Una vez dentro subió un tramo de las escalera cuando se detuvo a verla.
Realmente le gustaba esa chica, desde la primera vez que la vio. Y en ese momento le fascinaba verla dormitar con su cabello frío y mojado cubriendo su rostro. Era la primera vez que la tenía así de cerca, la primera vez que la tenía en sus brazos y se sentía tan reconfortado. Lo que estaba apunto de hacer era un acto egoísta pero suponía que no tendría ninguna otra oportunidad de tenerla solo para él de nuevo. Baja lo poco que había subido de las escaleras y se sumergió hacía dentro de las mazmorras llevándola a la Sala Común de Slytherin. Ya era pasada medianoche por lo que no había preocupación alguna de que alguien la vea allí, así que la recostó en el sofá de cuero negro en frente de la chimenea. Mediante magia hizo aparecer mantas para cubrirla y se sentó delante de ella para contemplarla. Merlín, estaba tan estúpidamente enamorado de ella y ella ni siquiera lo notaba. Era como si le hubieran dado una poción de amor demasiado fuerte y estaba idiotizado por ella, por su forma de ser, por su risa, por sus gustos muggles y por todo ella.
Tomo un mechón de cabello que cubría su rostro y lo alejo de su rostro, no le dejaban verla bien. Aprovechó eso para acariciar su rostro lo que le causo un escalofrío agradable y causando que Aadhya se removiera. ¿No podía sentir que la nieve la estaba enterrado pero sí un leve roce? Vamos.
Aadhya comenzó a abrir los ojos y observo la habitación confundida hasta que se encontró con los ojos de su acompañante.

- Te dormiste en el bosque - informó él - empezó a nevar y la nieve te enterró.

- ¿Cómo me encontraste? - pregunto ella frunciendo levemente el ceño.

- Bueno, digamos que Arubina es muy fiel a su ama - giró a ver a la perra que dormitaba plácidamente frente al fuego - creo que estuvo alrededor de una hora buscando ayuda y por suerte la encontré yo. Me llevó hasta donde estabas y te traje hasta aquí ya que no puedo pasar a tu Sala Común.

- Creo que merece un premio.

- Definitivamente.

Se quedaron en silencio unos segundos mirándose el uno al otro. Él no lo sabía, pero Aadhya también tenía ciertos sentimientos por él.

- Gracias Theo.

El sonrió. Le gustaba escucharla decir su nombre.

- ¿Pero dónde dormiré?

- Pues, si quieres en un rato puede ir a la torre de Gryffindor o puedes dormir en mi cama. Yo dormiré en el piso.

- Estamos rompiendo las reglas - rió y el se enterneció - contigo.

- Entonces vamos, Aadhya.

Aadhya se puso de pie aun un poco entumecida por el frío y siguió a Theo hasta su habitación con su mascota en brazos. La habitación de Theo era grande, de piedra gris y una cama grande con acolchado verde. Solo para él, como había dicho Zora. El castaño le presto una remera y unos pantalones. Aadhya bajo a la caniche y se tiro en la cama despojándose de su ropa y poniéndose la otra sin tener cuidado de que Theodore la vea. Esté un poco avergonzado giró su rostro hacía otro lado luchando con las ganas de verla y tocarla. Luego de que ella se acomodara en su cama repitió su acción pero Aadhya no se negó el observarlo. Descubrió que su cuerpo estaba cubierto de esos lunares que tanto le gustaban y que su físico estaba en bastante buen estado.

- No hace falta que duermas en el suelo, Theo - dijo ella cuando vio que comenzaba a sacar sus cosas - duerme conmigo.

Él no se lo esperaba y automáticamente su rostro se torno rojo haciendo que Aadhya riera.

- Por favor, Theo. Si habrás estado con cuantas mujerzuelas.

- Pero tu no eres una mujerzuela - murmuró y se acerco a paso tímido a la cama, acostándose junto a ella.

- Buenas noches, Theo - dijo ella acercándose para plantar un beso en su mejilla. Theo solo se puso mucho más rojo. Aadhya sabía que lo estaba poniendo nervioso y lo disfrutaba, pero también disfrutaba tenerlo cerca. Se abrazo a su cuerpo haciendo que él corazón de Theo latiera rápidamente y se propuso a dormir. Theo nunca había estado tan feliz.


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