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No debiste volver. » La Sala de los Menesteres.
No debiste volver. (ATP)
Por CabelloDespeinado
Escrita el Sábado 24 de Diciembre de 2016, 03:33
Actualizada el Lunes 20 de Febrero de 2017, 01:58
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La Sala de los Menesteres.

- Entonces... ¿ya tuviste un ligue? - pregunté a mi pelirroja cuando la encontré dirigiéndose al Gran Comedor a la hora de la cena. Ella me contaba como Blaise había intentado algo con ella ayer mientras yo estaba siendo arrastrada por Malfoy. Claro que yo aún no había contado nada de eso.

- ¿No crees que es muy pronto? - respondió pasando su brazo por mi cuello, como normalmente hacia - No lo hice. Él quería pero le deje en claro que no soy tan zorra como aparento.

- Ya quiero ver lo que le hiciste - reí jalándola del brazo para adentrarnos más a prisa al Comedor. Blaise Zabini tenía un ojo morado y estaba discutiendo con Theo quien se reía de él.

- Eres una genia - reí fuertemente haciendo que Zabini me viera con odio.

- Lo sé - sonrió satisfecha - ¿Vamos a almorzar a otra parte?

- Por supuesto.

Fuimos a las que serían nuestras respectivas mesas  para tomar la comida que necesitáramos y nos dirigimos nuevamente hacía la enorme puerta de roble, pero una cabellera grasienta nos obstruyó el camino.

- ¿A donde van, señoritas? - dijo Severus Snape con voz arrastrada.

- Pues... tenemos tarea que terminar, profesor - respondí.

- Sí, estamos tratando de ponernos al día - dijo Zora esta vez.

- Espero que no estén tramando ninguna cosa o tendré que bajarle puntos, señorita Black.

- ¿De en serio? - dije levantando una ceja un tanto indignada.

- No me haga empezar con su insolencia.

- Discúlpela profesor - sonrió Zora para calmarlo - no haremos nada, solo estudiar.
Zora me tomó del brazo para sacarnos de allí.

- ¿Eres tonta?

- Lo siento, pero no toleraré su comportamiento.

- Lo harás si no quieres meterte en problemas. Vamos.

Siguió tirando de mi brazo para subir escaleras y dirigirnos al cuadro de la señora Gorda. Al llegar allí Ron y Harry entrando con molestia en sus rostros.

- ¡Buenas! - saluda efusivamente Zora para luego pasar por sus costado.

- Hola - responde Harry - ¿dónde van?

- A la Sala Común.

- ¡Espera! - exclamó Ron - ¿Vas a meterla allí?

- Sí - respondí como si nada.

- No puedes hacerlo, ¡es de Slytherin!

- ¿Y desdé cuándo me importa eso, Ron?

- Es que realmente no puedes hacerlo, Aadhya. Son las reglas - informó Harry.

- Bah - me encogí de hombros - ¿algunos de ustedes me delataran?

- No - respondieron al unisono.

- Entonces no hay drama.

Tome del brazo de Zora y la arrastre hasta la habitación de las chicas donde nos recibió una Hermione junto con Arubina y su feo gato cuyo nombre no recuerdo.

- No nos delates, por fa - dije antes de que hablara. Me dedico una mueca de aprehensión y asintió.

- ¿Quieres? - Zora le ofreció un bol con palitos de queso que ella acepto - lamento invadir tu espacio, Hermione, pero necesito hablar de cosas con mi amiga.

- Si quieren me voy para que charlen tranquilas - dijo la castaña mientras se levantaba para irse.

- No hace falta, cariño.

- Sumate a nosotras - dije parada frente un espejo mientras me quitaba el maquillaje - y cuéntanos de tus problemas con él pelirrojo.
Hermione enrojeció.

- No tengo problemas.

- No te creo - habló la pelirroja - ¿por qué está tan molesto contigo ahora?

- No lo sé, creo que siempre esta molesto conmigo.

- Algo debió haber sucedido.

- Tal vez está celoso - comenté mientras recogía mi cabello en una cola.

- ¿Celoso?

- Sí, por ese McLaggen. Anda detrás de ti, ¿no? Lo debe tener celoso.

- No lo creo... ¿qué te sucedió ahí, Aadhya?

- ¿Dónde?

- En el brazo.

Hermione apunto hacía mi muñeca donde estaban los moretones que quedaron de ayer por culpa de Draco. Mierda, había olvidado ocultarlos. Zora se acercó a mi rapidamente y tomo mi brazo para analizarlo seriamente.

- ¿Quién te hizo esto, Aadhya Rose Black?

- Calmate - solté una risita - fue Draco.

- ¿Draco? - exclamó Hermione poniéndose de pie con cierta furia en su rostro.

- ¿Y te ríes, Aadhya? No puedo creer que ese idiota te hiciera eso.

- No se preocupen, fue un accidente.

- ¿Qué accidente? - preguntaron ambas y proseguí a contarles lo que ocurrió ayer. Me sorprendió un poco que Hermione se haya preocupado, normalmente le doy igual, supongo que no es tan odiosa como creía que era.

- Sigue siendo un idiota - dijo la castaña aún molesta.

- Es igual, Hermione - dije acariciando a Arubina - se disculpo y es lo que importa.

- Sí pero, ¿arrastrarte así por el castillo causándote un moretón horrible solo para demostrarle al imbécil de su amigo que "eres suya"? Es un comportamiento realmente repugnante, no entiendo como puede gustarte.

- Oh, ¿ella lo sabe? - inquirió Zora.

- Se dio cuenta ella sola.

- Inteligente la niña - consultó su reloj rosado - debo irme, chicas, tengo tarea de Adivinación.

- ¿Tomas esa clase? - preguntó Hermione con ligero desprecio.

- De hecho soy una experta en la alquimia - contestó la pelirroja dirigiéndose hacía la puerta con aires de superioridad - un placer hacer amistad contigo, Hermione. Nos vemos luego, chicas.

Zora salió por la puerta dejando a la castaña con cierta incredulidad en el rostro. Reí y volví mi vista a mi cachorra pensando nuevamente en como hacer para entretenerla mientras no estoy. Al cabo de un rato decidimos bajar con los chicos y Hermione aprovecharía para hacer la tarea. El pecoso y el niño del rayo estaban sentados en el sofá hablando de algo que no escuchaba. Tome asiento en medio de ellos y Hermione en el suelo, dejando sus libros sobre la mesa para ponerse a hacer su tarea de no se que cosa. Harry me sonrió y paso un brazo sobre mis hombros para atraerme más a él. Pase el resto de la hora quejándome en voz alta con ellos dos sobre mi problema con Arubina haciendo que estos se cansen de mi y que los demás en la Sala Común se fueran porque no me soportaban. ¡Malditos! No me entendían.

- Es terrible - me lamente apoyando mi cara en medio de mis dos manos.

- No es para tanto, Aadhya.

- Tú no entiendes, Ron - tomé la pelota de Arubina y volví a lanzarla por la Sala Común - ella estaba acostumbrada a espacios abiertos.

- Aquí hay mucho espacio - dijo Harry esta vez señalando por la ventana.

- ¡Serán brutos! - exclamé - afuera esta congelado. No puedo dejarla por allí libre para que se hunda en la nieve y menos con gente a la que no conozco y desconfío suelta por el castillo.

- Puedes buscar un salón en desuso - dijo Hermione.

- Tal vez.

Arubina, aburrida de la pelota, empezó a curiosear cerca de la chimenea cuyo fuego estaba encendido. Nos encontrábamos Harry, Ron y Granger sentados en el sofá de la Sala Común luego de cenar. De a poco los alumnos subían a sus respectivos dormitorios para dormir mientras que otros, como Hermione, terminaban su tarea bajo la luz de las velas. Nosotros solo nos quedábamos para hacerle compañía.

- ¿La sala común no es suficiente? - preguntó Ronald.

- Siempre esta abarrotada de gente. Necesito un lugar donde dejarla mientras estoy en clases  y ella pueda comer, jugar, dormir, orinar y lo demás.

- ¿Por qué no lo dejas en tu casa?

- Es lo mismo, Potter. Mi madre nunca esta en casa.

- ¿Y que tal Hagrid? - dijo Ron.

- Podría matarla si no la ve.

Arubina acerco su pequeño hocico al fuego haciendo que se queme parte de su cabello mientras se lanzaba hacia atrás con un pequeño aullido. Hice ruido con mis labios para llamarla.

- Niña boba - murmuré acariciándole la parte chamuscada. Mi mente trabajaba a mil para poder tener alguna idea de donde podría dejar a Arubina en mi tiempo libre. En Ilvermorny la podía dejar libre por los lares de la escuela, los Pukwugdies la protegían y a veces jugaban con ella.

- ¿Qué tal con los elfos? Son parecidos a los Pudwikesos- sugirió Harry.

- ¿Qué son esos? - preguntó Ron.

- Los guardianes de su escuela o algo así.

- No correré el riego a que la cocinen.

- Eres complicada, Aadhya.

- ¿Y la Sala de Menesteres? - dijo Harry.

- ¿La qué?

- La Sala que viene y va - informó Ronald sonriendo.

- Eso podría funcionar, Aadhya - hablo Hermione esta vez.

La Sala de Menesteres es una habitación que una persona sólo puede entrar cuando tienen una necesidad real. A veces esta ahí, y a veces no lo está, pero cuando aparece, siempre está preparada para las necesidades del buscador. Solo esperaba que mi petición no fuera tan absurda y aparezca igual. Era casi medianoche y corría el riesgo de que aquel conserje me atrapara pero estaba ansiosa y no podía esperar así que Harry me presto su capa de invisibilidad, me dio indicaciones para llegar al séptimo piso, tome a Arubina y me dirigí hacia allí bajo los regaños de Hermione. Cuidaba de no hacer ruido pero ella gruñía a todo lo que veía y empezaba a arrepentirme por no haber esperado. Doy una ultima vuelta más y logro visualizar el tapiz de Bernabaz el chiflado que Harry menciono que tendría pero ademas del tapiz, un muchacho con el cabello como el oro se encontraba parado delante de este y automáticamente la caniche empezó a gruñir. Tuve que tapar su hocico con mi mano porque arruinaría mi plan de seguirlo.



                                                                                   ***


No se que tipo de hechizos estábamos tratando de practicar en esta clase, simplemente no prestaba atención, pero Zora lo había hecho unas diez veces de manera perfecta.

- Supongo que ese es su secreto.

- Sí, pero aun falta algo - dije con la mirada perdida en los libros apilados que se encontraban hacia el frente del salón.

- ¿Por qué no le dices?

- ¿Qué?

- Claro - dijo Zora acomodando su cabello hacia atrás - preguntale que es lo que hacia ayer por la noche en aquel lugar junto aquel armario.

- ¿Y crees que me lo dirá así sin más? - bufé al mismo tiempo que sonaba la campana del receso. Guarde mis cosas en mi morral mientras observaba a todos los presente y la ausencia de Draco se notaba. Suele faltar a varias clases y ahora creo que se en donde se esconde - ¿crees que esté ahora allí?

- Pues no lo sé - contesto la pelirroja dirigiéndose hacia la salida - ¿por qué?

- Quiero seguirlo.

- ¿De nuevo?

- Sí, tengo curiosidad de saber que hace.

- ¿Y si esperas hasta que sea de noche? Tenemos con Snape ahora y no creo que quieras saltar su clase.

- Mierda - masculle y accedí.

Al igual que en la clase anterior, no logré concentrarme. Draco también había faltado a ésta pero creo que a él no le afectaría en lo más mínimo por ser Slytherin. La clase pasó muy rápida y toco la última clase del día que era Herbología, a la cual tampoco preste atención.

- Te veo muy distraída, Aadhya. ¿Sucede algo?

Me había sentado junto a Theo ya que Zora había decidido sentarse con una de sus compañeras, Daphne Greengras (perra traidora) y Zabini estaba junto a ellas del otro lado del salón. Draco sí había asistido a esta clase y tomo asiento junto a mi del lado contrario a Theo pero estaba igual o peor de distraído que yo y en su rostro había notable cansancio.

- No sucede nada - contesté después de un tiempo.

- ¿Segura? Te ves como si...

- Te dijo que nada, Nott - habló un Draco Malfoy frío - dejala.

- Imbécil - susurro con molestia el castaño volviendo su vista a su trabajo.

Fije mi vista en Draco, tan distante y ceñudo. Su mirada podría asustar a cualquiera, incluso a mi me causaba cierto escalofrío, pero me causaba más intriga. Él y su misterio me intrigaban, me llamaba, me atraían, como aquel bosque prohibido.

- Deja de desearme tanto, Aadhya.

Supongo que ya lo estaba viendo mucho y de manera poco disimulada. Mi rostro enrojeció levemente pero no aparte mi mirada, me acerque más a él.

- Lo siento, pero es lo único que puedo hacer luego de saber que no cumplo con los requisitos.

Draco mascullo una risa y sentí la mirada penetrante de alguien detrás de mi pero le reste importancia.

- Supongo que tendré que hacer alguna excepción contigo - suspiro pesadamente.

- ¿Conmigo haces excepciones, Draco? - sonreí coqueta.

- Solo porque soy buena persona, no te acostumbres.

- ¿Y follar con chicas es tu buena acción? - reí.

- Sí, deberías agradecerlo. No follo con cualquiera.

- ¿Y lo harás conmigo, Draco? - dije con voz baja y seductora mientras me acercaba más a él de manera provocativa. El me vio de arriba a abajo, sonriendo con malicia, y eso aumentaba mi ego.

- Contigo hago lo que quieras.

Justo al finalizar esas palabras un ruido sordo se oyó en mi otro costado y justo al voltearme pude ver como Theo trataba de sacar su mano de la boca de una planta.

- ¡Merlín! - exclamé antes de tomar mi varita y lanzarle un conjuro a la planta para que soltara la mano de mi amigo.

- Mierda - refunfuñó. Su mano estaba cubierta de sangre y lo apunte con mi varita lanzando otro hechizo para detener la sangre que salía.

- ¿Ya esta bien? Creo que debes ir a la enfermería.

- No - dijo en un quejido - no, no es nada.

- ¿Seguro? Eso podría infectarse, Theo - repuse con preocupación - ¿cómo sucedió?

- ¿Cómo fuiste tan tonto? ¿Metiste tu mano en su boca a propósito, Nott? - Draco hablo nuevamente para burlarse de él.

- Draco, por favor - suplique con la mirada y calló.

- Olvidalo, Aadhya - suspiro para luego tomar sus cosas y dirigirse hacia la profesora para pedir salir de allí.

Suspire mientras volvía a mi lugar nuevamente. La mesa quedo hecha un desastre con sangre y bilis derramado por todas partes. Cuide que nadie me viera y, una vez más, use la magia de mis manos para limpiar el lugar.

- Te verán - advirtió Draco.

- No te preocupes.

- Tu novio es un idiota.

- ¿Qué? - lo miré confundida.

- Meter su mano en una planta carnívora solo para que dejes de hablar conmigo y le prestes atención. Por favor, que patético.

- Que inventos tienes - reí. La campana que daba por finalizada la clase sonó y la muchedumbre de estudiantes se apresuraban para salir logrando que se amontonen en la puerta. Guardé mis útiles y me decidí por preguntarle a Draco no de manera directa. Si quería descubrir que era lo que ocultaba debía ser cautelosa.

- Draco - me puse a su par una vez fuera del salón - ¿haces algo hoy a la noche?

- No, Aadhy - respondió mirando hacia el frente - pero si quieres follar esperame en la puerta de mi Sala Común.

- ¿Qué? ¡No! - reí - solo tenía curiosidad.

- Oh claro, ahora que tu novio esta en la enfermería no quieres hacerlo. Esta bien, tu te lo pierdes - sonrió con sorna.

- Oh vamos, al menos un beso - bromee.

- Ya perdiste tu oportunidad.

- Vamos Draco, yo se que desearías volver a besar estos labios. ¿No era el mejor beso que te dieron?

Me miró sonriendo como si recordara algo y eso fue suficiente para llenarme de esperanza. Tal vez estaba recordando aquella vez en la fuente de su casa cuando dimos nuestro primer beso o en el bosque luego del mundial cuando fue el último. Nunca fuimos novios, nunca tuvimos una relación concreta, solo fueron besos cada cierto tiempo y luego ninguno hablaba de eso pero era algo que me encantaba hacer.

- Espero que no hayas perdido ese don.

- ¿Por qué no pruebas? - sonreí.

- Tal vez lo haga.

Iba a responder pero el grito de Zora llegando junto su amiga nueva me interrumpió y por primera vez en mucho tiempo me sentí completamente molesta con ella. Muy molesta.

- ¿Cómo están, tórtolos? - canturreó feliz colgándose del cuello de ambos.

- Bien hasta que llegaste, Zora - dijo entre dientes molesto mi rubio.

- Siempre es un placer hablar contigo, Draco.

Draco negó con la cabeza y me miró. Sus ojos grises volvían a estar cálidos cuando me miraba.

- Nos vemos luego, entonces.

- Me debes un beso - dijo no muy bajo ni muy alto, solo para mi - recuerdalo.

Y con un guiño se fue del lugar dejándome sumamente ilusionada.  

- De acuerdo, ¿qué fue eso?

Por un momento había olvidado que tenía a dos acompañantes junto a mi. Volteé para ver a Zora pero lo primero que salió de mi fue una mirada fulminante y jalón de cabello.

- Zorra - mascullé.

- ¿Qué hice? - preguntó con inocencia mientras acariciaba su cuero cabelludo.

- Iba a besarme.

- ¿¡Qué!? Rayos, no me siento contigo una clase y me pierdo de todo. Sin ofender - le dijo a la rubia y ella solo sonrió - Aadhya, ella es Daphne. Daphne, Aadhya.

- Es un placer - me dice extendiendo su mano para estrecharla.

- Igual.

Empezamos a caminar las tres mientras le contaba a Zora y Daphne lo que había ocurrido en clases y me sorprendía ver como es que no se daban cuenta de absolutamente nada. Luego de un rato decidimos dejar nuestras cosas en la Sala Común para después ir a cenar. Decidí cambiar mi uniforme por ropa muggle: calzas, una remera simple y una sudadera de Ilvermorny. Deje la ropa en el suelo para que los elfos lo lavaran ya que tenía salpicaduras de pus y sangre. Bajé a la Sala Común para encontrarme con mi primo y Hermione sentados en el sofá.

- ¡Potter! - exclamé tirándome encima de él.

- También estoy feliz de verte, Aadhya - rió.

- ¿Me haces un favor? - pedí al mismo tiempo que me acomodaba en sus piernas.

-  Sí, ¿que sucede?
- ¿Me prestas tu capa de nuevo? - hice "ojitos". Hermione rió.

- ¿Para qué?

- Es una misión secreta.

- No puedo prestártela si no me dices para qué.

- Ay, ¿desde cuando eres tan amargado? - protesté mientras me sentaba a su lado con mi cuerpo hacia su dirección.

- Dime.

- Es para seguir a alguien - confesé en voz baja.

- ¿A quién? - inquirió con curiosidad.

- Es un secreto te he dicho.

- ¿Pero me dirás luego?

- Te lo prometo, ¿me lo prestas? - sonreí abiertamente.

- Esta bien - dijo luego de un suspiro - ¿cuando?

- Esta noche...

- No deberías hacer eso, Aadhya - la voz de Hermione sonó detrás de mi - te podrían atrapar.

- No Hermione, para eso le pido la capa a Harry - volteé mi cuerpo quedando sentada de frente pero con la cabeza hacia Hermione.

- Debería sancionarte como prefecta - dijo seria.

- ¿Me harías eso a mi, Hermione? - pregunte escéptica.

- No, pero sigo pensando que no debes salir a recorrer el castillo a altas horas de la noche, Aadhya.

- Hermione... ¿sabes cuanta gente recorre el castillo a altas horas de la noche y nadie le dice nada ? - rodé los ojos.

- Pero no por eso deberías hacerte tú. Es peligroso, podrían...

- Expulsarte, sí. Vamos a cenar - tiré del brazo de Harry y salimos.


                                                                            ***


Ya era casi medianoche y ya estaba debajo de la capa en la entrada de la Sala Común de Slytherin esperando a que Draco saliera cuando luego de 15 minutos más lo hizo. Aún traía su uniforme puesto pero más desaliñado. Camino por los pasillos silenciosamente conmigo detrás suyo. Intentaba a toda costa no hacer ruido, pero supongo que uno siempre sabe cuando lo observan y en especial cuando lo siguen. Dio unas vueltas más por unos pasillos hasta que finalmente llegó a aquella dichosa pared. Se paró delante de él y cerró los ojos durante unos segundos, pensando en su necesidad, y la puerta apareció. Draco tomo la perilla y empujo la puerta cerrándola casi al instante pero logré adentrarme pegándome junto a él corriendo el riesgo de tocarlo y arruinar mi plan. Al entrar al cuarto mi ojos se asombraron con lo que vieron.
Estaba en un cuarto del tamaño de una gran catedral, cuyas ventanas dejaban caer rayos de luz sobre lo que parecía una ciudad con altísimos muros, construidos por objetos escondidos por generaciones de habitantes de Hogwarts. Había callejones y caminos formados por vacilantes pilas de muebles rotos y dañados, puestos ahí, quizá, para esconder la evidencia de magia mal hecha, o guardados por los orgullosos elfos domésticos del castillo. Había miles y miles de libros aparentemente prohibidos, rayados o robados. Había catapultas con alas y Frisbees Colmilludos, algunos todavía con vida suficiente en ellos como para revolotear débilmente sobre las montañas de los otros objetos prohibidos. Había botellas despostilladas con pociones congeladas, sombreros, joyas, capas; algo que parecían cascarones de huevo de dragón, botellas con corcho cuyos contenidos todavía brillaban malévolamente, varias espadas oxidadas y un hacha pesada y ensangrentada. Draco se interno en uno de los tantos callejones formados por aquel tesoro escondido. Pasó un enorme troll relleno y dobló a la derecha, conociendo perfectamente el camino, como si hubiera estado aquí miles de veces. Jugueteó con una manzana verde que traía en su mano mientras se acercaba a algo enorme cubierto por una manta llena de polvo. Draco tiró de ella dando a descubrir un armario de forma extraña. Me acerque en silencio para ver más de cerca casi tropezando con unos libros que se encontraban desparramados por el suelo. Draco se le quedo viendo con un ligero desprecio, pensando en algo ajeno  a mi. Abrió las puertas del armario y coloco la manzana dentro de el para cerrarla nuevamente. Sacó su varita y apunto hacia el armario cerrando los ojos.

- Harmonia Nectere Passus.


Recita y dentro del armario aparece una luz, brilla y se mueve, luego cesa. Draco vuelve a abrir el armario y la manzana ya no esta. Sonríe satisfecho ante mi oculta mirada de sorpresa y vuelve a cerrarlo. Recita las palabras nuevamente, con su voz aterciopelada, y el armario repite lo de antes. Draco lo abre y toma la manzana que esta vez estaba incompleta, le faltaba un trozo. Draco resoplo frustrado a la vez que yo volvía a tropezar con otro par de libros los cuales esta vez observe. Libros de reparación mágica y armarios evanescente ¿Para qué querría Draco eso? ¿No era mejor un reparo? Entonces caí en cuenta.
Draco quería reparar el armario evanescente, este tenía un gemelo en algún otro lugar. Este debía ser su secreto y el causante de su constante frustración pero, ¿para qué lo querría?. Retrocedí cuando vi a Draco acercarse hasta uno de los libros con los que me había chocado y por error choque contra algún estante detrás de mi provocando que tropezara sobre mi misma y un pilar de cosas cayeran encima de mi cuerpo haciendo que gimiera de dolor.

- ¿Quién está ahí? - demando furioso apuntando su varita hacia mi dirección - ¿Potter? ¡Despul...!

- ¡No! - grité haciendo que se detenga - Soy yo, soy yo.

Draco se acercó febrilmente hacia mi sacándome la capa de Harry y tirando de mi para ponerme de pie y acorralarme contra la pared. Los ojos de Draco ya no eran cálidos y mucho menos fríos, ardían, ardían de furia.

- ¿¡Qué haces aquí!? Responde - ordenó. Tenia sus manos en el cuello de mi sudadera apretándolos  con fuerza.

- Me... me perdí - dije en un intento de sonar convincente.

- Te mando Potter, ¿no es así? ¡Él te mando a seguirme!

- No - dije débil.

- ¿Qué haces aquí entonces?

Tenía su rostro tornado rojo tan cerca del mio que podía sentir su calor. No tenía miedo, pero era intimidante y me ponía nerviosa.

- Te seguí - confesé.

- ¿Cómo? ¿Por qué? - apretó el agarré y tome fuerzas para soltarme de él con molestia.

- ¿Cómo? Lastimosamente nos dirigíamos al mismo lugar solo que para tu desgracia yo estaba cubierta y te seguí. ¿Por qué? Porque quiero saber que mierda es lo que escondes.

El chico de cabello rubio respiro agitadamente durante un rato mientras fijaba su mirada en mi, como si estuviera analizando, y finalmente decidió sentarse en un sillón roto y lleno de polvo que se encontraba allí. Pase mi vista en el armario luego a los libros y al armario otra vez para finalmente posarla en Draco que escondía su rostro en sus manos.

- Así que aquí te escondes - dije viéndolo. No respondió - ¿para que quieres reparar el armario?

- No es de tu incumbencia, Aadhya - dijo gélido.

 Nos quedamos en silencio por unos minutos con el único sonido de una canción que repetía la misma estrofa que emitía algún disco rayado. Draco no se había movido ni emitido ningún sonido en todo este tiempo. Me acerqué a él, sentándome a su par en el sillón, pero apenas me senté él se levanto molesto de allí.

- ¿Por qué tienes que ser tan malditamente curiosa, Aadhya? - preguntó frustrado delante de mi.

- Me tenías preocupada y quería saber.

- No, no te tenía preocupada. Eres un metida, es por eso.

- No soy una metida, Draco - me puse de pie frente a él - ¿para qué quieres el armario?

- Te he dicho que no es de tu incumbencia.

- ¿Planeas escapar o algo así?

- ¡No te interesa! - se acercó con furia hacia mi tomándome por los hombros - ¿Qué demonios quieres, Aadhya?

- ¿Ahora? Ayudarte.

- ¿Qué?

- Quiero ayudarte con esto.

Draco aflojó su agarre mirándome confuso. Sí, quería ayudarlo aunque no tenía ni idea del por qué de todo, solo quería disminuir su estrés y su preocupación aunque sea ajeno a mi.

- No puedes - dijo con la voz quiebra.

- ¿Por qué?

- No tienes ni idea de lo que esta pasando, Aadhya.

- Entonces explicame, Draco.

- No es de tu incumbencia.

- Te ayudare de igual manera.

- ¡No es de tu incumbencia! - gritó volviendo a tironear de mi sudadera. Ese grito tan cerca de mi rostro y tan fuerte en mis oídos había logrado asustarme - Eres solo un maldito estorbo, Black. Y no quiero que esto salga de aquí, ni siquiera se lo cuentes a la estúpida de tu amiga, ¿entendiste? O te las veras conmigo - asentí con un poco de temor pero con mucha tristeza - vete.

Draco soltó su agarre, volteo dándome la espalda mientras se despojaba de túnica y se quedo así durante unos segundos. Supongo que esperaba que me fuera pero no podía reaccionar. Había quedado impresionada por la forma en la me había tratado, en la que me había amenazado. Quería llorar, quería volver el tiempo atrás y estar con el Draco que conozco, y no con este chico de cabello rubio y aspecto de enfermo que la vida me dio a cambio del mío.

- Vete - masculló con amargura nuevamente pero no me moví. Me senté en el sofá, levantando polvo con el impacto, y pensé.

Pensé, pensé, pensé.

- Aadhya...

- Quiero ayudarte - dije en voz baja, muy baja, sin levantar la mirada.

- No puedes.

- Pero quiero hacerlo, Malfoy - levanté la vista para descubrir que se había dado vuelta para mirarme - no importa lo que sea, dije que estaría para ti siempre aunque sea algo malo y digamos que esto no parece ser para algo bueno realmente, sino no serías tan... así.
Su mirada paso de ser dura a suave y un tanto triste. Se acerco una vez más a mi y se agachó para quedar a mi altura.

- Aadhya - puso una de sus manos en mi mejilla. Frías, como todo él - no tienes ni idea de lo que podría ser esto.

- ¿Por qué no me dices?

- No estoy listo para perderte de nuevo.

- ¿Tan malo es? - asintió - ¿por qué lo haces?

- No tengo opción, Aadhya - su tono melancólico me causó un escalofrío.

- ¿Alguien lo sabe? - asintió - entonces soy la única que no puede.

- Eres la única que me importa realmente.

Draco acuno mi mejilla derecha y me miraba de forma diferente pero triste a la vez. Recorrí su rostro notando enormes ojeras bajo sus preciosos ojos y su piel pálida con una sombra grisácea. Lucía enfermo y eso me preocupaba demasiado. Acercó su rostro al mio, sabía perfectamente lo que iba a hacer y como lo deseaba. Ya lo sentía, mi estomago se estremecía y me ponía nerviosa, un comportamiento no digno de mi. Pero al mínimo contacto, al casi inexistente roce de labios, cambio de dirección hacia mi mejilla libre dejándome con una horrible sensación de deseo.



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