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No debiste volver. » La clase de pociones.
No debiste volver. (ATP)
Por CabelloDespeinado
Escrita el Sábado 24 de Diciembre de 2016, 03:33
Actualizada el Sábado 10 de Junio de 2017, 00:37
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La clase de pociones.


Esto de las rivalidades era completamente estúpido ¡ni mesas se podían compartir con otras casas! O bueno, entre leones y serpientes. Las miradas de desprecio de las serpientes junto con las de desaprobación de los leones estaban puestas en mi desde que entre al Gran Comedor.

- Es un tanto deprimente - comenté tratando de dejar de lado esa sensación de incomodidad que me provocaban.

- Dices que es culpa de Quien-tu-sabes, ¿no?

- Sí, lo vi perfectamente.

- ¿Ya te iras? - pregunto aquella misma chica de voz chillona y cara de perro que la otra vez.

- No - respondí de manera cínica. Hubieran podido echarme a patadas de este lugar pero gracias a mis amenazas más la de Zora seguía sentada en la mesa de Slytherin.

- Dile que se vaya, Draco - murmuró bajo pero pude escucharla.

- Callate Pansy.

Sonreí satisfecha. Draco me dedico una mirada inexpresiva y volvió a sumergirse en su mundo. Realmente no sabía si intentar acercarme a él o acatar a sus ordenes, pero estar cerca suyo era algo que necesitaba y me obligaba a mi misma a creer que ambos lo necesitábamos. Lo había intentado durante estas dos semanas pero él simplemente desaparecía y nadie sabía donde estaba.

- ¿Se lo dirás a Dumbledore? - preguntó Zora junto a mi con su vista también en Draco Malfoy.

- Es lo que debería.

Los alumnos de Slytherin estaban exageradamente apartados de nosotros por lo que era muy difícil que nos escucharan. Necios. Preferían estar amontonados e incómodos a estar sentados cerca de nosotras.
Nos levantamos de nuestros asientos para ir a clases de Transformación. En el camino me cruce con mis amigos quienes estaban un tanto molestos porque estos días solo me juntaba con Zora, Theo y Blaise Zabini. Bueno, digamos que solo Ron era el que estaba realmente molesto, a Harry solo le preocupaba que los Slytherin me hicieran algo y a Granger le daba completamente igual. Claramente, los demás Slytherin no sabían que Theo y Blaise se juntaban con una "sucia" Gryffindor (apodo en cortesía de la cara de perro), solo creían que estaban junto a mi porque era amiga de Zora y estos dos querían ligar con ella. Como todo Slytherin.
Las únicas clases interesantes eran esta y, aunque me cueste decirlo, las de Defensa Contra las Artes Oscuras. Todo lo que estaban dando los había aprendido en mis años anteriores. La clase de Transfiguración del día de hoy consistía en conjurar canarios, hechizo que aprendí en cuarto año. Solo Zora, Hermione y yo logramos hacerlo.
El día había pasaba aburrido de clase en clase metiéndonos trescientas tareas cada profesor hasta que finalmente tuvimos periodo libre y mi serpiente y yo decidimos deambular por la escuela descubriendo lugares nuevos cada vez más. Cada minuto que pasaba por los pasillos del castillo me daba cuenta de que tenía un encanto inusual, algo misterioso y enigmático. Pero que sin duda sabía cómo enamorar. Al igual que los ojos grises.

- ¿Y si nos fugamos de la escuela? Quien diría que Hogwarts resultara tan aburrido.

- Creo que le hacíamos falta nosotras - dije.

- Oh, ¿y si organizamos una fiesta? - exclamó con entusiasmo.

- ¿Donde lo haríamos? Recuerda que nadie puede entrar en nuestras salas comunes y luego esta aquel molesto conserje.

- Esta el bosque prohibido, cielo.

- No lo sé, Zora.

- Vaya Aadhya, ¿desde cuando eres tan aburrida? - inquirió con burla.

- No quiero problemas ahora, Zora. Es eso.

- Cariño, tu eres un imán de problemas. ¿Recuerdas cuando robabas Whisky de fuego del despacho del profesor Harriet?

Lancé una risa al recordar las hazañas que teníamos cuando andábamos de ebrias. El profesor Jansel Harriet era también un ebrio y en su despacho tenía un armario lleno hasta el tope con botellas de Whisky de fuego. Por las noches entraba de a puntillas para robar y luego llevarlo a nuestra habitación y perder el control.

- Deberíamos repetirlo - dijo riendo Zora. Sabía a que se refería pero realmente ya no estaba interesada en pasar por esa etapa nuevamente.

La campana que anunciaba el cambio de hora sonó y nos encaminamos arrastrando los pies hacia las mazmorras donde se encontraba la clases de pociones.

- Señoritas.

Blaise paso un brazo por los hombros de Zora pero esta vez no se quejó. Theo apareció junto a mi.

- Hola Aadhya - sonrió.

- Hola niño bonito - sí, Theo me agradaba y en estás dos semanas que estuvimos conviviendo se lo hacía saber a toda costa.

- Theo, Aadhya un puede ser más obvia y tu no la besas, ¿eres gay, hermano? Si yo tuviera la oportunidad...

- Callate, Blaise. Si tuvieras la oportunidad te acostarías con todas - reímos ante eso.

- ¿Celosa?

- Ya quisieras.

- Aadhya - dijo tímido Theodore - ¿te sient...?

Pero no termine de escuchar ya que, por muy mal educado de mi parte, al llegar al salón de pociones me apresure para sentarme junto a Draco.

- Hola cariño - dijo acomodándome junto a él. Él me vio con irritación primero a mi y luego a todo el salón, estaba todo ocupado y no podría cambiarse de lugar. Se acomodó en su asiento con resignación.

- ¿Qué quieres, Aadhya? - pregunto sin verme.

- Estar contigo, Draco.

- Te dije que te...

- ¿Alguna vez te hice caso? - pregunté con una ceja alzada.

- ¿Quieres que te cuente? Y deja de interrumpirme cuando hablo.

Sonreí al entender que se refería a todos esos retos que me hacía de niños. Barrí con mis ojos el salón: Theodore estaba siendo consolado por Zora ¿de que me había perdido?, mis amigos estaban juntos y los tres me miraban con desaprobación aunque Ron parecía más colérico pero eso se debía al malhumor que últimamente tenía y tendría que tener cuidado de no estar cerca de él durante el resto del día o de la semana. Finalmente, Blaise esta riendo de su compañera de banco, aquella chica irritante, quien me miraba con el mismo enojo que Ron o un poco más.

- ¿Quién es esa? - pregunté a Draco señalándola con la cabeza.

- ¿No recuerdas a Pansy? - preguntó mirándome de una vez por todas. Negué con la cabeza - Pansy Parkinson. Te odia.

- ¿Por qué?

- ¿Debo recordartelo? - dijo con una sonrisa juguetona. Entendí a que se refería y mi estomago se contrajo a la vez que sentí un cosquilleo en mis mejillas.

- Ya decía que esa cara de perro se me hacía familiar - reí al verla y la saludé con la mano. Un poco más y echaba humo.

- ¿Pero que tenemos aquí? Un Slytherin y una Gryffindor - Slughorn entró al salón y se colocó delante de nuestro escritorio - ¡Increíble, increíble! En mis tiempos se odiaban, bueno creo que siguen odiándose pero es bueno saber que hay algunos que quieren hacer la diferencia. Los felicito, muchachos, los felicito.

- Gracias profesor - sonreí resplandeciente bajo la mirada de odio de Malfoy y demás Slytherin- Es importante dejar de lado estas tontas rivalidades en estos tiempos.

- Estoy de acuerdo, señorita - frunció el ceño un momento, analizando mi rostro - ¿cuál es su nombre?

- Aadhya Black, señor.

- Oh, ¿eres hija de Sirius Black? - asentí - ¡Vaya! No sabía que Black tenía una hija, aunque tienes cierto parecido a él.

- Gracias - dije orgullosa. Ser Black era mi orgullo pero no por mi familia, sino por mi padre.

- Muy bien, comencemos la clase - dijo sonriente y se paró en medio del aula.

Las miradas de todos los alumnos presentes recayeron en mi con recelo en especial la de mi compañero quien había quedado mal por mi culpa.

- El día de hoy tendrán que hacer grupos de a dos y junto a sus compañeros realizar un poción. Las pociones están escritas en papeles que están en este recipiente - señaló con una mano un recipiente transparente con unos cuantos papeles - tomarán un papel y realizaran las pociones que les salgan. Bien, pensaba en emparejarlos con sus compañeros de banco pero la señorita Black me dio la estupenda idea de emparejarlos con compañeros de diferentes casa - Slughorn sonrió felizmente a la vez que todos gemían en forma de protesta y me miraban con notable aversión - sí, sí, tienen 5 minutos para elegir por si solos a sus compañeros o me temo que tendré que emparejarlos yo. Empiecen.

Slughorn fue hacía su escritorio a buscar unas cosas mientras que mis compañeros murmuraban por lo bajo palabras de odio hacia mi. Solo podía sonreírles con cinismo.

- Bien - dijo Malfoy a mi lado - prefiero estar contigo antes que con Granger.

- Aw, ¿debo sentirme especial? - sonreí posicionando mi mano sobre mi pecho. Y por primera vez me sonrió.

- Lo eres - pronunció. Oh, no recordaba cuando fue la última vez que me sonrió de esa forma. Tal vez haya sido a los trece luego de nuestro primer beso o en el mundial de Quidditch la última vez que nos vimos. Su sonrisa era cálida y dulce, nadie tendría el placer de verlo y me gustaba pensar que yo era la única además de su madre.

- Bien - volvió a hablar el profesor - ya que nadie más que Black y Malfoy han escogido por si solos, tendré que tomarme la molestia de hacerlo y déjenme decirles que serán su parejas por el resto del año.

Empezó a sentar a Slytherin junto a Gryffindor o Slytherin junto a Hufflepuff y así, leyendo la lista de nombres. A Zora le tocó con Ron y ella fue gustosa a tomar asiento junto él, quería a toda costa llegar al pelirrojo y eso le venía bastante bien.
Luego de posicionar a todos paso por cada mesa con el recipiente. Nos toco la "Amortentia", la poción de amor más poderosa de todo el mundo. Curioso, ¿no? Estoy emparejada con el chico que me gusta desde los once años y nos toca esta poción.

- Ve por las cosas, por favor - le pedí a Draco y obedeció.

Mientras lo veía caminar recordaba cuando nos conocimos, a los 7 años, gracias a mi madre. Ella era muy amiga de los Malfoy en aquel entonces, más concretamente de Narcissa ya que Lucius no toleraba la idea de que se haya casado con un traidor a la sangre.

- ¿Sabes hacerlo? - preguntó Draco llegando a mi lado.

- ¿Por quién me tomas? - tome las cosas que traía y las puse sobre la mesa.

Era un día nevado y mi madre me había llevado a la mansión Malfoy para que conociera a su hijo. Narcissa Malfoy abrió la puerta aquel día y detrás de ella, con un aspecto inocente que ahora estaba muerto, se encontraba un pequeño niño rubio de ojos llamativos. Narcissa me recibió con los brazos abiertos y durante todos esos años me trató como si fuese su propia hija, mientras que Draco al comienzo odiaba tenerme cerca pero como la niña caprichosa que soy y siempre fui, intentaba a toda costa acercame a él y caerle bien, cosa que no tardó mucho en suceder cuando le cedía todos mis dulces cada vez que nos veíamos. Lastimosamente esta vez no sería así.

- Empieza cortando el Asfódelo - ordenó.

- ¿Por qué estas tan serio últimamente? - pregunté para rompe el hielo mientras hacía lo que me pidió.

- ¿Por qué te preocupas?

- ¿Quieres intentar ser amable? - dije seria mirándolo de frente - solo quiero hablar contigo.

Me dolía que sea así conmigo. Antes no trataría siquiera de hablarme así siempre había sido muy dulce conmigo, ahora me trataba como una Gryffindor más.

- He tenido malos días - respondió luego de unos minutos callado. Lo dijo bajito, solo para mi. Quizá no quería que sus compañeros lo vean hablando con una "sucia" leona.

- ¿Puedo saber? - negó levemente la cabeza - puedes contar conmigo para lo que sea, Draco.

- Gracias, Aadhy - respondió con una leve sonrisa y tiró ingredientes al caldero.

"Aadhy"
. Así solía llamarme desde los 11 años, por el simple hecho de que me molestaba, pero en él no, en él nada podía molestarme. Y estúpidamente el que me molestara constantemente hizo que llegara a gustarme. Solía jalarme el cabello, empujarme y cuando me quedaba a dormir en su mansión, las veces que mi mamá salía por el trabajo, me despertaba por las noches asustándome con magia. Se había tomado la molestia de aprenderse hechizos solo para eso. Siempre terminaba molesta y derramando un par de lágrimas del susto, y él se quedaba a dormir gustosamente conmigo durante tres días para cuidarme y consolarme. Años más tarde había confesado que lo hacía solo porque no se animaba a preguntarme si podía dormir a mi lado y todo eso fue lo que hizo que me gustara.
Sin que nadie me vea, con la mano hice que la llama debajo del caldero sea más fuerte y deje que se calentara. Tendría que dejarlo así durante unos 10 minutos pero el calor ya me estaba sofocando así que me desprendí de mi túnica y recogí mi cabello en una cola alta. Draco junto a mi me veía de pies a cabeza lo que me causaba gran satisfacción, aunque Blaise también lo hacía pero prefería ignorarlo.

- ¿Te gusta lo que vez, Draco? - pregunté coquetamente, posicionando mi codo sobre la mesa y poniendo una mano en mi nuca.

- Si te digo que no, miento - sonrió de la misma forma.

- Vaya Draco, ¿ya me quieres? - me acerque más a él.

- Siempre te he querido, Aadhya - revolvió el caldero aun sonriendo. Me hacía sentir bien saber que podía sacarle una sonrisa luego de que haya tenido malos días. En la cena siempre lo veía cabizbajo y muy concentrado en algo que no era su comida.

- Sabes a que me refiero, Malfoy - dije empezando a jugar con mi cabello. Draco largó una pequeña risa al verme y se recargo sobre la mesa acercado su rostro a mi.

- Necesitas ciertos requisitos para que me acueste contigo, Aadhya - guiño un ojo altaneramente y se alejó.

- ¿Tener cara de perro y voz chillona son unos de esos? -reí refiriéndome a Parkinson.

- Ya quisieras ser Pansy.

- No necesito ser esa perra para meterme en tu cama, Draco - sonó como a celos y no lo negaba, estaba celosa de que Parkinson haya pasado por ahí aunque era consiente de que la mitad de la población femenina de Hogwarts lo hizo.

- ¿Tanto quieres entrar en mi cama, Aadhy? - rió con burla. Sí, creo que ese comentario me dejo mal parada.

- Solo te digo que no necesito ser esa para lograr lo que quiero.

- Acabas de confirmar que quieres.

- No lo hice.

- Oh sí, lo hiciste - rió.

- Púdrete.

- Las pociones dudaran un par de semanas así que por favor pongalan a fuego medio antes de irse - habló Slughorn haciendo que todos lo hicieran al mismo tiempo. Sin que nadie me viera nuevamente, apunte con mi dedo repitiendo la acción e hice que las llamas estuvieran en medio.

- No deberías hacer eso, Aadhya - dijo Draco con aprehensión - podrían verte.

- Tu tranquilo - le sonreí. Tomé mi libro de pociones y decía que ahora debería estar de un color lavanda, revise y efectivamente estaba de ese color. Quería terminar esta poción rapidamente solo para saber que es lo que olería y me entro curiosidad de saber que es lo que olería Draco también.

- ¿Estas enamorado? - pregunté de repente sin despegar mis ojos del libro.

- No lo se, realmente - respondió él. Sentía sus ojos puesto en mi - ¿Y tú?

- Supongo que la poción me lo dirá - dije cerrando mi libro.

- ¿La poción?

- Así es.

- ¿Y le harás caso a una poción? ¿Que tal si solo hueles lo que te gusta?

- La poción me hará oler el aroma de alguna persona - dije volteando a verlo - la persona que salga es la que me gusta.

- ¿Y ya? - Draco frunció el ceño confundido.

- Sí. Me gusta el aroma del labial de Zora, si huelo eso me gusta ella - respondí con simpleza haciendo que Draco abra en extremo sus ojos grises - Y si huelo lavanda, me gustas tú.

- Oh bien, soy segunda opción luego de una chica - reí ante su comentario disgustado.

- Vaya, ya veo porque se sientan juntos, eh - dijo Slughorn llegando a nuestra mesa para verificar la poción - hacen bonita pareja.

- ¿Qué? - dijo Malfoy y entendí porque lo decía. Draco y yo estábamos sospechosamente cerca, hablando casi en susurro y reía de a ratos.

- No se preocupen, guardaré el secreto - guiño un ojo - la poción esta excelente. 20 puntos para cada uno.

El profesor de pociones se alejo sonriente hacia otra mesa y Draco se aparto un poco de mi al darse cuenta de que un par de ojos curiosos estaban sobre nosotros.

- Te hago una apuesta - dijo Malfoy de repente.

- Dime.

- Dentro de un mes, cuando huelas estas poción, no tendrás que oler mi aroma.

Sonreí. Era imposible, no me había dejado de gustar nunca y él lo sabía. Era tan evidente.

- Esta bien, pero dentro de un mes tu tampoco tendrás que oler mi aroma.

- Estoy de acuerdo - sonrió.

- Tomaremos Veritaserum para saber si decimos la verdad. ¿Trato? - estiré mi mano hacia él.

- Trato - dijo dando un leve apretón y me arrepentí de haberlo hecho de nuevo. Las mismas imágenes aparecieron en mi mente como aquel día en el baño.

Draco llorando en el piso.

Voldemort riendo.

Draco nuevamente apuntando a alguien con lagrimas en los ojos.

- ¿Qué sucede, Aadhya? - oí la voz del rubio distante.

Draco en el suelo mojado con sangre.

Él escapando.

Cerré fuertemente mis ojos mientras me aferraba a algo que no sabía que era. Dolía, dolía mucho. Me mordía la lengua para no gritar pero no podía evitar largar jadeos de dolor.
Hasta que finalmente cesó. No más Draco sufriendo en mi mente. Relajé mis ojos y aflojé el agarre.

- ¿Se encuentra bien, señorita Black? - preguntó preocupado el profesor Slughorn. Su vista, como la de la mayoría, estaba puesta en mi.

- Sí - jadeé - solo un fuerte dolor de cabeza, profesor.

- Asegúrese de ir con Madame Pomfrey al terminar la clase, por favor.

El profesor se alejó. Observe que era a lo que me había aferrado y era el pecho Malfoy, quien me sostenía de la cintura. Levante mi vista para ver su cara de preocupación y, con la mejillas calientes, me alejé bruscamente de él al tiempo que sonaba la campana. Todos los alumnos salían del salón, excepto Zora que se quedó en la puerta para esperarme con la misma cara que Draco. Recogí mis cosas cuando la voz de Draco me detuvo.

- No sabía que te seguía sucediendo - ya tenía su morral puesto.

- Sí, y ha empeorado con los años.

- ¿Quién más sabe?

- Solo los que necesitan saberlo, Draco - me coloqué el morral y lo miré de frente. El me analizaba de arriba abajo, cosa que ya comenzaba a incomodarme, y sin decir nada comenzó a marcharse.

- Draco - pronuncié. El se detuvo y volteó a verme - ¿por qué no me quieres cerca?

Se quedó callado, como si estuviera buscando las palabras correctas. El salón estaba vacío y Zora decidió esperarme afuera al ver que Draco se quedó. Draco volvió a mirarme calculadoramente.

- Eres una Gryffindor - pronunció no muy convencido.

- Yo era tu mejor amiga, Draco.

- Lo eres - corrigió.

- ¿Entonces por qué no me quieres cerca? - pregunte nuevamente un tanto infeliz. Me dolía que no quisiera volver a estar conmigo, me dolía que quisiera alejarme, me dolía que me haya estado evitando, me dolía que me tratara mal.

- Es complicado, Aadhya - dijo con frustración.

- ¿Entonces no es por lo de las casas?

- Sí, pero no solo eso.

- ¿Entonces que? - pregunté.

- No puedo decirte. Lo siento - se disculpó y opte por aceptarlo. Draco nunca se disculpa y sus ojos mostraban su lamento.

- Pero... ¿dejaras que esta estúpida rivalidad te aleje de mi? - me acerque más a él - no quiero volver a estar lejos de ti, Draco.

Aquella vez en el Mundial de Quidditch fue nuestro último encuentro. Se suponía que nos veríamos en las vacaciones pero luego del regreso de Voldemort y de la Orden, estos últimos decidieron que no vuelva a aparecer por Inglaterra nuevamente. Nos escribimos los primeros meses hasta que me prohibieron hacerlo porque podrían interceptar mi lechuza y saber donde estaba. No volvimos a tener contacto alguno.

- Aadhya - susurró tomando un mechón de mi cabello.

Había sufrido demasiado aquel tiempo y lo único que quería era volver a verlo. Pero ahora que lo logré, él no me quería cerca.

- Te extraño, Draco.

Fue bajo, más para mi que para él, pero logró oírlo. Me sacaba una cabeza o más de altura así que tenía que mirar hacia arriba. Sus ojos estaban tristes y comprendí que luchaba contra si mismo y sus principios. Acercó sus labios a mi frente y deposito un beso tierno en ella. Me dedicó una última mirada dándome a entender que no me dejaría, o al menos era lo quería entender, y salió del salón dejándome, una vez más, sola.



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