Historia al azar: Regulus Arcturus Black
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No debiste volver. » Primer día con Gryffindor.
No debiste volver. (ATP)
Por CabelloDespeinado
Escrita el Sábado 24 de Diciembre de 2016, 03:33
Actualizada el Jueves 10 de Agosto de 2017, 00:01
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Primer día con Gryffindor.

- Levantate, Aadhya - Hermione sacudió mi brazo logrando despertarme. Tal y como había dicho, la luz del amanecer irritaba mis ojos por lo que cubrí mi cabeza con la frazada

- Es hora de desayunar.

- ¿Qué hora es? - pregunté adormilada. Mi voz sonaba un poco ronca.

- Las 7 - respondió con simpleza a lo lejos.

Descubrí mi rostro para que mis ojos se acostumbren a la luz. Me senté en mi cama, tomé mi varita y con ella atraje una remera grande de color gris con el logo de una banda muggle para cubrirme con ella. La remera le pertenecía a mi padre y aún conservaba su esencia. Me puse de pie y estiré la remera lo suficiente para tapar mis muslos, no quería incomodar a Hermione de nuevo, por muy divertido que sea.

- ¿Donde se encuentra el baño? -pregunté a Hermione que se veía frente a un espejo, arreglado su espeso cabello, señalo una puerta que se encontraba a la izquierda.

Tomé una ducha rápida, aunque mis duchas suelen durar de 30 minutos a 1 hora, e hice todas mis necesidades. Salí envuelta en una toalla roja, como todo lo que había allí y Hermione me miró con reproche. Supongo que era demasiado "exhibicionista" para ella; tan reservada y puritana. No dejaría de ser así solo por ella, se que es importante la convivencia pero que se acostumbre. Me puse la ropa interior, luego tomé mi uniforme de la silla y me vestí. Me acerque al espejo para verme: lucía como una vieja. Todo me quedaba asquerosamente grande. Tomé mi varita nuevamente y bajo la severa mirada de Hermione, arreglé mi uniforme haciéndolo más al cuerpo y con la falda una palma más arriba de la rodilla. Ni conservador, ni provocador.
Hermione aun seguía de pie junto a la puerta. Estaba tentada a decirle que se fuera, que podía guiarme sola. Pero el castillo era enorme y no recordaba el camino de la Sala Común al Gran Comedor, y no quería hacer el ridículo perdiéndome en mi primer día, así que opte por callarme.
Tomé unas botas en lugar de zapatos sosos y me los puse, pinte mis ojos con mucho delineador negro y me vi frente al espejo. Nunca peinaba mi cabello salvo después de bañarme. A papá siempre le había gustado mi maquillaje de mortifago, y mi cabello negro rizado y despeinado era como el suyo.

- Terminé - notifiqué a mi compañera quien asintió con la cabeza para luego abrir la puerta y salir de la habitación. Eche un vistazo a la cama de mi otra compañera antes de cerrar la puerta y noté que estaba deshecha.

- Los chicos deben de estar en el Gran Comedor. Vamos - dijo Hermione.

Camine detrás de ella fuera de la Sala Común, recorriendo los pasillos con pequeños grupos de personas cuando una duda nació en mi mente.

- Oye Hermione... ¿Harry les contó lo sucedido? - pregunte con intriga. Sabía que Hermione y aquel Weasley, cuyo nombre no recuerdo, eran los mejores amigos de Harry y no me agradaba la idea de que él ande por ahí divulgando mis cosas.

- Oh no, no dijo nada. - respondió ella - dijo que era asunto tuyo.

Asentí. Agradecía a Harry por respetar mi intimidad, el sabía lo histérica y gruñona que llegó a ser cuando abusan de mi confianza.

- Aunque... si quisieras hablarlo, puedes contar conmigo - empezó a decir - no es necesario que me cuentes lo que sucedió, solo si quieres desahogarte...

Comprendí que esperaba que soltara algo con lo que ella pudiera atar cabos. No soy tonta, había visto a Hermione antes y sabía perfectamente como funcionaba su mente. Ella era muy inteligente, lograba entender las cosas más rapidamente que algunas otras personas y tal vez puede que encuentre alguna solución, pero no confiaba en ella aún.

- Descuida - dije seria.

- Solo decía - dijo tímida - pero como te vi un tanto afligida anoche pensé que sería lo mejor...

- No sucederá, Granger - respondí fría. No me gusta que se quiera meter en mis asuntos.

Hermione calló, en su rostro se mostraba un leve arrepentimiento. Llegamos al Gran Comedor y Zora llegó corriendo hacía mi lado, rodeándome el brazo. Vi Hermione dirigirse junto a Harry y el pelirrojo ya sentados en la mesa de Gryffindor.

- Veo que tu también hiciste lo tuyo - dijo Zora viéndome de pies a cabeza. Repetí su acción con ella que llevaba una túnica con solapas verdes, corbata verde y plateado y un escudo de serpiente en su túnica.

- Bueno, si queremos empezar bien el año es lo necesario - sonreí extendiendo los brazos.

- ¿Qué tal tu noche? - pregunto mi amiga pelirroja.

- Pues, Arubina esta ahí - comenté alegre - aunque ahora que lo pienso no la vi hoy por la mañana.

- Oh, también Jarvis esta aquí.

Jarvis era la gata de 8 meses de Zora. Era una pequeña gata blanca con manchas color café y negras, de ojos verdes y extremadamente mimosa.

- Anoche quise hablar contigo pero no te encontré.

- Sí, sera difícil dormir por las noches sin tener nuestras charlas - dijo ella - es estúpido porque tengo un dormitorio enorme para mi sola. ¡Tú podrías ven...!

- Espera... ¿qué? - interrumpí - ¿Para ti sola? Yo debo compartirlo con Granger y una desconocida.

- Slytherin perra - dijo levantando una ceja, sonriendo con arrogancia. Vaya, pero si los niños ricos tenían su propio cuarto. Mimados.

- Como sea - revoleé los ojos. Miré a mi alrededor y me di cuenta de que gran parte del alumnado tenían sus ojos puesto en nosotras - ¿Por qué nos miran tanto, Zora?

- Según dicen, Slytherin y Gryffindor son casas enemigas - me informó Zora, tomándose de las manos.

- Que absurdo - dije con irritación.

- ¡Jal! - una voz chillona provino de atrás. Zora volteó a verla - Deja de hablar con leones y ven que te debo dar los horarios.

- Ya voy - dijo mi amiga a su dirección, volvió su rostro a mi justo cuando terminaba de revolear los ojos - es increíblemente insoportable.

- ¿Quién es la de la voz chillona? - dije con una leve risa.

- Pansy Parkinson, la prefecta y al parecer la novia de Draco Malfoy... o eso me dejo en claro ayer - dijo esto último en voz baja un tanto confusa. Esperen... ¿dijo Draco Malfoy? ¿Malfoy mi primo?

- ¡Oh, cierto! - exclamó de repente - Draco Malfoy es mi compañero.

- Oh - pronuncié - ¿y no ha preguntado por mi?

- De hecho ha dicho que...

- ¡Jal!- volvió a gaznar aquella Parkinson provocando una mueca de irritación por parte de Zora.

- ¡Ya voy! - le devolvió el grito - nos vemos luego, cielo.

- Sí, claro - sonreí y Zorayda fue juntó a su compañera, haciendo bailar su largo pelo rojo en su espalda. Decidí hacer lo mismo y fui hacia donde estaban mis compañeros. Era bastante sencillo distinguirlos entre todos los estudiantes que ocupaban esta mesa: Weasley con su cabello rojo brillante, igual que Zora; Hermione su espeso cabello enrulado y Harry con sus lentes redondos y su cicatriz resplandeciente. Al llegar junto a ellos pude escuchar que hablaban de mi.

- Duerme desnuda - Hermione parecía estar escandalizada. Reí para mis adentros y tomé asiento junto a ella y otro muchacho de cabello castaño.

- Oh cariño, como si nunca hubieras visto un cuerpo femenino antes - dije irónica.

Hermione dio un pequeño sobresalto y me miró como si hubiera visto a un fantasma. Reprimí una risa al ver su reacción.

- Yo... bueno... no todas mis compañeras se han paseado desnudas por la habitación - dijo mirando soslayo a sus amigos - eres la primera así de... confiada.

- Un poco de confianza en si mismo no esta mal, Hermione - sonrió divertido Harry.
Hermione le dedicó una mirada de desdén y luego se aclaró la garganta.

- Estos son tus horarios - dijo entregándome un papel con las asignaturas escritas. Las observe luego de beber un sorbo de zumo de naranja que anteriormente me había servido.

Al igual que en Hogwarts, en Ilvermorny los TIMOs se dan en 5to año. Tuve la dicha de haber aprobados todos menos Historia de la Magia.

- Puedo... ¿puedo ver? - Weasley pidió tímidamente mi horario y se lo dí un tanto enternecida. Parecía un chico muy adorable.

Harry me pasó un pan untado con mermelada.

- Que buen servicio - dije burlona tomando el pan. Harry se sonrojo un poco y sonreí al verlo. No es que él y yo nos conociéramos de toda la vida pero así parecía, desde que nos conocimos suele tratarme como su hermana pequeña y realmente no me quejaba, era lindo ser importante para alguien. Supongo que es por el hecho de que Harry no tenía una familia y aquellos asquerosos muggles con los que vivía no hacían más que complicarle la vida a mi primo, así que mi teoría era que él trataría de cuidar al máximo la poca familia que le queda y aún más con papá muerto.

- Excelente - oí exclamar a Weasley - tienes el mismo horario que nosotros.

- La suerte esta de mi lado - dije para luego darle un mordisco al pan untado.

-Bien, debo irme a Aritmancia - notificó Hermione poniéndose de pie - suerte en tu primer día, Aadhya.

Sonreí en modo de agradecimiento antes de que se marchara. A la mitad de mi desayuno, una enorme lechuza de color nieve llegó volando para posarse delante mio con una carta en su pico.

- ¿Hedwig? - dijo Harry confundido.

- ¿Es tuya? - dije tomando el sobre que tenía en su pico. "Aadhya" citaba en esta y reconocí la letra al instante.

- Sí - respondió - es extraño que te traiga una carta ti.

- ¿De quién es? - preguntó curioso el pelirrojo.

- De mi madre - guarde el sobre en el bolsillo de mi túnica - luego la leeré.

- Creo que también deberíamos ir a clase - dijo Harry tomando sus cosas - tenemos con Snape.

- Viejo ponzoñoso - gruñó Weasley.

Repetí la acción de mis amigos y camine detrás de ellos hacia fuera del Gran Comedor. Zora grito un "suerte" desde su mesa seguido de unos besos voladores hacia mi. Sonreí y salude con mi mano a mi amiga cuando un Weasley molesto me pregunto:

- ¿Por qué eres amiga de ella? - su ceño estaba ligeramente fruncido.

- ¿Qué sucede contigo? - dije con molestia.

- ¿Conmigo? Tú eres la que se junta con esa gen...

- ¡Ron! - detuvo Harry a su amigo. Con que ese era su nombre - Ella no sabe de las rivalidades de la escuela.

- Oh claro - pronunció - lo siento, Aadhya.

- Descuida - acomode malhumorada mi morral en mi hombro y giramos por un pasillo que llevaba a aquellas escaleras que se mueven. Las odiaba - pero dime, ¿qué es eso de las rivalidades?

- Gryffindor y Slytherin han sido rivales desde siempre - explicó Harry.

- ¿Por qué? - pusimos nuestros pies debajo de las escaleras y estas automáticamente comenzaron a moverse.

- Nunca entendí realmente - dijo Ron esta vez - pero sí son odiosos, en especial ese Malfoy.

- ¿Draco Malfoy?

- Sí, ¿cómo lo conoces? - inquirió Harry con intriga.

- Es mi primo, Harry. Solíamos jugar de niños.

- ¿Ustedes qué? - dijeron al unisono.

- Sí, era un niño muy lindo - sonreí al recordar aquellos tiempo en casa o Malfoy Manor.

- Sí, muy lindo - dijo Ron con amargura - si supieras en la escoria que se ha convertido ahora tu niño.

- No creo que sea tan malo - dije cuando llegamos junto a un grupo de estudiantes que se amontonaron delante de una puerta y, como la vida es tan extraña y como si esta conversación hubiese sido un llamado, ahí apoyado en una pared apartado de todos se encontraba Draco Malfoy. Lucía mucho más grande que la última vez que nos vimos, en aquel Mundial de Quidditch, tenía sus facciones más marcadas y su cabello más corto. No había duda alguna de que era extremadamente guapo. Justo en ese instante, aquel muchacho de cabello platinado levanto su vista y clavo sus ojos en mi. Tuve la tentación de sonreírle pero no lo hice, no sabía si aún se acordaba de mi o algo. Pero el hecho de que no haya despegado sus ojos de mi durante segundos, con una ligera sombra de sorpresa en su rostro, me dejo en claro que sí me recordaba.

- De todas formas - dije cortando el momento - aunque mi mejor amiga sea de Slytherin no dejaré de relacionarme con ella y si tengo la oportunidad de conocer a otras serpientes pues lo haré.

- ¿Estas loca? Son malos - dijo Ron horrorizado.

- Da igual - hice un ademan de mano restandole importancia.

La puerta se abrió dejándome ver al que sería mi profesor de DCAO, Severus Snape, como se presentaría más adelante. Un hombre lúgubre de pelo grasoso y nariz ganchuda que tenía un especial desprecio por mi y al parecer por Harry también, estuvo demostrándolo toda la clase al burlarse de nosotros y tratando de recordarme lo mal hombre que fue mi padre en su tiempo. Cada vez que lo decía yo sonreía, lo que parecía molestarle mucho más, pero sonreía al recordar las cosas que papá solía contarme de él, de su tiempos como Merodeador y de como le hacían la vida imposible a Snape, o "Quejicus".


                                                              ***


- Tienes suerte de haber comenzado las clases un viernes, Aadhya.

Habíamos salido de la interesante clase con Snape (puros hechizos no verbales que ya sabía controlar) y ahora teníamos periodos libres hasta el almuerzo.

- Es el día menos atareado - concluyó Ronald Weasley, el penúltimo hermano de la familia Weasley. Sí, ya le había preguntado muchas cosas y era un tipo bastante agradable aunque con ciertos problemas temperamentales.

- Sí, y mañana están las pruebas de Quidditch - dijo Harry aunque lucía un poco nervioso por eso.

- ¿Te gusta el Quidditch, Aadhya? - inquirió Ron.

- No soy lo que se dice "fanática" pero me gusta.

- Acabas de romperle el corazón Ron - rió Harry al ver el rostro desilusionado del pelirrojo.

Llegamos a uno de los jardines de Hogwarts. Era realmente enorme, más grande que Ilvermorny, y completamente verde. Era precioso. A los lejos se podía ver una espesa arboleda oscura y un tanto siniestra que llamaba mi atención de manera insólita.

- ¿Entonces mañana no iras a las pruebas? - preguntó Ron.

- No... oye, ¿qué es ese bosque?

- Oh - exclamó el pecoso - es el Bosque Prohibido que esta, por lógica, prohibido.

- ¿Ya haz estado ahí antes? -pregunté con interés mirando al muchacho, recargando todo el peso de mi cuerpo en mi pierna derecha.

- Varías veces - dijo este agrandándose.

- ¿Y qué haz encontrado? - parecía una niña chiquita preguntando cosas.

- Pues... gigantes, centauros, arañas gigantes que quisieron matarnos en segundo años...

- Oh sí - intervino Harry - y toda su maldita familia también.

Reí.
La hora del almuerzo llegó, donde nos juntamos con Hermione quien luego se volvió a despedir para ir a no sé donde, sin embargo, no pude hablar con Zora. Luego del almuerzo continuamos con doble clases de Transformación y una de Encantamientos para terminar la jornada. Seguimos recorriendo la escuela mientras quedaba fascinada por cada cosa. Era mucho más mágica que Ilvermorny; los fantasmas, los cuadros, las estructuras del castillo e incluso, por más que las odie, aquellas escaleras movedizas. Tenía cierto encanto, un encanto místico y misterioso a la vez que fantástico, que dejaba entrever los oscuros y maravillosos secretos que escondía. No se podía negar que albergaba cierta belleza aristocrática. Al llegar a la Sala Común, Ronald pronunció una contraseña e ingresamos. Estaba casi vacía, solo se encontraban unos cuantos de 6to y último año haciendo el ocio. Arubina bajo rapidamente por las escaleras, con que ahí estaba, y saltaba sobre mis piernas reclamando atención. Tomamos asientos cerca de la chimenea; mientras Harry se sumergía en un libro de Pociones y Ronald se dedicaba a jugar con un platillo volador con colmillos, yo me senté cerca del ojiverde a leer la carta de mi madre con Arubina en mi regazo.

             Mi cielo:
                              Lamento mucho no haber ido a verte pero ya sabes que mi puesto en la Orden no me lo permite. ¿Cómo estas?¿Estas bien? Dumbledore me ha dicho que quedaste en Gryffindor, la casa de tu padre. He estado muy preocupada por ti, cielo, lamento nuevamente no haber estado contigo en ese momento. Draco Malfoy será tu compañero, ¿lo recuerdas? He hablado con Narcissa para que el te acompañe en tu estadía. Habla con él. Se que estas con Potter pero no lo conozco tanto, así que prefiero que te juntes con el pequeño Draco. Sé que Potter no es mal chico, pero ya sabes, Draco es mi niño consentido. Hablando de él, esta pasando por un mal momento así que no seas tan dura con él
Cuidate mucho, mi cielo. Mantenme al tanto de lo que sucede y no te metas en líos.


                                                                   Te amo.
                                                                            Mamá.

                         Pd: No olvides alimentar bien a Arubina.


Estaba un poco molesta con mi madre por su preferencia con Draco Malfoy.
Mi madre, Athenea Strunk, era una Slytherin sangre pura. Durante sus primeros años era el estereotipo que se tiene sobre los alumnos de esa casa, pero a partir de su 5to años comenzó a relacionarse con mi papá haciendo que este la cambiara por casi completo. Y digo casi porque hay algunas cosas e ellas que la hacen aun una serpiente. Era la mejor amiga de Narcissa Malfoy en sus tiempos de escuela y actuales también, por eso tenía un cierto cariño por Draco.

- Cada vez traes más libros, Hermione - Ronald me quito de mi ensoñamiento. Hermione Granger llegó con varios libros pesados con ella.

- Y solo es de Runas Antiguas - dijo ella largando un suspiro pesado mientras colocaba con delicadeza los libros sobre la mesa y se tiraba sobre un sofá junto al que estábamos nosotros con un rebelde mechón de su cabello espeso en su rostro.

Sin darme cuenta, la Sala Común se había vaciado dejándonos solo a nosotros cuatro en el sofá. Ron hablaba con Hermione de las clases de esta aunque el no le prestaba atención, solo jugaba con su platillo.

- Aadhya - Hermione solicitó mi atención un tanto tímida - ¿Por qué te transfirieron aquí?

- Hermione - reprochó Harry.

- ¿Para qué quieres saber, Granger? - repito, no me gustan que se metan en mis asuntos.

- Es que es extraño que te cambies de escuela de un momento a otro - inquirió con desconfianza - debe haber algún motivo por el cual...

- Granger - me puse de pie de manera brusca - no te metas en mis asuntos, ¿de acuerdo? No eres quien para saber que es lo que sucede o no en mi vida. Con su permiso. - dije para luego abandonar el lugar de manera elegante. Esa chica me empezaba a caer mal, no soportaba su actitud.

Salí por el cuadro hacía las escaleras movedizas en busca de mi pelirroja y para mi suerte a una plataforma más abajo se encontraba ella, con su uniforme verde puesto prolijamente, hablando con el mismo chico castaño del desayuno.

- Aadhya, mi amiga - oí que dijo Zora mientras la escalera se acercaba a donde ellos estaban.

- Debe estar con Harry o Ron - respondió el muchacho apuntando hacía mi dirección.

Zora siguió su mano con la mirada para descubrirme bajando los últimos tramos de laescalera.

- ¡Hasta que te encuentro, cariño! - exclamó sonriente la pelirroja al verme, tomándome de la mano para jalarme hacia ella - Este amable muchacho me ayudo a encontrarte, ¿lo conoces?

- Sí - respondí sonriendole al muchacho - aunque no sé como se llama.

- ¿Cómo te llamas, guapo?

- Neville Longbottom - musitó. Su rostro estaba completamente rojo y eso divertía a Zora.

- Pues muchas gracias, Neville - sonrió coqueta mi amiga. El muchacho sonrió con timidez y se fue a paso apresurado hacia la Sala Común.

Zora soltó una carcajada y comenzó a andar por un pasillo mientras jalaba de mi mano. Ella era así, no desperdiciaría la oportunidad de poner nervioso a cualquier chico que se le cruzaba aunque no me agradaba mucho la idea de que lo haga con Neville, lucía demasiado inocente como para caer en sus feroces garras.
Zora suspiró.

- Menos mal que te dije que luego nos veíamos, Aadhya - pasó un brazo por mis hombros y yo por su cintura.

- Los muchachos me estuvieron mostrando la escuela - dije restandole importancia.

- Uy, ¿ya tienes con quien divertirte?

- No - dije amena - no creo que sean unos chicos para eso. Ronald si es muy adorable y Harry un tipo agradable, son divertidos pero no para un ligoteo.

- Entiendo - dijo apacible - se quedarían enamorados.

- Exacto.

Estuvimos deambulando por los pasillos hasta llegar a perdernos mientras nos contábamos nuestro día. Zora comentaba que había conocido a un tal Theodore Nott que, según ella, más ardiente que el Whisky de fuego. Había intentado ligarselo pero al parecer él no estaba interesado (cosa que hirió su ego) así que dejo de insistir. En cambio, un tal Blaise Zabini estuvo la mayor parte del día detrás de ella, haciendo que su ego se elevara nuevamente. Al llegar la hora de la cena decidimos no ir al Gran Comedor para mejor robar comida de las cocinas (gracias a que Zora se sabe el camino) e ir a un aula vacía.

- Entonces - dijo mi compañera luego de meterse un trozo de pastel de manzana en la boca - viene la amiguita de Draco a ofrecerme su amistad y un lugar en su grupo de amigas, sus perritos falderos, y lo único que pude decir fue: "perra, no necesito tu amistad. Soy la reina aquí".

- Cariño, acabas de ganarte una nueva enemiga - dije divertida.

- Lo sé - ondeó su cabello - pero es que es completamente insoportable con su voz chillona, su afán por querer mandar y su necesidad de atención.

- Tengo suerte de no haber lidiado con ella aún - reí clavando una cucharada en mi pudin.

- Aún. Imaginate como se pondrá cuando empieces a juntarte con Draco de nuevo.

- Sabré controlarla. - dejé el bol terminado sobre la mesa - debemos irnos o aquel conserje nos castigara.

- Hombre horrible - resopló.

Nos alistamos y antes de cruzar la puerta desaparecimos las cosas con un hechizo.

- ¿Crees que Draco quiera volver a hablarme? - pregunté a mi pelirroja mientrascaminábamos.

- ¿Por qué no lo haría?

- Por, ya sabes, las "rivalidades" de las casa - dijo incrédula.

- Pero tu eras su mejor amiga - dijo ella - no creo que lo de las casas le importe.

- Oí que odia a los Gryffindor.

- Cielo, a ti no te puede odiar, por favor.

- Supongo que sí, solo por orgullo.

- Pues le daré la golpiza de su vida si llega pasar.

Llegamos al punto en el que nos debíamos separar. Ella tomaría las escaleras subterráneas hasta llegar a su Sala Común y yo subiría un par de escaleras más para llegar a mi Sala Común.

- Bien, buenas noches, cielo - dijo ella dándome un abrazo.

- Que descanses.

No separamos yendo cada una del lado contrario. Aunque estaba un poco perdida, podía guiarme gracias a los cuadros para llegar a la Torre de Gryffindor. Saludé a la Dama Gorda y entré.



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