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No debiste volver. » Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
No debiste volver. (ATP)
Por CabelloDespeinado
Escrita el Sábado 24 de Diciembre de 2016, 03:33
Actualizada el Sábado 8 de Julio de 2017, 22:37
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Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Acomode mi corbata de mala gana y miré la enorme puerta de roble que nos separaba del Gran Comedor. Zorayda estaba junto a mi, no habíamos hablado desde anoche, aun estaba alterada. Me deprimía el hecho de no volver a mi antigua escuela, todo gracias a ese asqueroso Lord Voldemort y su sucio plan. Sentí que mi cuello se calentaba a la vez que recordaba lo que Dumbledore había dicho anoche. Estaba furiosa. Apreté mis puños mientras maldecía a ese maldito Voldemort por todo lo que causaba.
Sentí una leve presión en mi mano. Zora. Sus ojos verdes estaban cansados y su cabello rojo, por primera vez, estaba desprolijo.

- Tranquila - dijo en contención con una sonrisa.

- ¿Nerviosa? - pregunté devolviendole la sonrisa. Según nos habían contado, tendríamos que pasar por una ceremonia de selección.

- Pues... no realmente. Se que los cautivaré sin siquiera intentarlo - dijo arrogante.

- Ha vuelto la Zora de siempre - reí.

Una profesora de varios años se acercó a nosotras. Era la misma mujer que anoche me consoló. Tenia una túnica color verde esmeralda, un sombrero puntiagudo negro y llevaba en sus manos un sombrero viejo y feo.

- Es el momento, señoritas - dijo Minerva McGonagall, nombre con el que se nos había presentado.

- Y... ¿para qué es ese sombrero feo, profesora? - dijo con disgusto Zora viendo el sombrero. Así era ella, tan fina y exquisita. La profesora le dedico dura mirada.

- Es el Sombrero Seleccionador. Con esto sabrán a que casa pertenecen, señorita Jal - informó - ahora sigamos.

Largué una pequeña risa al ver la mueca de asco que tenia Zora. La profesora abrió las puertas de roble, un gran estallido de charlas y risas y de platos y vasos tintineantes nos recibieron a través de las puertas abiertas del Gran Comedor. McGonagall nos guió hasta la parte de adelante; en el trayecto varios estudiantes (por no decir todos) clavaron sus ojos curiosos en nosotras. Zora, como de costumbre, sonrió. Adoraba ser el centro de atención y le venía bastante bien esta situación. En cambio a mi no me encantaba. Sí, me gustaba que me notaran, pero ahora mismo no lo quería. Me sentía un tanto incomoda, solo quería salir corriendo de allí.
Al llegar a estar frente la multitud de estudiantes, Albus Dumbledore, director de Hogwarts, se puso de pie en la mesa de los maestros con su túnica dorada y morada. Nos dedico a cada una dos segundos de su mirada pero luego fijarla en los alumnos que murmuraban detrás nuestro.

- ¡La mejor de las noches para todos ustedes! - dijo sonriendo ampliamente, sus brazos extendidos para abrazar la habitación completa. Su mano derecha estaba completamente ennegrecida al igual que anoche, parecía estar muerta- Esta noche, como verán, tenemos a dos nuevas alumnas - comunicó cuando todos ya se habían callado - ellas son Zorayda Jal y Aadhya Black.

Los murmullos volvieron al escuchar mi apellido. Lógico, nadie sabia que habría otra Black, se supone que mi padre fue el último en la linea y el falleció en Junio. Estaba orgullosa de ser una Black pero esta noche hasta la mínima fijación que tienen en mi me ponía completamente incomoda y esto de la ceremonia no me agradaba para nada.

- Nuestras compañeras - siguió Dumbledore, alzando su voz para acallar los rumores - son transferidas de la escuela Ilvermorny por temas personales. Para aquellos que no sepan, Ilvermorny es un colegio amigo que se situá en los Estados Unidos. Espero estar en lo correcto cuando digo que se que las trataran bien y serán amables con ellas. ¡Les deseo a nuestras nuevas integrantes una gran bienvenida y un buen comienzo!

El salón resonó en aplausos por unos pocos segundos. La profesora McGonagall hizo aparecer un asiento que por lo que pude deducir era parte de la ceremonia.

- Cuando diga sus nombres se acercaran, les pondré el Sombrero Seleccionador y así sabrán cual es su casa. Zorayda Jal.

Zora pasó al frente y tomo asiento en aquella pequeña silla juntando los pies, siempre con complejo de princesa. Miró hacia el frente sonriendo a los demás, de repente me mira y me hace una seña con la cabeza apuntando hacia cierto punto en el salón. Seguí con mi mirada su movimiento para encontrarme con otros ojos verdes que me observaban con curiosidad. Sonreí al verlo y volví a fijar mi mirada en mi amiga cuyo sombrero ya tenía puesto.

- Ah, gitana - dijo este. Sí, Zora era gitana y una especialista en la adivinación - No había tenido a una así desde hace siglos.

Ella sonrió complacida. El padre de Zora, Zafhir Jal, era un gitano proveniente del medio oriente. Su madre, Aghata Wainburg, era una bruja escocesa que había viajado a Libia para hacer una investigación sobre la magia gitana y allí fue donde se conocieron. La madre de Zora no era gitana, pero sigue las costumbres de esa rama ya que quedo fascinada con lo que era.

- Ah... sí, exacto... SLYTHERIN - gritó el sombrero y la última mesa hacia la derecha de estudiantes con corbata verde y plateada, estalló en aplausos. Zora se bajo de su asiento y se dirigió a su mesa luego de susurrar "suerte" al pasar por mi costado. En la mesa, un muchacho alto de tez morena la recibió plantando un beso en el reverso de su mano. Zora hizo una mueca extraña y se sentó, restandole importancia al chico que se sentó junto a ella sin dejar de mirarla. Ella guiñó un ojo en mi dirección dándome a saber que ya tenía algún posible ligue.

- Aadhya Black.

Un ligero escalofrío recorrió mi cuerpo y los nervios que antes parecían nulos nacieron de repente. Respiré hondo y me acerqué. Al sentarme, la profesora coloco el sombrero en mi cabeza cubriendo casi por completo mis ojos.

- No sabía que Sirius Black había tenido una hija - habló este provocando el murmullo de la gente nuevamente - Bien, se a donde perteneces. GRYFFINDOR.

La profesora quitó el sombrero de mi cabeza permitiéndome ver a la mesa que aplaudía. Me puse de pie y me dirigí hacía la mesa de estudiantes con corbata amarilla y escarlata donde me recibieron con aplausos. El muchacho de ojos verdes me dio un abrazo de bienvenida a la casa que pertenezco. Realmente nunca me tomé la molestia de buscar los atributos de cada casa así que no entendía el por que quede en esta casa, ni cuales eran las cualidades que tenía.
Me senté junto a él siendo el punto de atracción en ese momento. Si Harry Potter no tenía suficiente atención, llegué yo para hacerle peor a su situación.

- Dumbledore me contó lo que sucedió anoche. Estaba ansioso por verte - dijo Harry en voz baja mientras los demás nos miraban con asombro.

Harry Potter es el ahijado de mi padre. Nos habíamos conocido hace un año durante las vacaciones, cuando papá por fin había encontrado un lugar fijo para quedarse. Harry al principió era como si estuviera celoso de mi, al igual que yo de él, pero luego un poco de charla tras varios intentos de acercarnos por parte de mi padre, logramos poder congeniar y llevarnos bien. Compartimos una agradable relación casi fraternal.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó.

- No te preocupes, no he recibido daño alguno... creo - ahora que recordaba, en aquel momento no lograba entender lo que sucedía a mi alrededor, cabía la posibilidad de que haya sido embrujada.

La cena transcurrió ligeramente aburrida. Evadía las miradas de mis nuevos compañeros de casa, compartía monosílabos con Harry y mi plato aún contenía bastante comida. Cada tanto levantaba la vista hacia la mesa de Zora y varias veces la encontraba charlando a gusto con un muchacho castaño y un rubio platinado al que no podía verle bien el rostro. Me daba un poco de envidia ver como se relacionaba tan fácil. Nunca me costo relacionarme con las personas pero estaba cansada y un tanto confundida, mi estado de animo no me permitía socializar. Normalmente solía ser lo que se dice "el alma de la fiesta", tenía muchos amigos ademas de Zora y era atrevida con los chicos. No era una zorra ni nada, pero digamos que podía tener a los chicos que quisiera cuando quisiera.
Observé a Zora lanzar su pelo hacia atrás como hacía siempre que buscaba conquistar a alguien. Ella sí lograba ser un tanto zorra aveces. A ella le encantaba jugar con los chicos para luego desecharlos como pañuelos usados.

- Vamos Aadhya - oí la voz de Harry, miré a todos los estudiantes de pie moviéndose hacía la puerta y esa fue señal que interpreté de ir a nuestro cuarto.

Me puse de pie y seguí a Harry hacía donde sea que se dirigía. Busqué a mi amiga con la mirada pero gracias al tumulto de personas no logré encontrarla. Camine mientras observaba las estructuras del castillo, los cuadros parlantes y al llegar a las escaleras movedizas me tambaleé un poco por la sorpresa. Muchos que caminaban a zancadas, riendo y bromeando cambiaban de dirección hacia quien sabe donde. Llegamos a un retrato, Hermione Granger la prefecta de Gryffindor, dijo una contraseña y entró en la que sería mi Sala Común. Después de cruzar el retrato y recorrer la sala común, chicos y chicas se separaron hacia las respectivas escaleras. Volteé hacía la izquierda y los ojos verdes de Harry estaban puestos en mi otra vez con curiosidad.

- ¿Quieres hablar o... ? - dijo esté afable. Sabía que Harry podría comprender perfectamente todo lo que sucedería más adelante, claro, el lo estuvo cargando sobre sus hombros desde que tenía 11 años... o en teoría, desde bebé. Su rostro me generaban confianza y realmente quería sentarme a hablar con alguien ajeno pero confiable a la vez pero estaba muy cansada, anoche no había dormido absolutamente nada y durante el día me dedique a hablar con Dumbledore sobre su plan y el plan de él. Solo quería encontrar mi dormitorio, lanzarme a mi cama y dormir por siempre.

- Solo quiero descansar - sonreí a él que me miró un tanto desilusionado, supongo que tenía la esperanza de poder hablar sobre eso pero aun no podía digerirlo siquiera y hablarlo me resultaría completamente incomodo.

- Bien - dijo - ehh... Hermione te guiara a tu habitación.

Una chica castaña de pelo tupido me sonrió amable. Me despedí de Harry y de su amigo pelirrojo, y la castaña me guió hacía las escaleras para ir hacía un pequeño pasillo donde hacía casi el final estaría la puerta de la que sería mi habitación. En la puerta de madera estaba un pequeño cartel donde se leía "Aadhya Black" y otros dos nombres a los cuales no les tome importancia.

- Dumbledore se encargó de que solo estuviéramos tu, yo y Katie Bell en la habitación - dijo Hermione abriendo la puerta e ingresando - es una suerte, Katie casi nunca esta y si estuviéramos con las demás tendríamos que soportar sus ronquidos.

Hermione se sentó en su cama que estaba en medio. Era una habitación de tamaño normal, justo para tres adolescentes. Las paredes eran de piedra blanca, las camas cubiertas por frazadas de color rojo y cuatro columnas con cortinas que cubrían toda la cama. Mis cosas estaban en la cama junto a la pared del lado izquierdo, donde al costado tenía un gran ventanal que me venía realmente mal. Solía dormir completamente a oscuras, las luces de la luna por las noches y del sol al amanecer me incomodaban muchísimo. Me acerque para deshacer mi maleta pero el cansancio era mucho que lo hice con la varita. Encima de mi almohada se encontraba mi nuevo uniforme: una falda y un saco fino de color gris, una camisa blanca, una corbata amarilla y escarlata y una túnica negra. Resultaba muy tedioso y más si le sumabas aquellos asquerosos zapatos y las medias largas, debía arreglarlo urgentemente si no quería perder mis costumbres. Tomé el uniforme y lo coloqué sobre una silla que se encontraba a los pies cuando escucho un pequeño ladrido.

- ¡Aru! - grité al ver a mi pequeña caniche blanca saliendo de debajo de la cama.

- Es increíble que te dejaran traerla, no se permitía tener perros en Hogwarts - informó Hermione ya cambiada. ¿Cuándo pasó? No lo sé.

Arubina era la perra que me regalo Sirius hace 3 años, cuando escapo de Azkaban. Era prácticamente el amor de mi vida. En Ilvermorny tampoco se tenía permitido los perros pero tengo la desdicha de ser insoportablemente caprichosa y pude conseguir que me la dejaran llevar a la escuela.

- Pues agradezco que haya hecho una excepción - dije lánguidamente, sujetándola en mis brazos.

Le di unos cuantos besos y la deje en mi cama para poder despojarme de mi ropa. Hermione, ya en cama, corrió la cabeza hacia un costado con las mejillas levemente sonrosadas. Me parecía increíble que esta chica sea tan inocente al grado de sonrojarse por ver a una chica en ropa interior.

- Espero que no te moleste - dije volteando a verla. Se escondió un poco bajo sus mantas ya acostada - pero me gusta dormir desnuda.

- Oh - pronunció incomoda - eres libre de hacerlo si quieres, pero cúbrete.

Sonreí y me acosté en mi cama cubriéndome hasta el cuello con la frazada color escarlata que era muy suave. Deslice mis manos hasta mi espalda y desabroche mi sostén para luego tirarlo al suelo.

- Me dejaré las bragas solo por ti - dije hilarante. Me resultaba gracioso poner incomoda a esta chica. Normalmente lo hacía con los muchachos pero la inocencia de Hermione lo hacía más divertido.

- Gracias - musitó dándose la vuelta hacia el otro costado, dándome la espalda.

Levante un poco la frazada para que Arubina pueda meterse adentro y me acomode, sintiendo su pelaje rozar con mi piel.

- Buenas noches.

Fue lo último que dije antes de quedar rapidamente dormida.


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