Historia al azar: la vida despues de el
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Destino II. Epidemia. » Se acabó
Destino II. Epidemia. (R15)
Por Kajiura
Escrita el Martes 5 de Mayo de 2015, 23:20
Actualizada el Miércoles 4 de Octubre de 2017, 01:30
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Se acabó

XXXIV

Se acabó

 

Bryant supo que le quedarían marcadas las palmas de las manos por tanto apretarlas y es que, Gabriella acababa de notificarles toda la situación que Elizabeth había vivido con Érix Kunne hasta entonces.

-No había querido decir nada antes porque me parece que es un aspecto de la vida de Elizabeth demasiado privado -confesó la erudita-. Si alguien debía pedir ayuda, era ella, pero no ha querido decirnos nada ni siquiera a nosotras que somos sus compañeras de cuarto… -negó con la cabeza-. De cualquier forma, considero que esto se ha salido de control.

-Has hecho bien -asintió el castaño con un movimiento truncado-. El Segundo y yo discutiremos ahora la mejor forma de proceder. Puedes retirarte, Gabriella.

La muchacha realizó una profunda reverencia, antes de girar sobre sus talones y abandonar el gran salón por uno de sus pasadizos.

-Voy a matar a Kunne -soltó Bryant en cuanto el muro se hubo sellado-. Y tú querías que Elizabeth le sacase provecho a la relación… -tembló de pies a cabeza-. Dame un solo motivo por el cual no deba ir ahora mismo a decapitarlo.

-Porque es un miembro del Verzaik -respondió su superior con mirada pensativa-, y eso le da la autoridad de machacarnos si se le da la gana. Y yo no quiero ir a la horca, muchísimas gracias.

-No tiene motivos para…

-Sí los tiene. Si juega bien sus cartas, podría acusarme de negligencia por cómo procedí durante el año de entrenamiento de Elizabeth, en donde casi dediqué mi tiempo entero a ella, en vez de levantar el planeta. Y si nos ponemos exigentes, a ti te pasaría por la guillotina solo por haberte equivocado de hermana. Pero, ah, como le robaste un beso a Elizabeth en el Node… lo más seguro es que te condene a la hoguera. ¿Te parecen razones suficientes?

-No -Bryant paseó de un lado a otro cual león enjaulado-. Tiene que haber una forma en la que podamos pararle, Astucieus -se pasó una mano por el pelo-. Por Senet, no puedo creer que Elizabeth haya decidido cargar con todo esto…

-Es demasiado noble -suspiró el Garque-. Lo único que se me ocurre es modificarle la memoria con una ayatguis. Nunca lo he hecho, pero creo que lo riesgoso de la situación lo amerita… Le haré creer a Kunne que él cortó a Elizabeth por lo del beso, armando todo un escándalo… ya sabes, con sus lágrimas de cocodrilo y su corazón roto.

-Pero entonces seguro acudirá a la prensa -apuntó Bryant inseguro con la idea.

-¿Y? -Astucieus se encogió de hombros-. Estoy seguro que Elizabeth preferirá soportar a la prensa que a ese bastardo…

-¿Y si lo denunciamos con sus hermanas? -sugirió Bryant-. No creo que alguna de ellas apruebe lo que está haciendo.

-No todas sienten aprecio por Elizabeth -acotó Astucieus. Bryant recordó a la menor de las Kunne y gruñó-. De la misma forma en que no lo sienten por nosotros.

-Bien -aceptó Bryant-. Le modifiquemos la memoria ya.

 

-Solo espero que lo que vayan a hacer, lo hagan rápido, porque Elizabeth se está desmoronando tanto física como emocionalmente. Tendrías que verla, Maks, ha bajado tanto de peso y tiene unas horribles ojeras… sin contar con que se la pasa llorando de impotencia cada vez que cree que no la vemos… lo único que lleva con rigor son las pastillas anticonceptivas para no quedar embarazada.

El aludido terminó de llenarle la taza de té.

-Verás que los Garque encuentran una solución -dijo-. Aunque quizá no todo salga a pedir de boca, no sé si estás al tanto de lo ensañados que están algunos reporteros con la posible relación Elizabeth/Bryant y las ventajas que pudieran haberle ofrecido en las pruebas.

-Sí, lo he visto -Gabriella torció los ojos-. Es como oír a la señora Dadle graznar sobre lo mismo. Lo que no entiendo es por qué hacen tanto escándalo con eso, y sin embargo no se han metido con nosotros, por ejemplo.

-Porque no somos tan importantes como ellos. Y sí hubo chismorreos, por parte de algunos candidatos, pero duraron lo que tú estuviste inconsciente en el hospital, o corrían el riesgo de que accidentalmente desertaran de las pruebas.

Gabriella se rio.

-No te imagino disparando miradas asesinas a diestra y siniestra -comentó y le estrechó una mano por encima del escritorio-. Es algo que lamento haberme perdido. Por otra parte…. -suspiró-. Me gustaría que Elizabeth nos contara a Kya y a mí lo que le está sucediendo, a veces me pregunto si no será que hemos sido malas amigas y por eso ella no confía en nosotras.

-Lo dudo mucho -Maks le apretó la mano con cariño-. Es solo que bueno, ponte en su lugar, está intentando proteger a dos personas a las que aprecia, es probable que piense que al contarles, las ponga también en peligro y le sería imposible llevar más carga sobre los hombros.

-Aun así, me gustaría que se abriera, nadie debería soportar algo como lo que ella está viviendo. Igualmente considero que tiene que haber una forma de que ese hombre pague aunque sea un poquito del mal que le ha causado… si tan solo supiera cómo sacarle las cosas a Liz…

-Yo creo que lo sabes -dijo el erudito mientras acariciaba el dorso de su mano-. Literalmente la has visto en todas sus facetas, la has espiado hasta cuando uno buscaría intimidad… Por ende, sabes más o menos cómo piensa, busca la manera entonces de abordarla sin que descubra que has estado encaramada a su sombra. Venga, que se note que eres una digna bakemono discípula de Chihiro Wakana.

-Mmm… eso ya me huele a reto… -ella le dio de toquecitos en la nariz-, ¿me estás pinchando, Maks Kotoro?

El aludido soltó una risita hilarante.

-Puede ser, señorita Altus, al fin y al cabo me encantan los retos.

 

Kya tiró de la sábana con la que Elizabeth se cubría hasta que al fin se la quitó.

-Levanta, dormilona, que hoy hace un día precioso como para ir con un masajista -le dijo, haciendo caso omiso del quejido de su compañera-. Vamos, te he traído un pastelito y un té de frutas para que desayunes. Es poquitito, así que no puedes quejarte

-No tengo hambre -protestó Elizabeth y se cubrió la cara con la almohada-. Y tampoco quiero ir con un masajista, Kya.

-Bueno, entonces, a que te retoquen esos rizos -insistió la aludida-. No sé qué te pasa pero parece que tuvieses toda la intención de dejarlos que se conviertan en un nido de pájaro, cuando antes los tenías preciosos.

-Aprecio el gesto, Kya, pero en serio no tengo ganas de salir de la cama…

-¿Y se puede saber el por qué? -intervino la voz de Gabriella, ubicada en el borde-. Estamos preocupadas por ti, Ely, pero si no nos dices qué te pasa no podemos ayudarte.

-No me pasa nada -masculló la joven-. Por favor, lo único que quiero es dormir.

-Dormirás cuando te mueras -Kya le sorrajó tal almohadazo que hasta Gabriella arrugó el gesto. Le había pedido que le ayudara a sacar a Elizabeth de la cama, pero la erudita se lo estaba tomando muy en serio-. Si no te comes el desayuno que te traje, Elizabeth Monanti, me enojaré mucho contigo, y ya has visto que no es bueno hacerme enojar.

-¡Ay! Kya, creo que me rompiste una costilla -Elizabeth se frotó un costado-. Bueno, ¿pero a qué se debe tanta insistencia porque me levante? -agregó malhumorada, fuera la almohada de su faz-. Las pruebas se han terminado, podemos hacer lo que sea con nuestro tiempo libre, y yo he elegido dormir.

-Dormir no, hibernar -le corrigió Kya ceñuda-. Y precisamente porque tenemos todo el tiempo del mundo es que deberíamos aprovecharlo para salir como amigas.

-Kya tiene razón -intervino Gabriella- Ahora con las reconstrucciones, se han abierto nuevos lugares. Tengo entendido que hasta han aperturado un zoológico.

-¿Un zoo… qué?

-¿Ves? -insistió Kya y tironeó de su mano-. Te faltan muchas cosas por ver como para quedarte tirada en la cama.

-Oh, está bien -se rindió por fin la erudita-. Solo dejen que me duche y me aliste para donde sea que quieran llevarme.

-¡Genial! -exclamó Kya con júbilo-. No te vas a arrepentir, Ely, te lo prometemos.

Gabriella asintió, aunque por dentro más que entretenerla, deseó sacarle una confesión a Elizabeth que fuese provechosa para todas.

Luego de que se comiera el panecillo y el té, Elizabeth accedió a que Kya le aplicase un tratamiento en el cabello, a fin de redefinir sus rizos. Listas, el trío de candidatas optó por ir al zoológico, donde por fortuna no solo había animales mágicos, sino también comunes, Elizabeth supo lo que era un erizo, un jabalí y una avestruz.

-Yo siempre he asociado a la avestruz con la cobardía -comentó Gabriella mientras pasaban por el corral de dichas aves-. Quiero decir, pasan gran parte del tiempo escondiendo la cara…

-Ahora que lo mencionas, yo tuve un novio así -cotilleó Kya-. Su ave era el avestruz y Dioses, solo para que saliéramos a algún lado era un suplicio, porque él veía sombras por todas partes.

-Si a esas vamos, yo salí con un idiota grandullón y comemierda como el orangután que está allí -Gabriella señaló el espécimen con un dedo-, y después, para rematar, con otro principito que se sentía pavorreal y que me puso los cuernos con otra…. -se encogió de hombros, a su lado Kya rio de la comparación animal en la que ambas se habían enfrascado-. Hasta que me topé con mi sexy pantera Maks.

-Yo todavía no sé lo que siento por Egbert -Kya bajó la cabeza-. O sea, él es tan dulce y atento conmigo, pero siento que yo no puedo corresponderle con la misma intensidad y eso me abruma…

-¿Tú qué opinas, Liz? -le preguntó Gabriella a la susodicha, en un intento por integrarla a la conversación.

-Yo… no lo sé -comentó ella con un carraspeo y una marcada renuencia a encontrar sus miradas-. No creo ser la más apta para dar mi opinión con respecto a las cosas del amor.

-¿Por qué no? -preguntó Kya-. ¡Si tú eres quien tiene a la pareja más interesante!

-Eso no es cierto -escupió Elizabeth con tal rabia y resentimiento que sorprendió a ambas eruditas-. ¿O no recuerdas lo de la revista? ¿No recuerdas las incongruencias entre su actuar y sus cartas? -parpadeó y tomó aire, intentando que las lágrimas no se le escapasen-. En fin, es mi pareja y le quiero…

-¿Segura? -intercedió Gabriella-. ¿No te gustaría hablar del tema más a fondo? Podríamos ir a una cafetería discreta y con reservados, así nadie nos molestará mientras tú nos cuentas… venga, yo invito la primera ronda.

-No lo sé… -Elizabeth se movió, incómoda-, solo de pensarlo me da tanta vergüenza…

-Tranquila, Ely -la confortó Kya apretándole una mano con calidez al ver cómo sus ojos se volvían a anegar-. Para eso estamos tus amigas…

-De acuerdo -accedió al fin la joven-. Pero prométanme que no se lo dirán a nadie.

-Promesa de diva, amiga -juró Kya solemne.

-Prometido -agregó Gabriella por su parte.

Tal y como aseveró la pelirroja, la cafetería a la que fueron era sencilla pero elegante, con sus pocos reservados impecables y provistos de hechizos que impedían a las conversaciones escaparse. Elizabeth se vino abajo con una facilidad que asustó a las otras dos, si bien contaba con un plan un poco descabellado para quitarse a Érix Kunne de encima.

-Lo denunciaré -dijo-. Lo denunciaré con todos los medios sino para esto, y será su palabra contra la mía… -tembló-. Por los Dioses, soy capaz de apuñalarlo en el corazón una y mil veces con tal de que esto termine…

-Cálmate, Ely, tiene que haber otra manera… -Gabriella bebió un sorbo de su café-. ¿Por qué no usas la cadena de criadas para enviarles a tus hüteur un mensaje?

-¿Y que Bryant se entere de que he sido la puta de Érix? -Elizabeth se secó los ojos con rabia-. Eso jamás.

-Woah, espera, espera un momento -dijo Kya-. ¿Por qué esa expresión? Lo dices como… bueno, como si te gustara el señor Dikoudis.

Elizabeth se llevó los dedos a los labios.

-Es que… creo que me gusta -soltó por fin.

Kya ahogó un gritito. A Gabriella le entró un ataque de tos.

-¿En qué momento? -preguntó la segunda luego de recuperarse-. Dijiste que el beso en el Node no fue nada para ti.

-Bueno, mentí -Elizabeth se había ruborizado-. Bryant y yo hemos estado manteniendo correspondencia en clave, mensajes encriptados de no más de veinte líneas… Pero todos eran comunes, casuales, más para saber sobre mi día a día que otra cosa… Y entonces fue lo del beso. Me descubrí regresándoselo, pero tuve que rechazarlo la noche en que nos reunimos para aclarar las cosas, no solo porque se suponía que yo salía con Érix, sino porque lo quería fuera de toda esta locura, y sigo manteniendo la idea.

-Santa Afrodita -Kya se abanicó con una mano-, ¡esto es mejor que los culebrones que pasan en la tele!

-¡Kya! -Gabriella le dio un leve empujón-. Esto es serio… Elizabeth, no creo que armar un escándalo haciéndote la víctima sea buena idea, recuerda que juegas para gobernadora y tu pose debe ser impecable, autoritaria incluso, no la de la mujer fatal a la que han violado… aunque esto último sea verdad.

-Gaby tiene razón, Ely, debes mostrarte como alguien firme, capaz de hacer frente hasta el mayor asesino y bruto… como me contaron que lo hizo la señorita Daring, ¿te acuerdas? Bueno, pues, así debes ser tú: impasible. Concuerdo con la idea de enviarles un mensaje a tus hüteur para que ellos se hagan cargo de semejante cocodrilo y, mientras, dejarás de asistir a sus llamados y te dejarás resguardar por nosotras. Seremos como una especie de guardaespaldas mientras toda esta situación pasa, ¿qué les parece?

-Moción aprobada -sonrió Gabriella y llevó su mano al frente, junto con la de Kya.

-Ah, está bien -cedió por fin Elizabeth y unió su palma-. Tendrás que decirle a Megara, Gabs, prefiero enviar este tipo de mensajes con ella, el resto se los encargo más bien a Nezumi, Misaki y el resto de las damas que se han ofrecido a ayudarme.

-Tú tranquila -dijo la pelirroja-. En cuanto lleguemos al Templus la llamaré para que te sirva.

-Bueno, bueno -Kya dio dos palmadas al aire-. ¡Hay alguien que tiene que contarnos sobre su relación con su sexy pantera y pasarnos tips…!

 

 

-Beryl, por favor, no me hagas esto.

La mujer lo ignoró y continuó doblando su ropa para posteriormente guardarla en una maleta.

-Beryl… -Astucieus, aunque ayudado por una ayatguis para modificar la memoria de Érix, se sentía cansado y con pocas o nulas ganas de iniciar una discusión-. Al menos ten la decencia de mirarme a la cara y decirme algo…

-No hay nada que decir -por fin, ella se volteó y lo encaró con mirada nublada por el llanto contenido-. Tú tomaste tu decisión: no te interesa nada sobre nuestro hijo, así que por ende, yo no te quiero cerca ni durante el periodo de gestación.

-Yo nunca dije que no me interesara -objetó Astucieus-. Es mi hijo, por los Dioses. Pero necesito que entiendas que la situación en la que estamos es precaria, porque yo no puedo ascender a la gubernatura de forma directa… al menos, no de forma tan rápida y sencilla.

-¿Ves? Eso es todo, te limitas a presentar esa excusa y ya se acabó, me dejas a mí sin saber qué será del futuro de nuestro bebé. Yo no quiero un hijo bastardo, Astucieus Thrampe, y es algo que mantendré hasta el final. Porque fui hija bastarda, y a pesar de que mi madre fuera una pitonisa reconocida, no tienes idea de lo que es soportar las burlas y el desprecio de los demás…

-Hagamos un trato -negoció el Garque-. Dame tiempo para cambiar la ley que nos impide estar juntos y, mientras y a modo de garantía, yo te daré un apellido para darle a nuestro hijo.

-¿Cuál? -espetó Beryl incrédula-. Tu único apellido es Thrampe…

-No, te daré mi apellido natal, Thrampe es el apellido que adopté al llegar al Templus, el apellido de mi hüteur. No es conocido por aquí, eso sí, pues viene de Cultre del Norte.

-¿Cuál es? -preguntó Beryl con el ceño fruncido.

-Magnus. Mi nombre real es Astucieus Magnus.

-Bien -accedió ella-. Pero eso no implica que quiera verte durante el periodo de embarazo. Salvo que hayas arreglado esa ley o apartado a la jovencita Monanti para tomar su cargo.

-¿Apartado? -Astucieus lució asombrado-. ¿Te refieres a que quieres que la quite del camino? Pensé que era tu mejor alumna y que le tenías aprecio.

La mujer se abrazó el estómago.

-Nadie superará el aprecio que pueda tenerle a mi hijo -declaró con una resolución que ocasionó a Astucieus un escalofrío-. Ni siquiera tú.

-Has dicho hijo… ¿Cómo estás tan segura de que será niño?

-Porque he presagiado sobre él, y el producto que veo es el de un niño. Se llamará Yerik, Yerik Magnus.

Astucieus rio de medio lado.

-Príncipe… ¿no te parece un poco pretencioso?

-Es mi bebé -refutó Beryl tozuda-. Y voy a ponerle como se me venga en gana. Además, el significado de los nombres influyen en la personalidad y el futuro de sus dueños, por si no lo sabías -finalizó tajante, como si el hombre fuese a burlarse de ella.

Astucieus alzó las manos en señal de rendición.

-Será Yerik, entonces -dijo-. Pero al menos déjame visitarte a escondidas para ver tu progreso y escucharlo… creo que te estoy pidiendo muy poco, Beryl.

La aludida estrechó los ojos.

-De acuerdo -aceptó-. Una visita por mes, pero nada más.

-Gracias -el hombre soltó aire-. De cualquier forma, si necesitas algo, puedes comunicarte conmigo por telepatía. Estoy dispuesto a ver que no te falte nada.

Beryl volvió a darle la espalda.

-Gracias, Thrampe, pero estaremos bien. Ahora si me disculpas, terminaré de hacer mi maleta.

Astucieus iba a tomarla de un brazo para darle la vuelta y besarla, pero se detuvo, no fuera a ser que se ganase un bofetón predicho de antemano. En cambio, se alejó de ella unos pasos, antes de irradiar luz y desaparecer.

 

***

N/A:

¡Hola mis amores!

Sé que este es probablemente el capítulo más corto que les he subido, pero hasta aquí llegaba el esquema de planeación del cap y, por otro lado, tengo que contarles algo que, si bien todavía es muuuuuuuy lejano, necesito comenzar a planearlo ya.

Tengo a dos editoriales que quizá puedan interesarse por Cultre. Una está en España y otra, en Cuba. La cuestión es que en Cuba no se imprimen libros de más de 400 págs., así que tengo que ir viendo que esto no se me escape de las manos o de lo contrario, fijarme por dónde voy a comenzar a resumir y a cortar escenas.

Lo cierto es que estoy muy nerviosa porque aunque he corregido Cultre y me han levantado un poco la autoestima literaria, pues, no sé, no dejo de sentirme diminuta ante estas casas editoriales. En especial, tratándose de esta saga. Sí, es cierto, mi currículum está bonito, pero muchas veces eso no importa, a veces hasta creo que hay que tener diez kilos de suerte para conseguir un contrato editorial serio. Y bueno, yo no lo he conseguido…aún. La editorial española ya tiene el manuscrito, en Cuba el proceso es un poquito más complicado y largo, pero bueno, no está de más que crucen los dedos por mí.

En fin, los dejo hasta la próxima entrega, ya saben, dudas y comentarios, ¡tecleen que yo los leo!



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