Historia al azar: El amor
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¡Quiero a los Merodeadores! » El comienzo de todo
¡Quiero a los Merodeadores! (R15)
Por Agus_de_Black
Escrita el Sábado 16 de Noviembre de 2013, 15:41
Actualizada el Miércoles 11 de Enero de 2017, 14:59
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El comienzo de todo


Agosto 22

Aubree abrió los ojos sintiendo su cuerpo sumamente pesado y la cabeza como si estuviera lejos de su cuerpo. Se incorporo de la cama y se detuvo, ¿en qué momento se había acostado allí? Y rápidamente imágenes de la noche anterior le golpearon, provocando que se ahogara. ¿Todo había sido un sueño?

-Hola- dijo una voz suave desde su costado y giro, viendo como un chico castaño de ojoso sumamente claros le estaba mirado con la cabeza ladeada. Llevaba lo que parecía ser un piyama de verano bastante normal. Inmediatamente se atraganto. Además de ser súper guapo, le resultaba demasiado familiar. Como si lo hubiese conocido de otra vida- ¿Podrías explicarme por favor dónde estamos?

Salto de la cama, alejándose de él.

-¿Quién eres?- pregunto jadeando.

-Me llamo Remus…

-¡No!

-…Lupin- alzo una ceja, consternado y Aubree contuvo las ganas de golpearlo por hacerle una broma tan mala como esa- ¿Nos conocemos?

-No- negó rápidamente y de repente se sintió como una tonta- ¿Cómo es posible que te sumaras a esto? Ni siquiera te conozco. ¿Acaso Dakota te ha pagado?

-No entiendo de que me estás hablando- murmuro mientras se incorporaba de la cama, haciendo de esta una barrera automática- Perdón, pero es la verdad- agrego al ver que ella fruncía el ceño- Y no conozco a ninguna Dakota, sea quien sea.

-¿Acaso crees que voy a creerte?- espeto, poniéndose de mal humor sorpresivamente- Esas serían las palabras exactas que cualquiera en tú lugar diría.

-Entiende… Yo no estoy intentando hacer nada, solo entender que está sucediendo- y por muy raro que pareciera Aubree se sintió obligada a creer a la mirada que él le estaba dedicando, como si todo el universo gritara que ese chico no era de los que solían mentir a menudo.

Por todos lados intento buscar una explicación, pero ninguna le era capaz de explicar lo que estaba sucediendo. Sabía que muchas personas en el mundo podían haberle puesto Remus a su hijo, incluso ella tenía planeado llamar así a su hijo, pero era imposible que un chico como él llevara ese nombre. Debía de tener dieciséis o al menos diecisiete, porque más no aparentaba, y pensando en años hacía atrás era imposible, porque Remus John Lupin había aparecido en el tercer libro, no en el ´96.

-¿Eres inglés?- pregunto alzando una ceja.

-Sí- asintió- Nací en Liverpool, Inglaterra. ¿Tú también eres inglesa? Hablas bien el idioma, aunque te falta un poco…

-¿El tono?- pregunto, adivinando precisamente lo que iba a decir- Soy americana- contesto y enseguida supo que él no sabía en qué lado del mundo estaban- ¿Sabes dónde estábamos?

-No- negó sonriendo- Fue lo que te pregunte cuando despertaste, antes de que empezaras a gritarme.

-Estamos en Estados Unidos- murmuro, viendo como lentamente se le iba desfigurando la sonrisa hasta quedar mirándola seriamente- California, precisamente.

-¿En Estados Unidos?- pregunto, ahogando un jadeo y la puerta de la habitación se abrió de golpe, dándole el paso al resto de los chicos que había visto la noche anterior dentro de su cuarto. Ellos también llevaban piyama, aunque nada comparado con lo que vestía el castaño.

-¡Nos has transportado a otro continente!- chillaba el azabache de ojos grises mirando al otro azabache- ¡Tú!- dirigió la mirada a Aubree se sintió intimidada de inmediato. En su colegio había chicos hermosos, que destacaban sobre todos los que en su vida había conocido, pero ese chico debería ser ilegal. A pesar de estar frunciendo el ceño y tener una expresión dura, ahí estaba, luciendo como un perfecto dios recién salido del Olimpo- ¿Dónde dijiste que estamos?

-En Los Ángeles, California- contesto automáticamente.

-Canuto no le eches la rabia a ella que no tiene nada que ver- despotrico el azabache que tenía gafas y todas las barreras de lo lógico se derrumbaron en ese momento. Sabía quién era con solo mirarlo. El cabello, la mirada, la sonrisa, era exactamente como se había imaginado a James e incluso tenía parecido al Harry de su cabeza. Sin poder evitarlo ahogo un sollozo y se arrojo a abrazarlo, sintiéndolo fuerte entre sus brazos- ¿Estás bien?- pregunto acariciando suavemente el cabello castaño de Aubree cuando ella hizo más fuerte el agarre a su cintura y comenzó a sollozar. Sus ojos recorrieron los rostros de sus amigos, buscando una explicación.

-Lo siento- gimió apartándose de golpe y limpiándose las lágrimas que surcaban sus mejillas con el dorso de la mano- Fue algo bochornoso. Lo siento, de nuevo- murmuro, sintiéndose tonta por haberse dejado dominar por los sentimientos. No es que creyera totalmente la escena que se presentaba ante sus ojos, pero algo le había gritado que debía hacer eso, abrazar a aquel chico que se había sacrificado por su hijo y por la mujer que tanto había amado.

-¿Estás bien?- pregunto esta vez Remus acercándose a ella.

-Claro que lo estoy-murmuro sonriendo mientras se sentaba en la silla de su escritorio- Solo que no puedo creer que esto esté sucediendo- murmuro, ahogando un jadeo.

-¿Qué cosa?- pregunto James, quien le miraba con ojos dulces.

-Ustedes, se supone que…- y se mordió el labio, silenciando su propio comentario. No podía decirle que no existían, que provenían de un libro, de un mundo creado por una excelente escritora porque los papales se intervendrían y ellos la considerarían como loca- ¿Cómo llegaron hasta aquí?

-No sabemos- murmuro una cuarta voz y el corazón se le congelo en la garganta. Si en verdad el que le había despertado era Remus, el que había entrado a los gritos era Sirius y al que había abrazado sorpresivamente era James, ese debería ser…

-Peter Pettigrew- murmuro con ese tono de voz que solo utilizaba con Dakota y la sangre comenzó a hervirle mientras avanzaba dando zancadas al joven castaño de ojos marrones. Se detuvo un segundo antes de alzar las manos para estrangularlo. Algo dentro de ella se lo había gritado.

-¿Me conoces?- pregunto el castaño mirándole con ojos brillosos y Aubree retuvo una arcada.

-Creo haber escuchado tu nombre mientras estaba dormida- jadeo, zanjando el tema. Sus ojos recorrieron cualquier lado de la habitación sin querer verlo a él y fue ahí cuando se percato de que debían ser pasadas las siete- ¡Mierda!- chillo corriendo a su mesa de luz, donde descansaba el Iphone- Son las ocho y media. No llegare a la primera hora de clases.

-¿Estás pensado en las clases cuando nosotros hemos aparecido de la nada en tu habitación?- jadeo quien debía ser Sirius mirándole con los ojos grises abiertos como platos- Mujeres.

Aubree quiso decirle que en verdad le importaba un carajo las clases, porque odiaba el verano gracias a ellas, que en verdad era un acto reflejo que le había pegado Lydia, su amiga castaña de ojos celestes y postura estricta, pero se mordió el labio y giro a verlos con los brazos cruzados.

-Tengo que conseguirles algo de ropa…- murmuro viendo como dos de ellos solo tenían la parte inferior del piyama y cualquier persona desfallecería con solo ver esa parte de los cuerpos de los azabaches.

-No es que pensemos quedarnos mucho tiempo- intervino Sirius, ladrado más que hablando- Solo dirígenos a tú chimenea y nos iremos por ahí.

-No tengo red flu- advirtió, adivinando lo que estaba planeando hacer.

-¿Cómo que no tienes red flu?- pregunto alzando una ceja- ¿Qué clase de brujas eres?

-No soy una bruja- grazno, mirándole mal.

Los cuatro chicos le miraron desorbitados.

-¿Entonces no vas a la Academia de Salem?- pregunto Remus, alzando una ceja. Le miro un segundo, recorriendo luego el dormitorio con los ojos analizadores y volvió a mirar directamente a los ojos avellana de la joven Aubree- Eres una muggle.

-Lamentablemente lo soy.

-¿Entonces como sabes de la red flu?- pregunto Peter mirándole con ojos soñadores.

-Simplemente lo sé- murmuro, sin mirarlo.

-Está bien- dijo James, notando que la chica no tenía muchas intenciones de sociabilizar con su mejor amigo- Solo llevamos al ministerio y de ahí volveremos a Londres.

Las manos de Aubree comenzaron a sudar y sintió como un nudo comenzaba a subirle por el estomago.

-Estados Unidos no tiene nada de esas cosas.

-¿Cómo que no?- pregunto Sirius alzando una ceja- Hay ministerios conectados en todos los países. Lo sabremos reconocer cuando lo veamos, solo tienes que llevarnos cerca y…

-Es que ustedes no entienden- intento explicar, sin alterarse o delatar cosas que no debían decirse- No sé de donde vengan o como sean las cosas allá, pero acá, en este plano, no existe nada mágico y por ende, no hay un ministerio de la magia a donde ustedes puedan acudir.

Los cuatro intercambiaron miradas y luego le miraron.

-¿Cómo sabes esas cosas?

-¿Podemos hablar en otro momento?- pregunto, sintiéndose sorpresivamente interesada por llegar a clase de Biología- Tengo que llegar a Hollywood dentro de veinte minutos y está un poco lejos de Malibu- al comprender que ninguno entendía indicaciones de las ciudades dentro de Los Ángeles, sonrío- Tengo que ir al colegio.

-Está bien- asintió Remus mientras los otros tres le fulminaban con la mirada- Te esperaremos aquí.

-Si por favor- asintió sonriendo- Cuando venga podremos hablar todo lo que quieran, pero debo irme. Abajo esta la cocina y…

-Lo sabemos- sonrío James- Ya hemos recorrido.

-Vale- asintió, sintiéndose algo incomoda- Pueden comer todo lo que quieran y si van al último cuarto que esta en este pasillo encontraran ropa de chico. Mi hermano tiene de todos los estilos- dije antes de que ellos salieran. Pensar en su hermano le afecto solo un poco y suspire, antes de entrar al baño de la recamara.

Ya vestida, con el cabello hecho un tomate y con los libros dentro del bolso salió corriendo, saltando los escalones de la escalera.

Remus le intercepto antes de que llegara a la puerta.

-Gracias, eres muy amable.

-No hay problema- dijo antes de sacudir la mano y salir en busca del nuevo Mini Cooper color morado en la cochera. Era lo mínimo que podía hacer, después de todo supuestamente ella los había traído hasta allí.

Cuando se detuve en un cruce por la luz roja la mirada se anclo más allá de la costa de Malibu y largo el suspiro que sin saber estaba conteniendo.

Tenía que ser mentira que ellos estaban en su casa, viviendo bajo su techo… fuera del papel de los libros de Harry Potter, cosa que le recordaba agradecer luego a Geena por haberse llevado todos sus libros a su biblioteca.

Sonrío sin poder evitarlo, recordando los rostros de James, Sirius y Remus dentro de su cabeza. Parecían tan símiles a como siempre se los había imaginado y sin embargo a la vez tan diferentes.

Si aquello era un delirio iba a vivirlo hasta el último segundo que durase.

 

 

Largo el bostezo que estaba conteniendo cuando finalmente la clase de biología termino y juntos su cosas rápidamente, ansiosa por llegar de una vez a su casa.

-Aubree- le llamo una voz que conocía demasiado bien- ¿Tienes un momento?- y sintió como la mano se enganchaba en su hombros, dejándole sin chances al rechazo.

Chad Moore poseía la belleza comparable solamente con un dios griego (o tal vez con Sirius Black, ahora que lo "conocía") pero apenas abría la boca mandaba toda la imagen a la mierda. Aubree, a diferencia de la mayoría de las chicas del instituto, le odiaba y jamás besaría el piso por donde andaba por el simple hecho de haber cambiado a Zoey por Dakota, en un vago intento de generar más popularidad.

Más que odiar la escuela de verano, más que odiar a la propia Dakota Johansen, lo odiaba a él por haber suspendido sus mismas materias.

-¿Qué quieres?-grazno, dedicándole la misma mirada que conservaba para la  reina del colegio.

-Oye, tranquila, ¿sí? Solo quiero hablar contigo de una cosa.

-Dime- accedió, cruzándose de brazos- Pero te advierto que si trata sobre Zoey me voy sin dirigirte una sola mirada- agrego y noto como la expresión triunfante había sido suspendida por otra totalmente diferente- ¿Enserio crees que voy a hablar de mi mejor amiga contigo?

-Tú eres mi mejor amiga.

-Lo era hasta antes de ver como hacías mierda a Zoey por el culo de Dakota.

Sabía que tal vez se había superado, que no había medido las palabras y que había comenzando una guerra ella misma por no controlar el carácter de mierda con el que se le caracterizaba. Pero al carajo. Chad no iba a volver  tocar a Zoey en su puta vida antes de pagar cada una de las lágrimas derramadas por la rubia.

-Deja de tomar partido en esto, Aubree, sabes que tanto Zy como yo somos…

-¡No vuelvas a llamarla así!- grito, empujándolo lejos- Y claro que tomo partido. Porque si Zoey te hubiera engañado con Matt como siempre has pensando que ha sucedido estaría de tu lado, porque es lo correcto, Moore, y lo sabes.

Ambos intercambiaron miradas y Chad agarro sus cosas, saliendo del salón sin mirarle nuevamente.

Aubree suspiro, conteniendo las lágrimas por haber tratado mal al que alguna vez había sido su mejor amigo, y se aferro al bolso que colgaba de su hombro antes de salir apresurada del salón.

Cuando iba cruzando la entrada principal del instituto una mano cincho de su bolso y enseguida se preparo para gritar, antes de encontrarse con la siempre presente sonrisa de Geena y sus iluminados ojos azules. La castaña llevaba su uniforme de la banda y enseguida al ver el rostro tenso de su mejor amiga, frunció el ceño, intentando adivinar que estaba sucediendo.

-¿Estás bien?- pregunto ladeando la cabeza.

-Solo me asustaste Geen- murmuro volviendo a recobrar al aire que había perdido- No me acordaba que hoy estabas aquí.

-Esa cabecita- murmuro riendo frotándole la frente con sus nudillos en un gesto dulce- Hoy es jueves, hoy estamos todas aquí.

Aubree se congelo. ¡Era jueves! Los jueves todas terminaban a las diez y media y luego iban a comer a la cafetería a la vuelta del colegio, para más tarde terminar tomando sol en la playa hasta que se hacía la tarde. Era su rutina de todos los jueves, hace tres años.

-¡Chicas, que suerte que les encuentro!- Zoey apareció luciendo su cuerpo en el diminuto traje de porrista para entrenar y Aubree se desespero imaginando que Chad y Dakota ahora tenían tiempo libre para los arrumacos y ella podía llegar a verles- Pamela fue por nuestro bolsos a los vestuarios, ¿vamos yendo?

-En verdad hoy no puedo- murmuro Aubree sintiéndose horrible por dejar su cita con ellas de lado.

-¿Por qué no puedes?- pregunto Lydia acercándose a ellas mientras metía la túnica del salón de químicas dentro del bolso- Siempre puedes los jueves.

-Tengo que estudiar para la prueba de biología- medio mintió, porque después de todo si existía esa dichosa prueba, pero no precisaba estudiar. Que la hubiese dado libre no significaba que no entendiera las células, los huesos y esas cosas estúpidas del cuerpo humano que no le interesaba aprender- Si la salvo quedo libre lo que me queda de las vacaciones.

-Había entendido que no precisabas estudiar para esa materia- Aubree fingió no sobresaltarse por la sorpresiva llegada de Pamela porque debería haberlo notado. La morena lucía su traje del equipo de soccer y el cabello atado en una media coleta, como de costumbre.

-Pero no vamos a arriesgar a que repruebe- dijo Lydia cruzándose de brazos- Otro año dando la misma materia no.

Si ese comentario no le hubiese tocado los ovarios, Aubree estaba segura que le hubiese saltado arriba a la ojiceleste.

-Entonces seremos nosotras solas- Zoey tomo el bolso que Pamela le extendía y sonrío, luciendo como una diosa perfecta- Pasaremos por la tarde…

-En verdad preferiría que nos viéramos mañana.

Zoey, Pamela y Geena vieron a la castaña de ojos avellana con una mueca.

-Es comprensible- dijo Lydia sonriendo. Seguramente feliz de que su mejor amiga hubiese tomado responsabilidades una vez en la vida- Entonces estaremos al tanto.

-Vale- accedió, sintiendo un nudo en el estomago. Odiaba mentirles a ellas, a las únicas chicas que nunca había necesitado alejar de su vida privada.

Zoey y Geena le dieron un fuerte abrazo y Pamela le golpeo suavemente el hombro a modo de saludo. Lydia se encogió de hombros y siguió a las anteriores.

Aubree se quedo allí, sola, mirando como sus mejores amigas se iban hasta que recordó que debía llegara a tiempo a su casa antes de que el delirio desapareciera.

 

 

Suspiro una vez que había dejado el Mini Cooper aparcado en el frente de la casa y entro, siendo recibida por un exquisito olor a comida casera.

-¿Nana?- pregunto alzando una ceja, mientras dejaba que el bolso se escapara de su hombro y cayera contra el suelo y seguía marchado, hipnotizada por el olor a comida dentro de su casa.

Recorriendo la cocina, como si se la hubiese aprendido de memoria, el chico que respondía al nombre de Remus, cocinaba tranquilamente sobre el fuego.

-Ya llegaste- le saludo, girando para verle. Aubree no se preocupo en disimular la sorpresa de que el chico hubiese adivinado su identidad sin siquiera voltear a mirarle. Ya no vestía piyamas, usaba un camisa blanca, justa y doblada hasta los puños de forma correcta, pantalones caqui y lo que podía adivinar que eran converse negras, lo único que lo hacía ver totalmente adolescente- Me disculpo si te ha molestado que hayas tomado esta ropa.

Aubree sintió como las mejillas se le teñían de rojo. Obviamente cualquiera hubiese pensando eso si le hubiesen quedado mirando así.

-No- negó mientras tomaba asiento en el lado opuesto de la isla que hacía de mesa- Es que te queda bien. Como si esa ropa hubiese sido diseñada para que tú la llevaras.

-Gracias- asintió, sin sonrojarse- Es con lo que me sentí más cómodo.

-No hay problema- dice, aguantando las ganas de seguir con la explicación de que su hermano en verdad no va a echarla en falta.

-¿Has terminado con la comida?- el chico que se supone deber ser Sirius entra a la cocina seguido de los otros tres. Él lleva una camisa blanca con el cuello en escote en V y jeans negros lo bastante ajustados como para que sus converse negras parezcan parte del pantalón. James, por su lado, lleva una remera también blanca y una camisa de cuadros rojos arriba, con un jeans azul justo y converse rojos. De un rápido vistazo ve que Peter lleva una remera verde con el símbolo del Capitán América, jeans grises y converse del mismo tono que la remera- Ha, hola, chica que no conocemos el nombre pero nos ha traído a su casa.

Aubree rueda los ojos.

-Me llamo Aubree Jules- les saluda, sacudiendo la mano- Y no les he traído- espeta, frunciendo el ceño. Aunque sabe que de cierta forma no es del todo real- ¿Han hecho algo con esa ropa?- pregunta, al notar que todos son de diferentes tallas. Remus es alto y delgado, Sirius destaca siendo el más alto de ellos pero con los hombros muy anchos, James también es alto y aunque no lo puede ver, por lo tirante que esta la camisa cada vez que se mueve, debe de tener los bíceps grandes, Peter, también destacando, es el más bajo de ellos y a pesar de que la remera es algo ancha, una leve pancita de comida puede notarse. Es imposible que les haya entrado su ropa.

-La hemos cambiado- explica James sonriendo.

-¿Cambiado?

-Con esto- de su bolsillo extiende un palito de madera y aunque Aubree ha jugado con un montón cuando era niña, sabe que ese es especial.

-Oh- es lo único capaz de decir.

-Veo que también sabes de ellas.

-Las he escuchado.

-No eres una bruja pero saber lo que son las varitas- Sirius le mira, con el ceño fruncido y sus intensos ojos grises clavados en ella- Dime tonto, pero, ¿por qué debemos confiar en ti?

-Porque al parecer no pueden irse- explica de forma impulsiva y luego se muerde el labio al ver que el azabache frunce aún más el seño- Es verdad, ¿no? Por eso siguen aquí, porque no se pueden ir.

-No pienses que no lo hemos intentando- se apresura a decir Remus- Pero es que nuestra magia no sirve, no podemos volver a casa. Lo más lejos que hemos llegado es hasta la acera de enfrente y ha costado demasiada energía.

-¿Estáis atrapados en mi casa?- Aubree abre la boca sin poder evitarlo y siente que un panal de abejas pudieran entrarle pero incluso así no podría cerrarlo.

-Eso parece- James se sienta a su lado y le sonríe de una forma extraña. No como un chico, como siempre le sonríen en los pasillos del instituto, de una forma cariñosa que le revuelve el estomago vertiginosamente- Y en tu tiempo también.

Aubree se atraganta con su propio grito.

-¿Cómo?

-Sabemos que nos estamos en 1977- le dice Sirius de mala manera- Así que haznos el favor de decirnos en qué año estamos.

-En el 2013- contesta automáticamente, porque parece ser demasiado intimidante.

Remus deja caer la cuchara con la que estaba cocinando hace solo unos segundos.

-¿En el 2013?- pregunta, absorto- ¿Cómo es posible que nos hayamos trasladado tantos años en el futuro? Es una ley física, las personas no se pueden transportar en el futuro porque el futuro para los que viven en el pasado no existe.

-Lunático deja tus apuntes de libros a un lado- le espeta Sirius.

-Lily…- murmura James en un susurro que Aubree logra escuchar y que le rompe el alma- ¿Eso significa que las personas que conocemos están muertas?

-No precisamente- dice Remus- Tal vez estén viejas, pero no muertas.

-Tenemos que volver a Londres- dice Peter y Aubree le fulmina con la mirada automáticamente sin pensarlo demasiado.

-Es imposible- dice Remus y deja escapar un suspiro mientras sus mejores amigos le miran sin comprender, incluso Aubree lo hace- La única explicación que puede resultar confiable a lo que está sucediendo es que no solamente hayamos saltado en el tiempo, sino también de dimensión.

-¿De dimensión?- James alza una ceja. Es obvio que no entiende nada.

-So volvemos a Londres haremos una paradoja temporal- explica, hundiéndose de hombros. Sirius rueda los ojos- No podemos volver a Londres, no podemos pisar Inglaterra.

-¿Estás loco Remus?- Sirius le fulmina con la mirada y Aubree sabe que está molesto porque Lydia es igual- ¿Entonces que tenemos que hacer?

-Esperar a que volvamos solos, no interferir con lo que está sucediendo. Por alguna razón estamos aquí, así que debemos quedarnos.

-¿Y dónde nos quedaremos?

-En mi casa hay lugar de sobra- Aubree al principio tiene miedo de interrumpir, porque por primera vez presencia una pelea merodeadora- Mis padres no están nunca y hay cuatro dormitorios sin usar. Yo no tendré ningún problema con que estén aquí el tiempo que quieran.

-Eres muy amable, pero…

-Insisto, Remus- por primera vez llama a uno de ellos por su nombre y un extraño cosquilleo le acaricia el paladar. El castaño le mira con los ojos bien abiertos- No va a haber ningún problema.

-¿Estás segura?

-Ya, Lunático- le frena Sirius- La chica nos está invitando, deja de ser tan formal.

-Muchas gracias- dice James.

-No hay ningún problema- al segundo siguiente Remus deposita un plato de pasta con salsa humeante delante de sus narices. No sabe que estaba hambrienta hasta que su estomago hace un ruido al sentir el olor de la comida- Gracias.

-Fue lo único que pude encontrar, no quería revisar mucho.

-Pueden revisar todo lo que quieran- dice, hundiéndose de hombros. Los secretos están dentro de su cabeza, no dentro de un cuarto cerrado con llave, seguramente solo ahí estarían cien por ciento seguros- No hay problema. Pero de todos modos gracias, hace tiempo que no comía algo casero. Mis amigas no soy muy de estas cosas…

-¿Amigas?- Sirius alza la cabeza.

-Ni siquiera se te ocurra tocarlas- Aubree le mira con los ojos entrecerrados un segundo antes de que se dé cuenta lo que acaba de decir. Cualquiera pensaría que lo conoce, ella siente que es así, pero en verdad no lo sabe a ciencia cierta. Sirius Black puede ser un mujeriego dentro del libro y sus pensamientos, pero… ¿Lo es en la vida real?

-Veo que eres muy cuidadosa con las cosas que quieres.

-Mis mejores amigas son mi vida- la castaña no puede evitar sonreír- Lamentaría tener que golpearte.

-Muy amable.

-Aubree- Remus le mira desde el otro lado de la mesa y ella le sonríe, incitándolo a continuar- ¿Qué vamos a hacer mientras esperamos? No podemos aquí todo el día.

-Aunque suene muy tentador- apunta James, riendo.

-Pueden trabajar en los puestos de la costa- dice e inmediatamente se arrepiente al ver sus gestos- O… pueden ir a mi instituto.

La mirada de Remus se ilumina mientras que los otros tres ponen los ojos en blanco.

-Suena excelente.

-Pero tendrán que inventar una coartada- Aubree se muerde el labio y luego suspira- Mi instituto no es como uno cualquiera que se encuentre en Estados Unidos, es uno de los diez que se encuentran alrededor de todo el mundo. En él concurren los hijos de las familias más importantes de todo el mundo.

-¿Así que tus padres…?

-Puede decirse que sí- corta a Peter, porque no quiere escuchar su voz y mucho menos la frase que va a decir- Podríamos decir que sus padres son inversionistas en la bolsa desde Inglaterra y que vienen de allí, por eso el acento.

-¿Nadie va a preguntar sobre qué?- pregunta Remus, alzando una ceja.

-No- Aubree niega- Cuando mencionas la palabra bolsa es como si dejaran de escuchar. No les interesa. Saben que tienes dinero y punto.

-Podemos decir que tus padres conocen a los nuestros- James rápidamente les sigue la corriente- Por eso es que estamos viviendo aquí.

-Excelente idea James…-carraspea- Ahora, hay que cambiarles los nombres- y aunque quiere sonar firme, no lo hace. Incluso Geena sonaría más ruda a su lado.

-¿Por qué tenemos que cambiar nuestros nombres?- pregunta Peter, alzando una ceja.

Aubree le fulmina con la mirada.

-Porque en algún lado del mundo ya existen personas con nuestros nombres- dice Remus hundiéndose de hombros. Aubree le agradece sin decírselo, porque estaba a punto de entrar en un ataque de crisis por no saber cómo explicar- Puedo ser John.

-Lingwood- agrega la castaña- Lupin sería muy llamativo- agrega rápidamente.

-Entonces seré John Lingwood.

-¿Puedo llamarme James?- pregunta el dueño de aquel nombre con gesto infantil- Porque soy capaz de mezclarme. Puedo ser… James Powell. Ese apellido lo escuche en Londres.

-Tú puedes ser Sebastian- Aubree mira a Sirius, quien hace solo segundos tenía la cabeza apoyada en el hueco de la mano y el aludido le mira con una ceja alzada- Sebastian Black, suena genial.

-No tan genial como Sirius Black.

-Canuto no molestes y acepta el maldito nombre antes de que te golpee.

James y Sirius se miran de hito a hito por varios segundos donde solo triunfa el silencio. Remus le dirige una mirada compensadora a Aubree y niega, indicándole que no debe meterse en las discusiones de los azabaches.

-Y puedo ser Peter Parker.

-Nombre ocupado- deja soltar Aubree sin mirarle- Pero puedes ser Peter Peterson, un nombre lo bastante fácil para que no te lo olvides- y a pesar de que su voz suena frívola y la frase era solamente para hacerlo sentir mal, Peter sonríe agradecido a la chica- Entonces quedamos así; John Lingwood, James Powell, Sebastian Black y… Peter Peterson.

-¡Genial!- dice James sonriendo- Mola mucho.

-Lo siguiente que podemos hacer es comprarles ropa- Aubree rebusca en su bolsillo de la campera y saca la billetera, sin notar que el Iphone está brillando con una llamada entrante- Tengo una tarjeta de gastos ilimitados.

-Podemos apañarnos con la ropa de tú hermano.

-No Remus- niega cálidamente- No sabemos cuánto tiempo van a quedarse. Y Austin tiene mucha ropa, pero deben dividirla en cuatro y no creo que rinda hasta fin de mes si que hayan usado la misma polera al menos siete veces.

-Vale- asiente el castaño.

-Dejemos esto en el fregadero y salgamos.

Aubree y Remus juntan la isla mientras James, Sirius y Peter revolotean a sus lados diciendo las miles de cosas que quieren comprar porque las han visto en televisión y estaban muy monas. La castaña ríe y los manda por un abrigo al piso de arriba. California es cálida, pero en la noche siempre tiende a bajar un poco la temperatura o a sopla un aire congelado. No vale la pena arriesgarse.

Agarra el bolso que ha dejado en la entrada y mientras que con una mano busca las llaves del Mini Cooper con la otra abre la puerta.

-…estés en casa- Lydia cuelga el celular delante de ella. Por su expresión es obvio que la ha estado llamando y que incluso, ese mensaje de voz, era para ella- No has cogido el celular.

Los rostros de Zoey, Geena y Pamela emergen desde detrás de la castaña mayor.

-¿Nos estás evitando?- pregunta Geena, la más baja de ellas y dueña de unos impactantes ojos azules. Aún viste el uniforme de la banda del instituto, aunque ha dejado el ridículo sombrero por algún lado.

-No…

-¿Entonces por qué no coges el celular?- Zoey camina hasta ella y le mira de hito a hito. Aubree se contrae. La rubia tiene de esas miradas capaces de congelar el mundo si quiere.

-Estabas estudiando.

-Si estás estudiando…- Lydia alza una ceja- ¿A dónde vas ahora?

Aubree siente el sudor correrle frío por la espalda. Sabe que ha roto una regla. Coger el celular siempre.

-Aubree- Pamela le pone una mano sobre el hombro y se siente mucho más pesada de lo que es- ¿Qué está sucediendo?

-No está sucediendo nada…- y entonces se escucha como alguien corretea por el suelo del piso de arriba y las chicas alzan la mirada, contando varios pies con el oído y la mente.

-¿A quién estás intentado ocultar. Aubree?- Zoey se adelanta y pronto todas han pasado de estar en el porche a estar dentro de la casa- Primero nos dices que no puedes ir a almorzar con nosotras y después no coges el celular… ¿Qué está sucediendo?

Todos los ojos se clavan en Aubree y la castaña se siente demasiado pequeña y mal por mentirles a sus amigas.

Sin embargo, cuando abre la boca, no es su voz la que se escucha.

-¿Aubree?- pregunta Remus desde las escaleras.



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