Historia al azar: Despertador matutino
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¡Quiero a los Merodeadores! » Cumpleaños Moore
¡Quiero a los Merodeadores! (R15)
Por Agus_de_Black
Escrita el Sábado 16 de Noviembre de 2013, 15:41
Actualizada el Viernes 28 de Julio de 2017, 18:57
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Cumpleaños Moore

14 de noviembre

 

Chris abrió los ojos y jadeo por la sorpresa cuando sintió el grito de Katherine. Sin pensarlo, salió de la cama luciendo sus pantalones azules de piyama y atravesó el pasillo que separaba su ala de la casa de la de sus hermanos, entrando sin golpear a la habitación de su hermana menor.

Jake estaba arrodillado sobre la cama, luchando con una almohada para ganar terreno contra Katherine, que extrañamente sonreía.

-¡Ya Jake!- protesto la castaña cuando el chico le propino un golpe directo al rostro. Se acomodo un poco el cabello revuelto y luego reparo en su hermano mayor y sus ojos se abrieron como dos grandes luces- Hola.

-Feliz cumpleaños, pequeña- dijo Chris sin dudarlo, recibiéndola entre sus brazos de la manera más gentil del mundo. La retuvo unos segundos y le beso en la frente, como cada año desde que eran niños. Luego la aparto y con una mano libre le pellizco el caballete de la nariz- ¿Quieres que te cocine hot cakes de feliz cumpleaños?

Katherine asintió enseguida y volvió a abrazarlo. Pasar su cumpleaños con Christian era algo que no tenía comparación, desde que había tomado su puesto en la compañía era una lucha poder verlo y sabía que posiblemente había tenido que posponer muchas reuniones importantes porque estaban casi a fin de año. Pero no le importaba pensar en cuantas personas había tenido que dejar su hermano plantadas para poder amanecer allí con ella, era así de egoísta y mucho más en su cumpleaños.

-¡Ian!- escucharon que protestaba el otro cumpleañero unos metros más allá y los tres salieron de la habitación directo a darle sus saludos.

La habitación de Chad era todo lo que le faltaba a la habitación de Katherine para ser perfecta. Los mellizos eran demasiado complementarios como para no darse cuenta uno que era más iguales de lo que podían mostrarse.

Ian estaba parado junto a la enorme cama de Chad, con una cubeta de agua entre las manos y el rubio se secaba el cabello platino con las sabanas mientras su rostro no demostraba otra cosa que estar aún dormido.

-Chad…- llamo Katherine y el rubio alzo la cabeza sin dudarlo. Los mellizos tuvieron una conexión intensa de miradas y luego ambos corrieron a los brazos del otro y se mantuvieron allí apretados mutuamente por varios segundos que parecieron horas- Feliz cumpleaños, mellizo.

-Feliz cumpleaños melliza- contesto Chad, con esa voz que solo le salía cuando hablaba con su hermana.

Jake pasó un brazo por los hombros de Ian y Chris, como si fuera una mama orgullosa de todos sus pequeñuelos.

-Me alegra saber que has podido llegar…- comento Chris en silencio, dándole privacidad a sus hermanos unos segundos. Ian sonrió y le miro.

-Es el cumpleaños de tus hermanos, Tiano- comento, usando ese apodo que solo ellos tres se permitían usar- No me lo perdería por nada. He dejado el fin de semana libre solo para tu familia.

-Gracias Baki- asintió el rubio- Significa mucho para mí- agregó, fingiendo que se emocionaba realmente.

-Los tres juntos de nuevo, creo que voy a llorar- comento Jake sin poder detenerse en la broma y los tres rieron- Niños, ¿desayunamos?

-Si claro- comento Chad, atrayendo el cuerpo de Katherine hacia su costado, posesivamente.

Los cinco bajaron hacia la enorme cocina que los Moore tenían en su casa y enseguida los tres mayores se dedicaron a atender a los cumpleañeros cocinándoles todo lo que ambos pedían, aunque en el caso de Katherine no era mucho.

-Debes de comer- insistió Ian cuando Kate rechazo el segundo plato de tostadas. Chad estaba demasiado concentrado en comer y no había notado que su hermano había dejado de hacerlo unos minutos antes- Estás muy flaca.

-Se llama ser aplicada- corrigió levantando el dedo índice, antes de tomar un sorbo de su jugo de naranja orgánico.

Chad le miró divertido antes de ver sorprendido como Chris sacaba de una de las alacenas dos pequeños paquetes y los colocaba delante de sus hermanos. Él y Katherine intercambiaron una mirada antes de abandonar la comida y comenzar a abrir los regalos de su hermano.

-Sé que el año pasado fueron sus dieciséis y se tuvieron que conformar con un viaje porque las cosas estaban mal en la directiva de la empresa y no pude darles el regalo que se merecían…- el semblante del mayor de los Moore se endureció unos segundos antes de que Ian le colocara una mano sobre el hombro para alentarlo a seguir- Pero espero que esto les resulte el mejor regalo de todos los tiempos.

-¿Una Black card?- los ojos de Katherine se desorbitaron unos segundos y luego miró a su hermano como si tuviera una aureola detrás de él que lo hiciera brillar aún más- ¿¡Con mi nombre!?

-No creo que seas aún lo suficientemente madura como para manejar ese dinero…- apuntó Chris y luego sonrió- Pero Ian es muy bueno convenciéndome cuando no quiero ceder en algunas cosas.

-Sobre todo porque nosotros somos la póliza de seguros- agrego entonces Jake sonriendo divertido.

-¡Muchas gracias!- la castaña se permitió salir de su postura unos segundos para abrazarlos a los tres, deteniéndose unos segundos más en su hermano mayor, antes de girar para ver a Chad con la tarjeta en las manos- Y a ti… ¿qué cara es esa?

-¿Un auto?- Chad clavó los ojos en los tres chicos mayores- ¿No era acaso que un auto era un riesgo para mí?

-Has madurado- cedió Chris- No creo que estropees este por ir follando con una chica.

-Christian…- le regaño Ian, por usar aquel tipo de lenguaje delante de Katherine.

-Eso fue un accidente previsible- se burló Jake sin poder evitarlo, quien había sido el que había tenido que ir a buscar al mellizo Moore a la comisaría y pagar la fianza porque seguramente Christian no lo haría al enterarse del motivo por el cual había chocado.

-Además te aseguro que este auto no lo chocarás- comentó Ian, como quien no quiere la cosa, metiendo las manos en sus bolsillos delanteros- Tuvimos que mover algunos contactos, pero pudimos obtener este regalo para ti.

-Es mi mayor prueba de confianza para los dos- aseguro Christian, con esa misma expresión que ponía su padre cuando algo le rebasaba.

-Prometemos portarnos bien- asintieron los mellizos, aunque de manera poco creíble.

-Entonces… ¿me llevas a dar una vuelta?- pregunto Jake, levantándose de su lugar.

-¿Esta fuera?- pregunto el rubio levantándose y llevándose por delante a Katherine al querer salir corriendo.

Jake y Chris salieron corriendo detrás de él, prontos para ver su cara al ver su nuevo auto. Katherine en cambio decidió esperar allí sentada que su hermano fuese a buscarla, era su regalo después de todo.

-No se te ve muy animada, Kate- comento Ian mientras sorbía un poco de su café. Era gracioso que aún conservara la taza de La Liga de la Justicia que los señores Moore le habían regalo años atrás cuando era solo un niño. Verlo así, le hacía una imagen mucho más apetecible.

Katherine lo observo detenidamente unos segundos antes de pararse sobre sus propios pies y sonreírle coquetamente.

-¿Cómo no voy a estar animada?- pregunto, con una sonrisa tirante- Es mi cumpleaños.

 

 

Angie se acomodo el cabello en lo alto de la cabeza en un rodete y vio su rostro, demacrado por la falta de sueño, brillando en el espejo que tenia adelante.

Damien no había sido un buen novio, de todos modos. No tenía ni siquiera un abrigo de él o un regalo al que llorar abrazada cuando se acordaba de lo que se había enterado en Halloween. Si se ponía a pensar, ni siquiera es que fuera muy cariñoso, solo se enfrascaba con ella cuando se animaba a subirse la falda unos centímetros más de lo debido.

¿Cómo le había podido llegar a gustar tanto un chico como él? Se pregunto, pero secretamente no quería contestarte porque sabía que la repuesta quizá le podía doler demasiado.

-¡Buenos días!- Candice abrió la puerta de su habitación, sorprendiéndola. La castaña venia acompañada de un halo de bolsas que dejo delicadamente en el suelo apenas estuvo totalmente dentro de la habitación. Detrás de ella asomaron los cuerpos de Ashley y de Lynn-Traje unas amigas, espero no te moleste.

-¡Candy!- reprocho Ashley entonces, mientras se bajaba la capucha- Dijiste que le habías avisado.

-No pasa nada- negó Angie mientras sacaba unos libros del viejo sillón que tenía en el rincón de su cuarto- Siempre son bienvenidas en casa.

-Gracias- contesto Lynn, sentándose cuidadosamente cerca de donde había tomado asiento Candice. Hace mucho tiempo que no tenía algo así como una pijamada con amigas. Desde que Dakota se había ensañado con ella y dejado su reputación en el suelo, debido a eso pasaba tanto tiempo trabajando en la biblioteca ya que nadie la aceptaba en el algún taller extracurricular, no había tenido un grupo de amigas solido con el que salir. Agradecía mucho a Candice por ser tan testaruda como para obligarla a estar allí en aquel momento, sobre todo porque la mayoría de las personas aquella noche asistirían a la fiesta de los Moore.

-Tomarnos el día libre fue una genial idea- apunto Candice entonces, mientras sacaba un pote de helado dentro de sus compras- He leído los comentarios en twitter sobre los que han asistido a clase hoy y al parecer todos están desesperados intentando conseguir una invitación.

-Como si a los Moore fuera a importarles- comento Ashley, que aunque estaba invitada, había desistido en ir. Sobre todo porque su hermana iba a faltar aquella noche porque su padre se la llevaba con él a Nueva York y se había encargado de amenazarla de que si ella no iba a la fiesta, ninguna Cenna iría.

-Lo bueno es que tendremos el colegio para nosotras mañana- apunto Angie, sabiendo que eso significaba no ver a Dakota ni a Damien.

-Pero x- Candice conecto su laptop a la televisión de Angie y entro a  internet- Hoy es un día de chicas oficialmente, he traído suficiente comida para pasar toda la tarde y cosas para que nos hagamos en el rostro. Además me he robado unas batas del spa de mi tía, nada del otro mundo, para que estemos cómodas.

-¿Y los productos también son robados?- pregunto Ashley divertida alzando una ceja, Candy se hundió de hombros.

-Nos merecemos unos mismos, este comienzo de año ha sido una mierda para las cuatro.

Lynn asintió sin decir nada. Sabía perfectamente que ellas tres tenían sus problemas personales con Damien Henderson, Mark Sellers, Sebastian Black y Declan Wells y nos las culpaba, los chicos eran un infierno. Sin embargo su vida amorosa era mucho más tranquila de lo que era cualquiera de las tres chicas. Ya que se limitaba a ser nula… aunque claro, estaba Clark y su particular forma de nunca dejarla en paz.

Candice saco unas copas de una caja y luego una coctelera, bajo los sorprendidos ojos de Angie, que corrió a cerrar con tranca la puerta de su habitación, la castaña sirvió unas mimosas y las extendió a las manos de cada una.

-Hoy dejemos pasar las horas, seremos chicas normales.

 

 

Chad sintió que su celular vibraba en el bolsillo de sus jeans azules y lo retiro con cuidado para que la profesora de geografía, una anciana que ninguno de ellos apreciaba, lo viera.

 

Ryan: ¡Feliz cumpleaños bro! Te tengo una sorpresa para esta noche.

Chad: ¡Gracias bro! Dime, sabes que la ansiedad no es lo mío.

Ryan: Vas a matarme un poco, pero debes faltar a la fiesta.

 

Chad rodó los ojos. Ryan amaba siempre tener la delantera por los regalos de todos los Lions. Desde que eran tan solo unos niños, el mayor de los Daniels se había decidido a ser recordado por los regalos que les daba a sus amigos.

 

Chad: Tiene que valer realmente la pena, bro. Kate va a matarme y Christian está en casa para esto.

Ryan: Lo sé, sabes que no te lo diría si realmente no valiera la pena. Además, Katherine sabe de esto. No pasaría por arriba de la princesa sin su permiso.

 

Chad miró por arriba de su hombro a Katherine, que como siempre se sentaba detrás de él. Parecía bastante aburrida dibujando un vestido en la hoja de su cuaderno como para prestarle atención.

Pero sí, era obvio que ella tenía que estar al tanto de todo.

 

Chad: Dime que realmente valdrá la pena.

Ryan: Zoey.

 

 

James apagó la música y salió de la ducha aún goteando, seguro aquello iba a molestar demasiado a Aubree. Salió al pasillo con la toalla al hombro cuando sintió las suaves notas de la trompeta de Geena del otro lado de la casa, por lo que desistió de su rebeldía momentánea y se enrosco la toalla a la cintura antes de salir hacia el cuarto de Aubree.

A pesar de extrañar muchas cosas de su casa, no podía quejarse de todo lo que la familia de Aubree, indirectamente, le brindaba. Y una de aquellas cosas era poder ir al EHS, donde había hecho amistades como Geena, Pamela y Zoey… aún estaba en tratamiento con Lydia.

La habitación de la Jules estaba abierta y entró sin meditarlo, ya que eso indicaba que estaba abierto para extraños.

Geena practicaba delante del atril en un rincón del cuarto, cerca de ella Lydia seguramente hacía deberes sentada en el alfeizar, Aubree dormitaba con los auriculares puestos sobre su cama y en el suelo, en medio de la habitación, estaba Pamela haciendo abdominales.

Intercambiaron una intensa mirada con la morena unos segundos antes de que ella se incorporada del suelo, llamando la atención de todas.

-Oh, James- Aubree se refregó los ojos con un puño y luego se sentó bien. Aun llevaba la ropa que había vestido en el colegio- ¿Qué estás haciendo por aquí?

-Venía a ver si precisaban ayuda para terminar de arreglarse para esta noche- comento, cruzando los brazos y recostándose contra el umbral de la puerta- Ya saben, comprobar un conjunto de ropa interior… abrochar algún corpiño.

Pamela se rió juguetonamente y Aubree le fulminó con la mirada.

-No me había percatado de que era tan tarde- murmuro Geena, devolviendo la trompeta a su estuche- Iré a casa a cambiarme.

-Yo también me voy- Lydia cerró sus libros y los metió rápidamente dentro de su bolso. Pamela la sujeto del brazo cuando pasó a su lado- ¿Qué?

-Sería buena idea que salieras a despejarte un poco- comentó la morena, sin borrar la sonrisa- Ya sabes, dejar de hundir tanto la nariz dentro de los libros. Apuesto que ya ni sabes cómo huele el mundo fuera de una biblioteca.

-Pamela…

-Te haría bien, es verdad- asintió Geena entrelazando su brazo con la ojiazul- Estas muy metida en el estudio últimamente… y ni siquiera es necesario que te quedes hasta último momento de la fiesta, yo también me iré antes.

-¡Todos nos iremos antes con tal de que te diviertas un poco, Lydia!- dijo James levantando las manos y luego bajándolas para que la toalla no le cayera- Bueno, entiendes lo que quiero decirte.

Lydia miró las miradas suplicantes de sus amigos y luego, suspirando, les dedico una sonrisa.

-Esté bien, iré- acepto, logrando que Aubree levantara un pulgar en su dirección mientras sus otras amigas chillaban emocionadas.

James miró a Jules unos segundos pero ella apartó la mirada. No era como que necesitara que James se diera cuenta una vez más que estaba mal y que la consolara como la vez que había llorado en sus brazos. Secretamente había esperado que Lydia no aceptara ir para refugiarse con ella en la casa de Angie, Ashley la había invitado luego de preguntar, con tal de no ver a Evan paseando se la mano con Charlotte.

Ella también quería una noche de chicas donde pudiera comer helado y llorar como loca viendo Diario de una Pasión, pero aquella época ya había terminado para ella.

Aubree había prometido no llorar más.

Por eso cuando Peter apareció con su blusa de la tintorería, echo a todos de su cuarto, subió la música y ensayo frente al espejo la cara que pondría delante de todo el mundo para fingir que estaba bien.

Como siempre hacía.

 

 

Charlotte dejó que Evan le quitara la chaqueta, se la diera al acomodado y ubicara correctamente su silla, sin decir una sola palabra.

Se notaba que Ryder estaba molesto, pero sobre todas las cosas era un caballero, de eso no había duda alguna.

-Dime para qué querías verme, Evs- dijo la chica mientras movía de un lado al otro a punta de la servilleta con sus delicados dedos. Amaba demasiado haber recibido la invitación de Evan para verse, pero no era tonta, sabía que algo había pasado. Evan había dejado de invitarla a salir desde que tenían catorce años y vivía con sus padres… desde que se había dado cuenta que quería en realidad a Aubree y no a ella.

-Me conoces, Lot- comentó, cruzando una pierna sobre la otra, de esa forma tan formal que él tenía. Pesé a tener millones de diferencias a su padre, Evan era igual a la imagen empresarial que Malcom Ryder daba en su oficina. Sus intensos ojos verdes se posaron en ella, y entonces, una de sus comisuras, se elevó en una malévola sonrisa- Te voy a dar la oportunidad de decirme lo que pasó, antes de que me vaya.

Charlotte lo observó sin comprender de qué estaba hablando y entonces una idea llegó a su cabeza.

Halloween…

-No sé de qué estás hablando, Evs.

-Charlotte, me ofende que enserio hayas pensando que tu infantil plan iba a dar resultado sin que yo me enterara- colocó los codos sobre la mesa, acortando la distancia, y la castaña se hundió en el asiento, sintiéndose realmente amenazada por la mirada penetrante de Evan- Mi habilidad en saberlo todo, por eso los Lions reíamos dentro del EHS. Yo lo sé todo, incluso, lo que piensas que no voy a saber. Así que ahora, te voy a dar una segunda oportunidad y espero que no sepas desaprovecharlas. Charlotte Klein, ¿qué sucedió en Halloween hace dos semanas?

-Yo…

-Si tú- apuntó, alzando una ceja.

Tomó aire y fingió fuerza.

-Te tendí una emboscada para que Aubree nos viera.

Evan cerró los ojos, procesando aquella información y volvió a sentarse correctamente, con los codos sobre la mesa y la cabeza apoyada entre sus dedos entrelazados. Estaba pensando algo y a Charlotte se le retorció el estomago.

Había tenido la tonta idea de que aquel beso en Halloween hubiese aflojado las tensiones entre ambos y que finalmente hubiese comprendido que era ella a quien debía querer y por eso se había arreglado esperando tener una precios cita. Pero debía esperarse que as cosas no hubieran salido del todo bien. Aubree había sido muy fácil de manipular, era una chica demasiado orgullosa después de todo, y sabía que verlos a ambos estando juntos había apagado por completo la chispa que alguna vez había existido dentro de ella para que estuvieran juntos.

Era mejor así. Después de todo, Charlotte y Evan iban a casarse cuando se graduarán.

Pero Evan… él era un tema totalmente diferente.

-Eres… un ser despreciable, Charlotte- dijo alzándose, seguramente conteniéndose para no gritarle algo de más y sin meditarlo dejó unos billetes arriba de la mesa. No habían llegado a tomar nada, pero seguramente aquel lugar les cobraría solo haber respirado el aire allí.

-¿Qué querías que hiciera?- espeto, furiosa- Ver cómo te deshaces delante de esa idiota no es una opción. Te has creado una imagen ante todos hace años y es solo verla aparecer a ella y estás hecho un flan. Eres patético y ni siquiera te importo.

-Nunca me has importado, Charlotte- contesto, fríamente, mirándola a los ojos- Tú lo sabes, eres la única que sigue viviendo esta mentira. Yo no soy algo para negociar, si fueras un poco abierta de mente te darías cuenta que las mujeres han peleado durante años por sus derechos y aquí estás tú, defendiendo una idiota idea del pasado en la que ni siquiera te deja con el derecho más básico que es elegir con quien compartirás tu vida.

-No me vengas con tu discurso presidencial, Evan Ryder.

-Es una pérdida de tiempo hablar contigo- dijo, mirando fugazmente su reloj- Tengo un compromiso más importante.

-Evan aléjate de Aubree, te lo estoy diciendo enserio- dijo parándose como una centella, sujetándolo del brazo para no dejarlo irse- No importa que la quieras a ella, de todos modos estás comprometido conmigo.

-Eso… está por verse- apuntó, tirando se su brazo para alejarse de ella- Cuando cumpla la mayoría, pediré la correcta adopción de mi hermana. Después de ahí asumiré el puesto en la empresa que mi abuelo me lego y entonces, tendré el suficiente poder como para comprar un buen anillo que convenza a los señores Jules de afrontar todo el escándalo mediático y le pondré ese maldito anillo a Aubree en el dedo y será mi esposa. Y de ti, ya no veré ni la sombra. Solo serás un mal recuerdo. Así que ten un poco de auto cariño y hazte a un lado.

 

 

Chad se acomodo los puños de la camisa, se dedico una sonrisa  y salió de su habitación cuando vio a Katherine parada frente a la ventana mirando al horizonte.

Aquel día no habían podido compartirlo mucho, porque el colegio los había reclamado demasiado, pero al rubio no le sorprendía mucho. Él también la había pasado mal, aunque Declan y Kev se habían encargado de levantarle el ánimo varias veces.

Pasar su cumpleaños sin sus padres era una herida que ni con la mejor actitud del mundo iban a poder superar.

Se encamino hacia ella y Katherine ni se inmuto, era cosa de mellizos poder saber cuando uno estaba cerca del otro.

-¿Cómo estás?- pregunto el rubio, atrayéndola hacia su cuerpo para darle un cálido abrazo- Espero que mejor de lo que te ves.

-Estoy bien… cada año duele menos, creo- comentó hundiéndose de hombros- Ya sabes, no puedo dejar de imaginarme qué me hubieran regalado… -agregó, fingiendo una expresión dura.

Chad rodó los ojos, sabiendo que su hermana prefería usar esa clase de lenguaje que parecía no importarle nada la gente porque así no notaban lo que realmente le pasaba.

-Tengo algo para ti- comento entonces el mellizo- Jake pudo guardarlo cuando se rompió y me costó algo de tiempo devolverle la forma original, pero finalmente… Quiero regalarte, como nuestro tío le regalo en su momento a mamá, la pulsera que ella llevo durante años y espero que tú la usaras cuando fuera el momento correcto.

Katherine agarro la delgada caja de terciopelo y la abrió con los ojos llenos de lágrimas. ¿Cómo era aquello posible? Ella misma la había visto a Dakota arruinar aquella pulsera en el baile benéfico de otoño.

Con los dedos temblosos, la sujeto entre sus dedos y sollozo una sola vez antes de arrojarse a los brazos de su hermano una vez más. Estaba realmente conmovida por aquel detalle.

-Chad… no tengo palabras.

-Lo hable con Christian y los dos estamos seguros de que estás en el mejor momento de tu vida para llevar la pulsera de mamá. No encuentro mejor día que este para regalártela.

-Ayúdame- pidió extendiendo su delgada muñeca hacia él. Chad, algo nervioso también, le colocó la pulsera y le aprecio unos segundos en su muñeca antes de dejarla ir- ¡Oh, Chad, es realmente hermosa, muchas gracias! Es el mejor regalo que alguien pudiese haberme dado…

-¡Pero mira que bellos el par de pitufos!- escucharon como decía una voz fina desde la puerta y los tacones agujas entrando a la habitación de Katherine- Cuanto han crecido… ¡oh! ¿Acaso interrumpo?

Lorraine Wallace era una reconocida modelo de piernas largas, cabellera platinada, labios y pechos generosos y un trasero mundialmente reconocido por salir siempre luciendo micro ropa interior de las marcas europeas. Pero sin embargo, ellos la conocían por ser la irritante enemiga de Zada en el colegio y por odiosamente ser la pareja de Ian, por lo que tenían demasiado contacto entre sí.

-¿Qué haces tú aquí?- pregunto Katherine antes de que Chad pudiese decir algo. Ambas chicas se miraron con recelo y entonces la expresión de Katherine se puso feroz cuando vio el enorme diamante que había en su dedo- No estás para nada invitada.

-No te preocupes, esta noche nos iremos a un hotel en Los Ángeles porque mañana  Lory tiene que modelar- Ian apareció en el umbral de la puerta y sujeto al cadera de su prometida firmemente ante la furiosa mirada de Katherine.

Ambos intercambiaron una feroz mirada y entonces Lorraine rió.

-Solo quería pasar a saludaros chicos, espero que la pasen muy lindo esta noche.

-Gracias… - contesto Chad antes de sentir el codo de su hermana hundiéndose en sus costillas.

Lorraine le dedico una última y altiva mirada a Katherine antes de jalar a Ian fuera de la habitación. Christian los vio irse con la cara pálida por el perfume que Lorraine que siempre le causaba alergia.

-La odio.

-Viendo que los dos están en su mejor momento…- Chad se acomodo la ropa y le sonrió a ambos que seguían odiando el rastro que Lorraine había dejado por allí- Los dejo.

-Ey tu, pequeño- Christian volvió a poner su expresión de hermano mayor y miró divertido a Chad- ¿A dónde crees que vas? Tengo casi todas las destilerías del estado llenando con alcohol el fondo de mi casa para los alcohólicos de tus amigos.

-Tengo un regalo que ir a buscar.

-¿Y no te lo pueden traer?- espeto el rubio mayor, poniendo cara de pocos amigos.

-Chris, déjalo ir- pidió entonces Katherine.

-Si a Kate no le molesta…

-¡Bien!- Chad aplaudió el aire, beso la mejilla de su hermana y choco desganadamente el puño que su hermano le ofreció- Llego dentro de unas horas.

-Eres el único chico que llega tarde a su propio cumpleaños- suspiro entonces Christian, mientras lo veía irse por el pasillo.

 

 

Sophia giró entre los brazos de Austin y este le beso en la frente cuando la tuvo cerca una vez más.

Gabriella rodó los ojos y empujaba cada vez más a Michelle un poco más cerca de Ryan, que la estaba rondando desde que la había visto aparecer luciendo aquella corta falda de jeans. Aubree junto B estaban del lado de Ryan y lo obligaban a animarse a acercarse a la castaña.

Lydia hablaba junto a Charlotte y Remus de cosas académicas, un poco apartados de donde ellos estaban.

Becca en cambio se había decido por llenar de valor a Geena y la había llevado en medio de todos para hacer a la castaña mover su diminuto cuerpo envuelto en el precioso vestido de flores que lucía. Pamela las veía a todas con una sonrisa orgullosa, bailando entre medio de Sirius y James, ya que había visto a Jake por allí rodeando la cintura de una morena.

Todo parecía ir bien para ellas, teniendo en cuenta que se sentían intrusas en la casa Moore sin Chad por allí.

Sin embargo todo se fue al demonio en cinco segundos cuando un brazo surgió por detrás de Austin y lo arrastro fuera del alcance de Sophia. Mackensie se apego a él y comenzó a franelearse, fingiendo bailar de forma candente.

Sophia, absorta, puso los ojos en blanco y dio un paso hacia adelante para separar a Mackensie de su chico cuando Dakota se le metió en el camino.

Aubree sintió entonces que ya la noche se había ido a la mierda.

-¿Acaso no te enseñaron a compartir?- pregunto Johansen, a la vez que Austin de manera caballerosa, se apartaba de Mackensie con cara de asco y volvía a los brazos de su novia.

-No vale la pena, Soph- dijo aferrando las manos en la cadera de su rubia- Sabes que lo están haciendo solamente para buscar una escusa y provocar problemas.

-¿Me hicieron venir corriendo del bautismo de mi primo para esto?- jadeo Adela absorta, aunque nadie pareció escucharla.

-Eres tan caballero, King- comentó Shaw fingiendo sentirse alagada- Faltan tantos como tú.

-Ninguno de ellos se fijaría en ti, te lo aseguro- apunto Pamela divertida, y entonces Geena le tomo del brazo para devolverla a su lugar y no armar un alboroto. Cosa que a Pam le encantaba si era en contra de Dakota y sus secuaces.

-Enserio deberías ser un poco más buena, Sophia…- comento Dkota dando un paso hacia delante con los ojos puestos en Austin- Y compartir un espécimen tan esquicito como tú novio…- y sujetándolo una vez más por el cuello, jalo hacia sí misma a Austin y pretendió darle un beso cuando Gabriella lo jaló hacia atrás.

Michelle sujeto a Sophia para que no se le fuera encima a la animadora.

Y luego el tiempo pareció irse lentamente cuando Beca dejo caer su mano pesadamente sobre el rostro de Dakota y la rubia le fulmino con la mirada. Johansen dio un paso en su dirección, cuando Katherine apareció allí y la detuvo.

-¡Puta!- grito, sin poder contenerse la rubia Pheerson mientras Aubree corría a ayudarla.

-¿Qué estás haciendo aquí?- espetó rabiosa, viendo que su fiesta se había convertido en un ring de pelea- Estoy segura de haberte dejando en claro que ni tú ni ninguna de estas dos estaba invitada esta noche.

-No puedes no invitarme a mí- espeto la rubia furiosa- Soy Dakota Johansen. La chica más popular del colegio.

-¿Acaso no te das cuenta que nadie te quiere aquí?- espeto entonces Lydia, harta del drama rosa que la chica siempre llevaba a todos lados- Chad no está, por si lo buscas. Tiene una preciosa cita con Zoey en este momento.

-Estás mintiendo…- contesto entonces, sintiéndose algo humillada. Miró hacia la barbacoa donde los Lions seguían en su fiesta como si nada, seguros de que Katherine se podía hacer cargo de Dakota sin su ayuda. En cambio Beth, sentada a un lado de Kev, le miraba con una sonrisa triunfante detrás del lente de la cámara. Obviamente quería retratar el momento en el que la engañadora era engañada. Dakota levanto entonces la cabeza orgullosa y se recoloco el bolso en el hombro- Chicas, vámonos.

-Lo mejor que puedes hacer, Dak- comento Ryan. Mackensie le miro furibunda cuando noto que tenía una mano sobre la cintura de Michelle y ella parecía ni siquiera percatarse de ello.

-Tú puedes quedarte, Adela- dijo de repente Katherine y la rubia giro sobre sí misma para mirarle con los ojos abiertos de par en par- El problema no es contigo.

-¿Enserio?

-¡Adela!- Dakota le fulmino con la mirada y coloco las manos en su cadera- Ven aquí en este mismo minuto.

Katherine y Dakota tuvieron un intercambio feroz de miradas y entonces, Adela giro sobre sus talones y camino nuevamente al lado de Shaw y Mackensie. Johansen entonces sonrió triunfal, pero la sonrisa de Katherine no se borro de todos modos.

El grupo de la abeja reina tenía más grietas de lo que todos creían y ella sería quien presionara hasta hacerlo estallar.

 

 

Chad entró en Dare´s lentamente, ya que todas las luces estaban apagadas. Había velas por todos lados, y un par de mozos le señalaron que siguiera caminando hacia el fondo del lugar.

-Feliz cumpleaños, Chad- Zoey apareció en su campo visual y el rubio sintió como su corazón bombeaba fuertemente en su pecho. Ella estaba realmente preciosa y lucia el cabello recogido de la forma elegante que a él le gustaba. Parecía una diosa. Un instinto salvaje de quitarle todo y hacerla suya allí mismo, lo ataco. Aunque se dio cuenta que posiblemente ella lo mataría si le llegaba a arrugar aquel vestido.

-No me esperaba esto…

-Bueno, yo tampoco- negó la rubia mientras él la ayudaba a sentarse- Gracias. Realmente Ryan parecía desesperado cuando apareció hace dos días en casa. Parece que Chris te regaló una bestialidad de auto y él no podía con eso.

-Es impresionante- asintió, recordando al BMW I8 hibrido del 2014 que su hermano le había conseguido en versión adelantada. Había llorado una hora más o menos hasta que Jake se había aburrido de esperar para dar una vuelta.

-Al parecer quería darte un regalo más especial y me dijo que viniera aquí… pero yo realmente no te compré nada.

La sonrisa de Chad se suavizó y le tomó la mano por arriba de la mesa.

-En realidad… el mejor regalo que puedes darme es que estés compartiendo mi cumpleaños a solas como antes- dijo, de esa manera que a Zoey le erizaba cada hebra de cabello en su cuerpo- Ryan es muy melodramático como me lo esperaba para darse cuenta.

-Eres un idiota, Chad- negó la rubia, rodando los ojos- ¿Qué va a decir Dakota de esto?

-Eso fue un error y lo sabes- dijo, seriamente- Pero no hablemos de eso…- se apuró a decir, viendo que ella comenzaba a apartarse- Quiero pasar realmente feliz en mi cumpleaños con la persona que más amo en el mundo.

-No digas esas cosas- protestó, sonrojándose.

Chad se sintió capaz de decirle millones de cosas más lindas al oído, pero no quería presionarla y provocar que se fuera.

La comida llegó, ya que el rubio Daniels se había encargado de realmente todo y Chad aprovecho eso para juntar sus sillas y poder estar más cerca de ella, ver de ese perfil la clavícula que más le gustaba besar, y poder sentir su presencia de la misma forma que hace dos años atrás.

Enseguida que comenzaron a comer, la tensión se fue y entre risas y comentarios, el tiempo comenzó a pasar sin que ellos se dieran cuenta.

Ryan realmente se había pasado con el regalo de aquel año, pasar su día con Zoey era quizá lo que realmente más hubiera deseado pero jamás hubiese dicho en voz alta.

Tendría que lograr que Michelle Benson se acostara con Ryan de una vez para quedar al mismo nivel.

Cuando habían terminado de comer el postre, Chad sirvió un poco más de champagne en sus copas y la llevo hasta el sillón trasero del local para darles más intimidad.

La idea de hacerla suya allí volvieron a atacarle cuando vio como el rubor se extendía por las mejillas de la rubia, pero se contuvo. Tenerla allí riendo era por primera vez más importante que hacerle gritar.

-Katherine me dio para ti un regalo- comento entonces Zoey, sacando de debajo del reservado una caja y entregándosela- En realidad no me lo dio, le pidió a Ryan que me lo diera a mí y que yo te lo diera a ti en su nombre.

-Eso era obvio- se rió el rubio abriendo su regalo. Un scrapbook le apareció delante de los ojos- ¿Qué es esto?

Zoey rodó los ojos.

-Quizá la cosa más tierna que había podido hacer Katherine en todo este tiempo de vida- murmuro divertida, pero no sorprendida de que Chad no conociera lo que era aquello.

El rubio pasó la primera hoja y sintió como todo su mundo se congelaba. Una colección de cuidadosas fotos estaban decoradas y arregladas de tal manera que quedaran perfectamente puestas allí.

Fotos de sus padres, del casamientos de ellos, de la panza y Christian dando vueltas por allí, el día que habían nacido, Christian asustado mirando las cunas, sus padres les habían llegado a comentar que Chris jamás estuvo celoso de su llegada sino que solo preocupado de qué tan buen hermano iba a ser para ellos- si tan solo hubiesen sabido- más fotos de ellos juntos atravesando etapas en conjunto, su primer día en el EHS, el día que había conocido a Zoey, a Aubree, a Grace, el día que Arthur les había llevado a su primera clase de surf. Habían muchas fotos de Arthur y Chad se sintió sorpresivamente triste, se había concentrado tanto en el dolor de extrañar a sus padres que no recordaba que aquel día Arthur Jules tampoco estaba con ellos.

-A mí también me sorprendió cuando me enteré que se había suicidado después de todo- susurro Zoey, colocando un dedo sobre el rostro de Arthur, como si estuviera recordando- Pensé que nada más se había olvidado que los días de tormenta uno no puede nadar en la costa… pero después vino eso de que había tomado veneno antes de meterse al océano…

-Fue un golpe muy duro para Aubree- murmuro, asintiendo para demostrarle que entendía su dolor.

-Los señores Jules jamás hubiesen aceptado que era gay- suspiro- Y él lo sabía. La carta que le dejó a Aubree relata todo como si supiera que iba a terminar como termino.

-Pensó que nadie lo iba a aceptar, fue muy duro consigo mismo- Chad cerró los ojos, recordando cuando Christian apareció pálidamente en su cuarto y tuvo que tomar la palabra Ian porque las palabras no salían de la boca del rubio- Todos ya sabíamos que era gay, era algo que se… notaba.

Zoey sonrío.

-Hubiera sido un golpe fuerte para sus admiradoras.

-Ellas hubieran arrasado con el EHS- se sonrío, imaginando como hubiera terminado todo si Arthur no se hubiera asustado tanto de la imagen de sus padres rechazándolo. Aunque era comprensible- Fue el mejor quartebacker que el EHS tuvo por lejos.

Zoey le tomó el rostro con ambas manos.

-Tú eres el mejor quartebacker del EHS, Chad. Jamás dudes de eso. Arthur fue muy bueno y su memoria siempre estará en nosotros, pero tú tienes el potencial que el espíritu precisa.

Chad le acaricio los finos dedos con la punta de los suyos y acepto el cumplido. En su mente surgió la loca idea de que si Arthur hubiese tenido un pilar tan firme como Zoey para él cuando hubiese estado mal, las cosas serían totalmente diferentes en la actualidad.

Pero ya, lamentablemente, no podían hacer nada.

-Te amo, Zoey.

La rubia abrió los ojos sorprendida y se sonrojo.

Algo dentro de ella se quebró un poco y se acerco a él.

-Yo también te amo- dijo, en un susurro, antes de unir sus labios en un esperado beso.

 

 

Katherine cerró las cortinas de su habitación y se quitó con delicadeza las cintas que ataban las sandalias a sus tobillos, pateándolas lejos.

La noche ya había terminado.

Se masajeo un hombro, de ahí por donde todo el mundo la sujetaba para decirle feliz cumpleaños y luego apagó la alarma de su celular. Obviamente no iría al EHS en unas horas.

Sonrió al sentir pasos en el pasillo y verificó la hora. Seguramente Chad había pasado la noche fuera.

Bajó el cierre del vestido y enseguida sintió unas ásperas manos que fueron en su ayuda y le quitaron la delicada y costosa prenda de un tirón rápido. Sintió unos labios apoyándose debajo de su oreja y aquellas manos dejaron de acariciarle los costados para posarse en sus pechos y masajearlos mientras besaba repetidamente su cuello.

Katherine se dejó estimular y cuando estuvo cansada de no hacer nada, giró sobre sus talones y quedo frente a frente con Sebastian.

Le tomo por el rostro mientras él se deshacía de la camisa y de los pantalones, luego sin meditarlo mucho Black la sujeto por el trasero y la deposito sobre la cama, con las piernas a cada lado de su cadera.

Sebastian precisaba eso, un escape. Hacer de novio de Ashley le sentaba bien, porque las chicas le veían como un héroe en el colegio. Pero necesitaba que dejaran de verlo como un ídolo y lo idolatraran.

Cuando había visto la mirada que Katherine le había dedicado junto a la piscina, sabía que la castaña extrañaba un poco de la atención masculina. Puesta en celibato por los idiotas de Declan y Ryan, Katherine no tenía a nadie con quien divertirse.

Eran la luz en la oscuridad del otro.

Sebastian tomo la prenda de encaje de Katherine y la quito de su lugar y la mandó a volar lejos antes de que ella le pasara un paquetito plateado y se incorporara sobre trasero para ayudar a colocar el condón en su lugar.

Sirius, casi aulló perrunamente de placer cuando Katherine lo masajeo unos segundos antes de tomarlo por la cadera y empujarlo hacía ella. Entre medio de las piernas de la melliza Moore, Sirius se posiciono y la embistió mientras ella lo atraía más hacía él y se encorvaba al sentirlo dentro.

Cuando Katherine profirió un gemido estridente, por algo que Sirius estaba haciendo con la lengua, él le tapo la boca. Después de todo, se había olvidado de cerrar la puerta y cualquiera podía llegar a verlos.

De una forma salvaje y dura, como a ambos le gustaba, tuvieron relaciones durante casi toda la mañana.



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