Historia al azar: Obsesión
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¡Quiero a los Merodeadores! » Prologo
¡Quiero a los Merodeadores! (R15)
Por Agus_de_Black
Escrita el Sábado 16 de Noviembre de 2013, 15:41
Actualizada el Jueves 22 de Junio de 2017, 22:12
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Prologo


Agosto 21

Los Ángeles, California.

Si había algo que Aubree odiaba más que la escuela de verano, era tener que ver a las porristas en mini shorts saltando de un lado hacía el otro bajo las órdenes de Dakota como si fueran militares en una especia de dictadura donde la rubia era la líder.

-Quita esa cara- murmuro Geena codeándole suavemente. Aubree giro la cabeza, encontrándose con los ojos azules de la castaña enfocados totalmente en ella- Tienes que ver el lado positivo de las cosas. Hoy es tú cumpleaños.

-¿Qué tiene de divertido cumplir dieciséis en verano, Geen?- pregunto, alzando una ceja, buscando desesperadamente el lado bueno para poder festejar algo positivo en esas fechas.

-Licencia de conducir- dijo Pamela, incorporándose del asiento en la grada donde había estado dormitando hace solo unos segundos- Fiestas fuera de la línea fronteriza que han puesto nuestro padres- miro a las dos castañas sonriente- ¿He mencionado que con dieciséis podemos entrar a las fiestas de las fraternidades de la UCLA?

-Para eso tienes que ser mayor de veintiuno, Pam- dijo Lydia alzando la mirada de su computador portátil- Y está de más decir que no nos meteremos en problemas porque tú mueras por los universitarios. Seguimos pagando que nos hayas metido en Dare's hace dos semanas.

-Hay momentos que olvido que tienes la edad mental de mi abuela.

-No comiences a pelear- les interrumpió Geena con voz autoritaria, aunque no lo suficientemente fuerte como para que alguien se sintiese amenazado. Sin embargo Pamela y Lydia bajaron las miradas y se concentraron en otra cosa- Miren, ya ha terminado la práctica.

Aubree sonrío feliz por segunda vez en el día, y eso que la primera solo había sido cuando le habían entregado oficialmente su licencia de conducir, y se incorporo del asiento que ofrecían las gradas del estadio para correr siendo seguida de las otras tres castañas hacia abajo, donde ya Zoey les esperaba con el bolso en mano.

-¿Has quedado?- pregunto Pamela, quien había llegado de primera gracias a su complejo de jugadora de soccer.

-Claro que he quedado- asintió la rubia sonriendo encantada. Aubree en ocasiones le tenía envidia. Podía estar despeinada, sin maquillaje y luciendo ropa deportiva, pero parecer una súper modelo con encanto propio.

-Dakota no se arriesgaría a perder una voladora como tú- dijo Lydia sonriendo orgullosa, dejando sus comentarios mordaces de lado.

-Supongo- murmuro hundiéndose de hombros- Aunque no perdió el tiempo diciendo que la había pasado muy bien con Chad la noche pasada. Claramente decidió "disimular" que no me vio.

-Es una perra- gruño Pamela localizando rápidamente a Dakota riendo con su popular grupo de amigas.

-Pero Chad es aún más idiota por caer en los encantos de una perra como ella- advirtió Aubree antes de pasarle un brazo por los hombros a la bella rubia- Encontraremos a alguien con quien puedas salir, Zoey. Sabes que todos los chicos mueren por beber del mismo vaso que tú has bebido.

-¡Es es asqueroso!- chillo Geena horrorizada y todas se largaron a reír.

-¿Manejas?- pregunto Lydia estirando la mano con las llaves por arriba del capot de su Nissan Suv.

-¿Enserio?- pregunto Aubree abriendo los ojos como platos- Jamás has dejado que alguien toque tú auto.

-Solo porque es tú cumpleaños- murmuro y Geena le dio una palmada reconfortante en la espalda, animándola a soltar la llave- Y porque has aprobado la prueba la primera vez.

-¡Hey!- protestaron Pamela y Zoey, inmediatamente todas volvieron a reír.

Aubree volvía a estar feliz. Después de todo, y a pesar de que odiaba mucho sus cumpleaños, pasar el momento junto a sus amigas era algo que no tenía comparación y que agradecía demasiado.

Llegaron al country donde sus familias residían cerca de las nueve de la noche, porque obviamente todas habían querido comer algo antes de volver a casa. Las cinco eras hijas de grandes inversionistas de Estados Unidos y tener eso en común era de las únicas cosas que amaban del trabajo de sus padres, en verdad la única.

-Voy a ducharme- dijo Zoey apenas había abierto las puertas de su casa a las otras cuatro- Pero, ya saben, no rompan nada.

-Eso significa que debes dejar el balón fuera- le advirtió Lydia a Pamela y la sonrisa de la chica se esfumo rápidamente.

-¡Solo he roto algo una vez!

-Un jarrón de la dinastía Ming- aviso Zoey mientras subía las escaleras y se perdía al doblar tras una pared.

Solamente porque no había una amplía biblioteca como en el dormitorio de Geena o una pared llena de libros como en el despacho de la casa de Lydia, Aubree se sentó en el enorme diván que la señora Daniels había instalado en la sala y prendió la tele, sintiendo que ese era su lugar dentro de la casa de la chica rubia.

-¿Luna Nueva?- pregunto alzando una ceja- ¿Cuándo se van a actualizar estos canales? Ya ha terminado la saga y siguen dando la segunda película.

-Amanecer parte dos la verán mis nietos- dijo Pamela rodando los ojos- Aunque preferiría que vieran Cazadores de Sombras.

Aubree volvió a alzar una ceja.

-Claro, si quieres matarlos de aburrimiento- dijo, picándole con gracia- Harry Potter, cariño, eso sí que es una buena saga para poder enseñar a tus nietos.

-¿Un chico que siempre se mete en problemas?- pregunto, siguiéndole el juego, aunque con una mirada maliciosa- Claro que no.

-Perdón, es cierto, es mucho mejor enseñarle unos niños lo que es el incesto.

-Cállense las dos- les detuvo Lydia, apagando el televisor- ¿Quieren que Geena vea lo que está en la pantalla así nos tiene toda la noche con tú brillante Cedric y el ex de tú futura Clary rodando de un lado para el otro?

-No- negaron, rápidamente.

-Entonces dejen la guerra de magos y nephilim para otro momento y no vuelvan a encender el televisor.

Aubree y Pamela vieron consternadas como Lydia corría a acompañar a Geena en la cocina y luego se largaron a reír.

-Fue divertido mientras duro- murmuro la jugadora de soccer antes de incorporarse del diván y seguir a Lydia dentro de la cocina.

Sin embargo Aubree no se movió. Sus amigas y ella eran polos opuestos en cualquier sentido posible. En el colegio cada una tenía un estatus social diferente, frente a la sociedad imponían posturas diferentes e incluso eran amantes de sagas diferentes… Y eso, tal vez, era una de la única cosa que las hacían parecidas. Leer, amar personajes literarios, soñar con un mundo que era totalmente diferente al que estaban acostumbradas a vivir día a día.

-¡Feliz cumpleaños a ti! Feliz cumpleaños, querida Bree…- el canto se le hizo demasiado familiar cuando sonó su apodo en él y giro sobre su propio eje, encontrándose con sus cuatro amigas, no sabía exactamente en qué momento Zoey había vuelto a aparecer, caminando hacía ella con un pastel iluminado por pequeñas velas. Inmediatamente se incorporo-… Feliz cumpleaños a ti.

-Oh, chicas, no debieron- murmuro sonriendo.

-Espera, antes de que soples las velitas…- dijo Geena y le tendió una caja rectangular de vidrio, donde Aubree encontró una vela azul, trenzada con alguna especie de cosa brillante que le había llamado la atención desde el primer momento que sus ojos habían hecho contacto, con el diseño de un dieciséis en medio de su largo- Es algo tonto, pero que nos llamo la atención y quisimos que lo tuvieras.

-Es bonita- asintió, colocándola en medio del pastel antes de que Lydia la prendiera con un encendedor.

-Tienes que pedir un deseo- le interrumpió Zoey.

-Chicas por favor…- dijo Aubree haciendo puchero- No me gusta la torta con cera de vela.

-Solo pide un deseo y ya, Bree- dijo Pamela riendo.

La castaña les miro unos segundos. Estando con ellas ahí sentía que lo había logrado todo, que lo tenía todo y que nada, incluso la suma más exorbitante de dinero, podía llamarle la atención. Porque ellas eran sus mejores amigas y nada se comparaba con ellas.

Pero entonces lo sintió. Aquel pequeño grito de su alma, de su subconsciente, indiciándole que solamente algo le hacía falta en su mundo "perfecto". Era ilógico y demasiado tonto, pero algo tenía que desear, murmurar un par de palabras para que sus amigas supieran que estaba de acuerdo con ellas, que desear algo en ocasiones era sumamente mágico.

Apretó la mano donde descansaba su celular e inevitablemente la luz de la pantalla se encendió, dejando ante sus ojos la imagen en caricatura de cuatro chicos riendo con el uniforme de gryffindor.

Enseguida supo que decir.

-Quiero a los merodeadores- dijo en su mente con decisión y luego libero el aire que estaba conteniendo en sus pulmones, apagando cada una de las velas.

-¿Deseaste algo?- pregunto Pamela inmediatamente y Zoey le codeo- Somos sus mejores amigas, podemos saberlo.

-No- negó la rubia- Si cuentas lo que has deseado jamás se cumplirá.

Aubree, en ese momento, debió morderse el labio para no decirles que en verdad dudaba mucho que su deseo fuera a cumplirse.

Horas más tarde, cuando todas ya estaban demasiado cansadas y el veintiuno había terminando dándole paso al veintidós, cada una se marcho de la casa de Zoey para dormir en la suya. No es como si les molestara dormir apretadas en otra habitación, pero sus horarios eran demasiado distintos.

La casa, como Aubree se lo esperaba, estaba congelada, solitaria y a oscuras, como cada vez que faltaba toda una tarde. Cuando sus padres salían del país odiaba que las empleadas estuvieran dando vuelta, por lo que las había obligado a solo asistir los fines de semana. Aunque en momentos como esos extrañaba que al menos alguien estuviera dando vueltas por la casa.

Sintió pasos en el segundo piso y se congelo en su lugar.

Tal vez, lo de extrañar, no debía de ser tan literal.

Agarro uno de los candelabros que descansaban sobre la mesa del comedor y subió uno a uno los escalones.

En verdad era un total cobarde, pero todos sus libros estaban en el segundo piso de la casa y no iba a arriesgarse a que ladrones le robaran las únicas cosas preciadas que tenía dentro de la casa.

El pasillo que conectaba la escalera con la puerta de su cuarto era estrecho y largo. Sorpresivamente se encontró recordando millones escenas de las películas favoritas de Lydia y sintió ganas de llorar por haber dejado el Iphone el piso de abajo, dentro de su bolso.

-Tengan cuidado…- escucho que murmuraba alguien dentro de su propia habitación y se detuvo, reconociendo la voz como una masculina. Tenía un extraño tono ingles y Aubree intento recordar en qué momento una familia inglesa se había mudado dentro del country. Ninguna se le vino a la mente- Esto obviamente no es nuestro.

-¡Claro que no es nuestro Lunático!- chillo una voz un poco más gruesa. A Aubree le dio un vuelco en el estomago. ¿Lunático?- Estoy seguro que esto es culpa de James, ¿quién sería tan idiota como para hacer un hechizo de tele transportación?

¿James?

-¡Yo no tuve la culpa, Canuto!- estallo una voz gruesa, pero a la vez mucho más aguda que la anterior- Estaba tan dormido como tú cuando aparecimos aquí.

¿Canuto?

-Chicos no peleen.

-Oh, tú cállate Colagusano, que también puedes ser el culpable de esto.

¿Colagusano?

Su instinto le grito desde lo más interior que dejara todo y saliera corriendo, pero le fue inevitable soltar el candelabro y correr a abrir la puerta de su dormitorio.

Cuatro chicos giraron a verle con los ojos como platos.

Aubree se desmayo sin siquiera meditarlo.



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