Historia al azar: Harry Potter es un hobbit
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Efímera inopia » El preludio al enigma
Efímera inopia (ATP)
Por vampiritagirl
Escrita el Sábado 1 de Septiembre de 2012, 03:09
Actualizada el Martes 11 de Septiembre de 2012, 23:44
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El preludio al enigma

Recordaba como si hubiera sido ayer el día en que había ingresado a Hogwarts. Desde que tenía memoria había sido su gran sueño. Lo más que deseaba era saber a qué casa pertenecería, porque cada una era distinta. Su madre había sido alumna de Gryffindor, su padre de Hufflepuff y ella quería estar en una de esas dos casas, únicamente para hacer sentir orgullosos a sus padres. Aun así, sabía que su abuelo materno ansiaba que fuera seleccionada para Slytherin, casa a la que él había pertenecido. La realidad era que pensaba que las cuatro eran buenas y no existía razón para empeñarse en ser parte de alguna en específico.

Nunca olvidaría el rostro de su madre cuando la llevaba por primera vez al andén 9 3/4 para tomar el expreso a Hogwarts.  Sus labios se curvaban en una delicada sonrisa, sus ojos azules brillaban y en su rostro se vislumbraba el orgullo. Su pequeña, su muñeca, su primogénita se embarcaría en una nueva aventura. Ella estaría desde la distancia para guiarla y aconsejarla porque ahora era el momento en que se embarcara sola. Sola, en esa travesía que concluiría con su niña convertida en mujer.

Sintió como su madre le abrazaba con fuerza. Creyó que nunca no la soltaría, pero su padre intervino. Ese hombre, de ojos color miel, que adoraba a su hija deseaba despedirse de ella. La abrazó, acomodó los cabellos azabaches de la joven tras sus orejas y la besó en la frente. -Pórtate bien, Kassandra- le dijo antes de soltarla y permitir que su madre se acercara una vez más.

Kassandra temió que quisiera abrazarla nuevamente, pero vio que esa no era su intención. Su progenitora tomaba el collar de plata que descansaba sobre su cuello y lo colocaba sobre el de su hija. Un dije de media luna colgaba del mismo y, Kassandra, recordó dentro de su recuerdo. Aquella joya exquisita siempre adornaba el cuello de su madre.  Y en su memoria ella siempre la llevaba puesta, solo era reemplazada por otra en alguna ocasión especial. Agradeció el regalo ignorando la historia que escondía.

No olvido despedirse de su hermano, un pequeño rubio de apenas un año. El niño descansaba en el coche cuna soñoliento. Lo abrazó como pudo y beso su frente. Lo extrañaría tal vez más que a sus padres porque apenas le conocía. Apenas había llegado a su vida y era la razón para regresar a casa en las navidades. Ese niño era su tesoro más preciado porque le había tomado cariño desde antes que naciera. Debía ser un ejemplo a seguir para él. Solo por él, y por ella misma, sacaría notas extraordinarias, sería una alumna ejemplar y triunfaría.

Recordó también como conoció a su mejor amigo, ese chico impaciente que la había acompañado en el tren. Nathaniel Conelly era un niño de ideas peculiares y de paciencia escasa. No podía olvidar como había entrado nervioso en su compartimiento. Había escapado de pelos de un hechizo mal hecho y luego entablado conversación con ella.

En la selección de casas ambos estaban  rebosantes de nervios. Les preocupaba donde el sombrero los colocaría. Nathaniel fue primero y quedó en Ravenclaw. Entre los nuevos, Kassandra reconoció a Astoria Greengrass que fue seleccionada para Slytherin. Le pareció eterno el tiempo que tuvo que esperar para su turno, pero cuando llego sintió que el corazón quería salírsele del pecho. Sostuvo la respiración cuando se le colocó el sombrero. - Valiente, astuta e inteligente. Yo digo ¡RAVENCLAW!-

Todavía hoy le resulta difícil comprender porque nunca había visto a Ravenclaw como una posibilidad. Siempre se había centrado en las tres casas que su familia le presentaba. Pero, ahora que era que un hecho, era la casa perfecta, el lugar donde armonizaba. 

Y ahora Kassandra se encontraba en la biblioteca de la mansión Liverwhite con Aura, su gata blanca, sobre su regazo. Leí por vez tercera "Pócima de amor al azar", una novela de escasa fama que adoraba. Sus orbes grises se deleitaban con las palabras que al mismo tiempo devoraba ágilmente. Leer era uno de sus pasatiempos favoritos, pero sabía que si su padre la encontraba en vuelta, una vez más, entre la prosa le prohibiría la entrada a la biblioteca.

Aquél hombre insistía en que su hija pasaba demasiado tiempo entre libros, y que era necesario que interactuara con la sociedad. Al día siguiente había una reunión a la que debían asistir. Kassandra sabía que su madre odiaba aquellos encuentros en los que solo estarían presentes las familias de sangre pura. También lo sabía su padre, pero aun así asistía a ellos básicamente 'obligando' a su mujer e hija. Aun así, sería más acertado decir que le rogaba a su esposa, rogos que salían costosos y exigían paciencia. 

Antes de que su padre llegara, cerró el libro que leía y se puso de pie, no sin antes acariciar a Aura para que saltara fuera de su regazo. Salió de la estancia y se dirigió escaleras arriba. Tenía la intención de entrar a su recamara cuando vio la puerta de la sus padres abierta, casi de par en par. Desde donde se encontraba, dos habitaciones de distancia, podía ver el rostro nostálgico de su madre en el reflejo del espejo de la coqueta.

Su madre se dio cuenta de que le observaba y rápidamente cambio el semblante. Con prisa guardo lo que parecía ser un ejemplar de El Profeta y se acercó a la puerta -¿Ocurre algo, Kassandra?- preguntó con despreocupación mal disfrazada. -Nada- respondió antes de entrar a su recamara.

No era la primera vez que Kassandra sorprendía a su madre en ese estado. Desde el año pasado, poco tiempo antes de que ingresara a Hogwarts, la había visto con unos ánimos preocupantes. La joven era lo bastante inteligente para darse cuenta de que algo le ocurría, pero no sabía el qué.  La daba curiosidad saber que era aquello capaz de hacer que el temple de su madre titubeara de vez en cuando. 

Frente al único par de ventanas que se encontraba en aquél cuarto había un pequeño escritorio. Inmediatamente recordó que había subido con el propósito de escribir a unos amigos. No tardó en tomar un pedazo de pergamino y comenzar a redactar su primera carta. En la segunda se podía ser consciente de la vieja amistad que se llevaba.

Querido Cedric:

Espero que te encuentres bien. Lamento no haber podido visitarte en todo el verano. Freddie estuvo enfermo a principios y además papá esta ajetreado con todo lo del mundial. Mamá no está nada mejor. ¿Sabes que debemos asistir a una reunión en casa de los Malfoy? 

Mamá los odia, pero mi padre "estima" a Lucius. A mí tampoco me hace mucha gracia. Draco es muy poco considerado. No es que nos llevemos mal, pero no es mi persona favorita en todo el mundo. Suele resultar exasperante. La mayoría del tiempo me siento tan discordante entre todos ellos, y más ahora que soy Ravenclaw.

Por otro lado, estoy entusiasmada con el partido Irlanda contra Bulgaria. (No es que me guste mucho el Quidditch). Papá tuvo que conseguir entradas para convencer a mamá para que fuera a la mansión Malfoy. Tengo entendido que también iras, espero que allí podamos encontrarnos. 

¿Te conté que mis abuelos (los Kellerwait) se mudaran a Noruega? A mamá le agrado la noticia. Aunque no estoy muy segura que se deba a que el abuelo se retira. Creo que le gusta tenerlos lejos, suelen decirle como vivir su vida y no pienso que sea correcto. Aun así, tenerlos tan lejos no resulta genial, pero prometieron que podría visitarles el próximo verano.

Espero noticias tuyas, pronto.

Con cariño,

Kassandra Liverwhite

 

Selló las cartas y salió corriendo de la recamara. Tocó a la puerta de la habitación de su madre, pero al parecer ya no se encontraba allí así que descendió con prisa las escaleras. - ¡Mamá, mamá!- Gritaba por el camino. Pensaba que tal vez se encontraba en su oficina, pero era probable que estuviera en el jardín con el pequeño Frederick, quién solía corretear por el mismo a estar horas.

Sin error alguno, allí estaban ambos. Su madre sentada en un banco de mármol con su cabello azabache recogido en una trenza y su hermanito corriendo inquieto. Adoraba le escena. Recordaba cuando ella también se divertía con la tierra, las aves o cualquier objeto insignificante. Aquellos años de infancia, la inocencia a flor de piel. Cuando aún era totalmente ingenua y todo le sorprendía.

La noche llego rápido, a pesar de ser verano, y eso tomo por sorpresa a Kassandra quien había vuelto a la lectura tras haber enviado sus cartas. La muchacha tomo el libro y lo colocó sobre una de las mesitas de noche que descansaban a cada lado de la cama. Yacía sobre la cama debatiéndose entre no asearse por no tener que levantarse, y ponerse en camino  hacia la ducha.

Al final la necesidad de sentirse limpia le venció y se puso en pie. Una ducha rápida, cepillarse los dientes y ponerse el pijama fue todo lo que necesito para sentir como el sueño se iba apoderando de su ser. Camino hasta la cama donde sabanas color celeste le invitaban a dormir. Cuando estuvo sentada al borde sintió la puerta abrirse y vio cómo su pequeño hermano entraba por ella.

-¡Kas, Kas!- decía Freddie mientras intentaba subir a la cama escalando las piernas de su hermana. Kassandra con dulzura lo sujetó del torso y lo sentó sobre su regazo. -¿Qué pasa?- preguntó a su hermano acariciándole los cabellos. Antes del que pequeño pudiera contestar la madre de ambos entraba a la recamara con notable preocupación en el rostro. -Aquí está.- Su rostro compuso un gesto de alivio y se acercó a su retoños tomando asiento junto a ellos.

-Melodeadoles. ¡Cuenta!- pedía con entusiasmo el pequeño Frederick. Kassandra recordó cuando ella era más joven y todas las noches antes de dormir su madre le contaba las hazañas de los merodeadores.

***

Despertaba, una vez más, con esa sensación de haber tenido el más asombroso de los sueños, pero sin poder recordarlo. Kassandra sentía que había dormido días en vez de horas, y que debía ser casi mediodía. Intentó levantarse de la cama sin llevarse consigo las mantas que, durante su inquieto sueño, le habían envuelto por completo.

Tras asearse descendió hasta la cocina donde comprobó que ya era la hora del almuerzo. Vio a su padre sentado en el comedor con una taza de café y El Profeta en manos, probablemente porque había acabado con su almuerzo. Conocía muy bien la rutina, luego de cada comida una taza de café. Kassandra disfrutaba del aroma de aquella bebida, aunque detestaba el sabor.

Se acerco cautelosa para que su padre no fuera consciente de su presencia, deseaba sorprenderle. Últimamente no le veía muy a menudo, o por poco tiempo, puesto que el hombre tenía mucho trabajo. Frederick Liverwhite trabajaba en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos donde todos estaban ajetreados debido al Mundial de Quidditch, que este año tenía sede en Inglaterra.

Los intentos de Kassandra por pasar desapercibida fueron en vanos. Su padre cerró el periódico mágico y le vio enseguida. Una sonrisa se dibujo en su rostro mientras extendía sus brazos para que su pequeña se abalanzara a ellos. - ¿Cómo está mi niña?- pregunto mientras se abrazaban. Le gustaba tenerla cerca y saber que estaba bien. Adoraba ver como su pálido rostro se iluminaba con una tierna e inocente sonrisa. Frederick añoraba la ignorancia que poseía su hija. Sí, era inteligente, bastante para su edad mas habían tantas cosas que desconocía de ese mundo. Él deseaba que pudiera ser así por siempre, pero con el tiempo ella crecería, maduraría y descubriría la realidad. Mientras tanto la protegería de la verdad.

-Bien. Te extrañé- expresó Kassandra mientras se sentaba en el regazo de su padre. La niña no tardo en exigir las últimas noticias sobre el Mundial a pesar de no ser fanática del Quidditch. Por el contrario, prefería mantenerse alejada del mismo mas eso no significaba que sería completamente ignorante del deporte que apasionaba a su padre.

Poco a poco la conversación fue tornándose menos sería. A la misma se unió su madre junto a su pequeño hermano hasta que llegó la hora de alistarse. Kassandra quería poder quedarse en casa y no tener que asistir a la dichosa reunión con los Malfoy. No es que los odiara, pero Draco podía lograr sacarla de quicio. Lucius, por su parte más sereno, sabía cómo dirigirse a los demás. Muchas veces, cuando el hombre se lo proponía, entablaba largas y entretenidas conversaciones con la primogénita Liverwhite. Narcisa era quien Kassandra más apreciaba. Una mujer elegante y dulce, al menos con ella.

Tras lo que había sido una odisea, puesto que Freddie había decido formar una rabieta, llegaron a la mansión Malfoy. Habían sido bien recibidos y ahora Frederick charlaba amenamente con Lucius mientras Kassandra tenía la obligación de reunirse con los menores.

Acomodando su vestido negro con detalles aquamarina ingresó a una sala donde se encontró a Draco rodeado de sus invitados. Las hermanas Greengrass estaban presentes. Pansy Parkinson como siempre a un lado del anfitrión. Crabbe y Goyle no podían faltar para la ocasión. Ni Zabinni, quien tenía un humor bastante peculiar. Y más alejado del grupo estaba Theodore Nott, un joven de mirada azul que Kassandra siempre había considerado diferente al resto de los Slytherin.

Sigilosa intento ir hasta el extremo más alejado de la sala para pasar totalmente desapercibida, pero Draco Malfoy tenía los sentidos alerta. - Pero si el polluelo ha llegado- Kassandra respiro profundamente mientras le observaba con seriedad. Siempre optaba por ignorar sus comentarios. Le conocía de toda la vida y sabía que solo le gustaba ser el centro de atención. -También me da gusto volver a verte, Draco- respondió tomando asiento junto a Nott. -Algún día se le va acabar la suerte a Potter.-El heredero Malfoy opto por ignorarle por completo y continuar con algún tema que habían tenido hasta que ella llegara.

Les escuchaba pero no prestaba total atención. Conocía como eran los de Slytherin, la repulsión que sentía hacia el niño que vivió. En especial la de Malfoy quien insistía que los logros de Harry Potter se debían a circunstancias llenas de suerte, pero más le odiaba porque le había retado desde el primer día y no retrocedía ante él. Kassandra admiraba eso del más conocido de los Gryffindors. Su valentía y que no se amedrantaba. Hasta el día de hoy Harry Potter había salido victorioso de todos sus encuentros con Draco.

Pasada una hora se había aburrido de estar en aquella sala sin nada que hacer. Había paseado por el jardín, cenado, charlado con Lucius por unos minutos y ahora volvía con una copa de zumo de cereza en la mano. Al entrar pudo observar que aquellos niños, que se consideraban así mismos como superiores a los demás, mantenían una charla trivial. Decidió entonces sentarse y tomarse su bebida, pero mientras se acercaba al sofá había tropezado, dejado caer la copa y estado a punto de terminar en el suelo. Theodore había sido lo suficiente rápido para sostener a la niña.

-Gracias- dijo Kassandra posando sus ojos grises en los del chico. Las manos de Nott reposaban en la cintura de ella y por largos segundos permanecieron allí sin moverse. -No hay de que- fue su respuesta antes de volver a tomar asiento y olvidarse por completo del resto del mundo.

Theodore Nott era un chico extraño. Definitivamente no el típico slytherin. No era realmente abierto con sus pensamientos y, a diferencia de la mayoría de los de su casa, no buscaba la aprobación de Draco. No se podía considerar parte del grupo de Malfoy, aunque siempre estaba cerca mas no participa de sus actos.

No paso mucho más tiempo hasta que Kassandra decidiera entablar conversación con él. Si había alguien allí presente con el que pudiera charla, sin duda alguna, era Nott. Pensó bien lo que diría ya que no estaba segura como comenzar. Siempre se le habían dado bien los estudios, pero no era muy buena conversando y mucho menos iniciando la conversación. Así que cuando por fin dijo algo no era de extrañarse que no fuera lo apropiado para comenzar -aburrido ¿no?- después las palabras habían salido se boca decidió que las había seleccionado mal. Aun así, Theodore le respondió no sin antes dedicarle una mirada de curiosidad. - Bastante. No es que ellos puedan ser más divertidos. - Kassandra no pudo evitar una risa que terminó pasmada ante la seriedad de Nott.

-No son divertidos porque buscan divertirse a costa de otros.- expresó Kassandra. Theodore consideró sus palabras con acertadas y ese fue el pie para una larga conversación. Tenían varias cosas en común, sobre todo su gusto por la lectura y su dedicación a los estudios. Kassandra descubrió que el joven de ojos azules era una persona interesante, pero decía poco sobre sí mismo. Parecía un enigma retándote a descifrarlo.

Justo cuando el reloj marco las diez de la noche la conversación de ambos fue interrumpida. Había llegado la hora para que Kassandra regresara a casa. Con gusto se despidió de Theodore y, por obligación, del resto. Ya en su hogar ansiaba que llegará el día de volver a ver a sus amigos, en especial a Nathaniel quien siempre era tan divertido.

Esa noche Morfeo actuó de  manera rápida y Kassandra había caído en un profundo sueño. Un sueño que podría o no recordaba a la mañana siguiente, pero mientras llegaba lo vivía como si se tratara de la realidad.

 



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